El fruto amargo de la revolución sexual

Hay que disculpar a los obispos, ellos no pueden casarse y quizá por este motivo ignoran que el matrimonio no garantiza la felicidad de una pareja y que estar casada no protege a la mujer de los abusos y la violencia de su marido. Lo que no tiene excusa es su acusación infundada sobre la revolución sexual, la violencia doméstica no es un "fruto amargo" de la revolución sexual, como ellos aseguran, aunque tal vez lo sea el papel resignado de sumisión y subordinación que se ha exigido desde el púlpito a las mujeres.
Texto íntegro del Directorio de la Pastoral Familia de la Iglesia en España
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