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Hipocresía y virus

Hipocresía y virus Bagle, Netsky, Blaster, Nachi, Lovsan, Badtrans, Randex, Gaobot, Mydoom, Sasser… Cada cierto tiempo aparece en la Red un virus, un gusano, un troyano... dispuesto a devorar el disco duro de nuestro ordenador y a causarnos en él daños de diversa índole.

Todos los virus informáticos son odiosos, pero los que además incorporan un mensaje son ridículos. El tipo que diseñó el virus Blaster escondió en su código un mensaje en el que invitaba a Bill Gates a "dejar de ganar dinero y reparar su software", criticando así a Microsoft por los errores de Windows. Pero, ironías de la vida, el Blaster tampoco era perfecto y contenía un error. Debido a este fallo, los sistemas se reiniciaban y el ataque no conseguía su propósito.

La responsabilidad del agujero de seguridad que abre la puerta a los virus es de Microsoft, de esto no hay duda, pero se ha de decir en favor de la compañía que suele actuar con rapidez y cuando los hackers le señalan la existencia de un fallo, se apresura a colgar un parche en su sitio web.

Diseñar un virus para aprovechar una u otra vulnerabilidad es siempre un ataque contra los bienes ajenos. Los errores de seguridad existen en todos los sistemas, no sólo en Windows. Sin embargo, y salvo excepciones, los virus apuntan siempre a los productos de Microsoft. Ahora bien, ¿afectan estos ataques a la empresa de Bill Gates? No, por supuesto que no.

Liberar un virus es una forma de perjudicar y de fastidiar al usuario. No tiene nada que ver con mejorar la calidad general del software. El mensaje del Blaster y de otros virus es un acto de hipocresía, porque los únicos que resultan dañados son los de siempre, los que no tenemos nada que ver con el negocio informático. Los errores en el software podrían resolverse si avanzásemos más despacio, si no aparecieran versiones nuevas de los programas cada seis meses. Pero la industria informática no se caracteriza por asegurar cada paso que da, se trata de ganar rápidamente dinero o desaparecer. Y los usuarios exigen que sea así. Por eso todo el software está plagado de errores. ¿Qué solución existe? Mantenernos informados y parchear nuestro sistema.

El apocalipsis que viene

El apocalipsis que viene El asesor de Defensa del Pentágono, Andrew Marshall, ha encargado un informe sobre el cambio climático, las conclusiones de los expertos ponen los pelos de punta.

Ciudades importantes de Europa quedarán sumergidas bajo las aguas del mar, hacia el año 2020 la Gran Bretaña tendrá un clima siberiano, violentas tempestades destruirán las barreras que protegen del mar a los Países Bajos volviendo inhabitables grandes zonas, los diques del río Sacramento en California se romperán, Europa y América vivirán durante un tercio del año con temperaturas superiores a los 40º, grandes sequías afectarán a las regiones más productivas del mundo, como el medio oeste de los Estados Unidos, las reservas de petróleo se agotarán debido al gasto extra provocado por el clima frío y se utilizará la energía nuclear como fuente calorífica, las aguas del mar aumentarán su nivel contaminando las aguas continentales, 400 millones de personas correrán el riesgo de morir en los trópicos...

El resumen es, más o menos, el siguiente: De aquí a 20 años, en el planeta nos mataremos por conseguir agua potable o comida, se producirán grandes migraciones en busca de alimentos y un clima benévolo y la principal preocupación de los gobiernos será defender las escasas reservas de alimentos, agua y energía que posean.

Se ignora en qué punto del proceso nos encontramos, podría comenzar mañana y hasta dentro de cinco años no lo sabríamos, ha dicho Doug Randall, de la Global Business Network de California, y pide al gobierno norteamericano que analice inmediatamente este informe porque ya no queda tiempo. Pero la administración Bush niega el cambio climático y centra sus prioridades en la defensa nacional, también silencia todas las voces de aquellos que le acusan de manipular la ciencia y niega los informes que no le agradan. El propio presidente norteamericano ha llegado a decir que el calentamiento global es un fraude, tal vez para tranquilizar a ese puñado de empresas petrolíferas y de electricidad que lo han sentado en la poltrona.

Esta vez, las armas no acabarán con el enemigo y no se dispone de ningún control sobre él. Todos hemos contribuido en el desastre que se avecina. Desde hace tiempo sabemos que la Tierra nos pasará factura, que tendremos que pagar un precio por la deforestación, las diversas contaminaciones medioambientales, el exterminio de especies animales que ha perturbado los ecosistemas y nuestra poca cabeza al sacrificarlo todo en aras de un mal entendido progreso que nos ha puesto al borde del precipicio.

El dudoso arte taurino

El dudoso arte taurino Soy antitaurina. No me gustan las corridas de toros, y baso esta opinión en la única novillada que mi sensibilidad ha podido soportar y en la que pasé la mayor parte del tiempo mirando a los tendidos, observando los rostros embrutecidos de los asistentes, y sin poder dirigir la vista a ese coso de arena teñida de sangre.

Hay muchos argumentos a favor de la fiesta nacional, aunque a mí no me convence ninguno. De entrada, el toreo se considera arte y yo no le veo nada artístico al acto de torturar a un pobre animal. Dicen los aficionados a la tauromaquia que guarda relación con el valor y la muerte, que el toro tiene la oportunidad de defenderse llevándose por delante la vida del torero, pues tampoco me parece bien que el “artista” haya de morir luciendo sus habilidades con la muleta y el estoque. Argumentan que el toro bravo vive a cuerpo de rey en los cortijos y que se les cría especialmente para morir en el ruedo, que de no existir las corridas, los toros desaparecerían. No encuentro la relación entre que deje de sacrificarse a un animal y que se extinga la especie a la que pertenece, pero no soy biólogo ni zoólogo.

