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Avanzamos a golpes de imaginación

Una teoría científica pretende definir unas leyes que sirvan para explicar la realidad observada y para inferir o determinar la evolución futura de esta realidad o de la fenomenología a la que se dirige. La observación de la realidad está condicionada por el avance científico, pues es éste el que provee de instrumentos de observación y medida necesarios, pero esto no explica por qué la evolución científica no se produce de forma progresiva sino que avanza a saltos, que son en sí mismos importantes avances, a los que siguen largos periodos de estancamiento casi total y de logros prácticamente inexistentes. Esto demuestra que la búsqueda científica y técnica no sólo está basada en la racionalidad y no deja claro el motivo por el que este avance es escalonado y no progresivo.

 

Como muestra de esta hipótesis cabe analizar la explicación del universo en tres de sus teorías más destacadas. Ptolomeo, en el año 200 a.C., pensó que la Tierra era el centro del universo y que todos los planetas y estrellas, incluido el sol, giraban en círculo alrededor de la Tierra, mientras las estrellas se mantenían en posición fija en unas esferas concéntricas que giraban a velocidad constante. Solamente los planetas se movían por la superficie de su esfera. Esta teoría se mantuvo inalterable durante 1.700 años y fue totalmente aceptada pese a no explicar, por ejemplo, el movimiento de la Luna.

 

A principios del siglo XVI, Copérnico planteó una teoría revolucionaria  que desmentía incluso las enseñanzas de la Biblia y los conceptos universalmente aceptados en el mundo occidental de la época. Era el Sol el verdadero centro del universo y no se movía; la Tierra y los otros planetas giraban a su alrededor describiendo trayectorias circulares. Un siglo después, gracias al invento del telescopio, Galileo pudo verificar que esta teoría era cierta y, aun teniendo en contra a la Iglesia y al poder político del momento, la teoría fue universalmente aceptada y comprobada a los pocos años.

 

Pero el quid de la cuestión es: ¿Qué hizo que Copérnico imaginase una teoría tan revolucionaria? No se trataba de un razonamiento evolutivo ya que su planteamiento era absolutamente novedoso respecto al afirmado y sostenido antes durante siglos.

 

Poco después, hacia 1610, Kleper planteó la necesidad de unas fuerzas, que él creía que eran magnéticas, que harían girar a los planetas alrededor del Sol. Esto implicaba la aceptación de que las órbitas de los planetas eran elípticas y constituía un salto en el conocimiento y la explicación del universo, pero no es hasta 1657, con los Principios de Isaac Newton, cuando se plantea una explicación del origen, la naturaleza y la cuantificación de estas fuerzas que Newton afirma y demuestra que son directamente proporcionales a las masas e inversamente proporcionales a las distancias entre los cuerpos celestes. Y otra vez se presenta el enigma de cómo y a partir de qué planteó Kepler una teoría que es su tiempo no era comprobable y que medio siglo después fue corroborada por Isaac Newton.

 

El avance científico de los instrumentos de observación genera dudas y evidencia las faltas de la teoría de Newton a final del XIX y principios del XX.

 

Un oscuro funcionario de la oficina de patentes de Zurich plantea en cuatro artículos técnicos publicados en 1905 una nueva teoría, después bautizada con el nombre de Teoría de la Relatividad espacial, que en 1915  completa. Esta teoría revolucionaria se basa en el hecho de que el tiempo discurre a velocidades diferentes en función de la velocidad a la que se mueve el observador y también la teoría de la equivalencia, en función de la fuerza de la gravedad a la cual esté sometido. Einstein, posiblemente el científico más importante de la historia de la humanidad, adopta una teoría, en apariencia, absurda para nuestra experiencia y base racional: el tiempo no es una magnitud universal  e invariable, sólo lo es la velocidad de la luz. Es decir, según esta teoría, dos amigos nacidos el mismo día, si uno se queda en la Tierra y el otro viaja durante años por el espacio a gran velocidad, envejecen a un ritmo diferente, porque el tiempo es más rápido para uno y más lento para el otro, y así, cuando el viajero, que ha ido a velocidades cercanas a la de la luz, vuelve a la Tierra, es más joven que el que se ha quedado aquí.

 

Esta teoría, que puede ser comprobada por todas las observaciones realizadas hasta ahora en el espacio, se elaboró hace un siglo, sin ninguna base experimental, y es hoy el pilar y la explicación de muchos fenómenos del universo, hasta ahora poco comprensibles.

 

La pregunta aparece de nuevo: ¿qué permitió a Einstein afirmar aquello que era improbable en su época y que un siglo después de su muerte ha sido verificado? ¿Por qué han tenido que pasar 250 años para que la teoría de Newton se pudiera sustituir por otra: la de la relatividad, que explica lo que la primera no podía?

 

Parece que lo que Copérnico, Kepler y Einstein elaboraron, cada uno en su momento, no ha podido ser más que fruto de su imaginación. Es la imaginación genial de estos hombres la que les permitió establecer una teoría que después desarrollaron, detallaron y cuantificaron ellos u otros, pero estos saltos en el conocimiento científico no se pueden entender si no es a partir de la intuición e incluso de la emoción, es decir, de la menos racional de las capacidades humanas.

 

Si esto es cierto, tendremos que admitir que el progreso científico está basado secundariamente en la racionalidad y que sin una inteligencia subjetiva y llena de emociones e intuiciones, no habría sido posible que estos hombres, que cambiaron la concepción del mundo, hubieran formulado teorías, en principio, incomprobables. Puede que esto no sea sino una hipótesis, pero parece cierto que la inteligencia y el raciocinio, desprovistos de imaginación e intuición, son inútiles y probablemente ineficaces para el avance de la humanidad.

04/11/2009 11:56 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Dios, pruebas y refutaciones

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Todas las pruebas que tienden a explicar la existencia de Dios tienen en común que demuestran a la vez demasiado y demasiado poco. Aun cuando demostraran la existencia de algo necesario, absoluto, eterno, infinito, etc., son incapaces de probar que eso sea un Dios, tal como lo entiende la mayoría de las religiones, a saber: no sólo como un ser, sino también como una persona, no sólo como una realidad, sino también como un sujeto, no sólo como algo, sino también como alguien, no sólo como un Principio, sino también como un Padre.

 

Ésta es también la debilidad del deísmo, que es una fe sin culto y sin dogmas. Creo en Dios, pero no en el de las religiones, suelen decir muchos desencantados de las numerosas iglesias. Bien. Pero entonces Dios se convierte en un desconocido, ¿cómo sabremos entonces qué es Dios?

 

Creer en Dios implica conocerlo al menos un poco, lo que solamente es posible a través de la razón, la revelación o la gracia. Ahora bien, la razón se confiesa cada vez más incompetente. Quedan pues la revelación y la gracia: queda, en definitiva, la religión… ¿Cuál? Es lo de menos, pues la filosofía no dispone de criterio alguno para discernir entre ellas. Para la mayoría de nosotros, el Dios de los filósofos es menos importante que el Dios de los profetas, de los místicos o de los creyentes. Fueron Pascal y Kierkegaard, antes que Descartes o Leibniz, quienes dijeron lo esencial: Dios es objeto de fe más que de pensamiento o, mejor dicho, Dios no es objeto alguno sino sujeto, absolutamente sujeto, y solamente lo encontramos en la experiencia inmediata o en el amor. Pascal, en una noche ardiente, creyó tener una experiencia de este tipo: “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el de los filósofos y los científicos. Certeza, sentimiento, gozo, paz. Dios de Jesucristo… Gozo, gozo, gozo, llanto gozoso”. Esto no es una demostración. Pero sin esta experiencia, la fe no se daría por satisfecha con ninguna demostración.

 

Probablemente éste sea el punto en el que la filosofía se detiene. ¿Qué sentido tiene demostrar lo que se experimenta de forma inmediata? ¿Cómo probar lo que no se experimenta? El ser no es un predicado, Kant tiene razón en este punto, y por eso, como decía ya Hume, la existencia no se demuestra ni se refuta. El ser se constata, no se demuestra, se comprueba, no se prueba.

 

Se replicará que la existencia es una prueba. Pero no es así, pues en este caso la experiencia no es repetible, ni verificable, ni mesurable, ni siquiera totalmente comunicable… La experiencia no prueba nada, pues hay experiencias falsas o ilusorias. ¿Y una visión? ¿Y un éxtasis? Las drogas también  los procuran. Pero ¿qué puede probar una droga? ¿Cómo podemos saber si quien dice ver a Dios lo ve realmente o más bien alucina? ¿Cómo podemos saber si quien dice escucharlo, lo escucha realmente o más bien es él quien le hace hablar? ¿Cómo podemos saber si quien dice sentir su presencia, su amor, su gracia, las percibe realmente o más bien las imagina? No conozco a ningún creyente que esté más seguro de la verdad de su fe de lo que yo lo estoy de mis sueños cuando duermo. Lo que equivale a decir que una certeza, mientras siga siendo puramente subjetiva, no prueba nada. Es lo que denominamos fe: “Una creencia que sólo es suficiente subjetivamente”, escribió Kant, por lo que no debemos imponerla, ni teórica ni prácticamente, a nadie.

 

Dios, por decirlo de otra forma, no es tanto un concepto cuanto un misterio, no es un hecho cuanto un interrogante, no es tanto una experiencia cuanto una apuesta, no es tanto un pensamiento cuanto una esperanza. Dios es el ser cuya existencia hay que suponer para escapar de la desesperación (ésta es la función de los postulados de la razón práctica en Kant), y por eso la esperanza, igual que la fe, es una virtud teologal, porque tiene como objeto a Dios mismo. “Lo  contrario de desesperar es creer”, dijo Kierkegaard, Dios es el único ser que puede satisfacer absolutamente nuestra esperanza.

 

Que esto, nuevamente, nada prueba es lo que hay que reconocer para terminar: la esperanza no es un argumento, puesto que, como dice, Renan, podría ocurrir que la verdad fuera triste. Pero ¿de qué valen los argumentos que no permiten esperar nada?

 

¿Cuál es nuestra esperanza. Que el amor sea más fuerte que la muerte, como dice el Cantar de los cantares, más fuerte que el odio, más fuerte que la violencia, más fuerte que todo, y únicamente esto sería verdaderamente Dios: el amor todopoderoso, el amor que salva y el único Dios, porque sería absolutamente amor, digno de ser amado. Es el Dios de los santos y de los místicos: Dios es amor, escribe Bergson, y objeto de amor: ésta es toda la aportación del misticismo. De este doble amor, el místico no terminará nunca de hablar. Su descripción es interminable porque lo que hay que describir es inexpresable. Pero lo que sí dice claramente es que el amor divino no es una propiedad más de Dios: es Dios mismo”.

 

Se objetará que este Dios no es tanto una verdad: el objeto del conocimiento, cuanto un valor: el objeto de un deseo. Sin duda. Pero creer en él es creer que este valor supremo (el amor) es también una verdad suprema (Dios). Esto no se demuestra; esto no se refuta. Pero es algo que se puede pensar, esperar, creer. Dios es la verdad que constituye una norma, la conjunción de lo Verdadero y el Bien, y por esa razón, la norma de todas las verdades. En este nivel supremo, lo deseable y lo inteligible son idénticos, explicaba Aristóteles, y esta identidad, si existe, es Dios. ¿Hay mejor manera de decir que solamente él podría colmarnos o consolarnos absolutamente? “Sólo un Dios podría salvarnos”, reconoce Heidegger. Por lo tanto, hay que creer en él o renunciar a la salvación.

 

Por último, señalemos que por esta razón Dios es y da sentido: en primer lugar porque, sin él, todo sentido topa con el absurdo de la muerte, en segundo lugar, porque Dios sólo es sentido para un sujeto, y sólo en sentido absoluto, por lo tanto, para un sujeto absoluto. Dios es el sentido del sentido, y por eso es lo contrario del absurdo o de la desesperación.

16/09/2009 12:30 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Dilema

Si los hombres son buenos, entonces las leyes para el control de armas no son necesarias; y si los hombres son malos, las leyes para el control de armas no serán eficaces. Por consiguiente, las leyes para el control de armas, o bien no son necesarias, o no son eficaces.

09/06/2009 13:00 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Destino, azar y libre albedrío

Entre científicos, filósofos y gente común hay una tajante división de opiniones acerca de si el futuro está o no completamente determinado por el pasado. Los deterministas creen que el estado total del universo en un momento dado cualquiera determina completamente el estado total del universo en cualquier momento futuro. Ésta era, por ejemplo, la convicción de Einstein. Entre los más grandes de los muchos filósofos que abrazaron la causa determinista estuvo Benedicto de Spinoza, y Einstein se consideraba a sí mismo spinozista. Fue ésta una de las razones por las que Einstein nunca aceptó como definitiva la teoría cuántica, pues en la teoría cuántica el azar interviene de manera fundamental en la determinación de los acontecimientos de microcosmos. Como el propio Einstein manifestó en cierta ocasión: “No creo que Dios juegue a los dados con el universo”.

 

Los indeterministas juzgan que el futuro del universo está sólo parcialmente determinado por su estado actual. Los indeterministas no creen necesariamente en el libre albedrío, y pueden no creer tampoco que el papel que desempeñe el azar a nivel subatómico sea la causa que impida la completa determinación del futuro. Por otra parte, pueden tal vez creer que los seres vivos, y muy especialmente los humanos, tienen “albedrío”, una voluntad libre que les otorga capacidad para modificar perceptiblemente el futuro de manera que ni siquiera un ser sobrehumano capaz de conocer todo acerca del estado actual del universo podría predecir. Charles Peirce y William James fueron dos eminentes filósofos norteamericanos, paladines de la causa indeterminista.

 

Estas profundas cuestiones filosóficas están, en última instancia, íntimamente ligadas a la naturaleza del tiempo, e igualmente, a lo que se entiende al decir que un suceso es causa de otro. Nadie duda de que aplicando técnicas matemáticas a nuestras mediciones del universo podamos predecir con exactitud casi perfecta: el momento en que se producirá el próximo eclipse solar, por ejemplo. Y nadie niega que otros sucesos, tales como el resultado del próximo lanzamiento de un dado, o el tiempo que hará la semana que viene, sin impredecibles en la práctica, precisamente a causa de que los factores que los determinan son demasiado complejos.

 

La gran cuestión estriba en elucidar si las leyes básicas del universo son completamente determinísticas o no, o si la novedad genuina está originada por el puro azar en el nivel microcósmico, o por los seres vivos del nivel macroscópico, o tal vez por ambos. Estas cuestiones fueron ya debatidas por los antiguos griegos; científicos, filósofos y gentes de a pie han estado desde entonces debatiéndolas sin cesar.

20/05/2009 12:20 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Dios en la filosofía experimental

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El modo en que Newton concibió el espacio y el tiempo revela el papel decisivo que Dios ocupo en su visón del universo. Conviene matizar con más detalle cómo relacionó la teología natural con su filosofía experimental, y cómo, en definitiva, pudo la religión natural encontrar apoyo en la ciencia. Siendo el objeto y el método de cada una obviamente diferentes, ¿de qué manera pudo hacerlas compatibles? Y, sobre todo, ¿cómo pudo admitir una hipótesis teológica tan determinante y sostener a la vez el lema de “no fingir hipótesis” en filosofía natural? ¿Puede considerarse Dios una hipótesis en su imagen filosófico-científica del mundo? Y, de serlo, ¿tuvo el carácter de una hipótesis deducida de los fenómenos o actuaba como mera conjetura? Es más, ¿consideró Newton que Dios era una certeza a salvo de cualquier duda racional? En el Escolio General aparece una descripción de los atributos de Dios. Newton comienza el escolio con un breve párrafo en el que refuta la hipótesis cartesiana de los vórtices mediante los datos observacionales de planetas y cometas. Pone de manifiesto cuál es la constitución del sistema solar (seis planetas girando alrededor del Sol en el mismo sentido plano, junto con sus lunas) y defiende la capacidad de la ley de la gravitación para explicar la regularidad y continuidad de las órbitas de los cuerpos celestes. Ahora bien, esta misma ley no puede dar razón inicial del sistema de órbitas. Partiendo de la constitución actual del universo, no puede suponer que “simples causas mecánicas den nacimiento a tantos movimientos regulares”. “Este sistema sumamente bello del Sol, los planetas y los cometas sólo pueden proceder del designio y dominio de un ser inteligente y poderoso”. I. B. Cohen, gran especialista en Newton, pregunta: ¿equivale la existencia de Dios a una hipótesis no deducida de los fenómenos? De serlo, semejante hipótesis no tendría cabida en la filosofía experimental, según la declaración del mismo Newton en el Escolio. La respuesta, según Cohen, es que, para Newton, Dios sí es una hipótesis derivada de los fenómenos, porque el sistema solar nos hace patente en su estructura que no puede haber sido producido solamente por causas mecánicas. En sus cartas al doctor Bentley y en la Cuestión 28 de la Óptica, Dios aparece como causa de las propiedades del universo y de los fenómenos, respectivamente. Sus palabras en el Escolio confirman tal posición: “Y esto por lo que concierne a Dios, de quien procede ciertamente hablar en filosofía natural partiendo de los fenómenos”.

21/04/2009 18:18 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Creer en milagros

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Mi razón atea no tiene nada que oponer a los milagros. Sólo puedo decir que no creo en ellos, aunque me parece bien que otros sí crean. Para sostener lo que supone una derogación inadmisible de las leyes de la naturaleza, sería preciso que éstas fueran totalmente conocidas para nosotros, lo que está lejos de suceder.

Los milagros del Evangelio se pueden clasificar en tres categorías: las curaciones (paralíticos, sordomudos, endemoniados), en este apartado cabrían las reanimaciones (de la hija de Jairo, la del hijo de la viuda de Naím o la famosa "resurrección" de Lázaro; las anomalías (Jesús caminando por las aguas del lago Tiberíades, la multiplicación de los panes y los peces); y los fenómenos sobrenaturales (la Anunciación, la Ascensión, las apariciones de Jesús tras la Pascua).

Los progresos de la medicina, en particular de la neurología, y de la psicosomática permiten dar explicaciones a los milagros de curación; por lo demás, casi todas las enfermedades presentan fases de remisión: los curados del Evangelio pudieron beneficiarse de ello, sin contar que no se sabe si aquellos aquejados recayeron en su mal. Respecto a las reanimaciones basta con señalar que en aquella época los certificados de defunción se extendían por simples apariencias, y que muchos de ellos, según modernas investigaciones, estaban equivocados. El número de personas enterradas vivas en la antigüedad debió ser considerable.

Las anomalías son probablemente efecto de espejismos, ilusiones ópticas (andar sobre las aguas).

En cuanto a los fenómenos sobrenaturales, consisten, verosímilmente, en maneras imaginadas para explicar a las gentes sencillas realidades espirituales demasiado difíciles de comprender.

Por lo demás, no parece fácil imaginarse a Dios contraviniendo las leyes naturales fijadas por Él mismo: sería un pésimo ejemplo para sus criaturas.

14/04/2009 18:11 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Contra todos los valores

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Nietzsche es un beligerante oponente de casi todo valor, en términos ilustrados, liberal o democrático. Debemos resistir a toda debilidad sentimental, se recuerda a sí mismo: “La vida misma es esencialmente aprobación, daño, dominación, de los más extraño y débil; supresión, dureza, imposición de las propias formas, incorporación y cuando menos, en el mejor de los casos, explotación…”

 

Debemos endurecernos frente al sufrimiento de los otros, guiar nuestros carros por encima de lo mórbido y decadente. La simpatía, la compasión, tal como nosotros las sentimos, son virtudes enfermizas propias del judeo-cristianismo, síntomas de ese autoodio y disgusto por la vida que los órdenes más bajos, en su rencoroso resentimiento, y a través de un golpe de genio, han logrado que sus propios señores interiorizaran. Dado que los hombres han infectado de forma siniestra a los fuertes su propio y repugnante nihilismo, Nietzsche aboga inversamente por la crueldad y el placer de la dominación, por “todo lo altivo, viril, conquistador, dominador”. Como William Blake, sospecha que la piedad y el altruismo son los rostros aceptables de la agresión, piadosas máscaras de un régimen depredador; de ahí que él no pueda ver nada en el socialismo que no sea una desastrosa extensión de la nivelación abstracta. El socialismo no es suficientemente revolucionario, es una mera versión colectivista de las debilitadas virtudes burguesas, que no acierta a desafiar esos fetiches totales que son la moralidad y el sujeto. Se trata simplemente de una marca alternativa de la ética social, ligada en este sentido a su antagonista político; el único futuro que realmente vale la pena es el que conlleva la transmutación de todos los valores.

 

17/03/2009 13:09 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Premio Limonada

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Miguel Santa Olalla ha concedido a Cierzo el Premio Limonada por su contenido filosófico. Su blog Boulesis es un referente en la Red. No se lo pierdan, amigos.

12/03/2009 13:47 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

¿Qué es filosofar?

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¿Qué es filosofar? Una actividad específica de la Filosofía es el pensar, y este término se perfila con otro verbo: “conocer”. El conocer es un principio propio de la ciencia y consiste en la aprehensión intelectual del objeto. El pensar, por el contrario, implica permanecer en las meditaciones, implica la atención al proceso. El filosofar, en este sentido, no tiene objeto, cuando se propone alguno, pensar en torno a él es la llamada reflexión. El pensar interfiere en esa actividad, introduce una cuña, contempla lo que hacen los demás y cómo lo hacen. La labor filosófica no tiene nada propio en que aplicarse. Por eso el pensar no se confunde tampoco con el obrar, si por ello entendemos la transformación de lo real material. El filósofo no transforma nada, excepto sus propios pensamientos. En una sociedad en la que todo el mundo cree intervenir en la realidad: políticos, científicos, periodistas, etc., incluso en una dimensión fundamental de la realidad, el filosofar no interviene en la realidad. El filosofar es contemplativo de la misma manera que la ciencia es neutral. Los filósofos se limitan a interpretar la realidad.

 

Filosofar es una actividad sin supuestos. La mirada religiosa mira el mundo porque en él cree ver a Dios o la manifestación de cualquier otro poder distinto del humano. La mirada científica está mucho más hipotecada todavía que la religiosa, porque añade, a lo supuestos necesarios acerca de un objeto, los referidos a sus instrumentos. Frente a estas miradas, se halla la del filósofo, que sólo dispone de un ojo: el de la razón y la facultad de ver: pensar.

 

El asombro es el origen de la Filosofía, la reacción más limpia de prejucios frente a algo radicalmente nuevo y desconocido. El filosofar toma esta reacción como punto de partida para proceder, porque pensar no sólo es registrar y el filósofo no se conforma con enterarse, desea entender. Y entender es rebajar el asombro sin que se altere nuestra capacidad de ver.

 

Hubo un tiempo en que la actividad filosófica y la científica fueron juntas de la mano, compartían el mismo propósito. Pero la ciencia fue devorada por sus propias respuestas, en el instante en que decide cauterizar el asombro se convierte en una máquina de fagocitar realidad. Sin embargo, a la filosofía no le importa que las cosas se le resistan, no le importa permanecer siempre en un asombro que se renueva perpetuamente. La filosofía quiere descubrir cuál es el mecanismo que rige la realidad, la llave que abre la inteligencia del mundo, pero no se desespera por no hallarla. Esto sólo demuestra que lo que da que pensar excede con mucho lo que somos capaces de pensar.

 

* Imagen: Le philosophe, de Andre Martins de Barros

30/09/2008 00:49 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

¿Quién es el diablo?

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Satán cayó por la fuerza de la gravedad. Chesterton.

 

 

Desde que me lo presentaron en clase de religión, siempre me ha fascinado el diablo, ese ángel caído con forma humana, alas de murciélago, garras, temibles fauces, ojos inyectados en fuego y larga cola flechada. Así lo representaba la primera ilustración que pude contemplar de “el Maligno”. Luego, el cura encargado de aterrorizarnos con historias infernales, castigos eternos y sufrimientos sin tregua lo describió como un ser malvado, el enemigo de Dios, el causante de todos los males del hombre.

 

En mi mente cartesiana nunca pude acoplar la idea de Dios porque no me parecía lógica, tampoco he podido encajar nunca la figura de Satanás por la misma razón. La combinación de ambas figuras enfrentadas es demasiado para mi cerebro, lo confieso. Veamos, si Dios es todopoderoso, ¿por qué no elimina al diablo? Si Dios es bondadoso, ¿por qué permite que el diablo nos tiente? Si Dios es eterno, ¿el diablo también lo es? En el caso de que la respuesta sea negativa, el diablo puede haber dejado de existir y ya no habría que temerle. Suponiendo que la respuesta sea: sí, el diablo también sería eterno, como Dios. El diablo acecha en todas partes, alerta la Iglesia, de tal afirmación deduzco que, al igual que Dios, posee el don de la ubicuidad. Dios reina en el Cielo y Satán lo hace en el Infierno. Dios encarna al Bien, el demonio al Mal. El diablo pretende corromper a las almas humanas, mientras que Dios intenta salvarlas, al parecer con poco éxito. Hay personas que creen en Dios y personas que practican el culto al diablo, los hay, incluso, que le ponen una vela a Dios y otra al diablo, por si acaso.

 

Nadie ha conseguido aportar pruebas fehacientes de la existencia de Dios, de igual manera, nadie ha demostrado que el diablo exista. ¿La religión se desmontaría de confirmarse que la figura del diablo es infundada?

30/09/2008 00:28 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Enseñar ateísmo en clase de religión

Las religiones deberían enseñarse en los cursos universitarios ya existentes: filosofía, historia, literatura, artes plásticas, lenguas, etc. igual que se enseñan las protociencias: por ejemplo, la alquimia en los cursos de química, la fitognomónica y la frenología en ciencias naturales, el totemismo y el pensamiento mágico en filosofía, la geometría euclidiana en matemáticas, la mitología en historia… O cómo explicar epistemológicamente de qué manera el mito, la fábula, la ficción y la sinrazón proceden de la razón, la deducción y la argumentación. La religión procede de un modelo de racionalidad primitivo, genealógico y datado, reactivar esta historia anterior a la historia induce al retraso, incluso al fracaso de la historia de hoy y de mañana.

 

Enseñar el hecho ateo supondría una arqueología del sentimiento religioso: el miedo, la duda, la incapacidad para mirar a la muerte cara a cara, la imposible conciencia humana de la finitud y de la infinitud, el papel protagonista y motor de la angustia existencial. La religión, creación de ficciones, pediría un desmonte completo de estos placebos ontológicos, igual como en la filosofía se aborda la cuestión de la brujería, de la locura y de los márgenes respectivos para producir y circunscribir una definición de la razón.

22/09/2008 18:30 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Testamento de Aristóteles

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"Haya salud; pero por si algo sucediese, dispone Aristóteles en esta forma: ser ejecutor de todo y siempre Antípatro; y hasta que Nicanor se halle en estado de administrar mis bienes, serán curadores Aristómenes, Timarco, Hiparco, Dióteles y Teofrasto (si le pareciere bien y conveniente el serlo) y de mis hijos, de Herpilis y de todo lo restante. Cuando la muchacha sea casadera, se dará a Nicanor en matrimonio; y si muriese (lo que no suceda) antes de casarse, o bien después de casada, sin tener hijos, Nicanor será dueño de administrar, no sólo por lo que mira a mi hijo, sino también las demás cosas, ejecutándolo con la dignidad correspondiente a él y a mí. Cuidará también Nicanor de la muchacha y del niño Nicómaco, de modo que nada les falte, siéndoles como padre y hermano. Si a Nicanor aconteciese el morir (lo que no suceda) antes de recibir en mujer a la muchacha, o bien después de recibida antes de tener hijos, según él dispusiere, así se cumpla. Si Teofrasto quisiese estar con la muchacha, hágase todo como en Nicanor; pero si no, los curadores se aconsejaran con Antípatro, y dispondrán de la muchacha y muchacho según mejor les pareciere. Cuidarán, pues, mis curadores y Nicanor de tenerme en memoria a mí y a Herpilis, puesto que fue muy diligente para conmigo y demás cosas mías. Si quisiese casarse nuevamente, no sea con hombre desigual a mí; y se le dará de mis bienes, sobre lo ya dado, un talento de plata, tres criadas si las quisiere, la esclava que tiene y el niño Pirreo. También si quisiera vivir en Calcis, sea suya la hospedería que está junto al huerto; pero si en Estagira, la casa paterna. Cualquiera de estas dos habitaciones que elija, cuidarán mis ejecutores de amueblársela del modo que les parezca decente y bastante a Herpilis. Cuidará también Nicanor de que el muchacho Mirmeco sea devuelto a los suyos con la decencia a mí correspondiente, junto con el equipaje de él que recibí. Ambracis quede libre, y cuando se case se le den 500 dracmas y la esclava que tiene. También quiero se den a Tale, además de la esclava que tiene comparada, 1000 dracmas. Igualmente a Simo, además del primer dinero dado para comprar un muchacho, se le compre otro, o se le dé el dinero. Tacon será libre cuando case mi muchacha, como también Filón, y Olímpico con su hijito. Ningún niño de mis esclavos será vendido, sino que de ellos deberán servirse mis herederos, y en siendo adultos se les dará libertad según convenga. Cuidarán también de las imágenes mandadas esculpir a Grilón, y cuando estén concluidas se colocarán; como igualmente la de Nicanor, la de Proxeno que pensaba regalarle, y la de la madre de Nicanor. La de Arimnesto, que ya está hecha, se colocará para que les sirva de monumento, puesto que ha muerto sin hijos. La Ceres de mi madre será colocada en el Nemeo, o bien donde le pareciere. Cuando se construya mi sepulcro, se depositarán en él los huesos de Pythia, como ella ordenó. Pondránse también en Estagira los animales de piedra, altos cuatro codos, que ofrecí por voto a Júpiter conservador y a Minerva conservatriz".

Vidas de filósofos ilustres, Diógenes Laercio.

30/07/2008 18:02 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Belleza

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La palabra belleza es un término ambiguo cuando se utiliza en su sentido lato, pues engloba las formas más diversas de sensibilidad. Cada cultura define los sentimientos que conforman un juicio estético y que no están desligados de los valores morales.

Los valores austeros de la estética zen se contraponen con el abigarramiento del Barroco. La belleza de lo humilde, lo imperfecto, lo incompleto, el vacío y la belleza de una exagerada monumentalidad, una acumulación de formas y de excesos son formas de interpretar la vida.

Los seres humanos estamos hechos para la belleza, por eso nunca nos cansamos de admirar una rosa, de contemplar la Piedad de Miguel Ángel o de escuchar La flauta mágica de Mozart. La llamada de la belleza no es una urgencia fisiológica, ni tiene valor biológico de supervivencia, pero es inequívoca y constante y guarda una estrecha relación con la aspiración humana a la plenitud.

Stendhal dijo: "La belleza es una promesa de felicidad". Platón decía que el alma humana, a través del amor a la belleza, se eleva desde sus carencias e imperfecciones hasta la plenitud de la verdad y del bien: por eso la belleza y el amor serán los primeros temas de la filosofía. Esto es posible, de entrada, porque el sentir humano es un sentir estético. La estética es la reflexión sobre la capacidad humana de sentir la belleza, que en su origen es siempre percibida por los sentidos, es "la teoría de la sensibilidad", según Baumgarten. Su estudio se aborda desde diferentes ángulos porque la belleza presenta varias caras. Encontramos la belleza en lo natural: en un paisaje; en lo artificial: un edificio; en el cuerpo humano, incluso encontramos bellas ciertas actuaciones humanas: el perdón, la solidaridad...

La belleza no parece responder a ninguna necesidad concreta. Los hombres primitivos modelaron cuencos de arcilla para contener alimentos y bebida, lo que ignoramos es por qué adornaron sus vasijas con cenefas, esta decoración no sirve para nada, no cumple una finalidad práctica ni biológica, por eso mismo nos descubre que los hombres no sólo buscan satisfacer sus necesidades, también intentan que las cosas sean hermosas.

Definir la belleza es posible, aunque siempre tiene un resultado insatisfactorio. Se ha dicho que la belleza radica en la armonía y la simetría, o que se trata de un sentimiento subjetivo, que es el resplandor del bien. Son manifestaciones de la indefinición del concepto. No todos coincidimos en considerar bellas las mismas cosas, más bien llamamos bello a lo que sentimos que debería ser considerado así por todo el mundo.  Si el concepto sirve para identificar y explicar una realidad determinada, afirmar que lo bello carece de concepto significa que no existe un criterio seguro para identificar y evaluar la belleza. Podemos identificar conceptualmente un cielo estrellado o una catedral gótica, pero no tenemos una regla o modelo que nos permita establecer si el cielo y la catedral son hermosos, ni en qué medida, ni por qué lo son. En ambos casos admiramos la belleza. Por esta razón la estética se desarrolla en dos grandes ámbitos de estudio: la naturaleza y el arte.

31/05/2008 12:24 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

En defensa de la Filosofía

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Para cualquier sistema educativo democrático, como viene señalando la UNESCO desde 1953, resulta básico dedicar un espacio suficiente a la reflexión sobre los contenidos aprendidos en el conjunto de las asignaturas, de modo que los futuros ciudadanos dispongan de la posibilidad de articular racionalmente esa peculiar cultura que les demandará su vida intelectual y laboral (política). Resulta por tanto necesario para un programa de universalización y conocimiento, que defienda la mejora y la calidad de la Educación, la existencia imprescindible de asignaturas en donde los estudiantes adquieran herramientas teóricas y contenidos específicamente filosóficos, asegurando así su adecuado desarrollo intelectual mediante la configuración, articulación y aplicación de los saberes científicos. Distintos sectores de la Sociedad quisiéramos transmitir nuestra preocupación ante la posibilidad de que uno de los pilares de nuestra tradición cultural se vea mermado por las distintas reformas educativas. 

La aplicación de la LOE va a afectar, en general, a la posibilidad de una enseñanza integral y de calidad al devaluarse los contenidos más teóricos de la educación, como son los científicos y los filosóficos. Esto es debido a una orientación hacia la proliferación nada armoniosa de asignaturas optativas en el currículo. Arrastrada por esta inercia, esta reforma afectará a las asignaturas propiamente Filosóficas, alterando tanto los contenidos como la asignación de horas para su desarrollo. Frente a las actuales 2 horas semanales de las que dispone la asignatura de Ética, su sustituta, la Educación Ético-Cívica, sólo dispondrá en la Comunidad de Madrid de 1 hora. A la Filosofía y Ciudadanía, que vendrá a reemplazar a la Filosofía de 1º de Bachillerato, sólo le corresponden (a falta de la publicación del Decreto autonómico que establezca el currículo de Bachillerato en la Comunidad de Madrid) 2 horas semanales. Y la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato se encuentra en la misma situación.

Esto significa que las asignaturas obligatorias vinculadas a la Filosofía podrían ver reducida su carga horaria en una proporción importante, además de ver recortado su contenido más propiamente filosófico.

No obstante, a la espera de que la Comunidad de Madrid cumpla con su compromiso educativo, en el momento de la determinación del 35 % del currículo que le compete, requerimos que apueste por una enseñanza de calidad, de manera tal que mantenga las horas necesarias para el desarrollo de los contenidos específicamente filosóficos.

Expuesto lo anterior, solicitamos de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid (a la que corresponde el establecimiento definitivo del currículo del Bachillerato en esta comunidad autónoma) lo siguiente:

a) Que la asignatura de Ética de 4º E.S.O. vuelva a contar con sus dos horas semanales de clase. La situación de la Educación Ético-Cívica, con sólo una hora semanal de clase, hará casi imposible un tratamiento de los problemas que no consista en un adoctrinamiento ideológico. Esto, con independencia de cualquier posible característica interna de la asignatura, se debe sencillamente al poco tiempo del que dispondrá: con una hora a la semana será materialmente imposible intentar articular reflexivamente en clase las distintas Teorías Éticas y su fundamentación filosófica.

b) Que la asignatura de Filosofía y Ciudadanía conserve las tres horas semanales de que dispone la Filosofía actual: Los contenidos mínimos establecidos en el currículo de Bachillerato requieren un tiempo suficiente para dotar a los alumnos de las herramientas conceptuales mínimas para articular la reflexión teórica exigida. La permanencia en el currículo de un bloque destinado a la introducción general a la filosofía, junto a los bloques específicos de filosofía política, hace que sea indispensable contar con esta tercera hora en 1º de Bachillerato.

c) Que la asignatura de Historia de la Filosofía cuente con cuatro horas semanales de clase: De entre todas las asignaturas de las que los alumnos tienen que examinarse en la P.A.U., Historia de la Filosofía se encuentra en una situación desfavorable, pues dispone únicamente de 3 horas semanales para su desarrollo frente a las 4 horas de las que dispone el resto. Frente a este clamoroso agravio comparativo se hace necesario disponer de 4 horas semanales para su desarrollo.

Solicitamos, en definitiva, el apoyo de todos: de los profesores, que saben de la importancia de un exigente nivel de contenidos, de alumnos, madres y padres, de las Administraciones Públicas y de todo ciudadano conocedor de los requerimientos de una cultura democrática. Pues no reclamamos sino los medios y la organización necesarios para la formación científica y teórica de los ciudadanos cultos que nuestra sociedad reclama.

 

Para firmar el manifiesto rellene el formulario adjunto en la página: Filosofia.net

28/02/2008 15:38 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Babel

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En vez de considerar que la humanidad está llamada a formar un cuerpo místico que la esperanza kantiana buscaba a través de la razón, la conciencia moderna acepta sólo una especie de Babel donde todos hablan y nadie escucha. Casi todo es común (exteriormente, técnicamente) sin que nadie tenga, de hecho, nada en común (interiormente, humanamente). Unos admiran hasta el éxtasis aquello que otros consideran la peor barbaridad. Se ha constituido un tribalismo cultural donde coexisten diferentes cabilas, como las diferentes especies de un zoo.

Pero este relativismo generalizado tiene una consecuencia inmediata. Porque, si bien nada nos parece más acogedor que esta diversidad, nada produce una segregación más implacable. Aunque no sea una auténtica comunidad, esta Babel es la que nos hace de sociedad. Es preciso, pues, distribuir los papeles, los cargos, las dignidades, los privilegios. Cada uno en su papel, el nuevo tribalismo se lanza con una inflexible lógica de pertenencia o de exclusión. Y la famosa tolerancia, tan proclamada y celebrada, se convierte enseguida en la intolerancia más cínica, más tenaz y más fanática. ¿Qué esperábamos? Cuando se ha repudiado toda razón, recusado toda regla, excluido todo criterio, toda norma, todo principio, ¿cómo podría imponerse el valor o el mérito? Ni la justicia ni el derecho pueden ser razones allí donde la razón ha sido anulada. Y como no podemos determinarnos hacia ningún juicio, sólo nos es posible movernos por pulsiones, inclinaciones, presiones o afinidades. De forma natural, el amiguismo sustituye al derecho y la concurrencia de clanes, la concurrencia de méritos.

Podemos comprender entonces que la república no sea más que un nombre. Donde no nos convoca ni la voluntad general, ni las requisiciones universales de la razón, ni la necesidad de verdad que nos impone la evidencia, ni las exigencias de ninguna esperanza común, la sociedad queda reducida a la contigüidad de tribus y sectas. Nadie tiene más poder ni más derechos que los que le proporciona la fuerza de su grupo. Luego es preciso que nos sometamos a él para que nos resulte útil. Cada uno mira sólo por su propio interés, pero como reconocemos que la utilidad y la eficacia son las justificaciones indiscutibles de cualquier acción, se llega a un modus vivendi, a una coexistencia llena de suspicacias, a una solidaridad desconfiada, a una complicidad antagónica, a esta insociable sociabilidad mediante la cual esperamos sacar partido de los demás y no ceder un ápice si no es a cambio de algo.

Imaginar que la vida de cada persona no pueda justificarse más que por su transfusión en la universal, que el servicio del estado ha de ser entendido como un sacerdocio y el sacerdocio como un sacrificio, este sueño de la razón parece hoy tan quimérico y obsoleto como la metafísica que lo inspiró.

27/02/2008 14:25 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Ateo

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La palabra "ateísmo" data de 1532; "ateo" existe desde el siglo II de nuestra era entre los cristianos que denuncian y estigmatizan a los atheos, aquellos que no creen en su dios resucitado al tercer día. De aquí a concluir que estos individuos con criterio, que no se dejan embaucar con historias para niños y no veneran a ningún Dios, sólo hay un paso, que se da enseguida. De manera que los paganos (los que rinden culto a los dioses del campo -lo confirma la etimología- pasan por ser unos negadores de los dioses y, por tanto, de Dios. El jesuita Garrasse convirtió a Lutero en un ateo, y Ronsard hizo lo mismo con los hugonotes...

La palabra equivale a un insulto absoluto: el ateo es inmoral, el personaje inmundo que se convierte en culpable de querer saber más o de estudiar los libros una vez le ha caído encima el epíteto. No basta con una palabra para impedirle actuar. Funciona como el engranaje de una máquina de guerra que se lanza contra aquellos que no evolucionan en la línea de la más pura ortodoxia católica, apostólica y romana. Ateo y hereje son, finalmente, una misma cosa. Y esto incluye a un montón de gente.

Epicuro tuvo que hacer frente bien pronto a acusaciones de ateísmo, pero lo cierto es que ni él ni los epicúreos niegan la existencia de los dioses. Formados de materia sutil, éstos son numerosos y ocupan mundos intermedios, impasibles, despreocupados del destino de los hombres y de la marcha del universo, verdaderas encarnaciones de la ataraxia, ideas de razón filosófica; modelos susceptibles de generar sabiduría por imitación, los dioses del filósofo y de sus discípulos existen con todos los puntos y comas, además, en un número considerable. Pero no como los de la polis griega, que convidan, por medio de sus sacerdotes, a doblegarse a las exigencias comunitarias y sociales. Ésta es su única culpa: la naturaleza antisocial.

Así pues, la historiografía del ateísmo, escasa, lenta y más bien mala, comete un error cuando lo data en los primeros tiempos de la humanidad. Las cristalizaciones sociales apelan a la trascendencia: el orden, la jerarquía (etimológicamente, el poder de lo sagrado). La política y la polis funcionan con mayor facilidad cuanto más apelan al poder vengativo de los dioses, representados presuntamente en la Tierra por los dominadores que, muy oportunamente, disponen del mando.

Los dioses (o Dios) embarcados en una empresa de justificación del poder, pasan por ser los interlocutores preferidos de los jefes de la tribu, de los reyes y príncipes. Estas figuras terrenales pretenden hacer creer que su poder les viene directamente de los dioses, que ellos le confirmarían mediante unas señales descodificadas, obviamente, por la casta de los sacerdotes, también interesada en los beneficios del ejercicio de una fuerza supuestamente legal. A partir de aquí, el ateísmo se convierte en un arma útil para llevar a éste o a aquél, a poco que se resista o proteste, a la prisión, a la mazmorra o, incluso, al patíbulo.

El ateísmo no comienza con aquellos que la historiografía oficial condena e identifica como tales. El nombre de Sócrates no puede figurar con una justificación en la historia del ateísmo. Ni el de Epicuro y los suyos. Ni tampoco el de Protágoras, que se contenta con afirmar en "Sobre los dioses" que él, respecto a este tema, no puede llegar a ninguna conclusión, ni de la existencia ni de la inexistencia. Algo que, como mucho, define un agnosticismo, una indeterminación, un escepticismo, si se quiere, pero de ninguna manera el ateísmo, ya que éste supone una clara afirmación de la inexistencia de los dioses.

El dios de los filósofos entra a menudo en conflicto con el de Abraham, Jesús y Mahoma. Para comenzar, porque el primero procede de la inteligencia, de la razón, de la deducción, del razonamiento, y después porque el segundo comporta un dogma, la revelación, la obediencia (a causa de la colusión entre los poderes espiritual y temporal). El Dios de Abraham define sobre todo el de Constantino, después el de los papas o de los príncipes guerreros muy poco cristianos. No tiene nada que ver con las elucubraciones extravagantes compuestas con causas incausadas, con los primeros motores inmóviles, con ideas innatas, con armonías preestablecidas y otras pruebas cosmológicas, ontológicas o psicoteológicas.

Con frecuencia, cualquier veleidad filosófica de pensar en Dios sin ceñirse al modelo político dominante se convierte en ateísmo. Así, cuando la Iglesia corta la lengua al sacerdote Jules-César Vanini, lo cuelga y después lo envía a la hoguera en Toulouse, el 19 de febrero de 1619, asesina al autor de una obra que lleva por título "Amphithéâtre de l'éternelle Providence divino-magique, christiano-physique et non moins astrologico-catholique, contre les philosophes, les athées, les épicuriens, les péripatéticiens et les stoïciens" (1915).

Pasando por alto que el título no es muy adecuado, es una equivocación, si atendemos a su longitud, hay que entender que este pensamiento oximórico no recusa la providencia, el cristianismo, el catolicismo, sino que, en cambio, rechaza claramente el ateísmo, el epicureismo y otras escuelas filosóficas paganas. Pues bien, la suma de todo esto no da como resultado un ateo -motivo por el que se le condena a muerte-, sino más probablemente un tipo de panteísmo ecléctico. Algo que de todas maneras es herético porque es heterodoxo.

Spinoza, otro panteísta, también fue condenado por ateísmo, es decir, por falta al la ortodoxia judía. El 27 de julio de 1656, los "parnassim" con su "mahamad" -las autoridades judías de Ámsterdam- leen en hebreo ante el arca de la sinagoga, el Houtgracht, un texto de una violencia escalofriante: se le imputan herejías horribles, actos monstruosos, opiniones peligrosas, mala conducta, es decir, motivos suficientes para pronunciar un "herem" que nunca se ha anulado.

La comunidad gusta de palabras de una brutalidad extrema: excluido, expulsado, execrado, maldito de día y de noche, mientras duerme y mientras vela, al entrar y salir de su casa... Los hombres de Dios apelan a la cólera de su ficción y a su maldición que se desencadena sin límites ni de espacio ni de tiempo. Para completar el cuadro, los "parnassim" quieren que el nombre de Spinoza sea borrado de la faz del planeta por siempre. No lo han conseguido.

La lista de los pobres desgraciados ajusticiados bajo la acusación de ateísmo en la historia y que eran sacerdotes, creyentes, practicantes, sinceramente convencidos de la existencia de un Dios único, católicos, apostólicos y romanos; la de los testigos del Dios de Abraham o de Alá pasados, también ellos, por las armas en una cantidad increíble por no haber profesado su fe dentro de las normas y las reglas; la de los anónimos que no llegaron a ser rebeldes u opositores a los poderes que invocaban el monoteísmo, ni refractarios; todos estos hechos macabros son testimonio: ateo, antes que definir a quien niega a Dios, sirve para perseguir y condenar el pensamiento del individuo que se ha deshecho, aunque sea de manera mínima, de la autoridad y la tutela social en materia de pensamiento y reflexión. ¿Quién es ateo? Es el hombre libre ante Dios, hasta para negar su existencia.

18/02/2008 19:35 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

El arte de la razón

Los grandes artistas son aquellos que combinan soledad y universalidad, subjetividad y objetividad, espontaneidad y disciplina, y quizá sea éste el verdadero milagro del arte, que lo distingue tanto de la técnica como de la ciencia. En todas las civilizaciones que han utilizado el arco, las flechas tienden a adaptarse a él, midiendo dos tercios de su longitud. Esta importante convergencia técnica, sin embargo, no dice nada de la humanidad, sino sólo de su inteligencia, y menos todavía de los individuos que la forman: solamente se debe al mundo y sus leyes. Es invención, no creación, y poco importa el sujeto que la inventa. Nadie duda de que, sin los hermanos Lumière, habríamos tenido igualmente el cine. Pero sin Gorard jamás habríamos tenido Al final de la escapada ni Pierrot el loco. Sin Gutemberg, tarde o temprano, habríamos tenido imprenta. Sin Villon ni un solo verso de la Balada de los ahorcados. Los inventores nos hacen ganar tiempo. Los artistas nos lo hacen perder, y lo salvan.

Lo mismo cabe decir de las ciencias. Supongamos que Newton o Einstein hubieran muerto al nacer. La historia de las ciencias, ciertamente, hubiera sido otra, pero más en lo que se refiere a su ritmo que en su mismo contenido, más en lo que se refiere a sus anécdotas que en su misma orientación. Ni la gravitación universal ni la equivalencia de masa y energía se hubieran perdido: alguien, en algún momento, las hubiera descubierto, y por eso, en efecto, hablamos de descubrimientos y no de creaciones. Pero si Shakespeare no hubiera existido, si Miguel Ángel o Cézanne no hubieran existido, jamás habríamos tenido ninguna de sus obras ni nada que pudiera reemplazarlas. En tal caso, no sólo habrían cambiado el ritmo, los personajes o el transcurso anecdótico de la historia del arte, sino también su contenido más esencial e incluso, en parte, su misma orientación. Eliminemos de la historia de la música a Bach, Haydn y Beethoven: ¿quién puede saber qué hubiera sido de la música sin ellos? ¿Qué habría hecho Mozart sin Haydn, Schubert sin Beethoven o todos ellos sin Bach? Son los genios quienes hacen avanzar al arte, quienes lo constituyen, y son tan insustituibles post facto como imprevisibles de antemano.

