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Literatura

Como una voz quebrada

Como una voz quebrada Como una voz quebrada en dos mitades,
acogerte a ti, como una luz suicida,
con una fe fugaz y estremecida,
ser en ti, manantial de eternidades.

Abrirme a ti, que aumentas y me invades
y me llevas cautiva en tu crecida.

Abrirme a ti como una sombra herida
por el furor de tantos dolores.

Acogerte a ti como sed furtiva,
vaivén de mar tu abrazo que me apresa
y me lleva y me trae
y me traspasa de parte a parte.

Acogerte, ser tú, vivirte a la deriva,
inmensos tu delirio y tu fuego.

Navegación sin límites: amarte.

Airún

Airún El paisaje más bello y más triste de este mundo,
el que tiene una única estrella
brillando en la noche negra del desierto,
eso es Airún,
y esa estrella eres TÚ.

Dame tu mano

Dame tu mano Dormido te quedaste entre mis brazos
mientras yo te besaba.
Debajo de mi cuerpo, tu cuerpo
y junto a tu boca, mi boca.
Tú navegabas entre olas silenciosas,
sereno y suave te alejabas
tal vez para siempre...

Con hambre aún de tus besos,
me acurruqué a tu lado
y te tomé una mano.
Tu mano es cuanto tengo
en esta noche plena de nostalgia.

Brotó el amor, creció, se desparramó.
Acabó el amor y volvió la oscuridad.

Dame tu mano, la noche es
demasiado negra para que no me pierda.

Dame tu mano: es cuanto me queda
de esta farsa.

Dear Oscar-5

Dear Oscar-5 Dear Oscar:

En cuanto te alejaste de los prerrafaelistas y descubriste el Impresionismo, tus pintores preferidos fueron Monet y Whistler, llegaste a decir que el valor artístico no puede medirse por su estatura didáctica, respetabas a Ruskin y te alejaste de la estética sujeta a la moral. Como acérrimo amante de la Belleza, encontrarás divertido a qué a quedado reducido hoy en día el arte. Te explicaré tres anécdotas para que juzgues por ti mismo.

En Japón, un retrato color ocre está a punto de ser rematado en una subasta por el precio de 83 dólares, entonces un experto alza la voz para decir que es un Van Gogh del período holandés y la pintura se vende en medio millón de billetes verdes.

Dos individuos se saltan todos los sistemas de seguridad del Museo Guggenheim de Bilbao y cuelgan con velcro un cuadro-frangollo entre las obras de una colección. Durante cuatro horas los visitantes contemplan la obra convencidos de estar viendo arte.

La National Gallery de Londres admite haber descubierto un Botticcelli en su colección. Un retrato de San Francisco, que durante un siglo y medio ha permanecido olvidado en los depósitos de la pinacoteca, recibe los honores de una obra de culto porque ha resultado ser un cuadro del maestro del Renacimiento. La National Gallery opina que si el cuadro sale a subasta no costará menos de 15 millones de euros.

El caso acontecido en Bilbao pone de manifiesto una triste realidad y es que sin unos parámetros claros que definan el arte, todo vale. Dos atrevidos gamberros lo han demostrado al colocar una obra en el museo con sus correspondientes datos: “Torbellino de amor”, acrílico sobre tabla, de Mike Nedo (1954) pintado en 1978, Colección Solomon Guggenheim, donado por Aninka Barbangos, en 1986. Todo era falso, pero coló, sirviendo para certificar que el arte actual ha perdido el norte.

Tan acostumbrados estamos a que nos den gato por liebre que ya no distinguimos una pieza vanguardista de un bodrio chapucista. La ignorancia y la falta de criterio generalizadas favorece la canonización de cualquier obra debidamente adobada por el marketing. El arte debería transformar a la gente, no abstraerla, y los productos artísticos actuales son piezas prefabricadas para alienar, piezas que sin duda abominarías, dear.

Hoy la sensibilidad es más para el dinero que para la belleza; se trata de hacer negocio comprando, vendiendo, falsificando, como sea. Es más fácil que a un experto le endilguen un cuadro falso que reconozca un talento verdadero, y es que muy pocos distinguen al artista cuando no es nadie, cuando no produce réditos.

Así están las cosas, dear. Los hay que compran un cuadro porque hace juego con su sofá. ¿No te parece una herejía? Claro que la exigencia en el arte depende de los conocimientos y también en esto andamos de capa caída, pero de este asunto te hablaré otro día.

Sigue en ese rincón del universo donde el tiempo no existe, tu genio es más poderoso que la muerte.

María

Máscara

Máscara Lo era...
Y ni siquiera lo sospeché.

Cuando miraba tu rostro,
arrobado de amor,
no me daba cuenta
de que veía una máscara.

Al descubrir la verdad,
comprendí que tu máscara
estaba colgada en mi mirada.

Todavía no conozco
tu auténtica cara,
panel de rostros desplegados,
territorio restringido,
espejo de mentira.

Lo es...
enigma enmascarado.

Tarde de julio

Tarde de julio La tarde de julio
medio mojada de lluvia,
medio pintada de azul,
del vidrio al horizonte
todo es claridad serena.

En medio
la cama desordenada,
el calor de tu piel,
la resaca del amor
y una placidez arraigada.

