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Cierzo

Arts longa, amor brevis

Arts longa, amor brevis

Concebir el éxito del amor, la historia feliz del amor, como una lenta evolución desde la rivalidad de dos egoísmos hasta la complicidad más perfecta entre ambos, puede parecer una declaración de cinismo.

Se trata, no lo olvidemos, de criaturas muy indigentes y muy propensas al error. Además de perecedera, la carne es opaca. La carne es lo que permite allegarse por un momento a los amantes, a la vez que los mantiene permanentemente distanciados; es como un tabique que separa dos celdas contiguas y a través del cual, por medio de unos golpes convenidos, se comunican los reclusos que en ellas están encerrados.

Siempre quedará en la persona amada un fondo de opacidad, un reducto inaccesible, porque las palabras humanas son equívocas o insuficientes. Dicho reducto, el amante tiende a considerarlo como una posible plenitud de intimidad, como una tierra de promisión hacia la que dirige sus pasos día tras día, ilusionadamente. No sabe que esa tierra es inalcanzable y es totalmente calcárea.

El amor mueve el Sol y las otras estrellas, es capaz de todo, menos de ser realista, porque no posee sentido de lo relativo. Por eso no evita las falsas ilusiones, y quien evita el engaño, evita el desengaño.

El amor permite perdonar setenta veces siete, alegra los corazones, parece que ponga bálsamo cuando en realidad pone sal. El amor es un arma, pero sólo defensiva. El amor es atroz, sublime. Está demostrado: el amor tiene magia, pero la tiene donde las avispas.

Dear Oscar-4

Dear Oscar-4

Dear Oscar:

Como buscador infatigable de la Belleza y el Arte, debiste encontrar la forma de seducir al público, y para ello tenías que invocar a la inspiración, esa esquiva musa que ilumina a los artistas. Pero ¿qué es la inspiración? ¿Cuándo y por qué estamos inspirados? Creo que hay tantas respuestas a estas preguntas como pintores, escultores, literatos o músicos, pues cada cual la siente a su manera.

No puedo sustraerme a la parte racionalista que domina mi cerebro y por eso opino que la inspiración es técnica, trabajo y equilibrio, aunque no por eso desprestigio al artista loco que fabrica locuras geniales.

Supongo que al artista, como persona que es, no deja de influirle el ambiente que le rodea, porque sería estúpido pensar que la inspiración depende exclusivamente de nosotros, la voluntad no es tan poderosa, mal que nos pese.

Sí, dear, la inspiración sigue siendo indefinible, tan indefinible como el Arte.

En esta época que me ha tocado vivir, el arte se ha prostituido, ya nadie persigue el Arte por el Arte (una de tus máximas aspiraciones). Hoy el mundo del arte está manejado por comerciantes, y todo lo que se vende y genera dinero, vale. Por eso nos encontramos con obras deleznables, con desaciertos estéticos, que encomiados debidamente por hábiles manipuladores al servicio del mercader de turno, adquieren la inmerecida categoría de Arte.

Mas a mí no me engañan, dear. No me dejo influir. El Arte no se explica, por eso no me sirven las valoraciones teoréticas ni las adulaciones: me conmueve o no me conmueve. Éste es el rasero particular con el que mido el Arte. Y es que todo aquello que resulta inspirado posee una contundencia rotunda contra la que no se puede argüir cerebralmente. Tus obras, por ejemplo, son muestra de ello.

Hasta pronto, dear.

María

Rebajas electorales

Este año las rebajas se adelantan al tradicional mes de enero. Estamos en precampaña electoral y el PP propone devolver a los españoles los beneficios del crecimiento económico y hacernos partícipes de cotas más altas de bienestar social. Como muestra de sus buenas intenciones se reducirá el impuesto de sucesiones. De aquí a cuatro años, cuando recibamos la herencia de un familiar, no tendremos que pagar nada al fisco. Con esta generosa medida quien más se beneficia es, como siempre, el rico, el que hereda capital y hacienda, un abundante patrimonio, porque lo que es los obreros, poco tienen que legar a sus descendientes, a no ser las letras de esa hipoteca vitalicia que les amarga la existencia.

Violencia sin causa

Una vida no vale nada, pero tampoco nada vale una vida, lo dijo Anatole France y estoy de acuerdo. Pero hacer lo que hace el presidente Aznar, negar que detrás de cada asesino que vuela un autobús escolar o dispara un tiro en la nuca hay algo más que fanatismo religioso, político o ideológico es reducir la cuestión del terrorismo a un problema sin salida. No se trata de ganarle la partida a quien asesina en nombre de una patria, un dios o una organización política, sino de analizar las causas del terrorismo, su caldo de cultivo, y atajarlo desde sus orígenes, no desde sus consecuencias.

La media naranja

Tengo una amiga que acaba de divorciarse y anda desesperada buscando su media naranja. La noto presionada por el imaginario social, por conseguir esa familia de anuncio televisivo: casa de ensueño con jardín, parejita de hijos, perro y fantástico coche a la puerta, aditamentos indispensables para disfrutar de la vida al lado del príncipe azul. Yo pienso que el amor es un invento cultural como tantos otros, ya que no se produce en ningún otro animal, y que tiene fecha de caducidad. En la fase de enamoramiento se ponen en marcha mecanismos de posesión que suelen desembocar en ataduras a largo plazo y estos lazos, por ser contrarios a nuestra natural inclinación, acaban rompiéndose. Vivimos constantemente presionados por nuestro instinto reproductor, que tiende hacia algo muy distinto del matrimonio, porque el matrimonio sólo sirve para la transmisión de la propiedad mediante la legalización de la prole. Buscar la media naranja es malsano y genera dolor. Todos somos una naranja completa. Hay que entender que nadie en el mundo acabará con nuestra soledad, nos dará la felicidad o cercenará nuestra libertad. Partiendo de estas premisas podemos afrontar las relaciones de pareja de una forma menos dañina.