También me parecen una aberración los Sanfermines, aunque confieso que me importa un bledo que los berracos hinquen el asta en la femoral a esos tarados que corren por la pamplonesa calle de la Estafeta buscando emociones fuertes, con el hígado cocido en tintorro y alardeando de tener los cojones bien puestos. Lastima que no tengan el cerebro bien puesto y les pase lo que les pasa. Pero son libres de hacer lo que quieran, la vida es suya y se la pueden jugar como les plazca.

No encuentro calificativo para los espectáculos de vaquillas, los considero repugnantes y casi un delito, fruto de la incultura y la barbarie. Un pobre animal espantado, con los cuernos aserrados y atormentado por la vara del picador, por los arpones de las banderillas y por esos borrachos que las muelen a golpes, patadas, pedradas o navajazos. Así nos divertimos en España, lo cual nos define en cuanto al tipo de personas que somos, y así divertimos a los turistas, que se unen alborozados al grupo de gentuza que participa en el linchamiento de un animal indefenso y se hacen fotos como recuerdo de su hazaña estival.

Estos espectáculos bochornosos y cruentos son arte, son nuestro modo de pasarlo bien y celebrar las fiestas patronales de los pueblos. Si algo destaca en este tipo de festejos es la nobleza, el valor y la dignidad del toro y la abyección vil y cobarde de los animales bípedos.

La infame condición de nuestro barro

La infame condición de nuestro barro “Cada vez que muere un yanqui, el mundo es un poco mejor”. He encontrado esta perla en un foro de actualidad en el que se comentan esas fotos en las que aparecen prisioneros iraquíes torturados y vejados por soldados norteamericanos y he estado reflexionando sobre la guerra.

Todas las guerras son la misma guerra. En ellas aflora lo peor que el hombre lleva dentro: crueldad, infamia, violencia, ambición, impulsos deleznables, vileza... Es en esta situación cuando se hace más patente la falta de caridad y compasión de las que adolece el animal humano, capaz de ensañarse con la víctima humillándola, burlándose de ella de forma despiadada. Casi lo peor es refugiarse en las Fuenteovejunas miserables para diluir la responsabilidad individual en la del grupo. Así el linchamiento se convierte en práctica habitual, fácil y sin riesgos. También existe otro grupo de bestias repugnantes, las que sin valor para actuar, miran, jalean y se ríen del caído indefenso, mientras la furia de los más osados cae sobre él.

Vencedores, vencidos. Víctimas, verdugos. Los papeles se alternan. Los mismos pueblos matan y son matados. Héroes, cobardes. Individuos anónimos o con nombres y apellidos. Cadenas de causas y efectos que subyugan al hombre y lo hacen prisionero de su condición. No consigo entender el porqué de tanto desatino. Debe ser porque hay cosas que no tienen justificación, ni atenuantes, ni siquiera explicación.

Seremos gilipollas...

Seremos gilipollas... Estoy en una sala de espera y para matar el rato cojo una de las publicaciones que se encuentran sobre la mesita revistero. Es un ejemplar atrasado, pero es la única revista que queda y no puedo elegir mejor lectura.

En la portada viene destacada la noticia de que el príncipe Felipe y su prometida han sido registrados en el aeropuerto de Miami cuando regresaban a casa después de haber pasado unos días en las Bahamas. Me imagino la escena y disfruto de lo lindo. Los aduaneros yanquis con la lección aprendida, dispuestos a considerar sospechosa cualquier sonrisa, le piden al príncipe que abra la maleta. Él les descerraja la típica respuesta española aplicable a este tipo de situaciones: no sabe usted con quién está hablando. El de la aduna lo mira con recelo y don Felipe se presenta: soy el príncipe de España. El aduanero se parte el pecho de la risa y contesta: yo, el general Patton, tanto gusto. El príncipe se queda de pasta de boniato mientras el agente de aduanas examina sus calzoncillos.

Me imagino a Letizia, con el genio que gasta, poniendo el grito en el cielo cuando le miran el bolso. Le advierten que si va al lavabo volverán a inspeccionarla de nuevo, pero ella, muy suya, va al baño, quien sabe si por necesidad o por ganas de fastidiar la marrana, y los de la aduana vuelta a comenzar.

La feliz pareja pretendía que sus vacaciones tuvieran un carácter privado, por eso no se avisó del trasbordo con la pertinente antelación de 72 horas, por eso los agentes cumplieron escrupulosamente con su deber. Bien por los aduaneros de Yanquilandia. Allí la ley es la ley y es la misma para todos. No como en España.

Paso páginas regocijada por el incidente que ya conocía. Más artículos sobre el bodorrio. Una joyería ofrece más de 150 objetos para regalar a los novios. Por el módico precio de 30.000 euros, usted puede adquirir un detallito para obsequiar a los futuros reyes. La Orquesta de RTVE y el Coro Nacional serán los encargados de ponerle música al enlace. Los novios firmarán las capitulaciones matrimoniales acogiéndose al régimen de separación de bienes. Se siente, bonita, pero tú eres plebeya y en caso de divorcio te irás con lo que trajiste. Entre los regalos enviados figuran algunos tan prácticos como una campana de 1.600 kilos o un cubo de la misma piedra con la que se construyó la Catedral de la Almudena.

Giro páginas. La pareja Felipe-Letizia está en Mallorca y posa con los otros miembros de la familia real en el palacio de Marivent. Leticia va disfrazada de dama de la alta sociedad, tiene mala cara y ojeras y pone una sonrisa forzada a los fotógrafos. ¿Le durará el disgusto del aeropuerto?

