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Amics de la gent gran

Amics de la gent gran

En la ciudad de Barcelona hay unas 75.000 personas mayores que viven solas y tienen dificultades de movilidad. El número de ancianos es cada vez más elevado y por eso crece la necesidad de contar con alguien que les ayude a hacer pequeñas gestiones como ir al banco o al médico y, sobre todo, alguien que les haga compañía. Éste es el propósito de Amics de la Gent Gran (Amigos de los Mayores), una entidad que desde hace 17 años acompaña a ancianos en Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha y en la que cerca de 500 voluntarios participan en los programas de acompañamiento en domicilios, apoyo puntual y actividades lúdicas.

Con el tiempo, se llega a crear una relación de amistad entre los voluntarios y las personas mayores, que poco a poco también se animan a salir de casa y combatir lo que Amics de la Gent Gran llama "la soledad social". Para lograrlo, la ONG organiza pequeñas fiestas, meriendas, excursiones, salidas culturales y hasta unas vacaciones de verano por las que varios ancianos ya han visitado Calella (Girona) y han ido a Lourdes. Para todas estas actividades, la entidad cuenta con voluntarios que colaboran de forma habitual o puntual y que antes de iniciar su labor reciben una formación.

Amics de la Gent Gran

Dios

Parece inevitable que de una mente humana surja un concepto de Dios más o menos antropomórfico. Por eso, a toda teología se le podría hacer en cierto modo el reproche que se le hizo a la teología jansenista: aplicar la lógica humana a las cosas divinas. Si un tren tarda seis horas y media en ir de Madrid a Barcelona, ¿cuánto tiempo tardarán dos trenes en hacer el mismo recorrido? Muchos teólogos incurren en el error de aplicar indebidamente la regla de tres.

A la hora de componer una imagen de Dios, el hombre se apresura a atribuirle las mejores cualidades que están a su alcance, tales como bondad, poder, justicia. En cambio, nunca dirá de Él que tiene cuernos, ni rabo, ni pezuñas, ni siquiera cuerpo, ya que estas cosas arguyen imperfección. Lo que sí debe tener Dios, ante todo y sobre todo, es inteligencia. ¿Por qué? Porque la inteligencia constituye la facultad más importante, la más excelsa, para un ser que a sí mismo se tiene por inteligente. El hombre piensa, Dios piensa. Claro está que la inteligencia divina dista mucho de la humana, reconoce el hombre en un arrebato de humildad: es una inteligencia infinita. Y esto, ¿qué quiere decir? Mucho me temo que se entienda algo así como una inteligencia humana elevada al infinito.

La afirmación de que Dios posee una inteligencia infinita resulta admisible sólo si ponemos más énfasis en el adjetivo que en el sustantivo. Porque se trata de una palabra negativa, excluyente, una palabra que descarta cualquier restricción o limitación. No obstante, incluso esa palabra y otras similares, como insondable, inmortal, incomprensible, guardan siempre un resto de miseria, una pobre referencia muy difícil de eludir. Cuando se dice que Dios es inmenso queremos decir que no puede ser medido, pero casi inevitablemente pensamos en nuestros instrumentos de medición, los que solemos usar para medir fincas, territorios o, a lo sumo, distancias intergalácticas. ¿Acaso no es también infinito el universo? Así pensaba Giordano Bruno, que lo definió como “el efecto infinito de una causa infinita”. De ese modo, aplicando el mismo adjetivo al mundo y a su Creador, reducía lamentablemente su significación. Lo mismo sucede con todos los adjetivos, que siempre resultan humanos, demasiado humanos. ¿Qué significa que Dios es inefable? Más que decir algo sobre Dios, expresa nuestra impotencia para hablar de Él. Aquí también se cumple el viejo axioma: Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur. Los conceptos, igual que los líquidos, reciben la forma del recipiente donde se alojan.

En definitiva, toda teología dice más acerca del hombre que acerca de Dios. Cuando los japoneses atribuyen al dios Sol naturaleza femenina, tal declaración no nos dice nada sobre el Sol, pero sí dice bastante de la cultura japonesa. Se trata de un procedimiento habitual: pedimos a las personas su opinión para saber más de ellas mismas que para saber del asunto sobre el que van a opinar. Contemplemos despacio las Meninas, el tema mismo del cuadro constituye una ironía genial. Teóricamente, Velásquez se ha propuesto hacer un retrato de Felipe IV y de su esposa; de hecho acaba pintando un grupo cortesano dentro del cual se incluye a sí mismo en actitud de pintar. Eso es exactamente lo que yo quería decir: en un libro de teología percibimos mucho más al teólogo que a Dios y al teólogo en su contexto, con su indumentaria de la época, con los esquemas culturales de su tiempo y dentro del ambiente eclesiástico palaciego del cual él normalmente forma parte. Al fondo, reflejada en un espejo, vemos a la pareja real: es una imagen borrosa, casi desvanecida, en contraste con las sólidas figuras que aparecen en primer plano. Efectivamente, ya lo dijo San Pablo, vemos a Dios “como en un espejo”.

Las cosas se agravan porque muchos teólogos suelen interesarse más por la teología que por la fe propiamente dicha, lo mismo ocurre con los políticos, los cuales se preocupan de política más que del país propiamente dicho. Se han escrito miles y miles de obras teológicas, pero gran número de ellas no sobre Dios, sino sobre teología. No saben a café, saben a cafetera. Tomismas que comentan a santo Tomás, epígonos que comentan a los comentaristas, comentarios del P. Rodríguez a las glosas del P. Fernández. ¿Y qué ocurre? El simple fiel acude a los doctores de la Santa Madre Iglesia lamentándose de que no ve bien. Ellos le colocan unos lentes correctores. “¿No es cierto que ahora ve mucho mejor? Díganos que ve”. “Veo unos cristales”.