Cabría decir lo mismo de la filosofía. Sin Platón, sin Descartes, sin Kant, sin Nietzsche, la filosofía habría sido, y seguiría siéndolo, esencialmente distinta de lo que es actualmente. Esto bastaría para probar que no es una ciencia. Pero, ¿es acaso un arte? Estamos ante una cuestión de definición. No obstante, lo es en la medida en que no existiría, o sería completamente distinta, sin cierto número de genios singulares, es decir, al igual que en el arte, originales y ejemplares: son ellos quienes nos sirven de criterio o regla, como diría Kant, para juzgar acerca de lo que una obra filosófica puede o no ofrecernos. Éste es el arte de la razón, si queremos decirlo así, para el que la verdad posible sería una belleza suficiente.

03/02/2008 13:37 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Belleza

La palabra belleza es un término ambiguo cuando se utiliza en su sentido lato, pues engloba las formas más diversas de sensibilidad. Cada cultura define los sentimientos que conforman un juicio estético y que no están desligados de los valores morales.

Los valores austeros de la estética zen se contraponen con el abigarramiento del Barroco. La belleza de lo humilde, lo imperfecto, lo incompleto, el vacío y la belleza de una exagerada monumentalidad, una acumulación de formas y de excesos son formas de interpretar la vida.

Los seres humanos estamos hechos para la belleza, por eso nunca nos cansamos de admirar una rosa, de contemplar la Piedad de Miguel Ángel o de escuchar La flauta mágica de Mozart. La llamada de la belleza no es una urgencia fisiológica, ni tiene valor biológico de supervivencia, pero es inequívoca y constante y guarda una estrecha relación con la aspiración humana a la plenitud.

Stendhal dijo: "La belleza es una promesa de felicidad". Platón decía que el alma humana, a través del amor a la belleza, se eleva desde sus carencias e imperfecciones hasta la plenitud de la verdad y del bien: por eso la belleza y el amor serán los primeros temas de la filosofía. Esto es posible, de entrada, porque el sentir humano es un sentir estético. La estética es la reflexión sobre la capacidad humana de sentir la belleza, que en su origen es siempre percibida por los sentidos, es "la teoría de la sensibilidad", según Baumgarten. Su estudio se aborda desde diferentes ángulos porque la belleza presenta varias caras. Encontramos la belleza en lo natural: en un paisaje; en lo artificial: un edificio; en el cuerpo humano, incluso encontramos bellas ciertas actuaciones humanas: el perdón, la solidaridad...

La belleza no parece responder a ninguna necesidad concreta. Los hombres primitivos modelaron cuencos de arcilla para contener alimentos y bebida, lo que ignoramos es por qué adornaron sus vasijas con cenefas, esta decoración no sirve para nada, no cumple una finalidad práctica ni biológica, por eso mismo nos descubre que los hombres no sólo buscan satisfacer sus necesidades, también intentan que las cosas sean hermosas.

Definir la belleza es posible, aunque siempre tiene un resultado insatisfactorio. Se ha dicho que la belleza radica en la armonía y la simetría, o que se trata de un sentimiento subjetivo, que es el resplandor del bien. Son manifestaciones de la indefinición del concepto. No todos coincidimos en considerar bellas las mismas cosas, más bien llamamos bello a lo que sentimos que debería ser considerado así por todo el mundo.  Si el concepto sirve para identificar y explicar una realidad determinada, afirmar que lo bello carece de concepto significa que no existe un criterio seguro para identificar y evaluar la belleza. Podemos identificar conceptualmente un cielo estrellado o una catedral gótica, pero no tenemos una regla o modelo que nos permita establecer si el cielo y la catedral son hermosos, ni en qué medida, ni por qué lo son. En ambos casos admiramos la belleza. Por esta razón la estética se desarrolla en dos grandes ámbitos de estudio: la naturaleza y el arte.

23/01/2008 14:32 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Para comprender la naturaleza

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Para Leopardi, la imaginación y la sensibilidad son las facultades necesarias para poder comprender, interpretar y conocer la poética de la naturaleza. La razón fría, matemática, analítica puede observar la naturaleza, puede calcularla, medirla, pero nunca podrá conocerla, ya que la naturaleza se muestra a través de unas relaciones que la razón no puede considerar, ni tan solo percibir. Quien percibe las relaciones descubre las armonías ocultas que se manifiestan en el todo, en la unidad de la naturaleza. Leopardi afirma en Zibaldone:

"Cualquiera que examina la naturaleza de las cosas con la pura razón, sin ayudarse de la imaginación y del sentimiento, bien podrá hacer lo que dice el vocablo analizar, que es determinar y descomponer la naturaleza, pero no la podrá recomponer, nunca podrá sacar una gran y general consecuencia de sus observaciones y análisis, ni conseguir de sus observaciones un gran resultado.

La ciencia de la naturaleza no es otra cosa que una ciencia de las relaciones. Todos los progresos de nuestro espíritu consisten en descubrir las relaciones y las armonías más escondidas, es manifiesto que quien ignora una parte, una cualidad, un aspecto de la naturaleza en relación con el todo, ignora una infinidad de relaciones".

Zibaldone, 4 de octubre de 1821

01/01/2008 11:54 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Sensibilidad

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"El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría", es un aforismo de William Blake, que tal vez recoge la sabiduría de Diderot. Porque Diderot fue un hombre de excesos más que de reglas, de entusiasmo más que de juicio y de pasiones más que de razonamientos. Creyó más en lo que sentía que en lo que pensaba y si alguna vez se sintió orgulloso de algo fue de su sensibilidad y no de su capacidad reflexiva.

Diderot buscó las reglas del corazón recurriendo a la ciencia experimental y a la psicología, a la anatomía, a la cirugía y a las ciencias naturales. Aunque estas ciencias positivas solo le satisficieron momentáneamente, pues no llegaron a aportarle la explicación que buscaba sobre qué es y por qué sucede esa extraña exaltación que le hace ver lo que otros no ven y sentir lo que otros no han sentido nunca. ¿Qué es la sensibilidad? ¿Por qué me emociono ante una brava tormenta, leyendo a Séneca o contemplando una manifestación de ternura? ¿Es una cuestión química o anatómica? ¿De la imaginación? ¿O es una debilidad del espíritu?

"La sensibilidad, según la única acepción que hasta ahora se ha venido dando al término, es, a mi juicio, esa disposición era de la debilidad de los órganos, consecuencia de la movilidad del diafragma, de la vivacidad de la imaginación, de la delicadeza de los nervios, que inclina a compadecer, a estremecerse, a admirar, a temer, a turbarse, a llorar, a desvanecerse, a socorrer, a huir, a gritar, a perder la razón, a exagerar, a despreciar, a desdeñar, a no tener idea precisa de lo verdadero, lo bueno y lo hermoso, a ser injusto, a ser demente. Multiplicad las almas sensibles y multiplicaréis por igual proporción las buenas y las malas acciones de todo género, los elogios y las censuras excesivos". [1]

La sensibilidad y la pasión son el fundamento de las artes y de la moral, son las que dan significado a nuestra existencia, a la vida y a la acción; nada se puede realizar sin ellas, pues sin ellas nada tiene sentido. El escepticismo de Diderot le ha obligado a "demostrar" científicamente el origen de su propia pasión y de su excesiva sensibilidad. Y partiendo de la materia como principio de la naturaleza ha justificado la razón del sentimiento, del entusiasmo, de la pasión, y es precisamente este materialismo el que le permite asumir sin reticencia su propio idealismo.

 

[1] Fragmento de Paradoxe sur le comédien.

15/12/2007 11:53 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Contempla el rebaño

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En uno de sus ensayos, "El uso y abuso de la Historia", Nietzsche expone una reflexión simple pero devastadora: "Contempla el rebaño que ante ti se apacienta. No sabe lo que es ayer ni lo que es hoy; corre de aquí para allá, come, descansa y vuelve a correr, y así desde la mañana hasta la noche, un día y otro, ligado inmediatamente a sus placeres y dolores, clavado al momento presente, sin demostrar ni melancolía ni aburrimiento. El hombre contempla con tristeza semejante espectáculo, porque se considera superior a la bestia, y, sin embargo, envidia su felicidad".

Contemplando cómo el hombre se afana de manera compulsiva en abarcarlo todo, sin cuestionarse si en verdad es útil lo que hace, si tiene algún sentido esta actividad que lo vuelve tan infeliz, uno se pregunta si la verdadera inteligencia no radicará precisamente en disfrutar el presente sin analizar un entorno cuya comprensión se nos escapa.

17/11/2007 09:35 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Anécdota

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Durante la fiesta de celebración de su noventa aniversario, una dama inglesa que se sentaba junto a Bertrand Russell, uno de los ateos más famosos del mundo, le preguntó:

-¿Qué hará, Bertie, si resulta que está usted equivocado? Quiero decir si..., bueno, cuando llegue el momento, se encuentra con Él. ¿Qué le dirá usted?

Y Russell, imaginando ese posible diálogo, apuntó con un dedo hacia arriba y respondió:

-Pues bien, le diría: "Nos has dado unas pruebas insuficientes, Señor".

03/11/2007 13:56 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Doctrina sobre el infierno

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La creencia de un infierno futuro para los malvados de esta vida se generaliza en el siglo III. Pero el mundo infernal creado por la imaginación popular se muestra como un todo confuso, cuya única característica segura es el sufrimiento. El espíritu fecundo de los fieles inventó una multitud de suplicios sin preocuparse por dotarlo de una coherencia. Este infierno, mundo arbitrario, fuera de las leyes naturales, poblado por los más extravagantes fantasmas, viene a ser una especie de exutorio para las capas más bajas de la sociedad, siempre humilladas, que pueden desahogarse libremente contra los malvados. Es una pesadilla en la que lo horrible no encuentra límite alguno y ejerce la función capital e incluso necesaria de ser válvula de escape para los fieles sometidos a exigencias morales muy estrictas.

En los periodos de renovación moral, el infierno redobla su crueldad. En los primeros siglos de la Iglesia y en la época de la Contrarreforma del siglo XVII, por ejemplo, la pastoral del miedo explica en parte este endurecimiento: cuanto más rigurosa es la moral, más disuasorias han de ser las sanciones previstas. Paralelamente, cuanto más rigurosa es la moral, mayor es la frustración de los fieles. El infierno expresa en forma de suplicios simbólicos la agresividad y la sexualidad reprimidas de la comunidad de creyentes. Así se explican los infiernos que pintó Jerónimo Bosch en el siglo XV. Las necesidades del clero corren parejas con las de los fieles: el clero, para imponer sus exigencias morales recurre a esas imágenes terroríficas que satisfacen de forma simbólica los deseos reprimidos de los fieles. El gran éxito del infierno se debe en gran parte a esta doble necesidad; las atroces torturas hallan muy poca oposición porque, en definitiva, sirven para los intereses complementarios de unos y otros. La complicidad inconsciente entre el clero y los fieles en la perpetración de esas atrocidades es tanto más fácil cuanto que esos suplicios tienen lugar en la imaginación. Los verdugos son demonios, encarnación del mal, y el infierno es algo permitido por Dios, bien supremo.

19/10/2007 21:40 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Cuánta ignorancia

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¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Qué hacemos en este mundo?... Aunque nos parezcan preguntas trascendentales, son las más insignificantes. La grandeza de nuestra ignorancia se manifiesta cuando nos preguntamos qué es la realidad. ¿Existen diferencias entre lo que percibimos como realidad y el mundo real? ¡Hay tantas cosas que hemos asumido como verdaderas y que en realidad son falsas! ¡Hay tantas cosas falsas que pasan por verdaderas! El campo del saber es infinito. La materia, que parece tan limitada, está compuesta por millones y millones de átomos. Cuando manifestamos: "esto está tan claro como el agua", estamos revelando que lo ignoramos todo sobre la complejidad del agua y sobre nosotros mismos, que en buena parte estamos hechos de agua. Si el principio de toda sabiduría, según el oráculo de Delfos, es el conocimiento de uno mismo, estamos arreglados. Y, si es verdad que nos conocemos, ¿cómo se explica que caigamos siempre en los mismos errores?

Admitámoslo, no sabemos nada de nada, y no es por culpa del cerebro, como alguien podría pensar. Al contrario. Nuestro cerebro trabaja día y noche, procesa 400.000 millones de bits de información por segundo. ¿Alguien es capaz de imaginárselo? Asimismo, y posiblemente es una suerte, sólo somos conscientes de unos dos mil bits, los indispensables para ir tirando, mantener una conversación con el vecino sobre el tiempo o el fútbol y poco más. Sabemos muy pocas cosas y algunas de estas pocas cosas las olvidamos fácilmente. Así se explica nuestra pretensión de saberlo todo.

La ignorancia es atrevida, ya lo dijo Gracián. Queremos demostrar que somos sabios y ni siquiera sabemos discernir que la sabiduría consiste en reconocer que "no sé nada", como dijo Sócrates, pero ¿lo dijo de verdad? Vivimos en un mundo del cual sólo se conoce la punta del iceberg. El resto es oscuridad y misterio, por eso buscamos la luz de la trascendencia. El remedio, entonces, resulta peor que la enfermedad. Porque si además de ser ignorantes nos ponemos trascendentes, no hay quien nos aguante.

16/10/2007 09:37 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Chuang Tse

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Chuang Tse es, junto con Lao Tse, el máximo representante del taoísmo. Su autor Chuang Chou (369-286 a. C.) es un narrador nato que transmite un mensaje de libertad e inconformismo. Su lenguaje se halla salpicado de anáforas, hipérboles, paralelismos, antítesis, paradojas, humor e incluso un discurso retórico de la incongruencia.

Chuang Tse se inspiraba en un basto tesoro de mitos, leyendas e historia sin registrar de la antigua China para tejer en forma de parábolas y debates la visión de un escéptico y místico, en un mundo de constantes y peligrosas elecciones morales.

Cualquier traducción siempre implica una elección: literalidad o libertad. En el caso Chuang Tse hay que tener en cuenta que está escrito, no sólo por un filósofo, sino también por un poeta, de manera que el trasvase a cualquier lengua del original supone un difícil reto, es por esto que nos encontramos con versiones muy distintas de la misma obra: traducciones fieles, "flexibles" e incluso disparatadas, por tener escaso significado para un lector occidental.

Pese a todas las dificultades lingüísticas que han debido salvarse y al paso de los siglos, Chuang Tse sigue transmitiéndonos la infinita sabiduría, gracia y sutileza de un pensador que siempre resulta estimulante.

"La inmovilidad cura la enfermedad. Las friegas hacen que los ancianos se sientan mejor. Serenar el corazón y la mente puede poner fin a la agitación. Pero aunque así sea, sólo las personas enfermas y cansadas necesitan estos remedios. Cualquier persona que se encuentre a gusto consigo misma no querrá ni siquiera oír hablar de ellos. Un espíritu no necesita preguntar qué medios utiliza el sabio para hacer que la gente vaya por buen camino. Un sabio no necesita preguntar a ninguna ilustre autoridad cómo hace temblar d emiedo a los demás. Una ilustre autoridad no necesita preguntar a ningún miembro de la aristocracia cómo hace para imponer sus órdenes sobre los demás. Un ‘caballero' no se preocupa de preguntar a los demás cómo le va la vida".

"Hui Tzu dijo a Chuang Tse:

_Tus palabras no tienen ninguna utilidad.

Chuang Tse replicó:

_Sólo cuando aprecias aquello que no tiene utilidad puedes empezar a hablar acerca de aquello que sí la tiene. La tierra es amplia y vasta, pero todo el espacio que una persona necesita es un lugar en el que apoyar los dos pies. Pero si extrajeras toda la tierra que hay a su alrededor, excepto la que hay bajo sus pies, hasta llegar a los Manantiales Amarillos, la parte útil que has dejado ya no serviría de nada, ¿no es cierto?

_Sí, así es _asintió Hui Tzu.

_Esto demuestra _concluyó Chuang Tse_ que acabo de aclarar la necesidad de lo que no tiene utilidad".

02/10/2007 10:05 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Los poderes del conocimiento

Los poderes del conocimiento están hoy más extendidos que el mismo conocimiento. Así, podemos tratar sobre la vida, aunque no esté todavía más que en estado de promesa, pero no sabemos qué es la vida, si un malicioso misterio o un gracioso don de las estrellas que antiguamente, según la última teoría de moda, habrían sembrado la tierra; podemos disputarle un ser a la muerte, pero no sabemos qué es la muerte, algo que únicamente somos capaces de comprobar y por procedimientos que, por otra parte, han cambiado mucho en el transcurso de los tiempos: se dice que antaño se mordía el dedo gordo del pie del presunto fallecido para asegurarse de su definitiva indiferencia ante los dolores de este mundo, práctica que, parece, ha valido a los empleados de pompas fúnebres, a los enterradores, el apelativo de "muerde-muertos"; más tarde la gente se atenía al testimonio de un espejo encargado de recoger el vaho de un eventual soplo de vida; luego se confió en la parada del corazón, prueba aleatoria sin los modernos instrumentos de control, y, por último, de un tiempo a esta parte, el sistema válido para certificar el deceso es el del encefalograma plano, aunque no se sabría precisar en qué momento exacto se ha roto el principio de unidad que operaba la cohesión de la persona; sabemos convertir la materia en energía, con riesgo de transformar, si llega el caso, doscientos mil seres humanos en luz y calor, pero no sabemos qué es la materia; nuestros descubrimientos no van acompañados de un "modo de empleo", y la distancia entre lo que nuestro saber nos permite hacer y lo que nos permite comprender aumenta todos los días: el hombre, para nosotros, sigue siendo un misterio, desde su principio, que parece depender de la magia, hasta su fin, que tiene siempre un cierto aire de anomalía.

En estas condiciones, la ética nueva, que apenas tiene base sobre la que asentar un juicio, no puede enunciar principios, sino sólo emitir recomendaciones. A fin de cuentas, todo depende para ella, de las conciencias individuales y de la idea que cada una de ellas se haga de la condición humana.

18/09/2007 09:11 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Ver

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"Si se mira una cosa 999 veces, se está completamente a salvo; si se mira por milésima vez, se corre el espantoso peligro de verla por primera vez", asegura Chesterton. Ver, por tanto, sólo puede ser un acto liminar, prístino. Sólo cuando se ve por vez primera, la realidad aparece en su verdadera disformidad. Tan solo logramos ver la primera vez que miramos. Las demás veces nos contentamos con percibir la realidad automáticamente. Por tanto, para ver de nuevo es necesario restablecer las cosas a su dimensión primera, a su dimensión sagrada.

El espejo escarba en el reverso atroz de lo real, en lo que constituye nuestra propia condición de hombres deshabitados, huecos, desposeídos del paraíso, huérfanos de nuestra propia memoria. Nos muestra la realidad percibida en ese instante perplejo de despertar en el que, por un momento, sin el amparo de nuestras convicciones, nos vemos como en realidad somos.

Despojada de sus certezas, de sus asideros lógicos, la conciencia, desorientada y aterrada, tantea en las tinieblas en busca de ese interruptor que le devolverá, con la magia de un simple gesto, a nuestro propio ser cotidiano. Ese momento de absoluta perplejidad se ha prolongado hasta perpetuarse en ese espejo, que es la suma de nuestros desorientados despertares, para demostrarnos en el desolador reflejo el monstruo que somos.

12/09/2007 15:18 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Miguel Servet

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Miguel Servet es el nombre con que se conoce al humanista, médico y teólogo aragonés Miguel Serveto Conesa, nacido en Villanueva de Sijena (Huesca) en 1511. Su familia era de ascendencia noble, según él mismo declaró durante el proceso de Ginebra, y aunque se sabe poco de su infancia podemos deducir, por su preparación intelectual, que recibió instrucción en teología, filosofía, medicina y astrología y que dominaba el latín, el griego y el hebreo.

La mayoría de biógrafos afirman que a los trece años Miguel se trasladó a Zaragoza para ampliar conocimientos y que también cursó estudios en la universidad de Barcelona, aquí conoció a Joan Quintana, un franciscano de origen mallorquín, doctor por la universidad de París y cuya imagen de humanista sedujo a Servet. En 1528, su padre le envía a Tolosa de Llenguadoc, célebre en su tiempo por una reputada facultad de Derecho y por la piedad de sus habitantes, convencido de que su hijo conseguiría el doctorado en leyes.

Como secretario de Quintana, que había ascendido al influyente cargo de confesor de Carlos V, Miguel Servet viaja a Italia, donde se impregna del clima humanístico que se respira allí y mantiene fructíferas relaciones intelectuales con eruditos y personalidades del Renacimiento durante su estancia, que coincide con el tiempo que duró el trámite de coronación de Carlos V en Bolonia, primero como rey de Lombardía y al día siguiente como emperador. Sobre los ostentosos fastos de la coronación, Servet escribió. "He visto, con mis propios ojos, llevar al Papa sobre las espaldas de los príncipes, con toda la pompa, haciéndose adorar a lo largo de las calles por el pueblo arrodillado. Todos los que habían conseguido besar sus pies o sus sandalias se consideraban más afortunados que los otros y proclamaban que habían obtenido numerosas indulgencias, gracias a las cuales se les reducirían años de sufrimientos infernales. ¡Oh, la más vil de las bestias!"

Concluidos los actos de coronación en Italia, Carlos V pasa por Suiza camino de Alemania y Servet le acompaña formando parte de la comitiva. En esta época su cultura, su inteligencia y su personalidad, junto con sus abundantes conocimientos teológicos, hacen surgir en su mente una reforma sui generis, que discrepa tanto de católicos como de protestantes: la base doctrinal tendría que fundamentarse en una interpretación directa de la Biblia, arraigada en sus textos primitivos. El 25 de octubre de 1530, Miguel Servet se hospeda en casa de Johannes Oecolampadius, reformador alemán activo en Basilea, con él inicia una serie de polémicas discusiones sobre las bases que constituyen su doctrina. Enseguida, los teólogos suizos manifestaron sus temores ante la presencia de Servet y la expansión de sus ideas por la ciudad. "Negáis que haya una sola persona en dos naturalezas. Si negáis que el Hijo es eterno, negáis también que el Padre sea necesariamente eterno", había manifestado el aragonés. Estas teorías sobre la Trinidad fueron calificadas como terribles blasfemias por el reformador de Zurich, Huldrych Zwingli, que amenazó con denunciarlo.

Ya en Estrasburgo, Servet madura la idea de publicar su primera obra: De Trinitatis erroribus Libri septem, per Michaelem Servato alias Reves ab Aragonia Hispanum, Anno MDXXXI. En aquel momento su seguridad personal todavía no se halla en peligro, pero es consciente de los riesgos que corre propagando su criterio sobre un asunto tan controvertido como el misterio de la Santísima Trinidad, que había provocado grandes debates en la Iglesia durante tres siglos. El libro sobre la Trinidad se difundió por toda Europa, incluso llegó a manos del arzobispo de Zaragoza y del mismo Erasmo, que no lo juzgó con benevolencia precisamente. A partir de aquí, el ambiente se fue enrareciendo. Un comité de teólogos condenó el libro y ordenó que fuera quemado en España junto con la efigie del autor. La obra se prohibió y Servet empezó a temer por su vida. Perseguido en Suiza y Alemania, Miguel Servet huye a París, donde conoce a Calvino, la relación entre ambos se inició con tirantez debido a las discrepancias en sus puntos de vista doctrinales.

También la Inquisición francesa requirió a Servet por haberse apartado de la ortodoxia y en un decreto, datado el 17 de junio de 1532, en el que se solicita la captura de cuarenta fugitivos, el nombre de Miguel Servet encabeza la lista, dato que hace sospechar que se le atribuye un lugar prominente en las actividades de los perseguidos y mayor responsabilidad que a los demás. De París va a Lyon, importantísimo centro cultural de la época, donde conoce a destacados humanistas, y unos años más tarde regresa de nuevo a París. El derecho había cedido el paso a la teología, su vocación, y la medicina era su profesión. Se matriculó en la facultad de París el 25 de marzo de 1537 y escribió Razón universal de los jarabes, un extenso texto de medicina, también se dedicó al estudio de cadáveres mediante la práctica de la disección e impartió clases de matemáticas, astrología, astronomía y geografía, llegando a pronosticar la aparición de guerras y pestes y determinando un eclipse de Marte por la Luna, que ocurrió realmente en día 13 de febrero de 1538. Como la astrología judiciaria estaba castigada con pena de muerte en la hoguera, las autoridades académicas intervinieron para impedir que continuara con sus clases, a lo que Servet replicó escribiendo un folleto titulado Apología en defensa de la astrología. Luego se trasladó secretamente a Charlieu y abrió allí una consulta para ejercer de médico pasando inadvertido, algo que consiguió durante tres años. Volvió a Lyon en 1540 y publicó Declaraciones de Jesucristo, hijo de Dios con el seudónimo de Villanovanus, asimismo publica De Santis Pagnini, ex postremis doctorum y Cum glossis, una traducción al castellano de la Summa theologica de santo Tomás y algunos tratados de gramática, traducidos del latín al castellano.

En 1541 Miguel Servet se traslada a Viena del Delfinato y vive dedicado al cuidado de sus pacientes, perfeccionando sus conocimientos clínicos y estudiando sus temas religiosos preferidos. En esta etapa redacta Materia médica de Discórides, Syroporum y Christianismi restitutio. Esta última obra llegó a manos de Calvino y provocó su denuncia en De scandalis. La denuncia incluía el nuevo nombre: Villanovanus, la nacionalidad y la profesión de Servet. La Inquisición no tardó en interrogarle y registrar su domicilio, pero no halló ningún libro herético y Servet fue puesto en libertad. El inquisidor Mathieu Ory, encargado del caso, no se dio por vencido y siguió buscando pruebas que condenasen a Servet, encontró cartas confidenciales, un ejemplar de Restitutio y unas cuantas notas, suficiente para decretar prisión incomunicada. Pese a la fuerte vigilancia, Servet logra fugarse de su encierro y Ory acumula cargos: herejía escandalosa y dogmatización, elaboración de nuevas doctrinas y libros que las tratan, sedición, cisma, perturbación de la unión y tranquilidad pública, rebelión, desobediencia y evasión con fractura de las prisiones reales, multa de 1.000 libras de Turena y confiscación de sus bienes. En cuanto sea capturado, se le condena a ser quemado vivo en la plaza de la Charneve hasta que su cuerpo se convierta en cenizas. Entre tanto, la sentencia se ejecuta en efigie, juntamente con la quema de sus libros.

La condena definitiva tiene lugar en Ginebra, ciudad a la que escapó Servet tras su fuga. Permanecía oculto en una abadía cisterciense hasta que su identidad fue descubierta por unos frailes que avisaron a Calvino. Servet fue capturado el día 13 de de agosto de 1553 y se inició su proceso. El juicio fue largo, pues se presentaron treinta cargos, varios de índole teológica, que finalmente Servet no consiguió impugnar. El 26 de octubre el Consejo que le juzga acuerda que Servet sea quemado con sus libros al día siguiente.

De la figura de Servet cabe destacar su clasicismo y su fidelidad a las Sagradas Escrituras, prescindiendo de las novedades, especialmente las referidas al dogma de la Trinidad, derivadas del concilio de Nicea. Cree que Cristo era hijo de Dios eterno, pero no que sea el hijo eterno de Dios. Su trascendencia no debe ceñirse únicamente a su doctrina teológica, Servet describió la circulación menor de la sangre e incluyó su descubrimiento en un libro de teología, no de medicina, por considerar que el alma residía en la sangre.

01/09/2007 10:30 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Imaginación

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La imaginación es más frágil que los sentidos, pero más fuerte que la razón: es la preciosa llave que libera al sujeto empírico de la cárcel de sus percepciones. Los sentidos nunca nos han llevado más lejos de nuestra propia persona, sólo la imaginación nos permite hacernos una idea de lo que es una realidad distinta.


*Imagen: M. C. Escher

23/06/2007 10:46 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Dificultades del conocimiento

"Menón. _Me puedes decir, Sócrates: ¿es enseñable la virtud?, ¿o no es enseñable, sino que sólo se alcanza con la práctica?, ¿o ni se alcanza con la práctica ni puede aprenderse, sino que se da en los hombres naturalmente o de algún otro modo?" Menón, Platón

La posición de Sócrates ante estos dilemas consiste fundamentalmente en descartar la posibilidad tanto de enseñar como de desarrollar la virtud mediante un voluntarioso proceso de ensayos y adiestramiento progresivo. En claro paralelismo con el argumento de la hermeticidad, argumenta Sócrates que los hombres virtuosos no están "en condiciones de hacer a los demás como ellos, pues no [son] tal como [son] por obra del conocimiento", expresión con la que da a entender la incapacidad de los cultivadores de la virtud para expresar clara y sistemáticamente el saber en que se funda la dignidad que les concedemos. Así, Sócrates sentencia que: "aquello de lo que no hay discípulos ni maestros no es enseñable".

Por estas razones, Sócrates plantea la idea de que el conocimiento de la virtud debe estar basado en lo más íntimo del ser humano, algo que le es consustancial y no accidentalmente dado. Los pormenores de su creencia aparecen perfectamente sintetizados en el siguiente fragmento:

"El alma, pues, siendo inmortal y habiendo nacido muchas veces, y visto efectivamente todas las cosas, tanto las de aquí como las del Hades, no hay nada que no haya aprendido; de modo que no hay de qué asombrarse si es posible que recuerde, no sólo la virtud, sino el resto de las cosas que, por cierto, antes también conocía. Estando, pues, la naturaleza toda emparen­tada consigo misma, y habiendo el alma aprendido todo, nada impide que quien recuerde una sola cosa -eso que los hombres llaman aprender-, encuentre él mismo todas las demás, si es valeroso e infatigable en la búsqueda. Pues, en efecto, el buscar y el aprender no son otra cosa, en suma, que una reminiscencia".

Todo lo cual encuentra una precisa y sintética conclusión en la sentencia siguiente:

"Estoy afirmando que no hay enseñanza, sino reminiscencia".

13/06/2007 09:49 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

A vuelapluma

buscarme y no encontrarme

inocente y humana

perversa y humana

¿Quién soy?

he abrevado en una lata de filosofía

la poesía me ha secado el espíritu

llegué a un callejón sin salida

con la lucidez de un tarado

en este mundo de degradación

el rey consumo lo es todo

y a falta de un dios

no hay más paraíso que el de la química.

01/06/2007 20:55 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Una Iglesia anclada en el pasado

El Papa Benedicto XVI, que durante los años de pontificado de su antecesor fue responsable de la Congregación de la Doctrina de la Fe -antigua Inquisición-, ha mantenido hasta ahora una actitud muy cerrada, absolutamente conservadora y de espaladas a las propuestas renovadoras del Concilio Vaticano II.

Pienso que para un cristiano lo más importante es el mensaje de Jesús. La Iglesia católica, según manifiestan sus jerarcas, es la única que se mantiene fiel a este mensaje de Dios y lo transmite, por eso no entiendo que vaya contra las leyes que rigen la sociedad civil, ésas que eliminan las diferencias entre heterosexuales y homosexuales. Si la Iglesia permaneciera fiel al espíritu cristiano, llevaría a la práctica el primer mandamiento de Dios: apreciaría a todas las personas por igual y alentaría a los estados a eliminar las diferencias que separan a los ciudadanos. ¿Por qué censura los matrimonios homosexuales si hacen felices a los interesados y no perjudican a los demás?

En su reciente viaje a Brasil, el Papa ha condenado el uso del preservativo para prevenir el SIDA. El cristianismo no acepta el suicidio y ¿no es un suicidio arriesgarse a contraer una infección mortal? El ideal de amor cristiano es el que surge entre un hombre y una mujer y santifica la Iglesia mediante el matrimonio indisoluble, esto incluye una fidelidad de por vida. Todos sabemos que la realidad se aparta del ideal, que hay relaciones que no pueden mantenerse y se rompen, que la sexualidad no siempre va encaminada hacia la procreación... ¿Es realista la expectativa de una continencia absoluta y el mantenimiento de la virginidad hasta el matrimonio? A mí me parece que no. Si Dios nos creó como seres sexuados dotados de deseo, ¿por qué la Iglesia impone límites a nuestra naturaleza? Tampoco tuvo mucho tacto su Santidad al declarar que "el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas ni fue una imposición de una cultura extraña". ¿Qué fue entonces la evangelización?

La Iglesia católica pierde adeptos, se aleja del mensaje de Cristo y de la sociedad. Benedicto XVI pide "la entrega total a Dios" alegando que "la Iglesia permanecerá intacta hasta el fin de los tiempos". ¿No se da cuenta de que el mundo actual y el de hace 2.000 años no tienen nada que ver? Seguramente no: la evolución es "irracional".

30/05/2007 19:28 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Creer lo que creo

Creer es una opción, una apuesta, un consuelo o lo que usted quiera, lo único que no puede ser es una creencia. Y la fe, lo que mueve mi creencia, es siempre un acto de fe, un movimiento de la voluntad, antes de que la creamos. Lo que creo, como adulto, es algo que decido y acepto antes de que me pase. Así decía Unamuno: "Creer es querer creer".

Además de no poder creer, yo no quiero creer en el Dios bueno, ubicuo y omnipotente en el que fui educada. Aquí mis motivos son personales y racionales. El cristianismo no me parece lógico, la Biblia está plagada de contradicciones. Expondré sólo una como muestra: Antes de nacer, yo no tuve ocasión de pecar y, sin embargo, nada más llegar a este mundo mi alma se manchó con el pecado original, el que cometieron Adán y Eva hace millones de años. El bautismo elimina el pecado original, no obstante, sigo padeciendo sus consecuencias: he de trabajar, padezco enfermedades, moriré... Si Dios es justo ¿cómo puede castigarme por algo que no he hecho? Si Dios es omnipotente, ¿por qué no me salva de las angustias de la vida estando bautizada? ¿Es propio de un Dios misericordioso permitir que un virus mute cada vez que descubrimos un antibiótico para combatirlo? ¿Un Dios bueno permite dos Guerras Mundiales o las catástrofes naturales?

El cristianismo es una religión pensada para explicar el mal y justificar el dolor humano: sufrimos por causa del error de nuestros primeros padres y sufrimos para ser redimidos en la vida eterna. Dios se halla permanentemente ocupado en que se mantenga su ecuación constante por los siglos de los siglos. Nosotros logramos que la vida se alargue y Él nos regala el Alzheimer, la demencia senil y la incontinencia urinaria.

Si alguien conoce alguna explicación plausible, una hipótesis verosímil de las maquinaciones divinas, que, por favor, me la cuente.

21/05/2007 01:52 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Sidereus Nuncius

Sidereus Nuncius (1610), de Galileo Galilei, es una obra relevante que anuncia una serie de descubrimientos más extraños y significativos que cualquier otra cosa que se hubiera hecho con anterioridad. Al leerla hoy, podemos experimentar, como es lógico, el impacto que causó en su tiempo tan extraordinario mensaje, así como la pasión que arde bajo el estilo sobrio y frío de Galileo:

"Grandes en verdad son las cosas que en este breve tratado propongo a la vista y contemplación de los estudiosos de la naturaleza. Grandes, digo, sea por su excelencia intrínseca, sea por su novedad, jamás oída en todos los tiempos, sea, en fin, por el instrumento mediante el cual esas mismas cosas se han hecho accesibles a nuestros sentidos.

Sin duda es importante aumentar el gran número de las estrellas fijas que la humanidad ha podido contemplar hasta ahora mediante su visión natural, poniendo ante los ojos otras innumerables que nunca antes se habían visto y que sobrepasan a las viejas [estrellas] ya conocidas en un número más de diez veces superior.

Es de lo más hermoso y agradable a la vista contemplar el cuerpo de la Luna, que se halla a una distancia de nosotros de casi sesenta semidiámetros terrestres, tan cerca como si se hallase a una distancia de sólo dos y media de tales medidas.

Cualquiera puede averiguar, con la certeza que suministra la experiencia de los sentidos, que la Luna no está dotada en absoluto de una superficie lisa y pulida, sino que la suya es irregular y rugosa y, como ocurre con la propia faz de la Tierra, está por doquier recubierta por enormes prominencias, profundas hendiduras y sinuosidades.

Por otra parte, no es en absoluto algo de poca monta haber zanjado las disputas a cerca de la Galaxia o Vía Láctea, poniendo su esencia de manifiesto ante los sentidos, así como ante el entendimiento. Además de todo esto, será muy interesante y hermoso mostrar directamente la sustancia de aquellas estrellas que todos los astrónomos han denominado hasta ahora nebulosas, demostrando que es muy diversa de lo que hasta ahora se ha creído.

Mas lo que supera con mucho todo lo que se haya podido imaginar, y que es lo que me ha movido principalmente a presentarlo a todos los astrónomos y filósofos, es nuestro descubrimiento de cuatro astros errantes que nadie antes de nosotros conoció u observó, los cuales, a semejanza de Venus y Mercurio en torno al Sol, poseen sus propios períodos en torno a cierto astro principal que forma parte de los conocidos, ora precediéndole, ora siguiéndole sin alejarse nunca de él más allá de determinados límites. Tales cosas hallé y observé no hace mucho mediante los ‘perspicilli' inventados por mí, iluminado previamente por la gracia divina".

Montañas en la Luna, nuevos planetas en el cielo, novedosas estrellas fijas en número incalculable, cosas que ningún ojo humano había visto antes y que ninguna mente humana había concebido. Y no sólo eso, además de estos hechos nuevos, sorprendentes y totalmente inesperados e imprevistos, estaba también la descripción de un invento asombroso: el primer instrumento científico, el "perspicillum", que hizo posibles todos esos descubrimientos y le permitió a Galileo trascender las limitaciones impuestas por la Naturaleza, o por Dios, a los sentidos y al conocimiento humano.

No es extraño, pues, que en un principio, el "Mensaje de los Astros" se recibiera con recelo e incredulidad y que desempeñase una parte fundamental en todo el desarrollo siguiente de la ciencia astronómica, la cual, a partir de entonces, quedó tan íntimamente ligada a la de los instrumentos que cada uno de los progresos en una de ellas implicó e indujo un progreso en la otra. Se podría decir que no sólo la astronomía, sino también la ciencia como tal, inició con el invento de Galileo una nueva fase de su desarrollo.

11/05/2007 14:26 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Sentencia contra Giordano Bruno

"El verdadero error de los jueces fue no haber visto que, muerto Bruno, su filosofía estaría más viva que nunca". Vinzenzo Spampanato.

 

Por lo que visto y considerado el proceso formado contra ti y las confesiones de tus errores y herejías con pertinacia y obstinación, aunque tú niegues que lo sean, y todo lo que se tenía que ver y considerar: propuesta primero tu causa en nuestra congregación general, celebrada ante la Santidad de Nuestro Señor el día XX de enero pasado, y votada y resuelta, hemos llegado a la siguiente sentencia.

Invocado pues el nombre de nuestro Señor Jesucristo y de su gloriosa Madre siempre virgen María, en la causa y causas anteriores al presente que vierten en este Santo Oficio entre el reverendo Giulio Monterenzi, doctor en leyes, procurador fiscal de dicho Santo Oficio, por una parte, y, por otra parte, tú Girdano Bruno mencionado, encontrado reo inquirido, procesado, culpable, impenitente, obstinado y pertinaz; por esta definitiva sentencia nuestra, de consejo y parecer de los reverendos padres maestros en sacra teología y doctores en una y en otra ley, nuestros consultores, proferimos en estos escritos, decimos y pronunciamos, sentenciamos y declaramos, a ti fray Giordano Bruno, que eres hereje impenitente pertinaz y obstinado, y que por eso has incurrido en todas las censuras eclesiásticas y penas de los Cánones sagrados, leyes y constituciones tanto particulares como generales, que a tales herejes confesos, impenitentes, pertinaces y obstinados se imponen; y como tal te degradamos verbalmente y declaramos que debes ser degradado, así como ordenamos y mandamos que seas degradado de todos los órdenes eclesiásticos mayores y menores en los cuales te habías constituido, según la orden de los Cánones sagrados; y debes ser arrojado, como te arrojamos, de nuestro foro eclesiástico y de nuestra santa e inmaculada Iglesia, de cuya misericordia has sido indigno; y ser entregado a la Corte secular, así como te entregamos a la corte de vos monseñor Gobernador de Roma aquí presente, para punirte con las debidas penas, rogándole por ello que eficazmente quiera mitigar el rigor de las leyes sobre la pena de tu persona, que sea sin peligro de muerte o mutilación de miembro.

Además condenamos, reprobamos y prohibimos todos los libros mencionados anteriormente y los otros libros escritos, como heréticos, erróneos porque contienen muchas herejías y errores, ordenando que todos los que han llegado a manos del Santo Oficio, o podrán llegar en el futuro, que sean destruidos públicamente y quemados en la plaza de san Pedro, ante las escaleras, y como tales sean considerados en el Índice de los libros prohibidos, como ordenamos que así se haga.

Así decimos, pronunciamos, sentenciamos, declaramos, ordenamos y mandamos, arrojamos y entregamos y rogamos con este y con otro mejor modo y forma que de razón podemos y debemos.

Así lo declaramos los Cardenales generales Inquisidores suscritos:

Card. Ludovico Madruzzo

Card. Giulio Antonio di Santa Severina

Card. Pietro Deza

Card. Domenico Pinelli

Card. Fra Giordano (Bernerio) d'Ascoli

Card. Ludovico Sasso

Card. Camilo Borghese

Card. Pompeo Arrigoni

Card. Roberto Bellarmino

 

Roma, 8 de enero de 1600

 

Justicia de un hereje quemado vivo.

 

Jueves, día 16 del corriente (febrero de 1600)

A las 2 de la noche fue comunicado a la Compañía que por la mañana se debía hacer justicia a un impenitente; y por eso a las 6 horas de la mañana, reunidos los frailes confortantes y el capellán de Santa Úrsula, y dirigiéndose a la cárcel de Torre de Nona, entraron en nuestra capilla y después de rezar, nos entregaron al suscrito condenado a muerte, es decir:

Giordano del quondam Giovanno Bruni, fraile apóstata de Nola di Regno, hereje impenitente. El cual fue exhortado con toda caridad por nuestros hermanos, y mandados llamar dos padres de Santo Domingo, dos jesuitas, uno de la Chiesa Nuova y uno de san Jerónimo, quienes con mucho afecto y doctrina le mostraron su error, estuvo hasta el fin en su maldita obstinación, dando vueltas con su intelecto y su cerebro con mil errores y vanidades. Y tanto perseveró en su obstinación, que fue conducido por los ministros de justicia a Campo di Fiori, y allí se le desnudó y fue atado a un palo y quemado vivo, acompañado siempre por nuestra compañía que cantaba letanías, y los confortantes lo atendían hasta el último momento para que abandonara su obstinación, con la que al final acabó su miserable e infeliz vida.

 

* Fragmento de la copia de la sentencia emitida contra fray Giordano de Nola, entregada al Ilustrísimo Gobernador de Roma.

30/04/2007 13:01 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Todo está escrito en los genes

La revolución que supuso el darwinismo, con sus innovadoras teorías sobre la selección natural, la supervivencia del más fuerte, la evolución de las especies, etcétera, fue sustituida por el marxismo y el freudismo. Mientras los darwinistas defendían a capa y espada que los genes determinan el destino de las personas, Marx aseguraba que era la clase social la que determinaba el destino del ser humano y Freud achacaba al drama edípico vivido en la familia el destino del individuo.

La controversia entre los fundamentalistas que atribuían a los genes o a elementos externos el destino del individuo, hicieron temblar los fundamentos sobre los que se sustentaban todas las creencias acerca de la naturaleza humana. ¿El mono evoluciona por sus propios medios hasta ser un hombre o el control social nos condiciona como si fuéramos piezas de una precisa obra de ingeniería? En los años cincuenta se impusieron las teorías de la dominación de clases y de la pulsión sexual, treinta años después tales teorías eran ya reliquias del pasado, supercherías, había nacido la neurociencia.

Ahora el destino del hombre está regido por la genética: la tendencia al alcoholismo, a la obesidad, a la ludopatía, a la poligamia, al asesinato, a determinados tipos de cáncer, a la felicidad o al pesimismo... Todo se halla escrito en los genes, hasta que alguien demuestre lo contrario.

24/04/2007 14:34 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

La interpretación de los sueños

La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud, se publicó en 1899, pero el editor, con cierta astucia, le puso la fecha de 1900 para remarcar que la obra representaba un auténtico cambio de época. Y no era una simple pretensión. Pasados los años, el efecto de la obra de Freud fue comparado con el de la de Copérnico o Darwin. Si el primero estableció que la Tierra no es el centro del universo y el segundo que el homo sapiens no es el rey de la creación, Freud demostró que nadie es dueño absoluto de sí mismo.

En La interpretación de los sueños, el autor dice que los sueños son una especie de ventana abierta al inconsciente del individuo, ya que representan los deseos insatisfechos, los impulsos reprimidos, la libido mal canalizada en la vida conciente. Pero se trata de una expresión indirecta, metafórica, que hay que descifrar.

Las llaves de este código, las buscó Freud entre sus pacientes de histeria y en él mismo. Encontró que muchas histéricas fantaseaban con experiencias sexuales de su infancia, con frecuencia incestuosas, con personas adultas. Esto lo relacionó con sus propios sentimientos de tristeza, rencor y hostilidad cuando murió su padre. A partir de aquí, y evocando la tragedia de Sófocles, formuló el complejo de Edipo. Según esta teoría, el niño se siente atraído sexualmente por la madre y ve en su padre a un gran rival, por eso se siente culpable y tiene miedo de ser castigado. En el caso de las niñas, la envidia del pene masculino las lleva a querer al padre y a rechazar a la madre.

El escándalo estaba servido. Para buena parte de la sociedad europea y americana del cambio de siglo, estas ideas eran aberrantes, máxime porque, según el psiquiatra austriaco, el complejo de Edipo o la envidia del pene eran normales, no enfermizos.

13/04/2007 11:33 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Cosmovisiones

Cuando en la modernidad, la religión entró definitivamente en coma, aparecieron en su lugar toda una serie de cosmovisiones. Eran modelos explicativos del mundo en su totalidad que, en un principio, estuvieron fabricados fundamentalmente en los talleres de filosofía; pero con el tiempo las distintas ciencias particulares también produjeron grandes esquemas teóricos con pretensiones explicativas totalizadoras. Estas cosmovisiones fueron designadas con términos acabados en "ismo", como liberalismo, marxismo, darwinismo, vitalismo, etcétera. Detrás de ellos estaban las denominadas escuelas, que eran algo así como comunidades intelectuales, clubes de opinión, círculos con determinados idearios, conventículos de correligionarios y células ideológicas. El concepto "teoría" se impuso como el mínimo denominador común de esta mezcolanza de filosofía, ideología y ciencia. Hoy, el panorama teórico es un mercado de opiniones de rumbo variable. En él reina la misma diosa que en otros mercados: la moda. La moda de la continua innovación que se aparta de lo que hay: por lo tanto, el que sale antes tiene ventaja, está al día, va con su tiempo, pasa a todos los demás y le divierte ver cómo tratan de alcanzarlo.

Así pues, hay teorías in y teorías out. Existe un vértigo de etiquetas e imitación de artículos de marca, competencia desleal y ofertas económicas, nostalgias, oleadas de reciclaje, liquidaciones y saldos, hay booms y depresiones, épocas de quiebra y de bonanza. Para orientarse, es necesario tener visión de conjunto: hay que conocer las empresas y su seriedad en el sector teórico, la cotización de las acciones, los precios, los márgenes de beneficio, los proveedores y el gusto del público. Y sobre todo hay que tener buen olfato para las nuevas tendencias teóricas.

09/04/2007 12:06 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Leonardo Da Vinci

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Empezando en Florencia, en la casa de Braccio Martelli, el 22 de marzo de 1508, todo esto forma una recopilación sin orden de muchas hojas sueltas, a la espera de clasificarlas según la materia que tratan. Creo que, antes de llegar a fin, repetiré muchas veces las mismas cosas. Si ello ocurre, no me critiques, lector. Las cosas son en gran número y la memoria no puede retenerlas todas. Yo no quisiera escribir lo que ya he dicho; pero para no incurrir en ese error, releyéndose todo lo pasado, lo que ocuparía mucho tiempo, pues escribo a largos intervalos y fragmento por fragmento.

Que no me lea quien no sea matemático, porque yo lo soy siempre en mis principios.

Leonardo da Vinci

 

Así se expresa el que fuera gran exegeta de la naturaleza, científico en la vida y en el arte. De su inquieto cerebro brotaron máximas, descripciones, fábulas y profecías que resquebrajaron los esquemas de las mentes bienpensantes de su época. No era fácil encajar lo que luego corroboraría Darwin: que el hombre y el mono pertenecen a la misma especie o imaginar que un día las cartas volarían por el mundo del uno al otro confín en cuestión de segundos. Leonardo se fijó en cada nimio detalle que la vida y la naturaleza le ofrecían y su curiosidad se alió con su intelecto para desentrañar esos enigmas que siempre solventan los científicos minuciosos. Antes de él, pocos se habían atrevido a pensar por su cuenta.

- En la descripción del hombre deben comprenderse los animales de la especie, tales como el mono, el babuino y muchos otros similares.

