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Cierzo

La manada

Nadie sobrevive en soledad; sólo se sobrevive en manada, en rebaño o en grupo.

La especie humana avanza siempre en formación; forma una cruz, una estrella o una esvástica, según las necesidades del momento y de los gustos de la corriente dominante. Vivimos los unos de los otros y sobrevivimos únicamente en simbiosis. Nos odiamos mutuamente, conspiramos los unos contra los otros, derramamos sangre ajena, enseñamos los dientes, mordemos, gruñimos, ladramos, cacareamos o silbamos, pero permanecemos unidos, pues es la única manera de sobrevivir.

La supervivencia es lo más importante. En nombre de la supervivencia rebajamos los estándares morales, mentimos, mutamos, nos disfrazamos. Somos por naturaleza delatores y siervos. Nos gusta pronunciar grandes palabras y nos preocupan grandes cuestiones, la cultura, el arte y la literatura. Nuestra actividad intelectual se reduce a juzgar; éste es basura, a ése lo destruimos, a aquél lo eliminamos. Los débiles se multiplican y son aceptados en nuestras filas para aparentar que somos más fuertes. Somos codiciosos; jamás estamos satisfechos.

A veces sacamos nuestro armamento pesado para luchar unos contra otros; vamos a la guerra para salvar nuestras insignificantes diferencias y cavamos trincheras y fosas comunes. Cada cual destruye según sus capacidades, pero en nombre de la manada.

Cuando un visitante viene a contemplarnos al zoológico, nos mira y se queda clavado en el suelo. Luego se emociona al ver la manada de seres vivos, de ratones perdidos, y abandona la sala con una sonrisa amarga en los labios.

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