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Cierzo

Crisis para los de siempre

La crisis de Grecia desató el miedo que nos puso en alerta. Los rumores interesados apuntaron un efecto contagio en España y la consecuencia fue el hundimiento de la Bolsa española el mismo día en que se reunían Zapatero y Rajoy. España no es Grecia, pero los sacrificios serán semejantes.

 

Zapatero es implacable con los más débiles y miedoso frente a los poderosos. Anuncia un recorte en las infraestructuras de más de 6.000 millones de euros y un recorte en los derechos sociales a costa de los derechos de las madres, de los pensionistas, de los dependientes, además de un recorte del 5% en el sueldo de los funcionarios. Zapatero sigue con su política de los dos últimos años, una política de parches discutibles e insuficientes. El último de ellos ha sido el anuncio de reducir altos cargos de la administración con un ahorro estimado en 16 millones, cuando la desviación del gasto de los ministerios asciende a 231 millones. Ya hace meses que en el Congreso se instó al Gobierno a suprimir ministerios, pero Zapatero desestimó la propuesta. Hay que recordar que esta propuesta hubiera ahorrado miles de millones de euros al eliminar ministerios superfluos, aunque también habría permitido desligarse de la invasión en cuestiones que son competencia de las comunidades autónomas. Demasiado tiempo mareando la perdiz y ahora estamos como estamos. En enero se quitó la desgravación de 400 euros por asalariado y pensionista establecida en 2008, cuando el presidente del Gobierno quiso hacernos partícipes de la bonanza económica. Luego ha sido finiquitada su otra gran medida populista: el cheque bebé, el pago de 2.500 euros por el nacimiento o la adopción de un hijo. Nos dicen que es por culpa de la crisis y nos lo dicen los mismos que hace dos años negaban su existencia y le daban clases de economía al resto de Europa.

Sin un marco general de reformas estructurales y sin voluntad de un pacto de Estado, la sensación de que vamos a la deriva empieza a ser alarmante e intolerable. Solo hay respuestas coyunturales y desesperadas para evitar la debacle que cada vez se hace más evidente y cercana. Mientras tanto, permanecen intocables los bancos y las cajas, cuando debería aplicárseles mano dura obligándoles a abrir el grifo del dinero y no llegar a acuerdos trapaceros con Rajoy para aplicar la privatización de las cajas de ahorro. Por desgracia, continuamos pagando la crisis los de siempre.

 

 

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