- Yo he encontrado en la constitución del cuerpo humano, como en la de los otros animales, la más obtusa y grosera inventiva. Compuesto sin ingenio, de instrumentos en parte inapropiados para recibir el vigor de los sentidos.

- El hombre posee gran razonamiento, pero en su mayor parte vano y falso; los animales lo tienen menor, pero útil y verídico, y más vale una pequeña certeza que un gran engaño.

- La sabiduría es hija de la experiencia.

- La adquisición de cualquier conocimiento es siempre útil al intelecto, que sabrá descartar lo malo y conservar lo bueno.

- La práctica debe siempre ser edificada sobre la buena teoría.

- Entre la pintura y la escultura no encuentro más que esta diferencia: que el escultor ejecuta sus obras con mayor fatiga de cuerpo que el pintor y el pintor ejecuta las suyas con mayor fatiga de mente.

- ¡Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro!

- Escucha, pues, con paciencia la opinión de otros jueces y examina y piensa con empeño si tu censor tiene o no tiene razón para censurarte. Si encuentras que la tiene, corrígete. En caso contrario, haz como si no lo hubieras oído, o demuéstrale con argumentos -si es hombre digno de tu estima- el porqué de su engaño.

- Dice el poeta que su ciencia es invención y medida, que forman simplemente el cuerpo de la poesía: invención de materia y medida en los versos, que él adorna después con todas las galas de otras ciencias.

- Si describes, ¡oh, poeta!, una sangrienta batalla en medio de una oscura y tenebrosa atmósfera, que ensombrecen el mundo de terribles y mortíferas máquinas y la espesa polvareda que levantan en su fuga, enloquecida por el temor y la muerte, los míseros combatientes; el pintor te supera también en este caso, porque tu pluma habrá consumido todo su poder antes de que termines la descripción de lo que el pintor, con su ciencia, habrá logrado representar inmediatamente.

- Contra los ríos salidos de madre no existe defensa humana posible.

- Los mariscos son animales cuyo esqueleto es exterior.

- La Tierra es una estrella. Gracias a la esfera acuosa que la envuelve en gran parte, resplandece en el Universo como un simulacro de Sol y a la manera de todas las demás estrellas de cuyo conjunto forma parte.

- Ninguna investigación humana puede llamarse verdadera ciencia si no pasa por la demostración matemática.

- El Hombre es víctima de una soberana demencia que lo hace sufrir siempre, en la esperanza de no sufrir más; y la vida se le escapa mientras espera gozar de los bienes que ha adquirido al precio de grandes esfuerzos.

30/03/2007 15:16 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Sobre Freud

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25/03/2007 11:38 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

La manada

Nadie sobrevive en soledad; sólo se sobrevive en manada, en rebaño o en grupo.

La especie humana avanza siempre en formación; forma una cruz, una estrella o una esvástica, según las necesidades del momento y de los gustos de la corriente dominante. Vivimos los unos de los otros y sobrevivimos únicamente en simbiosis. Nos odiamos mutuamente, conspiramos los unos contra los otros, derramamos sangre ajena, enseñamos los dientes, mordemos, gruñimos, ladramos, cacareamos o silbamos, pero permanecemos unidos, pues es la única manera de sobrevivir.

La supervivencia es lo más importante. En nombre de la supervivencia rebajamos los estándares morales, mentimos, mutamos, nos disfrazamos. Somos por naturaleza delatores y siervos. Nos gusta pronunciar grandes palabras y nos preocupan grandes cuestiones, la cultura, el arte y la literatura. Nuestra actividad intelectual se reduce a juzgar; éste es basura, a ése lo destruimos, a aquél lo eliminamos. Los débiles se multiplican y son aceptados en nuestras filas para aparentar que somos más fuertes. Somos codiciosos; jamás estamos satisfechos.

A veces sacamos nuestro armamento pesado para luchar unos contra otros; vamos a la guerra para salvar nuestras insignificantes diferencias y cavamos trincheras y fosas comunes. Cada cual destruye según sus capacidades, pero en nombre de la manada.

Cuando un visitante viene a contemplarnos al zoológico, nos mira y se queda clavado en el suelo. Luego se emociona al ver la manada de seres vivos, de ratones perdidos, y abandona la sala con una sonrisa amarga en los labios.

10/01/2007 18:38 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Prohibida la inteligencia

Dios prohíbe a la primera pareja probar el fruto del árbol del conocimiento. Es evidente que nos hallamos en el campo de la metáfora. Hacen falta los padres de la Iglesia para sexualizar la historia, ya que el texto es bien claro: comer de este fruto hace abrir los ojos y permite distinguir el bien del mal; por tanto, permite ser semejante a Dios. Un versículo habla de un árbol “deseable para adquirir la inteligencia” (III, 6). Hacer caso omiso del dictado de Dios es preferir el saber a la obediencia, querer conocer en lugar de someterse. Dicho de otra manera, optar por la filosofía contra la religión.

 

¿Qué significa esta prohibición de la inteligencia? En este jardín magnífico se puede hacer cualquier cosa menos volverse inteligente (árbol del conocimiento) ni inmortal (árbol de la vida). Así pues, qué destino reserva Dios a los hombres: ¿la imbecilidad y la mortalidad? Hay que imaginar un Dios perverso para hacer un regalo semejante a sus criaturas. Entonces, damos las gracias a Eva por haber optado por la inteligencia pagando el precio de la muerte cuando Adán aún no había entendido lo que estaba en juego para continuar en aquel mundo paradisíaco: la eterna felicidad de imbécil feliz.

 

¿Qué descubren estos dos desgraciados una vez Eva ha mordido el fruto sublime? La realidad. La realidad y más: la desnudez, su parte natural, pero también, a partir de la reciente adquisición del saber, su parte cultural, como mínimo sus potencialidades por medio de la confección de un taparrabos hecho con hojas de higuera (y no de parra). Y todavía más: la dureza de la vida diaria, el trágico destino que nos aguarda a todos, la brutalidad de la diferencia sexual, el abismo que separa al hombre de la mujer, la imposibilidad de evitar el trabajo penoso, la maternidad dolorosa y el imperio de la muerte. Una vez emancipados, y para evitar el añadido de la trasgresión que permite acceder a la vida eterna (porque el árbol de la vida se encuentra junto al del conocimiento), el Dios uno, verdaderamente bueno, dulce, amoroso, generoso, expulsa a Adán y Eva del paraíso. Y así hasta ahora.

 

Lección numero uno: si se rechaza la ilusión de la fe, el consuelo de Dios y las fábulas de la religión, si se prefiere saber y optar por el conocimiento y la inteligencia, entonces la realidad se nos aparece tal como es: trágica. Pero vale más una verdad que desespera enseguida y permite no perder por completo la vida colocándola bajo el signo de la muerte que no una historia que, de momento, consuela, es cierto, pero que ignora el único bien verdadero que tenemos: la vida aquí y ahora.

23/11/2006 16:01 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Mediocridad

Todo es mediocre en los seres humanos. Sus fuerzas son muy limitadas y sus sentidos sólo captan una parcela mínima de la realidad. Son incapaces de percibir tanto la presencia de los espíritus como el continuo deterioro de su propio organismo. Son seres bastante imperfectos, pero a su vez protegidos por su misma imperfección. Gracias a su vista deficiente, gracias a su incapacidad para detectar muchas impurezas que contienen sus alimentos y muchos móviles egoístas que esconden sus afectos, pueden realmente comer y amar, dotados de mejor vista, morirían muy pronto de inanición o de soledad. Todo en ellos tiene un sello de medianía. Su vida no se caracteriza por el gozo ni tampoco por el dolor, sino más bien por la atonía. La atonía es el excipiente masivo donde se diluyen algunos placeres y algunos sufrimientos, propios de fechas muy señaladas. Viven siempre esperando lo mejor y temiendo lo peor, pero sólo les ocurren cosas moderadamente buenas o malas. Por cada carta de amor o cada aviso de Hacienda encuentran en el buzón treinta folletos de las ofertas de El Corte Inglés.

 

De su vida moral hay que decir otro tanto, que se mueve dentro de una banda muy estrecha, muy lejos del sumo bien y del mal absoluto. Desde luego, ni son enteramente culpables ni son inocentes por completo, sino todo lo contrario. Es lógico sentir hacia ellos más admiración que desprecio y más piedad que admiración.

 

En resumen: los hombres me parecen, más que inocentes, inexpertos, y más que culpables, insolventes. Por otra parte, todos desean ser perdonados, pero no a costa de que les digan que sus pecados son insignificantes.

22/11/2006 15:50 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

En el nombre de Dios

El gran rabino de Jerusalén fustiga al terrorista palestino cargado de explosivos en una calle de Jaffa, pero no dice nada sobre el asesinato de los habitantes de un barrio de Cisjordania destruidos por unos misiles de Tsahal; el papa carga contra la píldora anticonceptiva, a la que hace responsable del genocidio más grande de todos los tiempos, pero defiende activamente la masacre de centenares de miles de tutsis por parte de hutus católicos de Ruanda; las más altas instancias del Islam mundial denuncian los crímenes del colonialismo, de la humillación y de la explotación que el mundo occidental les hace padecer, pero festejan una Jihad planetaria llevada a cabo bajo los auspicios de Al Qaeda. Fascinaciones por la muerte de los extranjeros, los descreídos y los infieles, por otro lado, las tres religiones monoteístas consideran al ateo como el enemigo común.

 

Las indignaciones monoteístas son selectivas: el espíritu corporativo funciona a pleno rendimiento. Los judíos disponen de su Alianza, los cristianos de su Iglesia y los musulmanes de su Umma. Estas tres escapan a la ley y disfrutan de una extraterritorialidad ontológica y metafísica. Entre miembros de una misma comunidad, todo se defiende y se justifica. Un judío, Ariel Sharon, puede hacer exterminar a un palestino, el poco defendible Cheick Hiacine, y no ofende a Yahvé, porque el asesinato se efectúa en su nombre. Un cristiano, Pío XII, tiene derecho a justificar a un genocida que masacra judíos, (Eichmann puede huir de Europa gracias al Vaticano), y no hace enfadar a su Señor, porque el genocidio venga el deicidio atribuido al pueblo judío. Un musulmán, el mulah Omar, puede hacer arrestar a unas mujeres acusadas de adulterio, esto complace a Alá porque el patíbulo se construye en su nombre. Detrás de todas estas abominaciones, unos versículos de la Torá, unos pasajes de los Evangelios, unas suras del Corán que legitiman, justifican y bendicen.

 

Desde el momento en que la religión tiene efectos públicos y políticos, aumenta considerablemente su poder de causar daños. Cuando alguien se fundamenta en un pasaje concreto elegido en alguno de los tres libros para explicar la legitimidad y la justificación del crimen perpetrado, el delito se convierte en inatacable. ¿Alguien puede ir contra la palabra revelada, las sentencias de Dios, la llamada divina? Porque Dios no habla (sólo al pueblo judío y a algunos iluminados a los que a veces envía un mensajero, por ejemplo una virgen), sino que los clérigos le hacen hablar. Cuándo un hombre de Iglesia se expresa, cuando cita los pasajes de su libro, oponerse equivale a decirle no a Dios en persona. ¿Quién dispone de la suficiente fuerza moral y de convicción para rechazar la palabra de Dios? Toda teocracia hace imposible la democracia. Mejor dicho, una brizna de teocracia impide la existencia misma de la democracia.

28/07/2006 08:34 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Y llegó Freud

“Conócete a ti mismo” (Nosce te ipsum). Esta inscripción, elegida por los siete sabios para figurar en el frontispicio del templo de Delfos, es clásica en el pensamiento griego. Los pensadores de todos los tiempos han reflexionado sobre ella siguiendo el ejemplo de Sócrates y Platón y atribuyéndole diversos matices.

 

La sabiduría de Occidente comienza, en su vertiente filosófica, con este pensamiento e intenta apartarse de adivinanzas y supersticiones. Parece que el origen del adagio se remonta a escritos antiguos de Heraclio, Esquilo, Herodoto y Píndaro; y surge como una invitación a reconocerse mortal y no dios. También se dio en otras culturas antiguas: Israel, los Veda y Avesta, Confucio, Lao-Tsé, los Tirthankara, Buda, Homero, Eurípides, Sófocles, Platón y Aristóteles. Sócrates lo eleva a un nivel filosófico como un examen moral de uno mismo ante Dios. Platón lo orienta hacia la verdadera sabiduría en un fantástico sistema de pensamiento. Erasmo dirá que es el inicio del filosofar en cuanto lleva a la consciencia humilde de “saber que no sabe nada”. Los Padres de la Iglesia lo toman y lo encuentran en los escritos bíblicos (Cant 1,8. “Si tú no te conoces, seguirás el camino del rebaño”; Dt 15,9 “Estate atento a ti mismo”). San Agustín hace célebre el aforismo elevándolo también a Dios, diciendo que el fin de la vida es “conocerte y conocerme”. El hombre se conoce cuando va al fondo de sí mismo y ahí encuentra la imagen de Dios. 

 

La búsqueda filosófica no surge de preguntarse ¿quién es Dios? sino ¿quién es el hombre? De lo más próximo a lo más elevado y profundo. La Ilustración, con todo su entusiasmo, fue un paréntesis  con malas consecuencias, como detecta el postmodernismo, que refuerza la tesis de Bruno Forte cuando dice: “Entre el triunfo de la identidad y la apología de la diferencia, resuelta en el dominio omnicomprensivo de la nada, entre el tiempo de la ideología y del nihilismo, la causa del hombre exige que se busque un camino distinto entre los tiempos, capaz de escaparse tanto de la seducción alienante del pensamiento solar, como del hechizo trágico de la victoria final sobre las tinieblas”. En tiempos más cercanos, Scheler y Heidegger destacan que nunca hemos sabido tantas cosas sobre el hombre y nunca hemos sabido menos del hombre. Es lógico que así suceda cuando se prescinde de la Revelación por una parte, y por otra de los conocimientos de la filosofía perenne. El hombre supera infinitamente al hombre, decía Pascal, refiriéndose a ese algo tan superior a la materia que le forma. Además está la riqueza de los sentimientos. Mucho perjuicio hizo al progreso del pensar la rotura del nominalismo en el siglo XIV, aún no superada. De una parte se perdió la metafísica y se separó de la filosofía, que se convirtió en un galimatías lógico. Blaise Pascal dice acertadamente: “¡Qué quimera el hombre! ¡Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué contradicción, qué prodigio! Juez de todas las cosas y gusano infecto, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y error, gloria y desecho del universo”.

 

En los últimos tiempos, tres son los pensadores que por su gran influencia han aportado claves revolucionarias en el conocimiento del hombre: Marx, Nietzsche y Freud. Los tres prescinden de Dios, y los tres apoyan su visión en algún aspecto negativo del ser humano. Karl Marx dice que la clave de toda la realidad es la economía. La alineación económica explica lo demás. Nietzsche es más complejo, pero también tiene una clave, y es la voluntad de poder del hombre. Sigmund Freud hace lo mismo con la libido sexual, y con ella pretende explicarlo todo.  

 

Al estudiar al hombre desde una nueva perspectiva: su persona y su personalidad, el psicoanálisis es a la filosofía lo que la piedra filosofal a los alquimistas. Freud encontró el camino para llegar al inconsciente, a lo más recóndito, oscuro y desconocido del ser humano. Siglos y siglos de incertidumbre iban a disiparse mediante un estudio positivista, pero cuando las investigaciones tropezaron con el inconsciente, todo se volvió confuso, puesto que el inconsciente es algo realmente inconsciente. “No tenemos objeto, no tenemos nada”, dijo Jung. “Lo único que podemos hacer son inferencias, ya que no podemos ver nada, y en tales condiciones tenemos que elaborar un modelo de esa posible estructura del inconsciente”. La luz de la vela que iluminaba las tinieblas de la ignorancia se apagó de repente cuando se vio que el yo está en constante evolución y que, por tanto, nunca puede ser completamente conocido. Así regresamos de nuevo al mandala, al arquetipo más viejo, al símbolo del cuadrado en el círculo o el círculo en el cuadrado que expresa el esquema del mundo desde la Prehistoria.

18/07/2006 09:48 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

La ciencia desacralizada

En un principio, y sobre todo a partir de la Ilustración, la razón y la ciencia se perfilan como poderosos medios de progreso que liberan a la humanidad del sistema de creencias sobrenaturales en el que había estado sumida en el Antiguo Régimen. Para empezar, Nietzsche critica a la ciencia que eleve sus principios al mismo grado de verdad absoluta que la religión, ese objetivo de verdad incuestionable.

 

En la primera mitad del siglo XIX, Saint-Simon y Comte ejemplifican bien esa tendencia que no hace sino colocar a la ciencia en el lugar que ocupaba antes la religión. Tanto es así que Comte escribirá una obra titulada “Catecismo positivista” que pretende divulgar la idea de una nueva religión, una especie de catolicismo sin cristianismo que copia la organización de la iglesia católica y establece una clase de sacerdotes que serán los sabios positivos, un Papa y un calendario especial con festividades propias donde la ciencia y su sistema de leyes y verdades vienen a sustituir al dogma de fe; un sistema donde la “razón positiva se caracteriza por la determinación científica de las relaciones entre los individuos y el medio que los rodea”. Porque Comte pensaba que la humanidad había dejado atrás el periodo medieval: teológico, y tras superar un paréntesis revolucionario: metafísico, entraba por fin en una etapa positiva, basada en el individuo y la razón.

 

Para Nietzsche esa tendencia significa situar la verdad en un plano elevado al que sólo llegarán los iniciados, igual que antes con el cristianismo, y además desprestigiar el mundo de la realidad cotidiana, el plano de los sentidos, del error, al no poder evitar compararse con el mundo verdadero de las ideas. Entonces ocurre que los científicos no son tanto hombres libres, podríamos decir también liberados, al estar atados en ese trabajo de tipo ascético que nunca acaba de aproximarse al mundo de la verdad. El hombre seguiría siendo empequeñecido por la ciencia ya que, en definitiva, lo mismo da que esa insignificancia se la recuerde su sometimiento a una voluntad divina que a una ley científica. Si un rayo cae a nuestro lado, en parte da lo mismo que pensemos que lo manda Dios o que lo causa una ley atmosférica.

 

Por tanto, lo que se critica es la alienación, la enajenación que produce en el hombre en entronización de la verdad; porque, por decirlo en palabras de Stirner, si uno se pregunta continuamente lo que dirá su Dios, lo que dirá su sentido moral, su conciencia, su sentido del deber, o lo que las gentes van a pensar, entonces, “no escuchan ya ni poco ni mucho lo que Él mismo hubiera podido decir y decidir”. En resumen, puede decirse que lo que desagrada a Nietzsche es la debilidad de refugiarse en el ideal de verdad, aunque sea científica, para no aceptar con valor el carácter de inseguridad y de incertidumbre que tiene la vida.

06/07/2006 21:43 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

El psicoanálisis

El psicoanálisis fue concebido como un movimiento cuasi religioso basado en una teoría psicológica y equipado con una psicoterapia. Esto, en sí mismo, es perfectamente legítimo. Mis críticas se dirigen contra los errores y las limitaciones inherentes al camino que siguió. En primer lugar, padeció el mismo defecto que pretendía curar: la represión. 

El segundo defecto fue su carácter autoritario y fanático, que impidió el desarrollo fructífero de la teoría del hombre y condujo al establecimiento de una burocracia atrincherada.

“El movimiento” pretendía la reforma de la humanidad, pero ese descubrimiento se atoró en un camino fatal. Fue aplicado a un pequeño sector de la realidad: el de los impulsos de la libido del hombre y su represión, y poco o nada en absoluto a la más amplia realidad de la existencia humana y a los fenómenos sociales y políticos. Los freudianos creen que han encontrado la solución de la vida en la fórmula de la represión de la libido.

28/05/2006 11:55 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Bilis negra, enfermedad de los intelectuales

“¿Por qué será que quienes han destacado en filosofía y en otras artes son individuos melancólicos, afligidos por la enfermedad de la bilis negra?” Problemas, Aristóteles.

Esta cita de Aristóteles sugiere la propensión de los intelectuales a la tristeza, basada en la teoría del insigne Hipócrates de Cos que atribuye la melancolía al planeta Saturno. Saturno inducía al bazo a segregar grandes cantidades de bilis negra (melainacole), la cual oscurecía el estado de ánimo.

Si analizamos sólo la rama de la Filosofía, nos encontraremos con intelectuales como Hobbes, Hume, Kant, Nietzsche, Heidegger, Sartre, Ortega y Gasset, Voltaire… Una opinión que comparten estos pensadores es la de que sólo aquellos que no reflexionan sobre la vida pueden conservar la esperanza. De entre todos ellos quizás sea Voltarie quien ridiculizó más agudamente al optimismo. Su obra “Cándido o el optimismo” es la caricatura más famosa de este impulso positivo y en su “Diccionario filosófico” plantea un desafío a quienes no estén de acuerdo con su noción negativa de la vida: “Si se asoman a la ventana, verán solamente personas infelices, y si de paso cogen un resfriado, también ustedes se sentirán desdichados”, presagiaba con ironía el filósofo.

Tuvo que pasar medio siglo hasta que los filósofos se asomaron a las ventanas para ver a sus semejantes en un entorno natural. Cuando Unamuno abrió la ventana de su despacho observó que los españoles “no quieren comedia sino tragedia” y escribió el ensayo que lleva por título “Del sentimiento trágico de la vida”, algo que no le impidió defender más tarde que a las personas optimistas les mueven las ilusiones, por eso “pelean y no se rinden ante la adversidad”, y llegar a la conclusión de que “no suelen ser nuestras ideas las que nos hacen optimistas o pesimistas, sino que es nuestro optimismo o nuestro pesimismo, de origen fisiológico o patológico tanto el uno como el otro, el que hace nuestras ideas”.

Otro gran pensador, Bertrand Russell, que “en la adolescencia odiaba la vida y estaba continuamente al borde del suicidio”, advirtió que los individuos con una disposición positiva y abierta llevan vidas más agradables y se adaptan mejor a las circunstancias que aquellos que se inclinan hacia el negativismo y rechazan lo que les rodea.

Quizás el pesimismo de tantos intelectuales que se dedicaron y se dedican a entender la vida se deba a que encasillan supuestos morales preconcebidos en sus teorías fatalistas.

01/05/2006 19:32 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

El arte de la razón

Los grandes artistas son aquellos que combinan soledad y universalidad, subjetividad y objetividad, espontaneidad y disciplina, y quizá sea éste el verdadero milagro del arte, que lo distingue tanto de la técnica como de la ciencia. En todas las civilizaciones que han utilizado el arco, las flechas tienden a adaptarse a él, midiendo dos tercios de su longitud. Esta importante convergencia técnica, sin embargo, no dice nada de la humanidad, sino sólo de su inteligencia, y menos todavía de los individuos que la forman: solamente se debe al mundo y sus leyes. Es invención, no creación, y poco importa el sujeto que la inventa. Nadie duda de que, sin los hermanos Lumière, habríamos tenido igualmente el cine. Pero sin Gorard jamás habríamos tenido Al final de la escapada ni Pierrot el loco. Sin Gutemberg, tarde o temprano, habríamos tenido imprenta. Sin Villon ni un solo verso de la Balada de los ahorcados. Los inventores nos hacen ganar tiempo. Los artistas nos lo hacen perder, y lo salvan.

Lo mismo cabe decir de las ciencias. Supongamos que Newton o Einstein hubieran muerto al nacer. La historia de las ciencias, ciertamente, hubiera sido otra, pero más en lo que se refiere a su ritmo que en su mismo contenido, más en lo que se refiere a sus anécdotas que en su misma orientación. Ni la gravitación universal ni la equivalencia de masa y energía se hubieran perdido: alguien, en algún momento, las hubiera descubierto, y por eso, en efecto, hablamos de descubrimientos y no de creaciones. Pero si Shakespeare no hubiera existido, si Miguel Ángel o Cézanne no hubieran existido, jamás habríamos tenido ninguna de sus obras ni nada que pudiera reemplazarlas. En tal caso, no sólo habrían cambiado el ritmo, los personajes o el transcurso anecdótico de la historia del arte, sino también su contenido más esencial e incluso, en parte, su misma orientación. Eliminemos de la historia de la música a Bach, Haydn y Beethoven: ¿quién puede saber qué hubiera sido de la música sin ellos? ¿Qué habría hecho Mozart sin Haydn, Schubert sin Beethoven o todos ellos sin Bach? Son los genios quienes hacen avanzar al arte, quienes lo constituyen, y son tan insustituibles post facto como imprevisibles de antemano.

Cabría decir lo mismo de la filosofía. Sin Platón, sin Descartes, sin Kant, sin Nietzsche, la filosofía habría sido, y seguiría siéndolo, esencialmente distinta de lo que es actualmente. Esto bastaría para probar que no es una ciencia. Pero, ¿es acaso un arte? Estamos ante una cuestión de definición. No obstante, lo es en la medida en que no existiría, o sería completamente distinta, sin cierto número de genios singulares, es decir, al igual que en el arte, originales y ejemplares: son ellos quienes nos sirven de criterio o regla, como diría Kant, para juzgar acerca de lo que una obra filosófica puede o no ofrecernos. Éste es el arte de la razón, si queremos decirlo así, para el que la verdad posible sería una belleza suficiente.

02/04/2006 20:29 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Deseo pesimista

“Aspiro a un reposo absoluto y a una noche continua. Poeta de la loca voluptuosidad del vino y del opio, no tengo sed sino de un licor desconocido sobre la tierra, y que la farmacia celestial no podría ofrecerme; un licor que no contendría ni vitalidad ni muerte, ni la ejercitación ni la nada. No saber nada, no enseñar nada, no querer nada, no sentir nada, dormir y seguir durmiendo, éste es hoy mi único deseo”.

Baudelaire

AUNQUE SEA UN INSTANTE

Aunque sea un instante, deseamos
descansar. Soñamos con dejarnos.
No sé, pero en cualquier lugar
con tal que la vida deponga sus espinas.

Un instante tal vez. Y nos volvemos
atrás, hacia el pasado engañoso cerrándose
sobre el mismo temor actual, que día a día
entonces también conocimos.

Jaime Gil de Biedma

Cuanto más fuerte es el deseo, cuanto más potente la aspiración, más dolorosa es la existencia, más trágica la condición del hombre, más absurda la vida. Este mundo es el peor de los mundos posibles, porque si fuera peor no podría existir como tal. Y la inteligencia no hace otra cosa que acrecentar nuestro tormento y nos hace tomar consciencia del mal que hay en nosotros y de todo el mal que nos rodea. Mal que tiene su fundamento en esta condena de ser prisioneros de nuestro propio presente, porque nuestra existencia se halla verdaderamente limitada al momento actual. El flujo del pasado a la nada y el futuro es el camino de la muerte. Sólo tenemos presente, pero el presente es movimiento y se transforma y acontece pasado, y el futuro es corto e incierto.

La vida es, pues, un distraerse de la muerte; es evitar morir y posponer nuestra destrucción. La finalidad de todas nuestras actividades espirituales no es sino una forma de evitar el aburrimiento y el asco; nuestra vida es un péndulo que oscila constantemente entre el dolor y el aburrimiento, que son, en realidad, los elementos constitutivos de la vida: cuando el dolor se aligera cede el turno al aburrimiento y al tedio. La monotonía de los días que pasan, todos iguales, monocordes y obsoletos, sin relieve y sin gracia, idénticos todos con su absurdidad, su nada con la repetición incesante de los hábitos de vivir.

Todo es aburrimiento; aburrimiento como el domingo al atardecer, donde no hay ni tan solo lugar para el deseo y todo parece deshacerse en el tedio y la ardua empresa de matar el tiempo, de distraernos de la consciencia del tiempo que pasa. Matar el tiempo no es otra cosa que el deseo de abreviar la vida que tantos esfuerzos nos cuesta alargar.

Parece que hay un momento privilegiado, un instante muy leve, donde la consciencia olvida aquella voluntad de vivir. Un instante de bienaventuranza en el cual, como un milagro, cesa el tormento y se accede al reposo y a la quietud. Un instante donde cesa la necesidad y no se quiere ni se desea ninguna cosa. Y donde la insaciable voluntad se retira.
22/03/2006 08:54 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

De cómo la Lógica puede demostrar cualquier cosa

Bertrand Russell estaba tratando sobre los enunciados condicionales y sosteniendo que un enunciado falso implica cualquier cosa, todo. Un filósofo escéptico le preguntó:

-¿Quiere usted decir que si 2+2=5, entonces es usted el Papa?

Russell contestó afirmativamente y ofreció la siguiente demostración a modo de prueba:

-Si suponemos que 2+2=5, entonces seguramente estará usted de acuerdo en que si restamos 2 de cada lado de la ecuación, nos da 2=3. Invirtiendo los términos, tenemos que 3=2 y restando 1 de cada lado, nos da 2=1. De modo, que como el Papa y yo somos dos personas, y 2=1, entonces el Papa y yo somos uno. Luego, yo soy el Papa.

 

08/03/2006 21:37 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

No somos nadie

No somos nadie. Los hombres nacen, crecen y mueren. Sí, ya sé que la letanía completa dice que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Su condición corporal, a la vez que les impone un fatal desenlace, les permite perpetuarse de algún modo en sus hijos. Aunque, por suerte para la humanidad, no todos los hombres tienen hijos, la selección natural implacable deja estériles a aquellos cuyos genes no son dignos de transmitirse.

Para hacer una historia familiar detallada, diré que los hombres pertenecemos al orden de los primates, suborden de los homínidos, y aquí hago una precisión que ningún paleontólogo, y mucho menos un moralista, dejaría de consignar: no todos los homínidos somos iguales. Aunque las mentes más abiertas, más liberales y ecuménicas, que prefieren destacar los elementos comunes sobre las diferencias, no pueden menos que reconocer que el mono es prognato y el hombre ortognato. No me refiero a la simple apariencia facial, hablo del ¡cerebro! Del desarrollo biológico del hombre que es, entre otras cosas, una cerebración creciente.

Partiendo de una masa cerebral del tamaño de un guisante, a finales del Terciario, algunos homínidos han llegado a alcanzar en la actualidad los 1.500 centímetros cúbicos. Un suceso glorioso. Pero no se queda ahí la gloria del hombre, en su masa encefálica en expansión, cada vez más grande y más compleja, un buen día saltó la chispa: la primera idea, ¡voilà! había nacido el homo, el primer hombre. Nos hicimos cazadores, agricultores, ganaderos, herreros y ¡oh, prodigio! científicos.

Tal vez a causa de tantos "logros", en nuestra condición humana haya arraigado la tendencia a la vanidad, una irrisoria pasión por lo que siempre se llamó y se seguirá llamando, de manera absolutamente inapropiada, el progreso. ¿Pero existe acaso el progreso? Hay quien afirma que cada avance es un retroceso, que cada conquista conlleva una decepción. Yo pienso que después de todos los males que ha eliminado el progreso, nuestra vulnerabilidad sigue siendo la misma y que después de todos los avances científicos, nuestra estupidez no ha disminuido un ápice.

Y es que el hombre es un ser estúpido por naturaleza, porque ¿no es cierto que, a medida que la humanidad se perfecciona, el individuo se degrada? ¿Qué me hace opinar así? Explicaré un rumor, que por ser rumor no deja de ser inquietante. Quizá alguien conozca la teoría que han difundido las universidades de Pretoria y Johannesburgo, según esta teoría, los negros fueron creados por Dios junto a los otros animales, para que ya en el paraíso sirvieran a los blancos como chóferes y cocineras. El argumento tiene fuerza persuasiva, es innegable: si Dios hubiera querido que los negros fuesen libres, los habría creado blancos.

Creo que la frontera entre el hombre y el animal no está clara; es imperceptible. ¿Quién puede asegurar que todos los seres humanos son racionales? ¿Podemos aseverar que todos los animales carecen de razón? Mejor pasamos por alto los casos individuales, me refiero a la especie humana en general. El hombre es el único animal que después de tropezar dos veces con la misma piedra, va, se gira y le da una patada. ¿Qué impresión puede causar esto en el resto de los animales? ¿Risa? ¿Compasión?

El hombre es un ser menesteroso, que busca su propio bien y a menudo se equivoca. No sabe resistirse al mal ni tampoco complacerse en él. Todo es mediocre en los humanos, somos bastante imperfectos. Nuestra vida no se caracteriza por el gozo ni por el dolor, sino más bien por la atonía. Vivimos siempre esperando lo mejor y temiendo lo peor. De nuestra vida moral hay que decir otro tanto, que se mueve dentro de una banda muy estrecha, muy lejos del sumo bien y del mal absoluto. No somos ni totalmente culpables, ni inocentes por completo, sino todo lo contrario.

En resumen: los hombres me parecen más que inocentes, inexpertos, y más que culpables, insolventes.

¿Bueno? ¿El hombre es bueno por naturaleza? Para responder a esta pregunta habría que definir previamente el adjetivo bueno, y un filósofo nunca incurriría en semejante disparate. El filósofo ha averiguado que por encima de todos los conocimientos concretos, y frecuentemente contra ellos, existe un conocimiento superior caracterizado por la abstracción. El filósofo es un especialista en generalidades: cada vez sabe menos de más cosas, hasta que llega a no saber nada de todo. He aquí la síntesis última de los grandes sistemas filosóficos, la apoteosis de la razón.
11/01/2006 21:35 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

¿Existe Dios?

¿Existe Dios? No podemos saberlo. Dios sería la respuesta a la pregunta por el ser, por lo verdadero, por el bien, y estas tres preguntas, o estas tres personas, no sería sino una sola.

Pero el ser no responde. Es lo que llamamos mundo.

Pero lo verdadero no responde. Es lo que llamamos pensamiento.

¿Y el bien? Todavía no responde. Y es lo que llamamos esperanza.

¿Existe Dios? Existe por definición, sin que, no obstante, podamos tomar su definición por una demostración.

Esto es lo que hay de fascinante y de irritante a la vez en la famosa prueba ontológica, que atraviesa al menos desde san Anselmo a Hegel, el conjunto de la filosofía occidental. ¿Cómo se define a Dios? Como el ser supremo (san Anselmo: “El ser en relación con el cual es imposible concebir nada más grande”), el ser absolutamente infinito (Spinoza-Hegel). Ahora bien, si no existiera, no sería ni el más grande ni el más infinito: a su perfección, esto es lo menos que se puede decir, le faltaría algo. Por lo tanto, existe por definición: pensar a Dios (concebirlo como ser supremo, perfecto, infinito…), es pensarlo como existente. “De la esencia de Dios no puede separarse su existencia –dice Descartes-, del mismo modo que de la esencia de un triángulo rectángulo no puede separarse el que la suma de sus tres ángulos sea igual a dos rectos, o de la idea de una montaña la idea de un valle; de modo que no es menos contradictorio concebir un Dios (esto es, un ser soberanamente perfecto) al que le faltara la existencia (esto es, al que le faltara alguna perfección), que concebir una montaña sin valle alguno”. Se replicará que esto no demuestra que existan montañas y valles… ciertamente, responde Descartes, pero sí demuestra que montañas y valles son inseparables. Lo mismo sucede en el caso de Dios: su existencia es inseparable de su esencia, inseparable de él, pues, y por eso existe necesariamente. El concepto de Dios, dijo Hegel, “incluye en él el ser” Dios es el único ser que existe por esencia.

Que esta prueba ontológica no demuestra nada está bastante claro: de lo contrario, todos seríamos creyentes, lo que la experiencia basta para desmentir, o idiotas, lo que no puede probar. Por otra parte, ¿cómo podría una definición demostrar algo? Sería como pretender enriquecerse definiendo la riqueza… Cien francos reales no contienen nada más que cien francos posibles, señala Kant, pero soy más rico con cien francos reales “que con su simple concepto o posibilidad”. No basta con definir una suma para tenerla. No basta con definir a Dios para demostrar su existencia.

 

 

14/12/2005 09:06 Autor: María Dubón. Permalink. Tema: Filosofando

Yo soy yo

Yo soy yo, evidentemente. Quiero decir que me reconozco en pensamientos y en una particular mirada hecha de rutinas, de actitudes y de comportamientos. Éste es mi mundo conocido, un conjunto de cogniciones, sensaciones y emociones con las cuales me identifico. Pero paralelamente a este espacio seguro, existe un mundo de percepciones extrañas y de sombras donde, de alguna manera, también soy. Es el territorio, alejado de la voluntad e incluso de la identidad, donde las ideas, sentimientos o actos inquietantes y creativos nos asaltan.

Éste es el conflicto psicológico que describe la fábula de Jekill y Hyde, una creación literaria que mantiene su vigencia a lo largo del tiempo. Como muchas otras poderosas imágenes culturales, nos atrapa porque nos pone en contacto con fenómenos esenciales, universales, y a menudo poco tratados del hecho de vivir. El caso de Jekill y de Hyde nos habla de esa tendencia que tenemos a identificarnos y a reconocernos sólo en una parte del conjunto de nuestro ser y de nuestras potencialidades. En nuestra evolución como personas hemos ido aprendiendo, a partir de la interacción constante de nuestro organismo con el entorno, que ciertas maneras de hacer, sentir y pensar son más eficaces que otras para satisfacer nuestras necesidades. Con los años, nos hemos organizado y construido alrededor de este núcleo, forjándonos una personalidad, una identidad, un yo. Por ejemplo, hemos adquirido habilidades para tratar con la agresividad y la confianza que nos llevan a pensar: yo soy valiente, y ser valiente ha terminado por formar parte de nuestro yo. Al hacer esto, decimos también: yo no soy, y excluimos de nuestra identidad y consciencia aspectos indisociables de la vida, como la vulnerabilidad o el miedo. Aspectos que, forzosamente, a lo largo de nuestra existencia emergerán y pondrán en conflicto la identidad del yo abriendo el dilema: evolución o conservación de esta identidad.

Podemos negarnos, pero no dejar de ser. Con frecuencia, en los elementos en la sombra de nuestra personalidad se encuentra también el aliento de la vida que falta en el seguro y limitado equilibrio de lo que ya reconozco de mí. El caso de Jekill es ilustrativo y a la vez un ejemplo paradigmático de lo que no se ha de hacer en estas situaciones. El razonable y victoriano Jekill vive en un yo pequeño donde no hay sitio para aspectos tan esenciales como la libre sexualidad o la expresión de la rabia  y el dolor. Hace ver que no es suyo, y no aprende a integrarlo en su personalidad. Lo aparta tanto que lo vive como un monstruo ajeno a él, un extraño que le asalta y que él no puede controlar. Hyde, de hecho, sólo es la liberación salvaje, repentina, de estas fuerzas e instintos. Su virtud es señalar la conveniencia de integrar, de hacer alguna cosa con este trozo de vida reprimido. Su peligro es que explota sin consciencia ni aprendizaje, porque Jekill no es. Es demasiado rígido y tiene demasiado miedo para implicarse en el proceso de aceptar, de integrar, de responsabilizarse de Hyde y de aprender. Por contra, prefiere la incómoda seguridad de aquello que conoce y concentra su energía en negarse más y en iniciar una guerra feroz contra Hyde, que también le declara a él la guerra.

 

Así comienzan los boicots, los olvidos, las ausencias. Explota la ansiedad y la paranoia, mientras el cuerpo se rebela somatizando la tensión, y los sueños se convierten en armas letales y desestabilizadoras. Jekil podría aprender a ser Hyde sin renunciar a ser Jekill. Ampliar su percepción del mundo y de sí mismo; evolucionar, madurar en el conflicto y reconocerse en un nuevo yo más sabio y más completo. Incluso podría ir más lejos, y con la experiencia vivida intuir el terreno donde la parte psicológica limita con la trascendente. Pero Jekill no lo hace. Se enreda en una situación autodestructiva: intenta eliminar a Hyde, y con él anula la potencialidad del cambio y del aprendizaje. La vida queda estancada. Al hacer desaparecer a Hyde, Jekill involuciona y, psicológicamente, muere.

 

Reflexionar sobre la historia de Jekill y Hyde abre la puerta a un examen sobre el concepto limitado del “yo soy” que solemos utilizar. También señala la perentoriedad de actualizarnos y de no cerrarnos nunca a la posibilidad de crecer, aunque esto nos aproxime a aspectos de nuestra personalidad que nos hacen sentir vulnerables o extraños. Es preciso valorar la trascendencia que conlleva admitir este contacto, pues la valentía de aceptarnos tal y como somos y la importancia de responsabilizarnos de lo que somos, evita la negación de la conciencia de uno mismo.

24/11/2005 08:50 Permalink. Tema: Filosofando

Contra la lógica

La mente del hombre moderno está más interesada en la Psicología y en Ética que en la Teología y la Metafísica. Esto significa que la gente, entre ella los cristianos, tiene tendencia a apreciar las enseñanzas éticas de Jesucristo más que los argumentos teológicos de San Pablo. Por otra parte, los estudiosos del Nuevo Testamento intentan trazar una línea divisoria entre la “religión de Jesús” y “la religión acerca de Jesús”, entre la clara ética de Jesús y la sinuosa teología de San Pablo, entre el Jesús humano y el Cristo cósmico, con marcadas insinuaciones de que, en cada caso, el primero es más noble.

Pese a que hasta los eruditos aceptan la opinión de que la esencia de la religión es la ética, esta opinión es errónea. La religión seria siempre contiene llamamientos a la vida recta, pero su interés primordial no reside en ellos, sino que se concentra en una visión de la realidad que estimula la moralidad, a menudo casi como un subproducto. La religión comienza con la experiencia espiritual. Dado que la experiencia se realiza con cosas tangibles, incita a crear símbolos cuando la mente trata de pensar en cosas invisibles. Pero los símbolos son antiguos, de modo que con el tiempo la mente introduce pensamientos para resolver las ambigüedades de los símbolos y sistematizar sus intuiciones. Leyendo esta secuencia de frases de atrás hacia delante, podemos definir la teología como la sistematización de los pensamientos acerca de los símbolos que produce la experiencia religiosa. Los Credos cristianos son las bases de la teología cristiana por ser los primeros intentos de los cristianos destinados a entender, de forma sistemática, los acontecimientos que habían cambiado sus vidas.

Podemos analizar, como ejemplo, la doctrina de la Encarnación, cuya consolidación llevó varios siglos. Al sostener que Dios asumió en Cristo un cuerpo humano, afirma que Cristo era Dios-Hombre: pleno Dios y pleno hombre de forma simultánea. Calificar esta opinión de paradójica parece caritativo, porque se asemeja más a una franca contradicción. Si la doctrina sostuviese que Cristo era mitad humano y mitad divino, o que era divino en ciertos aspectos y humano en otros, nuestras mentes no se inmutarían. Pero esas concesiones son las que precisamente se niegan a hacer los credos.

La Iglesia siempre ha admitido que estas afirmaciones son muy poco claras; la pregunta es si ésta es la última palabra sobre el tema. De hecho, podemos hacernos la misma pregunta respecto a la ciencia. Las anomalías de la física exploratoria provocaron en Haldane su famosa queja: “El universo no sólo es más extraño de lo que suponemos, sino que es más extraño de lo que podemos suponer”. Al parecer, en más de una disciplina la realidad puede ser demasiado rara para que la lógica la comprenda. Y donde la lógica y la evidencia chocan, lo prudente parece ser quedarse con la evidencia, porque ofrece la posibilidad de conducir hacia una lógica más amplia, mientras que lo contrario cierra el camino al descubrimiento.

Al sugerir que fue la evidencia lo que obligó a los cristianos a asegurar, en contra de la lógica, que Cristo era tanto humano como divino, hablamos, por supuesto, de la experiencia religiosa, las intuiciones del alma relativas a las cuestiones más importantes de la existencia. Esta evidencia no puede ser presentada de manera tan obvia que obligue a aceptarla, porque no ofrece datos con sentido. Pero si lo intentamos, podemos llegar a tener al menos un indicio de los ejemplos de experiencia que seguían los cristianos. En el año 325, cuando el emperador Constantino convocó el Concilio de Nicea para decidir si Cristo era de la misma sustancia que Dios o sólo de una sustancia parecida, trescientos obispos y sus ayudantes acudieron de todas partes con un profundo estado de excitación y sus deliberaciones, es obvio, fueron algo más que forenses.

La decisión de Nicea de que Cristo era “consustancial con el Padre” influyó tanto en la idea que se tenía de Jesús como de Dios. Al decir que Jesús era Dios, una de las cosas que afirmaba la Iglesia era que la vida de Jesús es el modelo que debe seguir toda vida humana. La imitación exacta de los detalles nunca es creativa, pero en la medida en que el amor de Cristo, su libertad y el ejemplo diario de su vida puedan tener auténticos equivalentes en nuestras vidas, estaremos en el camino que conduce a Dos, porque estas cualidades son auténticamente divinas.

16/11/2005 09:29 Permalink. Tema: Filosofando

Objetividad

La objetividad es siempre deseable, aunque desgraciadamente es imposible. Inmersos en un mundo cuya naturaleza profunda se nos escapa, tributarios de nuestros sentidos, que a veces nos suministran informaciones de dudosa fiabilidad, como ya observó Descartes con el ejemplo del palo que parece doblarse cuando se introduce en el agua, o el de las filas de casas que parecen juntarse al final de la calle, prisioneros de la estructura de nuestro cerebro y de las categorías de nuestra inteligencia; formados o deformados por el medio ambiente, la educación, las plurales influencias que recibimos con harta frecuencia, sin que nos demos ni cuenta, sobre nuestro juicio, a lo que se añade nuestra propensión a pintar las cosas del color que más nos conviene y a no ver en ellas más que lo que nos gusta, todo viene a demostrar que la objetividad es un ideal inaccesible o, dicho más prosaicamente, una ilusión más. En resumen, es tan imposible tener una visión objetiva del mundo como que un pez salga del agua para tomar una vista general del océano.

07/11/2005 10:28 Permalink. Tema: Filosofando

Invirtiendo el enfoque

Invirtiendo el enfoque freudiano que afirma que las neurosis femeninas surgen de la frustración que origina la ausencia de pene, podemos preguntarnos si los hombres no se sienten frustrados ante su incapacidad de gestar un hijo. ¿No será la envidia de la maternidad un complejo más antiguo y arraigado que esa absurda envidia del pene? Porque existen pruebas.

 

El hombre ha tenido miedo de la singularidad femenina: de la menstruación, de la capacidad intuitiva y del conocimiento innato de la mujer, miedo también del deseo incontrolable que provocan sus curvas y le deja a merced de sus encantos sexuales, y de esos órganos reproductores escondidos y misteriosos que le provocan las más terribles fantasías.

Los indios americanos asustaban a sus hijos con historias de vaginas asesinas dispuestas a arrancar el miembro viril con la fuerza de sus dientes afilados. Los médicos del antiguo Egipto creían que el útero femenino se desplazaba por el interior del cuerpo de la mujer produciendo un trastorno emocional que luego los griegos denominarían histeria y que, según ellos, estaba asociado a la falta de relaciones sexuales.

¿No tendrá envidia el hombre de ese vínculo único que nace entre una madre y su hijo desde la concepción? ¿No será por envidia, por miedo a la propia inferioridad, por lo que el hombre se ha empeñado en demostrar la inferioridad de la mujer?

04/11/2005 08:58 Permalink. Tema: Filosofando

Evolución de Dios en la Historia

Hasta el siglo XIV, más o menos, puesto que no es un punto de partida y se le puede situar más pronto en Italia y más tarde en España, Dios era el personaje principal de la historia, que giraba en torno a Él como la ciudad alrededor de la catedral, y dominaba el pensamiento, el arte, la vida social y la vida privada. Su criatura era una persona hecha realmente “a su imagen y semejanza”, y como una persona es más importante que un montón de piedras, con frecuencia, solía haber, en la pintura, desproporción entre las figuras humanas y el decorado: el señor sobresalía por encima de las murallas de su castillo y el santo era representado con una iglesia en el hueco de su mano. Tal desproporción quedaba de relieve en todos los campos, incluso en el de las costumbres, que podían ir desde  la crueldad a la poesía dependiendo de que el ser humano sólo conservara, de su semejanza con Dios, el poder que creía haber recibido, o que, por el contrario, se sintiera vinculado a la misericordia y al amor. La Edad Media, pese a estar considerada una época tenebrosa, fue un tiempo de luz viva sobre el hombre, sus grandezas, sus debilidades, sus impulsos y sus discordias anteriores, como lo demuestra el abigarramiento contrastado de sus indumentarias o en la extravagancia de sus peinados. Extremos simbolizados por el guantelete de hierro del guerrero y la mano de san Francisco agujereada por los estigmas.

A partir del siglo XV, o un poco antes, ya que siempre se trata de una referencia cambiante en el esquema de las corrientes del espíritu, el hombre se desligó de la fascinación por Dios y se volvió hacia el mundo: iba a perder un Padre y a darse una Madre, la Naturaleza; la expresión “nuestra madre naturaleza” se convertiría en tópico de toda conversación.