En la sección de cartas de los lectores, una señora lamenta muchísimo que los atentados del 11-M les hayan fastidiado los planes a la parejita. Qué desgracia más grande, han tenido que cancelar su despedida de solteros en señal de luto. Pues qué quiere que le diga, señora. Peor lo estarán pasando las familias de los muertos o la novia de ese chaval asesinado con el que iba a casarse dos días después. Peor les va a esos miles de parejas españolas que no pueden ni soñar con casarse porque carecen de un empleo fijo y de un sueldo digno que les permita pagar durante 30 años la hipoteca de un cuchitril en un modesto barrio obrero. A ellos les debe hervir la sangre viendo las idas y venidas de la regia pareja, con su cargo vitalicio, su palacio de Madrid y su palacio de Mallorca, su cochazo oficial, su avión oficial, su helicóptero oficial, su barco oficial y su yate de recreo, con escolta permanente y personal a su servicio, con dinero contante y sonante para despilfarrar en necesidades y caprichos, con vacaciones de lujo... Y todo a costa del bolsillo de los españoles.

Mira que somos gilipollas, pardiez.

Loa al plagiario

Loa al plagiario Se entiende por plagio hacer pasar como propias las opiniones, ideas o escritos ajenos.

A mí me han plagiado tres veces, que yo sepa. Mi primer plagiario fotocopió uno de mis cuentos eróticos y le puso su nombre. Tuvo la desdichada ocurrencia de entregárselo a una compañera de trabajo, que se ofendió hasta el punto de demandarlo judicialmente por acoso sexual. Atribulado, solicitó mi ayuda, quería que testificara a su favor en el juicio declarando que yo era la autora del texto y no él, no le serví de mucho y acabó perdiendo el juicio y el empleo. El segundo plagiario le puso una añagaza preliminar a otro de mis cuentos eróticos, sustituyó algunos adjetivos por sus sinónimos y firmó la copia casi literal sin que le temblara el pulso. Por puro azar, descubrí esta obra colgada en un web. Informé al administrador del hecho y le remití la información pertinente que me acredita como autora, él procedió a retirarla de inmediato. El tercero, un estudiante de bachillerato, debía componer un poema como ejercicio de la clase de Literatura, al no ocurrírsele nada digno de obtener buena nota, copió uno de mis poemas y puso su nombre bajo el título. La profesora se olió el engaño y buscó la obra en Internet, allí estaban los versos que su alumno había presentado a examen, pero con el nombre de su legítima autora: yo. Junto con un cero escrito al lado de la palabra calificación, el chaval recibió un folio en el que figuraba impreso el poema, su autor y la dirección de la página, una entre varias, que lo había publicado. Abochornado, me escribió para excusarse por su falta, a la vez que me felicitaba por mi trabajo.

Al conocer el hecho, el editor literario de la empresa que publica mis relatos eróticos se molestó muchísimo y despotricó contra los caradura. Mi reacción innata en estos casos ha sido la misma: enfado. Aunque dándole vueltas al asunto y tras leer un artículo del escritor Roberto Hernández, me di cuenta de que si algo debía sentir por mis plagiarios era gratitud.

Al plagiario se le suele despreciar, pero, por el contrario, habría que apreciarle. En él no hay ambición perversa, no es alguien que desea tanto el reconocimiento que lo roba, es alguien que tributa un claro homenaje al que ya lo tiene o a quien se lo adjudica con su acción.

Más que al recibir premios, reconocimiento de la crítica, éxito de ventas, el escritor sabe que ha llegado al Parnaso cuando le plagian. La estima del público suele ser voluble; la crítica, miope, cuando no mezquina; el éxito comercial efímero, por eso la mayor satisfacción para un autor es ser plagiado.

El plagio es una complicidad amorosa, reverente, devota; la infinita recompensa de haber llegado a conmover y a encandilar a una persona que te admira y te imita repitiendo palabra por palabra un escrito ajeno y venerado. No hay otro triunfo que se le pueda comparar, y a mí me toca por partida triple.

El valor de una vida

El valor de una vida Qué poco valor le concedemos a una vida humana cuando la arrojamos a un cubo de basura, junto con otros desperdicios de los que queremos deshacernos.

El contenedor de basura se ha convertido en los últimos años en el final de unos bebés anónimos abandonados por sus madres al poco de nacer. Qué clase de mundo es éste en el que junto a los envases vacíos o los papeles viejos, mezclado con los restos de comida se puede encontrar a un niño.

Antes, las criaturas no deseadas se dejaban a la puerta de una iglesia, en el torno de un convento o ante la casa de una familia acomodada, ahora se les mete en una bolsa de plástico y se espera que la incineradora haga el resto, convirtiendo en cenizas una existencia que no ha llegado a ser, que incomoda.

Cada vez que un hecho semejante ocurre, se busca a la madre, a esa mujer desnaturalizada sin instinto maternal, a la parturienta, pero la culpa del infanticidio no es solo femenina. Ella es la mano ejecutora del crimen, pero nadie buscará al padre, ni se investigarán las causas que llevaron a esa madre a tirar a su hijo a la basura tras el primer llanto. Nadie nos acusará a nosotros, que hemos creado una sociedad donde una vida humana vale lo mismo que una monda de patata.

El primer cadáver

El primer cadáver Hoy he visto por primera vez un cadáver. He salido de casa dejando inconcluso un relato que, precisamente, habla de la muerte y unos metros más allá me encuentro con una zona de la rivera limitada por un cordón policial. Hay un coche patrulla aparcado junto al río, varios policías y una mujer con un cuaderno en la mano, que toma notas. Semioculto por el coche se encuentra el cuerpo tendido en la tierra. Es una mujer, deduzco por sus zapatos. Desde la acera de enfrente, mi ángulo de visión es limitado, pero conforme avanzo, veo los destellos del sol reflejados en el plástico amarillo que cubre a la persona. Ahora entiendo por qué no hay ninguna ambulancia. La mujer no precisa atención médica, si no es la de un forense. Está muerta.

Siento frío, un frío que me deja helada pese a la agradable temperatura de esta mañana de primavera. He visto por primera vez un cadáver, la escena era similar a la que he contemplado cientos de veces en las películas o en las telenoticias, aunque más de verdad por ser un suceso más cercano.

