Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009.

Derecho de pernada

He leído y escuchado en demasiados sitios hablar del derecho de pernada atribuyéndole un significado incorrecto.

 

El derecho de pernada o espoli forçada es el derecho feudal que tenía cada noble a recibir una pierna de cada res que se matase en su castillo.

 

El derecho a pasar la noche de bodas con la mujer de su vasallo se denomina ius primae noctis.

 

Se confunden los términos y el uso hace que acabe aceptándose lo que no es.

02/09/2009 16:58 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Cosas mías

Ángel

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Negra cae la noche

sobre sus alas rotas,

una fuerza brutal le aplasta

y siente el frío del suelo en la mejilla.

Le cuesta respirar, apenas logra ver,

los ojos escudriñan las sombras,

el oído detecta un susurro.

 

 

Ven, ven con nosotros.

 

Resiste cuanto puede y flaquea,

la inercia es demasiado fuerte,

está cansado y ya no sabe luchar.

Se arrastra hasta el despeñadero

es tan fácil dejarse caer…

Si lo intenta quizá alce el vuelo.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Duda, ha estado ahí, en ese infierno,

conoce cada recoveco, las lagunas de llanto,

los alaridos del desgarro, la nada.

Ansía el plácido lecho, la calma.

Unos centímetros y hallará descanso.

Huyó el amor llevándose la esperanza,

se siente devastado por dentro, no hay más.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Desea llorar, pero agotó sus lágrimas.

Desea chillar y enmudece su garganta.

El corazón se acelera, el pulso quema.

En la noche sin estrellas no hay luna,

la soledad invade el páramo de su vida.

Mira hacia arriba y brota la cascada.

Se ahoga en lágrimas porque está vivo.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Sigue. Duda. Es un ángel con las alas rotas.

Puedes. Sigue. Lucha. Resiste.

Intenta mover las alas, volar, caer.

El peso del mundo sobre la espalda frágil,

el abismo incitante que llama.

Unos centímetros, unos milímetros tan solo.

La sima le acoge, el cielo le reclama.

Mueve las alas y la herida sangra.

El estertor se alza en el silencio nigérrimo.

Vuela, está volando. Cae. Sigue volando.

10/09/2009 17:04 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Literatura

Achís

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Llega el Apocalipsis: la gripe A. Vaya invierno que se avecina.

 

Los médicos quieren que no nos alarmemos, pero desde hace días la alarma permanente se ha instaurado en nuestras vidas. Se ha acusado a las autoridades de no hacer nada, de no darnos unas directrices, de no vacunarnos y ahora que atienden nuestras exigencias las tildamos de alarmistas. Pero están curadas de espanto y no se enfadarán ni pizca. Desde que Solbes y Zapatero pretendieron evitar que nos alarmásemos con la crisis económica, y la crisis estalló de todas maneras, nuestros gobernantes han llegado a la conclusión de que vale más pasar por alarmista que por embustero.

 

Los médicos buscan no preocuparnos y nos dicen que esta gripe acaba con una cantidad ínfima de las personas que la contraen, que la gripe estacional mata a más gente cada invierno y nadie se asusta, aunque hay diferencias. La gripe que conocemos liquida mayoritariamente a ancianos, a los que solo les da un pequeño empujón hacia el ataúd, sin embargo, la nueva gripe ataca a personas más jóvenes, mujeres embarazadas e incluso niños, dejando de lado al club de la tercera edad. Quizás ésta sea la razón de la alarma que genera la gripe A. Nuestra sociedad acepta que mueran los jubilados y que los hijos entierren a sus padres, aunque el caso contrario es más duro de asumir.

 

Dentro de nada nos habremos acostumbrado ya, como nos acostumbramos al suma y sigue en el conteo de víctimas que caen a manos de ETA, del alcohol, del tabaco, de la carretera, de la violencia sexista… Es cuestión de tiempo y la gripe A dejará de inquietarnos.