Linchamiento popular

En 1999, en la Cala de Mijas, aparecía asesinada con ocho puñaladas en la espalda la joven Rocío Wanninkhof. En 2000 se detuvo a Dolores Vázquez como presunta autora de este crimen y, tras pasar 17 meses en prisión, un juzgado popular la consideró culpable condenándola a 15 años de cárcel, la sentencia fue anulada posteriormente ante el recurso presentado por la defensa que alegó "quebrantamiento de las garantías procesales".

El enfado visceral de la sociedad, la irreflexión del dolor y la presión de una madre afligida que exigía justicia, más bien que su ex compañera sentimental Dolores Vázquez pagara por lo que ella consideraba que había hecho, inclinaron la balanza del lado de los linchadores
El 20 de septiembre de 2003, un ciudadano inglés que estaba siendo investigado como sospechoso de haber dado muerte a otra joven, se ha confesado culpable también del asesinato de Rocío Wanninkhof en solitario.

Nunca existieron pruebas concluyentes que inculpasen a Dolores Vázquez, se la condenó con tan solo unas pruebas circunstanciales y la opinión pública en su contra. Ahora parece clara su inocencia. Esta mujer ha vivido una pesadilla durante tres años y todavía aguarda la repetición del juicio, que a estas alturas parece improcedente.

La Guardia Civil, el fiscal, el juez, la familia de la víctima, que fueron la acusación particular, y el pueblo enajenado que la condenó antes de ser juzgada, le deben a Dolores algo más que una disculpa. La justicia no funciona cuando actúa por venganza, y éste es un claro ejemplo de ello.

Por qué la guerra

Por qué la guerra

¿Por qué la guerra?, le pregunta Einstein a Freud. La respuesta es tremenda: "Porque la llevamos dentro desde antes de que estuviéramos erectos, porque el intento de sustituir el poder real -la fuerza- por el poder de las ideas, está condenado al fracaso.

Albert Einstein le escribió a Sigmund Freud desde Postdam, el 30 de julio de 1932. Estaba interesado en saber si existe alguna manera de librar a los hombres de la fatalidad de la guerra y Freud le respondió que a lo sumo "existe la posibilidad de frenar las ambiciones de aquellos que ven en la guerra, la fabricación y el negocio de las armas, una oportunidad de obtener ventajas personales, o sea, de ampliar la esfera de poder personal".

Freud no deja un resquicio para la esperanza de una paz posible. En su carta de respuesta a Einstein, fechada en Viena en septiembre de 1932, tras dos meses de reflexión, argumenta: "Los conflictos de intereses entre los seres humanos se solucionan mediante el recurso de la violencia. Así sucede en todo el reino animal del cual el hombre no habría de excluirse". "Se comete un error de cálculo si no se tiene en cuenta que el derecho fue originariamente la fuerza y que sigue sin poder renunciar al apoyo de la violencia". "El ser viviente protege en cierto modo su vida destruyendo la vida ajena". "La situación ideal sería naturalmente la de una comunidad de personas que hubiera sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón. Ninguna otra cosa podría llevar a la unidad más completa y resistente aunque se debiera renunciar a establecer lazos afectivos entre ellos. Pero con toda probabilidad, esto es una esperanza utópica".

Freud nunca ha sido santo de mi devoción. En la facultad de Psicología intentaron convencerme de que era una especie de dios y que sus teorías eran dogmas de fe. Llegué a la conclusión personal de que Freud creó el psicoanálisis con la esperanza de poder curar sus neuras. Siempre he pensado que la fuerza conductora de la vida mental no es el instinto sexual. La ciencia de la conducta incluye la evolución de sistemas biológicos como el cerebro, más los pormenores culturales y la biografía personal. Una teoría psicológica construida sobre el modelo de la física o de la filosofía clásica es un anacronismo. Freud unió todos esos aspectos bajo el control de la sexualidad: el niño que quiere poseer a la madre o al padre, la envidia del pene y la castración; el dominio o la sumisión de quien penetra y quien es penetrado; los niños traumatizados por las relaciones sexuales de los padres. No voy a negar la sexualidad infantil, pero para que a Freud le cuadraran sus teorías sobre el proceso emocional entre adultos y niños tuvo que investir al niño de ideas innatas sobre el sexo y se vio forzado a abusar de nociones como represión y simbolismo inconsciente. Precisamente la inadecuada unificación del aparato mental bajo el control del instinto sexual le costó a Freud su credibilidad básica.

Cuestiones psicológicas aparte, en algo he de darle la razón a Freud, y es en sus argumentaciones sobre la guerra. Ojalá en esto también estuviera equivocado y, con tiempo y esfuerzo, el hombre consiguiera despojarse de una de sus peores lacras: ejercer la violencia más cruel y despiadada con sus semejantes.

