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Cierzo

Un mundo ideal

Un mundo ideal Las mujeres soñamos con encontrar algún día ese hombre maravilloso que describen las novelas rosa, un hombre atractivo sin ser guapo, sensible sin ser plasta, original sin ser extravagante, inteligente sin ser pedante, con el sentido del humor suficiente para no ser un borde.

Ese hombre ideal no es una quimera, existe. Sólo tiene una pega, es homosexual. Nada es perfecto en esta vida.

Tal y como van las cosas, a la vista de lo mal que funcionan las relaciones entre los hombres y las mujeres, la cantidad de parejas que acaban partiendo peras, o peor, y la de gente sola y con problemas para encontrar pareja que hay por ahí, creo que no nos quedará más salida que hacernos todos bisexuales, eso ampliaría al doble el número de candidatos y no es moco de pavo en estos tiempos peliagudos que corren.

Un homosexual me explicaba que las relaciones íntimas con alguien de tu mismo sexo son más placenteras porque se da una complicidad y un conocimiento del cuerpo del otro que no se produce entre las parejas hetero. Seguramente tiene razón, la mayoría de hombres conoce poco las intimidades femeninas, no sabe dónde están las "cosas", para qué sirven ni cómo funcionan. Eso sí, fardan un montón cuando le describen a los amigos las hazañas sexuales (falsas) que son capaces de realizar (en sus mejores sueños), porque como dice una amiga mía, un hombre no obtiene un aprobado en sexo hasta que pasa el examen oral. Y ¿cuántos aprobarían? ¡Ay, que pocos!

Desciende la natalidad y aumentan los homosexuales confesos. La naturaleza no es tonta y para salvar la especie humana en peligro de extinción por guerras, epidemias, hambrunas, hecatombes, desastres naturales y demás hará cualquier cosa. Una solución sería transformarnos en hermafroditas. Ahora que pienso, ésta es la solución perfecta. Cada uno se da gustito a sí mismo, no necesita salir a ligar, engatusar a alguien, llevárselo a la cama y, en el peor de los casos, aguantarlo una buena temporada compartiendo su vida.

Entonces sí que todos seríamos iguales. Una sociedad hermafrodita nos equipararía como ninguna otra podría hacerlo. Los empresarios tendrían que jorobarse y conceder bajas por maternidad a todos su empleados, con lo que desaparecería una discriminación laboral. No existirían el acoso sexual, las violaciones, los celos, los crímenes pasionales, se igualarían los sueldos, las oportunidades... Los hombres superarían finalmente sus traumas y dejarían de inventarse esas ridículas mentiras con las que intentan disimular sus complejos (la tengo pequeña pero juguetona, lo que cuenta no es el tamaño sino lo que sabes hacer con ella –mear-, me estoy quedando calvo pero es porque soy muy viril, jua, jua). Las mujeres nos liberaríamos de la esclavitud de estar siempre delgadas, guapas, ingeniosas, solícitas, perfectas (uf). Y se cumpliría ese deseo admirable de Louis Amstrong: it's a wonderful world.
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