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Cierzo

Gana el desencanto

Ahora que las aguas están volviendo a su cauce tras las pasadas elecciones, que unos y otros sonríen triunfantes por haber conseguido votos, escaños, influencias o lo que sea, y puestos a hacer balance de los resultados electorales, pienso que ha quedado claro que quien ha ganado, de todas todas, ha sido la abstención.

La abstención ha sido tan demoledora que los políticos tendrían que preguntarse por qué hay tan poca gente que vaya a votar. Dejando a un lado que las elecciones municipales no tienen la misma repercusión que las nacionales, los índices de voto en las ciudades medianas y grandes han sido escasísimos. Por ejemplo, en Barcelona, el número de ciudadanos que han pasado de largo ante las urnas ha superado al de votantes, y en otras ciudades el gobierno municipal no llega a representar ni al veinte por ciento del censo.

Las últimas elecciones tienen legitimidad formal según el sistema electoral vigente, pero ¿tienen legitimidad ética? Muchos alcaldes carecerán de autoridad moral suficiente para tomar decisiones comprometidas, algo que no parece inquietarles demasiado. Deberíamos preguntarnos las causas por las que no vota la mitad de la ciudadanía y, sin duda, son muchas. Los partidos no hacen propuestas que entusiasmen al electorado, los ciudadanos estamos desencantados, hartos de que nos tomen el pelo, de una gestión política lamentable, de que los candidatos se saquen los ojos entre ellos en vez de ofrecer soluciones a cuestiones que nos afectan a todos, de que sólo se preocupen por aumentar sus parcelas de poder... Pero nada de esto les quita el sueño a los políticos, cada uno tiene su trozo del pastel, o unas migas, y se dedican a negociar pactos para sentarse en la poltrona. Dentro de cuatro años, dios dirá.

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