Es la época de los grandes descubrimientos, y el hombre se encuentra de paso con divinidades paganas que se mantenían bien despiertas “en sus mantos de púrpura”. Ya no ordena la creación en torno a Dios, sino alrededor de sí mismo: en la pintura, la perspectiva dispone el decorado teniendo como única referencia la del punto de vista del pintor. El hombre se siente al mismo tiempo admirable e insignificante: admirable por la superioridad que su razón le otorga sobre las demás criaturas, e insignificante por el minúsculo lugar que ocupa en el torbellino del universo. El cuadro de Brueghel La caída de Ícaro da una idea de la nueva situación: casi hace falta una lupa para distinguir la zambullida del héroe en la inmensidad del decorado; la aventura de Ícaro termina como un ridículo y pequeño escupitajo sobre el agua. El ser humano no es ya una persona, porque persona es lo que hay en nosotros que dialoga con Dios, sino un individuo, que hablará con frecuencia de la “libertad individual”, pero nunca de “libertad personal”.

De este cambio se hallarán más pruebas de las precisas en la literatura del “Siglo de las Luces”, que combina de manera pasmosa la exaltación de la especie y el desprecio de sus representantes. El hombre es la única conciencia en el acto del universo, él es el ser supremo: no cesa de rendir homenaje a su genio, al tiempo que cobra un sentimiento cada vez más deprimente de su insignificancia material; los escritores abandonan al héroe de la antigüedad para consagrarse a la descripción minuciosa de las imperfecciones de la especie y de las mediocridades de la vida cotidiana.

Entretanto, el conocimiento de las leyes naturales progresa a grandes pasos, al mismo tiempo que el ateísmo; todo descubrimiento produce la impresión de acercarnos al momento ideal en que la naturaleza tendrá la cortesía de explicarse por sí misma.

Así fue hasta que, a mediados del siglo XX, se produjo una de esas revoluciones disimuladas de las que no se suele tomar conciencia hasta que es demasiado tarde y que modifican de manera drástica toda la mentalidad de una época: de unos  años acá las “leyes de la naturaleza” han dejado de tener fuerza de ley. Al ser consideradas corregibles, revocables por el progreso de las técnicas, una tras otra van desmontando la barrera que oponían a la voluntad humana, y dejan de facilitar referencias a la razón, que no depende ya más que de ella misma, sin que nadie sepa cómo utilizará el poder embriagante y fatal que mañana habrá pasado a ser suyo.

02/11/2005 08:27 Permalink. Tema: Filosofando

Animal que ríe

El hombre es un animal "risibile", no menos que racional, político o locuaz, adjetivos todos ellos esenciales, con rango de definición. ¿El único animal que ríe? No estoy segura, lo que sí podemos asegurar es que es el único animal que hace reír. Porque se trata de un adjetivo ambivalente: risibile significa también risible, ridículo. Los demás animales sólo hacen reír en la medida en que por su constitución, sus movimientos o sus presumibles intenciones, se asemejan al hombre. Esta es la razón por la cual el pabellón de los monos suele ser el lugar del zoo donde más patente se hace el alborozo de los visitantes. Tampoco ningún objeto, ninguna cosa hace reír si no es por referencia al hombre o por el uso que de ellos haga el hombre. Una gema puede ser bella o fea, pero sólo llegará a ser ridícula si va engastada en un anillo.

Sólo el hombre es ridículo y sólo él ha podido inventar tantas cosas ridículas. Es ridícula su vanidad y codicia de honores, de afectación, los entorchados, la pedantería, la envidia y sus tribulaciones. Añádanse las tautologías, la burocracia, las carreras de obstáculos. ¿Y puede haber algo más extravagante, más ridículo que las excepciones a una regla de ortografía? No olvidemos el fanatismo político, el fanatismo religioso, el fanatismo deportivo, el fanatismo. El rococó exportado a Kenia. ¿Y qué decir de los celos o la purpurina? Es ridícula la hipocresía y no menos la eterna búsqueda de la juventud. Las cáligas del señor obispo, la palabra “cáligas”. La fe en los horóscopos y la incredulidad ante lo evidente. Etc., etc. Pero, cuidado, esta monótona enumeración de motivos ridículos podría engañarnos; al fin y al cabo, su ridiculez no es mayor que la de otras manifestaciones humanas, sino sólo más notoria, quizás sólo más superficial. Ninguna enumeración, por exhaustiva que sea, debe hacernos olvidar un dato fundamental, aquello que lo engloba todo: el hombre es un animal risible. Que conste que no guardo ninguna animosidad contra el género humano. Cuando digo que el hombre es ridículo, lo digo con la misma indiferencia con que se enuncia una verdad científica. Si acaso, con un poco de delectación y otro poco de autocompasión. Este ejercicio de desapego me ha llevado varios años.
17/10/2005 21:33 Permalink. Tema: Filosofando

Mar de dudas

He leído una entrevista realizada a Ignacio Cirac, doctor en Física, que habría sido mejor pasar por alto, porque si mi cerebro escéptico está lleno de dudas, ahora incluso dudo de mis dudas.

Resulta que la Física cuántica está dando respuestas a preguntas que las anteriores leyes de física no explicaban. Cerca del cero absoluto (-273º C) un átomo presenta simultáneamente una propiedad y su contraria. Así, algo puede ser a la vez blanco y negro, frío y caliente... Rizando el rizo, un átomo puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Se le induce una propiedad e instantáneamente otro átomo que puede hallarse a miles de kilómetros, adquiere idéntica propiedad. Incluso es posible que una moneda caiga de cara y de cruz a la vez si no la miras, porque al mirarla aparece en cara o cruz impredeciblemente. Teorías filosóficas se vienen abajo, porque hay factores que dependen de la observación. Y ¿qué es la observación?, ¿en qué momento se produce?, ¿acaso cuando tenemos conciencia de ella?

Dios no juega a los dados, afirmó Einstein. Cómo va a jugar a los dados pudiendo entretenerse con la confusión de millones de criaturas ignorantes y desorientadas.
11/10/2005 08:37 Permalink. Tema: Filosofando

El hombre piensa

El hombre piensa, creyendo así alcanzar la verdad. ¿Qué clase de verdad? Ni siquiera podemos imaginar otra vedad que no sea humana. Esa verdad inimaginable, superior, incondicional, distaría probablemente de la verdad humana casi tanto como del error humano. A menudo nuestra verdad resulta humana en el sentido exagerado del término, en cuanto verdad subjetiva, en cuanto opuesta a la objetividad de lo real. A menudo la observación de un hecho no pasa de ser un mero proceso mental, y lo que llamamos relación causal entre dos hechos re reduce frecuentemente a una simple asociación de ideas. Sólo un loco puede decir la verdad, exclamó el sabio, pero otro mucho más sabio le respondió: Sólo un loco puede estar convencido de que posee la verdad.

El hombre piensa. Curiosa facultad esta del entendimiento humano, cuya misión parece que es no tanto obtener la verdad cuanto simplemente pensar, girar alrededor de la verdad. Lo cual nos revela de paso la utilidad de las palabras humanas: aunque no sirvan para contener la verdad y consiguientemente tampoco para comunicarla, sirven al menos para ejercitar los órganos de fonación. ¿Sólo para eso? También para componer sistemas filosóficos. También para entretener una tarde de lluvia. Muchas veces hablamos sólo para evitar el horror al vacío, que es miedo a la soledad y miedo a la oscuridad. Tal vez hablar sea el único consuelo que nos queda a los humanos ante la imposibilidad de comprender. Sin embargo, cabría otro consuelo, y es afirmar que nuestro destino no consiste en hallar la verdad, sino en buscarla.
29/09/2005 09:03 Permalink. Tema: Filosofando

Buda y el budismo

“¿Eres un dios?, le preguntaron. No. ¿Eres un ángel? No. ¿Un santo? No. ¿Qué eres entonces? Yo estoy despierto”, respondió Buda, y es que Buda significa “iluminado” o “despierto”.

En torno a la vida de Buda gira una entrañable leyenda. Se dice que cuando nació los mundos se inundaron de luz, los ciegos recuperaron la vista, los sordomudos comenzaron a conversar, los jorobados se pusieron derechos, los cojos caminaron, los presos fueron liberados de sus cadenas, el fuego del infierno se apagó y la paz abrazó al mundo. Únicamente Mara, el Maligno, no se alegró.

Buda nació el año 563 a. C. en lo que es hoy Nepal. Su nombre era Siddharta Gautama de Sakya. Su padre fue rey y le proporcionó una crianza esmerada con todo tipo de lujos. Se casó a los 16 años con la princesa Yasodhara y tuvieron un hijo llamado Rahula. Nada parecía faltar en la vida de Buda y, sin embargo, a los veintinueve años un descontento profundo lo llevó a abandonar todos sus bienes terrenales, se despidió en silencio de su mujer y su hijo, se vistió con harapos y se internó en el bosque en busca de la iluminación. Durante seis años persiguió este fin, estudió con los más destacados maestros hinduistas y aprendió cuanto estos yogis podían enseñarle. Luego se unió a un grupo de ascetas poniendo a prueba su fuerza de voluntad. Dicen que se sustentaba con seis granos de arroz al día, que apretaba los dientes y presionaba la lengua contra el paladar hasta que el sudor fluía por sus poros, que contenía la respiración hasta sentir un fuerte dolor de cabeza. Estas experiencias le enseñaron lo inútil del ascetismo, todas estas experiencias negativas no le aportaron la iluminación, pero aprendió a valorar el Camino Intermedio entre los extremos. Abandonada la mortificación del cuerpo, Siddharta persiguió el pensamiento riguroso y la concentración mística. Dice la tradición que se sentó bajo una higuera dispuesto a no levantarse hasta lograr la iluminación, allí hizo frente a las tentaciones del Maligno, que se presentó primero bajo la apariencia de Kama, Dios del Deseo, y luego con el disfraz de Mara, Señor de la Muerte. Siddharta resistió imperturbable ante tres mujeres voluptuosas y no se inmutó ante huracanes, lluvias torrenciales y aludes de piedras incandescentes, había llegado el Gran Despertar, Siddharta se había transformado en Buda y su dicha fue infinita, tan grande que durante 49 días permaneció extasiado antes de dirigir su mirada gloriosa al mundo.

A Buda aún le esperaba la última tentación. Mara atacó esta vez a su punto más fuerte: la razón, y le propuso un gran reto. ¿Cómo podría mostrar a los demás lo que él había entendido? ¿Cómo poner en palabras visiones imposibles de definir? ¿Cómo enseñar lo que sólo puede ser aprendido y mostrar lo que sólo puede ser encontrado? ¿Por qué perder el tiempo ante un público que no entenderá? Buda respondió: “Algunos habrá que entiendan”, y Mara no volvió a aparecer nunca.

Pasó el tiempo, Buda envejeció predicando su mensaje destinado a destruir egos y a redimir la vida, fundó una orden de monjes para alentar a los desesperados y llevó una existencia dedicada a los fieles y a la meditación. A los 80 años de edad, murió a causa de una disentería.

Leyendo la biografía de Buda uno tiene la impresión de hallarse ante un hombre grande, lleno de sabiduría. Sabía mantener la cabeza fría para pensar con claridad y el corazón cálido para confortar a quien lo necesitaba, era generoso, sencillo, paciente, modesto, compasivo, sentía un profundo respeto por los demás hombres, a los que trataba como iguales, y con su iluminación ejercía un extraño poder espiritual sobre ellos.

Buda acometió la tarea de eliminar supersticiones y rituales para que la verdad hallase una nueva vida, así nació una religión desprovista de autoridad en la que todos los individuos realizaban su propia búsqueda religiosa. “Sed lámparas para vosotros mismos. Quienes, ahora o después de que yo haya muerto, confíen sólo en sí mismos y no busquen ayuda en nadie más que en sí mismos, ésos serán los que llegarán más alto”, dejó dicho. Predicó una religión desprovista de rituales, pues consideraba los ritos adornos irrelevantes, trabas para el espíritu. Evitó la teorización, la especulación infructuosa, para llevar a cabo un programa práctico. Alentó una religión nueva y desprovista de tradición y animó a sus seguidores a deshacerse de la carga del pasado: “No os guiéis por lo que se os trasmite, ni por la autoridad de vuestras enseñanzas tradicionales. Cuando sepáis por vosotros mismos que ‘estas enseñanzas no son buenas, que el seguimiento y la práctica de estas enseñanzas conducen a la desorientación y al sufrimiento’, entonces, rechazarlas”. La religión de Buda se basa en el esfuerzo personal, en la iniciativa propia; cada individuo debe recorrer su propio camino. En la religión de Buda no hay milagros ni hechos sobrenaturales, respuestas rápidas o soluciones simples, los atajos no existen en la tarea de elevarse a sí mismo.

El camino de la iluminación se recorre en ocho pasos. “Aparece alguien en el mundo que suscita la fe. Uno se asocia a esa persona”. Éste es el preámbulo, la transformación arranca de la mano de un iniciado, de alguien que ya se ha sometido a este proceso y de quien se aprende a tener el juicio adecuado, esto es: la convicción de que la razón está satisfecha y sin la cual ningún individuo puede avanzar en dirección alguna; la intención adecuada: que se obtiene cuando el corazón está seguro de lo que queremos; el lenguaje adecuado: el lenguaje que empleamos revela nuestro carácter, por eso en nuestra palabras no ha de haber mentira, charla inútil, calumnia, injuria; la conducta adecuada: que se basa en la objetividad lograda mediante la reflexión sobre los actos y motivos que la provocaron; el medio de vida adecuado: es decir un trabajo que permita el progreso espiritual teniendo en cuenta que el trabajo es un medio de vida y no el objetivo de la vida; el esfuerzo adecuado: dominar pasiones, desarrollar las virtudes, suprimir los pensamientos destructivos y dar cabida a la compasión y a la indiferencia; la mentalidad adecuada: un examen continuo en el que busquemos entendernos a nosotros mismos, un control sobre los sentidos e impulsos, un observar todas las cosas sin reaccionar; la concentración adecuada: que se basa en gran medida en las técnicas del raja yoga y que constituye la última etapa, el fin del camino, cuando la mente reposa en su auténtica condición: el nirvana.
20/09/2005 09:38 Permalink. Tema: Filosofando

Big Bang

Como lo prueba el desplazamiento del espectro de las galaxias hacia el rojo, el universo está en expansión. Para que las galaxias se desplacen es preciso que hayan tenido un punto de partida. Se supone, pues, que al principio toda la masa del universo estaba condensada en un núcleo imperceptible, mucho más pequeño que la cabeza de un alfiler, en el que reinaba un espantoso caos. En un momento dado, hace acaso diez o quince mil millones de años, se produjo algo que no fue precisamente una explosión, sino más bien una brusca dilatación acompañada de una enorme liberación de energía en el vacío. Esta energía se fue transformando en materia en el transcurso de la dilatación del punto físico inicial hasta formar, en virtud de una serie de cambios, el universo en expansión continua, cuya inmensidad desafía el alcance de nuestros telescopios.

Esta teoría, originada hace unos sesenta años en las observaciones del astrónomo belga Lemaître y recogida más recientemente por el físico Gamow, que la ha difundido con el expresivo nombre de “Big Bang” o “Gran Explosión” primordial, ha sido admitida y adoptada hoy por la mayoría de los astrofísicos. Como asigna un comienzo al universo, no es en absoluto una teoría contraria a la doctrina judeocristiana de la Creación, y la Iglesia podría apoyarla sin reservas para proporcionarle, al fin, una base científica a su predicación.

Sin embargo, aunque es cierto que el relato de la creación se abre en la Biblia con la evocación de un caos, vagamente descrito como la nube de partículas –más exactamente de quasars- que habrían seguido al Big Bang, también es verdad lo que nos dice el evangelio: En el principio existía el Verbo o la Palabra, y no otra cosa.

La Iglesia ha procurado siempre no comprometerse con ningún sistema científico. Confió durante un tiempo en la teoría de Ptolomeo, que situaba la tierra en el centro del mundo, y luego vinieron Copérnico y Galileo que la situaron entre el enjambre de estrellas del firmamento, y los eclesiásticos se vieron obligados a seguirles después de una vana tentativa de resistencia. Las teorías científicas poseen la gran ventaja de estar sujetas a revisión, y no tendría nada de particular que a la hipótesis del Big Bang sucediera otra que, en lugar de hablar de expansión, defendiera que las galaxias describen majestuosas curvas para confluir en un punto de atracción irresistible y desconocido. ¡Quién sabe! Los trabajos de los físicos y de los astrofísicos encierran el mayor interés, pero no hay motivo para erigir sus hipótesis en doctrina; ni ellos mismo lo hacen por lo mucho que valoran, y con razón, su libertad de examen.

Por lo demás, la teoría del Big Bang presenta bastantes puntos oscuros. Cuando se nos dice, por ejemplo, que la brutal dilatación del punto físico originario libera una enorme cantidad de energía en el vacío, es evidente que el problema se traslada de ese núcleo físico, la “cabeza del alfiler” donde se halla concentrada la masa del universo, al mencionado vacío, un vacío absoluto y primordial tan difícil de definir como cualquier misterio del credo cristiano.

Y la teoría no es tan nueva. La misma intuición puede encontrarse en la brillante obra de Edgar Allan Poe titulada Eureka, que publicó en 1848. La teoría del escritor norteamericano es de pura lógica, y el estado de los conocimientos de su tiempo no permitía al autor que la apoyara en el análisis del espectro de las galaxias o en el ciclo de las reacciones termonucleares, pero el resultado es de una lógica sorprendente: el universo está en expansión y todo él ha salido de un punto diminuto. Puede suceder que el autor, aun careciendo de los medios excepcionales de investigación hoy existentes, obtenga los mismos resultados.

En cuanto a la relación entre el texto del Génesis y el Big Bang, hay un error, al menos, en el hecho de que el libro sagrado nos habla del comienzo del mundo visible, no de los secretos de la fabricación de la materia. Y cristianos, judíos y musulmanes creen que el espíritu es anterior a todas las cosas, visibles o invisibles.
14/09/2005 08:55 Permalink. Tema: Filosofando

La esencia de las cosas

Los pitagóricos, en el inicio de la Filosofía, llevaron a cabo un descubrimiento trascendental: los números forman parte de las cosas, los sonidos y la música podían traducirse en magnitudes numéricas, igual que el año, las estaciones, los meses y los días, los ciclos del desarrollo biológico y los distintos fenómenos de la vida. Desde ese momento, el principal elemento en la composición ya no será el aire, el agua o cualquier otro componente material.

El descubrimiento de que todas las cosas reflejan un orden y unas magnitudes que se pueden expresar numéricamente produjo una extraordinaria conmoción, constituyendo un paso de gigante en el desarrollo intelectual de Occidente. El mundo deja de estar dominado por potencias oscuras e indescifrables, puesto que el número expresa orden, racionalidad y verdad. Dos mil años más tarde, Galileo repite y confirma la genial intuición pitagórica: el universo es un gran libro abierto, escrito en el lenguaje de la matemática y de la geometría.
12/09/2005 09:28 Permalink. Tema: Filosofando

Delirante megalomanía

Si tomamos el año civil como medida de edad de la Tierra, la edad del género humano apenas llega a las dos últimas horas del último día de diciembre; el homo sapiens no hace su aparición hasta la última media hora y su historia propiamente dicha sólo abarca el último minuto y medio. Pues bien, únicamente estos noventa segundos ofrecen verdadero interés; todo lo demás, todo cuanto precede a la historia humana, será calificado desdeñosamente de prehistoria. Protágoras lo dejo escrito: “El hombre es la medida de todas las cosas”.

Llevado de una delirante megalomanía, el hombre atribuye efectos cómicos a cualquier obra suya, incluso a los pecados; durante el diluvio decretado por Dios en castigo de las prevaricaciones humanas, la catástrofe fue tan completa, que hasta los peces que no pudieron entrar en el Arca de Noé murieron ahogados. El hombre se ha erigido en medida y canon de todo lo existente. Decimos que es grande un autobús de dos pisos, un edificio de sesenta plantas, un libro de mil quinientas páginas. Pero un elefante no es grande, es desmesurado. ¿Hay algo más arbitrario que nuestros criterios de belleza y fealdad? Sólo en ciertos instantes de gran lucidez, algún profesor de estética especialmente comprensivo ha sabido ampliar su criterio al percatase de que lo más hermoso del mundo, para un sapo, es una sapa. El hombre domina y dictamina. Decide lo que es justo o injusto; determina incluso lo que es verdad y lo que no lo es. El hombre ha llegado a afirmar incluso que las lágrimas de los cocodrilos son falsas.

“El hombre es la medida de todas las cosas”. Sería una excelente frase de humor si fuera una broma sarcástica. Por desgracia, Protágoras hablaba muy en serio. Lo que pudo haber sido un rasgo muy meritorio de humor negro se convierte en pretexto para el humor más flagelador, porque esta frase fue pronunciada con absoluta seriedad, porque esa frase era y sigue siendo la divisa exacta de nuestro orgullo, justamente ridículo en la medida en que es sincero. El hombre se ha constituido en centro y eje del universo entero. Efectivamente, nuestro mundo es un orbe antropocéntrico. La llamada Historia Universal narra tan solo la historia de la humanidad, la Biología, con una visión algo más amplia, estudia la vida del hombre y también de sus antepasados, incluidos los monocelulares. La Lógica ha decretado cuándo dos cosas son imposibles: cuando no caben juntas en la cabeza de un filósofo. La Moral fijó taxativamente las fronteras entre el bien y el mal: lo que es bueno o malo para el hombre. La Religión, cuando no ha divinizado al hombre, ha humanizado a Dios.

Todo cuanto carece de denominación humana carece de existencia. No existe lo que está más allá de eso que llamamos el firmamento, ni lo que está por debajo de eso que llamamos subconsciente, ni lo que está por encima de eso que llamamos Dios. Distintas maneras de nombrar el finisterre. Porque alejarse de la Tierra es penetrar en la nada, probablemente a través de la demencia. Cuando la Luna era lo más remoto que podíamos concebir, llamábamos lunáticos a los locos, y todavía en el Reino Unido al manicomio se le llama State Lunatic Asylum. Si en algo estamos de acuerdo los humanos es en proclamar la excelsa dignidad del hombre y los principios sacrosantos del humanismo. ¿Humanismo? Sucede que el hombre es humanista de modo tan irremediable como el buey es bovino, pero también con la misma parcialidad con que un catalán suele ser catalanista y hasta con la misma obcecación con que un madrileño es partidario del Real Madrid.
08/09/2005 09:30 Permalink. Tema: Filosofando

Ciencia y Filosofía

La indagación científica intentó desde el principio entender el mundo material. Pero en el mundo hay aspectos que no son materiales y que no se pueden expresar matemáticamente. Aspectos tan reales como la libertad, los derechos humanos, los deberes, la inteligencia, el amor, el sentido de la vida... ello explica que, también desde los orígenes, la reflexión filosófica se haya ocupado de los problemas que surgen en el límite de la investigación científica. De hecho, no hay filosofía sin ciencia. Ambas tareas son dos formas de conocer racionalmente la realidad y han sido desempeñadas en muchos casos por las mismas personas: Pitágoras, Aristóteles, Descartes, Newton, Pascal...

Ciencia y filosofía son conjuntos de conocimientos verdaderos, con independencia del diferente grado de verdad que puedan conseguir y del inevitable margen de error que puedan contener. Si no fueran sistemas de verdades, su inclusión en los planes de estudio de todos los países del mundo sería una tomadura de pelo universal. Además, la Filosofía y la Ciencia se asemejan en que ambas son racionales, siguen métodos de investigación rigurosos, buscan explicaciones coherentes de la realidad e intentan resolver problemas humanos.

En cuanto a las diferencias, la línea divisoria que separa ciencia y filosofía se traza en el Renacimiento. Esa diferenciación la marcan dos elementos con los que nace la llamada ciencia moderna: la experimentación y la matematización. Por experimentación, la ciencia se ciñe al mundo material y se pregunta por el modo de ser de las cosas, mientras que la filosofía estudia lo inmaterial, lo espiritual, y persigue el sentido último de la realidad y de la vida humana.
05/09/2005 09:54 Permalink. Tema: Filosofando

El derecho a la duda

Para comprender la relatividad de dos puntos de vista basta con leer los artículos de dos periódicos de distinta tendencia política o deportiva. Para uno la decisión del Gobierno es un acierto, para el otro un fracaso. La decisión arbitral es justa para uno, mientras que para otro supone un insulto.

“Sobre las cosas hay siempre dos puntos de vista”, dejó dicho Protágoras, que enseñaba el arte de las antilogías, es decir, la contraposición de fuerza igual y contraria: probar lo contrario de lo que sostiene otro, partiendo de su tesis de la duplicidad de los razonamientos y los discursos. Según el espíritu antilógico de Protágoras, nada escapa a la controversia, nada es evidente, indiscutible o inatacable; no existe acontecimiento que no pueda calibrarse desde una perspectiva distinta u opuesta y cada óptica produce una argumentación diferente.

Comparar con entera libertad pareceres y opiniones es un excelente método para crearse opiniones propias. Los diarios harían un buen servicio al lector si confrontaran dos tesis distintas y antagónicas: creacionistas contra darwinistas, ecologistas contra cazadores de focas, monárquicos contra republicanos... en vez de referir siempre una sola. Por tanto, para elegir con fundamento, motivo y razón entre dos interpretaciones que se nos ofrecen en forma de dicho y de contradicho es esencial saber distinguir los argumentos buenos de los malos. Pero “bueno” significa tanto válido (noción lógica) como persuasivo (noción psicológica).

Cuatro son las posibles combinaciones de validez y capacidad de persuasión: válido y persuasivo, válido y no persuasivo, no válido y persuasivo, no válido y no persuasivo. De entre todas, la más peligrosa es la que encierra un razonamiento no válido y persuasivo porque lleva a un error, a un sofisma o a una falacia. Aquí la persuasión se convierte en una confirmación de la validez.

Del principio de Protágoras se deduce que los juicios opuestos sobre un hecho no son siempre una razón que se contrapone a un error, sino dos razones más o menos sólidas, y que las divergencias y contradicciones son el alma en el intercambio de razonamientos. La cuestión es pues establecer no quién tiene razón, sino quién tiene más razón. O lo que es lo mismo, quién yerra menos.
10/08/2005 08:27 Permalink. Tema: Filosofando

Yo soy tres

Yo soy tres, dice el hombre pensante. Yo, mi sombra y mi eco.
04/08/2005 09:00 Permalink. Tema: Filosofando

La modesta ciencia actual

La ciencia actual es más bien modesta. Los nuevos descubrimientos, lejos de eliminar el azar, han confirmado la presencia de lo aleatorio como algo inherente a la naturaleza. Por eso, a la ley de causalidad ha sustituido la teoría de la probabilidad, a los esquemas deterministas el principio de determinación, a los axiomas las hipótesis. La ciencia moderna trabaja constantemente con hipótesis, que luego los hechos vendrán a corroborar o desmentir. Su éxito estriba precisamente en su relatividad, en su modestia, ya sólo establece leyes provisionales y cálculos aproximativos. El margen de actividad reservado al azar, bien sea éste un pseudónimo de la Providencia o de la Naturaleza, queda plenamente garantizado. Los hombres que cultivan este tipo de ciencia se han hecho también modestos: ya no creen que saben, ahora saben que creen.
03/08/2005 08:37 Permalink. Tema: Filosofando

La paradoja de Zenón

En el siglo cuarto a.C. Zenón de Elea, uno de los primeros filósofos occidentales cuyas ideas han sobrevivido hasta hoy, planteó sus famosas paradojas del movimiento, con ellas trataba de demostrar que el movimiento es imposible y ridiculizaba la idea de que el espacio y el tiempo son infinitamente divisibles. Una de sus más famosas paradojas es la de Aquiles y la tortuga: Aquiles disputa una carrera con una tortuga y le da ventaja en la salida. Para superar a la tortuga, Aquiles tiene que recorrer la distancia que existe entre él y la tortuga, pero mientras tanto la tortuga habrá avanzado un poco más, de modo que Aquiles tendrá que cubrir una nueva distancia hasta la tortuga, y así sucesivamente. Aquiles nunca podrá alcanzar a la tortuga y, mucho menos, superarla. Esta paradoja aún no se ha resuelto.
02/08/2005 09:50 Permalink. Tema: Filosofando

Anarquismo, nuevo concepto

Pienso que el anarquismo es una de tantas políticas utópicas, ni mejor ni peor que las otras, y que atrae por su fe en el hombre. El ideario anarquista gira básicamente alrededor de dos premisas: La primera es que los seres humanos son, por naturaleza, razonables e íntegros y, por tanto, pueden autoorganizarse sin necesidad de que una autoridad les indique cómo. La segunda es que el poder corrompe. Así que basta con tomar los principios simples de la moral común por los cuales nos guiamos y seguirlos hasta sus conclusiones lógicas para crear una sociedad anarquista.

Durante milenios los gobiernos no existieron y las diversas sociedades funcionaron sin necesitar de uno. Las personas se dedicaban a vivir. Tal vez nosotros, atrapados en esa tela de araña envenenada que es la sociedad de consumo, tecnológica, egoísta, deshumanizada, competitiva y globalizada, hayamos olvidado qué es vivir, no estar al servicio de los burócratas, de los políticos, de los abogados, de los financieros, de los publicistas… Es obvio que las sociedades modernas, formadas por millones de individuos, necesitan de una compleja organización para funcionar, por eso los anarquistas abogan por la asociación voluntaria de los miembros a un grupo que se rige por el consenso, teniendo en cuenta la situación o las necesidades particulares del otro. En esta sociedad no tiene cabida un sistema piramidal de poder detentado por una autoridad y una cadena de mandos, no es necesario.

Cada uno de nosotros nos consideramos capaces de comportarnos de una manera razonable, sin embargo, dudamos que los demás puedan ser igualmente razonables, por eso hemos creado ejércitos, cuerpos policiales, cárceles y gobiernos que ejerzan un control y nos defiendan de individuos a los que calificamos como antisociales. La injusticia de pensar que los otros son agresivos, estúpidos o irresponsables vuelve a la sociedad injusta y menos libre e igualitaria porque es imposible mantener unas relaciones paritarias cuando unos individuos tienen poder sobre otros.

Dale poder a alguien y abusará de él de una forma u otra, sostienen los anarquistas, y aquí se contradicen. Porque si, como mantiene su premisa básica, el hombre es bueno por naturaleza y siempre íntegro, bajo ninguna circunstancia se aprovechará de sus semejantes. El anarquismo también sobrestima la capacidad del ser humano para organizarse, especialmente en grandes grupos, en sociedades constituidas por millones de individuos. La prueba evidente la tenemos ante nuestros propios ojos, ninguna sociedad pasada o presente es perfecta, más bien todo lo contrario. Sin la amenaza de una sanción, no se respetan las normas de convivencia. Los acuerdos por consenso, el reconocimiento recíproco y el compromiso alcanzado tomando en cuenta las necesidades particulares de todos son una maravillosa fantasía.

Los anarquistas tienen muchas ideas sobre cómo una sociedad saludable y democrática debería autogobernarse, pero no saben cómo llevar el ideal a la práctica. Los anarquistas tienen fe, creen en la capacidad del hombre para resolver cualquier problema mientras conserve en su espíritu unos principios básicos de decencia humana, pero el hombre sólo posee una intuición sobre el modo en que las sociedades que ha creado deberían ser reformadas y construidas. El anarquismo exige demostraciones contundentes a aquellos que defienden que la autoridad y la dominación son necesarias y si estos no logran argumentar sus afirmaciones, las consideran ilegítimas. Sin embargo, los anarquistas no proponen fórmulas para luchar contra una autoridad injusta.

Para mí, lo más admirable de los ácratas es su imaginación y su incansable espíritu de lucha, gracias a ellos las banderas libertarias siguen ondeando.

27/07/2005 09:49 Permalink. Tema: Filosofando

El diablo

Los científicos han borrado de las tablas del reino animal a todos los basiliscos, hipogrifos y dragones. El bestiario del demonio ha sido condenado al estante de literatura fantástica. Hoy casi nadie cree en el diablo, lo cual para éste supone una enorme ventaja. “No creo en el diablo, afirmaba André Gilde, pero sé que el diablo desea que no crea en él”. Si ya no hay basiliscos ni hipogrifos ni dragones, ¿dónde podría encarnarse ahora el demonio? Él no desdeña ningún lugar, pero tiene sus preferencias. Quizá hoy se esconda dentro de un volumen de crítica histórica sobre mitos y creencias medievales. El diablo no es conservador ni progresista, sólo es contemporáneo.
19/07/2005 09:59 Permalink. Tema: Filosofando

Animal risibile

Se dice que el hombre es el único animal que ríe. ¿La hiena también? La hiena duerme a la intemperie, come carroña, copula una vez al año, ¿de qué rayos se ríe, pues? Lo que pasa es que su aullido se asemeja a la risa del hombre. El hombre ha dictaminado cómo hay que reírse, y todos aquellos seres que no aceptan este patrón quedan automáticamente excluidos de su capacidad de reír.

El hombre se ha dedicado a estudiar concienzudamente el comportamiento animal. Ha observado cómo un ciervo, cuando avista de lejos alguna fiera, lanza un grito que permite huir inmediatamente a todos los miembros de la manada. Después el hombre explica lo ocurrido: no es que ese ciervo haya dado una voz de alarma para salvar al grupo, sino que ha sido una reacción suya instintiva, involuntaria, una mera reacción de espanto ante el peligro. ¿De veras es así? Aparentemente al menos, el científico actual se está haciendo más comprensivo; admite que puede darse cierta comunicación intencionada entre los animales, no sólo entre congéneres, sino también entre individuos pertenecientes a especies muy diversas, por ejemplo entre una ballena y un pez piloto. Existe ya una disciplina llamada zoosemiótica, consagrada a estudiar el lenguaje animal, ese código de señales que ellos utilizan para llamar a su pareja, para congregar a sus hijos o para avisar dónde hay alimento. Sin embargo, hasta los científicos más cautos siguen negando al animal la facultad de hablar y de reír; se trata, dicen, de dos funciones reservadas al hombre, de dos atributos privativos de la especie humana. Yo me pregunto: ¿qué significa la voz de reclamo con que tantos animales atraen a sus presas? Me parece que eso es más que hablar, eso es mentir, lo cual constituye la forma más evolucionada del lenguaje. ¿Y cómo no va a reírse -entre dientes- el que engaña del que es engañado?

Imaginemos una banda de hombres prehistóricos atravesando un bosque. De pronto, se oye un ruido de ramas y quedan sobrecogidos de terror: alguna fiera va a abalanzarse sobre ellos de un momento a otro. Transcurren quince segundos interminables. Hasta que divisan un mono en lo alto de un árbol. El mono salta y se pierde de vista. En ese instante ocurre algo trascendental en la historia del mundo, ocurre lo nunca visto ni oído: aquellos hombres estallan en carcajadas. Es la primera manifestación del animal risibile. Así empezó la risa. Por la noche recuerdan lo sucedido, lo cuentan con todo lujo de detalles, quizá exagerando un poco, y el relato provoca de nuevo la risa. Así empezó el género cómico.

Más o menos, es la célebre teoría de Konrad Lorenz. A pesar de su gran amor a los animales, este zoólogo vienés no puede evitar pensar como un hombre, es decir, con prejuicios. ¿En qué se basa para decir que entonces empezó la risa?, ¿Con qué derecho descarta cualquier otra hipótesis? No es imposible que el mono haya reído antes. No es imposible que aquel mono hubiese movido las ramas para asustar a los hombres, para reírse de ellos. En cuyo caso, su risa no sólo sería anterior, sino también superior, más sutil, más próxima a la ironía. Distaría de la risa de aquellos hombres casi tanto como el humor dista del género cómico. El humor es posterior, ya que exige otra vuelta de tuerca, ya que supone haberse percatado no sólo de nuestra grandeza sino también de la pequeñez de nuestra grandeza. El humor restablece las verdaderas dimensiones del hombre colocándolo de nuevo dentro de las tablas del reino animal.

Los humanos somos arrogantes, injustos y propensos al error. Por eso el libro de Job recomienda encarecidamente: “Pregunta a las bestias y te instruirán, a las aves y te informarán, a los reptiles y te darán lecciones”. Sería necesaria una conversión, sería preciso sustituir cuanto antes la mentalidad de dominio por la de fraternidad. Hay una frase en el salmo 35 sobre la que he reflexionado largamente; dice que Yahvé “salvará a los hombres y a las bestias”. Es una promesa magnífica, pues así la misericordia de Dios resulta mucho más creíble, más verosímil. Con esta promesa se relaciona estrechamente una exhortación contenida en el salmo 148, donde somos convocados para alabar a Dios “tanto los hijos de los hombres como las fieras y animales domésticos”. Es, sobre todo, una exhortación a la solidaridad entre las diversas clases de vertebrados.

Lo ridículo no es ser animal, sino renegar de la familia. Tampoco hay que excederse hasta el punto de estar a todas horas presumiendo de su linaje. Todos somos metazoarios, mamíferos y primates, y nadie tiene por qué mostrarse especialmente orgulloso de ello; mucho menos, desde luego, sentirse por ello humillado. Lo correcto sería una modestia digna o, si acaso, un discreto entusiasmo.
08/07/2005 09:50 Permalink. Tema: Filosofando

Somos pesimistas

Se diría que el hombre está mejor dotado para el sufrimiento que para la felicidad. Obsérvese, por ejemplo, lo que ocurre en lo tocante al amor; parece ser que el amor hace felices a los humanos, pero su privación los hace desdichados. La desaparición de la persona amada les hace sufrir mucho más de lo que su presencia les permitía gozar. En términos generales, el dolor suele ser la prueba más elocuente del amor; nos damos cuenta de que amamos lo mismo que nos damos cuenta de que tenemos esófago: sólo porque nos duele, sólo cuando nos duele. Observación ésta que podría hacerse extensiva a cualquier otro tema. Sólo sabemos qué es el pan cuando nos falta, sólo sabemos qué es la salud cuando la perdemos, sólo sabemos qué es una madre cuando desaparece. Verdaderamente, somos más conscientes de los que nos falta que de lo que poseemos. Nadie se siente feliz por tener dos piernas, pero todos nos sentimos desgraciados si nos duele un dedo. Y es que existe una común propensión a fijarse en lo deficiente más que en lo normal, en lo adverso más que en lo favorable, en lo negativo más que en lo positivo. Nuestro vocabulario resulta sintomático. Literalmente, fatalidad es aquello que viene impuesto por los hados, lo que ocurre al margen de nuestra voluntad, sea bueno o sea malo, sin embargo, una fatalidad significa siempre una desgracia. Decimos sufrir un cambio, como si toda transformación tuviera que ser forzosamente a peor. Cuando alguien mata a otro, decimos que lo ha despenado, como si su alma sólo pudiera albergar penas. La palabra suceso, que en francés, italiano e inglés quiere decir éxito, entre nosotros quiere decir lo contrario, algo siniestro o al menos lamentable, perteneciente a la “página de sucesos”.

No me extraña que prevalezca el pesimismo. Un mundo finito de tormento infinito, sentenció el filósofo bajo los efectos de un cólico intestinal. El bien resulta insignificante, o mejor aún, es sólo aparente. Únicamente lo malo es real, lo bueno es ilusorio. El mundo es un paraíso imaginario con una serpiente de verdad dentro. He aquí la asombrosa, patética, irrefutable conclusión de los pesimistas.

Pero permítaseme decir que los optimistas no me convencen más, simplemente me molestan menos. Optimista es quien exclama el primer día de septiembre: ¡Ya no quedan más que once meses para las vacaciones! Mi reacción ante este comentario es más bien de ternura. Un conocido, enterado de que las herraduras traen buena suerte, colgó una en la puerta de su piso. Un día, al cerrar la puerta, se le cayó y le descalabró un pie. Cuando me lo encontré, me dijo feliz: “Qué suerte he tenido; si hubiera puesto dos herraduras en lugar de una, ahora tendría los dos pies escayolados”. Sinceramente, creo que se puede llegar a ser optimista a fuerza de pesimismo, cuando se descubre que el mundo no es tan rematadamente malo como uno se creía. Instalándose en la desesperanza, el alma evita caer en la desesperación. Si yo digo que la vida es tan indeseable como la muerte y alguien me pregunta por qué no me suicido, yo podría responderle: porque la muerte es tan indeseable como la vida. Me parece, no obstante, que lo más frecuente suele ser el camino inverso, pasando del optimismo al pesimismo a través del escarmiento.

¿Se trata, pues, de estados de ánimo fluctuantes, reversibles? No. Hay quien es optimista o pesimista de una manera estable, contumaz e irrevocable. Nació cetrino y morirá cetrino. Lo que sí hay que reconocer es que no se trata nunca de posiciones absolutas, por muy obstinadas que sean. Realmente, el optimismo no consiste en creer que todo está bien ni el pesimismo en creer que todo está mal; no tendría sentido, sería como decir que todo está a la derecha o todo a la izquierda. Chesterton matizaba mucho más: optimista es quien cree que todo está bien salvo el pesimista, y pesimista el que cree que todo está mal excepto él mismo. ¿Quién dijo que pesimismo significa clarividencia? Algún pesimista, por supuesto. ¿Quién dijo que el pesimismo es la lucidez de los cobardes, mientras que el optimismo es el coraje de los lúcidos? Algún optimista, desde luego.

Claro que también existe otra postura. Cuando a alguien le preguntas: ¿eres optimista o pesimista? Los hay que dicen que ni una cosa ni otra, que son realistas. Los que se llaman realistas me recuerdan a esos individuos que dicen ser apolíticos; se engañan lamentablemente. La verdad es que todos somos, de manera irremediable, optimistas o pesimistas. O tesis o antítesis. ¿No cabría, sin embargo, alguna síntesis? Sucede que tanto la tesis como la antítesis son simplemente hipótesis, tanto el optimismo como el pesimismo son meros entes de la razón, actitudes personales y arbitrarias. Por consiguiente, lejos de constituir una síntesis, el realismo sería más bien todo lo contrario, sería la convicción de que el mundo real nada tiene que ver con esas hipótesis, con esas visiones extremadas, unilaterales y subjetivas. ¿Cómo conseguirlo? Sabemos que sentido del humor quiere decir sentido de la realidad, pero sabemos también que esto significa tan sólo un desideratum, una cifra óptima. Las pasiones enturbian nuestra percepción de la realidad y no permiten otra cosa que un constante esfuerzo de aproximación por arriba y por abajo, una serie infinita de decimales. El único ideal de objetividad, de equilibrio, al que puede aspirar un hombre es ser optimista y pesimista alternativamente. Yo, por mi parte, trato de ser optimista los lunes, miércoles y viernes, pesimista los martes, jueves y sábados; los domingos debo descansar de tanto trajín.
17/06/2005 14:55 Permalink. Tema: Filosofando

Racismo científico

En el preciso contexto del racismo científico de finales del siglo XIX o de principios del XX el atraso tecnológico del “otro” resultaba fácilmente explicable: aquellos pobres miserables de piel oscura y cabello rizado estaban biológicamente determinados a persistir en la barbarie y la ofuscación o, como mucho, a mejorar un poco bajo la tutela colonial, eso sí, hasta los límites naturales que los condicionaban como seres “inferiores”. Esta actitud, materializada o no en disposiciones legales segregacionistas, ha persistido hasta hace bien poco de iure en algunos países y perdura de facto en el inconsciente de los occidentales. En cualquier caso, todas aquellas teorías pseudocientíficas basadas en la frenología o en la politización de la genética han caído por su propio peso desde el punto de vista académico (la teoría de los atavismos de Lambroso, las escalas craneométricas de Alfred Bidet, los delirios sobre las supuestas características “morales” que separaban a los dolicocéfalos de los braquicéfalos, etc.) y, afortunadamente, ha acabado difuminándose como consigna política, con la patética excepción de algún grupo de iluminados. ¿Hemos de llegar a la conclusión de que el racismo es una enfermedad social inextirpable que nos atormentará siempre?, se preguntaba en una obra reciente el famoso genetista Luca Cavalli-Sforza.

El problema de estos grupúsculos gritones e incansables es que, por norma general, no han sido contestados ni rebatidos por especialistas competentes, por científicos o eruditos, como el mismo Cavalli-Sforza, sino por otros grupúsculos, tan gritones e incansables como los primeros. Así hemos pasado en menos de un siglo de la “falacia naturalista” a la “falacia antinaturalista”, tan primaria y falta e fundamentos como la primero, pero supuestamente menos peligrosa. Desde 1859 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, desde Spencer hasta los frenólogos nazis, pasando por la burda cosificación de la inteligencia de Cyril Buró o del mismo Spearma (autores de auténticos fraudes científicos que con el tiempo se ha convertido en dogma de fe, como la capacidad medidora de ciertos tests factoriales), el darwinismo y más concretamente la psicología evolucionista han sido objeto de un constante abuso ideológico.

En estos dos contextos, el colonialismo inglés y francés, y, más adelante, la violenta aparición de los fascismos europeos, la tentación de sustituir los pájaros o las tortugas descritas por Darwin por blancos y negros o por arios y semitas, resultaba casi inevitable; la pura ideología o los simples intereses económicos de determinadas metrópolis quedaban así solidamente legitimadas por una pátina de inmaculada y aséptica cientificidad. Con la selección natural se podía explicar, con una rara simultaneidad, la altura del cuello de las jirafas, el atraso tecnológico del África negra, el alcoholismo de los proletarios que pasaban doce horas en la fábrica por unos salarios de miseria o las disposiciones legales que prohibían el voto femenino; en lo que respecta a esta última cuestión, por ejemplo, el inefable Gustave Le Bon escribió el año 1879 que “entre las razas más inteligentes, como es el caso de los parisinos, hay un gran número de mujeres que tienen un cerebro más parecido al del gorila que al del hombre”. Después de informarnos que los habitantes de París constituyen una raza aparte (y superior, evidentemente) el eminente psicólogo de la escuela de Paul Broca, otro medidor compulsivo de cráneos que falsificó sistemáticamente todos los datos que no cuadraban con su teoría, se vio obligado a admitir que había “algunas” mujeres brillantes; ¿cómo explicar esta anomalía? Muy fácil: Le Bon las situaba en el contexto de la pura monstruosidad; si de tanto en tanto nacen animales con dos cabezas o sin extremidades, ¿por qué no pude haber también “algunas” mujeres inteligentes? No hace falta añadir nada más.

La contundencia insultante y vejatoria de esta tesis que, no hay que olvidar, a lo largo de muchos años llegaron a ser plenamente “científicas”, se ha diluido casi del todo. De rebote, han quedado en el campo de batalla antítesis tan contundentes y absurdas como aquellas. Desafortunadamente, la falacia naturalista tiene su correlación en la falacia antinaturalista; según ésta, los seres humanos “naturales”, no corrompidos todavía por el capitalismo patriarcal, viven armónicamente junto a sus semejantes y respetan las plantas y los animales; la guerra, la agresividad, la envidia o la competencia sexual son un producto de los artificios sociales, y no tienen nada que ver con la verdadera naturaleza humana. Cuando uno se atreve a recordar que el 25% (uno de cada 4) de los varones yanomamos, los buenos salvajes de la Amazonia, muere en acciones violentas entre miembros de la misma tribu, se le puede acusar de cualquier cosa. De racista o de neocolonialista. Y si osa comparar conceptos como andrógenos, estrógenos, adrenalina o feromonas para explicar ciertas conductas consideradas estrictamente culturales (la curiosa noción de opción sexual, pongamos por caso) no es extraño que acabe siendo tildado de machista incorregible y opresor de las minorías que añora el orden patriarcal…

Dejemos de lado estos dos extremos que, en realidad, son las dos caras de una misma moneda: el aparatoso fracaso del racionalismo universal en su aplicación real, es decir, en su proyecto político ilustrado. Éste resulta, entonces, incontestable, al menos si tenemos el valor de contemplarlo cara a cara, sin cómodos matices disculpatorios o sonoras expresiones grandilocuentes parapetadas detrás de la corrección política: la precariedad del alcance geográfico del modelo democrático y la concretísima localización de los avances científicos y tecnológicos es manifiesta, evidente, y en ocasiones muy dolorosamente.

Descartado cualquier tipo de condicionamiento basado en toscas mistificaciones biologicistas, conviene retomar la cuestión desde otra, desde la otra, perspectiva: la cultural, pero sin caer tampoco en la pueril falacia antinaturalista comentada antes. Aquí la respuesta puede parecer de una simplicidad engañosa. Es obvio que no existe ningún condicionante estricto capaz de impedir a un niño yanomamo llegue a ser ingeniero aeronáutico, físico nuclear o doctor en filología eslava. Esto es totalmente cierto. Ahora bien, se necesitan pequeños detalles: al nacer, este niño tendrá que abandonar la selva y su pequeña comunidad, no aprender su lengua, la de sus progenitores, en la que conceptos como silogismo, protón o inercia no tienen cabida; tendrá que renunciar a una visión mítica del mundo y sumergirse en una cosmovisión donde la Naturaleza se expresa con las ecuaciones de Newton y no con los sueños o las drogas alucinógenas. ¿Habremos conseguido, por tanto, un yanomamo, el primero, doctorado en física nuclear? Evidentemente, no: habremos conseguido un doctor en física nuclear, que podrá ser más o menos brillante, pero que en cualquier caso ya no será un yanomamo. Éste se ha volatilizado, ha desaparecido, y en un sentido ontológico, ha dejado de ser. Pensar lo contrario es puro racismo decimonónico, es creer que, de alguna manera, aquel niño que se ha educado en la fría ciudad de Oxford, por ejemplo, es todavía un indio de la tórrida Amazonia y aquello que condiciona su ser es, por tanto, la biología, la raza, la genética, que como remarca la cita: no perdona.