Sin duda es bueno y necesario que la reflexión sobre la fe se articule en un cuerpo de doctrina, pero los excesos son temibles. Existe una arraigada manía a sistematizarlo todo, de dividir, subdividir, puntualizar, clasificar, la extraña manía de complicar las cosas. Chesterton cita el caso de alguien que tomó en sus manos un tratado de teología y empezó, con gran interés, por el capítulo titulado “De la simplicidad de Dios”; al poco rato abandonó la lectura y exclamó: “Si así es la simplicidad de Dios, ¿Cómo será su complejidad?” Ya sé que existen predicadores capaces de conmover profundamente a sus oyentes empleando un lenguaje ininteligible, pero en tales casos la conmoción producida en las almas suele deberse a la potente, estentórea voz del orador.

Mala cosa es que los legos se metan a teólogos. Ambroise Paré, cirujano francés del siglo XVI y especialista en obstetricia, entreveraba sus saberes médicos con cierta afición a la teología. Para explicar por qué nacen hijos monstruosos enumeraba ocho posibles causas: 1) La gloria de Dios; 2) La ira de Dios; 3) Una cantidad insuficiente de semen; 4) Una cantidad excesiva de semen; 5) La imaginación; 6) La postura inconveniente de la madre al sentarse en la iglesia; 7) Las artimañas de una comadrona maligna; y 8) La acción pérfida de los demonios. Mala cosa es, repito, que un lego se ponga a escribir teología. Pero Dios nos libre de los teólogos que padecen deformación profesional. Son los asesores del Altísimo. Una vez por semana se sientan a su mesa; luego descienden a este sucio mundo y se dignan revelarnos algunas de las interioridades divinas, clasificándolas en ocho o más apartados.

Por supuesto, no todos los teólogos son iguales. Aparte de aquellos que podríamos llamar sensatos, autores de una obra digna y austera, los hay que por ser muy dóciles al Magisterio se creen santos. Otros hay que por ser muy críticos se creen muy inteligentes; su talento se hace del todo evidente cuando sufren una amonestación de Roma. Se cuenta que un rabino, después de leer en el Talmud: “Yahvé guarda del peligro al ignorante”, salió a pasear, preguntándose obsesivamente si él sería ignorante o inteligente; distraído en tales cavilaciones, tropezó, cayó a una zanja y se rompió una pierna; entonces dedujo, radiante de júbilo: ¡Soy inteligente!

A fin de evitar cualquier antropomorfismo en sus elucubraciones sobre Dios, miseria característica de la mente humana, algunos teólogos han recurrido a conceptos tales como el Absoluto, la Primera Causa, el Ser Subsistente, etc. ¿Es que estos conceptos, por muy sutiles y alquitarados que los imaginemos, dejan de ser humanos?, ¿no son tan humanos como todos los demás? El hombre piensa, el teólogo piensa. Depurando más y más la noción de Dios ocurre lo mismo que según Bertrand Russell, ha ocurrido con el concepto actual de materia, reducida casi a mero movimiento sin soporte móvil. Como el gato de Alicia, Dios se vuelve inexistente de puro transparente, hasta que no queda de él sino una sonrisa irónica, provocada quizá por el ridículo de quienes todavía piensan que sigue ahí. Y, en efecto, los más cautos y escarmentados llegaron a una paradójica conclusión: el problema no es cómo hablar de Dios, sino cómo guardar silencio. Eran los teólogos de la “muerte de Dios”. Ya han sido olvidados. También ellos eran ingenuos. Al fin y al cabo, Dios trasciende toda negación no menos que toda afirmación; si Él no cabe en ninguna palabra, tampoco cabrá en el vacío dejado por la supresión de una palabra. Ya pasó la moda. Vuelve la teología locuaz.

Abu Ghraib, aquí no pasó nada

Lynndie England, alias la Dama de la Correa desde que se hiciera famosa por “pasear” como a un perro a un preso iraquí desnudo y atado con una cuerda en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, es el quinto de los guardias militares estadounidenses que se declara culpable de cometer abusos contra los detenidos en esta prisión. Esta confesión responde a un cambio de táctica en la defensa de su caso. Hace un año, los abogados de England retaron al poder militar alegando que la soldado cumplía órdenes, pero ahora ha declarado su culpabilidad personal, atenuada por "un largo historial de graves insuficiencias mentales", según afirmó el sábado el capitán Jonathan Crisp, abogado defensor de Lynndie England, que ha pactado la defensa con la acusación militar. Así se garantiza que la máxima sentencia para England será de 11 y no 15 años de cárcel.

El caso de Abu Ghraib queda así casi cerrado tras la autoinculpación de los guardias militares y las conclusiones del último informe oficial del ejército -una de siete investigaciones sobre el escándalo- de que ninguno de los altos responsables militares estadounidenses conocía lo ocurrido en la cárcel. La semana pasada una comisión del Pentágono absolvió a todos los mandos militares menos a la comandante que dirigía la cárcel, Janis Karpinski, que fue destituida. La única investigación que pidió responsabilidades más arriba en la cadena de mando, encabezada por el ex secretario de Defensa James Schlesinger, se ha archivado sin ninguna consecuencia jurídica.

La historia oficial concluye que los abusos sistemáticos documentados eran responsabilidad exclusiva de un grupo de soldados indisciplinados y, al menos en el caso de England, mentalmente enfermos.

