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Cierzo

El rezo entre los musulmanes

Uno de los sucesos cruciales en la vida de Mahoma fue su famosa Ascensión Nocturna al Cielo. Una noche del mes de Ramadán, Mahoma desapareció montado en un caballo blanco alado que lo llevó a Jerusalén y luego, atravesando los siete cielos, a presencia de Dios, quien le dijo que los musulmanes debían orar cincuenta veces al día. De regreso a la tierra, se detuvo en el sexto cielo y le comunicó la orden a Moisés, que no podía creerlo. ¡Cincuenta veces al día! -exclamó Moisés-, debes estar de broma. Nunca podrán hacerlo. Vuelve y negocia. Y Mahoma así lo hizo, logrando una reducción a cuarenta, pero Moisés no quedó satisfecho e insistió: Conozco a esa gente; vuelve a negociar. Tras cuatro negociaciones más, el número de rezos se rebajó a treinta, veinte, diez y finalmente quedó en cinco. Pero incluso esta cantidad le pareció excesiva a Moisés, quien manifestó: Tu gente es incapaz de orar cinco veces al día. Yo he puesto a prueba a las gentes antes que tú y me he esforzado para convencer a los hijos de Israel, así que regresa a ver a tu Señor y pídele que alivie la carga de tu gente. En esta ocasión Mahoma se negó, arguyendo: Le he rogado a mi Señor hasta el punto de sentirme avergonzado, pero ya estoy satisfecho y lo acepto, de manera que el número de oraciones diarias quedó fijado en cinco.

También quedaron establecidos los momentos en los que debe orarse: al levantarse, cuando el sol está en su cenit, cuando está a medio descenso, cuando se pone y antes de acostarse. No es estrictamente obligatorio el horario. El Corán dice de forma explícita: “Cuando estéis de viaje, no hay inconveniente en que abreviéis el rezo, si teméis un ataque de los infieles”. No obstante, en condiciones normales tienen que cumplirse los cinco rezos. Aunque el islamismo no señala un día santo, como ocurre con el sábado para los judíos o el domingo para los cristianos, el que más se aproxima a serlo es el viernes, día en que se espera que los adeptos acudan a las mezquitas a orar a mediodía.

En un primer momento, los musulmanes rezaban en dirección a Jerusalén, pero una revelación posterior les indicó que tenían que hacerlo en dirección a La Meca, y el hecho de que cumplan este precepto en cualquier lugar del mundo les proporciona la sensación de participar en una cofradía universal, aun orando en solitario. El Corán no da más directrices que la de la dirección en la que se ha de rezar, son las enseñanzas y las prácticas de Mahoma las que llenan los vacíos. El lavado para purificar el cuerpo, y simbólicamente el alma, precede a la oración, que se inicia en postura erecta, digna, y concluye arrodillándose y tocando el suelo con la frente. En esta última posición el orante alcanza su momento más sagrado por el doble simbolismo del acto: el cuerpo se halla en posición fetal, listo para volver a nacer, y también el espacio que ocupa está reducido al máximo, lo que implica el reconocimiento de la insignificancia humana ante lo divino.

Los temas habituales del rezo en sí son la alabanza, la gratitud y la rogatoria. Según un dicho musulmán: los pájaros elevan su mirada al cielo en señal de gratitud cada vez que beben una gota de agua. Lo mismo hacen los musulmanes al menos cinco veces al día.
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