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La especie humana de los gilipollas

La especie humana de los gilipollas

Aaron James, profesor asociado de Filosofía en la Universidad de California, ha establecido una nueva taxonomía biológica para el ser humano: el gilipollas, que él define como delusional asshole porque es alguien equivocado sobre su grandeza, uno de los que se engañan a sí mismos y piensa que tiene talento, que es el mejor.

La especie de los gilipollas abunda mucho en estos tiempos. Ellos se ven como seres extraordinarios, un personaje para la historia, y con este concepto de grandiosidad se sienten legitimados para hacer cualquier cosa, incluso tratar mal a los demás. Aaron James encuentra un número abundante de estos especímenes entre los artistas y pone como ejemplo a Miles Davis o Picasso, convencidos de que su talento les situaba por encima del resto de los mortales, consideraban que las reglas de la convivencia vigentes para los demás no eran válidas para ellos. “Esa clase de tipos se creen autorizados para gozar de ventajas especiales en la vida cooperativa a partir de un sentido de la legitimación que les inmuniza contra las quejas de los demás. Y en tanto están inmunizados, sienten que no tienen que respetar a los demás”.

Este tipo de personas se saltan los límites de la convivencia, igual que hacen los delincuentes, pero la diferencia entre ambos radica en que el gilipollas no tiene consciencia de estar haciendo algo ilegal o inmoral. Puede saltarse una cola, no pagar impuestos o pisarle el cuello a otro, pero se siente legitimado para hacerlo porque él es especial, un genio, alguien que destaca en la sociedad y tiene poder, por eso no debe rendir cuentas a nadie. El gilipollas no se está saltando las normas, simplemente actúa como le corresponde. Anclado en la superioridad, el gilipollas no soporta que nadie esté a su altura, la igualdad es un insulto, y como pertenece a una casta superior, no se somete a ningún límite.

Según explica James, la mayoría de estos imbéciles suelen ser hombres, ya que los varones están socializados en culturas que les empujan hacia actitudes dominio e insensibilidad. “Cuando actúan de este modo solemos decir que los hombres son así, pero cuando lo hacen las mujeres entendemos que está fuera de lugar y las reprendemos. No creo que haya nada en la naturaleza biológica de los varones que nos lleve a comportarnos como unos gilipollas. También las mujeres pueden serlo, pero como culturalmente es más difícil, resulta menos probable que se comporten como tales”.

Este tipo de comportamiento es muy útil cuando se quiere ascender en la escala social, y para quienes buscan conseguir estatus, dinero o poder, estas conductas reportan sustanciales beneficios. A la hora de convivir o de relacionarse con un gilipollas, no hay que dejarse avasallar ni ceder a sus pretensiones, también hay que atenerse a sus reacciones, porque estos tipos, contrariados, son difíciles de manejar. No conseguiremos que un gilipollas deje de serlo, por eso hay que evitarlo primero y si no es posible hacerlo, fijaremos con claridad los términos de nuestra relación sin renunciar a nuestro estatus de igualdad, aunque nos cueste algún enfrentamiento.

Aaron James encuadra a los gilipollas cerca de lo que la psicología califica como desórdenes narcisistas de personalidad, aunque su trastorno no es exactamente el mismo. Una cosa es cierta, los gilipollas están de moda y abundan cada vez más.

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