Cruzo el puente abstraída en mis reflexiones sobre la vida y la muerte. Una gaviota ha capturado un alevín de carpa, le abre el vientre a picotazos y se lo come apoyada en un banco de arena, ante la atenta vigilancia de otra gaviota que parece no haber tenido tanta suerte al buscarse el desayuno.

Un grupo de turistas italianos llega por el lado opuesto del puente, uno de ellos, cámara de vídeo en ristre, exclama: ¡Mira, hay peces en el río! Y el grupo se asoma a la barandilla con gesto de incredulidad. Sí, mira esa gaviota... Señala otro.

Sus voces se desvanecen mientras me alejo y entro en una cafetería cercana. Pido un cortado y abro el diario. La página número tres muestra una foto grande en el centro, es el interior de un avión con 20 ataúdes. Dentro van los cadáveres de otros tantos soldados norteamericanos caídos en Iraq.

La muerte. La vida y su fragilidad.

23-A

23-A Abril es un mes cruel para la literatura, mientras hace brotar lilas de la tierra muerta estimulada por lluvias primaverales, el mundo celebra a Cervantes y a Shakespeare, dos autores que lo dijeron casi todo en sus escritos.

Abril es también en este país el momento del año en el que se vuelve a hablar de libros y de lo que les rodea: los premios principales se han concedido, la literatura-espectáculo vuelve a estar en los medios, se publican encuestas sobre hábitos de lectura, las editoriales programan sus novedades...

Luego está el asunto de las firmas, el fenómeno más irracional de los relacionados con la promoción de un libro. Un autor se sienta en una mesa mientras se forma una larga cola de gente que espera pacientemente a que le firme un libro. Dan un valor a esta firma, por más que vean que este valor es el mismo que el de cualquier otro producto fabricado en serie, pues saben que el escritor firma cientos de ejemplares en un año. Finalmente llegan frente al autor, le tienden un libro que no necesariamente han comprado, a veces lleva el sello de la biblioteca, y dicen: Por favor, ponga "Para Luis", "Para Julia", "Para Pili"; por favor, escriba "Feliz cumpleaños, Tomás"... Y el escritor, que ha empezado con la impetuosa ansiedad de defender el honor de la literatura, y que tal vez se haya negado antes a escribir dedicatorias anodinas porque no conoce de nada a Luis, ni a Julia, ni a los otros, se desmorona antes la demanda y no hace nada por poner el punto final a esta desgraciada situación.

No sigo porque el estado actual de la literatura me encoge el corazón y me lleva al pesimismo.

A vueltas con las tropas

A vueltas con las tropas Estos días se habla mucho de las tropas españolas. Primero fue el debate sobre si se van o se quedan en Iraq defendiendo la paz a tiro limpio. Una vez tomada la determinación de que regresen cuanto antes, surge otra controversia: huimos como cobardes o es que confiamos en que los iraquíes se las sepan apañar solos... Para colmo, el correveidile Aznar llama a su amiguísimo Bush para lamentar la decisión de Zapatero. Desde Yanquilandia nos dicen que nos vayamos cuando queramos, que no somos imprescindibles. Nunca llueve a gusto de todos, ya se sabe.

El caso es que tratando este tema, me vienen a la cabeza unos datos que leí hace tiempo, cuando se preparaba un ejército profesional y la mili desaparecía del horizonte patrio. La proporción de aspirantes por plaza a ingresar en las Fuerzas Armadas españolas es de 1,2, o lo que es lo mismo, los españoles pasan mucho de alistarse y el Ministerio de Defensa no cubre vacantes para manejar tanques, limpiar letrinas y traerle el periódico al coronel, por eso ya no se exige a los aspirantes que tengan estudios primarios y se aprueba a candidatos con una nota de 0,5 sobre 10. Esto se traduce en que de cada 1.000 soldados, 300 han ingresado en el Ejército con una calificación inferior a 5. Estas personas manejan armas y tienen la responsabilidad de defendernos en caso de guerra. No digo yo que se les exija tener carrera universitaria y un master en Harvard para apretar el gatillo de un rifle, pero eso de bajar el listón hasta el suelo, tampoco lo encuentro de recibo. Aunque tal vez sea precisamente esto lo que busca el Ministerio, individuos oligofrénicos que sepan atarse las botas y digan: a sus órdenes, mi sargento con marcialidad y coraje.

No hay manera de infundir a los jóvenes el amor a la patria y nuestras Fuerzas Armadas han abierto la puerta a los inmigrantes que deseen alistarse, de otra manera habría que cerrar el garito por falta de personal. Yo apruebo que coman gracias a la milicia, que se integren y sean más patriotas que nadie. También el ejército yanqui está lleno de negros e hispanos que buscan salir de la marginación y la miseria, incluso las legiones romanas enrolaban a bárbaros de las tribus a las que combatían. Lo malo es que sean carne de cañón al mando de jefes y oficiales blancos y listos, que organizan el cotarro en un despacho de la retaguardia y sin mancharse el uniforme de sangre. En esto y en otras muchas cosas, la vida sigue igual.

A lo que iba. Que ojalá nuestro ejército, pluricultural y con un cociente intelectual más bien cortito, vuelva pronto y se quede en casa durante mucho tiempo por falta de guerras a las que acudir.

Discusión

Discusión Hablo con una mejicana vehemente sobre cuestiones gramaticales del idioma que ambas compartimos y, en un punto de la conversación y sin que venga al caso, me acusa diciendo que los españoles acabamos con la cultura de su pueblo y les impusimos nuestra lengua, que les robamos sus bienes y luego los matamos. Me siento ofendida por el tiempo verbal que emplea: el pretérito compuesto de indicativo. Habéis robado. Como si la conquista de Méjico por los españoles hubiera ocurrido ayer y no hace cuatro siglos, como si yo hubiera formado parte de la expedición que llegó al país buscando oro y gloria y hubiera intervenido junto a Cortés en la mismísima batalla de Otumba.