El sincretismo es frecuente en la religión, el folclore o la música, también es posible, y relativamente habitual, conjuntar una cosmovisión irracional y precientífica con los últimos avances tecnológicos: cartas astrales hechas con ordenador, tarot a través de Internet…; pero resulta estrictamente imposible pensar desde dos lógicas diferentes o armonizar de forma inteligible dos concepciones de la Naturaleza diametralmente opuestas. Las nociones de razonamiento hipotético o de invalidez de un razonamiento recursivo, por ejemplo, no son un tipo de determinación mental innata, sino de un esquema de “nuestra lógica”. El antropólogo Nigel Barley lo ilustra con dos casos muy significativos. Mientras intentaba averiguar las estructuras de parentesco en el pueblo dowai preguntó a un nativo qué tipo de relación tendría su hermana respecto a otro miembro determinado del grupo. “Yo no tengo ninguna hermana”, le interrumpió. “Bien, pero supongamos que la tuvieras” insistió. “Pero es que no la tengo…”. Era imposible concluir la indagación: el razonamiento hipotético era conceptuado como una especie de falsedad. Con la noción del razonamiento discursivo pasaba algo parecido: “¿Por qué os circuncidáis?” “Porque lo hacían nuestros antepasados”. “Pero, ¿por qué lo hacían vuestros antepasados?” “Porque es bueno”. “¿Y por qué es bueno?” “Porque lo hacían nuestros antepasados”… Es difícil negar que estamos ante dos lógicas y, por tanto, ante dos mundos. “Los hechos en un espacio lógico son el mundo”, dijo Wittgenstein.

Asimismo, añadir que nuestro mundo es mejor o, al menos, preferible al suyo es una tentación irrefrenable. Sería poco honrado intelectualmente negar que en la gran mayoría de occidentales esta tentación todavía existe. En sí misma, como idea o simple prejuicio, resulta vagamente inocua, su concreción en acción política, sin embargo, ha provocado los estragos más sangrientos de la historia de la humanidad, y esto no se debe olvidar.
13/06/2005 09:03 Permalink. Tema: Filosofando

Sartre y el camarero

Sartre escribió la mayor parte de sus obras en cafeterías, de manera que no debe sorprender que una de sus ilustraciones filosóficas más famosas tenga que ver con un camarero. El ejemplo pretende mostrar que los individuos están muy poco dispuestos a ser ellos mismos, pues tienden a asumir un papel que les hace perder conciencia de su individualidad. En “El ser y la nada”, Sartre escribe: “Su movimiento es rápido y decidido, un poco demasiado preciso, un poco demasiado rápido. Acude hacia los clientes con un paso demasiado ligero. Se inclina hacia delante con demasiadas; su voz, sus ojos expresan un excesivo interés por el pedido del cliente. Finalmente regresa tratando de imitar en su caminar la rigidez inflexible de una especie de autómata: lleva la bandeja con la impasibilidad de quien camina en la cuerda floja, la mantiene en un equilibrio perpetuamente inestable y perpetuamente mantenido, que restablece eternamente con ligeros movimientos del brazo y la mano. Toda esta conducta parece un juego, pero, ¿a qué está jugando? No es necesario observar mucho más antes de aventurar una explicación. Está jugando a ser el camarero de una cafetería”.

El camarero, dice Sartre, no es él mismo. Es lo que no es; trata de representar el papel de quien está alienado. Es un ejemplo de falta de autenticidad, de lo que Sartre denomina, “mala fe”.

Sartre defiende la teoría de que el ser humano individual no cuenta con un modelo o una maqueta inicial y el sujeto posee una ilimitada libertad para la autocreación. Hay constantes que es imposible modificar: sexo. edad, raza, etc., pero, aparte de éstas se puede tomar el propio contexto social y hacer con él lo que se quiera, es una inmoralidad no hacer uso de esta libertad y limitarse a seguir a la multitud, conformarse. Si a él le producía “náusea” la falta de sentido de la vida, ¿qué le produciría a ese pobre camarero condenado a servir a los clientes con complacencia? Sartre peca de arrogancia al criticar a un hombre, según él, alienado, que vive atrapado en un trabajo que no le satisface, cobrando un sueldo mísero con el que a duras penas subsiste. No repara en que no es culpa suya haber nacido en una familia obrera, que no pudo enviarle a la universidad a estudiar y a ensanchar los horizontes de su mente. No valora el esfuerzo que representa levantarse cada mañana para enfrentarse a un día igual al anterior y al siguiente. Hay una dignidad en esa persona que, pese a saberse oprimida, ha aprendido a poner buena cara al mal tiempo y sobrelleva su cruz con entereza. Es muy fácil ser libre, cuando no se ha nacido esclavo.
26/05/2005 21:45 Permalink. Tema: Filosofando

Probabilidades de que Dios exista

No hay certezas absolutas, sólo existen certezas estadísticas. Hasta los diplomados en estadística reconocen que sus sistemas sólo pueden prever el resultado global de una serie, cada uno de cuyos elementos será siempre una incógnita. Dentro de la conducta predecible de una bandada de gansos, cada uno de ellos es un caso impredecible. En cualquier golpe de dados, en el milésimo igual que en el primero, las probabilidades de triunfo siguen siendo iguales, siguen siendo igualmente exiguas. Por lo tanto, la conclusión final será también muy modesta: sólo estadísticamente cabe decir que las estadísticas resultan fiables. ¿Qué luz podrían aportar éstas en el arduo problema de la existencia de Dios? Los creyentes afirman que Dios existe, los ateos lo niegan; estadísticamente, pues, Dios sólo existe en días alternos.
23/05/2005 10:21 Permalink. Tema: Filosofando

Avaricia

Un pecado feo, sin duda, el pecado de avaricia. Voy a referirme ahora tan sólo a lo que este vicio tiene de sufrimiento innecesario y, por consiguiente, de grotesco. La codicia humana es ridícula en la misma medida en que es ridículo el esfuerzo de mover un piano para acercarlo al taburete en lugar de aproximar el taburete al piano. Obsérvese que toda frustración consiste en un desajuste, en una falta de correspondencia entre lo que se pretende y lo que se obtiene. ¿Cómo evitar esta decepción, este doloroso desajuste? Hay dos maneras de conseguirlo: o bien esforzándonos en adquirir muchas cosas o bien limitándonos a desear pocas. Casi todos hemos optado por el primer método.

Pero los sufrimientos inútiles se acumulan: la codicia se ve agravada por la envidia. Porque no basta poseer mucho, hace falta poseer más que el vecino. Si un día todos multiplicáramos por diez nuestra fortuna nadie se sentiría más feliz que antes, del mismo modo que si nuestro cuerpo y todas las cosas de alrededor aumentaran repentinamente diez veces de tamaño ni siquiera nos enteraríamos. Lo único decisivo es el marco de referencia, el punto de comparación.

Aunque ésta no es la nunca forma de envidia. A fin de extender más y más su dominio, ella adopta formas muy variadas. Hasta el hombre más desprendido envidiará algo, aunque sólo sea la fama de desprendido de que goza su vecino y él no. Yo misma envidio a mis lectores por su paciencia, por su admirable paciencia al leerme estoicamente. Incluso puede que ellos me envidien ahora a mí, por la humildad que acabo de demostrar al confesarme envidiosa.

La envidia ha complicado muchísimo las operaciones propias de la codicia al sustituir la persecución de un objetivo por la lucha contra el competidor. Al fin y al cabo, la codicia podría representar algún placer, aunque sólo fuera abstracto; la envidia, en cambio, sólo promete penalidades. Ha complicado tanto los medios que acabó complicando los fines. Es como tomar un supositorio por vía oral, pero poniéndonos cabeza abajo.
11/05/2005 09:46 Permalink. Tema: Filosofando

Dios

Parece inevitable que de una mente humana surja un concepto de Dios más o menos antropomórfico. Por eso, a toda teología se le podría hacer en cierto modo el reproche que se le hizo a la teología jansenista: aplicar la lógica humana a las cosas divinas. Si un tren tarda seis horas y media en ir de Madrid a Barcelona, ¿cuánto tiempo tardarán dos trenes en hacer el mismo recorrido? Muchos teólogos incurren en el error de aplicar indebidamente la regla de tres.

A la hora de componer una imagen de Dios, el hombre se apresura a atribuirle las mejores cualidades que están a su alcance, tales como bondad, poder, justicia. En cambio, nunca dirá de Él que tiene cuernos, ni rabo, ni pezuñas, ni siquiera cuerpo, ya que estas cosas arguyen imperfección. Lo que sí debe tener Dios, ante todo y sobre todo, es inteligencia. ¿Por qué? Porque la inteligencia constituye la facultad más importante, la más excelsa, para un ser que a sí mismo se tiene por inteligente. El hombre piensa, Dios piensa. Claro está que la inteligencia divina dista mucho de la humana, reconoce el hombre en un arrebato de humildad: es una inteligencia infinita. Y esto, ¿qué quiere decir? Mucho me temo que se entienda algo así como una inteligencia humana elevada al infinito.

La afirmación de que Dios posee una inteligencia infinita resulta admisible sólo si ponemos más énfasis en el adjetivo que en el sustantivo. Porque se trata de una palabra negativa, excluyente, una palabra que descarta cualquier restricción o limitación. No obstante, incluso esa palabra y otras similares, como insondable, inmortal, incomprensible, guardan siempre un resto de miseria, una pobre referencia muy difícil de eludir. Cuando se dice que Dios es inmenso queremos decir que no puede ser medido, pero casi inevitablemente pensamos en nuestros instrumentos de medición, los que solemos usar para medir fincas, territorios o, a lo sumo, distancias intergalácticas. ¿Acaso no es también infinito el universo? Así pensaba Giordano Bruno, que lo definió como “el efecto infinito de una causa infinita”. De ese modo, aplicando el mismo adjetivo al mundo y a su Creador, reducía lamentablemente su significación. Lo mismo sucede con todos los adjetivos, que siempre resultan humanos, demasiado humanos. ¿Qué significa que Dios es inefable? Más que decir algo sobre Dios, expresa nuestra impotencia para hablar de Él. Aquí también se cumple el viejo axioma: Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur. Los conceptos, igual que los líquidos, reciben la forma del recipiente donde se alojan.

En definitiva, toda teología dice más acerca del hombre que acerca de Dios. Cuando los japoneses atribuyen al dios Sol naturaleza femenina, tal declaración no nos dice nada sobre el Sol, pero sí dice bastante de la cultura japonesa. Se trata de un procedimiento habitual: pedimos a las personas su opinión para saber más de ellas mismas que para saber del asunto sobre el que van a opinar. Contemplemos despacio las Meninas, el tema mismo del cuadro constituye una ironía genial. Teóricamente, Velásquez se ha propuesto hacer un retrato de Felipe IV y de su esposa; de hecho acaba pintando un grupo cortesano dentro del cual se incluye a sí mismo en actitud de pintar. Eso es exactamente lo que yo quería decir: en un libro de teología percibimos mucho más al teólogo que a Dios y al teólogo en su contexto, con su indumentaria de la época, con los esquemas culturales de su tiempo y dentro del ambiente eclesiástico palaciego del cual él normalmente forma parte. Al fondo, reflejada en un espejo, vemos a la pareja real: es una imagen borrosa, casi desvanecida, en contraste con las sólidas figuras que aparecen en primer plano. Efectivamente, ya lo dijo San Pablo, vemos a Dios “como en un espejo”.

Las cosas se agravan porque muchos teólogos suelen interesarse más por la teología que por la fe propiamente dicha, lo mismo ocurre con los políticos, los cuales se preocupan de política más que del país propiamente dicho. Se han escrito miles y miles de obras teológicas, pero gran número de ellas no sobre Dios, sino sobre teología. No saben a café, saben a cafetera. Tomismas que comentan a santo Tomás, epígonos que comentan a los comentaristas, comentarios del P. Rodríguez a las glosas del P. Fernández. ¿Y qué ocurre? El simple fiel acude a los doctores de la Santa Madre Iglesia lamentándose de que no ve bien. Ellos le colocan unos lentes correctores. “¿No es cierto que ahora ve mucho mejor? Díganos que ve”. “Veo unos cristales”.

Sin duda es bueno y necesario que la reflexión sobre la fe se articule en un cuerpo de doctrina, pero los excesos son temibles. Existe una arraigada manía a sistematizarlo todo, de dividir, subdividir, puntualizar, clasificar, la extraña manía de complicar las cosas. Chesterton cita el caso de alguien que tomó en sus manos un tratado de teología y empezó, con gran interés, por el capítulo titulado “De la simplicidad de Dios”; al poco rato abandonó la lectura y exclamó: “Si así es la simplicidad de Dios, ¿Cómo será su complejidad?” Ya sé que existen predicadores capaces de conmover profundamente a sus oyentes empleando un lenguaje ininteligible, pero en tales casos la conmoción producida en las almas suele deberse a la potente, estentórea voz del orador.

Mala cosa es que los legos se metan a teólogos. Ambroise Paré, cirujano francés del siglo XVI y especialista en obstetricia, entreveraba sus saberes médicos con cierta afición a la teología. Para explicar por qué nacen hijos monstruosos enumeraba ocho posibles causas: 1) La gloria de Dios; 2) La ira de Dios; 3) Una cantidad insuficiente de semen; 4) Una cantidad excesiva de semen; 5) La imaginación; 6) La postura inconveniente de la madre al sentarse en la iglesia; 7) Las artimañas de una comadrona maligna; y 8) La acción pérfida de los demonios. Mala cosa es, repito, que un lego se ponga a escribir teología. Pero Dios nos libre de los teólogos que padecen deformación profesional. Son los asesores del Altísimo. Una vez por semana se sientan a su mesa; luego descienden a este sucio mundo y se dignan revelarnos algunas de las interioridades divinas, clasificándolas en ocho o más apartados.

Por supuesto, no todos los teólogos son iguales. Aparte de aquellos que podríamos llamar sensatos, autores de una obra digna y austera, los hay que por ser muy dóciles al Magisterio se creen santos. Otros hay que por ser muy críticos se creen muy inteligentes; su talento se hace del todo evidente cuando sufren una amonestación de Roma. Se cuenta que un rabino, después de leer en el Talmud: “Yahvé guarda del peligro al ignorante”, salió a pasear, preguntándose obsesivamente si él sería ignorante o inteligente; distraído en tales cavilaciones, tropezó, cayó a una zanja y se rompió una pierna; entonces dedujo, radiante de júbilo: ¡Soy inteligente!

A fin de evitar cualquier antropomorfismo en sus elucubraciones sobre Dios, miseria característica de la mente humana, algunos teólogos han recurrido a conceptos tales como el Absoluto, la Primera Causa, el Ser Subsistente, etc. ¿Es que estos conceptos, por muy sutiles y alquitarados que los imaginemos, dejan de ser humanos?, ¿no son tan humanos como todos los demás? El hombre piensa, el teólogo piensa. Depurando más y más la noción de Dios ocurre lo mismo que según Bertrand Russell, ha ocurrido con el concepto actual de materia, reducida casi a mero movimiento sin soporte móvil. Como el gato de Alicia, Dios se vuelve inexistente de puro transparente, hasta que no queda de él sino una sonrisa irónica, provocada quizá por el ridículo de quienes todavía piensan que sigue ahí. Y, en efecto, los más cautos y escarmentados llegaron a una paradójica conclusión: el problema no es cómo hablar de Dios, sino cómo guardar silencio. Eran los teólogos de la “muerte de Dios”. Ya han sido olvidados. También ellos eran ingenuos. Al fin y al cabo, Dios trasciende toda negación no menos que toda afirmación; si Él no cabe en ninguna palabra, tampoco cabrá en el vacío dejado por la supresión de una palabra. Ya pasó la moda. Vuelve la teología locuaz.
04/05/2005 10:12 Permalink. Tema: Filosofando

Creyentes y no creyentes

Todos creemos en algo. No hay nadie que no crea en algo. En definitiva, todo es fe. ¿Qué diferencia hay entre creyentes religiosos y no creyentes?
Unos creen lo que ven, otros creen que ven. ¿Qué diferencia hay, repito, entre creyentes y no creyentes? Unos y otros creen por igual, si bien en cosas distintas y a veces contrarias. Todos ellos son creyentes en el sentido en que podríamos decir también que todos los hombres, tanto los ricos como los pobres, son pobres, pues todos son indigentes y mortales. Todos creemos mucho más de lo que sabemos.

No hay descreído que no crea en algo. Ciertamente, los que profesan alguna religión tienden a pensar mal de los que no profesan ninguna; quien no tiene creencias, dicen, tiene supersticiones. Me parece excesivo. De hecho, sin embargo, siempre que decae lo religioso se desata la pasión por lo mágico, lo cabalístico o hermético, las alucinaciones artificiales, la astrología. El huérfano se ve obligado a llamar padre a su padrastro. Está escrito: nada más fácil que dar muerte a Dios, lo difícil es deshacerse del cadáver. Jean Rostand, biólogo y ateo, sostenía que los creyentes no piensan en la presencia de Dios con tanto ardor como ellos, los ateos, piensan en su ausencia. Seguramente hacía extensiva su propia conducta, un caso extremo de honestidad intelectual, al común de los no creyentes, mientras tomaba como modelo de creyentes al tendero de la esquina. Todos incurrimos fácilmente en ese mismo error metodológico, el de comparar un turco desnudo con un desnudo griego y no con un griego desnudo, que sería lo justo. La verdad sea dicha, tanto creyentes como no creyentes suelen pensar de ordinario en otras cosas, los tenderos en el inspector de Hacienda y los biólogos en la secretaria del departamento de Biología. El mundo es así. Por lo demás, ya se sabe que hoy predominan con mucho los agnósticos sobre los ateos, y que incluso algunos ateos prefieren llamarse agnósticos aunque sólo sea por amor a las palabras esdrújulas. Sin embargo, su inhibición respecto al problema de Dios, eso que ellos denominan suspensión de juicio, no significa simplemente una no creencia; la no creencia es un acto y, si persiste, si convierte en actitud, acaba constituyendo una creencia: se cree firmemente que no es posible averiguar nada acerca de dicho asunto.
25/04/2005 08:26 Permalink. Tema: Filosofando

Enquiridón de Epicteto

Epicteto nació aproximadamente el año 50 d.J.C. en Hierápolis, una de las ciudades más populosas y ricas de la Frigia meridional y a la sazón provincia del Imperio romano. Es probable que fuera llevado a Roma de niño y, en calidad de esclavo, estuvo al servicio de Epafrodito, un liberto que fue secretario de Nerón.

Asistió a las lecciones que daba el caballero romano y filósofo estoico Musonio Rufo, famoso en la Urbe por aquel entonces. Allí, de boca del que sería siempre su querido maestro Rufo, aprendió Epicteto los ideales y dogmas estoicos junto con muchas máximas de una pedagogía vívida y eficaz.

Según cuenta una anécdota muy divulgada por la tradición, su amo se divertía retorciéndole una pierna a Epicteto con un instrumento de tortura, mientras el pobre filósofo se limitaba a advertirle que se la iba a romper; cuando esto sucedió, Epicteto exclamó por todo reproche: “Ya te dije que me la romperías”. Es una leyenda emblemática y un tanto caricaturesca, síntesis gráfica del lema epicteteo: “Sustine et abstine”. Resiste y abstente, una recomendación que compendia gran parte de su filosofía y de su actitud. Frente a la brutalidad que supone la referida anécdota, hay que mencionar que otras fuentes atribuyen la cojera o lisiadura de Epicteto al reuma.

“Tal fue Nerón que en su tiempo ser esclavo en Roma no era nota; sino ser ciudadano; pues era esclavo en la República, que era esclava. Todos lo eran: el Emperador, de sus vicios; la República, del Emperador; Epicteto, de Epaphrodito. ¡Oh alto blasón de la filosofía, que cuando el César era esclavo y la República cautiva, sólo el esclavo era libre!” Ésta es la descripción que hace Francisco de Quevedo y Villegas, traductor brillante de la obra de Epicteto. En la Roma de la época, la oposición a la tiranía de los Césares era principalmente de carácter estoico entre las clases más elevadas y estoico-cínica entre la plebe y los esclavos. Las mismas prédicas de religiones advenidas del Oriente, sobre las que no tardó en destacar la cristiana, abundan en elementos connaturalmente cercanos al estoicismo. Algunos de los libros sapienciales de la Biblia fueron redactados por buenos conocedores de la Estoa: san Pablo, el apóstol de las gentes, se había formado en su ciudad natal, Tarso de Cilicia, famosa por sus centros de enseñanza estoica. La misma Citio, de Chipre, patria de Zenón el fundador del estoicismo, fue en su origen una colonia tarsense y mantuvo después estrechas relaciones con su metrópoli. Doctrinas como las de que todos los hombres son hermanos, descendientes o hijos de Dios, que llevan en sí una chispa de divinidad, que todos son, por tanto, de la misma dignidad y estirpe, sin ninguna diferencia natural entre libres y esclavos; que todos deben aspirar a mayor justicia en sus acciones; que el mundo entero es la universal y pasajera patria... debían de parecerles muy subversivas a los endiosados déspotas imperiales, a los Calígulas y Nerones. Incluso el relativamente tolerante Vespasiano expulsó de Roma a cínicos y estoicos y el cruel Domiciano, perseguidor del cristianismo y cuyo reinado fue una dominación por el terror, emitió varios decretos contra los filósofos.

En el año 93, Epicteto, que ya había sido manumitido y disfrutaba de su condición de liberto, decidió imitar a su maestro Rufo vistiendo los atuendos de filósofo y empezaba a profesar públicamente el estoicismo, motivo por el cual tuvo que salir de Italia desterrado como sus colegas. Se estableció entonces en Nicópolis, ciudad de Egipto en la que abrió una escuela pública donde enseñaba la doctrina estoica y daba ejemplo de una vida ascética, contentándose con lo justo para subsistir y paupérrimo. Habitaba una casucha ruinosa, sin más mobiliario que una mesa, un jergón y una lámpara de metal que, cuando se la robaron, fue sustituida por otra de barro. Estuvo solo hasta que recogió a un niño abandonado y tomó a su servicio a una pobre mujer para que lo cuidara.

La filosofía era en esos días algo parecido a lo que hoy entendemos como profesión religiosa e implicaba, como ésta, exigencia de renuncia, mortificación, austeridad y sometimiento a unos principios y reglas de carácter casi monástico. Los filósofos devenía pues en una especie de predicadores cuyas enseñanzas iban dirigidas tanto o más al corazón y a la voluntad que a la inteligencia de sus oyentes. Se acudía al filósofo en busca de dirección práctica para el espíritu, sintiendo la necesidad de recibir consejo y aliento con los que arrostrar los envites de la existencia y pretendiendo hallar la paz y la felicidad interna mediante la observancia de la virtud.

Epicteto enseñó, disfrutando de una enorme aceptación y casi veneración entre sus discípulos, todas las doctrinas estoicas, aunque haciendo especial hincapié en la ética. No dejó nada escrito, y se debe a la devota solicitud de uno de sus discípulos el que sus enseñanzas hayan perdurado a través de los tiempos. Arriano de Nicomedia recogió la palabra de su maestro Epicteto y trató de reproducirla con la máxima exactitud. Compiló las notas o apuntes que fue tomando en clases o conferencias y redactó unos cuantos libros destinados, en un principio, a su propio uso y al de sus amistades, con la intención de que le sirvieran para recordar lo aprendido y como estímulo en el ejercicio de la virtud. Parece ser que aquellos apuntes informales y privados trascendieron a círculos más amplios en lo que podría denominarse una edición pirata y Arriano se vio obligado a impedir el abuso y a corregir las alteraciones que habría sufrido el texto original. Publicó ocho –o más- libros de Diatribas, disertaciones exhortatorias, de los que se conservan cuatro completos y varios fragmentos de los demás. Después, Arriano compone “El Inquiridón o Manual”, y lo hace entresacando el núcleo más esencial de aquellas doctrinas y enseñanzas antes recopiladas.

La intención con la que Arriano redactó el Manual no era la de dar a conocer el estoicismo, ni su ambiente, ni tampoco quién era Epicteto, ni cómo se le entendió o se le dejó de entender, ni si influyó o no en el pensamiento de la época. Todo esto se daba por sabido o se pensó que no hacía falta saberlo. El Manual se escribió como recordatorio, para mantener presente y actualizado algo antes aprendido, de aquí que muchos de los capítulos del opúsculo comienzan con un imperativo “recuerda...”

Para saber del estoicismo, de sus orígenes, ambientación, maestros fundadores, doctrinas principales y secundarias, evolución, recepción e influencias culturales del mismo hay estupendos trabajos realizados por eminentes expertos. Pero para habérselas dignamente con el Manual, nada mejor que una lectura directa de la obra, porque el texto debe escapar a cualquier intento de interpretación o tergiversación. Sus directrices y consejos todavía pueden resultar útiles a cuantos busquen liberar su ánimo de las angustias y tensiones que oprimen al hombre actual y pueden servir para fortalecer la voluntad y adquirir mayor dominio de uno mismo.

A continuación anoto una muestra de inapreciables valores prácticos para conseguir la libertad interior, la tranquilidad del espíritu o la paz de conciencia, eso sí, siempre que se cumplan esforzadamente los preceptos estoicos:

·No pretendas que lo que sucede suceda como quieres, sino quiérelo tal como suceda, y te irá bien.

·Si quieres progresar, rechaza reflexiones como éstas: “Si descuido mis negocios, no tendré de qué vivir”. “Si no castigo al joven esclavo se maliciará”. Mejor es morirse de hambre habiéndose librado de la tristeza y del miedo que vivir en la abundancia pero lleno de inquietudes, y mejor que el esclavo sea una calamidad que no que tú estés siempre de mal genio.

·Amo es de cada uno quien lo que el tal quiere o no quiere tiene la facultad de dárselo o quitárselo. Por consiguiente, todo aquel que trate de ser libre ni quiera ni rehuya cosa alguna de las que dependen de otros; y si no, será necesariamente esclavo.

·Invencible puedes ser si a ningún combate desciendes en el que la victoria no dependa de ti.

·Recuerda que no es el que insulta o el que golpea quien ultraja, sino la opinión que enjuicia estas acciones como ultrajantes. Por tanto, cuando alguien te irrite, sábete que tu juicio te ha irritado. Así que, en los primeros momentos, procura no ser cautivado por la engañosa fantasía, pues, una vez hayas ganado tiempo y dilección, más fácilmente serás dueño de ti.

·Si alguna vez llegas a volverte hacia lo extremo por querer agradar a alguien, sábete que habrás perdido el rumbo acertado. Conténtate, pues, en toda circunstancia con ser filósofo. Y si también quieres parecerlo, parécetelo a ti mismo y basta.

·Si alguien te hiciere saber que un individuo habla mal de ti, no te defiendas contra lo que se haya dicho, sino responde: “Pues ignora los demás defecto que hay en mí, de lo contrario, no habría dicho sólo estos”.

·Cuando hagas algo habiéndote juiciosamente convencido de que hay que hacerlo, en ningún momento rehuyas ser visto mientras lo pones en práctica, por más que la gente pueda pensar de manera desfavorable acerca de ello. Pues, si no obras con rectitud, evita la acción misma, y si con rectitud, ¿por qué temes a los que injustamente te harán reproches?

·Señal es de incapacidad natural pasarse la vida ocupado en cosas concernientes al cuerpo, como en hacer mucha gimnasia, comer mucho, beber mucho, evacuar mucho, copular mucho. Estas cosas se han de hacer, más bien, accesoriamente; dedíquese, en cambio, a la mente toda la atención.

·Razonamientos como estos son incoherentes: “Yo soy más rico que tú, luego soy superior a ti”, “Yo soy más elocuente que tú, luego soy superior a ti”. En cambio, estos otros son más concluyentes: “Yo soy más rico que tú, luego mi riqueza es superior a la tuya”, “Yo soy más elocuente que tú, luego mi elocuencia es superior a la tuya”. Ya que tú no eres, ciertamente, ni riqueza ni elocución.

·Ya no eres un muchacho, sino hombre plenamente adulto. Si ahora te descuidas y emperezas, y siempre vas cambiando de propósitos y fijando unas tras otras las fechas a partir de las cuales te ocuparás de ti, ni te darás cuenta de que no progresas, sino que seguirás siendo un vulgar ignorante al vivir y al morir.
11/04/2005 08:42 Permalink. Tema: Filosofando

Teorías sobre la verdad

La meta del conocimiento es alcanzar la verdad. Pero, ¿qué es la verdad? La célebre pregunta de Pilatos es una de las cuestiones más problemáticas de la Filosofía. De entrada, su significado es muy variado. La cultura hebrea entiende la verdad como una cualidad de las personas que inspiran confianza y son de fiar. Un amigo es verdadero porque cumple sus promesas y siempre se puede contar con él. Los griegos refieren la verdad de las cosas y secundariamente a nuestro conocimiento. La designan con el término alétheia, que significa “lo que no está oculto”, “lo manifiesto”. En latín, veritas y verum aluden a la exactitud y rigor en el decir. Los romanos entienden la verdad como virtud de las personas veraces, que no mienten.

Estos tres sentidos son análogos y se complementan, confluyen y están presentes en la concepción europea de la verdad. Partiendo de esta significación podemos exponer las teorías principales que intentan comprender y explicar en qué consiste y cómo surge la verdad: por adecuación, coherencia, utilidad y consenso.

“Decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero”. Parece un trabalenguas, pero en esta fórmula están presentes los dos elementos que intervienen en el acto de conocer y en la definición de verdad: el objeto y el sujeto. Además, se entiende la verdad como una relación de ajuste o correspondencia entre la realidad y lo que decimos de ella. Tomás de Aquino y los filósofos medievales lo expresaron con una acertada definición: “Adecuación entre el entendimiento y la cosa”.

La teoría de la verdad como coherencia, formulada por primera vez por Hegel, no pone como criterio de verdad la adecuación a la realidad, sino la coherencia o conexión entre el conjunto de proposiciones de un sistema. La verdad, más que en las proposiciones aisladas, está en el sistema. Se trata de un criterio válido para las ciencias formales: matemáticas y lógica, pero no aplicable a las ciencias empíricas, donde la teoría ha de acomodarse a los hechos que pretende explicar: un sistema puede tener coherencia lógica y ser falso.

La teoría pragmatista, desarrollada por Dewey y James, equipara verdad y utilidad. Al constatar la función práctica del conocimiento, el pragmatista reduce a verdad esa función y estima que un conocimiento es verdadero si nos permite actuar con éxito y falso si nos conduce al fracaso. Por esta regla de tres: un mapa de carreteras es verdadero si nos orienta y nos permite llegar a nuestro destino y es falso si nos desorienta y nos perdemos. En el ámbito de la ciencia, la verdad se manifiesta en el éxito de la experimentación. En el ámbito de las creencias, James sostiene que son verdaderas si producen efectos beneficiosos en el creyente y falsas si los efectos producidos son perniciosos.

Es fácil ver que el pragmatismo se enfrenta a objeciones muy serias. En primer lugar, deja en la penumbra su concepto básico de utilidad. Además, lo útil es un concepto esencialmente relativo, que varía según las personas, los lugares y los tiempos. Una creencia tampoco es verdadera porque produzca efectos satisfactorios: se dice sabiamente que, en ocasiones, la verdad es amarga. También sabemos que hay verdades inútiles y mentiras útiles. El pragmatismo pues, con su ausencia de matices, puede justificar posturas políticas violentas o injustas.

La teoría del consenso como medio para alcanzar la verdad tiene su origen en Sócrates y ha sido desarrollada en el siglo XX por Apel y Habermas. Destaca la importancia del diálogo como el mejor de los procedimientos para descubrir la verdad. De un diálogo libre, limpio de coacción y de intereses, sin ignorancia de datos relevantes. Quienes sostienen esta teoría se dan cuenta de que piden una situación ideal, muy difícil de conseguir. Saben también que el consenso no es criterio de verdad, pues a lo largo de la historia se han dado consensos mayoritarios radicalmente falsos: la esclavitud, la inferioridad de la mujer, la pena de muerte, el racismo... Tampoco ignoran que, más que derivar la verdad del consenso, es el consenso el que deriva del común reconocimiento de la verdad. Su principal aportación consiste en mostrar que la mejor forma de acceder a la verdad es aducir razones propias, escuchar las ajenas y dialogar con rigor y serenidad.
01/04/2005 08:27 Permalink. Tema: Filosofando

Duda, opinión y certeza

Duda, opinión y certeza son los tres grados de validez que otorgamos a nuestro conocimiento.

La duda consiste en fluctuar entre la afirmación y la negación de una determinada proposición. Por encima de la duda está la opinión: admite una proposición sin excluir la posibilidad de que sea falsa. Se trata pues de un asentimiento débil. El hombre se ve obligado a opinar porque su conocimiento le impide alcanzar siempre la certeza. El futuro es casi siempre opinable, ya que está abierto a diversas posibilidades, igual que todo aquello que depende de la libertad humana. Sin embargo, no todas las opiniones valen lo mismo. Séneca recomienda que las opiniones no deben ser contadas sino pesadas.

No todo es opinable. Lo que se conoce de manera inequívoca no es opinable, es cierto. Y no hay que tomar lo cierto como opinable, ni viceversa. No se puede opinar que el Sol es más grande que la Luna, ni asegurar con certeza que el capitalismo es el mejor sistema económico. Si la duda y la opinión no son criterios de verdad, la certeza sí lo es. La certeza se basa en la evidencia y la evidencia no es otra cosa que la presencia evidente de la realidad.

La evidencia puede ser inmediata o mediata. Es mediata cuando no se da en la conclusión sino en los pasos que conducen a ella. No conozco a los padres de Luis, pero la existencia de Luis es para mí una certeza inmediata; la existencia actual o pasada de sus padres, a los que nunca he visto, también me resulta evidente, pero con una evidencia mediata, que me llega por medio de su hijo.

La condición limitada del hombre hace que la mayoría de nuestros conocimientos no se realicen de manera inmediata. Pocos son los que han visto las moléculas, el suelo lunar o la Antártida. La mayoría no conocemos a Mahoma, a Aristóteles o a Luis XIX. Sin embargo, sabemos con certeza de su existencia. Esta certeza se funda en un tipo de evidencia mediata: la proporcionada por un conjunto unánime de testigos, por la comunidad científica, por las imágenes que nos proporcionan los medios de comunicación... Esto pone de manifiesto que la certeza se apoya en la evidencia, en la tradición y autoridad cualificadas.

Las evidencias mediatas no se sustentan en razonamientos propios, sino en los de segundas o terceras personas. Si no admitiéramos su valor, si no creyéramos a nadie no podrían educarnos, la ciencia no avanzaría, estudiar no tendría sentido... Si sólo concediéramos valor a lo que nosotros conocemos directamente, la vida social sería imposible y estaría integrada por individuos ignorantes.

¿Puede tener certeza quien cree? La certeza nace de la evidencia. ¿Qué evidencia tiene el que cree? Una, la de la credibilidad del testigo. El que no ha visitado China cree en los que sí han estado y atestiguan su existencia. Los que nunca han visto a Napoleón creen a los que sí lo vieron. En todos los casos es evidente la credibilidad de los testigos.
21/03/2005 09:30 Permalink. Tema: Filosofando

El individualismo

Hume abrió la puerta: “Existe un feroz dragón llamado tú debes, pero contra él arroja el superhombre la palabras yo quiero”, y Nietzsche entró a saco. Si el cumplimiento del deber no ha hecho al hombre más feliz, apostemos por la autonomía total. Si como hombres se nos niega la felicidad, tal vez como superhombres podamos lograrla. Y seremos superhombres si nos atrevemos a despojarnos de la máscara racional del deber, esa artimaña del débil para dominar al fuerte.

“Durante demasiado tiempo, el hombre ha contemplado con malos ojos sus inclinaciones naturales, de modo que han acabado por asociarse con la mala conciencia. Habría que intentar lo contrario, es decir, asociar con la mala conciencia todo lo que se oponga a los instintos, a nuestra animalidad natural. ¿Pero quién es lo bastante fuerte para ello? Algún día, sin embargo, en una época más fuerte que este presente corrompido, vendrá un hombre redentor, que nos liberará de los ideales y será vencedor de Dios y de la nada”.

Nietzsche predica la inversión de los valores, y para conseguirlo sabe que es preciso arrancarlos de su raíz. De aquí nace su necesidad de decretar la muerte de Dios. La muerte de Dios es necesaria para el advenimiento del superhombre, y es el más grande de los hechos. “Ahora es cuando la montaña del acontecer humano se agita con dolores de parto. ¡Dios ha muerto: Viva el superhombre!” Este acontecimiento divide la historia de la humanidad, produce un antes y un después, es un suceso cósmico del que son responsables los hombres y que les libera de las cadenas de lo sobrenatural que ellos mismos habían creado. La muerte de Dios es la muerte del deber y la victoria de la autonomía absoluta. Sin Dios no hay referencia moral, y todo puede ser disuelto por la duda.

“Hasta hoy no se ha experimenta la más mínima duda o vacilación al establecer que lo bueno tiene un valor superior a lo malo. ¿Y si fuese al contrario?” Nietzsche reflexiona sobre los mecanismos psicológicos que alientan el origen de los valores. Parte de la convicción de que la moral es una construcción ideológica para dominar a los demás y concluye que es un invento de los débiles para sojuzgar a los fuertes; más aún, es una venganza intelectual de los judíos contra sus enemigos.

Un nuevo deber nos llama a la autoafirmación biológica, a la victoria de los señores sobre los esclavos. Nietzsche sueña con una aristocracia de la violencia y se opone al ideal de igualdad buscado por el socialismo y la democracia: “El hombre gregario pretende ser hoy en Europa el único hombre autorizado y glorifica sus propias cualidades de ser útil, conciliador y útil al rebaño”. El influjo de Nietzsche en el nazismo es un hecho demostrado. Nietzsche no fue ni nazi ni antisemita, pero la violencia de su lenguaje y la impresión de su ideal dieron todas las facilidades para su manipulación. Luego, vistas las consecuencias, no es suficiente decir que él no pensaba así y que habría vomitado ante los atropellos de Hitler. Tampoco vale decir que se ha producido una tergiversación de su pensamiento, pues cabe preguntarse cómo y por qué fue posible lo que tan ingenuamente se denomina tergiversación.

Hoy la Psicología del superhombre ha triunfado, desde la Revolución Francesa, los ácidos del individualismo han corroído nuestras estructuras morales, y Nietzsche goza ahora de una vigencia que no tuvo en vida, aunque el vacío dejado por el deber moral ha mostrado serias deficiencias estructurales. El individualismo sin ley ha multiplicado la exclusión profesional y social que provoca la aparición de guetos donde se multiplican las familias sin padre, los analfabetos, los desarraigados, la violencia. En su obra “El crepúsculo del deber”, Guilles Lipovetsky advierte que “no hay en absoluto tarea más crucial que hacer retroceder el individualismo irresponsable”. La autonomía moral, llevada a sus últimas consecuencias, se paga con lacras sociales y desequilibrio existencial.

Nietzsche llevó a cabo una gigantesca demolición cultural en la que no dejó títere con cabeza. Su objetivo principal fue la religión cristiana, pero tampoco se libraron la Grecia clásica, el positivismo, el evolucionismo, la democracia, el estado moderno y la música de Wagner. En esos años de final del siglo XIX, la libertad moral parecía un logro, una magnífica conquista; no se reparó en que la naturaleza social del hombre hace de la libertad un concepto limitado y relativo, que se fundamenta en la justicia, se define en la Ley y exige responsabilidad. Por esto, la autonomía absoluta es inviable dentro de una sociedad, es una condición que hay que proteger, aunque sin poner en ella todo el peso de la moral, pues se acentuaría la indefinición y nos llevaría muy lejos, adonde nunca debemos llegar.
09/03/2005 09:55 Permalink. Tema: Filosofando

Matemáticas

Las matemáticas son exactas, pero conviene recordar que la exactitud no es verdad. Uno de los ejemplos más característicos lo ofrece el intento de explicar la inteligencia humana en clave numérica. Quizá resulte imposible saber exactamente qué es el pensamiento, pero si reduzco el problema a una cuestión de neuronas puedo tener una tranquilizadora impresión de exactitud: 1.350 gramos de cerebro humano constituido por 100.000 millones de neuronas, cada una de las cuales forma entre 1.000 y 10.000 sinapsis y recibe la información que le llega de los ojos a través de 1 millón de axiones empaquetado en el nervio óptico. Por lo demás, toda neurona es una célula viva que puede ser explicada por la química orgánica. De manera que puedo explicar lo suprabiológico en clave biológica y entender la biología como procesos químicos y expresar lo químico de forma matemática. Ahora bien, lo que se preguntará cualquier mente medianamente crítica es qué tienen que ver el carbono, el hidrógeno, las neuronas y la expresión matemática de sus procesos en algo tan poco matemático como sostener la más elemental de las conversaciones, entender un chiste o interpretar una mirada.

De todo lo anterior se deduce que no podemos considerar como único objeto de conocimiento lo que se puede medir, contar, verificar y expresar numéricamente. El prestigio de la ciencia llena la modernidad, pero cuando se la toma como único conocimiento posible, se observa que no colma la vida del hombre, pues no habla de valores, de sentido, de metas, de fines, de aquello que el ser humano requiere en su vida diaria auténtica. Más allá de la ciencia hay otra cara de la realidad, más interesante, que esconde lo que Dostoiewski denominó “mitad superior” del ser humano, donde aparecen aspectos no cuantificables como la amistad y el amor: son sentimientos que no se pueden medir, pero que son la medida de nuestra humanidad.
14/02/2005 10:20 Permalink. Tema: Filosofando

El origen de todo

Al final de su ensayo Historia del tiempo, Stephen Hawking se atreve a decir que la ciencia, por mucho que avance, jamás será capaz de responder a la más grande de las preguntas: por qué el universo se ha tomado la molestia de existir.

La astrofísica explica el origen de todo lo conocido: el universo, con la teoría de una gigantesca explosión, el Big-bang. Pero lo que había antes del Big-bang, esa fabulosa concentración de energía miles de millones de veces más pequeña que el núcleo de un átomo, existía ya. Y es precisamente la existencia de esa especie de chispa en el vacío lo que debemos explicar para hablar del origen radical del universo.

La física reconoce que no puede hacerlo, pues uno de los límites del conocimiento físico es el muro de Planck, que oculta el comportamiento de los átomos cuando la gravedad es extrema: justo hasta 10 elevado a una potencia negativa de 43 segundos después de la gran explosión. Además, aunque traspasara el muro de Planck, el origen radical del universo quedaría fuera del campo de su estudio, pues dicho origen implica el salto de lo físico a lo no físico.

Ninguno de los seres que integran el universo se ha dado vida a sí mismo: todos, tanto los vivos como los inertes, son eslabones de una larga cadena de causas y efectos. Pero esa cadena ha de tener un inicio. Si el cosmos no se da la existencia a sí mismo, debe haber algo más, debe haber un ser que exista por derecho propio y que transmita existencia a los demás. ¿Adónde llegamos cuando nos remontamos hasta la fuente radical de la existencia? A una causa que sólo puede ser extracósmica.

La Filosofía tampoco llegará más lejos que la ciencia, puesto que es humana, y nunca sabremos la causa de la existencia: ¿por qué el ser y no la nada?
11/02/2005 12:59 Permalink. Tema: Filosofando

Egoísmo

Si preguntamos a alguien ¿qué es egoísmo?, seguramente nos responderá que es pensar en uno mismo sin tener en cuenta a los demás, anteponer las propias necesidades a las ajenas... Podría continuar, pero no es necesario. Existe bastante consenso intuitivo para deducir que todos sabemos muy bien qué es egoísmo.

La palabra egoísmo proviene de la raíz latina ego, que significa yo, y el sufijo ismo, que significa sistema, doctrina. Por tanto, teniendo en cuenta la etimología, el egoísmo es un sistema o doctrina basado en uno mismo; o sea, un esquema de interacción en el cual la persona actúa desde su propia identidad.

¿Por qué, entonces, está tan desacreditado el egoísmo? Muy sencillo, porque solemos confundir condición con función. Poseemos una noción instrumental del egoísmo. Si es a favor nuestro, no es egoísmo; si es en contra, sí. Por ejemplo: si dos personas quieren ir al cine, no hay egoísmo, cuando deciden quedarse en casa, tampoco, pero las dos se tildan de egoístas cuando sus deseos discrepan.
08/02/2005 11:07 Permalink. Tema: Filosofando

Humor y dictadura

En los regímenes totalitarios, donde cualquier crítica al poder ha sido abolida, sólo el humor permanece como forma de insumisión más o menos eficaz. Es cierto que en todas las cortes existieron bufones, a los cuales estaba permitido reírse de ministros y regidores, hasta del propio rey; pero esto sucedía porque sus burlas se consideraban inofensivas, ya que los bufones estaban clasificados entre los animales domésticos. El verdadero humor, para sobrevivir, tiene que aprender a sortear la censura impuesta por el dictador. Recurrirá a un estilo equívoco, utilizando expresiones que dicen una cosa y quieren decir otra, que incluso alaban aparentemente aquello que en realidad fustigan. Si la censura se hace más severa, el buen humorista no se volverá más tímido, sino más sutil. Entre ingenios muy refinados circula el siguiente axioma: la sátira que comprende el censor, merece ser prohibida. Es probable que al final haya que repartir entre los lectores un manual de exégesis: donde dice orden público léase opresión, donde dice Bucarest léase Valparaíso, donde dice gutapercha léase libertad, donde dice libertad es una errata. Última trinchera de las fuerzas de oposición, el humor persiste como una voz de los sin voz, como una única defensa de los indefensos. Según Escarpit, analista del tema y antiguo miembro de la Resistencia, el humor puede ser un instrumento de lucha en la medida en que, al exorcizar el miedo, infunde valor a los combatientes y, al desacreditar la amenaza, priva al tirano de su principal arma psicológica.

Pero no seamos ilusos. El humor constituye tan sólo un recurso espiritual, por sí mismo desprovisto de poder en otros niveles. El humor derriba los ídolos, recupera los espacios prohibidos, destruye y construye... Me lo imagino riéndose tiernamente de sus panegiristas. Reyes y emperadores siempre han ejercido creyendo que el juego es de verdad, y en eso consiste su error, pero también su terrible fuerza opresiva frente a los súbditos. El humor, más lúcido, más escéptico también, sabiendo que todo es juego, juega a jugar su propio juego, y ahí estriba su debilidad a la vez que su grandeza. Segismundo descubrió que la vida es sueño y se mofaba del rey que sueña ser rey; tal descubrimiento le confería un cierto poder disolvente, corrosivo, pero este poder iba a disminuir notablemente en cuanto se diera cuenta de que él también estaba soñando, de que sólo había soñado haber descubierto que la vida es sueño. En otras palabras, el gran peligro para el humor, para esa misión subversiva a que está destinado, radica precisamente en su lucidez, en su carácter disuasivo.

Por lo demás, admito que el humor pueda ser considerado un agitador incómodo, ya que de suyo resulta indomable. Desnudo y vapuleado, conserva sus resortes intactos, precisamente porque son espirituales. De san Ocadio mártir se dice que, cuando le mandaron arrodillarse ante el emperador, replicó: "Yo sólo me arrodillo ante Dios". Lo pusieron de rodillas por la fuerza, a golpes. Cuando le dieron la orden de levantarse, contestó: "Lo siento, aún no he terminado mis oraciones". ¿Comprendéis? Quiero decir que rara vez el humor ha servido para alcanzar una victoria, casi siempre sirve tan sólo para hacer honrosa la derrota. En términos generales, es mucho más apto para consolar que para conceder la felicidad. Sin embargo, debo decir otra cosa a favor del humor, y es que si llega un día la victoria, esa victoria de los oprimidos y sojuzgados con los cuales él había hecho causa común, entonces pasará inmediatamente a la oposición, ya que por naturaleza sigue siendo inconformista y disidente. Respecto del pasado, respecto de aquella lucha que acabó con éxito y en la cual él colaboró tan sinceramente, a partir de ahora se encargará de ir añadiendo al margen notas irónicas en la historia oficial escrita por los vencedores.
29/01/2005 10:29 Permalink. Tema: Filosofando

Refutando a Osho

Sócrates, Séneca, Descartes, Kant, Sartre... Mi formación en Filosofía se basa en las enseñanzas de los grandes pensadores europeos. No sé por qué en España se descuida el estudio de las filosofías no europeas, porque vivimos en un mundo pluricultural y para no tener una visión reduccionista, conviene abrirse a lo que las diferentes culturas pueden aportar. Con este afán, he sumado a mis lecturas el libro “Hombre y Mujer, la danza de las energías”, de Osho, un místico contemporáneo cuya vida y enseñanzas han influido en millones de personas en todo el mundo. “Mi mensaje no es una doctrina ni una filosofía. Mi mensaje es una alquimia, una ciencia de transformación”, así ha definido él mismo su obra.