Extraño ser el hombre

Extraño ser el hombre

Extraño ser el hombre, que aumenta inútilmente su sufrimiento multiplicándolo con el miedo. Todo sufrimiento, como todo lo real, tiene un límite, pero el miedo, como todo producto de la imaginación, no conoce límites: es capaz de producir cualquier sufrimiento imaginable. El hombre tiene miedo a caer un día en la indigencia y ese mismo miedo lo convierte en indigente. Por temor a verse privado de lo necesario, acumula bienes que no necesita; esta acumulación acaba muy pronto alterando el equilibrio de la naturaleza y causando la escasez que él temía. Su único consuelo será entonces pensar: Yo tenía razón. Por supuesto, antes de que se produjera el desastre ha estado sufriendo constantemente, ya que el temor a un sufrimiento posible es un sufrimiento real.

Lo mismo sucede con nuestra ansia obsesiva de seguridad. Todos nos hemos dado cuenta de cómo ha crecido últimamente la industria dedicada a fabricar cajas fuertes, puertas blindadas, alarmas, detectores magnéticos, etc. Pero esto es sólo un episodio en nuestra historia o sólo una parte mínima del problema. Si hoy existen controles electrónicos, ayer había cinturones de castidad. En todos los tiempos, el hombre se ha sentido inseguro y ha exigido garantías, resguardos, precintos, documentos que legalizan otros documentos. Todo es absurdo y vano. Después de haber atrancado firmemente las puertas y ventanas de su casa, el hombre sigue tan vulnerable como antes, del todo indefenso ante sus peores enemigos, esos fantasmas que el miedo suscita en su propio corazón. Buscado obsesivamente la seguridad, ha terminado por vivir en un estado de constante alarma, es decir, de inseguridad.

Red de Mujeres Invirtiendo en Mujeres

Red de Mujeres Invirtiendo en Mujeres

La Red MIM (Red de Mujeres Invirtiendo en Mujeres) surge a principios del año 2001 como una estrategia del Programa de Desarrollo de Recursos (PDR) de Semillas.
Está conformada por mujeres donantes y por grupos de mujeres organizadas que requieren financiamiento y que comparten un objetivo común: mejorar la condición de las mujeres en México.

Las donantes invierten su dinero y las mujeres organizadas su esfuerzo, su tiempo y su liderazgo social en proyectos para transformar su condición de vida, la de su familia y la de su comunidad.

Sabemos que todas las mujeres poseemos recursos para contribuir al cambio social y que la Red MIM es una alternativa. Colabora.

Red de Mujeres Invirtiendo en Mujeres

El globo globalizado

Lejos de armonizar el mundo, la globalización lo ha fracturado en mil pedazos y se ha convertido en una cruz para los países subdesarrollados.

El modelo de economía neoliberal, potenciado y expandido por la globalización de su doctrina, fractura lo que toca. Fractura la política, el tejido social, las economías regionales, los países, el mercado y las condiciones laborales, las ciudades, la educación. Lo alarmante es que cada una de estas fracturas provoca una desigualdad atroz y creciente. Sin embargo, hoy en día, muchos de los teóricos positivistas de la globalización siguen hablando del mundo con el concepto de Marshall Mc Luhan de "aldea global". El eufemismo, como toda artimaña retórica, resulta poderoso y convincente puesto que una aldea remite a un imaginario de armonía, de justicia, de paz, de igualdad, de familia, de unidad, y sobre todo, de bienestar. Pero basta con mirar un poquito a nuestros vecinos del Norte para descubrir que el mundo está en las antípodas de ser una aldea, a no ser que sea una aldea africana o latinoamericana, en la que todos seguimos siendo esclavos de los mismos jefes de siempre.

Los pregoneros del libertinaje económico se han lanzado con toda su furia a convencer a los gobiernos sobre las virtudes de aplicar el modelo neoliberal. Y no importa si se trata de sociedades tan disímiles como las de Rumanía, Filipinas o Bolivia, todos deben hacer lo mismo, la receta es una sola: ajuste fiscal, privatización indiscriminada, apertura total del mercado interno, libertad a los movimientos de capital especulativo, reducción del estado, pago de los intereses de la deuda, desregulación del capital y del trabajo.

Esto lleva a que todas las sociedades se parezcan cada vez más, y a que los partidos políticos no se diferencien. A los partidos políticos sólo les queda el rol de legitimar frente al pueblo los paquetes de medidas que ya vienen armadas desde los mercados de capitales, y como todos los países tienen un déficit en su capacidad de ahorro interno y necesitan atraer inversiones para cumplir con sus metas, deben adoptar una receta ortodoxa. La lógica capitalista global asemeja a todos los partidos políticos así ganan las elecciones. Esto explica el descreimiento que hay hacia la clase dirigente y la falta de esperanza en un cambio: se sabe que el verdadero poder no está en el gobierno de turno.

La tremenda injusticia que provoca la desigual distribución de la riqueza es la consecuencia natural y previsible de este tipo de economía, ahora llamada con el inofensivo nombre de "economía social de mercado". La búsqueda del máximo de ganancia en la menor cantidad de tiempo y en la mayor cantidad de países, la ausencia de marcos regulatorios que permitan defender la economía nacional, y la presión leonina sobre cualquier intento de independencia productiva, han favorecido la concentración obscena del capital. Porque es hora de decirlo: nunca el mundo fue tan desigual como ahora, nunca tantos tuvieron tan poco, nunca el capitalismo mostró tan impunemente su verdadero rostro.

