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Cierzo

Ver

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"Si se mira una cosa 999 veces, se está completamente a salvo; si se mira por milésima vez, se corre el espantoso peligro de verla por primera vez", asegura Chesterton. Ver, por tanto, sólo puede ser un acto liminar, prístino. Sólo cuando se ve por vez primera, la realidad aparece en su verdadera disformidad. Tan solo logramos ver la primera vez que miramos. Las demás veces nos contentamos con percibir la realidad automáticamente. Por tanto, para ver de nuevo es necesario restablecer las cosas a su dimensión primera, a su dimensión sagrada.

El espejo escarba en el reverso atroz de lo real, en lo que constituye nuestra propia condición de hombres deshabitados, huecos, desposeídos del paraíso, huérfanos de nuestra propia memoria. Nos muestra la realidad percibida en ese instante perplejo de despertar en el que, por un momento, sin el amparo de nuestras convicciones, nos vemos como en realidad somos.

Despojada de sus certezas, de sus asideros lógicos, la conciencia, desorientada y aterrada, tantea en las tinieblas en busca de ese interruptor que le devolverá, con la magia de un simple gesto, a nuestro propio ser cotidiano. Ese momento de absoluta perplejidad se ha prolongado hasta perpetuarse en ese espejo, que es la suma de nuestros desorientados despertares, para demostrarnos en el desolador reflejo el monstruo que somos.

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