Nos enzarzamos en una diatriba y, con los argumentos históricos de que dispongo, rebato sus imputaciones, porque sí, los españoles de antaño huyeron de la miseria que se vivía en una España subyugada por curas, reyes y señoritingos mangantes y para evitar el hambre se embarcaron rumbo a América en busca de los tesoros prometidos. Puede que contribuyeran a terminar con la cultura azteca a estocadas y les quitasen su mala costumbre de desollar a sus víctimas, arrancarles el corazón, comerse sus vísceras y empalar su cráneo. Pero también es posible que liberaran de su opresión a algunos pueblos indígenas como los tlaxcaltecas, que fueron aliados de Hernán Cortés hasta en la Noche Triste. Robarían, no lo pongo en duda, su meta era conquistar El Dorado y en esta misión se jugaron el pellejo, porque el oro tenía un precio, que con frecuencia era la muerte. Se trataba de matar y de no morir, éste es el juego de la guerra, y los españoles no solo mataron, también murieron, devorados por las fiebres, enlatados en hierro, manchados de sangre y lodo, a manos de indios valerosos.

La mejicana arguye que se lo merecieron, que murieron como las ratas sucias y sin escrúpulos que eran. Quizás, pero esas sucias ratas tuvieron por aliados a los indios que vieron en ellos a sus salvadores, y le recuerdo a mi contrincante que en 1520, cincuenta españoles y trescientos tlaxcaltecas cayeron en una emboscada azteca y murieron como soldados: luchando, y que los aztecas, después de sacrificar a los que no cayeron en la batalla, pintaron con su sangre el templo de Zultepec, que en eso de cometer barbaridades ningún bando se quedó corto. Concluyo defendiéndome personalmente, yo no he robado ni matado a ningún mejicano y es injusto que me haga cargar con las culpas de mis antepasados. ¿Es responsable del holocausto nazi un alemán recién nacido? Respecto al idioma... Gracias a él hemos mantenido esta acalorada disputa.

Infidelidad y matrimonio

Infidelidad y matrimonio El matrimonio va contra natura, contra la natural tendencia del hombre a fornicar, a gozar, a esparcir su semen o sus genes, tanto da. El matrimonio lo crearon los hombres, esclavos de su virilidad, para asegurarse de que con el sudor de su frente no alimentarían a los hijos de otro. Necesitaban esta garantía para irse tranquilos cada mañana al currelo.

Automáticamente, y como consecuencia de tan absurdo contrato, nació la infidelidad, la mentira, hacer la vista gorda, llevar los cuernos con dignidad, la maté porque era mía... y todas esas secuelas que nos mortifican y nos amargan la vida, pues nos privan de algo tan necesario y vital como es follar cuando, cómo y con quien queramos.

Y es que ya se sabe, el asunto de la jodienda...

Diálogo

Diálogo El doctor Tristán Troudart es director del Departamento de Rehabilitación del Hospital Psiquiátrico Kfar Sahul de Jerusalén y miembro de la organización voluntaria israelita Physicians for Humans Rights, uno de sus objetivos es dotar de servicios médicos a las poblaciones palestinas ocupadas por el ejército israelí, a las que procuran una asistencia médica móvil. Es la manera que tiene de expresar su solidaridad, una forma de protesta pacífica contra la ocupación de los territorios palestinos y la represión militar. Su trabajo le mantiene en permanente contacto con la población palestina, que recibe a los miembros de la organización de manera amistosa, saben que son personal médico y que llegan en son de paz, para llevarles su ayuda y solidaridad. Se ha encontrado con la mirada de niños extrañados porque era la primera vez que veían a un israelí que no era soldado. Su mensaje es que entre los israelitas hay gente interesada en el diálogo y en resolver sus problemas de forma pacífica.

El doctor Troudart opina que el diálogo con el enemigo es la única solución al conflicto y que es justamente la falta de comunicación y entendimiento la que crea las condiciones favorables a la violencia y al terrorismo. Todas las actividades de su organización van dirigidas a crear puentes de paz, aunque el gobierno de Ariel Sharon y gran parte de la población de Israel considera que no se debe dialogar con los terroristas.

El muro de la vergüenza que se está construyendo para proteger los intereses de los israelitas genera violencia porque separa a los palestinos entre ellos, los encierra y les impide cultivar sus tierras, pero existe otro muro que el doctor Troudart conoce muy bien: el muro psicológico. Un reciente estudio entre niños palestinos, a los que se les preguntó qué querían ser de mayores, revela que el 24% de los niños entrevistados querían ser mártires, inmolarse. Son niños que han visto a sus padres humillados, maltratados, impotentes, incapaces de proteger a su familia, y estos sentimientos se han apoderado también de ellos. En estas circunstancias, la idea que les permite sentirse poderosos es ser mártires y matar a la mayor cantidad posible de enemigos. Los niños de la intifada de los 80 perdieron el miedo y se enfrentaron a los tanques con piedras, esos niños son los suicidas de hoy y los niños que hoy ven a sus padres maltratados, serán mañana los suicidas. No hay esperanza para los niños, se ha eliminado la esperanza de su corazón. La sociedad palestina vive de manera extremadamente precaria, el 70% no tiene trabajo, padecen continuas restricciones, amenazas y agresiones militares. Este ambiente es el ideal para empujar a los jóvenes a cometer actos desesperados.

Los médicos que acompañan al doctor Troudart en su tarea son considerados traidores, colaboradores del enemigo, y su actuación genera incomprensión y enemistad. Se les acusa de preocuparse del sufrimiento de los palestinos y no del de los suyos y es que ellos son un grupo minoritario, la mayor parte de los israelitas evitan todo contacto con los palestinos a los que califican de terroristas y asesinos. El movimiento pacifista en Israel es todavía minoritario, pero selecto. Que soldados de élite se nieguen a combatir porque no creen en esta guerra, ha causado una enorme conmoción social, ya que una inmensa mayoría de israelíes está concentrada en su propio dolor, viven con tensión y miedo y han asumido esta sensación como algo habitual.