Qué es la Filosofía

Qué es la Filosofía

No se puede explicar qué es la Filosofía. La Filosofía es la que explica todo lo demás.
Se ha dicho que la verdadera filosofía, lejos de ser una materia más del conocimiento, es un modo de conocimiento sobre cualquier materia. Se hace filosofía cuando se hace historia filosóficamente, cuando se estudia economía filosóficamente, cuando se investiga el lenguaje filosóficamente. Todas las disciplinas se solapan y se implican mutuamente. También la filosofía puede ser considerada desde un punto de vista histórico, económico o lingüístico. Se trataría de distintos enfoques de la misma realidad. Son enfoques deliberados o al menos dictados inconscientemente por una formación o deformación profesional.
No interesa la Filosofía en sí misma, la Filosofía como tema, sino aquello que puede ser tema de Filosofía. ¿Qué es? Todo.

Sobre la risa

Sobre la risa

La risa tiene latitudes. De ese modo, quien quiere reírse en todas partes, ha de viajar con sextante, porque el humor, dependiendo del paralelo donde uno se encuentre, aparece unas veces bajo forma de conejo (Alicia en el país de las maravillas) y otras bajo el disfraz de un polichinela torpe (como sucede en la Comedia del arte). Aunque el problema no es siempre del ropaje del humor, en ocasiones el problema es una cuestión de cercanía o lejanía. En el cine, sin ir más lejos, el público, en general, se desternilla desde las primeras filas con las tonterías de Jim Carrey, mientras los críticos más sesudos, sentados en las filas traseras, sudan la gota gorda durante la proyección, para luego cargarse sus películas a base de compararlas con Chaplin o Keaton (qué tiempos aquellos; ya saben). ¿Será que cuanto más cerca se está de la pantalla, más posibilidades hay de reírse? Quizás. Lo cierto es que si uno quiere reír con las imitaciones de Cruz y Raya o de cualquier otro humorista, ha de conocer antes a los personajes imitados, es decir, debe estar familiarizado con ellos para sacarle verdadero rendimiento a lo que, de otra manera, difícilmente pasaría de ser una tontería, que por asociación puede llegar a transformarse en un chiste. Pero eso tampoco quiere decir mucho, porque no siempre salen los números en este tipo de axiomas. En un mismo edificio, los vecinos del tercero, personas de muy mala uva, se ríen de las tribulaciones de los del cuarto, que tienen una hija con leucemia en fase terminal; en este caso, y atendiendo a la teoría anterior, quien debería entonces reír a mandíbula batiente es la enferma, que es, al fin y al cabo, la que sabe si su enfermedad hace o no cosquillas. Así pues, ni demasiado cerca ni demasiado lejos; un término medio, un meridiano, sería lo mejor para solucionar este galimatías. ¿Será, por consiguiente, una mirada cercana sobre una presencia lejana lo que define el humor, la risa? Desde luego, uno prefiere no ser quien tropieza con las farolas, pero le encanta servir de observador, más cuando el accidentado es algún alma cándida que conoce, menos su pobre madre, claro.

Detener el muro

Se espera que sea la mayor apropiación de tierra desde 1967. El muro del Apartheid en su vigente proyecto permitirá que Israel controle la mitad de Cisjordania y se espera que su longitud alcance unos 650 kilómetros. El muro del Apartheid, al que se le refiere equivocadamente como la “valla de seguridad”, ya se ha adentrado 6 kilómetros dentro de Cisjordania y en algunas áreas puede llegar hasta los 16 kilómetros. El muro sigue firmemente un camino que asegura la máxima anexión de asentamientos y un control a gran escala de las tierras palestinas.

Te animamos a que te unas a nosotros hoy para ejercer tu influencia sobre el Estado de Israel y las demás partes involucradas, con la exigencia de que:
¡Se detenga y destruya el muro del Apartheid inmediatamente!
¡Se devuelvan las tierras robadas por el muro a sus propietarios palestinos!
¡Se detenga la ocupación!

Detener el muro

El arte de la Literatura

El arte de la Literatura

Por Literatura se entiende toda actividad estética escrita. La Literatura es arte, pero ¿qué es el arte?

Millones de personas leen libros, escuchan música, visitan museos, van al teatro. ¿Por qué? Si respondemos que van en busca de distracción o entretenimiento, la respuesta no basta. ¿Por qué entretiene o distrae penetrar en la vida y en los problemas de otro? ¿Por qué nos identificamos con un fragmento musical, con una pintura, con los personajes de una novela? ¿Por qué esa realidad intensifica nuestra realidad? Podemos contestar que queremos huir de nuestra existencia insatisfactoria para conocer otra más rica. Sin embargo, surge una nueva pregunta, ¿por qué no tenemos bastante con nuestra propia vida? ¿por qué nos incentiva algo que no es más que ilusión, juego, representación? Es evidente que el hombre aspira a ser algo más que él mismo, se rebela contra los límites de su propio yo. Sabe que sólo alcanzará la plenitud si toma posesión de las experiencias de los demás que pueden ser potencialmente suyas.