16/09/2009 12:24 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Artículos

Dios, pruebas y refutaciones

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Todas las pruebas que tienden a explicar la existencia de Dios tienen en común que demuestran a la vez demasiado y demasiado poco. Aun cuando demostraran la existencia de algo necesario, absoluto, eterno, infinito, etc., son incapaces de probar que eso sea un Dios, tal como lo entiende la mayoría de las religiones, a saber: no sólo como un ser, sino también como una persona, no sólo como una realidad, sino también como un sujeto, no sólo como algo, sino también como alguien, no sólo como un Principio, sino también como un Padre.

 

Ésta es también la debilidad del deísmo, que es una fe sin culto y sin dogmas. Creo en Dios, pero no en el de las religiones, suelen decir muchos desencantados de las numerosas iglesias. Bien. Pero entonces Dios se convierte en un desconocido, ¿cómo sabremos entonces qué es Dios?

 

Creer en Dios implica conocerlo al menos un poco, lo que solamente es posible a través de la razón, la revelación o la gracia. Ahora bien, la razón se confiesa cada vez más incompetente. Quedan pues la revelación y la gracia: queda, en definitiva, la religión… ¿Cuál? Es lo de menos, pues la filosofía no dispone de criterio alguno para discernir entre ellas. Para la mayoría de nosotros, el Dios de los filósofos es menos importante que el Dios de los profetas, de los místicos o de los creyentes. Fueron Pascal y Kierkegaard, antes que Descartes o Leibniz, quienes dijeron lo esencial: Dios es objeto de fe más que de pensamiento o, mejor dicho, Dios no es objeto alguno sino sujeto, absolutamente sujeto, y solamente lo encontramos en la experiencia inmediata o en el amor. Pascal, en una noche ardiente, creyó tener una experiencia de este tipo: “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el de los filósofos y los científicos. Certeza, sentimiento, gozo, paz. Dios de Jesucristo… Gozo, gozo, gozo, llanto gozoso”. Esto no es una demostración. Pero sin esta experiencia, la fe no se daría por satisfecha con ninguna demostración.

 

Probablemente éste sea el punto en el que la filosofía se detiene. ¿Qué sentido tiene demostrar lo que se experimenta de forma inmediata? ¿Cómo probar lo que no se experimenta? El ser no es un predicado, Kant tiene razón en este punto, y por eso, como decía ya Hume, la existencia no se demuestra ni se refuta. El ser se constata, no se demuestra, se comprueba, no se prueba.

 

Se replicará que la existencia es una prueba. Pero no es así, pues en este caso la experiencia no es repetible, ni verificable, ni mesurable, ni siquiera totalmente comunicable… La experiencia no prueba nada, pues hay experiencias falsas o ilusorias. ¿Y una visión? ¿Y un éxtasis? Las drogas también  los procuran. Pero ¿qué puede probar una droga? ¿Cómo podemos saber si quien dice ver a Dios lo ve realmente o más bien alucina? ¿Cómo podemos saber si quien dice escucharlo, lo escucha realmente o más bien es él quien le hace hablar? ¿Cómo podemos saber si quien dice sentir su presencia, su amor, su gracia, las percibe realmente o más bien las imagina? No conozco a ningún creyente que esté más seguro de la verdad de su fe de lo que yo lo estoy de mis sueños cuando duermo. Lo que equivale a decir que una certeza, mientras siga siendo puramente subjetiva, no prueba nada. Es lo que denominamos fe: “Una creencia que sólo es suficiente subjetivamente”, escribió Kant, por lo que no debemos imponerla, ni teórica ni prácticamente, a nadie.

 

Dios, por decirlo de otra forma, no es tanto un concepto cuanto un misterio, no es un hecho cuanto un interrogante, no es tanto una experiencia cuanto una apuesta, no es tanto un pensamiento cuanto una esperanza. Dios es el ser cuya existencia hay que suponer para escapar de la desesperación (ésta es la función de los postulados de la razón práctica en Kant), y por eso la esperanza, igual que la fe, es una virtud teologal, porque tiene como objeto a Dios mismo. “Lo  contrario de desesperar es creer”, dijo Kierkegaard, Dios es el único ser que puede satisfacer absolutamente nuestra esperanza.

