Noche de dolor
La noche de dolor
no tiene luna,
es la sonata triste
de un músico anónimo.
no tiene luna,
es la sonata triste
de un músico anónimo.
Si supieseis lo que he visto en la oscuridad de la noche... En ocasiones casi me he vuelto loco por culpa de la aflicción que me causa el no poder reproducir lo que veo. En este sentido, cualquier dibujo es un fracaso, ya que no me permite entrever ni tan solo una fracción de lo que pretendía haber descrito.
Un poema para reflejar
Aplasta la rodaja de limón contra el borde de la taza de té con la misma furia y con la misma rabia con que le ha aplastado la cabeza al verdugo que yace en el suelo de la cocina, las manos aún le tiemblan y los latidos del corazón retumban en sus oídos como cañonazos rítmicos. Toma un sorbo del amargo brebaje y respira hondo, se siente aliviada y satisfecha, otro trago y saborea su libertad recién recobrada, solo tiene que fregar el suelo y sacar la basura para eliminar de su vida todo rastro del hijoputa que la ha torturado durante catorce años.
Un poeta tiene la obligación de conocer las palabras, por eso sabe que los adjetivos no sirven para nada. Cuando una persona ama a otra, sería preferible enunciarlo así y confiar en que el hecho de amar fuese en sí tan impactante que liberase al poeta de decir nada más. Esto significa que tenemos palabras de más, son palabras que sobran porque no alcanzan a abarcar el contenido real de las emociones que pretendemos expresar. Un poeta sabe que siempre le sobrarán palabras y le faltarán sentimientos.
Lluvia, lluvia pertinaz y menuda.
Dear Oscar:
¿Alguien busca lírica pura? Ahí están las canciones de Los dos caballeros de Verona. ¿Acaso gustaría más de unos preciosos sonetos? Tiene ciento cincuenta para elegir. ¿Prefiere conmoverse con una tragedia o quizás disfrutar de una excelente comedia? Hay treinta y seis obras espléndidas para deleitarse con la literatura más brillante: la que Shakespeare nos legó.
La criatura humana es el ser más débil y desvalido de la creación. Su capacidad de supervivencia sin ayuda es nula, y es así durante mucho tiempo. Los seres humanos nacemos prácticamente a medio hacer, poseemos un bagaje innato, pero el hombre es en gran medida un fruto de su ambiente, es la cultura lo que nos hace como somos, por eso cada uno de nosotros sería diferente si hubiera crecido en un medio distinto, seríamos sencillamente otra persona.
Dante Alighieri nació en Florencia a finales de mayo de 1265, en el seno de una familia güelfa sin demasiados posibles económicos. Su infancia es prácticamente desconocida (el Trivium, el Quadrivium y acaso Brunetto Latini como profesor de Retórica). Se casó muy joven mediante un concierto matrimonial, muy al uso en la época, y en 1289 combatió en el asedio del castillo de Caprona contra los pisanos y en Campaldino, contra los aretinos.
Umberto Eco, el reconocido novelista y semiótico italiano, afirma que las lenguas son el único sistema semiótico que hacen posible la mentira.
El ordenador me mira con sorna, sabe que quiero y no puedo, que me faltan ideas, frases, que no consigo hilvanar una historia. Él me provoca, me llama, me hace guiños, sólo busca constatar mi fracaso, convencerme de mi derrota.
El otro día me lo encontré en la calle, hacía tropecientos años que no lo veía, desde la escuela, y al principio me costó un poco reconocerlo. Alto y enjuto, llevaba el pelo largo y barba de dos días, vestido con una chupa de cuero, vaqueros gastados y unas botas todo terreno, ofrecía un aspecto muy distinto al que yo recordaba: rostro lampiño, pantalones cortos y una bata azul a rayas.
Para la mayor parte de los estadounidenses de los años 50, Ernest Hemingway fue el hombre que encarnaba con su vida y con su obra la auténtica virilidad. Sus libros de acción y su vida (boxeo, caza, pesca, bebida, la búsqueda permanente de actividades viriles) fueron dos maneras de ilustrar la masculinidad norteamericana.
El Encantador es un relato de cincuenta y cinco folios mecanografiados en ruso, titulado Volshebnik. En el invierno de 1939, en París, Nabokov había escrito una novela corta, una especie de pre-Lolita. El autor estaba seguro de haberla destruido, pero un día, mientras preparaba un material para donarlo a la Biblioteca del Congreso, encuentra la única copia de la narración. Una vez releída, la considera una bella pieza rusa, precisa y lúcida y que con un poco de cuidado podría ser traducida al inglés por los Nabokov. Y el encargado de la traducción fue Dimitri Nabokov, quien recuerda que su padre la realizó cuando él tenía cinco años y que en ocasiones se recluía en el cuarto de baño para poder escribir en paz.
Nada duele tanto como la esperanza y se maldice por haberla concebido. Mide en el reloj la desértica extensión de horas que ha de atravesar hasta que pueda guarecerse entre las sólidas paredes de su refugio, donde es el monarca absoluto de un reino vacío.