La Literatura tiene como misión modificar, transformar la realidad y proporcionarnos una emoción estética y placentera, lo mismo ocurre con cualquier otro tipo de arte. Por la vía de la racionalidad llega hacia la inteligencia reflexiva, y por el camino de la sensibilidad nos lleva hasta la experiencia sentimental.

El arte no puede ser físico, no puede construirse físicamente. Si tomamos como ejemplo la poesía, y renunciando a su deleite, nos ponemos a contar las palabras que la componen y a dividirlas en números y letras, al analizarla nos damos cuenta de que la rima, la métrica, el ritmo... no son factores determinantes del encanto o del deleite estético que nos puede producir. Por eso el arte no es físico, ni científico, ya que, si fuera así, podría producirse arte cuando se quisiera. Si hacemos un cuadro estudiado física y matemáticamente, buscando el cálculo científico de la armonía de colores y líneas, nunca será artístico, ya que la belleza pura no resulta aceptable para nuestra psique, como el agua pura no lo es para nuestra fise. Para que una obra sea artística no puede ser completamente perfecta o pura, ha de ser algo impura, al igual que para que el agua sea apreciada por nuestro cuerpo ha de contener alguna impureza.

El arte no es utilitario. Otra negación va implícita en la definición de arte como intuición, porque si el arte es intuición y la intuición vale como teoría en el sentido originario de contemplación, el arte no puede ser un acto utilitario. Un acto utilitario trata siempre de producir un placer y alejar un dolor; el arte, considerado en su naturaleza propia, no tiene nada que ver con la utilidad, o con el placer y el dolor como tales. Concederemos sin demasiada resistencia que un placer como placer, que un placer cualquiera, no es por sí mismo artístico. No es artístico el placer de beber un vaso de agua que nos clama la sed, pongamos por ejemplo. Hasta en las relaciones entre nosotros y las obras de arte, salta a los ojos la diferencia entre placer y arte, una obra puede ser muy querida para nosotros y ser horrible, o viceversa, una obra puede ser bella y resultar odiosa para nuestro corazón. Pero ¡ojo! no hay que olvidar que una cosa es que el arte, para serlo, no sea utilitario, y otra muy diferente es que lo utilitario no pueda ser artístico, al margen de su utilidad. Por ejemplo: un aguamanil árabe es utilitario y puede ser, y suele ser, una auténtica obra de arte.

Otra de las negaciones que hacemos al definir el arte como intuición es que sea un hecho moral. Y en verdad, el arte no nace por obra de la voluntad; la buena voluntad que caracteriza al hombre honrado nada tiene que ver con el artista. Una imagen artística podrá ser un acto moralmente laudeable o censurable; pero la imagen artística, como tal imagen, no es ni laudeable ni censurable moralmente. No existe código penal que pueda imponer una pena o una sanción a ninguna imagen: juzgar inmoral a la Francesca de Dante o moral a la Cordelia de Shakespeare, que tienen una mera finalidad artística, es como juzgar moral un cuadro o inmoral una escultura. Lo artístico siempre está al margen de lo moral, es otra cosa.

La mayoría de nuestros conceptos equivocados sobre arte surgen de la falta de rigor en los términos arte y belleza. Siempre sacamos la conclusión de que todo lo hermoso es artístico, o que todo arte es hermoso, y como contrapartida, todo lo que no es hermoso no es arte, para llegar a establecer, por último, que la fealdad es la negación del arte. Enseguida llegaremos a la demostración del absurdo, pues un cuadro que representa una mujer hermosa o bella puede ser horrible y, por el contrario, un cuadro que representa una mujer fea puede ser una obra de arte. Esta identificación entre arte y belleza aparece como fondo en todas las dificultades que experimentamos para apreciar el arte, incluso entre personas de aguda sensibilidad para valorar las impresiones estéticas en general. En consecuencia, esta conclusión actúa como un censor inconsciente en aquellos casos en que el arte no es obligatoriamente belleza. No siempre puede hacerse corresponder arte y belleza, sin embargo, nosotros pensamos que para que una obra pueda ser calificada de arte, tiene que reunir un mínimo, un límite de belleza.

Llega el momento de la verdad, el de las conclusiones, y definir un concepto abstracto como la verdad, el amor, la belleza o la inmortalidad es un problema peliagudo, de manera que la definición más ajustada de lo que es Literatura sería: Literatura es aquello que todo el mundo sabe lo que es, y que nadie sabe lo que es.

Vanidad

Vanidad de vanidades, todo es vanidad. Y nadie es inmune a ella. Los maestros espirituales distinguen entre la necedad, que cree saber lo que ignora; la jactancia, que se finge sabia acerca de lo que no sabe, y la falsa modestia, que se finge ignorante acerca de lo que sabe.

La vanidad se las arregla para que todo redunde en beneficio suyo, es un fenómeno universal, una cualidad común entre la especie humana. Unos se envanecen de su talento, otros de su linaje, otros de sus destrezas, otros de su honradez, otros de sus padres, otros de sus hijos, otros de su belleza, otros de su juventud, otros de su humildad... El vanidoso tiende a convertir en estandartes sus propios harapos.