 

Que esto, nuevamente, nada prueba es lo que hay que reconocer para terminar: la esperanza no es un argumento, puesto que, como dice, Renan, podría ocurrir que la verdad fuera triste. Pero ¿de qué valen los argumentos que no permiten esperar nada?

 

¿Cuál es nuestra esperanza. Que el amor sea más fuerte que la muerte, como dice el Cantar de los cantares, más fuerte que el odio, más fuerte que la violencia, más fuerte que todo, y únicamente esto sería verdaderamente Dios: el amor todopoderoso, el amor que salva y el único Dios, porque sería absolutamente amor, digno de ser amado. Es el Dios de los santos y de los místicos: Dios es amor, escribe Bergson, y objeto de amor: ésta es toda la aportación del misticismo. De este doble amor, el místico no terminará nunca de hablar. Su descripción es interminable porque lo que hay que describir es inexpresable. Pero lo que sí dice claramente es que el amor divino no es una propiedad más de Dios: es Dios mismo”.

 

Se objetará que este Dios no es tanto una verdad: el objeto del conocimiento, cuanto un valor: el objeto de un deseo. Sin duda. Pero creer en él es creer que este valor supremo (el amor) es también una verdad suprema (Dios). Esto no se demuestra; esto no se refuta. Pero es algo que se puede pensar, esperar, creer. Dios es la verdad que constituye una norma, la conjunción de lo Verdadero y el Bien, y por esa razón, la norma de todas las verdades. En este nivel supremo, lo deseable y lo inteligible son idénticos, explicaba Aristóteles, y esta identidad, si existe, es Dios. ¿Hay mejor manera de decir que solamente él podría colmarnos o consolarnos absolutamente? “Sólo un Dios podría salvarnos”, reconoce Heidegger. Por lo tanto, hay que creer en él o renunciar a la salvación.

 

Por último, señalemos que por esta razón Dios es y da sentido: en primer lugar porque, sin él, todo sentido topa con el absurdo de la muerte, en segundo lugar, porque Dios sólo es sentido para un sujeto, y sólo en sentido absoluto, por lo tanto, para un sujeto absoluto. Dios es el sentido del sentido, y por eso es lo contrario del absurdo o de la desesperación.

16/09/2009 12:30 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Renovar los insultos

El hecho ocurrió el 14 de enero de 2008. En medio de una disputa, un trabajador llamó a su jefe “hijo de puta” porque éste se negaba a abonarle unas dietas cuyo importe ascendía a 400 euros. El gerente despidió al empleado por haberle insultado y, aunque en primera instancia el juzgado de Girona que se encargaba del caso consideró el despido procedente, ahora el Tribunal Superior de Cataluña dictamina que mentarle la madre a uno no es causa de despido y ordena la readmisión del empleado o el pago de 6.483 euros en concepto de indemnización. El juez considera que, siendo “hijo de puta” una expresión de lo más corriente en nuestro florido vocabulario, el despido es un castigo desproporcionado. Habrá, pues, que inventar otras palabras para ofender, porque de tan repetidas, las que tenemos van perdiendo su eficacia.

24/09/2009 16:35 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Cosas mías

Rafael Masó

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La arquitectura, a diferencia de otras actividades artísticas, necesita la conjunción de dos factores ineludibles: el arquitecto y unos clientes dispuestos a confiarle la manifestación externa, interpretada, de su manera de sentir y vivir, de pensar y trabajar.

 

Cuando, además, el arquitecto artista posee una gran creatividad y los clientes poseen un estatus cultural, social y económico que les exija el reconocimiento de la sociedad, se dan las condiciones ideales para lanzarse a la aventura de conseguir un lugar en la historia.

 

Rafael Masó (català)

24/09/2009 17:17 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Copio y pego



Mis pies en el lodo, mi cabeza en las estrellas

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