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Ser mujer en Colombia

Colombia es conflicto, droga y sufrimiento enquistado tras años de lucha. Pero hay un terror del que no se sabe porque nadie habla de él y es el que padecen miles de mujeres colombianas. Sus cuerpos son las armas con las que los hombres dirimen sus luchas.

Durante los últimos diez años se han multiplicado los informes de ataques que incluyen la violencia sexual contra las mujeres, dicha violencia se emplea con el objetivo de castigar a una población acusada de colaborar con la guerrilla, de generar terror o de provocar la huida de comunidades enteras por intereses militares o económicos.

Entre el 1 y el 7 de mayo de 2003, soldados del Batallón "Navas Pardo", adscrito a la Brigada 18 del ejército de Colombia, entraron con brazaletes de grupos paramilitares en las reservas indígenas en el municipio de Tame, en el departamento de Arauca. Según documenta Amnistía Internacional, el 5 de mayo hombres armados violaron y mataron en Parreros a Omaira Fernández de 16 años, estaba embarazada y le abrieron el vientre. "Ante los ojos de todos la abrieron. Los cuerpos de la muchacha y del bebé fueron lanzados al río".

También se dan numerosos casos de mutilación con instrumentos cortantes. Es el caso de Lidia “nombre ficticio”, que el 24 de noviembre del 2002 fue secuestrada por seis hombres con brazaletes de grupos paramilitares en la zona nororiental de Medellín cuando caminaba por la calle. Se la llevaron en un vehículo, la presionaron para que confesara que era guerrillera, la violaron en grupo y con un cuchillo le hicieron marcas en las piernas, en los senos y en las nalgas. En su brazo izquierdo le dejaron marcadas las siglas AUC de los paramilitares.

La violación sirve como advertencia general a la población femenina para que no se relacionen con los que consideran adversarios. En un municipio del departamento del Huila, a mediados del año 2002, una muchacha fue violada por presuntos miembros de las FARC (el mayor grupo guerrillero del país), para advertir a las jóvenes que mantenían relaciones o contacto con miembros del ejército.

Los paramilitares y la guerrilla intervienen en los aspectos más personales de las mujeres: dictan normas de comportamiento, fijan horarios, intervienen en conflictos familiares y aplican castigos corporales por el incumplimiento de sus reglas que incluyen la flagelación, pegarles el cabello con pegamento, raparlas, mutilarlas o desfigurarles el rostro y otras zonas del cuerpo con ácido o instrumentos cortantes.

Amnistía Internacional ha encontrado a mujeres y niñas en condiciones de esclavitud, encargadas de realizar labores domésticas que incluyen servicios íntimos para combatientes, y ha recogido testimonios de mujeres y niñas de tan sólo 12 años usadas para satisfacer las demandas sexuales de los varones miembros de los dos principales grupos guerrilleros, que son obligadas a abortar cuando quedan embarazadas o se las ejecuta al enfermar de sida.

Si tienes sensibilidad y conciencia, tal vez te preguntes por qué ocurren estas cosas en un país democrático, por qué nunca se encuentra y se castiga a los culpables de estos hechos, por qué las mujeres han de soportar este infierno. Si tienes sensibilidad y conciencia comprenderás lo que han sufrido durante 40 años las mujeres colombianas y exigirás a los gobiernos del mundo que hagan algo para defender la vida y la dignidad de tantas mujeres silenciadas.
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