Todo debe ser juego

Se dice que el juego y la risa fueron las dos únicas cosas que Adán pudo sacar del Paraíso. Yo diría que también algún hueso de melocotón escondido en el bolsillo. Es indudable, en el principio era el juego. Sabemos perfectamente que la cultura humana ha nacido y progresado a partir del juego. El juego es un ejercicio exploratorio, aleatorio, abierto al futuro. Todas las conquistas culturales, desde el álgebra hasta la gramática, poseen una raíz lúdica. El sentido profundo de la liturgia la define exactamente como un juego delante de Dios: ludendus coram Eo. Por lo demás, bastaría coger un diccionario etimológico para convencernos enseguida de que el elemento lúdico está presente en innumerables momentos de nuestra vida: el engaño es una "ilusión", el "lubidrio" es un juego cruel, "eludir" significa escapar jugando y "aludir" significa bromear con alguien; etcétera, etc. En francés jouer, en inglés to play, en alemán spielen, son verbos que significan, en general, jugar; en concreto, pueden significar lo mismo ejecutar una música que representar una obra de teatro, y también manejar, recurrir a, valerse de. En castellano, al hecho de participar en algo lo llamamos entrar en juego. ¿Qué se deduce de esta curiosa polisemia, de esta multiplicidad de sentidos? ¿Es solamente pobreza de vocabulario? Una vez más el lenguaje demuestra una vieja y hondísima sabiduría, la misma certera intuición que condujo a los hombres a emplear una única palabra para referirse a cosas aparentemente tan dispares como el amor humano y el amor divino, esperar algo y esperar en alguien.

Toda actividad humana digna de tal nombre posee un carácter lúdico. Sería una equivocación o una restricción lamentable reservar la denominación de juego únicamente para esas pausas de nuestra jornada laboral durante las cuales practicamos algún tipo de esparcimiento; su designio más esencial consiste precisamente en impregnar de sentido todo lo que hacemos a lo largo del día. Es lo mismo que predican los maestros espirituales acerca de la oración: la recitación de ciertas plegarias, el ejercicio periódico de la meditación, están destinados principalmente a crear en el alma una actitud de oración continua, incesante, ininterrumpida. Se trata, en uno y otro caso, de que la repetición de unos mismos actos llegue a transformarse en actitud permanente. En resumen, todo debe ser oración y todo debe ser juego. Resumiendo aún más, todo debe ser juego.

Insisto, lejos de constituir un paréntesis de descanso con vistas a la reanudación del trabajo, el juego representa nuestra actividad básica, el paradigma sirve de criterio para calificar o descalificar las restantes actividades. Por eso, más que interrumpir nuestras labores, el juego viene a cuestionarlas de raíz, a poner en entredicho su pretendida seriedad. Anticipo ya que el juego cumple respecto al trabajo la misma función que cumple el humor respecto a la totalidad de nuestra vida, sometiéndola a una crítica radical incesante. En el principio era el juego. El homo ludens es anterior al homo faber, es el prototipo que revela al hombre su destino primordial, un destino anterior y superior. Los creyentes lo tienen muy claro: se trata de recuperar la significación que tuvo el trabajo antes de que el hombre se extraviase y prevaricase, cuando todo consistía en "cultivar el Jardín".

Podemos decir que el juego constituye la actividad improductiva por excelencia. Lo cual, lejos de suponer un reproche, significa su mayor alabanza. Efectivamente, equivale a definir el juego como actividad autónoma y soberana, en cuanto que representa un fin en sí mismo y no un medio para la consecución de otros fines. Esto apenas puede entenderse hoy, pues vivimos en un mundo desquiciado donde el criterio de utilidad prevalece absolutamente. La primera pregunta acerca de una cosa es para qué sirve. De ahí pasamos enseguida, insensiblemente, a hacer la misma pregunta referida a las personas; la valía de un hombre, como la de cualquier otro utensilio, se medirá por su índice de rendimiento. Ser significa ser útil. Saber significa saber manipular. Algo ocurre en el alma de un niño el día en que deja de preguntar ¿qué es esto? y empieza a preguntar ¿para qué es esto? Todo tiene que servir para algo. Ya se percató de ello Pangloss: la nariz está hecha para llevar las gafas. Yo misma sentí un gran alivio cuando me di cuenta de que la corbata sirve para limpiar las gafas. ¿Y la risa? La risa sirve para activar el diafragma. ¿Y el juego? El juego sirve para relajar la tensión, para descargar de manera inofensiva nuestra agresividad, para satisfacer aquellos deseos que, no pudiendo ser satisfechos realmente, lo son mediante simulacro o ficción.

Vivimos en un mundo desquiciado y desgraciado, verdaderamente. Los alicates son útiles, y también las leyes de la métrica, las técnicas de oración y las reglas de juego. Pero el juego, la oración y la poesía son perfectamente inútiles. Los valores más importantes de la vida no tienen utilidad, no pueden tenerla, ya que esto supondría que están al servicio de otros valores. No tienen utilidad, tienen sentido. Es menester proclamarlo bien alto: ni el juego, ni la oración, ni la alegría, ni el amor, ni la contemplación estética, sirven para nada.

Qué es la Filosofía

No se puede explicar qué es la Filosofía. La Filosofía es la que explica todo lo demás.

Se ha dicho que la verdadera filosofía, lejos de ser una materia más del conocimiento, es un modo de conocimiento sobre cualquier materia. Se hace filosofía cuando se hace historia filosóficamente, cuando se estudia economía filosóficamente, cuando se investiga el lenguaje filosóficamente. Todas las disciplinas se solapan y se implican mutuamente. También la filosofía puede ser considerada desde un punto de vista histórico, económico o lingüístico.