Un informe de la ONG Human Rights Watch (HRW) publicado la semana pasada corrobora la investigación del periodista de The New Yorker Seymour Hersh, que prueba que el general Ricardo Sánchez, entonces máximo responsable del ejército en Iraq, "aprobó métodos ilegales de interrogatorio". Éstos fueron adoptados como se puede comprobar en una serie de fotos. Sánchez debe ser "procesado bajo la doctrina de responsabilidad del mando", asegura HRW. El informe añade siete responsables militares más a la lista de procesados. Hersh publicó pruebas también de que el secretario de Defensa Donald Rumsfeld aprobó un programa secreto de coerción física y humillación sexual de presos iraquíes adoptado en Abu Ghraib.

Max Ernst, mago de los delirios apenas perceptibles

Max Ernst, mago de los delirios apenas perceptibles

“¿Qué es el surrealismo? Quienes esperen una definición que dé respuesta a esta pregunta se verán decepcionados tanto tiempo como dure el movimiento surrealista”.

La obra de Marx Ernst es probablemente la respuesta visual más rica y compleja a la pregunta de si existió una pintura surrealista, o un equivalente en imágenes de la escritura automática; su camino es una continua búsqueda de formas de pintura automática con las que superar la idea tradicional de mimesis, pero también, como dice él mismo, la noción romántica del artista-genio: “Uno de los primeros actos revolucionarios del surrealismo ha sido el de atacar este mito (la leyenda del poder creador del artista) valiéndose de medios objetivos, en la forma más corrosiva y, sin la menor duda, haberlo destruido para siempre”.

El pintor surrealista asume un papel pasivo, en tanto que asiste al nacimiento de su obra a partir de una primera inspiración visual, y no acepta ningún tipo de control activo que provenga de idea preconcebida moral o estética alguna; por eso inventó Ernst diversas técnicas que sirvieran justamente para producir ese primer estímulo. Los collages fueron la primera propuesta y en realidad pueden considerarse la raíz de la que arranca toda su pintura. Ernst también inventó o descubrió técnicas como el frottage y el grattage, consistentes en colocar bajo el papel o la tela objetos (maderas, hojas...) y frotar o rascar con un lápiz, de forma que el elemento quede impreso en la superficie.

El lugar que hoy ocupa Max Ernst en la historia del arte del siglo XX posee un valor inmenso, y la insólita mezcla de juego y visión que en él se da no conoce punto de comparación en esta época. Ernst renuncia de antemano a todo cuanto pudiera conducir a una armonía decorativa, a una actitud de comodidad visual. Su obra, contemplada como un conjunto, antes logra irritar y confundir que atraer. Desde el comienzo, esa obra va más allá de lo que comúnmente se define como trabajo artístico, como pintura u obra gráfica. Ernst fascina al observador, lo capta y, en seguida, crea en él una inquietud. El artista buscaba deliberadamente este efecto, que arraigaba en la propia naturaleza de su ser: “La pintura se desarrolla en dos planos diferentes y, sin embargo, complementarios. Proporciona agresividad y elevación”. En una ocasión dijo: “Un pintor puede saber qué es lo que no quiere, pero ¡ay de él si pretende saber lo que quiere! Un pintor cuando se encuentra está perdido”. El haber conseguido no encontrarse, eso lo consideraba Max Ernst su único “mérito”.

Ya en 1921 dio con su célebre expresión programática “más allá de la pintura”, que tenía resonancias de Nietzsche. Encontraba así la fórmula mágica de lo que, con fuerza cada vez mayor, tira de nosotros hacia esa obra de inagotable riqueza y alejada de toda doctrina. Porque dicha expresión se refiere simultáneamente a dos terrenos distintos: a los contenidos de la representación y a la técnica. Ambos requieren una eliminación de las fronteras y este rechazo de la frontera, de la limitación, es un mentís a todo ejercicio convencional de la pintura y el dibujo.

“Mis reflexiones, mis impaciencias, mis dudas, mis creencias, mis alucinaciones, mis amores, mis iras, mis rebeliones, mis contradicciones, mis negaciones a someterme a disciplina alguna, ni siquiera a la mía, las esporádicas visitas de mi hermana Perturbación, la mujer de las cien cabezas, nada de todo esto ha resultado favorable a una labor tranquila y serena. Al igual que mi comportamiento, mi obra no es armónica en el sentido de los compositores clásicos. Sediciosa, desigual, contradictoria, es inaceptable para los especialistas en arte, cultura, comportamiento, lógica y moral. Tiene, sin embargo, el don de fascinar a mis cómplices, los poetas, los patafísicos y algunos analfabetos”. Así describía Ernst su obra.

Los aguafuertes de Maximiliana o El ejercicio ilegal de la Astronomía son uno de los grandes trabajos de Ersnt en homenaje al astrónomo alemán E.W. Temel, que puso nombre a un pequeño planeta que descubrió, el más alejado del grupo situado entre Marte y Júpiter. A través de una escritura ilegible, Ernst experimenta con la que puede considerarse una de sus invenciones enigmáticas. Además de su particular uso de las imágenes, incorpora una escritura cifrada para la que no existe código de interpretación. Como si las palabras fueran tan herméticas y con significados tan abiertos como las propias imágenes. En la serie Historia natural, Ernst presenta una de sus innovaciones más revolucionarias: el frotagge, la técnica de transferencia al papel de superficies rugosas mediante la fricción. Con esto, más allá de lo que vemos, Ernst hace visible lo que podría hallarse en el sustrato de la visión, las imágenes posibles, pero veladas, de la realidad. En sus esculturas se refleja su preocupación estética. Lector voraz y sensible tuvo intensas relaciones con algunos de los escritores más notables de su tiempo: Paul Éluard, Benjamín Péret, André Bretón, Rene Crevel, Franz Kafka, Tristan Tzara, Antonin Artaud, Jacques Prévert, Lewis Caroll, Samuel Beckett... y colaboró con ellos poniendo imágenes allí donde sólo había palabras. Sin duda, gracias a ello, muchos de sus trabajos en el campo de la edición de libros, que casi configuran un libro dentro de otro libro, se han convertido en referencias absolutas del arte actual.

