Literatura erótica

El concepto de literatura cobija bajo su lema a las obras destinadas al intelecto y descarta las orientadas a la sensualidad. Sin embargo, la literatura erótica consigue el más difícil todavía al lograr que el lector aparte una mano del libro para complacer al cuerpo según las demandas textuales, involucra al cuerpo y a la mente en un contexto de sensual ilusión. Las palabras disparan la lascivia y ésta es una conquista innegable del lenguaje, un triunfo del escritor, un milagro, magia pura. Un flujo lingüístico despierta los sentidos y la palabra se convierte en acto.
Para mí, la literatura erótica supone un reto creativo y no es, desde luego, la perversión de una mente calenturienta, de un alma amoral o de una personalidad enfermiza. No me siento culpable por tratar con desinhibición actividades que practicamos todos. Acepto con gusto el desafío de reflejar lo más extraordinario de lo común, porque el sexo es único y compartido por toda la especie. Línea a línea, el autor y el lector interactúan, le lector reacciona a los estímulos que el autor le propone y se entrega a esa cópula orgásmica que no sólo es física, porque el texto ha lubricado los íntimos recovecos de la mente y ha hecho que culmine la gloria del proceso de compenetración. Toda la literatura juega a este juego de seducción. Se trata de crear una obra atractiva para el lector, de impedir el cierre brusco del libro que lo condena al polvo del olvido en un estante de la biblioteca del que nunca más saldrá.
0 comentarios