Los atentados terroristas refuerzan las posiciones de los gobiernos más duros, que proponen mano firme para combatirlos. Esta es la razón por la que se eligió a Sharon, que defiende un nacionalismo a ultranza y el uso de la violencia indiscriminada contra los palestinos. Pero este conflicto no se resuelve con la fuerza, sino con el diálogo, argumenta Tristán Troudart. El diálogo es difícil e inevitable, es algo que tendrá que suceder.

George Michael, la música libre

George Michael, la música libre George Michael ha sido el primer gran artista que, argumentando “no necesitar más dinero del público”, decidió liberar la circulación de su música en Internet, “para que todo el mundo pueda descargar mi música gratis, realizando una donación optativa con fines benéficos”. George Michael no es el único: otros artistas están lanzado iniciativas similares que hacen pensar que el futuro de la música en la red tiene una salida alternativa a las leyes que impone la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos (RIAA).

George Michael

El hombre

El hombre Salgo a la calle como un zombi tras una noche de insomnio y al pasar junto a la parada del autobús, veo a un tío estupendo en calzoncillos que me sonríe, es guapo, tiene un cuerpo danone y una mirada entre dulce y pícara. Se me escapa un: ¡joer!, sí que estoy mal, menuda alucinación. Por la tarde, bajando hacia el supermercado en un gran almacén, me topo con el mismo macizorro. Sigue en ropa interior, y ahora me fijo bien en todos los detalles, en cada músculo, en cada centímetro de piel al descubierto, en el tatuaje, en el paquete... Es entonces cuando me sube la libido, la bilirrubina, las transaminasas, el colesterol y el ácido úrico, así, todo de golpe. Esto es un hombre y lo demás sucedáneos. Reparo en que he dejado un charco de baba junto al anuncio de Calvin Klein y hago mutis antes de que la señora de la limpieza se presente con la fregona. Adiós, George Clooney. Lo siento pero he encontrado a otro más cachas y más joven.

De vuelta a casa me consuelo pensando: hay que ver, qué cosas hacen con el ordenador, porque este tío no es real, lo han diseñado, los hombres como éste no existen. ¡Ay! Snif. Sollozos. Freddie Ljungberg es de verdad, de carne y hueso: sueco, 1,76 m. de altura, 75 kg. de peso, 26 tacos y centrocampista del Arsenal. Seguro que tiene novia, fijo, una lagarta que lo ha atado corto y no quiere compartirlo con nadie. La comprendo.

Horrible decisión

Horrible decisión La naturaleza nos juega malas pasadas a las mujeres. Un día se presenta la primera menstruación y, a partir de esa fecha, sabes que cada mes estás sentenciada a sufrir el típico síndrome premenstrual: la hipersensibilidad, la irritabilidad, las molestias físicas, el bailoteo hormonal... Poco a poco te acostumbras, qué remedio, y lo aceptas como algo inevitable.

Llega el día X, tienes la caja de tampones preparada, las pastillas analgésicas... Pero ese mes la menstruación se hace de rogar, se retrasa. Entonces surge la intuición, a cada instante más certera, de que estás embarazada. Te niegas a admitir que esto pueda ocurrirte precisamente a ti, que tomas precauciones y controlas tu fecundidad. Compras un test y cruzas los dedos: “Dios mío, que no sea verdad. Prometo no acostarme con un tío en lo que me queda de vida. ¡Por favor! ¡Por favor! Que no esté embarazada”. El test da positivo, y como no acabas de creértelo repites la prueba, esta vez en la farmacia, que parece más fiable. ¡Vas a ser mamá! No hay duda ni remedio. Es como si un meteorito gigante chocase contra tu mundo, provocando un cataclismo semejante al que extinguió a los dinosaurios en la Tierra. Te anticipas a los cambios que se producirán en los próximos meses. La empresa no renovará tu contrato cuando sepa que, antes de finalizar el periodo de prueba, tendrá que darte la baja por maternidad. Adiós al empleo de tus sueños, al brillante porvenir que te auguraba el gerente dentro de la compañía. Habías estudiado cinco años en la universidad, habías realizado un master en el extranjero, habías pasado cientos de entrevistas laborales y al fin una oportunidad... perdida. No dispones de piso propio porque esperabas a que tu situación económica se afianzara con un trabajo fijo para meterte en hipotecas y demás. No estás preparada para asumir la responsabilidad de educar a un hijo. Eventualmente haces de canguro con los sobrinos, los llevas al cine, a MacDonald's, al parque... pero de esto a ser madre, hay mucho trecho. El hombre con el que sales, el padre de la criatura, no es mala persona, aunque tampoco habías planeado incluirlo en tu vida, hay detalles de él que no te agradan y que no soportarías en una convivencia.

Piensas, piensas, piensas. Cualquier decisión que adoptes será inadecuada. Miras tu vientre y lo ves inflado igual que un globo. Sales a la calle y te parece que llevas escrita en la frente tu futura maternidad. Te encuentras mal, con náuseas, cansada... Quedas con el padre para anunciarle la buena nueva y ves el miedo dibujado en su cara dura, no le hace ninguna gracia, cree que intentas cazarlo y se rebela, él tiene otros planes. Sabías que te fallaría. Cuando lloras, no porque se desentienda del asunto, sino porque no te ofrece apoyo, cariño o salidas, él se ablanda y dice que te dará dinero para que lo soluciones, para que le libres del problema.