Max Ernst nació el 2 de abril de 1891 en Brühl, cerca de Colonia. Su padre era profesor en una escuela para sordomudos y le dio sus primeras clases de pintura, que él cultiva de forma autodidacta. Se matriculó en la Universidad de Bonn donde cursó estudios de filología clásica, filosofía, psicología e historia del arte, evitando cuidadosamente "toda clase de estudios que puedan degenerar en un modo de ganarse el pan de cada día". En 1912 acude a la famosa exposición del Sonderbund, que se celebra en Colonia, y donde Ernst tiene la ocasión de conocer directamente obras de Cézane, Van Gohg, Munich y Picasso, esta visita será el catalizador de su decisión de dedicarse a la pintura. Combatió en la Primera Guerra Mundial y la dolorosa experiencia que le produjo "la gran marranada" resultó decisiva para llegar al dadaísmo: el movimiento nacido del trastorno existencial y dedicado a él. Su visión de la sociedad que ha desencadenado la absurda matanza, en la que el pintor participa como soldado de artillería, sintoniza con la de un grupo de intelectuales y artistas que, en 1916, funda en el cabaret Voltaire de Zurich el movimiento Dadá. La obra plástica y literaria de Ernst está íntimamente ligada a este movimiento, del que constituye una de las aportaciones más significativas y fascinantes.

Max Ernst profundizó en las posibilidades del movimiento surrealista. No descartó ninguna forma de manifestar sus fantasmas interiores, su razonamiento consciente, su sensibilidad y su conducta espontánea, dejándose llevar por técnicas artísticas que, en principio, le eran ajenas. En sus cuadros y trabajos gráficos, el artista alemán expresó visualmente mejor que nadie el enigmático mundo que ya habían explorado los surrealistas. Fue un trabajador infatigable, no en vano su obra gráfica suma más de 2.000 creaciones. "Max Ernst es la mente más magníficamente atormentada que pueda existir", resumió André Breton con acierto.

Max Ernst murió en 1976, la víspera de su 85 cumpleaños. El artista cerró sus notas biográficas con estas sugerentes palabras a propósito de su método de trabajo: "Última cuestión: Max Ernst invita a sus críticos lectores y benévolas lectoras a que se planteen si verdaderamente se merece el halagüeño título de 'mago de los delirios apenas perceptibles' que le concedió uno de los poetas más grandes e incomprendidos de nuestro tiempo, René Crevel."

¿Es infinito el infinito?

¿Es real el infinito o es un simple invento de la mente humana? La idea de infinito ha sido tratada a menudo con escepticismo por los filósofos. El matemático alemán Karl Gauss dijo que “el infinito no es más que una figura del lenguaje”. Aristóteles distinguía entre lo realmente infinito, lo que continúa de forma eterna, y lo potencialmente infinito, como las series de números que podían repetirse eternamente, y negó que hubiera infinitos reales. Este modo de pensar fue muy influyente, aunque los filósofos de los siglos XVII y XVIII solían entender el infinito como algo que emanaba de la mente de Dios. Isaac Newton, sin embargo, fue lo suficientemente atrevido para afirmar que el espacio era infinito, y su invento de cálculo diferencial aprovechó la idea de una cantidad infinitesimal, es decir, mayor que cero pero menor que cualquier número finito. En el siglo XIX, este concepto relativamente enigmático fue reemplazado por el conocido concepto del límite. Posteriormente, en ese mismo siglo, algunas de las incógnitas matemáticas del infinito fueron resueltas por el matemático alemán Georg Cantor (1845-1918), verdadero impulsor del cálculo infinitesimal, además de la teoría de conjuntos. En cualquier caso, dicho cálculo sigue siendo de una gran complejidad. Por ejemplo, parece que pueden existir infinitos de distintos tamaños.

También aparece el concepto del infinito cuando se piensa en el espacio y el tiempo del universo. Si la edad del universo es finita, si tiene un principio y un fin, entonces debe abordarse la cuestión de qué ocurrió antes y qué pasará después. Sin duda, Kant tenía razón cuando argumentó que esta cuestión provoca una de las más profundas paradojas en el razonamiento sobre el mundo. Curiosamente, la infinitud en el espacio no es equivalente a no tener límites. Considérese la superficie de una esfera de tamaño finito: en cualquier punto de esta superficie, uno siempre se puede desplazar, y sin embargo la superficie es finita. Y, por supuesto, si se sigue caminando sobre la superficie en la misma dirección, se acabará llegando al mismo lugar, lo cual no ocurriría con un verdadero infinito, como la serie de números 1,2,3,4, etc., en la que nunca se encontraría con el mismo número. Entonces, por tanto, este hecho no demuestra que el universo sea infinito: el espacio podría ser, por así decirlo, la superficie tridimensional de un espacio tetradimensional, sería finito, pero ilimitado. Y, de hecho, así es como los cosmólogos teorizan el universo.

Damnificados por la Disney

Durante varios años luché por superar el tremendo trauma que me causó ver la película Peter Pan de Disney. Cada noche, antes de acostarme, debía dominar un pánico cerval y atreverme a echar un vistazo bajo la cama. Sólo tras convencerme de que no se escondía allí el terrible cocodrilo, me metía entre las sábanas y me envolvía en ellas como una momia. Con esa ingenuidad típica de los niños, pensaba que si yo no veía al monstruo, él tampoco me vería a mí. Pese a tomar tantas precauciones, en el transcurso de la noche me despertaba angustiada varias veces, cabía la posibilidad de que durante el sueño alguna de mis manos quedase fuera de la cama y aquel enorme cocodrilo me dejara manca de un bocado, igual que hizo con el pobre capitán Garfio.

