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Cierzo

Dresden, tormenta de fuego

Dresden, tormenta de fuego

Estoy recabando información sobre la Segunda Guerra Mundial para mi próxima novela y he tenido la oportunidad de contactar con Max, que desde Hamburgo me remite un documento que merece la pena conocer:

 

Durante la Segunda Guerra Mundial 915.000 toneladas de bombas cayeron sobre Alemania. Operación Gomorrah. Propósito de la misión: Destruir la vida en Hamburgo mediante el bombardeo de área con el fin de interrumpir la producción industrial en los astilleros de la ciudad y minar la moral de los civiles hasta el punto de hacerla colapsar. El total de bombas lanzadas sumó las 8.621 toneladas entre incendiarias y explosivas. En el transcurso de 10 días, la RAF efectuó 3091 salidas. Unos 22 kilómetros cuadrados de terreno fueron convertidos en cenizas, causando la muerte a 40 mil personas y dejando 37 mil con heridas graves. Las temperaturas alcanzaron más de 100 mil grados centígrados y los vientos de la tormenta de fuego llegaron a soplar a más de 250 Km. por hora. Leer que durante cuatro noches y tres días consecutivos fueron arrojadas sobre Hamburgo 2.300 toneladas de bombas, no permite imaginar realmente lo que esto significa. El objetivo de la estrategia de bombardeo masivo -llevada a su máxima expresión por Sir Arthur "Bombardero" Harris- era destruir la moral de la población. Sin embargo, tras cada noche de horror los obreros alemanes se dirigían a sus fábricas, y entre las ruinas humeantes empleados y funcionarios continuaban desempeñando su trabajo. Por eso no debe sorprender que en torno a aquella estrategia sangrienta y fracasada se haya levantado un muro de silencio.

 

La historia ha retenido la atroz devastación de Dresden, con la excusa estratégica de neutralizar un centro ferroviario importante. Pero ¿qué justifica la destrucción de Ulm, de Bonn, de Wurtzbug, de Hidelsheim, de estas ciudades medievales, de estas joyas artísticas que pertenecen al patrimonio de Europa? Todas estas ciudades desaparecieron en huracanes de fuego. Con la victoria de los Aliados, todo un fragmento de la historia de la Segunda Guerra Mundial ha desaparecido de la realidad. Los bombardeos de terror se han sumergido en un olvido casi completo al igual que las masacres perpetradas por el Ejército Rojo, o los horribles arreglos de cuentas en Europa del Este. Sólo subsisten algunos testimonios de la historia que, demasiado arraigados para ser erradicados abiertamente, son “tratados informativamente” para hacerlos inofensivos. Es el caso en particular de los bombardeos de Dresden: la mayor incursión aérea de terror de toda la guerra, obra de los Aliados victoriosos.

El 13 de febrero de 1945, poco antes de las diez de la noche, un implacable bombardeo destruyó la ciudad de Dresden, capital del antiguo reino de Sajonia. Ochocientos bombarderos Lancaster británicos y canadienses atacaron el casco antiguo de la ciudad que quedó calcinado a causa del posterior incendio. A la 1.30 del 14 de febrero se produjo el segundo ataque. Los barrios residenciales de la ciudad eran en esta ocasión el objetivo de las bombas en su mayoría incendiarias. Fue tal la concentración y el tonelaje del bombardeo que la temperatura en el centro de Dresden superó los mil grados centígrados y las aguas del río Elba que atraviesa la ciudad “hirvieron”. El tercer y último bombardeo llegó al mediodía del 14. En él participaron también aviones norteamericanos. En total los aliados arrojaron sobre Dresden, en menos de 14 horas de bombardeo, un total de 3.300 toneladas de explosivos y bombas incendiarias. El viejo castillo de Dresden fue totalmente demolido. También fueron dañadas las iglesias de Santa Sofía y de la Santa Cruz de los siglos XIV y XV, y el teatro de la Ópera construido por el famoso arquitecto Gottfried Semper.

La poéticamente llamada “Florencia del Elba” se convirtió en pocas horas en un caótico montón de escombros, hierros retorcidos y cadáveres de civiles indefensos. En diversas partes de la urbe se encontraban restos humanos derretidos, convertidos en gelatina debido a la acción de las bombas de keroseno que calcinaron prácticamente el centro urbano. La cifra de muertos fue minimizada por los aliados que afirmaron que “sólo sesenta mil personas” habían perecido. Investigaciones posteriores demostraron que en realidad habían sucumbido casi medio millón de seres humanos. El terrible bombardeo había sido decidido por el primer ministro británico Sir Winston Churchill. En 1945 Dresden tenía una población de casi 600.000 habitantes, pero a la hora del bombardeo albergaba alrededor de un millón doscientos mil seres humanos, debido a la llegada de numerosos refugiados alemanes de la Prusia oriental, que había sido ocupada por el ejército soviético. Dresden no representaba ningún valor estratégico, y en el momento del ataque la mayoría de sus defensas antiaéreas habían sido desmanteladas. Aunque la decisión de Churchill se trató de avalar con la justificación de que era necesario apresurar el final de la guerra (argumento similar al esgrimido por el presidente Harry S. Truman que ordenó el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki a principios de agosto del mismo año), los hombres y mujeres de conciencia consideraron que se trataba de una acción injustificada y cruel, de un crimen de guerra idéntico a los cometidos por los nazis.

2 comentarios

gabriel -

Es increible lo que hace la gente que se cre poderosa.

Michel -

no solamente hubo olocausto de judios si no tambiem muchas matanzas de alemanes inocentes pero como fueron los que perdieron eso no pasa a la historia