Servicio Marítimo
Me lo cuenta un guardia civil destinado en Fuerteventura y los ojos le brillan recordando.
Desde que estoy en el Servicio Marítimo, suelo tener una pesadilla. Escucho gritos, unos alaridos desesperados. Todo está negro y no veo nada. Intento distinguir los cuerpos con todas mis fuerzas, pero no puedo. Los gritos se me clavan dentro y, al final, me despierto angustiado, sin poder verlos.
Faltan medios y personal. Hay días en que las patrulleras no funcionan por falta de tripulantes. No podemos hacer nada por esa pobre gente. Una manta vieja, un bocadillo o un paquete de galletas, a veces un vaso de colacao caliente. Eso es todo lo que podemos ofrecerles. Y se te cae el alma a los pies porque son personas. Llegan en un estado penoso, medio congelados, agotados, deshidratados, heridos, mojados, agarrotados por la inmovilidad...
Recuerdo el caso de un chaval negro, sería de mi edad. Estaba agarrado a un resto de la patera que acababa de naufragar, sin fuerzas y temblando de frío y de miedo. Se soltó de la tabla, estaba a pocos metros y yo me metí en el mar para sacarlo, lo agarré como pude y lo arrastré a la playa. Tuvo una crisis de histeria. Se abrazó a mí llorando y gritando, me apretaba tanto que unos compañeros tuvieron que quitármelo de encima. ¡Joder! Lloré mucho ese día. Debajo del uniforme hay hombres, ¿sabes?
Ves cada cosa... Este trabajo te machaca mucho. Sobre todo cuando ves que la patera se va a hacer puñetas y esa gente cae al agua igual que fardos. La mayoría no sabe nadar y se van directos al fondo, casi no te da tiempo a verlos. Por eso, cuando logras salvar a uno, sientes que tu trabajo merece la pena y todo vuelve a tener sentido.
Desde que estoy en el Servicio Marítimo, suelo tener una pesadilla. Escucho gritos, unos alaridos desesperados. Todo está negro y no veo nada. Intento distinguir los cuerpos con todas mis fuerzas, pero no puedo. Los gritos se me clavan dentro y, al final, me despierto angustiado, sin poder verlos.
Faltan medios y personal. Hay días en que las patrulleras no funcionan por falta de tripulantes. No podemos hacer nada por esa pobre gente. Una manta vieja, un bocadillo o un paquete de galletas, a veces un vaso de colacao caliente. Eso es todo lo que podemos ofrecerles. Y se te cae el alma a los pies porque son personas. Llegan en un estado penoso, medio congelados, agotados, deshidratados, heridos, mojados, agarrotados por la inmovilidad...
Recuerdo el caso de un chaval negro, sería de mi edad. Estaba agarrado a un resto de la patera que acababa de naufragar, sin fuerzas y temblando de frío y de miedo. Se soltó de la tabla, estaba a pocos metros y yo me metí en el mar para sacarlo, lo agarré como pude y lo arrastré a la playa. Tuvo una crisis de histeria. Se abrazó a mí llorando y gritando, me apretaba tanto que unos compañeros tuvieron que quitármelo de encima. ¡Joder! Lloré mucho ese día. Debajo del uniforme hay hombres, ¿sabes?
Ves cada cosa... Este trabajo te machaca mucho. Sobre todo cuando ves que la patera se va a hacer puñetas y esa gente cae al agua igual que fardos. La mayoría no sabe nadar y se van directos al fondo, casi no te da tiempo a verlos. Por eso, cuando logras salvar a uno, sientes que tu trabajo merece la pena y todo vuelve a tener sentido.
Señoras, ojo al dato: Acaba de aparecer en el planeta una nueva especie de hombre. No es el eslabón perdido, ése que buscan desde hace tiempo los antropólogos y los paleontólogos, se trata de un espécimen con una nueva masculinidad. Es el hombre metrosexual.
Llega el verano y, como cada año por estas fechas, bienintencionadas familias españolas acogerán en sus hogares a niños saharauis, rusos, chinos, guatemaltecos o de donde sea para que pasen aquí unas vacaciones. Esta crueldad es estúpida y gratuita. Demos un mes de bienestar a un desarrapado y habremos ganado el cielo y su gratitud eterna.
El estado actual del mundo requiere una visión precisa, realista, sin perfiles. Estamos perdiendo nuestra capacidad de rebelión, la apatía nos mata el ánimo, la esperanza, la posibilidad de hacer algo mejor por el mundo, algo más positivo que criticar su estado. Combatir lo malo de nuestra sociedad no consiste en escribir sobre ello, aunque a veces sea necesario.
