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Cierzo

Salvajes

Todos hemos visto esas películas "del Oeste" en las que se nos presentaba la imagen distorsionada de indios salvajes sedientos de sangre, que torturaban a los prisioneros y les cortaban la cabellera a sus enemigos. Este retrato de los nativos americanos es poco fidedigno y respecto al asunto de las cabelleras, hay mucho que discutir.

Existe una noticia fiable y documentada que nos aporta Karl Marx, sí, el autor de El Capital recoge en esta obra cómo en 1703 los puritanos de Nueva Inglaterra hicieron uso de un acuerdo de su asamblea legislativa, por el cual cada cabellera de indio valía 40 libras esterlinas. Con los años, el precio subió e incluso se amplió el premio por mujeres y niños. Según esta misma fuente, el Parlamento británico, una de las cunas de la democracia moderna, declaró que la caza de hombres a los que se dejaba sin pelo "eran recursos que Dios y la naturaleza habían puesto en sus manos". Un poco después, en 1755, una proclama de Jorge II, "rey por la Gracia de Dios de Gran Bretaña e Irlanda y rey defensor de la fe", consolidaba la práctica y decía que "por la presente exijo a los súbditos de Su Majestad que aprovechen todas las oportunidades para perseguir, matar y destruir a los indios".

No deja de sorprenderme la hipocresía de quienes aluden al Altísimo para justificar las barbaridades que perpetran y ponerlas en su boca.

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