Más allá de la ventana
la lluvia fina,
un soplo de viento,
el paso de las aves
y el mundo extraño.

Aquí, solos tú y yo.

Altos acantilados

Altos acantilados Altos acantilados,
mar furiosa,
olas de espuma,
silencio y viento.

Aquí aguardo,
al azar de tus besos
o de las rocas.
Mudas peñas,
bellas playas amaneciendo.

Acógeme abismo,
profundidad amada,
dulce rescoldo de caricias,
tierra firme soleada.

Sólo anhelo extinguirme en ti,
en la sima de tu amor,
bajo un oleaje de deseo.

Literatura femenina

Literatura femenina Hasta que las mujeres salieron de sus casas para ir a trabajar, se dedicaban principalmente a rezar, a cuidar de su hogar y de su familia y a resignarse a "lo que Dios mandara". La mujer no recibía instrucción, ¿para qué? Era un ser inferior, con un cerebro corto y una melena larga, como dijo Aristóteles. ¿Qué razón había para malgastar tiempo y dinero en enseñarle otra cosa que no fuera bordar o hacer un delicioso pastel para los suyos?

Hasta hace pocos años, apenas un siglo, una mujer no podía ir a la universidad, no podía entrar a una biblioteca si no iba acompañada por un hombre, cuya misión consistía en recomendarle una lectura adecuada a su condición femenina.

Pero un día la mujer se rebeló contra una injusticia que duraba ya 4000 años, y desde entonces ha dado pasos de gigante en todas las áreas. La Psicología y la Biología han venido a ratificar lo que algunos se negaban a admitir: los hombres y las mujeres somos igualmente inteligentes. La inteligencia no se distribuye por sexos, sino por personas. Y hoy a nadie le extraña que una mujer escriba un poema, una novela o un tratado de astrofísica.
No creo que exista una forma de escribir masculina y otra femenina. Sólo hay buena o mala literatura. Me juego cualquier cosa a que ningún lector sería capaz de distinguir el sexo del autor de un texto basándose en cómo está escrito.

Un escritor, ya sea hombre o mujer, escribe desde su mundo particular, desde sus vivencias personales. La literatura está hecha por personas marcadas por su cultura, su educación y el ambiente que les rodea. ¿Habría escrito "De profundis" Wilde de no ser homosexual? ¿La obra de Margarita Youcenar sería la misma de no haber recibido una esmerada educación? ¿Existiría el psicoanálisis si Freud no hubiera sentido la necesidad de plasmar su complejo de Edipo, su represión y su sexualidad en varios libros? Nada que es observado se libra de la personalidad y circunstancias de quien observa, y la literatura está influida por la personalidad de quien la hace, no por su sexo.

Desde un punto de vista psicológico, un texto femenino tiende preferentemente a encadenar los hechos, el hombre es proclive a conducirlos a un estadio simbólico. Las mujeres se interesan más por las explicaciones, los varones por las interpretaciones. La mujer lleva la realidad al plano de las ficciones y da mucha importancia a los detalles. Estas características diferenciadoras se hallan en el cerebro, en la distinta forma de pensar que tenemos los hombres y las mujeres. Por eso el término literatura femenina no es un calificativo, sino una diferenciación. Por supuesto que el arte no tiene sexo, ni color, ni idioma, ni clase social, ni raza, y la literatura, como expresión artística, no es otra cosa que la manifestación de la sensibilidad humana.

¿Hace falta que a una obra literaria le pongamos sexo? ¿Importa que el autor de una obra sea hombre o mujer? Yo creo que el escritor es un ser asexuado, o bisexual o transexual para los que lo prefieran, pues tiene la capacidad de inventarse a sí mismo en la apariencia de un ser inexistente. No hay escritura masculina o femenina, la literatura puede prescindir de nuestra manía de ponerle etiquetas a todo. Un buen autor puede ser hombre, mujer, árbol o piedra, puede ser blanco, negro, extraterrestre, puede y debe serlo todo para dar credibilidad a su obra.

La locura del escritor

Según datos recogidos en un estudio de Bryce Echenique, un 1% de los hombres de ciencia sufre depresión maníaca profunda, por ejemplo, frente a un 41% de los novelistas. ¿Es un dato significativo? ¿Quiere esto decir que los que nos dedicamos al noble arte de escribir estamos a un paso de la locura? Según Bryce, hay un dato fundamental en el que los investigadores están todos de acuerdo: el trabajo creativo requiere de un inmenso y sostenido esfuerzo, de tal sacrificio personal y de una dedicación tal excepcional entre el común de los mortales, que ahí podría estar el origen de sus graves consecuencias personales.

Según el psicoanálisis, la literatura es una forma organizada de delirio, lo dijo él, Freud, el más loco entre todos los tarados: "Los instintos insatisfechos son las fuerzas impulsoras de las fantasías, y cada fantasía es una insatisfacción de deseos, una rectificación de la realidad insatisfactoria". Y se quedó tan pancho, como si ser loco fuera ser escritor o viceversa.

El arte y la locura se tocan, de eso no hay duda, pero las diferencias que hay entre la locura y el arte son evidentes. La escritura puede transformar la locura en un hecho estético, no es una mera descarga, es lenguaje estructurado que comunica algo.

