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Cierzo
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De hijoputas e hijoputadas

Hijoputas hay en todas partes, pero hay algunos que todavía sorprenden por su refinada crueldad.

El diario “Shangai Daily” recoge la escalofriante historia de Zhou Jingzhi, un fulano de 44 años que ha sido condenado a muerte porque tatuaba la piel de las mujeres a las que “amaba”. En el mes de abril de 2004, Zhou conoció a Li e iniciaron una relación amorosa que duró dos años, hasta que ella decidió abandonarlo. A Zhou no le gustó la idea y la encerró durante tres meses en el piso que compartían. A lo largo de este tiempo, el pajarraco se dedicó a tatuarle todo el cuerpo: con una aguja mojada en tinta le grabó en la piel más de cien caracteres chinos que la definían como puta. Así pues, a la tortura física hay que añadirle la humillación, lo que convierte el acto en terrible.

Tras un largo calvario, la familia de Li logró rescatarla, fue entonces cuando se enteraron de que no era la primera vez que Zhou se ensañaba con su pareja, anteriormente había torturado de igual manera a dos mujeres.

Cuesta creer a qué extremos puede llevar la rabia como instrumento de venganza.
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