Extraño ser el hombre

Lo mismo sucede con nuestra ansia obsesiva de seguridad. Todos nos hemos dado cuenta de cómo ha crecido últimamente la industria dedicada a fabricar cajas fuertes, puertas blindadas, alarmas, detectores magnéticos, etc. Pero esto es sólo un episodio en nuestra historia o sólo una parte mínima del problema. Si hoy existen controles electrónicos, ayer había cinturones de castidad. En todos los tiempos, el hombre se ha sentido inseguro y ha exigido garantías, resguardos, precintos, documentos que legalizan otros documentos. Todo es absurdo y vano. Después de haber atrancado firmemente las puertas y ventanas de su casa, el hombre sigue tan vulnerable como antes, del todo indefenso ante sus peores enemigos, esos fantasmas que el miedo suscita en su propio corazón. Buscado obsesivamente la seguridad, ha terminado por vivir en un estado de constante alarma, es decir, de inseguridad.
0 comentarios