Cerca de dos años me llevó superar lo peor, convencerme de que era bastante improbable que un cocodrilo africano cruzase a nado el Mediterráneo y atravesara andando media península Ibérica hasta llegar a mi casa, pero aún quedaba por eliminar un argumento de peso, por medidas, un cocodrilo cabía perfectamente debajo de mi cama.

Poco a poco, de mis pesadillas se borró la imagen de aquel gancho metálico que sustituía a mi mano mutilada, ya no realizaba el obligado ritual de inspección, pero el miedo sufrido dejó su huella en mi subconsciente y hoy, muchos lustros después, los reptiles en general y los cocodrilos en particular, me producen cierto repelús.

No he sido la única damnificada por la factoría Disney y, como yo, otros niños han padecido traumas similares a los míos que aún perviven en su memoria de adultos. Investigando un poco me he encontrado con casos curiosos. Tengo un amigo que pasó años sin probar una manzana roja, por si acaso estaba envenenada; otro me comenta que se estremece cada vez que ha de estrecharle la mano a una mujer que lleva las uñas largas y rojas, como una bruja. Un chaval sufría crisis de ansiedad tras perpetrar cada trastada infantil, estaba convencido de que le crecerían orejas y cola de burro, como al amigo de Pinocho. Una compañera tuvo consciencia de la muerte después de haber visto Bambi, cada tarde al salir de la escuela se le constreñía el corazón, ¿y si su madre no iba a buscarle porque había muerto y ella se quedaba sola? Un vecino temió quedarse calvo y mudo como el enanito de Blancanieves, el terror le llevaba a pasar horas delante del espejo, necesitaba cerciorase de que aún tenía pelo, casi no hablaba para no quedarse sin voz, motivo por el cual los demás le gastaban bromas diciéndole que parecía mudo, así su pánico crecía y crecía encerrado en este círculo vicioso...

Según tengo entendido, la sala de cine que estrenó Blancanieves tuvo que cambiar el tapizado de las butacas porque los niños se orinaban de miedo durante la proyección. Ignoro si algún psicólogo o psiquiatra infantil supervisa los guiones de las películas Disney, porque alguien tendría que prever y evitar los daños emocionales que puede causar una película de dibujos animados que se clasifica apta para todos los públicos.

Arena flores Atacama

Arena Flores Atacama es la primera empresa exportadora chilena compuesta íntegramente por mujeres temporeras.

La experiencia acumulada en este largo tiempo de trabajo en la agroexportación, que significa permanecer desempleadas durante meses y enfrentar una fuerte inestabilidad laboral, las incentivó a buscar una actividad que les permitiera paliar los meses de invierno en que no tienen empleo y que ellas llaman meses azules, concepto acuñado por el famoso sobre azul que antiguamente recibían los obreros con su aviso de despido.

Su creatividad las llevó a tomar elementos del entorno y, acostumbradas a trabajar con las manos, crearon cuadros y tarjetas con flores y arena del desierto de Atacama, reconocido como el más árido del mundo, pese a lo cual es protagonista de un fenómeno único en el planeta. Tras la lluvia, que se deja caer en la región aproximadamente cada 4 o 5 años, el desierto se cubre de variadas flores creando impresionantes alfombras multicolores, lo que se conoce como el Desierto Florido.

Esta inspiración las llevó a querer reproducir el Desierto Florido en sus productos. Cada una de ellas puso un capital y mano de obra, en conjunto inventaron la técnica para que este trabajo fuera productivo, repartiéndose las tareas y especializándose y decidieron bautizar su proyecto como “Arena Flores Atacama”, la primera microempresa del país conformada sólo por mujeres temporeras.

La mezcla de matices que logran al trabajar con los más diversos colores de arena -unas veinticinco tonalidades- que recolectan en los arenales que rodean a Copiapó y a toda la región, más las pequeñas flores que recogen en los mismos parronales donde trabajan, dan vida a sus originales productos: “Buscamos hacer algo que no existía, que fuese novedoso y exclusivo, que representara la belleza de nuestra Región y además que la materia prima no fuera demasiado cara”, relata Donata Cairo Muzella acerca de la elección de los materiales que no tienen intervención, ya que las flores las dejan secar de manera natural y al arena no adicionan ningún colorante artificial.

Catálogo de productos e información "Arena flores Atacama"

Dando ejemplo

Desde que la ministra Trujillo tuvo la feliz ocurrencia de sugerir que las personas sin posibles para comprarse una vivienda digna, al precio que están, se conformara con un cuchitril de 30 metros cuadrados, no he parado hasta averiguar dónde vive ella. Pues éste es el resultado. La ministra de Vivienda se ha comprado un dúplex de 280 metros cuadrados en el barrio del Viso de Madrid.

Creyentes y no creyentes

Todos creemos en algo. No hay nadie que no crea en algo. En definitiva, todo es fe. ¿Qué diferencia hay entre creyentes religiosos y no creyentes?
Unos creen lo que ven, otros creen que ven. ¿Qué diferencia hay, repito, entre creyentes y no creyentes? Unos y otros creen por igual, si bien en cosas distintas y a veces contrarias. Todos ellos son creyentes en el sentido en que podríamos decir también que todos los hombres, tanto los ricos como los pobres, son pobres, pues todos son indigentes y mortales. Todos creemos mucho más de lo que sabemos.

