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Cierzo

Divagaciones

Cómo comportarte con la gente. Siempre es un misterio. A fuerza de recibir dentelladas, dejé de compartir emociones, de ver a amistades, de acercarme al linde de la intimidad de otros. Al principio pensaba que me estaba volviendo retraída, egoísta, asocial. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que es un efecto colateral de la vida.

Tú, yo, nosotros, somos bolas de billar que rodamos por el tapete inmenso del mundo. Trazamos parábolas, movimientos circulares, seguimos trayectorias rectas, chocamos unos con otros y salimos rebotados hacia extremos remotos. Luego nos quedamos inmóviles, lamiéndonos las heridas. Son putadas que tiene la vida y, aunque parezca mentira, no es por culpa de Zapatero.

Paradójicamente, cada día que pasa me percato más de que tengo que cuidar y apoyar a quienes tengo más cerca. A los que se preocupan de mí. La peor tragedia es olvidarnos precisamente que aquellos a quien más queremos y más nos quieren, dar por sentado el afecto y dejar de mostrarlo.

¿Qué puedes esperar de los demás? Que te resuelvan la vida. Que practiquen contigo el Kama-Sutra. Que te adoren. Que te enchufen en una poltrona vitalicia. Hay que esperar una sonrisa, un guiño, una broma, una mano tendida, un cálido abrazo. Aprendes a hostias que no hay nada como la sinceridad, lo auténtico. Pocas cosas son tan odiosas como la hipocresía. Esas frases huecas y, sobre todo, embusteras, me provocan rabia: Ya te llamaré.  A ver si quedamos un día. Tengo muchas ganas de charlar contigo, pero voy tan agobiado...

A mi edad, empiezo a estar de vuelta de muchas cosas y quiero invertir mi tiempo en lo que me hace feliz. Todavía mantengo viva la capacidad de soñar y me imagino que ese hombre con el que coincido cada mañana en el bar, mientras ambos tomamos un café apresurado antes de volver al tajo, que me mira sin verme y sigue leyendo el diario, puede ser alguien especial, interesante. Ya sé que poseo una gran capacidad de fabulación, pero sueño que un día él levantará los ojos de las páginas de economía y percibirá que existo. Espero que me salude, que me hable... Ninguno de los dos da el paso.

Cada cual habita en su particular burbuja. Desconfiamos, somos gatos escaldados, y preferimos el anonimato. Incluso hemos perdido la facultad de mantener una conversación interesante y nos perdemos en charlas insustanciales: Hace calor para esta época del año. Nos estamos cargando el planeta. La vida es así. Ésta es la frase hecha que más detesto, porque la vida, si quisiéramos, podría ser de otra manera. Podríamos acercar cuerpos y almas, unir intelectos. Atrevernos a ser. Resulta tan difícil ser. Yo no soy de una manera determinada porque los demás me vean así. Yo soy como quiero que los demás me vean. Yo soy como quiero ser. Pero, a veces, me ahogo en esta sociedad que intenta hacerme ser como no soy. Por eso nado contracorriente hacia Utopía.

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