Miedos, pesadillas, paranoias, son fantasmas que alimentan la escritura, y el autor plasma en sus obras, de manera voluntaria o involuntaria, esos fantasmas. Dostoievski "mató" a su padre en Los hermanos Karamazov. Poe venció sus impulsos obsesivos gracias a El cuervo. La casa tomada fue una pesadilla real de Cortázar, según él mismo reconoce.

El escritor es un ser lleno de manías, Balzac bebía treinta cafés al día, Capote escribía en la cama, Dahl escribe con un lápiz amarillo, Monterroso escribe en el tren. Aunque la manía más común es el perfeccionismo: Flaubert desmenuzó cada línea de Madame Bovary, Stendhal redujo a cuatro las cincuenta y cuatro primeras páginas de La cartuja, Green se obliga a escribir tres mil palabras diarias, Tolstoi reescribió ocho veces Guerra y paz.

Otros escritores están locos de verdad, paranoicos o esquizofrénicos como Strindberg o Artaud. Se puede estar loco de atar, borracho, drogado, pero para escribir hace falta una gran lucidez y un enorme control sobre lo que se está haciendo, de lo contrario nos caemos de la esfera del arte e ingresamos en el esperpento.

Un artista se mete cuerdo y lúcido en su infierno personal y regresa de allí despedazado y cargado de fragmentos valiosos de sus vísceras, luego construye algo bello para los demás. La diferencia esencial es el viaje de ida y vuelta, bajar al subsuelo y regresar, aunque no haya garantías de hacerlo, y algunos se queden atrapados por las sombras.

Reconozco que el oficio de escritor tiene efectos secundarios. Yo padezco aislamiento social, me obsesiono con mis historias, vivo la esquizofrenia de otras vidas, las de mis personajes, escribiendo suelo perder la noción del tiempo, me olvido del mundo, pero también disfruto plenamente con lo que hago. Escribir me protege de otras peores locuras, me enseña, me humaniza, y eso no es tan malo.

R.I.P. Giordano Bruno

R.I.P. Giordano Bruno Es invierno y hace frío, estás desnudo, el público congregado en la plaza romana de Campo dei Fiori mira cómo tu lengua es prensada a un palo de madera para que no puedas hablar. Piensan que han conseguido acallarte, que la hoguera en la que ardes acabará contigo. No saben, pobres ignorantes, que tú pasarás a la historia por tu inteligencia y tu sabiduría. ¿Quién hablará de ellos?

Filippo, el estudiante de la filosofía aristotélica y la teología tomista, el influenciado por el neoplatonismo y por Averroes, que antes que Marx ya llegó a la conclusión de que de que la religión es usada por los poderosos como un instrumento para controlar a los pueblos. Cometiste el error de interesarte por la "magia natural" y por ciertos libros prohibidos o poco recomendables para un sacerdote dominico. Tus ideas heterodoxas sembraron recelos entre los tuyos y tuviste que huir para evitar un juicio que tal vez habría adelantado en unos años el final en la pira. Te uniste a Calvino, pero tampoco su doctrina cuadraba en tu mente, y es que la fe choca siempre con la razón, de hecho, fe y razón son incompatibles.

Criticar los errores de Calvino te obligó de nuevo a huir y Enrique III te aceptó como profesor universitario en París, qué afortunados tus alumnos. Cometiste bastantes imprudencias, dado el oscurantismo imperante en el tiempo que te tocó vivir, pero a fin de cuantas defendías tus razones, la razón. En tu estancia en Inglaterra pronunciaste una conferencia en Oxford en la que apoyabas las teorías de Copérnico sobre el movimiento de la Tierra alrededor del Sol y atacaste la física aristotélica tradicional. Los eruditos ingleses se pusieron en tu contra y tuviste que regresar a Francia, donde escribiste La cena de las cenizas, a favor de las teorías copernicanas, Del universo infinito y los mundos, libro en el que afirmabas que el universo es infinito y que contiene un número igualmente infinito de mundos poblados por seres inteligentes, el diálogo Sobre la causa, el principio y el uno, y Los furores heroicos.

Retar a los aristotélicos a un debate público en el Colegio de Cambrai tampoco fue un acierto, allí te ridiculizaron y te agredieron, carecían de mejores argumentos para rebatir tus ideas, pero tenían influencias y consiguieron que te expulsasen de París. De París a Wittenberg, Alemania, de aquí a Marburgo, Praga, Helmstedt y Frankfurt, en cada ciudad vivías gracias a tus benefactores, con los que siempre terminabas enemistado a causa de vuestras opiniones contrarias.

Al final fuiste a parar a Venecia, Zuane Mocenigo deseaba que le enseñaras el arte de la memoria, te creía un hechicero. Cuando quisiste abandonarle, él te denunció acusándote de haberle enseñado doctrinas heréticas y la Inquisición se ensañó contigo. Te juzgaron, te obligaron a retractarte de tus escritos, te trasladaron a Roma para un nuevo juicio y estuviste preso durante ocho años, largo cautiverio para un cuerpo que encerraba un alma libre. Las torturas no lograron que te desdijeras, no traicionaste tus convicciones y por no renunciar a tus ideas estás ahora consumiéndote en el fuego.