Los valores que defiende Osho, voluntaria o involuntariamente, están de acuerdo con sus propias vinculaciones culturales, con su formación académica, fue profesor de Filosofía en la Universidad de Jabalpur (India), y el taoísmo fundamenta su pensamiento. Me ha sorprendido que en su obra aluda a conductas humanas emitiendo juicios categóricos sobre ellas y que aplique adverbios como “siempre” y “jamás” a las personas, a esos seres que fluyen como un río y son siempre distintos, según sus propias palabras. También me ha llamado la atención no hallar sólidas argumentaciones, la exposición de los pasos previos que demuestren sus tesis, no hay razonamientos claros, no se encadenan lógicamente varias proposiciones para llegar a una conclusión. Las conclusiones brotan directamente de su certidumbre personal. Osho habla de las mujeres, y supongo que basa sus aseveraciones en la cantidad ínfima de mujeres que ha creído conocer, luego extrapola sus conclusiones a la mitad de la humanidad, tal vez porque ignora que cualquier afirmación general es falsa. Opina sobre Hitler, y deduzco que desconoce su biografía, pues considera que Hitler fue incapaz de llorar, de ser femenino, “por eso mató a millones sin el más leve remordimiento”. Hitler lloró durante toda su traumática infancia, le faltó el afecto y el apoyo de un padre comprensivo y tolerante. Si Hitler hubiera tenido otra infancia, otro padre, habría sido una persona diferente.¿Por qué Osho no analiza las causas de su conducta y juzga a un hombre basándose tan sólo en las consecuencias de sus actos? Nietzsche lo entendió mejor: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en un monstruo”. Hitler no logró salir airoso en esta contienda.

Estoy acostumbrada al proceso aristotélico, al conocimiento cierto por las causas. Conocer las causas de las cosas significa conocer el fondo y las causas de las cosas son siempre múltiples. Quizás éste sea el motivo por el que discrepo con Osho, él practica la inducción: llega a un enunciado general a partir de experiencias particulares. Esa generalización se apoya en la constatación de que la naturaleza se comporta de manera uniforme, y por ello los individuos de una misma clase natural se comportan del mismo modo. Osho se refiere a hombres y a mujeres, generaliza a cerca de sus conductas, por eso excluye a cada individuo que forma la especie humana y que con su carácter único y sus circunstancias únicas se separa de ese todo uniforme.

-“El hombre representa acción, la mujer representa inacción”. Existen hombres pasivos y mujeres activas.

-“El hombre y la mujer son complementarios”. Cada ser humano es un individuo entero, quienes necesitan de cualquier complemento aún están edificando su personalidad.

-“Un hombre, para ser realmente masculino, ha de ser aventurero, creativo, ha de ser capaz de tomar tantas iniciativas en la vida como le sea posible. La mujer, para ser mujer de verdad, ha de ser un estanque de energía detrás del hombre, para que la aventura pueda disponer de tanta energía como sea posible”. La masculinidad y la feminidad se miden con otros parámetros que nada tienen que ver con tomar iniciativas sin tregua o con suministrarle energía a otro para que realice sus proyectos.

-“La mujer piensa intuitivamente, el hombre intelectualmente, lo que impide el encuentro”. La mujer es capaz de pensar intelectualmente, igual que el hombre puede pensar intuitivamente. La intuición y la inteligencia no se reparten por sexos, sino por personas. Con buena voluntad e interés por ambas partes, es posible el entendimiento.

-“El hombre es más argumentativo. Esto han aprendido las mujeres: si siguen hasta el final de la discusión él ganará. De modo que no discuten, pelean. Se enfadan y lo que no pueden hacer mediante la lógica lo hacen a través de la furia”. Una discusión no se gana sólo con argumentos, que pueden ser erróneos, la mujer lo sabe y si tiene razones de peso, las defenderá ante cualquier hombre. Pocas mujeres eligen como opción pelear contra un hombre, reconocen su inferioridad física, que no intelectual, respecto al varón y evitan resolver los conflictos en una lucha a brazo partido.

-“La mujer tiene sus propios argumentos: romper platos”. Por favor, qué insulto a la inteligencia es éste.

-“A medida que las parejas se asientan, el marido olvida todo sobre las discusiones. Cuando entra en casa, respira hondo y se prepara para cualquier cosa irracional que vaya a suceder”. ¿Acaso la mujer es irracional? Osho se suma así a la opinión machista de millones de hombres en el mundo y que resume en una frase: “No hay quien entienda a las mujeres”. Ésta es la postura de quien comprende muy bien su propia causa, pero no la de la otra.

-“Al hacer el amor un hombre pierde energía, una mujer la gana. Por eso las mujeres se han visto inhibidas en todo el mundo. ¡Si no se las contuviera, el hombre moriría! Sería imposible para ningún hombre satisfacer a alguna mujer”. Sólo queda concluir que todas las mujeres son unas ninfómanas viciosas. Puede que las mujeres con las que se acostó Osho no alcanzarán el orgasmo y por eso se quedaran tan frescas mientras a él se le iba la fuerza por el pene, pero la verdad es que, tras una buena sesión de sexo, las mujeres también se agotan. La mujer resiste mejor los envites sexuales, pero de ahí a aseverar que si no se la contuviera mataría al hombre... Lo único que demuestra Osho es un profundo desconocimiento de la fisiología femenina.

-“La inteligencia y la claridad forman parte de la mente masculina”. La estupidez, por ende, debe ser el distintivo femenino.

-“Es muy difícil para una mujer decidirse, porque es más fluida, más un proceso y menos solidez. De modo que siempre que sean necesarias decisiones, escuchad a un hombre”. La mujer decide y lo demuestra a diario, porque la vida de cualquier ser humano se basa en la toma constante de decisiones.

-“La mujer siempre es partidaria de lo viejo, de lo establecido, sin importar que sea bueno o malo”. ¿De dónde saca esto? La mujer es partidaria de la novedad, le agrada lo nuevo y posee el juicio suficiente para determinar si algo es malo o bueno. Hay hombres resignados, temerosos e inactivos que esperan que otro les resuelva la vida. De la misma manera, existen mujeres que luchan, que se esfuerzan, que logran darle la vuelta a las situaciones que no les agradan.

-“Jamás entenderéis nada sobre el amor a través de los poetas, son las últimas personas en tener alguna percepción sobre el amor. De hecho, escriben poesía sobre el amor porque en su vida han perdido el amor, es un sustituto”. Los poetas tienen el don de transformar las emociones en palabras, no entienden el amor, como no lo entiende nadie, pero saben describir perfectamente y con suma belleza sus efectos. Hablan del amor porque aman.

-“El amor de un hombre únicamente es parte de su vida, tiene otras muchas cosas que hacer. El amor en una mujer es toda su vida”. La mujer también desarrolla numerosas actividades en la vida, además de amar.

-“Si la vida fuese lógica, sólo habría habido hombres o mujeres, no habría existido la necesidad de un polo opuesto”. ¿Por qué?¿La razón de que la vida sea ilógica es que existen hombres y mujeres?

-“La penetración física es sexo, lo cual es algo muy superficial. La penetración psicológica es amor, que es mucho más importante, hermoso y humano. Lo primero es animal, lo segundo es humano”. El mismo animal que folla, ama. La penetración psíquica puede ser también odio destructivo, manipulación, tortura emocional...

-“El hombre básicamente es poco convencional. La mujer siempre apoya el statu quo, y el hombre está dispuesto a ir en pos de cualquier estúpida revolución. Apoya cualquier cosa en cambio. Que sea un cambio para bien o para mal es de poca importancia. El cambio es bueno”. Esta sentencia echa por tierra la teoría de que el hombre es racional, inteligente y con una mente clara. Si obra al tuntún y apoya cualquier cambio, por nefasto que sea, no puede decirse de él que obre con arreglo a su inteligencia, sino a su estupidez.

Tao, Shiva y Shakti, yin y yang, polaridad... Nunca he visto las cosas de este modo, no las considero porciones de un todo dividido en dos mitades opuestas, tampoco he sentido en mi interior la dualidad hombre-mujer. Osho me ofrece su opinión al respecto: “Esto es lo más fundamental de convertirse en una persona completa: el hombre y la mujer que lleváis dentro deben enamorarse y desaparecer en el otro. El ser interior debería volverse andrógino, ni hombre ni mujer. Entonces estáis integrados, sois uno... Convertirse en uno es llegar”. Será, pues, que he llegado. No sé adónde, pero he llegado.
26/01/2005 10:46 Permalink. Tema: Filosofando

La ética de la libertad

De la libertad se ocupa propiamente la Ética. Libertad es decidir y también darse cuenta de que se decide. La libertad es individual, nadie puede ser libre por mí. Como no vivimos solos, como somos animales sociales, muchas cosas se nos imponen, queramos o no, pero entre las órdenes que nos dan, las cosas que se nos imponen, las costumbres que nos rodean y las que nosotros adquirimos, hay que aprender a elegir.

Una persona libre posee pensamiento propio, por eso precisamente ha llegado a la libertad. Una persona libre piensa lo que hace y obra en libertad. La ética del hombre libre no tiene nada que ver con los premios y castigos o con las recompensas. El Derecho Jurídico nos marca pautas de conducta e impone sanciones a quienes las violan. Pero el Derecho no siempre es moral, es decir, no siempre se ajusta a las normas que el individuo acepta como válidas. Aquí entra en juego la Ética, que es la reflexión sobre por qué las consideramos válidas en comparación con otras “morales” que tienen individuos diferentes.

Para un nazi del III Reich era bueno gasear a los judíos, el acto representaba un medio para conseguir un fin: lograr la raza aria. No creo equivocarme si afirmo que los judíos no compartían este criterio.

Puede darse el caso de que una persona que se halla en una situación de necesidad extrema se vea “obligada” a robar en nombre del deber ético de su propia subsistencia o de la de su familia, sin embargo, esta conducta ética del “ladrón” estará en contradicción frontal con las normas morales y jurídicas vigentes.

A fin de hacer posible la convivencia política de los ciudadanos, el derecho asume el “moldeamiento moral” de los mismos y marca límites. Por consiguiente habrá que tener en cuenta que la convivencia que El Bien Común busca hacer posible es siempre una convivencia de individuos y de grupos en conflicto. Es puro idealismo dar por supuesta la posibilidad de una convivencia armoniosa que hubiera de producirse automáticamente tan pronto como todos los ciudadanos se comportasen éticamente. Ni siquiera cabe decir, con sentido, que este ideal de convivencia armónica es la expresión de un deber ser, porque lo que es utópico, lejos de poder presentarse como un deber ser, siempre incumplido, habría que verlo como un simple producto de la falsa conciencia.
11/01/2005 11:29 Permalink. Tema: Filosofando

Te veo...

Te veo en medio del laberinto, desorientado, entre Ariadna y el Minotauro. Las noches sin estrellas pueden ser muy bellas si la oscuridad no te espanta. Entre la multitud de senderos, elegir uno, cualquiera, todos llevan al mismo destino: la muerte. Qué importa si zigzagueamos o andamos en línea recta, ¿importa el camino? ¿importa la meta? La única sabiduría que cuenta es la nuestra, lo que otros saben, lo que otros ignoran, forma parte de su bagaje. Cada cual ha de portar su propio equipaje. Los gurús prenden fuegos de artificio, pero tras la explosión de color, apenas un destello, vuelve la negrura. La única luz que nos guía es la que arde en el corazón. A veces nos sentimos perdidos, atropellados por la vida, que gira y gira incesante. Nada concluye, el mundo sigue, con nosotros, sin nosotros, contra todos. El paisaje más triste y desolado es un festival cuando aparece una estrella. Esa estrella eres tú para mí, yo para ti, él para nosotros. Apenas un segundo de dicha fugaz antes de partir de nuevo, solos, pero con esa llama que nos dejaron aquellos a los que amamos.
08/01/2005 18:26 Permalink. Tema: Filosofando

Las creencias

Todos creemos en algo, incluso los escépticos como yo. No existe nadie que no crea en algo. En definitiva, todo es fe. La ciencia misma es un acto de fe. El científico cree en las leyes de la naturaleza, en la exactitud de sus análisis, en la capacidad de su inteligencia.

Aunque parezca un contrasentido, la ciencia está constituida sobre un acto de fe, se empieza creyendo en el testimonio de los sentidos y se acaba elaborando una doctrina. Sólo por lo que tiene de creencia, la ciencia se atreve a negar lo que ella es incapaz de probar. ¿Puede probarse acaso que sólo es verdad lo que se puede probar? El racionalismo tiene razones que la razón ignora.

La realidad confirma a diario la presencia de lo aleatorio como algo inherente a la naturaleza. Por eso, a la ley de la causalidad la ha sustituido la teoría de la probabilidad, a los esquemas deterministas el principio de indeterminación, a los axiomas las hipótesis. La ciencia moderna trabaja con hipótesis, que luego los hechos corroborarán o desmentirán. El éxito actual de la ciencia radica en su relatividad, ya que sólo establece leyes provisionales y cálculos aproximativos. El margen de influencia reservado al azar, a la Divina Providencia, a los hados o a la Naturaleza, queda pues garantizado. Y los científicos modernos ya no creen que saben, ahora saben que creen.

No hay certezas absolutas, sólo certezas estadísticas y sólo estadísticamente se puede decir que las estadísticas resultan fiables.

La fe no consiste en acumular la razón, sino en usarla de un modo razonable. Bajo el imperio de la razón, el hombre ha ido reduciendo su universo cada vez más, hasta el punto de confundir lo verdadero con lo verificable o con lo verosímil. Las consecuencias han sido, evidentemente, desastrosas.

Por eso es imprescindible la fantasía, tan imprescindible como un segundo remo. Con un solo remo siempre navegaríamos en círculo, dando vueltas y más vueltas. El progreso meramente racional será siempre un círculo vicioso, tautológico. Y es que el hombre es un rey cuando sueña y un mendigo cuando piensa. La fantasía es una manera de combatir las limitaciones de lo real.
03/12/2004 10:19 Permalink. Tema: Filosofando

Sentencias e interludios

*Las sociedades actuales tienen una pauta común: actúan bajo la dirección de un líder porque los ciudadanos son educados para no pensar, para no cuestionar las órdenes del pastor del rebaño.

*El mundo nunca será mejor de lo que es, a lo sumo, será distinto.

*Lo que muchos odian del que piensa de otro modo no es tanto la opinión distinta que éste profesa, sino su atrevimiento a querer juzgar por sí mismo.

*Pocos son los que piensan, pero todos quieren tener opiniones. ¿Qué hacen entonces? Toman las de los demás en vez de forjarlas ellos mismos.

*Un filósofo es alguien que, al igual que los demás, tiene dudas; pero, a diferencia de los demás, intenta darles respuesta por sí mismo.

*No duele la mentira de un amigo, lo que duele es no poder confiar en él.

*La fe es el precipicio en el que se suicida la razón, el ara de la libertad.

*Por adversa que nos sea la vida la responsabilidad de nuestros actos la tenemos cada uno de nosotros, las excusas sólo son coartadas.

*Lo importante no es averiguar si existe vida después de la muerte, sino vivir esta vida que tenemos ahora.

*Resulta difícil ser comprendido, especialmente si uno piensa.

*Es privilegio de los más fuertes ser independientes.
02/12/2004 13:10 Permalink. Tema: Filosofando

Caín

El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer tiene que destruir un mundo. Sólo así formará parte de la estirpe de Caín, el que rompió el yugo de esclavitud que lo sometía a un señor, el fugitivo sin patria que alcanzó la libertad.
27/11/2004 13:41 Permalink. Tema: Filosofando

Fábula

_¿Qué pides a cambio de tu alma? _le pregunta Satanás al Hombre.

_Quiero riqueza, poder, honores. También juventud, fuerza, vigor. Exijo sabiduría, buena suerte, amor y placeres. ¿Me darás todo esto? –responde el Hombre.

_No, no te daré nada _dice Satanás.

_Entonces no te entregaré mi alma.

_No hace falta, tu alma ya es mía.
22/11/2004 09:33 Permalink. Tema: Filosofando

Orígenes del escepticismo

carneades.jpgEscepticismo significa indagación y su objetivo, de conformidad con la orientación general de la filosofía postaristotélica, es la consecución de la felicidad como ataraxia.

El escepticismo niega cualquier doctrina determinada, en una indagación que ponga de relieve la inconsistencia de cualquier postura teórico-práctica, considera engañosas a todas y se abstiene de aceptar alguna. Por eso se aplica en refutar los diversos puntos de vista, y ha desempeñado un cometido histórico importante, apartando a las escuelas filosóficas contemporáneas de su estancamiento dogmático y estimulándolas constantemente a la indagación de los fundamentos de sus postulados.

El fundador de la escuela escéptica fue Pirrón, esta escuela no duró mucho, pero la orientación escéptica fue reemprendida por los filósofos de la Academia, que encontraron en su fundamento la esencia de la doctrina platónica. De hecho, Platón sostuvo que no puede haber ciencia del mundo sensible y los escépticos se quedaron únicamente con la parte negativa de su doctrina, la que niega la validez de ciencia al conocimiento del mundo sensible y reduce dicho conocimiento a una mera opinión.

Entre los grandes nombres del escepticismo clásico se encuentra Carneades de Cirene, considerado fundador de la tercera Academia. Afirmó que saber es imposible y que ninguna aseveración es verdaderamente indudable. Negó que el sentido o la razón puedan servir como criterios de verdad. Para demostrar sus ideas, pronunció en Roma un persuasivo discurso de alabanza a la justicia en el que demostró que es la base de la vida civil. Pero otro día pronunció un nuevo discurso, más convincente aún que éste, evidenciando que la justicia es diferente según los tiempos y los pueblos y que en muchas ocasiones está en contradicción con la prudencia. Echó por tierra la teoría de que con la dialéctica se puede distinguir lo verdadero de lo falso. Y llegó a la conclusión de que la verdad se juzga de un modo subjetivo y por tal motivo sólo puede ser creíble lo que es probable, aquello que tiene mayor grado de probabilidad.

Enesidemo admitió 10 modos (tropos) para llegar a la suspensión del juicio. Según sus argumentos, si las sensaciones son diversas para los diversos hombres o en diferentes circunstancias, no se puede distinguir entre la verdadera y la falsa. Si los objetos parecen diferentes según se presenten mezclados o sencillos, en mayor o menor número o según se presenten aislados o en relación, o raramente o con frecuencia al hombre, ¿cómo se decidirá cuál es la auténtica realidad del objeto? Incluso la diversidad de creencias y opiniones humanas es tal que hace imposible decidirse por una o por otra.

La aportación más importante a la filosofía hecha por los escépticos es la suspensión del juicio, basándose en los siguientes enunciados: Puesto que la disparidad de opiniones entre los filósofos impide escoger entre ellos. Puesto que toda prueba parte de principios que a su vez exigen una prueba, y así hasta el infinito. Puesto que nosotros conocemos un objeto en relación con nosotros, no como es en sí mismo. Y puesto que toda demostración se funda en principios que no se demuestran, sino que se admiten por convención, llegamos al círculo vicioso (dialelismo) por el cual se supone demostrado precisamente aquello que debe demostrarse: lo que demuestra la imposibilidad de demostración.

Los últimos escépticos antiguos florecieron durante el último siglo antes de Cristo y hasta el siglo II después de Cristo. Toda su filosofía se recopila en la obra de Sexto Empírico: “Los elementos pirronianos” y “Contra los matemáticos”. Esta obra es importante no sólo porque representa un compendio de todo el escepticismo antiguo, sino porque permite conocer con más profundidad las doctrinas que critica.

Si Sócrates afirmaba que el hombre no podía saber, de ahí el no saber nada, los escépticos obvian esta afirmación y siguen buscando. Porque quizá éste sea el ideal de la investigación: la búsqueda, sin punto de partida ni meta de llegada.
10/11/2004 02:06 Permalink. Tema: Filosofando

Cogito

¿Qué significa el sudado "Cogito, ergo sum"? Pienso, luego soy. ¿No se tomó Descartes excesivo trabajo en demostrar algo tan evidente como su existencia?
08/11/2004 03:48 Permalink. Tema: Filosofando

Individual y colectivo

Puesto que el tema que me propongo desarrollar daría para varios y prolijos tratados, intentaré resumir muy sucintamente mis ideas sobre la doble identidad del hombre y los conflictos que esto propicia.

Cada individuo es una entidad bio-psico-social única, dotado de una personalidad propia y dinámica que se halla en constante evolución.

Consciente de sus limitaciones, el hombre ha establecido estructuras organizadas mediante relaciones con otros individuos, a los que se une para ejecutar tareas que le permiten el logro de sus objetivos.

Como individuo social que es, el hombre interacciona con otros miembros de la sociedad con los que trata mediante relaciones de afecto, sexo, odio, agresividad, altruismo, solidaridad, obediencia, conformidad... Y asume reglas, modelos de comunicación, roles de status, liderazgo...

Los miembros de un grupo social comparten un conjunto de objetivos, valores y creencias comunes encaminados a alcanzar unos fines determinados por el propio grupo, que se dota de normas o pautas de conducta que rigen tanto la conducta externa como la interna de sus miembros.

Cuanto más grande es el grupo social, más específica es la estructura de roles: conducta que se espera que desempeñe cada integrante del grupo dentro del mismo.

Aun integrado en un grupo y asumiendo sus tareas grupales, el hombre sigue intentando satisfacer sus necesidades individuales y he aquí una fuente constante de conflicto, porque el hombre desea pertenecer a un grupo que le respalde, pero sin renunciar a ser él mismo. Algo difícil de lograr, porque cada persona sufre una gran transformación individual al integrase en un grupo. Dicha transformación genera malestar ya que fuerza a renunciar a importantes parcelas personales en beneficio del grupo.

Hablaba de que el individuo se halla en constante evolución, pues bien, la sociedad se encuentra en perpetuo desarrollo, origen de tensiones entre lo viejo y lo nuevo cuando las relaciones establecidas ya no resultan adecuadas. Se produce entonces un “movimiento” provocado por algún sector de la sociedad que tiende a atraer a ciertos colectivos de la misma para que se produzca un cambio social.

Los movimientos representan o defienden valores y realidades universales –o pretendidamente universales-. Las razones que los movimientos sociales aducen son: el bien común, la libertad humana, el bienestar colectivo, los derechos del hombre, la salud de todos, la supervivencia de la naturaleza, etc.

El error de cada movimiento social surgido hasta la fecha ha sido defender los intereses del grupo, hablar por el grupo, dejando de lado la satisfacción del individuo, sin la cual ninguna sociedad será “perfecta”, exigiéndole unos sacrificios y obligándole a cambiar individualmente para mejorar el grupo.

Los movimientos se aglutinan alrededor de un líder, que, incapaz de mover a todos hacia su “noble” causa, acaba ejerciendo una presión para forzar el cambio que preconiza mediante publicidad, propaganda, proselitismo o incluso amenazas.

El último gran movimiento social fue el auspiciado por la doctrina comunista, que habría de liberar al hombre de una vez por todas de los yugos que le oprimían.

No pudo implantarse sino por la fuerza, mediante la revolución bolchevique. El sueño politizado no satisfizo al individuo ni a la sociedad, los ciudadanos se convirtieron en súbditos y el proyecto se zanjó con 20 millones de muertos.

Un paseo por la Historia de la humanidad basta para ver lo evidente, el hombre no sabe conjugar su existencia individual con su existencia grupal.
30/10/2004 15:28 Permalink. Tema: Filosofando

Eso que llamamos verdad

Eso que pomposamente llamamos verdad es una convención social, un espejismo al que hemos otorgado el rango de oasis.

La verdad es una mentira con uniforme de general.
25/10/2004 21:01 Permalink. Tema: Filosofando

Realidad y ficción

En la tiránica voluntad de querer cambiar el mundo sólo se esconde el utópico deseo de querer diseñar ese mundo a nuestra manera, para que termine siendo un incómodo traje a la medida de nuestros sueños y un incómodo pingo a la medida de las pesadillas ajenas.

Pero la realidad es un niño caprichoso y derrochador que nunca se cansa de cambiar de traje: no es necesario provocar ese cambio.

Vivimos en una suma de ficciones que llamamos realidad. ¿Qué son las revoluciones, las ideologías, las leyes, los ídolos y las religiones, qué son sino sueños, íntimas ficciones que hemos querido imponer sobre el mundo? ¿Por qué juzgar una página de Leibriz o Gustav Meyrink menos real que el hombre que la escribió o la pluma con que fueron redactadas? ¿Por qué defender que un verso de Marcial o Virgilio es menos real que un pantalón o una iglesia? ¿Qué objeto mental es más incierto o más improbable que un objeto físico? No es impreciso suponer que el realismo es un fruto del amor hacia la realidad: ¿y qué objeto existe más voluble e incierto que el amor? Pero no nos engañemos, basta escribir la palabra amor para que la idea de amor exista. Y basta con pensar en Dios para que sea tan real como la tierra que pisamos.

Creo que no es gratuito afirmar que esta última frase la sostiene una agnóstica. Yo creo que Dios es una divertida invención humana, es decir, existe por las mismas razones que Don Quijote, Orfeo o Gulliver: porque un día algunos hombres decidieron inventarse ciertos personajes con la temeraria pretensión de explicar esa raza, no del todo civilizada, que puebla el mundo y las bibliotecas con libros que frecuentan lo inexplicable. Nada tan real como Dios, ese personaje de novela que sólo existe en los libros y en las esperanzas de aquellos que se niegan a morir.

Nada que sea pensable es irreal. Otra cosa es que lo pensado sea algo tangible.
21/10/2004 15:10 Permalink. Tema: Filosofando

La vida

Cada uno cumple en esta vida la unánime condena de crear paraísos ridículos cuando cae en la oscuridad y comprende, con dramática inocencia, que no sabe qué es lo que hace en el mundo.

La vida, rara y fugaz, la muy hija de puta, tan absurda que se convierte en un desdichado circo del que nosotros somos sus tristes payasos.

La inseguridad de la madurez otorga un inesperado premio. ¿Qué es la realidad? Ser, con el terror de tener que morir y, encima, con el redoblado terror de vivir.
13/10/2004 21:40 Permalink. Tema: Filosofando

Animales sociales

Los seres humanos, además de animales sociales (Aristóteles aludía a que vivimos en grupos, tal vez fuese más exacto decir en rebaños), somos injustos por naturaleza. La condición humana es egoísta y antepone siempre el bienestar propio al de los demás, es obra y gracia de nuestro instinto de conservación, el más poderoso que existe. Sólo en ocasiones puntuales, entiéndase grandes cataclismos, al hombre se le despierta el instinto de conservación grupal: el de la especie. Y entonces sí que ayudamos a nuestros semejantes, pero no de manera altruista, su vida depende de nosotros y viceversa, así que no es una muestra de generosidad sino de necesidad. La biología nos ha hecho así.

Podríamos ser mejores, ¿quién lo duda? Podríamos ver al prójimo como alguien cercano y no como un enemigo. Podríamos conceder a los demás la libertad que reclamamos para nosotros mismos. Podríamos escuchar en vez de oír. Podríamos hacer tanto... Pero desde antes de que fuéramos homos andamos metidos en guerras y luchas, somos dominantes, injustos, hirientes. Desde el mismo momento en que una segunda persona habitó el planeta han existido desigualdades, conflictos, posiciones de dominio:

- Adán: ¿Por qué has tenido que comer la manzana prohibida? Eres una estúpida.
- Eva: Y tú un grosero. Esta noche no mojas.*

Una persona + una persona = pelea. Siempre que dos seres humanos se encuentran en un mismo lugar durante cierto tiempo, y por algo más que un motivo intranscendente, surgen diferencias de opinión, y a veces estas diferencias acaban mal. Si nos peleamos con nuestros padres, con nuestra pareja, con nuestros hermanos, con nuestros hijos, ¿cómo no vamos a pelearnos con los extraños? No podemos evitar ser como somos.

* Hipotético diálogo en el jardín del Edén.
11/10/2004 16:47 Permalink. Tema: Filosofando

Apreciar el arte

Para apreciar el arte no hace falta ser artista, como tampoco hace falta ser una gallina para saber si una tortilla de patata está bien hecha. Pero no es lo mismo juzgar el arte que ser capaz de practicarlo. Se nace médico como se nace poeta. Hacer crítica de poesía no es poético, ni extirpar el apéndice; lo poético es escribir la Ilíada. En otras palabras, el arte no está en el análisis, que es posterior, la poesía está en el poema.

¿Y qué es poesía? Una magia particular, una estética, una emoción, una forma de expresar la pasión. Es decir, la poesía rehuye toda definición y acaba poniendo en ridículo a quienes intentan definirla. ¿Cómo definir el encanto de una rosa, los ojos de la persona amada cuando nos vemos reflejados en ellos, la belleza de una puesta de sol?

Improvisemos pues una definición para la poesía. ¿Sabéis qué es una grúa? Pues exactamente lo contrario.
27/09/2004 21:35 Permalink. Tema: Filosofando

Falacia

- Si toma cianuro, entonces morirá.
Usted toma cianuro.
Por lo tanto, morirá.

- Si toma cianuro, entonces morirá.
Usted no toma cianuro.
Por lo tanto, no morirá.

- Si tomo cianuro, entonces moriré.
Muero.
Por lo tanto, tomé cianuro.
23/09/2004 21:18 Permalink. Tema: Filosofando

Aristóteles y Murphy

Aristóteles aconsejaba no discutir con cualquiera, una recomendación que confirma la famosa ley de Murphy, según la cual si uno discute con un idiota podría ocurrir que los demás no percibieran la diferencia.
15/09/2004 21:12 Permalink. Tema: Filosofando

Cuestión de matiz

¿Produce ruido un árbol que cae en una selva virgen? La respuesta a esta adivinanza, que aunque no lo parezca es todo un rompecabezas plagado de implicaciones fisiológicas, psicológicas y filosóficas, depende por completo de nuestro modo de definir el sonido. Si lo definimos como una vibración de ondas, la respuesta será sí, existirá un ruido aunque nadie lo oiga; si lo definimos como una sensación auditiva, la respuesta será no.
14/09/2004 21:29 Permalink. Tema: Filosofando

Descartes

descartes.jpgDescartes era un hombre complicado. Los hombres son complicados. Ciertamente, hay quienes terminan por reconocer que la verdad es simple, pero siguen sosteniendo que el único método seguro para llegar hasta ella es dando muchas vueltas. De hecho, sólo a través de un laborioso razonamiento llegó Descartes a enterarse de que existía. Casi al final, minutos antes de expiar o de acceder al plano del humor, creo que aún no daba su brazo a torcer: ha valido la pena, decía, filosofar toda la vida para convencerse de que filosofar toda la vida no valía la pena. Efectivamente, un largo viaje de Madrid a Barcelona pasando por Caracas.
12/09/2004 10:42 Permalink. Tema: Filosofando

Disquisiciones sobre Dios II

Respuesta al comentario de un lector que escribe: Tu ensayo sobre Dios es irreverente, injusto e insultante para cualquier creyente. Haces bien en ser escéptica, si es lo que quieres ser, pero deberías respetar las creencias de los demás y no ridiculizar las Escrituras ni blasfemar.
Sin duda eres una excelente pensadora, sabes darle la vuelta a todo y hacer que cualquier idea aparezca a los ojos de los demás como tú deseas. Conviertes en verdad absoluta tu verdad relativa con hábil palabrería. Dios con su divina misericordia te sabrá perdonar.

Caray, Menkes, leyendo tu comentario tengo la impresión de que acaban de anatematizarme y excomulgarme, condenando mi alma al fuego eterno hasta que se recupere de las redes del diablo y vuelva a la enmienda y a la contrición. Excommunicamus et anathematizamus.

Soy escéptica, no lo niego, dudo mucho, tengo pocas certezas y por eso sé que mi verdad, como bien apuntas, es una verdad relativa, pues se halla determinada por la perspectiva desde la que la contemplo. Ni siquiera una evidencia constituye una absoluta garantía de verdad, y es que no podemos estar absolutamente seguros de nada: ni de que Dios exista ni de lo contrario. Además, la verdad no es otra cosa que lo que uno decide creer.

No pretendía herir ninguna sensibilidad con mis palabras, me he limitado a exponer lo que pienso, pues yo más que creer pienso, a eso me enseñaron en la facultad. Respeto a los demás, eso incluye todo el lote: ideas, actuaciones, fes... y procuro ser una persona de bien, en la medida en que mi mísera condición humana me lo permite.

Tal vez te parezca inadecuada mi forma de hablar sobre Dios. Lo sé, es la clásica acusación contra los lenguajes antropomórficos. Para evitar tal reproche, la filosofía se ha esmerado siempre en manejar nociones neutras y asépticas, llamando a Dios Primera Causa, Ser Necesario o Ser Subsistente. Son ideas de laboratorio, como esa leche a la que, con el afán de librarla de impurezas, terminan quitándole el sabor y el poder nutritivo. La Escritura no gasta tantos remilgos. En ella se nos habla de la risa de Dios, de su ira, de su alegría y sufrimiento. Yahvé no era un ente de razón, ni tampoco un Dios remoto, como los dioses babilónicos, atareados exclusivamente en el gobierno de los astros, sino un Dios de pie a tierra, de andar por casa, el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob, un Dios capaz de encolerizarse, de reír, de arrepentirse... En suma, un Dios muy semejante a cualquiera de nosotros.

He opinado sobre las locuciones bíblicas con lenguaje fatalmente humano, si con ello he ofendido a alguien, que la grandeza de su corazón sepa disculparme. Si he ofendido a Dios, Él me perdonará, es su oficio.
09/08/2004 19:38 Permalink. Tema: Filosofando

Revolucionarios y revoluciones

Quizás mi criterio personal al respecto sea algo atípico, pero considero que, históricamente, todos los acontecimientos revolucionarios que se han producido tenían un destinatario exterior. Iban dirigidos a los “otros”: la nobleza, los burgueses, los capitalistas, los conservadores o, simplemente, a quienes, según la idea del revolucionario de turno, podían oponerse a sus deseos o frustrar sus proyectos.

Ya sabemos los resultados que ha conseguido esta manera de exteriorizar la revolución. Millones y millones de muertos en nombre de loables ideas de igualdad, fraternidad, libertad y justicia, para llegar a un modelo de sociedad donde tan deseables abstracciones son más valiosas por lícitas que por presentes.

Todo sistema de convivencia, por muy justo y razonable que pueda parecer, está condenado a fracasar si el mensaje que transmite no es asumible por la generalidad de las personas, y para que eso sea posible, sus postulados han de ser armonizables con la naturaleza humana.

“Los sistemas no cambian a las personas, son las personas las que pueden cambiar los sistemas”. Por eso yo defiendo y practico “mi” revolución interior, una revolución que no va contra nadie, ni intenta cambiar a nadie, excepto a mí misma.
Los revolucionarios clásicos pretendían transformar el mundo y este objetivo les parecía tan importante que los llevó a violentar la voluntad y la vida de las personas que se oponían a sus propósitos. La revolución interior propone justo lo contrario: respetar la vida y las ideas ajenas, y limitar los enfrentamientos que cada uno pueda tener con sus particulares contradicciones internas.

Mi idea de la revolución es la de luchar por mi felicidad personal sin agredir al prójimo, yo soy arte y parte, objeto y sujeto de mi propio perfeccionamiento como persona. Por eso en vez de malgastar esfuerzos en intentar cambiar a los demás, reservo mi energía para invertirla en mi perfeccionamiento personal.

Como conclusión, añadiré una cita de Boris Vian: “Lo que me interesa no es la
felicidad de todos los hombres, sino la de cada hombre”.
22/07/2004 21:23 Permalink. Tema: Filosofando

Filosofadas

3d_Unos creen lo que ven, otros creen que ven.

_Dios no existe, dicen los ateos ateniéndose estrictamente a la evidencia.

_Un hombre inteligente nunca intenta matar a su adversario, sino tan sólo hacer que se suicide.

_Hay personas a las que no es necesario insultar, basta con describirlas.

_Se dice que la palabra distingue al hombre de las bestias, pero es la palabra precisamente la que revela muchas veces la bestialidad del hombre.
30/06/2004 21:31 Permalink. Tema: Filosofando

No somos nadie

bot 46.gifNo somos nadie. Los hombres nacen, crecen y mueren. Sí, ya sé que la letanía completa dice que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Su condición corporal, a la vez que les impone un fatal desenlace, les permite perpetuarse de algún modo en sus hijos. Aunque, por suerte para la humanidad, no todos los hombres tienen hijos, la selección natural implacable deja estériles a aquellos cuyos genes no son dignos de transmitirse.

Para hacer una historia familiar detallada, diré que los hombres pertenecemos al orden de los primates, suborden de los homínidos, y aquí hago una precisión que ningún paleontólogo, y mucho menos un moralista, dejaría de consignar: no todos los homínidos somos iguales. Aunque las mentes más abiertas, más liberales y ecuménicas, que prefieren destacar los elementos comunes sobre las diferencias, no pueden menos que reconocer que el mono es prognato y el hombre ortognato. No me refiero a la simple apariencia facial, hablo del ¡cerebro! Del desarrollo biológico del hombre que es, entre otras cosas, una cerebración creciente.

Partiendo de una masa cerebral del tamaño de un guisante, a finales del Terciario, algunos homínidos han llegado a alcanzar en la actualidad los 1.500 centímetros cúbicos. Un suceso glorioso. Pero no se queda ahí la gloria del hombre, en su masa encefálica en expansión, cada vez más grande y más compleja, un buen día saltó la chispa: la primera idea, ¡voilà! había nacido el homo, el primer hombre. Nos hicimos cazadores, agricultores, ganaderos, herreros y ¡oh, prodigio! científicos.

Tal vez a causa de tantos "logros", en nuestra condición humana haya arraigado la tendencia a la vanidad, una irrisoria pasión por lo que siempre se llamó y se seguirá llamando, de manera absolutamente inapropiada, el progreso. ¿Pero existe acaso el progreso? Hay quien afirma que cada avance es un retroceso, que cada conquista conlleva una decepción. Yo pienso que después de todos los males que ha eliminado el progreso, nuestra vulnerabilidad sigue siendo la misma y que después de todos los avances científicos, nuestra estupidez no ha disminuido un ápice.

Y es que el hombre es un ser estúpido por naturaleza, porque ¿no es cierto que, a medida que la humanidad se perfecciona, el individuo se degrada? ¿Qué me hace opinar así? Explicaré un rumor, que por ser rumor no deja de ser inquietante. Quizá alguien conozca la teoría que han difundido las universidades de Pretoria y Johannesburgo, según esta teoría, los negros fueron creados por Dios junto a los otros animales, para que ya en el paraíso sirvieran a los blancos como chóferes y cocineras. El argumento tiene fuerza persuasiva, es innegable: si Dios hubiera querido que los negros fuesen libres, los habría creado blancos.

Creo que la frontera entre el hombre y el animal no está clara; es imperceptible. ¿Quién puede asegurar que todos los seres humanos son racionales? ¿Podemos aseverar que todos los animales carecen de razón? Mejor pasamos por alto los casos individuales, me refiero a la especie humana en general. El hombre es el único animal que después de tropezar dos veces con la misma piedra, va, se gira y le da una patada. ¿Qué impresión puede causar esto en el resto de los animales? ¿Risa? ¿Compasión?

El hombre es un ser menesteroso, que busca su propio bien y a menudo se equivoca. No sabe resistirse al mal ni tampoco complacerse en él. Todo es mediocre en los humanos, somos bastante imperfectos. Nuestra vida no se caracteriza por el gozo ni por el dolor, sino más bien por la atonía. Vivimos siempre esperando lo mejor y temiendo lo peor. De nuestra vida moral hay que decir otro tanto, que se mueve dentro de una banda muy estrecha, muy lejos del sumo bien y del mal absoluto. No somos ni totalmente culpables, ni inocentes por completo, sino todo lo contrario.

En resumen: los hombres me parecen más que inocentes, inexpertos, y más que culpables, insolventes.

¿Bueno? ¿El hombre es bueno por naturaleza? Para responder a esta pregunta habría que definir previamente el adjetivo bueno, y un filósofo nunca incurriría en semejante disparate. El filósofo ha averiguado que por encima de todos los conocimientos concretos, y frecuentemente contra ellos, existe un conocimiento superior caracterizado por la abstracción. El filósofo es un especialista en generalidades: cada vez sabe menos de más cosas, hasta que llega a no saber nada de todo. He aquí la síntesis última de los grandes sistemas filosóficos, la apoteosis de la razón.
10/06/2004 21:36 Permalink. Tema: Filosofando

Es más fácil

Es más fácil culpar a los demás de nuestros fracasos que asumir que hemos fracasado a causa de nuestros errores.
06/06/2004 12:29 Permalink. Tema: Filosofando

La muerte

muerte.jpg¿Qué es la muerte? No lo sabemos. No podemos saberlo. Este misterio vuelve misteriosa nuestra vida, que se convierte así en un camino que no sabemos adónde va, o lo sabemos demasiado bien: a la muerte, pero sin conocer qué hay detrás, ni siquiera si hay algo.

Este misterio, que tal vez constituye el comienzo de la humanidad -probablemente ningún otro animal se ha preguntado jamás por la muerte-, no es ciertamente irremediable. Los filósofos no han dejado de dar respuesta a la pregunta “¿Qué es la muerte?” Una gran parte de la metafísica se ocupa de ella. Las respuestas se dividen en dos grandes grupos: las que dicen que la muerte no es nada –estrictamente, nada- y las que afirman que es otra vida, una existencia prolongada, purificada, liberada. La muerte no es nada (Epicuro), o no es la muerte, sino otra vida (Platón). Son éstas dos formas de negarla: como nada, puesto que nada no es; o como vida, puesto que entonces la muerte sería una. Pensar en la muerte es disolverla: el objeto se nos escapa necesariamente.

Entre estos dos extremos difícilmente cabe un justo término medio, a no ser aquél que no es tal: el reconocimiento de la ignorancia, la incertidumbre, la duda... Pero dado que, tratándose de la muerte, la ignorancia es nuestro destino, esta tercera posición no es más que el reconocimiento de lo que las dos primeras tienen de frágil o de indecible. Por lo demás, éstas no son tanto posiciones extremas cuanto proposiciones contradictorias y, como tales, sometidas al principio del tercero excluido. Es necesario que la muerte sea algo, o bien que no sea nada. Pero si es algo, este algo, que la distingue de la nada, sólo puede ser otra vida, un poco más oscura o un poco más luminosa que la otra, según el caso o creencias... En una palabra, el misterio de la muerte sólo permite dos tipos de respuesta, y quizás por eso articula de forma tan decisiva la historia de la filosofía y de la humanidad: están quienes toman la muerte en serio, viendo en ella una nada definitiva, y están, por el contrario, quienes no ven en ella más que un paso, una transición entre dos vidas, esto es, el principio de la verdadera vida. No obstante, el misterio no desaparece. Pensar la muerte es disolverla. Pero esto jamás ha librado a nadie de la muerte, ni le ha aclarado previamente qué significa morir.

¿Por qué reflexionar, entonces, sobre una cuestión que no podemos resolver? Porque toda nuestra vida depende de ella, como vio Pascal, y todo nuestro pensamiento: según creamos o no que hay algo después de la muerte, viviremos de un modo u otro. Por lo demás, quien pretendiera interesarse exclusivamente en problemas que pueden ser resueltos, y por tanto suprimidos como problemas, debería renunciar a filosofar.

Las ciencias no dan respuesta a ninguna de las cuestiones más importantes que nos planteamos. ¿Somos libres o estamos determinados? ¿Existe Dios? ¿Qué es el bien? ¿Existe vida tras la muerte? Estas preguntas, que podemos denominar metafísicas en un sentido amplio, puesto que trascienden de toda física posible, hacen de nosotros seres pensantes, o más bien seres filosofantes, las ciencias, que no se plantean estas cuestiones, también piensan, y esto es lo que denominamos la humanidad o, como decían los griegos, los mortales: no quienes van a morir, sino quienes saben que van a morir, sin por ello saber qué significa esto y sin poder evitar pensar en ello... El hombre es un animal metafísico; por eso la muerte es, siempre, su problema. Un problema que no hemos de resolver, sino afrontar.
23/05/2004 11:45 Permalink. Tema: Filosofando

El hombre es bueno

hombre.jpgLa teoría naturalista de Rousseau de que "el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe", surgió en el siglo XVIII a tenor de unas circunstancias culturales y políticas concretas que se vivían en la época y en las que se intentaba combinar el imperativo kantiano con la inclinación natural: "la personalidad libre debe desarrollarse", fue una de las máximas vigentes en aquel tiempo. Todo ser se reduce a una fuerza espiritual eterna (el yo) que se desenvuelve libremente en los actos subjetivos y en la cual el hombre puede elevarse espiritualmente.

De estas ideas, del liberalismo basado en el "Contrato social" de Rousseau, del derecho natural que propugnaban los ilustrados Locke y Montesquieu y afirmaba la Revolución Francesa, surge la confianza en el progreso de la razón, se promueven las libertades individuales, la igualdad jurídica, el estado constitucional, la libertad económica, los derechos de la mayoría, el sufragio universal, la distribución más justa de la propiedad...
Sin duda, "El Siglo de las Luces" fue una etapa dorada en la historia de la humanidad.

Lástima que la realidad, con evidencia reiterada, nos demuestre a diario que si la sociedad es corrupta, lo es porque los hombres que la forman son corruptos o corrompibles, capaces de cometer los actos más sublimes y también las más monstruosas aberraciones. Como muestra, citaré únicamente las absurdas y evitables guerras que a lo largo de los años vienen sacando de madre a la bestia que todos llevamos agazapada en nuestro interior.

El Bien y el Mal son conceptos abstractos y relativos que fluctúan constantemente en el ser humano. El hombre ideal sería un hombre bueno. Todos sabemos lo que esto significa, pero no sabemos explicarlo, pues se trata de una de esas palabras básicas, primordiales, que lo explican todo y no admiten explicación. O bueno o malo, dicen los maniqueos. Tesis o antítesis, dicen los dialécticos. Ni esto ni aquello, pienso yo, que sé que todas las tesis y antítesis no pasan de ser puras hipótesis, productos mentales, fruto de nuestra tendencia a simplificar y exagerar.

Si yo tuviera que clasificar a los seres humanos, los dividiría en buenos, malos y regulares, nacidos en Francia, fontaneros, reyes, amables, ignorantes, etc. Pero si me viera obligada a resumir, dividiría a los hombres en dos grandes apartados: inclasificables y de difícil clasificación. Todos somos tan distintos y tan semejantes que no hay dios que nos juzgue y nos clasifique. Aparecimos en el planeta a principios del Pleistoceno y todavía no sabemos nada de nosotros mismos, por eso creo que deberíamos ser más comprensivos y menos jueces.
04/05/2004 22:38 Permalink. Tema: Filosofando

¿La fe produce felicidad?

smile colores.gifDe mis lecturas bíblicas conservo el recuerdo de algunas frases que el evangelio atribuye a Jesucristo y que vosotros habréis escuchado alguna vez. Cito de memoria, pero el sentido de las palabras creo que es exacto. No se oculta una buena noticia sobre el celemín, sino que se pone como un candelero para que alegre a toda la casa. Guardaos de los profetas de calamidades, que vienen a vosotros como lobos vestidos de ovejas, como aguafiestas disfrazados de predicadores. ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Quiero que tengáis en vosotros mi propio gozo y que vuestro gozo sea completo. Si sonreís sólo a los que os sonríen, ¿qué mérito tenéis?, ¿no hacen lo mismo los paganos? No atesoréis motivos de alegría que la carcoma del tiempo echa a perder y los envidiosos podrían desbaratar; atesorad, en cambio, gozo para el cielo; donde está tu gozo allí está tu corazón. Vosotros sois la alegría del mundo, pero si la alegría se pone triste, ¿con qué la alegrarán? Esto os mando, que os alegréis los unos a los otros.

Sinceramente, queridos amigos, ¿a vosotros os parece que los creyentes son más felices que los que no creen? Ya sé que dicho así apenas tiene sentido, sería como preguntar si son más felices los dentistas, o los barítonos, o los domiciliados en la acera de los pares. Lo que pregunto es si los cristianos viven su religión como una religión de alegría. El mayor reproche que les hacía Nietzsche era no tener aspecto de ser felices. Hay en Roma un organismo oficial para la defensa de la fe, destinado a vigilar la ortodoxia. Pienso que hace tiempo deberían haber creado otro instituto para la defensa de la esperanza: el desaliento y la amargura son la peor de las herejías. Junto con las herejías del pensamiento, de fácil formulación, como aquella que sostiene que el Espíritu Santo procede sólo del Padre y no del Hijo, existen otras más difusas, más inconcretas, herejías digamos del sentimiento, la sensación dominante, verbigracia, de que la religión es algo sombrío y funesto, neurotizante, frustrante. ¿Acaso no atañe esto directamente a la ortodoxia?