Estás sola, deprimida, asustada, embarazada. Te colocas una mano en el vientre y percibes que debajo vive tu hijo, una criaturita a la que, sin ser deseada, empiezas a querer. Lloras, lloras y te desesperas. Los días pasan rápido y urge tomar una decisión. Una especie de instinto natural te incita a ser madre, observas a las mujeres que empujan el cochecito de su bebé, a los niños que juegan en el patio de la guardería, a otras embarazadas. Sí, ¿por qué no? El sentido común te convence de que debes abortar, no es el momento adecuado, no así, sin un compañero a tu lado, sin un hogar, sin dinero. No, de ninguna manera.

Llegas espantada al hospital del que te han hablado y te explican en qué consiste la intervención, te informan del precio y de las garantías que ofrece el servicio médico. Te sientes despreciable. Es mi hijo. Es mi hijo y voy a deshacerme de él. No puedes hacerlo. Es un crimen. Notas unas pataditas imaginarias y lloras, lloras sola, en silencio, en secreto. Cuando te cansas de llorar y de cavilar, preparas una bolsa con cuatro cosas y sales de casa nerviosa, diciendo que vas al gimnasio, que quizá vuelvas tarde porque luego irás de marcha con unas amigas. Y tus padres, que nunca sospecharán lo cerca que han estado de ser abuelos otra vez, te despiden con la misma sonrisa de siempre y con la misma advertencia: Ten cuidado.

Dentro de la clínica ya no piensas y te dejas llevar y traer por el personal, los hechos transcurren como en un sueño. Todo ha terminado. Pero no es cierto, todo comienza justo en ese instante en el que ves un coagulo de sangre sobre una gasa y sabes que era tu hijo. Te han arrancado una parte de tu ser, te has quedado sin dignidad y con un sentimiento de culpa que nunca conseguirás evitar. A tu lado pasean madres con sus niños cogidos de la mano, un bebé te sonríe en la tienda, un anuncio de pañales te recuerda a la familia feliz que nunca será. Sigues llorando a escondidas, en silencio, cada noche, sin consuelo.

El escritor que nace

El escritor que nace Aceptemos que el libro es ya un objeto de consumo, o sea, que es susceptible de comprarse compulsivamente, sin ningún criterio previo, y regalársele a alguien que con toda probabilidad no lo leerá. Así va reduciéndose el número de los lectores que se detienen a hojear contenido y contraportada y va aumentando el número de personas que compra un libro por la imagen que su autor proyecta en los medios.

Imagen, en términos comerciales, es aquello que el consumidor ve, aquello que le incita a comprar, ya sea un refresco, unas zapatillas deportivas o un coche. Y publicitar la imagen de un escritor es de lo más fácil y barato para el editor, basta con que el autor de marras aparezca en los medios escritos o hablados, con preferencia la televisión, por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, se le encuadra en un programa de gran difusión para que pueda hacer gala de ingenio y filantropía, para que pueda despotricar a gusto del tema de moda: la sociedad de consumo, la globalización, los emigrantes... y, ála, el escritor se ha convertido por obra y gracia de birlibirloque en fetiche de masas, masas que pasarán por la caja registradora y colocarán un libro que no se leerá nunca en la estantería del salón.

Yo pertenezco a otra generación, a una antigua en la que el lector leía libros sin haber visto jamás el rostro de su autor y de cuya vida y milagros lo ignoraba todo. Un libro se escogía por su contenido y no por la fama de quien lo había escrito. Hoy, por contra, conocemos las peripecias vitales de escritores a los que nunca leeremos. No sé si este cambio es bueno o malo, pero me parece inevitable que traiga sus consecuencias. Una de ellas, a mi entender, será que sólo los autores que se ganen a las cámaras televisivas, conseguirán vender sus libros, y aquel que se niegue a que lo sienten en una butaca para hablar de bobadas delante de la masa de espectadores ignorantes, tiene los días contados.

Desde ahora, los escritores serán altos, guapos, simpáticos y estarán dispuestos a dar el cante en la telebasura. Pues que les del por el saco. Yo siempre seré refractaria a esta moda, a esta utilización y manipulación. No me leerá nadie, pero conservaré intacta mi dignidad personal y literaria. Que se prostituyan otros.

Pelillos a la mar

Pelillos a la mar Hasta hace cuatro días el líder libio Muaammar Gaddafi era casi casi tan malo como Bin Laden, se le consideraba un terrorista peligroso, tenía armas de destrucción masiva, durante décadas fue una “bestia negra”, el responsable del atentado de Lockerbie y de facilitar infraestructuras para el entrenamiento de grupos terroristas, desde ETA a las Brigadas Rojas.

Esto ocurría antes de que se descubriera una enorme bolsa de gas natural en el subsuelo de Libia al que todos intentan hincarle el diente. Gaddafi hace un acto de contrición y promete ser un hombre de bien en el futuro, como muestra de buena voluntad, renuncia a las armas de destrucción masiva, se pone a disposición de la comunidad internacional para luchar contra Al Qaeda, da unos cuantos millones para lavar sus culpas y helo aquí, convertido en un dictador amigo hasta de sus enemigos.

Toni Blair, representante de un gobierno británico que no ponía los pies en Libia desde hacía 60 años, ha viajado a Trípoli para palmearle la espalda a Gaddafi y de paso allanarle el terreno a la petrolera Shell, que ha firmado un jugoso contrato para explotar el gas natural libio. La oposición y los familiares de las víctimas del brutal atentado de 1988 no han visto el viaje crematístico con buenos ojos. Toni Blair ha respondido a sus críticas manifestando que comparte el dolor de las familias, pero que el mundo cambia y se ha de dar la mano a los que quieren acabar con el terrorismo, aunque sean terroristas confesos, la apostilla es mía. En aras del poderoso caballero don dinero, pelillos a la mar.

Sobrevive en la selva laboral de los hombres

Sobrevive en la selva laboral de los hombres Relaciones con los compañeros:

-No te vistas de manera llamativa para ir a la oficina, pensarán que eres un putón verbenero que solo busca ligar. Tampoco te pongas hábitos de ursulina, darás la impresión de ser una bruja amargada y sin ningún encanto. El vestuario ideal es aquél que te favorece sin atraer las miradas al imán de tus pechos o tu trasero.