Descanse en paz Filippo Bruno, nacido en Nola, Nápoles, en 1548, hijo del soldado Giordano Bruno y de Fraulissa Savolino, que adoptó el nombre de Giordano al ingresar en la orden de los Dominicos. Ejecutado por orden de la Santa Inquisición bajo cargos de herejía el 17 de febrero de 1600. El tiempo y la inteligencia te dan la razón.

Bilitis

Bilitis Soy Bilitis, nací a principios del siglo V en Pamfilia, en un pueblecito de montaña en la ribera del Melas. Mi padre era griego y mi madre fenicia. Vivía feliz en este país áspero y triste situado en la falda del altivo Taurus hasta que por culpa de un amor apasionado que acabó como todos: mal, abandoné mi tierra dejando en ella el fruto de este amor.

Me instalé en Lesbos, el centro del mundo. Su capital, Mitilena, era una ciudad más fastuosa que Atenas y más corrupta que Sardes. Durante las noches, los hombres se entregaban a los placeres del vino y de la danza y las mujeres encontrábamos consuelo mutuo a nuestra soledad. Fue entonces cuando conocí a Safo, ella me enseñó a cantar con frases rimadas para legar a la posteridad la memoria de mis amantes. He dejado escritas una treintena de elegías, la historia de mi amor con Mnasidica, una muchacha dulce e inocente con la que compartí mis días y mis noches. Los celos que me provocaban su legión de amantes y admiradores fueron la causa de nuestra ruptura. Encendida por los celos partí hacia Chipre buscando alejarme de dolorosos recuerdos. Allí ejercí de cortesana, entonces las cortesanas no eran criaturas despreciadas y marginadas de la sociedad honorable, sino jóvenes provenientes de las mejores familias a las que Afrodita había dotado de una sin par belleza. Algunos hombres creían contemplar en mí una visión viviente de la diosa del amor y me adoraban casi como a una divinidad. Seguí escribiendo mientras estuve enamorada y al dejar de amar, dejé de escribir.

Cuatro siglos después de mi muerte, M.G. Heim descubrió mi tumba en Paleo-Limisso. Me encontraron junto a dos vasos de perfume, uno de los cuales todavía conservaba su olor, con el espejo de plata pulida en el que me reflejé tantas veces y el estilete que maquilló de azul mis párpados por última vez. Una pequeña imagen de Astaré desnuda, preciosa reliquia, velaba mis restos adornados con oro y marfil. Me había convertido en una rama de nieve, tan suave y tan frágil que en el momento en que me tocaron me convertí en polvo.

He permanecido viva en el recuerdo de algunas almas sensibles a través de los siglos. Seduje a Pierre Louÿs, que me idolatró y tradujo mis obras para que fueran conocidas en todo el mundo, y también creo haber servido de inspiración a otros autores, de cuya pluma vuelvo a tiempos conocidos.

Dear Oscar-4

Dear Oscar-4 Dear Oscar:

Como buscador infatigable de la Belleza y el Arte, debiste encontrar la forma de seducir al público, y para ello tenías que invocar a la inspiración, esa esquiva musa que ilumina a los artistas. Pero ¿qué es la inspiración? ¿Cuándo y por qué estamos inspirados? Creo que hay tantas respuestas a estas preguntas como pintores, escultores, literatos o músicos, pues cada cual la siente a su manera.

No puedo sustraerme a la parte racionalista que domina mi cerebro y por eso opino que la inspiración es técnica, trabajo y equilibrio, aunque no por eso desprestigio al artista loco que fabrica locuras geniales.

Supongo que al artista, como persona que es, no deja de influirle el ambiente que le rodea, porque sería estúpido pensar que la inspiración depende exclusivamente de nosotros, la voluntad no es tan poderosa, mal que nos pese.

Sí, dear, la inspiración sigue siendo indefinible, tan indefinible como el Arte.

En esta época que me ha tocado vivir, el arte se ha prostituido, ya nadie persigue el Arte por el Arte (una de tus máximas aspiraciones). Hoy el mundo del arte está manejado por comerciantes, y todo lo que se vende y genera dinero, vale. Por eso nos encontramos con obras deleznables, con desaciertos estéticos, que encomiados debidamente por hábiles manipuladores al servicio del mercader de turno, adquieren la inmerecida categoría de Arte.

Mas a mí no me engañan, dear. No me dejo influir. El Arte no se explica, por eso no me sirven las valoraciones teoréticas ni las adulaciones: me conmueve o no me conmueve. Éste es el rasero particular con el que mido el Arte. Y es que todo aquello que resulta inspirado posee una contundencia rotunda contra la que no se puede argüir cerebralmente. Tus obras, por ejemplo, son muestra de ello.

Hasta pronto, dear.

María

El arte de la Literatura

El arte de la Literatura Por Literatura se entiende toda actividad estética escrita. La Literatura es arte, pero ¿qué es el arte?