La mayoría de los cristianos, en mi opinión, no viven su fe como fuente de alegría. Sin embargo, ¿la culpa es siempre suya? No sé qué pensaréis vosotros al respecto, pero por mi parte puedo deciros una cosa: cuando oigo a los curas hablar del sufrimiento, de la desgracia y el sacrificio, los encuentro bastante elocuentes. En cambio, en las contadísimas ocasiones en las que les he oído hablar sobre la felicidad o el gozo carecían de toda fuerza de persuasión. ¿Por qué? No creo que sea sólo por la especial dificultad del tema, dificultad extensiva también a las artes plásticas; basta recordar las dos cabezas que esculpió Bernini, la del réprobo doliente, tan impresionante, y la del bienaventurado feliz, tan tópica, tan inexpresiva. Tiene que haber otras causas. Seguramente existen predicadores que, en su deseo de reclutar adeptos, omiten toda alusión al sacrificio y a la renuncia, o suscitan unas vanas esperanzas anunciando por su cuenta un éxito o una satisfacción que nunca llegará, pero hay otros que son los culpables de una tergiversación peor: las promesas de felicidad que hizo Dios, cuando las exponen ellos, resultan tan poco convincentes que parecen falsas. Sería menester, supongo, todo un organismo oficial para defender la alegría cristiana contra unos y contra otros, contra los incendios y contra las inundaciones causadas por los bomberos.

Valdría la pena hacer una encuesta entre los creyentes preguntándoles qué concepto tienen de Dios, cómo se lo imaginan. Como un juez implacable, como el Altísimo o inaccesible, como un ojo que todo lo escudriña, como un soberano universal o ingeniero del mundo, como un benefactor omnipotente pero arbitrario, como Motor Inmóvil, como guardián celosísimo, etc. Frente a este Dios, la reacción más natural suele ser siempre el temor, el deseo de fuga. Sin embargo, acto seguido, la recomendación más lógica y a la vez más inesperada sería aquella que daba San Agustín: "¿Quieres huir de Dios? Huye a Dios".

De niña, yo comprendía muy bien el miedo inicial de los gorriones al espantapájaros, pero no comprendía cómo ese miedo puede prolongarse más allá de un tiempo prudencial. Al principio se asustan y escapan, y es natural que sea así. Pero después de algunos días deberían saber ya que ese palitroque con chaqueta es completamente inofensivo. Y luego habría una tercera fase, cuando por fin cayesen en la cuenta de que un espantapájaros resulta el mejor señalizador de los lugares donde encontrar alimento. La verdad, no entiendo cómo los gorriones no han llegado aún a una deducción semejante y cómo ésta no pertenece ya a la memoria genética de la especie. Tal vez sea menester que pasen algunos milenios. Pero ¿acaso los hombres somos más perspicaces?, ¿acaso las generaciones humanas han logrado a través de los siglos difundir una noción más aceptable de Dios?

Péguy no salía de su asombro ante la poca confianza que los hombres tienen en su Señor. Veía que son capaces de practicar la caridad y el desprendimiento, incluso son capaces de realizar por Dios algunos actos heroicos, pero en cambio no aciertan a confiar suficientemente en Él. Tras un día de trabajo agotador, se acuestan y no pueden dormir, porque no paran de darle vueltas a la cabeza a sus miserables preocupaciones, lo mismo que un puñado de pepitas en una calabaza vacía. "No me gusta la gente que no duerme" dice el Señor Dios. "Trabajar bien y dormir mal es peor que trabajar mal y dormir bien, porque la pereza es un pecado menos grave que la falta de confianza en Mí".

Se trata, pues, de confiar en Dios, de creer en su amor. Está bien que el hombre reconozca humildemente: "No soy digno del amor de Dios". Pero ésta no es la cuestión. La cuestión es darse cuenta de que tal amor, un amor inmerecido, gratuito e incondicional, ese amor sí es digno de Dios. Porque si Dios sólo amase a los que son dignos de su amor, ¿qué mérito tendría?, ¿no hacen lo mismo los paganos?
02/04/2004 21:06 Permalink. Tema: Filosofando

Los ojos ven lo que la mente conoce

OJOS.jpgLos ojos sólo ven lo que la mente conoce. No vemos con los ojos sino con el cerebro, que es el órgano encargado de procesar la información que le llega y encontrarle un sentido.

La primera vez que miré una radiografía sólo vi un montón de manchas; luego el médico me explicó qué representaba aquel cuadro claroscuro, las zonas negras correspondían a huecos, las claras a masa corporal, la radiografía era una compleja información, bastaba conocer las claves para descifrarla.

A veces el lenguaje se hace secundario y lo que toma mayor importancia es la percepción inconsciente, la intuición. Esta información entra a través de los sentidos, pero no pasa directamente a la corteza cerebral pensante, sino que se dirige a estructuras cerebrales más primitivas, y tal vez ahí es donde está el "inconsciente" del que habla Sigmund Freud.

Hay muchas cosas irracionales en la vida, una de ellas es el enamoramiento. El amor no es racional, es visceral, es activación de neurotransmisores y liberación de hormonas, dicho con palabras técnicas.

Me sorprende comprobar cuantas explicaciones hallamos sobre las cosas que nos rodean, cómo el hombre trata de moldear la realidad para hacerla inteligible, cómo intenta transformar el caos en orden, en lo que él cree que es el orden. Se viene haciendo desde el principio de los tiempos. Se le ha adjudicado al dios de la lluvia la responsabilidad de que llueva, con esa explicación cesaba la búsqueda de la verdad porque ya existía una "verdad". Cuando creemos tener la respuesta a un enigma, dejamos de buscar, dejamos de aprender, y entonces esa "verdad" se hace dogma, dejamos de cuestionarla. Liberamos el pensamiento para continuar aceptando nuevas explicaciones, y las nuevas explicaciones se aceptan en función de las creencias anteriores y para que no provoquen conflictos con ellas. Así actuamos siempre y de esta manera vamos conformando nuestro pequeño mapa del mundo, nuestra mitología de vida, lo que creemos que es o debe de ser el "afuera", y nos movemos de acuerdo a estas creencias y valores preestablecidos, y lo que es peor, los consideramos tan verdaderos que se los queremos imponer a otros, y los transmitimos a nuestros hijos y a los que tenemos a nuestro alrededor.

No creo que esto sea "malo" y lo pongo entre comillas porque no me gusta hablar en términos de bien o mal, en lo posible trato de no dar a las conductas un calificativo de valor, sino más bien de funcionalidad ante la vida.

Cada día que pasa entiendo la vida de manera diferente y cambia mi idea del mundo, trato de no afianzarme en ninguna idea, de estar abierta a los cambios, no hablo de los conocimientos sistematizados de la ciencia, sino del modo de entender la vida, de ir probando nuevas formas útiles y de deshacerme de conceptos viejos que ya no me sirven, de eliminar miedos y resignaciones...

Los hombres estamos en continuo cambio, el tiempo, las experiencias, los conocimientos, las relaciones con otras personas... nos van modelando. Esto es lo apasionante de vivir, ir creciendo día a día.
28/03/2004 21:27 Permalink. Tema: Filosofando

La sofística

apollobelvedere.jpgLa sofística es: no pensar que nada es cierto, sino que nada es verdadero. El escepticismo es contrario al dogmatismo; la sofística, lo contrario del racionalismo, de la filosofía. Si no hubiera nada verdadero, ¿qué sería de nuestra razón? ¿Cómo argumentar, discutir, conocer? ¿Cada cual tiene su verdad? De ser así, ya no habría verdad alguna, pues ésta sólo es válida si es universal.

Es imposible demostrar que los sofistas se equivocan, pues toda demostración presupone al menos la idea de verdad, pero lo que no se puede pensar de forma coherente es que tengan razón. Si no hubiera verdad, no sería verdad que no haya verdad. Si todo fuera falso, como pretendía Nietzsche, sería falso que todo sea falso. Por eso la sofística es contradictoria y se destruye a sí misma como filosofía. Los sofistas no se preocupan de ello. ¿Qué les importa contradecirse? Pero a los filósofos, desde Sócrates, sí les preocupa. Y tienen sus razones, que son la razón misma y el amor a la verdad. Si nada es verdadero, se puede pensar cualquier cosa, lo que es muy cómodo para los sofistas; pero entonces ya no se puede pensar absolutamente nada, lo que resulta letal para la filosofía.

Sofística es todo pensamiento que se somete a algo distinto de lo que parece verdadero, o que somete la verdad a algo distinto de ella misma –a la fuerza, el interés, el deseo, la ideología...-. El conocimiento es lo que nos distingue de ella en el orden teórico, como la sinceridad en el orden práctico. Pues si nada fuera ni verdadero ni falso, no habría diferencia alguna entre el conocimiento y la ignorancia, ni entre la sinceridad y la mentira. Las ciencias no sobrevivirían, ni la moral, ni la democracia. Si todo es falso, todo está permitido: se pueden falsificar las experiencias o las demostraciones, puesto que ninguna es válida; equiparar la superstición con la ciencia, pues ninguna verdad las distingue; condenar a un inocente, puesto que no hay diferencia entre un testimonio verdadero y uno falso; rechazar los resultados de una votación, pues solamente será válida si se conoce su resultado verdadero... Los peligros que entraña la sofística son evidentes. Si se puede pensar cualquier cosa, se puede hacer cualquier cosa. La sofística conduce al nihilismo, como el nihilismo a la barbarie.
23/03/2004 21:59 Permalink. Tema: Filosofando

Insatisfacción

estrella colores.gif"Yo no busco, yo encuentro", decía Picasso, adoleciendo de esa falta de humildad que caracteriza a los genios.

Ahí le duele al hombre. Eternamente insatisfecho. Buscador impenitente. Burro tras la zanahoria apetecible del amor, la felicidad, la riqueza, la gloria, el poder y tantas otras ridículas como inaccesibles metas. ¿Qué busca cuando nada de lo que halla le complace?

Todos hemos visto más de una vez a alguien que andaba buscando sus gafas y las tenía puestas. Es un chiste viejísimo, tal vez anterior a la invención de las gafas. Hasta el mismo Dios conoce este chiste, a juzgar por aquella memorable sentencia suya que nos transmitió Pascal: "No me buscarías si no me hubieras encontrado ya". ¿Qué diferencia hay entre buscar algo y encontrar algo? Lo mejor que pueden encontrar los que buscan es un aumento de la ilusión para seguir buscando más y más.

¿Pecamos de obstinados o de distraídos al buscar sin tregua? Como aquél que busca ansioso sus gafas. "Pero si las tienes en la nariz". Y contesta irritado, sin dejar de buscar: "Sí, pero ¿dónde he dejado la nariz?"

La ambición nos impide disfrutar de nuestros irrisorios logros y nos obliga a seguir buscando. ¿De qué sirve escalar un monte cuando se puede alcanzar la Luna?

Una de mis hipótesis es que el hombre no está satisfecho con nada porque está insatisfecho de él. Intenta escapar de sí mismo, lograr la libertad, zafarse de sus miserias, sinrazones, contradicciones, debilidades, miedos, dudas, limitaciones... Pero la conquista de la libertad se asemeja mucho al ejercicio de trepar por una cucaña. Todas las noches hay alguna mano alevosa que vuelve a dar jabón al poste. En el mejor de los casos, la libertad se reducirá a un proceso infinito de liberación. Es un verbo, no un sustantivo. A veces hay alguien, más obstinado que hábil, que llega por fin al extremo del palo. ¿Y qué encuentra allí, en la misteriosa bolsa del premio? No hay tal premio; dentro de la bolsa hay solamente un papel diciendo que el premio se halla en la cucaña de al lado, o cualquier otra frase igualmente humorística que nos devuelve a la casilla de salida.
16/03/2004 22:38 Permalink. Tema: Filosofando

El amor

El amor es lo que nos hace vivir, él torna la vida digna de ser amada. Es el amor lo que nos salva; es, pues, el amor lo que hemos de salvar. Pero ¿qué amor? ¿Amor a qué? El amor es múltiple, se puede amar el poder, el dinero, a un amigo, a un hombre, a una mujer, a los hijos, a los padres, a Dios, a uno mismo... El empleo de una única palabra para designar amores tan diferentes genera confusiones. ¿Sabemos de qué hablamos cuando hablamos de amor? ¿No usamos la ambigüedad de esta palabra para adornar amores dudosos, para autoengañarnos, para aparentar que amamos algo distinto de nosotros mismos, para ocultar errores o extravíos?

Necesitaríamos palabras diferentes para nombrar amores distintos. En español, no faltan palabras: amistad, ternura, pasión, afecto, cariño, simpatía, concupiscencia... La única dificultad estriba en saber elegir entre ellas. Los griegos, más lúcidos que nosotros, o con mayor capacidad de síntesis, se sirvieron de tres palabras para designar tres amores diferentes: éros, philia, agapè.

¿Qué es éros? Es la falta y la pasión amorosa. Según Platón es: “Lo que no tenemos, lo que no somos, lo que nos falta, he aquí los objetos del deseo y del amor”. Es el amor que toma, que quiere poseer. ¿Cómo no amar lo que nos falta? ¿Cómo amar lo que no nos falta? Es el secreto de la pasión, que sólo dura mientras hay falta, desdicha, frustración. Necesita amar lo que no tiene, y sufrir, o tener lo que ya no ama -pues sólo ama lo que le falta- y aburrirse... Sufrimiento de la pasión, aburrimiento de las parejas: no hay amor (éros) dichoso.

Pero ¿cómo seríamos felices sin amor? ¿Y cómo no serlo cuando se ama? Platón no tiene razón en todo, ni siempre. El amor no siempre es falta: a veces también amamos lo que no nos falta, amamos lo que tenemos, lo que hacemos..., y lo gozamos con alegría. Es lo que los griegos denominaban philia,. Según Aristóteles: “Amar es alegrarse” y el secreto de la felicidad. En este caso amamos lo que no nos falta, aquello de lo que gozamos, y esto nos alegra, nuestro amor es este mismo gozo. Placer del sexo, dicha de las parejas, de los amigos: no hay amor (philia) desdichado.

Ágape es un concepto tardío. Éros y philia bastaban para describir la pasión o la amistad, el sufrimiento ante la carencia o la alegría de compartir, hasta que llegó Jesucristo y empezó a predicar cosas sorprendentes: “Dios es amor... Amad al prójimo... Amad a vuestros enemigos...”. ¿Qué clase de amor era éste? ¿Éros? ¿Philia? Esto nos conduciría a un absurdo. ¿Cómo puede Dios carecer de algo o ser amigo de cualquiera? ¿Quién podría pedirnos que amemos a todos y a cualquiera, al prójimo, y que seamos amigos de nuestros enemigos? Los discípulos de Cristo tuvieron que popularizar un neologismo para traducir al griego sus enseñanzas, y éste surgió del verbo agapan: amar, que carecía de un sustantivo corriente, lo que dio lugar a ágape, término que los latinos tradujeron por caritas y que nosotros conocemos como caridad. Caridad es el amor al prójimo, amar sin pedir nada a cambio, amar por nada, amar al enemigo.

Éros, philia, ágape: el amor que toma, que sólo sabe gozar o sufrir, poseer o perder; el amor que se alegra y comparte, que desea el bien de quien nos lo hace; el amor que acoge y da, que no necesita ser correspondido. Los tres tipos de amor son necesarios, no se excluyen mutuamente, son más bien tres momentos del proceso de vivir.
28/02/2004 15:54 Permalink. Tema: Filosofando

Dios

dios.gifCualquier creyente ilustrado se siente autorizado para negar la existencia de Dios en cuanto su bondad queda en entredicho. De ahí que, ante cualquier desaguisado, puede relegarlo a la inexistencia: “Si Dios existiera, no permitiría esto”. “Esto” puede ser una guerra o la muerte del perro.

Dios está obligado a ser bueno o, de lo contrario, puede quedar abolido por cualquier mente racionalista como la de Nietzsche, que prefirió declararlo muerto.

Para que Dios sea venerado debe resultar temible, un dios bueno degenera enseguida en mamarracho, pero un dios cruel, vengativo y temible obliga a guardarle respeto.
31/01/2004 10:37 Permalink. Tema: Filosofando

Recordar

Recordar, del latín re-cordis, “pasar de nuevo por el corazón”.

El recuerdo comprende dos movimientos: la fijación emocional y reflexiva del presente y la reconstrucción nostálgica del pasado. Recordar es pues un acercamiento a lo que somos y a lo que fuimos, un medio para afianzarse en los enclaves personales, la clave que descifra el rostro de ese extraño que nos mira desde el espejo, una estrategia para explicarse el mundo, un instrumento para no morir del todo.
30/01/2004 21:20 Permalink. Tema: Filosofando

Lo peor...

Lo último que se le debe arrebatar a un hombre es la esperanza, entonces ya no le queda nada que perder, y a a la desesperada es capaz de todo, de lo peor.
12/01/2004 22:04 Permalink. Tema: Filosofando

Politeísmo paradójico

La teología católica no sólo indica que hay que creer en Dios, sino también en el diablo, lo cual no deja de ser una incitación a un politeísmo paradójico.
03/01/2004 15:27 Permalink. Tema: Filosofando

A un pedancio cualquiera

hombre camina.gifEl ridículo está hecho casi siempre de sufrimiento, del escarnio inherente a un yo idealizado, obstinado o susceptible en exceso. Pero yo no sé evaluar a los humanos: juzgar, comprender, reconocer que no comprendo nada, un proceso claramente disuasorio.

De ordinario, las incongruencias no suelen ser graves, sólo son regocijantes. ¿Se ha fijado alguien en que la defensa cerril de una idea se ampara en la infalibilidad de los instintos? Es porque no puede cimentarse en los titubeos propios de la razón.

A mí no me gusta discutir ni tampoco adoctrinar, mi escepticismo difícilmente cuadraría con el ejercicio del magisterio o con la controversia ideológica, pero puedo colaborar sin dificultad en una reflexión humorística.

Los extravíos de la razón, la vanidad, las virtudes que no son virtudes y los vicios que no son vicios, el afán de complicarlo todo... todos esos rasgos ridículos que no son privativos de nadie, sino extensivos a la humanidad entera, incluida yo, son temas universales y permanentes del humor. ¿Cómo sin humor podrían soportarse ciertas cosas? Que atribuyan intenciones malvadas a la mera exposición de los hechos; que se tergiversen, según convenga, las ideas claramente planteadas; que se insulte a la persona cuando no se pueden rebatir sus argumentos...

El humor es activo y es pasivo. Lo que llamamos sentido del humor se aplica tanto a la persona que sabe practicar el humor como a aquella que sabe encajarlo. Y la modalidad más excelsa del humor tiene lugar cuando reúne ambos significados, cuando alguien sabe reírse de sí mismo.

Tener sentido del humor, saber reírse de uno mismo, desarma a los adversarios porque los deja ociosos, porque les obliga a dar golpes contra el aire o porque convierte la batalla en una partida de parchís.

Todos deberíamos poner en práctica una sencilla receta homeopática: Conviene reírse de uno mismo cinco minutos cada mañana a fin de no hacer el ridículo el resto del día.
12/12/2003 22:04 Permalink. Tema: Filosofando

Silogismo Bushiano

Los zelotes fueron una secta judía del primer siglo de la era cristiana, una asociación político-religiosa de combatientes que estuvo involucrada en actos de terrorismo y actividades de guerrillas, eran fanáticos nacionalistas que se opusieron a la ocupación romana.

Simón, el zelote, fue discípulo de Jesús.

Si los amigos de los terroristas, son terroristas.

Jesús fue un terrorista.
10/12/2003 21:51 Permalink. Tema: Filosofando

Somos ficción

mask_mrph_red_med_gry.gifTodas las personas somos ficticias por dos motivos: Primero, porque damos de nosotros mismos la imagen que más nos conviene en cada momento. Segundo, porque los demás sacan conclusiones sobre nosotros.

Todos llevamos puesta una máscara inventada y los otros nos inventan la cara, con lo cual nuestro yo queda reducido a pura ficción.
04/12/2003 21:42 Permalink. Tema: Filosofando

El conocimiento

"El conocimiento te hace libre, la ignorancia te hace feliz”. Esta sentencia me ha hecho reflexionar mucho y he llegado a la conclusión de que se trata de una paradoja, o sea, que es una afirmación que parece verdadera, pero que es falsa. El conocimiento no nos hace libres y la felicidad no la produce la ignorancia.

La libertad puede ser "natural" y suele entenderse como la posibilidad de sustraerse, por lo menos parcialmente, a un orden cósmico predeterminado e invariable que aparece como una forzosidad. La libertad puede ser "social o política" y está vinculada a la autonomía o independencia en que una comunidad humana rige sus destinos sin la interferencia de otras comunidades. La libertad puede ser "personal" y se concibe también como autonomía o independencia de las presiones o coacciones procedentes de la comunidad en cuanto a sociedad o en cuanto a Estado. Ni el hombre puede sustraerse a su destino, y no hablo del determinismo, sino del azar caprichoso que trunca nuestros planes y nos obliga a tomar caminos distintos a los que nosotros habíamos previsto; ni una comunidad puede vivir libre de las injerencias ajenas, como nos lo demuestra el intervencionismo planetario que ejercen los Estados Unidos; ni el individuo puede zafarse así como así de los imperativos sociales y hacer su libre albedrío.

Las doctrinas éticas colocan a la felicidad como bien supremo, pero esto no implica que la felicidad no pueda entenderse de diversas maneras: como bienestar, como actividad contemplativa, como placer, etc. Las diferentes escuelas filosóficas han aportado sus particulares puntos de vista. Los cirenaicos subrayaron el placer de los sentidos o placer material como fundamento indispensable del placer espiritual. Los cínicos acentuaron el desprecio hacia todo saber que no conduzca a la felicidad, esto es, a la vida tranquila. Aristóteles ha manifestado que se identificó la felicidad con muy diversos bienes: con la virtud, o con la sabiduría práctica, o con la sabiduría filosófica, o con todas ellas acompañadas o no de placer o de prosperidad. La conclusión de Aristóteles es compleja: con la felicidad se asocian las "mejores actividades", el concepto de felicidad es vacío a menos de referirse a los bienes que la producen. Posteriormente se advirtió que la felicidad no tiene sentido sin los bienes que hacen felices y se tendió a distinguir entre varias clases de felicidad: una "felicidad bestial", que no es felicidad sino aparentemente; una "felicidad eterna", que es la vida contemplativa", y una "felicidad final" que es la beatitud. San Agustín habló de la felicidad como fin de la sabiduría; la felicidad es la posesión de lo verdadero absoluto. Santo Tomás definió la felicidad como un bien perfecto de naturaleza intelectual. La filosofía moderna ha llegado a establecer otro razonamiento, la felicidad es un bien que pertenece al entendimiento; no es el fin de ningún impulso, sino lo que acompaña a toda satisfacción.

El conocimiento puede ser sensible o inteligible, esto es: intuitivo o basado en ideas. En cualquier caso nos abre las puertas a un tipo de felicidad diferente, más sofisticada, porque el conocimiento permitirá al sabio distinguir matices de las cosas que un ignorante no apreciaría. Con sabiduría, la felicidad abarca un espectro más amplio de posibilidades porque la sabiduría aporta al hombre capacidad de reflexión, madurez, juicio, rigor, serenidad, hasta la bondad misma se ha ligado al conocimiento. Ante la contemplación del Partenón, un sabio disfrutará extasiado porque verá ante sus ojos arte e historia, mientras que un ignorante sólo verá un montón de piedras.

Dicho lo dicho, pasemos a hablar de la madre del cordero: ¿Es posible el conocimiento? El conocimiento es la comprensión de la realidad, y ¿qué es la realidad, lo que vemos, lo que probamos, lo que nos parece cierto? La premisa básica de la filosofía aristotélica residía en la tesis de que el estado de reposo es el estado natural de un cuerpo. En la física newtoniana, por el contrario, el movimiento es el estado natural del objeto. ¿Cuál de las dos conclusiones es cierta, es real? Según el escepticismo, el conocimiento no es posible. Esto parece ser una contradicción, pues se afirma a la vez que se conoce algo, a saber, que nada es cognoscible. Sin embargo, el escepticismo es a menudo una "actitud" en la que se establecen "reglas de conducta intelectual". Frente a esta postura está el dogmatismo, según el cual el conocimiento es posible; más aun: las cosas se conocen tal como se ofrecen al sujeto. Una variante moderada entre el escepticismo y el dogmatismo sería la de que el conocimiento es posible, pero no de un modo absoluto, sino sólo relativamente. De esta postura se deduce que hay límites en el conocimiento y que el conocimiento es un "probabilismo" y en el probabilismo existe el mismo porcentaje de verdad que de mentira. Lo cual nos lleva al punto de partida: Sólo sé que no sé nada.
29/11/2003 13:46 Permalink. Tema: Filosofando

Divinas contradicciones

Fractal1.gifLa iglesia del Cristo ensangrentado que sufre y redime sentimientos de culpa es la que ha creado el sentimiento de culpabilidad.

La naturaleza nos ha dado un instinto sexual, pero pensar en el sexo es pecado. ¿Cómo puede Dios caer en tales contradicciones? O bien es un ingenuo al pensar que nuestra fuerza interior y el miedo al infierno nos impedirán caer en la tentación de cometer actos impuros, o Dios es un sádico que nos tortura poniéndonos a luchar contra nuestros instintos.
04/10/2003 19:17 Permalink. Tema: Filosofando

Errores y erratas

flahs3.gifNada tan extraño y asombroso como el ser humano. Un animal racional, capaz de robarle el fuego a los dioses para luego emplearlo en su propia destrucción, que ha sabido elaborar la noción de lo infinito, se halla por encima y por debajo de su definición y, por ende, no coincide consigo mismo.

El hombre presume de inteligencia y es capaz de vivir engañado toda su vida. Presume de moralidad y su conducta es escandalosa. Toma por valentía lo que sólo es inconsciencia, por perseverancia lo que es mera obstinación, por mansedumbre la cobardía y por discreción la indiferencia. Allí donde se alaba la firmeza de criterio, con frecuencia sólo existe ceguera para los matices. Lo que llamamos amor al pasado, es, en realidad, miedo al futuro, y lo que se considera fidelidad no es más que inercia.

Si tuviera que actuar como abogado de la humanidad, me limitaría a excusar sus defectos, pues tampoco son tantos los pecados humanos, son más bien caídas, tropiezos, errores, erratas, hábitos inveterados.
29/09/2003 18:21 Permalink. Tema: Filosofando

El sentido del humor de Dios

flash4.gifYo opino que Dios se ríe de nosotros y, en concreto, se ríe contemplando al hombre que piensa. ¿Por qué? Porque cuando el hombre piensa, la Verdad huye de él a la misma velocidad que el pensamiento; porque cuanto más piensan dos individuos, más discrepan entre sí; porque el hombre no es jamás aquello que piensa ser.

Opino que tú te ríes de los hombres. Sí, te cachondeas de nosotros. Te vienes burlando desde que Adán y Eva la pringaron en el Paraíso. Un día pecaron y todo fue igual, pero distinto. Hasta entonces estaban desnudos y de repente se encontraron desnudados, por lo cual corrieron a taparse con unas aparentes hojas de parra. Entonces tú te reíste. Pero con un tono satírico y acento sarcástico: "He aquí al hombre, que se ha hecho ya como uno de nosotros", el cronista de la época transcribe textualmente tus palabras y deja constancia de tu sarcasmo.

Tu sentido del humor es muy particular, perdona que te diga. Porque, ¿qué me dices del asunto del Juicio Final? En él hay un detalle que da muestras de tu sentido del humor un tanto rarito. Primero concedes la absolución general y salvas a todos los hombres en masa, lo cual les parece muy injusto a los santos, que protestan enérgicamente al verse homologados con los pecadores en ese perdón colectivo, entonces Tú, ante semejante ruindad y dureza de corazón, no puedes contener tu cólera y arrojas a los santos al infierno. Chico, no sé, pero a mí me parece que por sorprendente que sea el Juicio, no tiene por qué ser escandaloso, y eso que a mí me favorece tu magnánima decisión.

Se me antoja a mí que desde el principio de los tiempos, Tú no has cesado de reírte de nosotros. Contemplas nuestras andanzas sobre la Tierra sin un atisbo de tedio, asistes a esas discusiones en las que se debate si eres galgo o podenco, hojeas los tratados de filosofía que hemos escrito y te quedas pasmado cuando te enteras de que eres un Ser Subsistente. Pero yo creo que no te ocupas exclusivamente de lo que se dice de Ti, que te interesa todo por igual: la liga de fútbol en el Congo o las conversaciones internacionales sobre desarme. Quiero decir que no eres un egocéntrico.
26/09/2003 18:22 Permalink. Tema: Filosofando

Arts longa, amor brevis

flash8.gifConcebir el éxito del amor, la historia feliz del amor, como una lenta evolución desde la rivalidad de dos egoísmos hasta la complicidad más perfecta entre ambos, puede parecer una declaración de cinismo.

Se trata, no lo olvidemos, de criaturas muy indigentes y muy propensas al error. Además de perecedera, la carne es opaca. La carne es lo que permite allegarse por un momento a los amantes, a la vez que los mantiene permanentemente distanciados; es como un tabique que separa dos celdas contiguas y a través del cual, por medio de unos golpes convenidos, se comunican los reclusos que en ellas están encerrados.

Siempre quedará en la persona amada un fondo de opacidad, un reducto inaccesible, porque las palabras humanas son equívocas o insuficientes. Dicho reducto, el amante tiende a considerarlo como una posible plenitud de intimidad, como una tierra de promisión hacia la que dirige sus pasos día tras día, ilusionadamente. No sabe que esa tierra es inalcanzable y es totalmente calcárea.

El amor mueve el Sol y las otras estrellas, es capaz de todo, menos de ser realista, porque no posee sentido de lo relativo. Por eso no evita las falsas ilusiones, y quien evita el engaño, evita el desengaño.

El amor permite perdonar setenta veces siete, alegra los corazones, parece que ponga bálsamo cuando en realidad pone sal. El amor es un arma, pero sólo defensiva. El amor es atroz, sublime. Está demostrado: el amor tiene magia, pero la tiene donde las avispas.
25/09/2003 18:24 Permalink. Tema: Filosofando

Vanidad

Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Y nadie es inmune a ella. Los maestros espirituales distinguen entre la necedad, que cree saber lo que ignora; la jactancia, que se finge sabia acerca de lo que no sabe, y la falsa modestia, que se finge ignorante acerca de lo que sabe.

La vanidad se las arregla para que todo redunde en beneficio suyo, es un fenómeno universal, una cualidad común entre la especie humana. Unos se envanecen de su talento, otros de su linaje, otros de sus destrezas, otros de su honradez, otros de sus padres, otros de sus hijos, otros de su belleza, otros de su juventud, otros de su humildad... El vanidoso tiende a convertir en estandartes sus propios harapos.
20/09/2003 12:29 Permalink. Tema: Filosofando

Todo debe ser juego

Se dice que el juego y la risa fueron las dos únicas cosas que Adán pudo sacar del Paraíso. Yo diría que también algún hueso de melocotón escondido en el bolsillo. Es indudable, en el principio era el juego. Sabemos perfectamente que la cultura humana ha nacido y progresado a partir del juego. El juego es un ejercicio exploratorio, aleatorio, abierto al futuro. Todas las conquistas culturales, desde el álgebra hasta la gramática, poseen una raíz lúdica. El sentido profundo de la liturgia la define exactamente como un juego delante de Dios: ludendus coram Eo. Por lo demás, bastaría coger un diccionario etimológico para convencernos enseguida de que el elemento lúdico está presente en innumerables momentos de nuestra vida: el engaño es una "ilusión", el "lubidrio" es un juego cruel, "eludir" significa escapar jugando y "aludir" significa bromear con alguien; etcétera, etc. En francés jouer, en inglés to play, en alemán spielen, son verbos que significan, en general, jugar; en concreto, pueden significar lo mismo ejecutar una música que representar una obra de teatro, y también manejar, recurrir a, valerse de. En castellano, al hecho de participar en algo lo llamamos entrar en juego. ¿Qué se deduce de esta curiosa polisemia, de esta multiplicidad de sentidos? ¿Es solamente pobreza de vocabulario? Una vez más el lenguaje demuestra una vieja y hondísima sabiduría, la misma certera intuición que condujo a los hombres a emplear una única palabra para referirse a cosas aparentemente tan dispares como el amor humano y el amor divino, esperar algo y esperar en alguien.

Toda actividad humana digna de tal nombre posee un carácter lúdico. Sería una equivocación o una restricción lamentable reservar la denominación de juego únicamente para esas pausas de nuestra jornada laboral durante las cuales practicamos algún tipo de esparcimiento; su designio más esencial consiste precisamente en impregnar de sentido todo lo que hacemos a lo largo del día. Es lo mismo que predican los maestros espirituales acerca de la oración: la recitación de ciertas plegarias, el ejercicio periódico de la meditación, están destinados principalmente a crear en el alma una actitud de oración continua, incesante, ininterrumpida. Se trata, en uno y otro caso, de que la repetición de unos mismos actos llegue a transformarse en actitud permanente. En resumen, todo debe ser oración y todo debe ser juego. Resumiendo aún más, todo debe ser juego.

Insisto, lejos de constituir un paréntesis de descanso con vistas a la reanudación del trabajo, el juego representa nuestra actividad básica, el paradigma sirve de criterio para calificar o descalificar las restantes actividades. Por eso, más que interrumpir nuestras labores, el juego viene a cuestionarlas de raíz, a poner en entredicho su pretendida seriedad. Anticipo ya que el juego cumple respecto al trabajo la misma función que cumple el humor respecto a la totalidad de nuestra vida, sometiéndola a una crítica radical incesante. En el principio era el juego. El homo ludens es anterior al homo faber, es el prototipo que revela al hombre su destino primordial, un destino anterior y superior. Los creyentes lo tienen muy claro: se trata de recuperar la significación que tuvo el trabajo antes de que el hombre se extraviase y prevaricase, cuando todo consistía en "cultivar el Jardín".

Podemos decir que el juego constituye la actividad improductiva por excelencia. Lo cual, lejos de suponer un reproche, significa su mayor alabanza. Efectivamente, equivale a definir el juego como actividad autónoma y soberana, en cuanto que representa un fin en sí mismo y no un medio para la consecución de otros fines. Esto apenas puede entenderse hoy, pues vivimos en un mundo desquiciado donde el criterio de utilidad prevalece absolutamente. La primera pregunta acerca de una cosa es para qué sirve. De ahí pasamos enseguida, insensiblemente, a hacer la misma pregunta referida a las personas; la valía de un hombre, como la de cualquier otro utensilio, se medirá por su índice de rendimiento. Ser significa ser útil. Saber significa saber manipular. Algo ocurre en el alma de un niño el día en que deja de preguntar ¿qué es esto? y empieza a preguntar ¿para qué es esto? Todo tiene que servir para algo. Ya se percató de ello Pangloss: la nariz está hecha para llevar las gafas. Yo misma sentí un gran alivio cuando me di cuenta de que la corbata sirve para limpiar las gafas. ¿Y la risa? La risa sirve para activar el diafragma. ¿Y el juego? El juego sirve para relajar la tensión, para descargar de manera inofensiva nuestra agresividad, para satisfacer aquellos deseos que, no pudiendo ser satisfechos realmente, lo son mediante simulacro o ficción.

Vivimos en un mundo desquiciado y desgraciado, verdaderamente. Los alicates son útiles, y también las leyes de la métrica, las técnicas de oración y las reglas de juego. Pero el juego, la oración y la poesía son perfectamente inútiles. Los valores más importantes de la vida no tienen utilidad, no pueden tenerla, ya que esto supondría que están al servicio de otros valores. No tienen utilidad, tienen sentido. Es menester proclamarlo bien alto: ni el juego, ni la oración, ni la alegría, ni el amor, ni la contemplación estética, sirven para nada.
20/09/2003 12:24 Permalink. Tema: Filosofando

Qué es la Filosofía

No se puede explicar qué es la Filosofía. La Filosofía es la que explica todo lo demás.

Se ha dicho que la verdadera filosofía, lejos de ser una materia más del conocimiento, es un modo de conocimiento sobre cualquier materia. Se hace filosofía cuando se hace historia filosóficamente, cuando se estudia economía filosóficamente, cuando se investiga el lenguaje filosóficamente. Todas las disciplinas se solapan y se implican mutuamente. También la filosofía puede ser considerada desde un punto de vista histórico, económico o lingüístico.

Se trataría de distintos enfoques de la misma realidad. Son enfoques deliberados o al menos dictados inconscientemente por una formación o deformación profesional.
No interesa la Filosofía en sí misma, la Filosofía como tema, sino aquello que puede ser tema de Filosofía. ¿Qué es? Todo.

Descartes era un hombre complicado. Los hombres son complicados. Ciertamente, hay quienes terminan por reconocer que la verdad es simple, pero siguen sosteniendo que el único método seguro para llegar hasta ella es dando muchas vueltas. De hecho, sólo a través de un laborioso razonamiento llegó Descartes a enterarse de que existía. Casi al final, minutos antes de expiar o de acceder al plano del humor, creo que aún no daba su brazo a torcer: ha valido la pena, decía, filosofar toda la vida para convencerse de que filosofar toda la vida no valía la pena. Efectivamente, un largo viaje de Madrid a Barcelona pasando por Caracas.
20/09/2003 12:16 Permalink. Tema: Filosofando

Practiquemos la espeleología

Os invito a que practiquéis alguna vez esta clase de deporte, muy relacionado con la espeleología. Se trata de ahondar en la propia conciencia. Primero hallaremos el estrato de nuestros actos más recientes, luego otros actos inmediatamente anteriores que influyeron en éstos, después las intenciones que de forma directa los inspiraron. Sigamos descendiendo. Enseguida descubriremos que por debajo de dichas intenciones había otras más profundas que en cierto modo quedaban enmascaradas. ¿Las reconocéis como vuestras? Aunque pasaron inadvertidas a la hora de actuar, no por eso dejaron de influir en nuestra conducta. Si no se hicieron presentes a nivel de conciencia fue porque estaban más arraigadas y mejor asimiladas que aquellas otras razones superficiales que aparentemente nos movían. Enfoquemos ahora la linterna hacia esa zona del alma nunca visitada. Continuemos bajando. Cada estrato geológico significa un juicio de valor sobre el anterior. Pero he aquí que en cierto momento, inevitablemente, surge una sospecha: si entonces existieron motivaciones ocultas y desconocidas que nos impulsaron a obrar de cierta manera, ¿no existirán también ahora otras razones, igualmente ocultas y desconocidas, que nos impulsen a enjuiciar aquéllas de cierta manera? Es como un proceso sin fin, dentro del cual el sujeto observador pasa a ser inmediatamente un objeto observado. Es como un juego inacabable de muñecas rusas. Se tiene la impresión de que un psicoanalista profundiza poco más que un dermatólogo. Vamos quitando capas y más capas, vamos alcanzando nuevas cotas de profundidad, ¿y qué conseguimos con ello? ¿Acaso la cota número 7 es más verdadera que la cota número 6? ¿Dónde está la verdad? Los griegos hablaban de la verdad como alétheia o revelación, como una operación consistente en ir retirando velos. ¿Y si la conciencia fuera igual que una cebolla, compuesta nada más de sucesivas capas? Los puristas del amor se empeñan en limpiarlo de toda adherencia, suprimiendo cuanto haya en él de atracción sexual, gratitud, costumbre, alianza contra terceros, miedo a la soledad, etc.; al final ¿qué nos queda en las manos? El amor ¿es la resta de todo esto o es más bien la suma de todo esto? Después de bajar a la cota de conciencia número 18, una acaba preguntándose dónde estará exactamente la verdad, si en la cota 238 o tal vez en la 239.

Ni siquiera los más viejos del pueblo saben dónde está la verdad. Es una recomendación galante y caritativa: debemos comprender cada vez más y juzgar cada vez menos. Incluso habría que tratar de comprender a los jueces y no juzgarlos. Que tire la primera piedra contra la adúltera quien nunca ha adulterado su corazón; de acuerdo, pero también que tire la primera piedra contra los jueces quien nunca ha tenido la osadía de juzgar a su prójimo. En este sentido, la única actividad legítima sería la que desempeña un confesor: su misión es absolver; sólo debe juzgar sobre la sinceridad del arrepentimiento, y para ello tiene que creer al penitente, tiene que atenerse a su palabra. Alguien dijo que comprenderlo todo equivaldría a perdonarlo todo. Yo pienso que lo más parecido a comprenderlo todo es reconocer que no comprendemos casi nada.
20/09/2003 12:05 Permalink. Tema: Filosofando

La fe cristiana

La religión católica está cimentada en el sufrimiento, el dolor es el camino que conduce a la liberación del alma. Cuanto más suframos en esta vida, mayor será nuestra recompensa en el cielo. La amenaza del pecado y del fuego eterno planea sobre la vida del creyente y convierte su existencia en una vida estrictamente reglamentada donde queda poco margen para la libertad de acción. La imagen de Dios está representada por un hombre crucificado, torturado. Todo gira en torno al eje del dolor.

La fe es el argumento que impide desertar a los cristianos, la fe y esa promesa de más allá, de gloria eterna, que aguarda tras este valle de lágrimas. Para gozar, hay que morir.

Dios es un juez inapelable, el que rige los destinos de los hombres, el ojo eternamente avizor que todo lo ve, nada se le puede ocultar. ¿Quién puede ser feliz bajo estas premisas? No se es libre ni para pensar, pues también con el pensamiento se peca. El cristiano esta muerto en esta vida y vive con la esperanza de resucitar en la otra.

Las definiciones de Dios son confusas y contradictorias. Dios es paciente, bueno, misericordioso, justo, sabio. Dios es colérico, implacable, impasible, cruel.

La fe del hombre en Dios significa fe en lo humanamente imposible.
20/09/2003 11:51 Permalink. Tema: Filosofando

Sobre la risa

flash9.gifLa risa tiene latitudes. De ese modo, quien quiere reírse en todas partes, ha de viajar con sextante, porque el humor, dependiendo del paralelo donde uno se encuentre, aparece unas veces bajo forma de conejo (Alicia en el país de las maravillas) y otras bajo el disfraz de un polichinela torpe (como sucede en la Comedia del arte). Aunque el problema no es siempre del ropaje del humor, en ocasiones el problema es una cuestión de cercanía o lejanía. En el cine, sin ir más lejos, el público, en general, se desternilla desde las primeras filas con las tonterías de Jim Carrey, mientras los críticos más sesudos, sentados en las filas traseras, sudan la gota gorda durante la proyección, para luego cargarse sus películas a base de compararlas con Chaplin o Keaton (qué tiempos aquellos; ya saben). ¿Será que cuanto más cerca se está de la pantalla, más posibilidades hay de reírse? Quizás. Lo cierto es que si uno quiere reír con las imitaciones de Cruz y Raya o de cualquier otro humorista, ha de conocer antes a los personajes imitados, es decir, debe estar familiarizado con ellos para sacarle verdadero rendimiento a lo que, de otra manera, difícilmente pasaría de ser una tontería, que por asociación puede llegar a transformarse en un chiste. Pero eso tampoco quiere decir mucho, porque no siempre salen los números en este tipo de axiomas. En un mismo edificio, los vecinos del tercero, personas de muy mala uva, se ríen de las tribulaciones de los del cuarto, que tienen una hija con leucemia en fase terminal; en este caso, y atendiendo a la teoría anterior, quien debería entonces reír a mandíbula batiente es la enferma, que es, al fin y al cabo, la que sabe si su enfermedad hace o no cosquillas. Así pues, ni demasiado cerca ni demasiado lejos; un término medio, un meridiano, sería lo mejor para solucionar este galimatías. ¿Será, por consiguiente, una mirada cercana sobre una presencia lejana lo que define el humor, la risa? Desde luego, uno prefiere no ser quien tropieza con las farolas, pero le encanta servir de observador, más cuando el accidentado es algún alma cándida que conoce, menos su pobre madre, claro.
20/09/2003 18:28 Permalink. Tema: Filosofando

Disquisiciones sobre Dios

¿Dios existe? Los ateos lo niegan ateniéndose a la más estricta evidencia, y es que Dios, más que aparecerse aquí o allí, prefiere transparentarse en todas partes para quien tenga los ojos bien abiertos: las epifanías son muy raras, la diafanía puede ser constante. Es cierto que alguna vez se ha aparecido en forma de mendigo, de luz deslumbrante, de aerolito... es su modo predilecto de evadirse de esa ubicuidad teórica y aburrida a la que le han relegado los teólogos. Pero de ordinario, ya digo, prefiere ir de incógnito. No me sorprendería nada que se esmerase en borrar sus huellas o trucar las apariencias, estoy convencida de que haría cualquier cosa para desorientar a sus perseguidores.

Visible o invisible, Dios controla siempre la situación y sabe cómo proceder con los humanos para traerlos a mandamiento. Lo mismo se vale de un escapulario, o de un fracaso amoroso, de una catástrofe aérea, de un terremoto o de una promesa de vida eterna. Para evitar ciertos pecados ni siquiera ha de intervenir personalmente, le basta con atizar la rivalidad que existe entre los enemigos del alma haciendo que se neutralicen dos vicios de signo contrario: por pereza solemos renunciar a nuestras intenciones de venganza. Otras veces, sin embargo, Dios debe actuar de manera directa, pues, como es sabido, el diablo ejerce una fuerte seducción en los humanos. Frente a estas habilidades de su adversario, Dios sólo dispone de su omnipotencia. De ahí que, para ganarse a la gente, tenga que emplear de vez en cuando medidas excepcionales, como hizo con Jonás: en vez de obtener su alma con demostraciones sobrenaturales, lo tiró al mar e hizo que lo secuestrase una ballena y lo llevase a donde Él quería; o en el caso de los israelitas, que para ir de Egipto a Canaán, un trayecto que de ordinario costaba quince días, tardaron cuarenta años, con lo cual quedó demostrado que el Éxodo es el camino más largo entre dos puntos.

Dios le concedió al hombre la libertad y normalmente suele respetar las reglas del juego. Todos sabemos que la libertad es fuente de muchos males, de muchas equivocaciones y extravíos, ya de suyo presupone el mal, lo presupone como alternativa posible. ¿Y no es la posibilidad del mal un verdadero mal? Dios no opina así, puesto que prefirió hacer libres a sus criaturas. Esto significa, obviamente, que la libertad, aun con la posibilidad de todos los males, es preferible a la falta de libertad. Entonces cabe preguntarse por qué demonios (uy, me temo que la expresión no es muy afortunada tratando de Dios) por qué demonios, decía, Dios quiso que el hombre fuera libre. Veámoslo con su lógica. Si Dios quería ser amado por el hombre, no tuvo más remedio que darle la libertad. Sólo un ser libre puede amar verdaderamente, ya que para amar es preciso poder dejar de amar. Sin libertad el hombre sería una marioneta y Dios tendría que tirar de los hilos y hacer de ventrílocuo: Amo a Dios, amo a Dios. Dios desea ser amado de verdad. Dios desea de verdad ser amado. Y decir que a Dios no le importa ser amado equivale a decir que Dios no ama. Aunque, efectivamente, Dios no ama a quien le es indiferente que su amor sea correspondido o no. No entraré a debatir ahora sobre las promesas de vida eterna que pudieran condicionar de alguna manera el amor a Dios, porque el amor, si es sincero, no requiere de tales estímulos.

Dios, repito, suele respetar las normas del juego. Su misericordia no contradice propiamente a su justicia, al contrario, la hace más comprensiva, más clarividente, más justa en definitiva. Curiosamente, muchas personas llegan a atribuir a Dios lo que no atribuirían nunca a ningún hombre medianamente bueno: el resentimiento y la voluntad de desquite, el deseo de venganza contra los pecadores, el propósito de enviarles la muerte cuando se hallen en estado de impenitencia. Pero, desde luego, Dios es omnipotente, puede hacer un triángulo con menos de tres lados; es el Creador, tan buen arquitecto que edificó el mundo sobre el vacío; es íntegro e imparcial, y, no obstante, se deja sobornar por una lágrima o una jaculatoria; es impasible, no le afecta ni el gélido invierno ni el verano asfixiante; es omnipresente, pero, de vez en cuando, se deja localizar; es eterno, qué duda cabe, pero le gusta celebrar su cumpleaños; Dios sufre con los pobres, se enoja con los ricos, se alegra cuando recupera a un pecador.

Dios es perfecto, absolutamente perfecto, pero lo es en la medida de nuestro concepto de perfección y de todos los otros conceptos que hemos forjado para Él. Nosotros le hemos dado sus atributos, su trascendencia, su dignidad. Nosotros hemos diseñado a Dios con unas argumentaciones tan consoladoras como legítimas, hemos elaborado una ingente y meritoria obra teológica, basada en la revelación divina, pero ¿qué son las palabras de Dios comparadas con sus silencio? El silencio de Dios es el galardón irónico y precioso con el que se topan los esfuerzos de tantos teólogos de buena voluntad.
20/09/2003 10:58 Permalink. Tema: Filosofando

Qué es la Filosofía

Fractal7.pngNo se puede explicar qué es la Filosofía. La Filosofía es la que explica todo lo demás.
Se ha dicho que la verdadera filosofía, lejos de ser una materia más del conocimiento, es un modo de conocimiento sobre cualquier materia. Se hace filosofía cuando se hace historia filosóficamente, cuando se estudia economía filosóficamente, cuando se investiga el lenguaje filosóficamente. Todas las disciplinas se solapan y se implican mutuamente. También la filosofía puede ser considerada desde un punto de vista histórico, económico o lingüístico. Se trataría de distintos enfoques de la misma realidad. Son enfoques deliberados o al menos dictados inconscientemente por una formación o deformación profesional.
No interesa la Filosofía en sí misma, la Filosofía como tema, sino aquello que puede ser tema de Filosofía. ¿Qué es? Todo.
20/09/2003 22:31 Permalink. Tema: Filosofando

Casus belli

El alcohol no sólo sirve para acompañar las comidas, sino para hacer olvidar al bebedor sin fondos que ese día no ha comido. Así también el humor tiene su lugar propio y natural tanto entre gente feliz como entre gente desgraciada. De acuerdo, ¿cómo hacer humor dignamente sobre la guerra, el hambre o la pobreza? Pero al mismo tiempo ¿cómo no advertir el absurdo que envuelve esas trágicas realidades? Para el humor, el tema del dolor ofrece campos vastísimos: nuestro empeño de huir de los sufrimientos inevitables y nuestra constante búsqueda de sufrimientos innecesarios. Si nos fijamos, tan ridícula resulta la persona que va corriendo por cubierta en dirección contraria a la que lleva el barco como aquella otra que no deja de presionar con la lengua el diente que le está doliendo.