Se trataría de distintos enfoques de la misma realidad. Son enfoques deliberados o al menos dictados inconscientemente por una formación o deformación profesional.
No interesa la Filosofía en sí misma, la Filosofía como tema, sino aquello que puede ser tema de Filosofía. ¿Qué es? Todo.

Descartes era un hombre complicado. Los hombres son complicados. Ciertamente, hay quienes terminan por reconocer que la verdad es simple, pero siguen sosteniendo que el único método seguro para llegar hasta ella es dando muchas vueltas. De hecho, sólo a través de un laborioso razonamiento llegó Descartes a enterarse de que existía. Casi al final, minutos antes de expiar o de acceder al plano del humor, creo que aún no daba su brazo a torcer: ha valido la pena, decía, filosofar toda la vida para convencerse de que filosofar toda la vida no valía la pena. Efectivamente, un largo viaje de Madrid a Barcelona pasando por Caracas.

Practiquemos la espeleología

Os invito a que practiquéis alguna vez esta clase de deporte, muy relacionado con la espeleología. Se trata de ahondar en la propia conciencia. Primero hallaremos el estrato de nuestros actos más recientes, luego otros actos inmediatamente anteriores que influyeron en éstos, después las intenciones que de forma directa los inspiraron. Sigamos descendiendo. Enseguida descubriremos que por debajo de dichas intenciones había otras más profundas que en cierto modo quedaban enmascaradas. ¿Las reconocéis como vuestras? Aunque pasaron inadvertidas a la hora de actuar, no por eso dejaron de influir en nuestra conducta. Si no se hicieron presentes a nivel de conciencia fue porque estaban más arraigadas y mejor asimiladas que aquellas otras razones superficiales que aparentemente nos movían. Enfoquemos ahora la linterna hacia esa zona del alma nunca visitada. Continuemos bajando. Cada estrato geológico significa un juicio de valor sobre el anterior. Pero he aquí que en cierto momento, inevitablemente, surge una sospecha: si entonces existieron motivaciones ocultas y desconocidas que nos impulsaron a obrar de cierta manera, ¿no existirán también ahora otras razones, igualmente ocultas y desconocidas, que nos impulsen a enjuiciar aquéllas de cierta manera? Es como un proceso sin fin, dentro del cual el sujeto observador pasa a ser inmediatamente un objeto observado. Es como un juego inacabable de muñecas rusas. Se tiene la impresión de que un psicoanalista profundiza poco más que un dermatólogo. Vamos quitando capas y más capas, vamos alcanzando nuevas cotas de profundidad, ¿y qué conseguimos con ello? ¿Acaso la cota número 7 es más verdadera que la cota número 6? ¿Dónde está la verdad? Los griegos hablaban de la verdad como alétheia o revelación, como una operación consistente en ir retirando velos. ¿Y si la conciencia fuera igual que una cebolla, compuesta nada más de sucesivas capas? Los puristas del amor se empeñan en limpiarlo de toda adherencia, suprimiendo cuanto haya en él de atracción sexual, gratitud, costumbre, alianza contra terceros, miedo a la soledad, etc.; al final ¿qué nos queda en las manos? El amor ¿es la resta de todo esto o es más bien la suma de todo esto? Después de bajar a la cota de conciencia número 18, una acaba preguntándose dónde estará exactamente la verdad, si en la cota 238 o tal vez en la 239.

Ni siquiera los más viejos del pueblo saben dónde está la verdad. Es una recomendación galante y caritativa: debemos comprender cada vez más y juzgar cada vez menos. Incluso habría que tratar de comprender a los jueces y no juzgarlos. Que tire la primera piedra contra la adúltera quien nunca ha adulterado su corazón; de acuerdo, pero también que tire la primera piedra contra los jueces quien nunca ha tenido la osadía de juzgar a su prójimo. En este sentido, la única actividad legítima sería la que desempeña un confesor: su misión es absolver; sólo debe juzgar sobre la sinceridad del arrepentimiento, y para ello tiene que creer al penitente, tiene que atenerse a su palabra. Alguien dijo que comprenderlo todo equivaldría a perdonarlo todo. Yo pienso que lo más parecido a comprenderlo todo es reconocer que no comprendemos casi nada.

La fe cristiana

La religión católica está cimentada en el sufrimiento, el dolor es el camino que conduce a la liberación del alma. Cuanto más suframos en esta vida, mayor será nuestra recompensa en el cielo. La amenaza del pecado y del fuego eterno planea sobre la vida del creyente y convierte su existencia en una vida estrictamente reglamentada donde queda poco margen para la libertad de acción. La imagen de Dios está representada por un hombre crucificado, torturado. Todo gira en torno al eje del dolor.

La fe es el argumento que impide desertar a los cristianos, la fe y esa promesa de más allá, de gloria eterna, que aguarda tras este valle de lágrimas. Para gozar, hay que morir.

Dios es un juez inapelable, el que rige los destinos de los hombres, el ojo eternamente avizor que todo lo ve, nada se le puede ocultar. ¿Quién puede ser feliz bajo estas premisas? No se es libre ni para pensar, pues también con el pensamiento se peca. El cristiano esta muerto en esta vida y vive con la esperanza de resucitar en la otra.

