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Cierzo

Bodas y otras yerbas

Bodas y otras yerbas

Abres el buzón con miedo, temiendo encontrar una carta del remitente más temido: el banco. Sabes que ese sobre, aparentemente inofensivo, contiene un arma letal para tu paupérrima economía: una factura. Pero en esta ocasión la carta te la envía una persona cercana y querida. Alguien pensará ilusionado: qué bien, fulanito, se acuerda de mí. Craso error. Fulanito o menganita ha decidido casarse y te invita a su boda. Puedes alegar cualquier excusa para no asistir a la celebración, pero fulanito o menganita consideraran que boicoteas su felicidad en un día tan especial y, por tanto, te sientes obligado a acudir. Entonces comienza la lucha contra ti mismo. Debes decidir cuánto cederás, cuánto estás dispuesto a tragar. Te disfrazarás para la ocasión con vestido largo, tacones y tocado en el pelo o serás fiel a tu yo interno e irás como vas siempre, con tejanos y camiseta. Ingresarás una generosa cantidad de dinero en ese número de cuenta que figura en la tarjeta o harás un frío cálculo de tu gasto en el banquete para pagar justo tu plato. Llevarás en la boca tu mejor sonrisa o pondrás cara de circunstancias durante una liturgia que ni te va ni te viene. Te unirás al rebaño gritando: “que se besen, que se besen” y bailando la Conga y Paquito el chocolatero o tu presencia será un símbolo de rebeldía contra una parafernalia que consideras absurda.

Como en cualquier otro acto social, en una boda priman las apariencias. Estas celebraciones son la metáfora de los novios, obsesionados porque su casamiento sea recordado como lo más de lo más, y de los convidados, adornados como árboles de Navidad y atragantados con su propio orgullo, después de haber traicionado su verdadera identidad. El caso es que te pones el mundo por montera, te encomiendas a dios y al diablo, respiras hondo varias veces y sales de casa con tu atuendo de chirigota, con la mejor sonrisa de que eres capaz y con la coreografía ensayada por lo que pueda pasar. Dejas de pensar en ti para reconocer que los novios son maja gente, que los quieres y que el sacrificio valdrá la pena. Además si han decidido invitarte, por algo será.

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