Millones de personas leen libros, escuchan música, visitan museos, van al teatro. ¿Por qué? Si respondemos que van en busca de distracción o entretenimiento, la respuesta no basta. ¿Por qué entretiene o distrae penetrar en la vida y en los problemas de otro? ¿Por qué nos identificamos con un fragmento musical, con una pintura, con los personajes de una novela? ¿Por qué esa realidad intensifica nuestra realidad? Podemos contestar que queremos huir de nuestra existencia insatisfactoria para conocer otra más rica. Sin embargo, surge una nueva pregunta, ¿por qué no tenemos bastante con nuestra propia vida? ¿por qué nos incentiva algo que no es más que ilusión, juego, representación? Es evidente que el hombre aspira a ser algo más que él mismo, se rebela contra los límites de su propio yo. Sabe que sólo alcanzará la plenitud si toma posesión de las experiencias de los demás que pueden ser potencialmente suyas.

La Literatura tiene como misión modificar, transformar la realidad y proporcionarnos una emoción estética y placentera, lo mismo ocurre con cualquier otro tipo de arte. Por la vía de la racionalidad llega hacia la inteligencia reflexiva, y por el camino de la sensibilidad nos lleva hasta la experiencia sentimental.

El arte no puede ser físico, no puede construirse físicamente. Si tomamos como ejemplo la poesía, y renunciando a su deleite, nos ponemos a contar las palabras que la componen y a dividirlas en números y letras, al analizarla nos damos cuenta de que la rima, la métrica, el ritmo... no son factores determinantes del encanto o del deleite estético que nos puede producir. Por eso el arte no es físico, ni científico, ya que, si fuera así, podría producirse arte cuando se quisiera. Si hacemos un cuadro estudiado física y matemáticamente, buscando el cálculo científico de la armonía de colores y líneas, nunca será artístico, ya que la belleza pura no resulta aceptable para nuestra psique, como el agua pura no lo es para nuestra fise. Para que una obra sea artística no puede ser completamente perfecta o pura, ha de ser algo impura, al igual que para que el agua sea apreciada por nuestro cuerpo ha de contener alguna impureza.

El arte no es utilitario. Otra negación va implícita en la definición de arte como intuición, porque si el arte es intuición y la intuición vale como teoría en el sentido originario de contemplación, el arte no puede ser un acto utilitario. Un acto utilitario trata siempre de producir un placer y alejar un dolor; el arte, considerado en su naturaleza propia, no tiene nada que ver con la utilidad, o con el placer y el dolor como tales. Concederemos sin demasiada resistencia que un placer como placer, que un placer cualquiera, no es por sí mismo artístico. No es artístico el placer de beber un vaso de agua que nos clama la sed, pongamos por ejemplo. Hasta en las relaciones entre nosotros y las obras de arte, salta a los ojos la diferencia entre placer y arte, una obra puede ser muy querida para nosotros y ser horrible, o viceversa, una obra puede ser bella y resultar odiosa para nuestro corazón. Pero ¡ojo! no hay que olvidar que una cosa es que el arte, para serlo, no sea utilitario, y otra muy diferente es que lo utilitario no pueda ser artístico, al margen de su utilidad. Por ejemplo: un aguamanil árabe es utilitario y puede ser, y suele ser, una auténtica obra de arte.

Otra de las negaciones que hacemos al definir el arte como intuición es que sea un hecho moral. Y en verdad, el arte no nace por obra de la voluntad; la buena voluntad que caracteriza al hombre honrado nada tiene que ver con el artista. Una imagen artística podrá ser un acto moralmente laudeable o censurable; pero la imagen artística, como tal imagen, no es ni laudeable ni censurable moralmente. No existe código penal que pueda imponer una pena o una sanción a ninguna imagen: juzgar inmoral a la Francesca de Dante o moral a la Cordelia de Shakespeare, que tienen una mera finalidad artística, es como juzgar moral un cuadro o inmoral una escultura. Lo artístico siempre está al margen de lo moral, es otra cosa.

La mayoría de nuestros conceptos equivocados sobre arte surgen de la falta de rigor en los términos arte y belleza. Siempre sacamos la conclusión de que todo lo hermoso es artístico, o que todo arte es hermoso, y como contrapartida, todo lo que no es hermoso no es arte, para llegar a establecer, por último, que la fealdad es la negación del arte. Enseguida llegaremos a la demostración del absurdo, pues un cuadro que representa una mujer hermosa o bella puede ser horrible y, por el contrario, un cuadro que representa una mujer fea puede ser una obra de arte. Esta identificación entre arte y belleza aparece como fondo en todas las dificultades que experimentamos para apreciar el arte, incluso entre personas de aguda sensibilidad para valorar las impresiones estéticas en general. En consecuencia, esta conclusión actúa como un censor inconsciente en aquellos casos en que el arte no es obligatoriamente belleza. No siempre puede hacerse corresponder arte y belleza, sin embargo, nosotros pensamos que para que una obra pueda ser calificada de arte, tiene que reunir un mínimo, un límite de belleza.

Llega el momento de la verdad, el de las conclusiones, y definir un concepto abstracto como la verdad, el amor, la belleza o la inmortalidad es un problema peliagudo, de manera que la definición más ajustada de lo que es Literatura sería: Literatura es aquello que todo el mundo sabe lo que es, y que nadie sabe lo que es.