Las definiciones de Dios son confusas y contradictorias. Dios es paciente, bueno, misericordioso, justo, sabio. Dios es colérico, implacable, impasible, cruel.

La fe del hombre en Dios significa fe en lo humanamente imposible.

Disquisiciones sobre Dios

¿Dios existe? Los ateos lo niegan ateniéndose a la más estricta evidencia, y es que Dios, más que aparecerse aquí o allí, prefiere transparentarse en todas partes para quien tenga los ojos bien abiertos: las epifanías son muy raras, la diafanía puede ser constante. Es cierto que alguna vez se ha aparecido en forma de mendigo, de luz deslumbrante, de aerolito... es su modo predilecto de evadirse de esa ubicuidad teórica y aburrida a la que le han relegado los teólogos. Pero de ordinario, ya digo, prefiere ir de incógnito. No me sorprendería nada que se esmerase en borrar sus huellas o trucar las apariencias, estoy convencida de que haría cualquier cosa para desorientar a sus perseguidores.

Visible o invisible, Dios controla siempre la situación y sabe cómo proceder con los humanos para traerlos a mandamiento. Lo mismo se vale de un escapulario, o de un fracaso amoroso, de una catástrofe aérea, de un terremoto o de una promesa de vida eterna. Para evitar ciertos pecados ni siquiera ha de intervenir personalmente, le basta con atizar la rivalidad que existe entre los enemigos del alma haciendo que se neutralicen dos vicios de signo contrario: por pereza solemos renunciar a nuestras intenciones de venganza. Otras veces, sin embargo, Dios debe actuar de manera directa, pues, como es sabido, el diablo ejerce una fuerte seducción en los humanos. Frente a estas habilidades de su adversario, Dios sólo dispone de su omnipotencia. De ahí que, para ganarse a la gente, tenga que emplear de vez en cuando medidas excepcionales, como hizo con Jonás: en vez de obtener su alma con demostraciones sobrenaturales, lo tiró al mar e hizo que lo secuestrase una ballena y lo llevase a donde Él quería; o en el caso de los israelitas, que para ir de Egipto a Canaán, un trayecto que de ordinario costaba quince días, tardaron cuarenta años, con lo cual quedó demostrado que el Éxodo es el camino más largo entre dos puntos.

Dios le concedió al hombre la libertad y normalmente suele respetar las reglas del juego. Todos sabemos que la libertad es fuente de muchos males, de muchas equivocaciones y extravíos, ya de suyo presupone el mal, lo presupone como alternativa posible. ¿Y no es la posibilidad del mal un verdadero mal? Dios no opina así, puesto que prefirió hacer libres a sus criaturas. Esto significa, obviamente, que la libertad, aun con la posibilidad de todos los males, es preferible a la falta de libertad. Entonces cabe preguntarse por qué demonios (uy, me temo que la expresión no es muy afortunada tratando de Dios) por qué demonios, decía, Dios quiso que el hombre fuera libre. Veámoslo con su lógica. Si Dios quería ser amado por el hombre, no tuvo más remedio que darle la libertad. Sólo un ser libre puede amar verdaderamente, ya que para amar es preciso poder dejar de amar. Sin libertad el hombre sería una marioneta y Dios tendría que tirar de los hilos y hacer de ventrílocuo: Amo a Dios, amo a Dios. Dios desea ser amado de verdad. Dios desea de verdad ser amado. Y decir que a Dios no le importa ser amado equivale a decir que Dios no ama. Aunque, efectivamente, Dios no ama a quien le es indiferente que su amor sea correspondido o no. No entraré a debatir ahora sobre las promesas de vida eterna que pudieran condicionar de alguna manera el amor a Dios, porque el amor, si es sincero, no requiere de tales estímulos.

Dios, repito, suele respetar las normas del juego. Su misericordia no contradice propiamente a su justicia, al contrario, la hace más comprensiva, más clarividente, más justa en definitiva. Curiosamente, muchas personas llegan a atribuir a Dios lo que no atribuirían nunca a ningún hombre medianamente bueno: el resentimiento y la voluntad de desquite, el deseo de venganza contra los pecadores, el propósito de enviarles la muerte cuando se hallen en estado de impenitencia. Pero, desde luego, Dios es omnipotente, puede hacer un triángulo con menos de tres lados; es el Creador, tan buen arquitecto que edificó el mundo sobre el vacío; es íntegro e imparcial, y, no obstante, se deja sobornar por una lágrima o una jaculatoria; es impasible, no le afecta ni el gélido invierno ni el verano asfixiante; es omnipresente, pero, de vez en cuando, se deja localizar; es eterno, qué duda cabe, pero le gusta celebrar su cumpleaños; Dios sufre con los pobres, se enoja con los ricos, se alegra cuando recupera a un pecador.

Dios es perfecto, absolutamente perfecto, pero lo es en la medida de nuestro concepto de perfección y de todos los otros conceptos que hemos forjado para Él. Nosotros le hemos dado sus atributos, su trascendencia, su dignidad. Nosotros hemos diseñado a Dios con unas argumentaciones tan consoladoras como legítimas, hemos elaborado una ingente y meritoria obra teológica, basada en la revelación divina, pero ¿qué son las palabras de Dios comparadas con sus silencio? El silencio de Dios es el galardón irónico y precioso con el que se topan los esfuerzos de tantos teólogos de buena voluntad.