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Exorcismo

Exorcismo

El exorcista no es una figura arcaica de la Iglesia ni un personaje cinematográfico representado por el padre Karras, es un cargo eclesiástico que sigue vigente hoy en día. El Código de Derecho Canónigo dice que debe haber uno en cada diócesis, aunque esto no siempre es así. La finalidad de estos religiosos es ayudar a personas en una situación difícil, ellos ordenan y mandan al demonio, en nombre de la Iglesia, que abandone el cuerpo del poseído, y según explica el exorcista Lluís Martínez Sistach, adscrito a la archidiócesis de Barcelona, existe abundante demanda de estos servicios.

En la historia de la Iglesia la relevancia de los exorcistas ha sido cambiante, en la actualidad su presencia permanece en la sombra y los casos de posesión diabólica no se comentan. Sin embargo, durante el siglo pasado y ante la proliferación de teorías filosóficas como el anarquismo, que la Iglesia católica consideraba que eran obra del maligno y, por tanto, perjudiciales para la gente, el papa León XIII redactó unas plegarias, que en realidad eran un exorcismo contra este "mal", éstas se leían al concluir cada misa y estuvieron vigentes entre finales del siglo XIX y el Concilio Vaticano II. A partir del Concilio Vaticano II se renovaron todos los rituales de la Iglesia: bautismo, comunión, matrimonio, etc. También se actualizó la ceremonia de exorcismo, tarea que ocupó a la Iglesia durante cuarenta años. Una de las últimas versiones se publicó en 2005 y no ha recibido apenas difusión.

El Ritual de exorcismos y otras súplicas detalla los pasos a desarrollar en la ceremonia de exorcismo y abarca desde el vestuario del sacerdote hasta los gestos que debe hacer, las oraciones que ha de rezar y también aborda el tema de la participación de los asistentes. Asimismo, el manual establece las condiciones que tiene que reunir el sacerdote autorizado para realizar esta práctica y marca las prevenciones a seguir ante una intervención demoníaca. Algunos de los síntomas de posesión son: hablar una lengua desconocida o entender a quien la habla, descubrir la existencia de objetos ocultos o distantes y mostrar una fuerza superior a la habitual. Sólo con la certeza moral de hallarse ante una persona endemoniada, el sacerdote procederá a practicar el exorcismo. En el lugar escogido para esta ceremonia no se permitirá la presencia de ningún medio de comunicación social y los participantes se abstendrán de divulgar el hecho, guardando la debida discreción.

La existencia del demonio es una cuestión de fe, unos atribuyen a Satanás todos los males del mundo, mientras que otros buscan culpables más cercanos y terrenales.

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