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Cierzo

Mis libros

Mis libros

Cada uno de mis libros es un pequeño tesoro, una pieza de valor para mí. A lo largo de los años he reunido una diminuta biblioteca, apenas nada para lo que desearía tener. La falta de espacio para acoger más obras resulta un condicionante poderoso a la hora de adquirir libros y he llegado a un punto en el que para que entre un ejemplar nuevo en la estantería, antes debería sacar otro. No me atrevo a deshacerme de ninguna joya. El principito, Más allá del bien y del mal, El pescador y su alma… ¿Cómo voy a renunciar a ninguno de ellos si he disfrutado tanto con su lectura?

A veces pienso que convendría conservar únicamente los libros que en un futuro pudieran socorrerme y suprimir aquéllos cuyas páginas no he abierto en muchos años, pero siento una fidelidad casi sagrada por todos ellos. Los libros se enganchan a la memoria y algunos también al alma. Cualquier excusa sería miserable para abandonar a su suerte a La metamorfosis, El amante, Riverita o Anales. Se han adherido a mi vida, a lo que soy.

Por desgracia, el tamaño de la biblioteca sí importa y llega un momento en que el número de volúmenes cruza la frontera de lo posible y hay que contener su crecimiento. Los míos, de los anaqueles se han trasladado a una oscura caja que me he asegurado de precintar bien para que no escapen. Ha sido un acto doloroso.

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