No hay descreído que no crea en algo. Ciertamente, los que profesan alguna religión tienden a pensar mal de los que no profesan ninguna; quien no tiene creencias, dicen, tiene supersticiones. Me parece excesivo. De hecho, sin embargo, siempre que decae lo religioso se desata la pasión por lo mágico, lo cabalístico o hermético, las alucinaciones artificiales, la astrología. El huérfano se ve obligado a llamar padre a su padrastro. Está escrito: nada más fácil que dar muerte a Dios, lo difícil es deshacerse del cadáver. Jean Rostand, biólogo y ateo, sostenía que los creyentes no piensan en la presencia de Dios con tanto ardor como ellos, los ateos, piensan en su ausencia. Seguramente hacía extensiva su propia conducta, un caso extremo de honestidad intelectual, al común de los no creyentes, mientras tomaba como modelo de creyentes al tendero de la esquina. Todos incurrimos fácilmente en ese mismo error metodológico, el de comparar un turco desnudo con un desnudo griego y no con un griego desnudo, que sería lo justo. La verdad sea dicha, tanto creyentes como no creyentes suelen pensar de ordinario en otras cosas, los tenderos en el inspector de Hacienda y los biólogos en la secretaria del departamento de Biología. El mundo es así. Por lo demás, ya se sabe que hoy predominan con mucho los agnósticos sobre los ateos, y que incluso algunos ateos prefieren llamarse agnósticos aunque sólo sea por amor a las palabras esdrújulas. Sin embargo, su inhibición respecto al problema de Dios, eso que ellos denominan suspensión de juicio, no significa simplemente una no creencia; la no creencia es un acto y, si persiste, si convierte en actitud, acaba constituyendo una creencia: se cree firmemente que no es posible averiguar nada acerca de dicho asunto.

23 de abril, Día del Libro

Nunca he entendido el porqué del Día del Libro y las celebraciones anejas; que suelen ser actos políticos ideados al efecto y la consabida lectura del Quijote en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Mala cosa es, sin duda, que el libro necesite protección, campañas, actos públicos... Algo que, además, no hace mella en el ánimo de quien no tiene intención de abrir un libro. A esta especie pertenece, según las estadísticas, el 45% de los españoles. Pero, ¿alguien se traga que el 55% de los españoles lea con asiduidad y aprovechamiento? Los iletrados son legión, que le vamos a hacer. Y a estos analfabetos que nunca leen, que no sacan partido a lo que leen o que ven con desconfianza un libro y todo lo relacionado con la tinta negra, son refractarios a cualquier estímulo librero.

En la lectura se inicia uno de pequeño, en casa o en la escuela, y deja que sedimenten en su alma esas inextricables alianzas entre ideas y sensibilidades hasta que se convierten en una droga, en un hábito insustituible, en un placer.

Vivimos en una sociedad simplona que se alimenta de basura televisiva y demagogia, donde es un hecho demostrado que la mayoría de la gente jamás lee, que incluso ha dejado de fingir que lee. Algo que nos trae al pairo a los que sí leemos.

La tragedia de Liberia

“La generación sin padres de Liberia”, así se conoce a los más de 6.000 niños, hijos de los soldados miembros de la ECOMOG, la misión de paz de países africanos enviada a Liberia durante la década de los 90. Estas fuerzas de paz tuvieron miles de niños con mujeres liberianas y al regresar a sus países de origen se desentendieron por completo de ellos y de sus madres. Ante la imposibilidad localizar a los padres para reclamarles la ayuda que merecen, millares de mujeres, sumidas en la miseria, abandonaron a sus hijos en el centro ECOMOG y gracias al Programa Mundial de Alimentos de la ONU, la organización les ha proporcionado un techo, comida y escolarización.

Ahora la situación puede repetirse. Desde agosto de 2003, cuando en Liberia se puso fin a 14 años de guerra, una nueva misión internacional de paz formada por 15.000 soldados de las Naciones Unidas trabaja en el país. La idea es que su presencia comience a disminuir tras las elecciones del próximo mes de octubre. Mujeres liberianas que están embarazadas ya han solicitado ayuda al Centro Infantil Ecomog para comprobar la dirección de miembros de las tropas de pacificación de Naciones Unidas con los que han mantenido relaciones e intentar que no abandonen a sus hijos. La organización ha localizado a 19 soldados de la ONU y les ha pedido que asuman su responsabilidad como padres, es todo cuando pueden hacer en este sentido.

Millares de mujeres y niñas han sufrido violaciones, dos terceras partes de la población femenina han padecido agresiones sexuales durante la guerra civil de Liberia, pero los culpables de estos delitos comprendidos en el derecho internacional siguen impunes. Son, junto a los niños sin padre, la triste cara de una tragedia que parece no importarle a nadie.

Alianza Editorial regalará libros el 23 de abril

El próximo 23 de abril, Día del Libro, Alianza Editorial regalará 400 ejemplares de su colección "El libro de bolsillo".

Los libros, identificados con una pegatina y distribuidos en lotes de 20 (5 ejemplares de cada título), se situarán sin custodia y al alcance del público en 21 puntos de Madrid, y llevarán un cartel con el lema: LLÉVATELO, LÉELO Y... PÁSALO.

Más información en:

Alianza Editorial

Anédota papal

Juan XXIII acababa de ser nombrado Papa. Tenía que salir al balcón, para bendecir por primera vez a la cristiandad, vestido ya con sotana blanca. Pero ninguna de las tres tallas que había preparadas le quedaba bien; incluso las más grande le venía estrecha. Mientras a toda prisa soltaban las costuras y hacían un arreglo de emergencia, él suspiró compungido: “Todos me han elegido Papa menos el sastre”. Pocos días más tarde dio orden de elevar el sueldo de los funcionarios del Vaticano. La inflación, la política salarial italiana, el encarecimiento de los precios, etc., todas eran razones más que suficientes. Sin embargo, a los encargados de llevar la silla gestatoria él les dio esta otra razón, que también concernía a la justicia: “Es lógico que ahora cobréis más; yo peso el doble que Pío XII”.