Casanova, más allá del mito

Casanova, más allá del mito Cuando uno evoca el nombre de Casanova, le viene a la mente, inevitablemente asociada, la imagen del seductor por antonomasia; y es que la leyenda del personaje: conquistador lujurioso, de insaciable lubricidad, ha llegado a eclipsar al hombre.

Giovanni Giacomo Casanova, señor de Seingalt, nació en Venecia en 1725. Hijo de la bella actriz Zanetta, se desconoce la auténtica identidad de su progenitor, que bien pudo ser el marido de su madre, otro actor, o el empresario teatral Michele Grimani. De pequeño, Casanova fue un niño enclenque y dotado de una inteligencia extraordinaria, una comprensión, rápida y una memoria portentosa. Su abuela, admirada por los progresos culturales que hacía, aprendió a leer en menos de un mes, se decidió a enviarlo a estudiar a Padua, en cuya universidad recibió el título de doctor en Derecho a los diecisiete años.

Su vasta instrucción llegó a abarcar diversos campos, y no solamente fue un hombre de conducta escandalosa, duelista y jugador; también destacó siendo violinista, matemático, poeta, novelista, historiador, filósofo, teólogo, traductor de Horacio y de Homero, astrónomo, químico, geólogo, médico empírico... Sin embargo, no ha pasado a la posteridad por ninguna de estas actividades, sino por la que de todos es conocida: ser un conquistador.
En los treinta y nueve años que duró su vida amorosa, estuvo con ciento veintidós mujeres: actrices, monjas, cortesanas, damas de la alta sociedad... Mujeres de las que Casanova se enamoraba con cierta ingenuidad, con pasión, de verdad. Mujeres que, en no pocas ocasiones, se aprovechaban de su generosidad y que siempre conservaron de él un recuerdo dulce y nostálgico, pues el terrible y disoluto seductor era un amante magnánimo y tierno.

La vida de Casanova es una vida inquieta, dinámica, despreocupada y plagada de excesos. Viajero infatigable, aventurero, masón, espía... Conoció la prisión en los Plomos, las enfermedades sexuales, la riqueza y la ruina. En sus últimos años, recluido en el castillo de Dux, en Bohemia, aquejado de la próstata y gotoso, emprende la ardua labor de redactar su biografía.

Con una letra menuda y clara y una excelente memoria, Casanova se dispone a escribir sus recuerdos, tarea a la que dedicó trece horas diarias, dejando unas memorias que, aun no siendo completas, ocupan tres mil setecientos folios.

Escrita en francés, lengua que Casanova domina junto con el italiano y el latín, la Histoire de ma vie jusqu’en l’an 1797 recoge confesiones de una enorme sinceridad, una verdad sin tapujos. En ella, el autor se retrata tal y como se ve a sí mismo, no esconde nada porque no se arrepiente de nada y por eso le resulta indiferente el juicio que el lector pueda hacer de él. El estilo literario es directo, vivaz, realista y un tanto desvergonzado, y la magnífica descripción de los personajes y de las costumbres de la época, hace que esta obra no sólo sea el relato de una serie de aventuras amorosas, es, asimismo, una perfecta ilustración histórica del Siglo de las Luces.

Hasta 1960, la biografía de Casanova no pudo ser leída en su integridad. Desde su muerte, acaecida el 4 de junio de 1798, el manuscrito pasa por manos de familiares y editores, y en 1822 aparece publicado en alemán, tras haber sufrido modificaciones en su traducción para adaptarlo al germánico sentido del pudor.

El éxito de esta versión de Wilhelm von Schütz publicada por el editor Brockhaus, incita a otro editor, el parisino Tournachon, a emprender una traducción de la traducción alemana. De este cometido se encarga el profesor de francés Jean Laforgue, que revisa el texto, sustituyendo los italianismos, suprimiendo los pasajes demasiado escabrosos y alterando el estilo ágil, espontáneo y licencioso con una pudibundez neoclásica, hasta dejar el escrito original irreconocible.

El libro tiene una excelente acogida, incluso suscita una edición pirata en la que se incluyen datos que no figuran en el manuscrito original ni en la adaptación de Laforgue y que han sido validados por historiadores casanovistas un siglo después. La creación laforguiana, a su vez, fue traducida a veinticuatro idiomas y acogida con un clamoroso éxito, que originó comentarios de diversa índole, desde dudarse de la existencia real del supuesto escritor, hasta atribuirla al mismísimo Stendhal, con lo cual se reconocía su valor literario.

En 1944, la sede social de Brockhaus sufre un bombardeo aliado y se traslada de Leipzip a Wiesbadem, el manuscrito de Casanova reaparece con la mudanza y en febrero de 1960, la editora alemana, junto con la francesa Plon, coeditan la versión íntegra de las memorias, que consta de doce volúmenes y que constituye un auténtico acontecimiento editorial.
Gracias a esta última y definitiva edición, enriquecida con notas eruditas, y a la de 1993, de Robert Laffont, que incluye índice de personajes, bibliografía y textos inéditos de Casanova, se ha podido conocer la auténtica y compleja personalidad del que ha sido el seductor más grande de todos los tiempos.

