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Cierzo

El hombre piensa

El hombre piensa, creyendo así alcanzar la verdad. ¿Qué clase de verdad? Ni siquiera podemos imaginar otra vedad que no sea humana. Esa verdad inimaginable, superior, incondicional, distaría probablemente de la verdad humana casi tanto como del error humano. A menudo nuestra verdad resulta humana en el sentido exagerado del término, en cuanto verdad subjetiva, en cuanto opuesta a la objetividad de lo real. A menudo la observación de un hecho no pasa de ser un mero proceso mental, y lo que llamamos relación causal entre dos hechos re reduce frecuentemente a una simple asociación de ideas. Sólo un loco puede decir la verdad, exclamó el sabio, pero otro mucho más sabio le respondió: Sólo un loco puede estar convencido de que posee la verdad.

El hombre piensa. Curiosa facultad esta del entendimiento humano, cuya misión parece que es no tanto obtener la verdad cuanto simplemente pensar, girar alrededor de la verdad. Lo cual nos revela de paso la utilidad de las palabras humanas: aunque no sirvan para contener la verdad y consiguientemente tampoco para comunicarla, sirven al menos para ejercitar los órganos de fonación. ¿Sólo para eso? También para componer sistemas filosóficos. También para entretener una tarde de lluvia. Muchas veces hablamos sólo para evitar el horror al vacío, que es miedo a la soledad y miedo a la oscuridad. Tal vez hablar sea el único consuelo que nos queda a los humanos ante la imposibilidad de comprender. Sin embargo, cabría otro consuelo, y es afirmar que nuestro destino no consiste en hallar la verdad, sino en buscarla.
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