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Cierzo
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Pido la palabra

Pido la palabra Siempre que escribo un artículo procuro hacerlo contrastando la abundante información que he recopilado, de forma sosegada y pensando lo que quiero decir. En este caso romperé mis normas para escribir a vuelapluma, sin disponer de todos los datos y con el corazón en la mano.

El atentado del 11 de marzo en Madrid se me ha quedado grabado en la memoria por su especial atrocidad. Por desgracia, no es la primera vez que presencio imágenes de un atentado terrorista, he escuchado en directo el sonido de una bomba asesina al estallar y la sucesión de gritos, sirenas, muerte y dolor que le acompañan. Todos los atentados son horribles y absurdos, pero éste... Lo he sentido como un feroz zarpazo en el corazón. Obreros, estudiantes, inmigrantes, ciudadanos asesinados en nombre de una causa vil por unos cobardes.

Sabíamos desde hace días que algo se estaba cociendo, aunque nunca llegamos a sospechar que sería algo semejante. Desde el Gobierno se nos dice que: “Los terroristas están debilitados”. “ETA está escribiendo sus últimas páginas terribles, desgraciadas, pero sus últimas páginas”, ha manifestado Ibarretxe. “Qué fácil es matar a gente que va a trabajar”, ha declarado una víctima. Y yo me pregunto si la política de intransigencia, dureza y crispación no habrá tenido algo que ver con la matanza de Atocha. De aquí también se tendrían que derivar responsabilidades, aunque exista confusión respecto a la autoría.

Me viene a la memoria el 11 de septiembre de 2001, Nueva York. Dos países atacados e invadidos, un campo de concentración en Guantánamo, la paranoia antiterrorista desatada. Alguien opinó entonces: “El 11 de septiembre ha significado el fin de la libertad informativa. A partid de ahora jamás sabremos qué pasa”. La opinión se ha transformado en profecía, porque hoy pasamos por la vergüenza de las dobles versiones. El ministro Acebes acusa a ETA y tenemos que creerle pese a que él y su partido nos hayan mentido miserablemente en otras ocasiones, en especial sobre las armas de destrucción masiva que nos llevaron a la guerra de Iraq. Pero ni la forma ni el estilo se asemejan al modus operandi de la ETA que conocemos. Arnaldo Otegui, que nunca ha condenado ningún atentado de la banda terrorista, ha censurado éste y el diario Gara, portavoz de los terroristas, ha presentado en portada un mapa de España pintado con el negro del duelo. Quizás no signifique nada, pero ellos, que conocen a ETA mejor que nadie, dicen que no ha sido obra de los terroristas vascos.

Por otro lado, la declaración institucional de Aznar contiene expresiones hechas con muy mala baba: “Han matado a muchas personas por el mero hecho de ser españoles”, “Estamos del lado de la Constitución, no vamos a cambiar de régimen ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar”, “No debemos aspirar a nada que no sea la completa derrota del terrorismo”... El lema escogido para la manifestación tampoco es el más indicado, mezclar la legitima aspiración a la paz de los pueblos del Estado con el terrorismo es perverso y nos debería hacer recapacitar sobre la idoneidad de las personas que ocupan tan altos cargos.

¿Qué sucederá ahora? Se han escuchado amenazas airadas, se intuyen manipulaciones políticas e informativas, se han dicho barbaridades. Ojalá consigamos imponer el poder de la razón y la palabra para vencer al terror ya que el inmenso dolor del país tras cada atentado no encuentra el necesario cauce institucional, y es que la famosa unidad de los demócratas es mera ficción propagandística, nuestros políticos no saben estar a la altura de las circunstancias y nosotros empezamos a estar hartos de que su ansia de poder nos deje en un callejón sin salidas aparentes.
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