Arte moderno

“He querido establecer el derecho de atreverme a todo”, dijo Gauguin. La modernidad surge con la idea de autonomía y su fervor por la libertad. Éste es al marco de la radical innovación que vive la creatividad artística en el siglo XIX, donde culmina el procedo del culto por lo nuevo y original iniciado en el Renacimiento. Así, lo que da sentido a la actividad de artistas como Kandinsky, Warhol o Beuys es la reafirmación obsesiva de libertad como máximo valor artístico.

La pretensión de querer explicar el arte moderno roza la imprudencia, pues son tantas las vanguardias, en su diversidad, que la valoración global es casi imposible. La selva vanguardística poco tiene que ver con la identidad estética de los grandes estilos clásicos. La primera libertad del artista moderno es su desdén por la realidad como modelo y por la técnica de los maestros. Todo está ya pintado y escrito. “He leído todos los libros. Tengo más recuerdos que si tuviera mil años. ¡Ya no hay más que decir!”, exclamó Verlaine. La realidad es tan poderosa y aplastante que es preciso devaluarla. “Se trata de desacreditar la realidad”, escribió Salvador Dalí.

Hasta el siglo XX, la creación artística transformaba la realidad. La belleza era el resplandor de unas formas que manifestaban la acción de la libertad del artista sobre el mundo. Si el arte se fundamentaba en la realidad, la realidad se convertía un mero pretexto para la aparición de la forma desvinculada. Esta desvinculación de la realidad tiene que ver con su percepción negativa y problemática, propia de nuestros tiempos. “Cuanto más horripilante es el mundo, el arte se hace más abstracto”, manifestó Paul Klee.

El anhelo de libertad absoluta conduce también a la divinización del artista. La naturaleza era tradicionalmente interpretada como obra de Dios, la muerte de Dios arrastraba a la naturaleza. La historia del arte puede interpretarse como la evolución del artista imitador al artista dios, creador absoluto. La libertad es el aspecto más sugestivo del arte moderno, pero no está exenta de cierta problemática. En nombre de la libertad se rechaza el pasado y la técnica. El artista no debe ser coartado por ninguna educación y sustituye las técnicas clásicas por su propia técnica, unipersonal y privada. Un artista plástico puede realizar cualquier ingeniosidad con su obra, así surge el dripping, el empaquetage, el assemblage, el collage, el decollage, el gratage, el fumage.... Puesto que la libertad subjetiva es el único valor, ella decide qué es arte.

“Todo lo que escupe un artista es arte”, esta frase lapidaria de Schwiter lo dice todo sobre el arte moderno. No hay diferencia entre la Gioconda y una botella de Coca-Cola. El artista convierte en arte cualquier cosa que firma. Hay que hacer lo nunca visto, aquello que de puro absurdo y anómalo cause asombro. Por este camino llegamos al arte povera y al art minimal, que es insignificante en los dos sentidos del término: no tiene significación ni sustancia.

Si el artista no dota de significado a su obra para no coaccionar al espectador, si le deja frente a un producto informe que ha de interpretar a su manera, está dando a la ambigüedad una categoría estética. La noción de “obra abierta” hace que el espectador otorgue o no el carácter de arte. Y es que la finalidad del arte contemporáneo no es crear belleza, sino libertad.

Cónclave

El más alto dignatario de la Iglesia no deja de ser hombre, sujeto a todas las debilidades y limitaciones humanas. Entre su humanidad y su papel de representante de la divinidad puede que no haya ninguna contradicción, pero hay al menos espacio suficiente para el humor.

Richter definía el humor como “lo sublime al revés”. El revés de lo sublime es lo humano común, y el humor no hace sino mostrarnos lo sublime por el forro, el tapiz por la otra cara, El primado de San Pedro vuelto hacia la pared y ostentando un aviso escrito con rotulador: “¡Ojo!, frágil” Todos los seres humanos resultan vulnerables al humor, pero los eclesiásticos un poco más, puesto que en ellos es mayor la distancia entre lo sublime y lo cotidiano, entre lo que representan y lo que son. Tienen que fustigar los pecados y a la vez tienen que reconocerse pecadores. Están obligados a coger peces sin que se les moje la capa magna. El humor se limita a poner de manifiesto algo muy evidente: aunque el hombre se vista de seda, por cardenalicia que sea, hombre se queda.

Hay una anécdota muy ilustrativa. En una parroquia rural necesitaban un cristo para el altar mayor. Mejor que comprar una imagen fabricada en serie, prefirieron encomendar el trabajo a algún tallista de la ciudad, ya que uno de los feligreses había regalado para ello un magnífico tronco de ciruelo. Cuando trajeron el cristo al pueblo, fue entronizado solemnemente. Todos los fieles de la parroquia pasaron a adorarlo. Todos menos el donante. “Y tú ¿por qué no?” “Porque yo lo conocí ciruelo”. No hay que olvidar la madera común con que los pecadores y los obispos están fabricados. Son hombres y también pecadores, quizá más menesterosos que nadie y más indefenso ante Dios. Por cierto, ¿alguien se ha dado cuenta de que todos los Papas mueren sin recibir la bendición papal?

Los norteamericanos están muy orgullosos de su democracia y se precian de que en su país existen las mismas oportunidades para todos los ciudadanos: cualquiera puede llegar allí a ser presidente del Gobierno, sin duda es así, y la mejor prueba de ello la tienen en su presidente actual. Pues bien, yo estoy pensando ahora en un Cónclave de cardenales reunido para elegir Papa. El Cónclave es un congreso de electores donde se supone que, además de una irreprochable democracia, hay un gran espíritu de fe. Los cardenales se han propuesto proceder en todo de acuerdo con los designios de Dios. Así se hace, y cuando las votaciones han designado por mayoría absoluta a uno de los candidatos, el cardenal camarlengo se levanta, pronuncia emocionado su nombre y añade a continuación estas palabras de san Pablo: “Dios ha escogido lo necio para humillar a los sabios”. ¿Le parece a alguien una frase oportuna? Todo lo contrario. Si los electores hubieran procedido de otra manera, si se hubieran esmerado en elegir al candidato de más talento, al de mejores cualidades, habrían demostrado ser hombres mundanos y de poca fe; peor aún, habrían caído en las misma contradicción de quienes estamparon en los billetes de dólar esta absurda divisa: In God we trust (Nosotros confiamos en Dios).