Repito, ¿cómo no advertir ese gigantesco, formidable absurdo que es la guerra entre los humanos? No me refiero a ninguna guerra pasada o futura, sino a la actual, al estado de guerra permanente decretado en todo el mundo. Conocemos detalladamente el número de víctimas: cincuenta millones de personas mueren de hambre cada año, matanza que podría haberse evitado invirtiendo en alimentos sólo la vigésima parte de los gastos militares correspondientes al mismo periodo. Pero lo que aquí me interesa subrayar es el absurdo, la suma de absurdos que componen ese disparate total de un mundo en pie de guerra: a) el absurdo de un armamento que, antes de poder ser utilizado, tiene que abandonarse por anticuado, pues el mismo proceso de modernización industrial lo va dejando constantemente inservible; b) el absurdo aumenta cuando nos dicen que la finalidad de dicho armamento es puramente disuasoria, puramente teórica: su destino no es hacer la guerra, sino impedirla; c) el absurdo de haber acumulado un arsenal catorce veces inútil, ya que las armas que hoy existen podrían destruir por completo el planeta quince veces.

¿Acaso esta suma de despropósitos no representa una apoteosis del humor? Cualquiera con medio dedo de frente argumentaría así: para que no haya contiendas basta que no haya contendientes, basta que los ejércitos nacionales sean suprimidos y reemplazados por una policía supranacional. Pero alguien con medio dedo de frente es un indocumentado. Ignora que los ciudadanos son para el Estado y no el Estado para los ciudadanos, lo mismo que el pie es para el zapato y no el zapato para el pie; por eso, cuando el zapato resulta pequeño, sólo hace falta amputar un dedo o dos, sin tener que ir a comprar otro zapato más grande. Todo obedece a la misma lógica. ¿Quién ha valorado bien la exquisita delicadeza que supone la bomba de neutrones? Es una bomba que no destruye nada, que lo respeta todo, salvo la vida de esos seres tan perecederos de por sí y a la vez tan fácilmente sustituibles que son los seres humanos.
15/09/2003 22:19 Permalink. Tema: Filosofando

Sum, ergo cogito

Sabemos que el instinto de los animales es siempre certero, aunque restringido, mientras que la inteligencia del hombre es de suyo ilimitada pero expuesta al error. ¿Hemos salido ganando los humanos?

Nuestra inteligencia funciona a partir de los sentidos, todas las ideas y elucubraciones arrancan de eso que perciben los sentidos. Porque nosotros no somos espíritus puros. Verdaderamente, nuestros sentidos abarcan un campo muy pequeño; los ojos sólo captan una gama de colores bastante pobre, el oído sólo registra aquellos sonidos que no son ni demasiado agudos ni demasiado graves. Luego viene el trabajo de la inteligencia, que es capaz de añadir al color violeta el ultravioleta y al rojo el infrarrojo, y que, tras haber oído campanas, se pregunta dónde. Nuestros sentidos, repito, son muy limitados. Cinco angostas ventanas, situadas casi a ras del suelo, para otear el mundo; cinco conchillas con las que ir recogiendo el agua del océano. Pero esto es lo de menos. Al fin y al cabo, los sentidos de los animales adolecen de la misma estrechez. Lo grave en nuestro caso no es que sean limitados, es que son falaces. Entre las llamadas ilusiones ópticas goza de gran renombre el fenómeno del espejismo; conviene advertir que dicho fenómeno reviste formas muy variadas y se da con igual frecuencia en la ciudad que en el desierto. En realidad no percibimos lo que vemos, sino lo que esperamos o tememos ver. No vemos con el ojo, sino a través del ojo. Nuestro aparato perceptivo es ya un aparato interpretativo. Pues bien, a estas ilusiones de los sentidos hay que sumar luego las ilusiones propias de la razón, la cual se comporta con la misma o mayor arbitrariedad. Generalmente, nuestros juicios no vienen determinados por los datos que recogemos, sino por el esquema ideológico previo con que examinamos dichos datos. Nuestros juicios dependen de nuestros prejuicios. Ya sé, me diréis que el hecho de hablar de tales ilusiones demuestra que han sido detectadas, que su falsedad ha sido advertida y corregida. Pero ¿cómo saber si los instrumentos de rectificación no son también defectuosos? Lo que difiere de un error no es necesariamente verdad, quizá sea otro error distinto. ¿Y cuando esos instrumentos corroboran lo que nosotros ya teníamos por cierto pero hemos querido someter a comprobación? Bien podría tratarse de algo así como una división equivocada que luego viniese a ratificar una prueba del nueve igualmente equivocada.

Desde luego, nada de esto impide que en nuestra vida cotidiana nos vayamos arreglando mejor o peor a base de verdades que, aunque hipotéticas, son útiles, son funcionales. Sin embargo, no debe ignorarse que el valor práctico de una certidumbre no garantiza en absoluto su verdad teórica. ¿Qué hacer? Por fortuna, disponemos de la Filosofía. La Filosofía va al fondo del problema, preguntándose del modo más radical sobre las posibilidades de la mente humana para aprehender la verdad.
13/09/2003 16:25 Permalink. Tema: Filosofando

Curiosa

Yo no me calificaría como persona culta, sino solamente curiosa. Hubo un tiempo en que leía desaforadamente, devorando cada año centenares de libros, y los años bisiestos alguno más. Después paré en seco, convencida de que no valía la pena leer, convencida de que un libro de cuatrocientas páginas sólo sirve para hacer doscientas pajaritas de papel. Hoy creo que esa opinión es profundamente injusta, pues con un libro no sólo se pueden hacer pajaritas, sino también barcos, aviones y rinocerontes.

No resuelvo dudas, si acaso me las planteo. Ya digo, soy inmensa, eterna, impenitentemente curiosa.
09/09/2003 21:47 Permalink. Tema: Filosofando

Soy presuntuosa

Acaso pensaréis, y con razón, que soy una presuntuosa, que me tengo por una de esas personas clarividentes, capaces de comprender en toda su hondura el misterio de la trivialidad humana. Tamaña pretensión por mi parte sólo podría ser corregida por otra pretensión mayor, afirmando que pertenezco a otra especie distinta, que soy un extraterrestre en viaje de inspección por este planeta azul.

¿Tal vez alguien podría desmentirme? ¿Quizás podría demostrar lo contrario? Si yo afirmo que soy extraterrestre, nadie puede desmentir mi afirmación. La fuerza de la Lógica es impepinable.

Admitamos otra hipótesis más trivial, admitamos que, efectivamente, soy una mujer, bípeda, implume, racional, locuaz, curiosa, cínica, amante de la Filosofía y con una cierta propensión a divagar sobre las flaquezas de la condición humana. Vosotros sois internautas, aficionados a la lectura, pero deberíais comprender que entre los escasos placeres que le quedan a un "filósofo", está el de presumir de haber encontrado la Verdad indubitable y, por tanto, hablar con conocimiento de causa.

¿Os habéis fijado? Si algo caracteriza al ser humano es su insoportable conciencia de superioridad, su conciencia de especie biológica dominadora del mundo. Todos somos iguales: prepotentes, avasalladores y falsamente modestos. Somos humanos, somos engreídos.

Sin embargo, en momentos excepcionales de gran humildad, hemos llegado a formular esta tremenda hipótesis: la posibilidad de una vida superior que nada tenga que ver con el hidrógeno y miserias afines; unos seres vivos tan evolucionados, tan distintos originariamente de nosotros o tantos trillones de años por delante de nosotros, que en sus eventuales visitas a la Tierra nunca se les haya ocurrido entablar contacto con nosotros, por la misma razón por la que nosotros no tenemos ningún interés en relacionarnos con una colonia de insectos.

Pues bien, aun en este caso, tendemos a atribuir a esos seres algún parecido con nosotros. Y es que nuestra imaginación es tan limitada como nuestra inteligencia. Admitamos que su cuerpo sea muy distinto al nuestro, quizá cilíndrico, quizá invisible, pero se trata de seres que piensan y codician, son crueles o bondadosos. De manera inevitable les atribuimos nuestros deseos y nuestras pasiones, si bien corregidos y aumentados. Su campo de operaciones es más amplio dentro del espacio sideral, sus máquinas más perfectas, su lenguaje más polisémico, hasta ahí llega nuestra fantasía. Pero sus manías son las mismas, hasta ahí llega nuestra simpleza. Nuestra simpleza y nuestra vanidad, como si por encima del hombre sólo pudiera existir algo semejante al hombre, como si el argumento de la comedia humana fuera tan importante que exigiese nuevos espacios donde prolongarse. Esto nuestro es orgullo corporativo, y lo demás zarandajas.

"El hombre es la medida de todas las cosas", dejó escrito Protágoras en un arranque de delirante megalomanía. El hombre se ha constituido en centro y eje del universo. Nuestro mundo es un orbe antropocéntrico: la Historia Universal narra sólo la historia de la humanidad. La Biología estudia la vida del hombre y de cuatro organismos monocelulares. La Lógica ha decretado cuando dos cosas son imposibles: cuando no caben juntas en la cabeza de un filósofo. La Moral fija taxativamente las fronteras entre el bien y el mal: lo que es bueno y malo para el hombre. La Religión no ha conseguido divinizar al hombre, por eso ha humanizado a Dios.

Todo lo que carece de denominación humana, no existe. No existe lo que está más allá del firmamento que vemos, ni lo que está por debajo de eso que llamamos subconsciente, ni lo que está por encima de lo que llamamos Dios. ¿Qué pensaría de nosotros un extraterrestre objetivo, realista y desapasionado? ¿Qué opinión le merecería la frasecita de Protágoras?

Mi jefe alienígena me ha encargado un informe sobre los habitantes de la Tierra, y estoy tan estupefacta por mis descubrimientos que no sé por dónde comenzar. ¿Alguna pista?
05/09/2003 23:07 Permalink. Tema: Filosofando

Sólo sé que no sé nada

"Sólo sé que no sé nada". La frase parece una contradicción, ¿lo es? Después de tantos siglos de Filosofía, pseudofilosofía, filósofos, pensadores, caviladores, verdades a medias y medias verdades, se diría que no hay otra salida sino el escepticismo. Es una salida por la tangente, lo sé. Además, ¿qué significa eso que dicen los escépticos, que nadie puede estar seguro de nada? Al menos nosotros parecemos estar seguros de lo que decimos. Es muy frecuente esta clase de contradicciones. Todos estamos de acuerdo en que resulta imposible ponernos todos de acuerdo. Es enteramente cierto que no existe nada enteramente cierto. Si es verdad que no hay regla sin excepción, también tendrá excepciones ésa que afirma no tener regla sin excepción. Si es cierto que todo cambia, también cambiará la certeza de que todo cambia. Etc., etc. ¿Te das cuenta? Parecen juegos de palabras, pero son juegos mortales. El poder de persuasión de la mente no desaparece, se transforma: se ha convertido en poder de disuasión.

El escéptico total está condenado a la contradicción o al silencio. Mejor dicho, si fuera de veras total, se salvaría. Lo que ocurre es que se ha quedado a medio camino: le falta todavía negar su propia negación, dudar de su propia convicción. Según Santayana, el escepticismo es la castidad de la mente.

¿En qué se distingue el hombre del animal? El animal únicamente sabe, el hombre sabe que sabe. Parece ser, no obstante, que esto es sólo una etapa del proceso evolutivo. La plena madurez viene marcada por otro tipo de conocimiento, por una averiguación diferente y opuesta, cuando el hombre, al fin, sabe que no sabe. ¿Te sorprende? Tú mismo lo habrás observado alguna vez: cuanto más sabio es alguien tanto más ignorante se considera, ya que a medida que crecen sus conocimientos aumenta también la comprobación de su ignorancia, la evidencia de lo mucho que resta por conocer, la amarga evidencia de que es infinitamente más lo que ignora que lo que sabe. Por eso, la modestia de los sabios constituye un fenómeno tan natural, tan inevitable como la humildad de los santos. He ahí, pues, el ápice de la sabiduría: el hombre sabe que no sabe. Sin embargo, ¿no te parece que también esto supone una afirmación demasiado rotunda, demasiado categórica? Quien es verdaderamente humilde nunca dirá que posee la virtud de la humildad; quien es realmente sabio acabará reconociendo que ignora cuánta es su ignorancia. ¿Es posible romper este círculo de hierro o de humo? Paradójicamente, sólo dentro de la duda cabría alguna certeza donde reposar: puede dudarse de todo excepto de que se duda de que se duda. ¿Será ésta la meta del verdadero escepticismo?

Hoy nadie se atreve a componer uno de aquellos enormes tratados de metafísica que se componían antiguamente. Ello se debe, en opinión de Jaspers, a que los filósofos han perdido la ingenuidad. Pero, dime, esos libros que ahora se escriben para demostrar que la metafísica es imposible, ¿qué otra cosa son sino obras de metafísica, si bien dotadas de una ingenuidad de segundo grado? Hasta el hombre menos ingenuo conserva una ilusión: la de creer que no tiene ninguna. En sus horas altas, el pensador escéptico todavía cree que es posible un sistema filosófico donde se diera razón y explicación del fracaso de la inteligencia y, por consiguiente, donde este fracaso quedara absorbido dentro del sistema. ¿No sería una manera de superar el fracaso? Sería un remedio demasiado ingenuo contra la ingenuidad. Al fin y al cabo, toda filosofía es filosofía humana, explicación de unas palabras mediante otras palabras, mientras el polvo que quitamos de la mesa va a parar a las sillas. Ni siquiera con el pensamiento podemos saltar por encima de nuestra propia sombra, ya que el pensamiento no deja de ser una actividad más que, como todas, se ejerce bajo el sol.
05/09/2003 23:05 Permalink. Tema: Filosofando

Reflexiones filosóficas

Sucede que las ciencias son múltiples y necesitan lenguajes diversos; por lo cual cada especialidad ha creado su propio código, su propio idioma. La confusión resultante se llama Babel. Lo de menos fue que un momento dado los constructores de aquella torre empezaran a hablar sumerio, babilonio o egipcio. El verdadero desastre consistió en que cada oficio estableció un lenguaje diferente, y ya no podían entenderse los albañiles con los plomeros, los arquitectos con los ecologistas, los políticos con los maestros de moral, hasta tal punto que empezaron a discrepar no sólo sobre el objetivo de la construcción de dicha torre, sino incluso sobre si aquello era una torre o era otra cosa. Fue entonces cuando se hizo necesaria la presencia del filósofo.

Entonces, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Ahora también el filósofo aparece en nuestra convulsa sociedad, convoca a los científicos y empieza contándoles una instructiva historia. Cierto santón hindú trajo a la plaza pública un elefante y luego mandó venir a tres hombres con los ojos vendados, para preguntarles qué era lo que había allí. Se acerca el primero de los tres, toca la oreja del animal y dice: "Es una hoja de higuera". El segundo toca una pata y afirma sin vacilar: "Es el tronco de un castaño". Acude el tercero, coge la trompa y la suelta espantado: "Es una serpiente". Se trata de un chiste muy del gusto de los filósofos y de los profesores dedicados a estudios interdisciplinares.

La tentación específica del filósofo es el eclecticismo. Ante una disputa en la cual alguien afirma que las urracas son blancas y otro que son negras, el ecléctico resuelve la situación diciendo que son grises. A fin de no caer en los excesos de la extrema derecha o de la extrema izquierda, él ha abrazado el extremo centro. En su opinión, la verdad es siempre un equilibrio, una maroma de funambulista que divide el error en dos partes iguales. Hay que discernir y luego conciliar; sólo así puede llegarse al conocimiento de la realidad. Está convencido de que abriendo alternativamente uno y otro ojo se obtiene una visión completa. Desprecia al científico, especializado en un único ramo del saber: todo especialista, limitándose cada vez más en su propio tema, cada vez sabe más de menos cosas, hasta que llega a saber todo de nada. El filósofo no incurrirá en semejante disparate. El filósofo ha averiguado que por encima de los conocimientos concretos, y frecuentemente contra ellos, existe un conocimiento superior caracterizado por la abstracción. Cuando se han dejado de lado todos los datos exteriores, de naturaleza siempre impura, la mente empieza a trabajar exclusivamente con sus propios materiales. De este modo, lo que se obtenga será una verdad del todo incontaminada, incorpórea, una verdad intachable.

Pienso que existo, luego pienso que existo. El filósofo contempla embelesado cómo las ruedas de su maquinaria mental giran cada vez más deprisa, a un ritmo acelerado que nada perturba. ¿Qué sucede? Las ruedas giran en el vacío, no muelen nada. El filósofo es un especialista en generalidades. He ahí la síntesis última de los grandes sistemas, el puro caldo de cabeza, lo que queda en el filtro después de colar una sopa de unicornio. Apoteosis de la razón.

Lo único que ve el filósofo es lo que espera ver, lo único que halla es una confirmación de sus ideas. Los principios teóricos distorsionan los datos objetivos a fin de que éstos puedan sancionar la validez de aquéllos. Para transformar en tesis una hipótesis sólo hace falta un hecho empírico, que indefectiblemente será contemplado y analizado desde los presupuestos dictados por dicha hipótesis. Cabría esperar que así como el razonamiento está llamado a detectar las ilusiones de los sentidos, éstos sirvieran para denunciar los extravíos del razonamiento. Pues bien, a menudo sucede todo lo contrario: como ya advirtió Pascal, además de equivocarse cada cual por separado, la razón y los sentidos tienden a engañarse mutuamente. No me negaréis que es algo hilarante, un excelente montaje del humor para lubidrio y enmienda de filósofos: un diálogo en que los interlocutores, además de mentirosos, fueran sordos.

Pero el auténtico filósofo no tiene enmienda y halla en la impugnación un estímulo y un acicate. La suya es una actividad sin fin, porque se trata de un camino sin meta. Demócrito afirma que los griegos son mentirosos; ahora bien, Demócrito es griego; por consiguiente, Demócrito miente; por consiguiente es falso que los griegos sean mentirosos; por consiguiente, Demócrito no miente; por consiguiente es cierto que los griegos son mentirosos; por consiguiente, Demócrito miente; por consiguiente... He aquí el famoso silogismo llamado bicornuto. Y yo me pregunto: si pusiéramos en fila todos los silogismos que se han ido elaborando a lo largo de los siglos, ¿no resultaría un único y colosal silogismo bicornuto? Cada capítulo de la Historia de la Filosofía refuta el anterior y es refutado por el siguiente. El silogismo bicornuto es sólo una página de humor en los tratados de lógica.

Demócrito miente, Demócrito no miente... Nunca jamás se parará el disco, porque se trata de un disco rayado. El filósofo seguirá argumentando ininterrumpidamente, pedaleando sin pausa, ya que en el momento en que dejase de pedalear se caería de la bicicleta, sería fulminado por el resplandor de la evidencia. Pero el filósofo es sólo un caso extremo. ¿Qué decir del resto de los humanos? El hombre piensa y el filósofo es un ser pensante en estado de gravedad. Mejor dicho, es un arquetipo, un paradigma de la humanidad, como en otro sentido lo son también el soldado, el peregrino, el comediante, imágenes estilizadas del hombre, ese ser cuya vida constituye una lucha continua, un azaroso viaje y una farsa casi constante. El filósofo es otro arquetipo del hombre, ese ser cuya vida constituye también, y sobre todo, una incesante máquina de pensar. Dígase, pues, del hombre en general cuanto quedó dicho del filósofo en particular.
03/09/2003 21:25 Permalink. Tema: Filosofando

Real o imaginario

¿Quién sería capaz de trazar una raya entre lo posible y lo imposible? Ya me diréis, pues, dónde colocamos la frontera entre lo ordinario y lo extraordinario. Por una parte, es muy probable que muchas cosas consideradas milagrosas no lo sean. Realmente el milagro, más que contradecir las leyes de la naturaleza, contradice nuestros conocimientos acerca de ella. Por otra parte, ya lo dije, todo es milagro. "Todo es milagro -repetía Picasso-, milagro es no deshacerse uno en el baño como un terrón de azúcar". En cuanto a la diferencia entre lo real y lo imaginario, la línea divisoria no puede ser más móvil. Hubo un tiempo en que los dragones eran sólo fruto de la imaginación. Cuando se descubrieron los primeros restos petrificados de un animal prehistórico, la ciencia positivista de entonces los consideró simples piedras de forma caprichosa, producto de la erosión o de ciertos plegamientos de la corteza terrestre; era absurdo pensar que se tratara de restos de un animal quimérico. Al cabo de los años se supo que la fantasía, no la ciencia, estaba en lo cierto: los dragones habían existido. En otras palabras, los dinosaurios, los diplodocus, los ictiosaurios, eran animales nacidos de los huevos que aquellos terribles dragones de la antigüedad depositaron en los espíritus más imaginativos.

Imposible, pues, trazar una frontera entre lo real y lo imaginario. Pero ¿qué es real?, ¿en qué consiste la realidad? La respuesta viene dada siempre por la razón, asistida de la ciencia y de la lógica. Sin embargo, dicha facultad y dichos instrumentos sólo pueden juzgar sobre aquello que conocen, aquello que constituye su campo propio de operaciones. Son del todo incompetentes para decidir si ahí acaba o no la realidad. Ya la pregunta misma qué es real y qué es imaginario resulta una pregunta mal hecha, cargada de prejuicios, impuesta por la razón.

Ocurre lo mismo con esa otra distinción entre el sueño y el estado de vigilia, una distinción que sólo establecemos en estado de vigilia, al dictado de una facultad que es juez y parte. La verdad global, la verdad de fondo, es que nuestras vidas y nuestros sueños están tejidos del mismo hilo. Únicamente cabría preguntar: ¿el sueño es una parte de la realidad o la realidad es una parte del sueño? No hay inconveniente alguno en decir que todo es sueño, que el sueño abarca indistintamente las divagaciones de la noche y los raciocinios del día. Yo estoy soñando ahora que escribo para una revista; si alguno de vosotros me contesta que eso no es cierto, que el acto de escribir es real y no soñado, yo oigo su voz en sueños, lo cual viene a confirmarme en mi opinión. Reconozco que alguna diferencia existe entre el día y la noche, y es que durante el día soñamos que no estamos soñando. A mí me ocurre con frecuencia hallarme profundamente dormida y a la vez soñando que no puedo dormir. Por supuesto, amigos, con el mismo derecho cabría decir que todo es realidad, que nada es sueño, tampoco nuestros sueños nocturnos. No cambia nada, excepto la manera de expresarnos. Lo único que importa es percatarse de que todas nuestras horas, las del día y las de la noche, están hechas de la misma tela. Un hombre pobre que soñara cada día doce horas que es rico sería tan feliz como un rico que durante ese mismo tiempo soñara que es pobre. ¿No lo creéis así? Veo que os preocupan los problemas sociales, os felicito. Pero al menos una cosa tenéis que concederme: que sería más prudente empezar a desconfiar de ese monopolio concedido a la razón, según el cual sólo tiene entidad real lo que ella controla, lo que acontece mientras ella está despierta.

Bajo el imperio de la razón, escuchando solamente los dictados de la ciencia y de la lógica, el hombre ha ido reduciendo su universo cada vez más, has el punto de confundir lo verdadero con lo verificable o con lo verosímil. Las consecuencias no han podido ser más desastrosas. Nos hemos cargado medio mundo. ¿Sabéis lo que ocurrió no hace mucho en México? Un capitán de policía fue al médico para decirle que sus noches eran insoportables: durante horas y horas oía como un batir de alas dentro del dormitorio; encendía la luz y no había nada. El doctor le recetó unos calmantes. En vista de que la situación no mejoraba, en la siguiente visita le dijo a su paciente: "No existe tal batir de alas, no hay ningún pájaro en el dormitorio; de todas formas, para que se convenza usted, le sugiero que tenga a mano su pistola de reglamento y que en cuanto comience a oír ese ruido sospechoso, dispare". Al día siguiente apareció la noticia en todos los periódicos de México: "Un capitán de policía ha dado muerte a su ángel de la guarda".

Os aseguro, amigos, que la realidad es mucho más vasta que el pequeño campo de lo visible y que ese otro campo ligeramente mayor de lo verosímil. Hay ocasiones en que notamos que se nos mueve el piso... es como si despertáramos de repente en una habitación desconocida, o como si al salir del metro nos encontráramos en una calle extraña entre gentes que hablan otro idioma. Es un aviso.
03/09/2003 21:24 Permalink. Tema: Filosofando

Qué sé

Un colega me asegura que el conocimiento nos hace libres y la ignorancia produce felicidad. Su sentencia me ha hecho reflexionar mucho y he llegado a la conclusión de que se trata de una paradoja, o sea, que es una afirmación que parece verdadera, pero que es falsa. El conocimiento no nos hace libres y la felicidad no la produce la ignorancia.

La libertad puede ser "natural" y suele entenderse como la posibilidad de sustraerse, por lo menos parcialmente, a un orden cósmico predeterminado e invariable que aparece como una forzosidad. La libertad puede ser "social o política" y está vinculada a la autonomía o independencia en que una comunidad humana rige sus destinos sin la interferencia de otras comunidades. La libertad puede ser "personal" y se concibe también como autonomía o independencia de las presiones o coacciones procedentes de la comunidad en cuanto a sociedad o en cuanto a Estado. Ni el hombre puede sustraerse a su destino, y no hablo del determinismo, sino del azar caprichoso que trunca nuestros planes y nos obliga a tomar caminos distintos a los que nosotros habíamos previsto; ni una comunidad puede vivir libre de las injerencias ajenas, como nos lo demuestra el intervencionismo planetario que ejercen los Estados Unidos; ni el individuo puede zafarse así como así de los imperativos sociales y hacer su libre albedrío.

Las doctrinas éticas colocan a la felicidad como bien supremo, pero esto no implica que la felicidad no pueda entenderse de diversas maneras: como bienestar, como actividad contemplativa, como placer, etc. Las diferentes escuelas filosóficas han aportado sus particulares puntos de vista. Los cirenaicos subrayaron el placer de los sentidos o placer material como fundamento indispensable del placer espiritual. Los cínicos acentuaron el desprecio hacia todo saber que no conduzca a la felicidad, esto es, a la vida tranquila. Aristóteles ha manifestado que se identificó la felicidad con muy diversos bienes: con la virtud, o con la sabiduría práctica, o con la sabiduría filosófica, o con todas ellas acompañadas o no de placer o de prosperidad. La conclusión de Aristóteles es compleja: con la felicidad se asocian las "mejores actividades", el concepto de felicidad es vacío a menos de referirse a los bienes que la producen. Posteriormente se advirtió que la felicidad no tiene sentido sin los bienes que hacen felices y se tendió a distinguir entre varias clases de felicidad: una "felicidad bestial", que no es felicidad sino aparentemente; una "felicidad eterna", que es la vida contemplativa", y una "felicidad final" que es la beatitud. San Agustín habló de la felicidad como fin de la sabiduría; la felicidad es la posesión de lo verdadero absoluto. Santo Tomás definió la felicidad como un bien perfecto de naturaleza intelectual. La filosofía moderna ha llegado a establecer otro razonamiento, la felicidad es un bien que pertenece al entendimiento; no es el fin de ningún impulso, sino lo que acompaña a toda satisfacción.

El conocimiento puede ser sensible o inteligible, esto es: intuitivo o basado en ideas. En cualquier caso nos abre las puertas a un tipo de felicidad diferente, más sofisticada, porque el conocimiento permitirá al sabio distinguir matices de las cosas que un ignorante no apreciaría. Con sabiduría, la felicidad abarca un espectro más amplio de posibilidades porque la sabiduría aporta al hombre capacidad de reflexión, madurez, juicio, rigor, serenidad, hasta la bondad misma se ha ligado al conocimiento. Ante la contemplación del Partenón, un sabio disfrutará extasiado porque verá ante sus ojos arte e historia, mientras que un ignorante sólo verá un montón de piedras.

Dicho lo dicho, pasemos a hablar de la madre del cordero: ¿Es posible el conocimiento? El conocimiento es la comprensión de la realidad, y ¿qué es la realidad, lo que vemos, lo que probamos, lo que nos parece cierto? La premisa básica de la filosofía aristotélica residía en la tesis de que el estado de reposo es el estado natural de un cuerpo. En la física newtoniana, por el contrario, el movimiento es el estado natural del objeto. ¿Cuál de las dos conclusiones es cierta, es real? Según el escepticismo, el conocimiento no es posible. Esto parece ser una contradicción, pues se afirma a la vez que se conoce algo, a saber, que nada es cognoscible. Sin embargo, el escepticismo es a menudo una "actitud" en la que se establecen "reglas de conducta intelectual". Frente a esta postura está el dogmatismo, según el cual el conocimiento es posible; más aun: las cosas se conocen tal como se ofrecen al sujeto. Una variante moderada entre el escepticismo y el dogmatismo sería la de que el conocimiento es posible, pero no de un modo absoluto, sino sólo relativamente. De esta postura se deduce que hay límites en el conocimiento y que el conocimiento es un "probabilismo" y en el probabilismo existe el mismo porcentaje de verdad que de mentira. Lo cual nos lleva al punto de partida: Sólo sé que no sé nada.
03/09/2003 21:04 Permalink. Tema: Filosofando

Preguntas. Preguntas

¿Por qué el hombre se hace preguntas? ¿Por qué, además, hace preguntas chorras?

¿Por qué la madera flota? ¿Por qué hace frío en invierno? ¿Por qué moja el agua? ¿Por qué pinchan las agujas? ¿Por qué el día es día? ¿Por qué no se cae el sol? ¿Por qué detrás del cuatro viene el cinco? ¿Por qué Paracelso se llamaba Paracelso?

La mayoría de las preguntas son inútiles, ya que carecen de respuesta o la respuesta va incluida en la respuesta. Obviamente, la mitad de las explicaciones son meras tautologías. ¿Por qué pican las ortigas? Porque sus hojas poseen elementos urticantes. Esta definición tan jocosa y aclaratoria aparece en un libro de botánica. Y hablando de naturaleza: os voy a explicar cómo se averigua el sexo de las ranas, por si alguna vez os resulta útil. Basta frotar el vientre del animal con una mixtura de yodo y vino blanco; conviene hacerlo con movimientos circulares, primero lentos, luego más rápidos; pasados tres minutos, si el animal se ha puesto nervioso, es una rana macho; si se ha puesto nerviosa, se trata de una rana hembra.

Alguien agudo que me lea, se preguntará: ¿y la otra mitad de las explicaciones, las que no son tautológicas? Cuando yo estudiaba Historia del Arte le oír explicar al profesor que El Greco pintaba sus figuras tan estilizadas porque padecía un defecto en la vista que le hacía ver todo achaparrado y, en su deseo de corregir este defecto, se pasó de rosca. Creo que nadie sabe a ciencia cierta por qué El Greco pintaba sus figuras deformes, pero el hombre tiene la extraña manía de buscar siempre respuestas y complicarlo todo.

El hombre es un ser complicado y su proceso evolutivo consiste en una complejidad creciente. La vida es una complicación de la materia y el pensamiento una complicación de la vida. Nos encanta rizar el rizo, buscarle tres pies al gato. Hemos inventado los verbos irregulares, los pleonasmos, las aceitunas aliñadas con aceite de oliva, el gótico flamígero. Combatimos el efecto de las pastillas sedantes con pastillas estimulantes, y a la inversa.

El hombre ama la complicación. El hombre es complicado. Pese a ello, hay hombres que terminan por reconocer que la verdad es simple, pero sostienen que el único método seguro para llegar a ella es dando muchas vueltas. De hecho, sólo a través de un laborioso y complicado razonamiento llegó Descartes a enterarse de que existía. Con lo fácil que era aceptarlo, sin más.
03/09/2003 21:02 Permalink. Tema: Filosofando

Líbranos, Señor, de los hipócritas

La hipocresía está presente en todas partes, porque la mentira lo envuelve todo y lo impregna todo. Al ser una palabra demasiado fuerte, demasiado incómoda, utilizamos otros términos más suaves y más honrosos. Ahí estriba precisamente la esencia de la hipocresía, ya que la mentira nunca será designada con su nombre propio sino con paliativos, mediante expresiones convencionales, distintas para cada materia. En política la mentira se llama propaganda; en economía, contabilidad doble; en investigación histórica, selección de fuentes; en comercio, publicidad; en psicología, tendencia a la fabulación; en diplomacia, patriotismo; etc. Y es que la humanidad posee una gran capacidad de artificio cuya máxima expresión es su capacidad de inventar eufemismos.

Desde el punto de vista moral, los manuales suelen distinguir tres clases de mentiras: dolosas, piadosas y jocosas. ¿Será una mentira jocosa decir que todas ellas resultan en último término igualmente jocosas? Basta para ello sustituir el punto de vista moral por el punto de vista físico, adicto al mundo en constante evolución, según el cual lo que llamamos verdad no pasaría de ser una mentira arraigada, generalizada, mientras que eso que llamamos mentira consistiría en una verdad aún incipiente, en estado de gestación.

Desde luego, todo puede perfeccionarse, todo puede convertirse en una obra de arte. Hay quienes llevan tan lejos su hipocresía, la refinan de tal modo, que han llegado a adquirir fama de sinceros. ¿Una contradicción? En absoluto. Esa falsa sinceridad, lejos de ser una contradicción, es uno de tantos fenómenos humanos, tan frecuentes que yo diría triviales, igual que el amor egoísta, la fe supersticiosa o la justicia meramente legal. La falsa sinceridad no es una cualidad más contradictoria ni menos corriente que el hecho de perder un imperdible.

El castellano dispone de un vocablo para definir a la persona que obra con fingimiento: farsante. El mejor farsante será aquel que mejor simule una falsa naturalidad, el que mejor haya preparado una falsa improvisación, el que posea el arte de ocultar su arte. Diríamos que en él se da una suerte de afirmación por acumulación de dos negaciones, como ocurre en latín si empleamos dos palabras negativas o como cuando decimos que los enemigos de mi enemigo son mis amigos. Dos negaciones afirman.

Si la peor soberbia es enorgullecerse de ser humilde, la peor hipocresía es presumir de sinceridad. Pero esto no es lo peor, todavía hay algo más grave. Tratamos de engañar frecuentemente a los demás, pero ¿es que no intentamos engañarnos también a nosotros mismos? Me temo que empiezo a oler a moralista redomada. Mala señal. Chungo, chungo. Hablo de que la humanidad en general es hipócrita y cuando alguien dice: "todos somos culpables", es que tiene algo que ver con el crimen, recordad "Fuenteovejuna", donde se pretende diluir la responsabilidad personal en una vaga culpabilidad común que no significa nada ni a nada compromete. Si todos somos culpables, nadie es culpable. Asimismo, si digo que todos somos hipócritas, estoy tratando de convenceros y convencerme a mí misma de que yo no lo soy, pues me limito a vivir dentro del sistema, aceptar los convencionalismos imperantes y evitar la descortesía de un comportamiento excéntrico que me excluya de la normalidad de la mayoría. En resumen: trato de engañarme a mí misma. La cuestión no estriba ya en decir o no decir la verdad, sino admitirla o no íntimamente. Me pregunto qué cantidad de verdad somos capaces de tolerar los humanos. Pienso que realmente no queremos oír la verdad, sólo queremos que se nos disfrace la verdad, que se nos disimule la mentira para poder tomarla como verdad.
02/09/2003 23:17 Permalink. Tema: Filosofando

Libertad, divino tesoro

La libertad humana se halla restringida, condicionada, entorpecida. Los hombres venimos a la vida con una herencia sumamente gravosa, víctimas de eso que suele llamarse concupiscencia, a la cual hay que sumar luego las presiones medioambientales, el tremendo poder de la inercia, el veto social que amenaza a toda forma de excentricidad o de santidad. La misma inteligencia, además de ser falible, nace ya sujeta a prejuicios, a esquemas heredados casi inmodificables. Por lo general, la gente suele tomar sus decisiones en los momentos de mayor obcecación; sus retractaciones, en cambio, coinciden con los instantes de mayor debilidad.

La conquista de la libertad se asemeja a ese juego de feria que consiste en trepar hasta lo alto de un poste, todas las noches hay alguien que enjabona el poste con su mano alevosa. Nos sentimos tentados a secundar a los deterministas: el destino impone los fines y el azar suministra los medios. Pero ¿qué ocurriría entonces? Si así fuera, si no existiera la libertad, familias enteras de vocablos deberían desaparecer del diccionario, no sólo las derivadas de libertad, sino también de obligación, prohibición, ley, represión, etc. Sólo nos quedarían unas pocas docenas de palabras: determinismo, gaviota, marejada...

Digamos que hay dos extremos igualmente falsos: creer que la libertad humana lo puede todo y creer que no puede nada. Entre estos dos extremos cabe cualquier teoría sobre la libertad, la tuya y la mía, por muy distantes que se hallen. Aun en las dictaduras más tiránicas un ciudadano puede escoger entre comprar el diario de la mañana o el de la tarde; y ni siquiera el ciudadano más libre y poderoso, en la más libérrima de las democracias, puede comprar un yate cuyo peso sea superior al volumen de agua que desaloja.

El hombre puede elegir, pero no puede escoger su nivel de elección. Su futuro depende de un presente que viene dado por el pasado. Sin embargo, en todo presente hay un margen de maniobra, y esto es lo único que importa, no lo que haya hecho de nosotros el pasado. Claro que el gravamen del pasado no sólo es físico, sino también moral. La responsabilidad constituye el reverso de la libertad, su lado enojoso. Al concepto de libertad pertenece tanto el derecho de elegir como el deber de asumir las consecuencias derivadas de la elección.

Gracias a mi escepticismo, hace tiempo que me percaté de que el mundo no es esto ni aquello, sino un discreto entramado de situaciones intermedias, de vidas mediocres, de pequeños éxitos que no autorizan ninguna euforia, de pequeños fracasos que no pueden justificar ninguna desesperación. Tanto la desesperación como la euforia son productos del espíritu, así como también lo es la libertad, que tiene una medida absoluta totalmente personal. Por eso yo, que además de escéptica, soy práctica, tengo un sentido de la realidad que me impide hacerme ilusiones que acabarían fácilmente en una brutal decepción.

Libertad, palabra demasiado fuerte, demasiado incómoda, palabra que en sí misma resulta obscena; mencionarla es una falta de educación, puesto que nadie conoce la libertad. ¿Por qué no ver en la mentira que entraña el concepto un impulso positivo del hombre a cambiar el mundo, a mejorarlo, aunque sólo sea verbalmente? Libertad, una palabra ambigua. Si la libertad es mentira, la mentira es libertad. ¿Qué versión preferís escoger?
02/09/2003 22:51 Permalink. Tema: Filosofando

Las creencias

Todos creemos en algo, incluso los escépticos como yo. No existe nadie que no crea en algo. En definitiva, todo es fe. La ciencia misma es un acto de fe. El científico cree en las leyes de la naturaleza, en la exactitud de sus análisis, en la capacidad de su inteligencia.

Aunque parezca un contrasentido, la ciencia está constituida sobre un acto de fe, se empieza creyendo en el testimonio de los sentidos y se acaba elaborando una doctrina. Sólo por lo que tiene de creencia, la ciencia se atreve a negar lo que ella es incapaz de probar. ¿Puede probarse acaso que sólo es verdad lo que se puede probar? El racionalismo tiene razones que la razón ignora.

La realidad confirma a diario la presencia de lo aleatorio como algo inherente a la naturaleza. Por eso, a la ley de la causalidad la ha sustituido la teoría de la probabilidad, a los esquemas deterministas el principio de indeterminación, a los axiomas las hipótesis. La ciencia moderna trabaja con hipótesis, que luego los hechos corroborarán o desmentirán. El éxito actual de la ciencia radica en su relatividad, ya que sólo establece leyes provisionales y cálculos aproximativos. El margen de influencia reservado al azar, a la Divina Providencia, a los hados o a la Naturaleza, queda pues garantizado. Y los científicos modernos ya no creen que saben, ahora saben que creen.

No hay certezas absolutas, sólo certezas estadísticas y sólo estadísticamente se puede decir que las estadísticas resultan fiables.

La fe no consiste en acumular la razón, sino en usarla de un modo razonable. Bajo el imperio de la razón, el hombre ha ido reduciendo su universo cada vez más, hasta el punto de confundir lo verdadero con lo verificable o con lo verosímil. Las consecuencias han sido, evidentemente, desastrosas.

Por eso es imprescindible la fantasía, tan imprescindible como un segundo remo. Con un solo remo siempre navegaríamos en círculo, dando vueltas y más vueltas. El progreso meramente racional será siempre un círculo vicioso, tautológico. Y es que el hombre es un rey cuando sueña y un mendigo cuando piensa. La fantasía es una manera de combatir las limitaciones de lo real.
02/09/2003 22:50 Permalink. Tema: Filosofando

Humor y dictadura

En los regímenes totalitarios, donde cualquier crítica al poder ha sido abolida, sólo el humor permanece como forma de insumisión más o menos eficaz. Es cierto que en todas las cortes existieron bufones, a los cuales estaba permitido reírse de ministros y regidores, hasta del propio rey; pero esto sucedía porque sus burlas se consideraban inofensivas, ya que los bufones estaban clasificados entre los animales domésticos. El verdadero humor, para sobrevivir, tiene que aprender a sortear la censura impuesta por el dictador. Recurrirá a un estilo equívoco, utilizando expresiones que dicen una cosa y quieren decir otra, que incluso alaban aparentemente aquello que en realidad fustigan. Si la censura se hace más severa, el buen humorista no se volverá más tímido, sino más sutil. Entre ingenios muy refinados circula el siguiente axioma: la sátira que comprende el censor, merece ser prohibida. Es probable que al final haya que repartir entre los lectores un manual de exégesis: donde dice orden público léase opresión, donde dice Bucarest léase Valparaíso, donde dice gutapercha léase libertad, donde dice libertad es una errata. Última trinchera de las fuerzas de oposición, el humor persiste como una voz de los sin voz, como una única defensa de los indefensos. Según Escarpit, analista del tema y antiguo miembro de la Resistencia, el humor puede ser un instrumento de lucha en la medida en que, al exorcizar el miedo, infunde valor a los combatientes y, al desacreditar la amenaza, priva al tirano de su principal arma psicológica.

Pero no seamos ilusos. El humor constituye tan sólo un recurso espiritual, por sí mismo desprovisto de poder en otros niveles. El humor derriba los ídolos, recupera los espacios prohibidos, destruye y construye... Me lo imagino riéndose tiernamente de sus panegiristas. Reyes y emperadores siempre han ejercido creyendo que el juego es de verdad, y en eso consiste su error, pero también su terrible fuerza opresiva frente a los súbditos. El humor, más lúcido, más escéptico también, sabiendo que todo es juego, juega a jugar su propio juego, y ahí estriba su debilidad a la vez que su grandeza. Segismundo descubrió que la vida es sueño y se mofaba del rey que sueña ser rey; tal descubrimiento le confería un cierto poder disolvente, corrosivo, pero este poder iba a disminuir notablemente en cuanto se diera cuenta de que él también estaba soñando, de que sólo había soñado haber descubierto que la vida es sueño. En otras palabras, el gran peligro para el humor, para esa misión subversiva a que está destinado, radica precisamente en su lucidez, en su carácter disuasivo.

Por lo demás, admito que el humor pueda ser considerado un agitador incómodo, ya que de suyo resulta indomable. Desnudo y vapuleado, conserva sus resortes intactos, precisamente porque son espirituales. De san Ocadio mártir se dice que, cuando le mandaron arrodillarse ante el emperador, replicó: "Yo sólo me arrodillo ante Dios". Lo pusieron de rodillas por la fuerza, a golpes. Cuando le dieron la orden de levantarse, contestó: "Lo siento, aún no he terminado mis oraciones". ¿Comprendéis? Quiero decir que rara vez el humor ha servido para alcanzar una victoria, casi siempre sirve tan sólo para hacer honrosa la derrota. En términos generales, es mucho más apto para consolar que para conceder la felicidad. Sin embargo, debo decir otra cosa a favor del humor, y es que si llega un día la victoria, esa victoria de los oprimidos y sojuzgados con los cuales él había hecho causa común, entonces pasará inmediatamente a la oposición, ya que por naturaleza sigue siendo inconformista y disidente. Respecto del pasado, respecto de aquella lucha que acabó con éxito y en la cual él colaboró tan sinceramente, a partir de ahora se encargará de ir añadiendo al margen notas irónicas en la historia oficial escrita por los vencedores.
02/09/2003 22:49 Permalink. Tema: Filosofando

El sentido del humor y la vida

Fractal3.gifLa vida humana constituye una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan, por eso sólo las personas con sentido del humor poseen tanta sensibilidad como lucidez. El humor convierte a la vida en una tragedia casi bufa y en una comedia casi melancólica.

El peso indestructible de nuestra infancia, aunque sepultada bajo ese cúmulo de cosas que los años han ido depositando encima: frustraciones, represiones, inhibiciones, desengaños, y tantos revoques sucesivos de falso embellecimiento, eufemismos, explicaciones convencionales, códigos de interpretación, todo cuanto constituye el lastre específico de los adultos, es innegable.

A pesar de ello, la niñez subsiste en el fondo del hombre y de vez en cuando da síntomas de vida: una repentina nostalgia, un amor sin cálculos, la fulgurante adivinación de que todo es un juego, el aprecio instintivo de la bondad o el perdón, cierta forma desmañada de pecar, un acto de plena confianza en alguien, una momentánea suspensión del raciocinio.

El día en que uno aprende a perdonarse y a reírse de sí mismo acaba reconciliándose con ese niño. Ha llegado ya a la etapa de la niñez, que no es la primera de la vida, sino la última.

Según Nietzsche, el desarrollo humano pasa por tres etapas: camello, león y niño. Primero, el hombre soporta como un camello la carga de la ley impuesta por otros, cuando madura interiormente, logra sacudirse ese fardo y se convierte en ley para sí mismo, de la dependencia pasa a la autonomía. Se ha hecho león. Pero tiene que dar otro paso, sufrir un nuevo cambio. Éste se producirá en el momento en que desaparezca su necesidad de autoafirmarse, de demostrarse a sí mismo que es libre y, sencilla y despreocupadamente, disfrute su libertad. Quien pasó del "tú debes" al "yo quiero", ha de pasar luego del "yo quiero" al "yo soy". Es la etapa final de la vida, esa última madurez, que, por descontado, nunca se experimenta como madurez, sino, al contrario, como ingravidez.

Las personas que no son capaces de reírse de sí mismas son profundamente desgraciadas, porque no pueden permitirse el placer de ser indulgentes consigo mismas. El niño que llevan dentro está maniatado, amordazado, temblando. El tiránico superego ocupa toda su alma y los territorios vecinos. Se avergonzarían mucho si les viéramos enternecerse, llorar, jugar con un tren eléctrico o leer un cómic. Por miedo al ridículo, adoptan una seriedad excesiva que les convierte ineludiblemente en personas ridículas. Todos sabemos que nuestro peor enemigo no siempre es el tirano que está enfrente. Existe otro dictador más peligroso, porque se halla oculto dentro de nosotros mismos, tan interiorizado y asimilado ya, que lo consideramos un colaborador más que un opresor. Todos tendemos a justificar esta autocensura, a interpretarla como control, como conciencia ordenada, cuando en verdad es un engaño, una abdicación ante ese poder difuso y represivo que gravita sobre nosotros, imponiéndonos una percepción del mundo, originando muchas restricciones mentales, obligándonos a vivir dentro del territorio acotado que es el orden convencional.

¿Por qué toleramos a este tirano? Porque por encima de todo preferimos la seguridad, porque, pese a todo lo que se diga, el hombre no ama la libertad, sólo juguetea con ella, permitiéndose algún encuentro furtivo con ella. La libertad nos asusta, sabemos el riesgo que implica exponerse a ella: derriba las barreras del espíritu, amplía nuestro universo, destruye nuestras defensas lógicas, obliga a replantearse todas las convicciones, nos deja a la intemperie. Sabemos que su acción es saludable, pero peligrosa.

Contra la vida, la mejor defensa es el humor. Quien posee sentido del humor sabe que es hombre y que nada humano le es ajeno. Siempre estará dispuesto a excusar los aspectos negativos del prójimo porque en ellos contempla los suyos propios.

El humor sirve para hacer más llevadera la seriedad de la vida. El humor sirve para desenmascarar ese círculo vicioso en que se desenvuelve nuestra existencia, esa profunda inutilidad de lo útil.
02/09/2003 16:46 Permalink. Tema: Filosofando



Mis pies en el lodo, mi cabeza en las estrellas

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