-No te disculpes por tus errores, creerán que eres insegura y no sabes lo que haces. Ellos se equivocan y rectifican, jamás se excusan.

-Procura seguir su ritmo acelerado de laboriosidad o llegarán a la conclusión de que no estás a su altura.

-Recuerda siempre que trabajas “con” hombres, no “para” hombres. Prepárales el café un día y te habrás adjudicado la tarea de por vida.

-No toleres que te interrumpan en el uso de la palabra. Ellos se atropellan por transmitir su mensaje y no te darán ocasión de meter baza en la conversación. Si es tu turno, aprovéchalo y expón tus ideas hasta el final.

-No comentes que has dejado a tu hijo enfermo al cuidado de la canguro o que tienes la pila llena de platos por fregar, confirmarás su teoría de que las mujeres donde mejor están es en su casa.

-Que no te pille desprevenida su competitividad. Tú vas a la oficina a trabajar, ellos a trepar por la escalera del éxito. Prepárate para recibir puñaladas traperas y para devolver golpes bajos.

-Jamás de los jamases dejes en evidencia a un compañero demostrando que eres más inteligente o estás más capacitada que él para un puesto. No solo no te lo perdonará el macho en cuestión, los hombres son gregarios y todos te odiarán porque supones una amenaza para ellos. Te habrás ganado un montón de enemigos.

-Cuidado con intimar, en especial con el jefe. Escoger pareja sentimental entre los compañeros de trabajo no es buena idea. Al finalizar el idilio, el ambiente queda emponzoñado y hay que seguir compartiendo 7 horas diarias con el tipo que te ha roto el corazón.

-Los hombres son directos, no saben leer entre líneas ni descifrar las insinuaciones, sólo comprenden la literalidad. Al hablar con ellos, ve al grano de forma clara y explícita, expresa abiertamente cuáles son tus expectativas y tus objetivos o no te entenderán.

-Nunca emplees las armas guerreras de tus colegas. Ser dinámico, agresivo y contundente son virtudes en un hombre, pero estas mismas cualidades en una mujer la convierten a los ojos de los varones en una arpía.

-Ni se te ocurra pedirles ayuda, espera a que te la ofrezcan. Si solicitas que te echen una mano, te tomarán por una oligofrénica profunda que no merece el cargo que desempeña. Deja que tus compañeros te vean apurada y siempre habrá algún caballero andante que acudirá en tu rescate. Aceptando sus sabios consejos aumentarás su ego y, de paso, solventarás tu papeleta.

-Cuando los hombres se hallan en grupo desarrollan conductas tribales, no lo pueden remediar. Si eres la única mujer de la empresa, tus compañeros te protegerán, te ayudarán, te explicarán las cosas mil veces como si fueras idiota, se mostrarán amables y serviciales... No te equivoques, no intentan ligar contigo, se les ha despertado el instinto de macho protector y rivalizan entre ellos por ser el mejor en este cometido.

-No llores, no te lamentes ni te quejes ante tus compañeros o te colgarán la etiqueta de histérica incapaz de controlar sus emociones. Llora en el lavabo y reserva tus dramas personales para tu mejor amiga.

-Si estás embarazada, no caigas en la tentación de dejarte mimar ni consientas que te traten como a una inválida. Los hombres se sentirán desorientados, hazles saber que no estás enferma y que la gestación no te impide usar el cerebro.

Capítulo aparte, el jefe:

-No te han contratado para ser el hada madrina de tu jefe, la que siempre complace sus deseos: comprarle flores a su mujer, retocarle el nudo de la corbata antes de una reunión, pedir hora de visita para su perro en la clínica veterinaria, cancelar una cita personal con sus amigos, buscarle las gafas cuando no las encuentra... Tu cometido en la empresa no es hacerle la vida más fácil.

-Si el jefe te cuenta un problema, no es para que se lo resuelvas, solo busca una sustituta de su madre o de su esposa que le comprenda y le anime. Guárdate de demostrarle que eres más lista que él.

-Para llegar a ser alguien en la empresa, huye del jefe protector, de ése que te dice: “No sé qué haría sin ti”, “Qué jersey tan bonito” y te considera como de la familia. No te ascenderá porque le resultas imprescindible en tu puesto de “florero” o de “hijita amable”.

-Dispones de todos los números para caerle mal a la mujer de tu jefe, sobre todo si eres más joven, más atractiva y tienes un brillante currículo profesional. Para ella serás una rival. Obra con cautela cuando asome por la oficina y dale evidencias de que no destrozarás su matrimonio.

-Evita mantener un romance con tu jefe, por mucho empeño que pongas en ocultarlo, estos asuntos acaban siendo del dominio público. Los compañeros te tacharán de oportunista y aprovechada y te harán la vida imposible. Tú siempre perderás más que él.

-El despotismo merece rebelión, nunca sumisión. Seguro que tus compañeros no consienten que el jefe, por muy jefe que sea, los pisotee. Ponte en tu lugar, por ser mujer no has de aguantarlo todo con una sonrisa, quizá sea lo que se espera de ti, pero ésta no debe ser tu actitud.

Glaciares con sexo

Glaciares con sexo El hielo de los glaciares es denso. Con el paso del tiempo, la nieve en lo alto de las montañas queda comprimida por su propio peso y se transforma en cristales que refractan todos los colores menos el azul. El alma del hielo es de un azul tan intenso que hechiza hasta atraernos a su interior.

Los “tinglit” han vivido junto a los glaciares desde hace siglos y se cree que fueron creados machos y hembras. Un glaciar femenino tiene estrías laterales y morrenas. No es activo. Un velo cubre su rostro. Un glaciar masculino siempre está en movimiento, siempre presumiendo, mostrando sus músculos.