Infinita ignorancia

Pues no, amigos. No soy filósofo. No tengo ningún título académico que me valide como tal. Y aunque lo tuviera, sería incurrir en la ridícula arrogancia que me considerase filósofo por el mero hecho de haber estudiado filosofía. La misma en que caería un modesto empleado de banca haciéndose llamar banquero. Mis conocimientos son ínfimos, en todas las materias. Soy una ignorante. Lo descubrí en la universidad, al percatarme de que la psicología remite a la neurología, ésta a la biología, ésta a la química y a la física, ésta a la astrofísica... Digamos que fue una cuestión de conciencia, de honestidad intelectual. La primera lección en la facultad de psicología debió empezar así: La Tierra es uno de los nueve planetas que giran alrededor del Sol, el cual forma parte de una galaxia integrada por cien millones de estrellas, la cual pertenece a un conjunto de varios miles de millones de galaxias, las cuales... Es fácil imaginar que mi ignorancia tiene el tamaño del universo. O mas exactamente, el tamaño del universo menos esa infinitesimal parte que llamamos Tierra. Precisión ésta que viene a significar algo así como la eternidad menos una hora. Fue difícil soportar la evidencia de tamaño contraste entre mi ciencia y mi ignorancia; abandoné la facultad.

Autodidacta

“Un autodidacta tiene la gran ventaja, a pesar de todas las imperfecciones de su saber, de que cada idea nueva de la que se apodera entra inmediatamente en relación con el resto de sus conocimientos e ideas mezclándose con el todo y dando así lugar a combinaciones originales y a muchos nuevos descubrimientos”, dijo Novalis.

Yo soy inmensamente curiosa y desde muy niña siento un ansia insaciable por aprender. Fui a la universidad porque aspiraba a tener una imagen global del mundo, pero en la universidad sólo se imparten visiones sesgadas, parciales y específicas de las diversas ciencias. Como me interesa cualquier tema, decidí convertirme en autodidacta.

La opinión del autodidacta no está guiada por el programa de una institución. Él asume un riesgo tomando un camino desconocido para llegar a un destino desconocido, sabiendo que invierte mucho tiempo en descubrir lo que otros ya descubrieron, también sabe que su paciencia y determinación pueden llevarle a territorios inexplorados.

El autodidacta es una suerte de anacoreta que vive alejado de los centros neurálgicos del saber organizado, por eso no tiene colegas como suelen tenerlos los médicos o los abogados.

Movido por la misma ambición que cualquier otro hombre que se interese por el conocimiento, el autodidacta forja su propia visión del mundo sin intentar imponérsela a nadie, ni tampoco lucrarse con ella.

No digo que el autodidacta se desinterese o reniegue de los descubrimientos de las instituciones, es que él se ha entregado a la tarea de conocer, hasta donde le es posible, el mundo desde sus propios pasos.

La meta del autodidacta no es llegar a ser un experto porque el experto alimenta su saber con grandes dosis de ignorancia en otros campos que le son ajenos y consagra su vida a profundizar en un tema esperando que otros se ocupen de los restantes.

Resumiendo, un autodidacta es alguien convencido de que todo se conoce mejor de primera mano.

Cárcel de amor

Cárcel de amor

El proyecto Cárcel de Amor se inauguró el pasado 7 de abril y contará con actividades (mesas de debate, conferencias, acciones, proyecciones, etc.) hasta mayo.

Estructurado en cinco partes interrelacionadas (programa de cine y vídeo, creación y difusión de un proyecto web comisariado por Remedios Zafra, conferencias y mesas de debate, la edición de un libro y una acción de Angélica Liddell), Cárcel de amor presenta múltiples perspectivas sobre la violencia en la pareja o en la familia.

Cárcel de amor

Aprendí

Aprendí a olvidar el roce de tus labios,
a no escribir poemas que llevaran tu huella,
a apagar la luz que tú encendiste,
a borrar el eco de tu nombre
de las cosas vividas, de las cosas queridas.

Con el tiempo llegó el olvido,
se fue el dolor de la pérdida,
el son de la música que no bailamos,
el aroma de esa flor ahora marchita
y las noches eternas de vacío.

Quise desandar el camino andado,
pero el reloj nunca se detuvo
y seguí adelante, siempre adelante.
Escapé de la nostalgia por los días que se fueron,
enjugué las lágrimas que nunca viste,
y escapé, escapé de ti y de tu recuerdo.

Ahora existe un paraíso lejos del tuyo,
otra vida cuyo eje no es tu vida,
una ilusión sin tu mirada,
otros ojos, otras manos y otra boca.
Y es que aprendí a borrar tu rastro
de los rincones llenos de ausencia.

Armas

Existen 1.135 empresas, en más de 100 países, dedicadas a fabricar armas. El fusil de asalto Kalashnikov es el más extendido. Se calcula que existen entre 70 y 100 millones en circulación. Los países miembros permanentes del Consejo de Seguridad son los responsables de 88% de las exportaciones de armas convencionales, que “obligan” a un tercio de las naciones del mundo a invertir más en armas que en gastos sanitarios. Cada año, los países de África, Asia, Oriente Medio y América Latina invierten un promedio de 22 millones de dólares en armas.