La calidad de una obra depende del talento y la inspiración, de los motivos que impulsaron al autor a escribirla, de su técnica narrativa, de su cultura, de su personalidad, de la época en que vive..., de cientos de ingredientes que han de figurar como fijos al "cocinar" un texto, pero que en modo alguno garantizan que el resultado final sea el apetecido por el propio escritor, ni del gusto del lector.
Es una noche tranquila en un pueblo de la meseta castellana. El cielo está negro y limpio y centenares de luces lejanas le dan un aire majestuoso y seductor. Es una noche de esas en que el espectáculo está arriba y te roba la mirada. Parece que el tiempo y la vida se hayan detenido en este instante y lamento no haber ampliado mis conocimientos para poder llamar a cada estrella por su nombre, distinguir las constelaciones y ver pegasos, dragones, delfines o la hermosa cabellera de Berenice.
Que los norteamericanos son un pueblo único, pocos lo dudan y nadie se lo cree más que ellos. El marchamo distintivo de este país es la lealtad de sus ciudadanos a una bandera rayada en blanco y rojo en la que brillan 50 estrellas.
Hay que joderse. Mira que somos racistas los españoles y cómo nos gusta destrozar la vida del prójimo, sobre todo si el prójimo es gitano. Leo la entrevista al bailaor Farruquito que publica el diario La Vanguardia y me quedo de pasta de boniato. Pobre hombre, perseguido y acosado por la justicia, considerado un vulgar delincuente, en boca de todos... No hay derecho, no se puede tratar así a un artista, a un héroe nacional que pasea el flamenco por los tablaos del mundo.
Las mujeres soñamos con encontrar algún día ese hombre maravilloso que describen las novelas rosa, un hombre atractivo sin ser guapo, sensible sin ser plasta, original sin ser extravagante, inteligente sin ser pedante, con el sentido del humor suficiente para no ser un borde.
En este país se puede enmerdar el nombre de alguien con total alegría y descaro, y, lo que es peor, casi con absoluta impunidad.
El 30 de junio está previsto que se realice una entrega de poder en Iraq, seremos testigos de cómo Estados Unidos les devuelve a los iraquíes una hipotética soberanía que quedará en manos de los capitostes elegidos desde Washington y que harán lo que el gobierno yanqui les mande. El candidato con más números para convertirse en el mandamás de Iraq es Paul Wolfowitz, un académico pro israelí y neoconservador, miembro de la Administración estadounidense y uno de los cerebros que alentaron la desastrosa invasión estadounidense del pueblo iraquí.
Donald Rumsfeld, secretario estadounidense de Defensa, aprobó en secreto la utilización de métodos de interrogatorio que condujeron a abusos y humillaciones sexuales contra prisioneros iraquíes. Tales prácticas secretas fueron ampliamente utilizadas en Afganistán, en la cacería contra Al Qaeda. Pero en Iraq, al crecer la insurgencia y morir más soldados estadounidenses, Rumsfeld y el subsecretario para Inteligencia, Stephen Cambone, autorizaron extenderlas a la cárcel de Abu Gharib, reveló el periodista Symour Hersh, en un artículo que publica hoy la revista New Yorker. El plan fue aprobado y llevado a cabo el año pasado después de que la sede de la ONU y la embajada de Jordania en Bagdad fueran atacadas con bombas. Las reglas que se incluían en la operación secreta eran de: "Aprieten a quienes tengan que apretar. Hagan lo que quieran", asegura un ex oficial de Inteligencia que mantiene oculta su identidad.
Hay que ver lo imbéciles que nos está volviendo abusar de lo políticamente correcto en España, porque aquí, a esta moda, se le une el analfabetismo secular de sus gentes, que pasaron de firmar haciendo una cruz con mucho esfuerzo a ir masivamente a la universidad siguiendo un plan de estudios tan chachipiruli que nos iguala a todos en ignorancia. No olvidemos que somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos.
Ignoro qué criterios siguen los científicos para clasificar a las especies de homínidos, porque hay conductas del homo sapiens que hacen dudar de su condición de tal.
Primero suprimieron del programa académico el estudio del latín, por ser una lengua "muerta"; luego la Filosofía, que enseña a pensar y por tanto es materia peligrosa; más tarde se cargaron las Humanidades y de paso las carreras de letras, que hoy carecen de futuro laboral. En cada nuevo presupuesto, el Gobierno destina menos dinero a la enseñanza, se recortan drásticamente los fondos que reciben las universidades públicas y las becas que perciben los estudiantes son escasas, por no decir ridículas, y casi imposibles de conseguir.
Es curiosa la juventud, esa época en la que se cree saberlo todo, llena de ideales maravillosos, cuando se piensa que uno puede redimir al mundo de sus miserias y conseguir todas las utopías que se encuentran al otro lado del arco iris.