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Cierzo

Fumar o no fumar

Fumar o no fumar

Con la aplicación de la Ley Antitabaco, las terrazas de los bares congregan a los fumadores que no renuncian al cigarrillo. Para proteger a sus clientes de los rigores invernales, algunos establecimientos han instalado estufas, en otros locales, los adictos a la nicotina tiemblan expuestos al frío, pero fumando. No es raro escuchar las conversaciones que entretienen a estos fumadores y en ellas se oyen palabras como represión, totalitarismo, dictadura o persecución. Los argumentos del ministerio de Sanidad no han convencido a todos.

Ya se hizo una Ley Antitabaco a medias, que intentaba contentar a todos, un objetivo que siempre fracasa. Y ahora toca ser duros, dar prioridad al bien común por encima del individual. En otros países europeos han solucionado la cuestión del tabaco con respeto y educación, sin conflictos. En París, ciudad que visité el año pasado, los bares y restaurantes estaban llenos, pero sin humo. La gente salía a fumar a la calle y no parecía contrariada por tener que hacerlo. Aquí le encontramos pegas a todo y olvidamos lo importante: nuestra salud. La libertad es un derecho logrado con mucho esfuerzo y está ligada a postulados más serios que el tabaco. No se prohíbe fumar; quien quiera, podrá seguir haciéndolo, pero lejos de quienes desean ahorrarse humos ajenos.

Por desgracia, vivimos una época muy dura y difícil. El paro no deja de aumentar, los precios suben a diario, el IPC se dispara, la inseguridad laboral es alarmante, las dificultades para encontrar trabajo son muchas, los jóvenes no logran independizarse, los mayores apenas sobreviven con su pensión de jubilación. Podría seguir enumerando problemas más graves que fumar o no fumar en un bar, pero los conocemos de sobra.

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