Resurrección

Resurrección I. Todo espanto tiene su umbral de tolerancia, hasta que se vuelve insoportable. Gira la vida entre miedo y silencio, como si no pudiera ser de otro modo. Hasta que reparas en ello y todo encaja y se hace evidencia con una lógica que hasta ese momento permanecía escondida y los demás se aterran de tragedia. La cruda miseria humana, la sanguinaria faz de la locura, la desgracia de una vida y los desgraciados renglones que supuran gusanos.

II. ¿Qué palabra le debo a mi padre en su cobardía de hombre? Algún día tendré que dar fe de que él ha sido mi dador, el veneno líquido de mi fuego.

III. Los ojos fijos en los del otro, sin lágrimas ni sollozos, sólo el libérrimo fluir de la emoción seca y árida, como si quisiera hacerse perdonar los errores y torpezas, toda esa trenza de infamias perpetradas, al fin y al cabo, contra sí mismo. El pasado, ahora sí, finiquitado, sin pena ni rencor, pues ya de nada sirve desde hace tiempo. Y ese anciano que me mira con emoción contenida y orgullosa, con ese sentimiento de tratar de averiguar si seguimos siendo enemigos, entidades independientes, con el vínculo de sangre en suspenso. Esa extrañeza suya, porque no sabe que él es todo lo que he vivido antes de salvarme.

Dear Oscar-3

Dear Oscar-3 Dear Oscar:

Desde que descubriste que en tu vida quedaban zonas por explorar y que sólo avanzando por ellas harías cierto el principio aristotélico según el cual la realización propia ha de ser la meta de todo organismo, hasta que tomaste la decisión de seguir los impulsos opuestos a tu vida insatisfactoria, pasaste por una etapa en la que gozabas de la compañía masculina, leyendo en los labios y los ojos de aquellos jóvenes lo que nadie se atrevía a pronunciar.
Un buen día apareció aquel guapo canadiense que estudiaba en Oxford, Robbie, y te sedujeron sus diecisiete años, su aspecto menudo, aniñado y malicioso, y con él conociste el amor de los elegidos. Desde ese momento tuviste que enfrentarte al dilema de tu homosexualidad, que es algo por lo que han tenido que pasar todos los que son como tú, y a no pocos inconvenientes. ¿Verdad, dear?

Pues bien, te sorprenderá saber que hoy, en el mismo Londres que te defenestró por griego, se celebra el Día del Orgullo Gay. Las vueltas que da la vida. Quizás te sorprenda aún más que la Iglesia (la católica), que ha rechazado siempre la discriminación y nos considera a todos (sin excepción) hijos de Dios, condene los comportamientos homosexuales. Quiere a la persona homosexual, pero rechaza sus prácticas. ¿Incongruente, no? La oración es la principal arma para cambiar, pues nadie puede curarte más que Cristo, y mientras se produce el milagro de la curación, lo mejor es la abstinencia.

En 1980 se fundó Courage, un grupo católico que atiende a los homosexuales. Entre sus objetivos está la reorientación, o sea, reciclar a los individuos desviados en heterosexuales, porque la condición gay es una herida, una penitencia, y el Espíritu Santo, con su fuerza, puede lograr el cambio.

No creo yo que aliarse con la cruz mejore la vida de un homosexual ni le reduzca el sufrimiento que comporta ser un estigmatizado, un bicho raro que la mayoría rechaza, vitupera, ridiculiza... Pero ¿qué te voy a decir a ti, dear?, que fuiste a parar a la cárcel por el delito de amar a un hombre.
Sigue durmiendo en tu tumba bajo la atenta vigilancia de tu esfinge, porque, en el fondo, el mundo no ha cambiado tanto como parece.

Hasta otra.

María

Dear Oscar-2

Dear Oscar-2 Dear Oscar:

Tú, que estabas tan descontento con la herejía protestante que se practicaba en Inglaterra como para soñar con un santo sacramento que consiguiese paz y tranquilidad a tu alma e incluso viajaste a Roma para visitar a Pío IX aunque acabases postrado sobre la tumba donde reposaba tu amado Keats, comprenderás que la humanidad, un siglo después, continúe tan desorientada como antes en materia religiosa.

Tan ilegítimo es, gnoseológicamente hablando, intentar “demostrar” la existencia de Dios por la ciencia, como “demostrar” su inexistencia. Porque tanto el teísmo como el ateísmo son posturas totalmente ajenas a la ciencia.

Ser teísta, ateo o agnóstico representa siempre una libre decisión interna, y estas decisiones son forzosamente irresponsables. Por qué, qué puede argumentarse cuando alguien nos pregunta: ¿Por qué cree en Dios? ¿Por qué no cree en Dios? ¿Por qué duda de la existencia de Dios?

Actualmente son muchos los que no creen en dioses, y ya lo dijo Chesterton: “Cuando dejamos de creer en Dios, podemos creer en todo”. Así pues, hoy prolifera la superstición. Los brujos y adivinos detentan el poder de “conocer” el futuro, y las ciencias esotéricas dan respuestas simples a las complicadas preguntas de la vida.

¿Encontraré alguna vez a mi Príncipe Azul? Cuando se produzca una alineación de Júpiter y Marte en la casa de Plutón, te revela el visionario de marras, y uno sólo ha de sentarse a esperar a que los astros se pongan de su parte para triunfar en el amor.

