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Los nuevos mataderos

Los nuevos mataderos

La inmigración ha traído nuevas costumbres a nuestro país. Desde hace años la comunidad judía que reside en Cataluña es accionista de un matadero en el que se sacrifican los animales siguiendo el método Kosher. Ahora también se aplica el Halal, la forma de sacrificio que impone el Islam. En cuestiones alimenticias, ambas religiones mantienen una tradición de siglos que establece el modo en que se han de sacrificar los animales antes de consumir su carne. Por ejemplo, está prohibida la carne de animales muertos por causas naturales, con enfermedades o con malformaciones. Al animal vivo se le practica una incisión profunda en el cuello con un cuchillo afilado y sin defectos y se le deja desangrarse por la yugular, colocado en dirección a La Meca sobre el costado izquierdo. Así, la carne es considerada "pura", es decir, que cumple con los preceptos básicos y, como tal, lleva una etiqueta que la identifica.

Poner en práctica estos ritos implica que los mataderos españoles adecuen sus instalaciones y cuenten con personal específico, pues es imprescindible que la persona que mata al animal sea judía o musulmana y, además, esté autorizada por su confesión para llevar a cabo el ritual del sacrificio. La carne tampoco debe ponerse en contacto con una sustancia o producto prohibido durante su elaboración, producción, procesado, almacenamiento y transporte.

Ante el aumento creciente de la demanda y la imposibilidad de satisfacerla adecuadamente, empiezan a darse casos de "intrusismo" y se está poniendo a la venta carne que no cumple escrupulosamente los preceptos religiosos de estas comunidades, pues esto supone que los mataderos tengan que invertir en personal y tecnología para realizar un proceso más lento que el habitual, por lo que pierden competitividad en el mercado. Otra dificultad añadida es, en el caso de los musulmanes, su poder adquisitivo, que siendo potencialmente bajo obliga a las empresas a ajustar los precios. También hay que tener en cuenta la competencia que suponen las empresas del norte de Europa, que se abastecen de animales de los países del Este y tienen unos costes de producción más bajos.

El reto de los mataderos ante los nuevos tiempos consiste en hacer compatibles sus instalaciones con lo que estipulan las normas religiosas y la normativa sanitaria española, ya que el Gobierno, tal y como se recoge en el artículo 14 de los Acuerdos de Cooperación, reconoce el derecho de los musulmanes que viven en España a tener acceso a una alimentación acorde a la Ley Islámica.

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