Homo erectus

¿Por qué nos empecinamos en ir erguidos si ni la huida, la búsqueda de alimento o el camuflaje nos obligan a esta hechura disparatada? Los órganos, las vértebras, el sistema vascular, el organismo entero claudica en lesiones, dolores, varices... y, pese a todo, nuestro orgullo nos yergue contra nosotros mismos.
Tanto esfuerzo, tanto despilfarro de energía intentando mantener la vertical que nos confiere un rango diferente para acabar volviendo a los ancestros: encorvados, horizontalmente dispuestos sobre la tierra. Una tenacidad infructuosa.
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