Triste sino el de quien considera que debe “esperar” algo, en lugar de “hacer” algo. ¿No opinas igual, dear? Quizás por eso yo, que sólo tengo fe en mí misma, me sonrío ante aquellas personas que pagan por una sesión de tarot para saber qué día encontrarán un ansiado puesto de trabajo, ante los que se limitan a orar confiando en que Dios hará el resto, ante esa compañía aérea en la que los asientos de sus aviones pasan del 12 al 14, ante el comunista acérrimo que comulga a escondidas, ante...

Por cierto, dear, tú que has pasado a mejor vida, ¿es cierto que la otra vida es mejor?

Te saluda con rendida admiración.

María

Dear Oscar-1

Dear Oscar-1 Dear Oscar:

Ya sé que cuando en el último periodo de tu vida comenzaron a imponerse el teléfono, el fonógrafo y el auto tú te preparaste con resignación a fumar Nazirs. Tú, tan culto, tan refinado y distinguido, tan dandi, gustabas de llamar la atención de los demás con tu inteligencia, por eso hoy abominarías de la forma pedestre en que nos damos importancia y te resultaría difícil de admitir la pesadilla del teléfono móvil, aparato más evolucionado que el que tú conociste.

El teléfono móvil no es malo per se, tiene su lado positivo, por ejemplo, te permite ejercitarte en el cinismo, y si al mirar la pantallita ves que quien te llama es un pesado, un plomo del que no quieres saber nada, no descuelgas y listo. También podemos mentir descaradamente y con total impunidad a cerca del lugar donde nos encontramos, algo que no deja de ser una ventaja en según qué situaciones. Gracias al móvil podemos ver por la calle a una persona con cara de gilipollas sonriendo amorosamente a un trozo de plástico o a un alto ejecutivo recitando un monólogo sobre acciones que bajan. También podemos escuchar insulsas conversaciones ajenas cuando vamos en el tren o en el autobús, porque el invento nos convierte en oyentes pasivos al tener que aguantar estoicamente las cuestiones más ramplonas que uno pueda imaginarse. Gracias al móvil todo el mundo es más cercano. Gracias al móvil el aire transporta felicidad o desdicha: una llamada puede cambiar tu vida, y quizás por eso cargamos con el dichoso aparatito y vamos con él a todas partes: a comprar el pan, a pasear por el campo... Algunos maleducados incluso a la biblioteca, al cine o al restaurante. Por eso no es de extrañar que a mitad de una cena romántica el histriónico pitido de un móvil interrumpa una propuesta para acabar bien la noche. Los japoneses, que son muy listos, han previsto estas contingencias creando en sus restaurantes zona de móviles y de no móviles, y los franceses, no menos avispados, han dejado sin cobertura a la mayoría de teatros de París. Todo sea por el Arte.

Sí, dear, el mundo está muy cambiado, tanto que ni lo reconocerías, pero ya te iré poniendo al día.

Te admira.

María

Versos de loco

Versos de loco Versos de loco
son mis poemas dolientes,
rimas sin sentido,
desgarros del corazón.

Todo lo que hay en mí
nace de mi amor por ti,
de una añoranza que promete
ser lo que quizás no sea.

Tu voz desde el ayer me susurra,
pero tan lejos de tu aliento,
entre desdichas y mañanas imposibles,
se me va la vida sintiendo
que todo lo que del amor sé
lo conocí a través de tu piel.

En mis sueños siempre estás tú:
fuego, luz, ternura y abrazos.

Tú me hiciste ser,
sólo para ti nací,
sólo junto a ti soy.
No pueden ser horas gastadas
las que llenaron nuestras manos,
confundieron nuestros cuerpos
y labraron los campos áridos del vacío.

Versos de loco escribo
porque no me conformo con lo vivido,
porque aspiro a gozar lo soñado,
porque no puedo decirte adiós
y tampoco tenerte conmigo.

Volver

Volver Volver bajo cualquier pretexto,
por el obsceno placer de desandar el camino andado,
para aparecer de nuevo en el escenario,
para ajustar cuentas con los fantasmas
y reparar destrozos y limpiar polvo y telarañas.

No hay camino peor que el de la vuelta.
El pasado es un lugar
en el que siempre es invierno y hace frío.

Volver, volver con la cabeza gacha
y el rabo entre las piernas,
tambaleante y derrotado,
con los bolsillos vacíos
y los mismos sueños;
los que teníamos antes de partir.

De nada sirve huir,
cambiar de disfraz,
quemar los recuerdos
o tomar el primer tren a cualquier parte
cuando la nostalgia hace de las suyas.

Volver es atravesar la bruma de la noche,
entrar en el cementerio,
depositar flores y dejar caer lágrimas
en la tumba del niño que fuimos.

Hay recuerdos dulces
y recuerdos amargos,
pero ambos son brasas
de la misma hoguera,
de esa hoguera inextinguible
que es la memoria.

Volver, sí, pero ¿para qué?

Volver cuando nada importe,
para desenterrar a la luz de la luna
el triste tesoro de nuestra infancia
y descubrir que el cofre está vacío,
que todo ha desaparecido:
el libro de cuentos,
la madera perfumada,
la flor seca,
el regalo del abuelo...

Volver, volver, volver,
como si jamás nos hubiéramos ido.