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Hablamos de la Inseguridad Social

Tiene un año de vida y el hospital Santa Caterina de Girona parece que está gafado. La cosa empezó con unos guardias de seguridad que fueron denunciados por pegar y robar a un paciente, siguió con unas ratas que encontraron casa en el departamento de Maternidad y en el de Radiología, hay que decir que una de las ratas que rondaba por la maternidad estaba embarazada, ahora es una plaga de cucarachas la que añade un punto de exotismo y singularidad al centro, que no contento con su fauna de simios y roedores, suma los coleópteros para que no falte de nada.

El señor delegado de Sanidad dice que una plaga de cucarachas en un hospital no es un problema sanitario, las ratas ni las menciona. Y es que todos los animales somos hijos de Dios, y si una mujer va a parir a la maternidad, ¿por qué no puede parir allí también una rata?, ¿es que tiene menos derechos? Si un paciente se encuentra una cucaracha en la bandeja de su comida es porque la sanidad pública está a la última en tendencias gastronómicas, ¿o es que hay alguien que aún no se ha enterado de que comer gusanos, insectos o escorpiones es de lo más chic? Por no decir que el caprichito cuesta un huevo de la cara. Pero en vez de agradecer el detalle, el paciente protesta porque ha encontrado un bichito corriendo por su ensalada, y es que la gente se queja de todo.

Perfeccionismo obsesivo

Cuentan de Pierre Bonnard, el gran pintor y artista gráfico francés y uno de los líderes del movimiento impresionista, que su perfeccionismo obsesivo le hacía burlar la vigilancia de los museos donde se exponían sus cuadros y pertrechado con una cajita de pinturas y unos pinceles, retocaba sus obras cuando no podía ser visto.

Sófocles se vanagloriaba de su esfuerzo creativo al afirmar que la composición de tres versos podía costarle hasta tres días de trabajo. A lo que Alcesto, un poeta joven que no llegó a triunfar, le replicó en cierta ocasión: “En ese tiempo yo he escrito trescientos”. La respuesta del dramaturgo fue digna de un genio: “Lo creo, pero los tuyos sólo durarán tres días, en tanto que los míos serán eternos”.

Enérgico, inflexible, dominante, intransigente, perfeccionista, autocrítico, exacto y enemigo tanto de la mediocridad como de la rutina son algunos de los calificativos con los que se define la personalidad de Toscanini, el mago de la batuta. Famoso por sus feroces demandas artísticas, una naturaleza casi dictatorial y terribles ataques de rabia, preparaba a sus cantantes compás por compás. Aquel constante estado de hipertensión con el que trabajaba se reflejó en la vehemencia de sus versiones y en la intensidad casi eléctrica de sus más finas interpretaciones.

Del actor Jeremy Irons dicen los críticos que interpreta a sus personajes con un perfeccionismo infinitesimal.

El perfeccionismo le valió a Thomas Mann un premio Nobel, 17 doctorados "honoris causa" y el título de frío.

Gracias a una férrea autoexigencia profesional, a su perfeccionismo casi enfermizo y a sus cualidades vocales, María Callas se hizo mundialmente famosa por alcanzar el bemol, es decir, la nota más alta que registra la voz humana, su versatilidad y agilidad vocal características la convirtieron en la soprano absoluta. El realizador y artista italiano Franco Zeffirelli dijo de ella: “En todas las profesiones hay seres que no aceptan compromisos, que se fijan como regla la máxima exigencia, personas para las que el mundo o es perfecto o no es nada, para las que las cosas son blancas y negras. La Callas era de esa clase de gente, es decir, un genio. El genio es intolerante y sublime. Quería ser artista, la artista absoluta. La Callas era de una sola pieza, un bloque de granito. Su búsqueda de la perfección le impedía tener marido, hijos, tener otra vida que la de su arte”.

Tras cada artista de talento hay una persona que se distingue por estar excesivamente pendiente de no cometer errores en sus actividades, que se exige mucho y posee una enorme sed de conocimiento, que está dotada de una gran intensidad emocional, sensibilidad y empatía; que es perfeccionista y autocrítica; que tiene una inagotable curiosidad, capacidad creativa y tenacidad. "No existe un perfeccionista feliz. Se sabría", escribe la psicóloga francesa Marie Haddou en su libro Basta de agobios. Según ella, el perfeccionismo genera insatisfacción, decepción y frustración. Sentimientos que imposibilitan la paz interior y se desvían de la felicidad. Yo prefiero el criterio de Augusto Monterroso, él piensa que el perfeccionismo lleva a la máxima sencillez y por tanto a la máxima claridad, y suelo aplicarme la regla número nueve de su decálogo del cuentista: "Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor". Por eso sé que mientras viva escribiré. No me importa si publico, si gano premios literarios, si me reconocen por ello o no. No pretendo nada de la literatura, sólo hacerla. Ojalá pudiera exhibir ingenio, brillantez y talento, porque estoy sometida a un tirano difícil de complacer y a menudo me flagelo con el látigo de la perfección. Al revisar un escrito, de forma invariable, opino que no he explotado por completo mi capacidad, que he desperdiciado mi potencial, que empleo sólo la mitad de mis facultades al crear. Me mortifico pensando que soy demasiado escueta o demasiado densa, dudo sobre enfoques, contenidos, acerca de la psicología de los personajes y la organización de la trama. Siempre considero que es posible una mejora, por eso soy consciente de que nunca llegaré a ser una escritora consumada ni consumida por la masa. Mi autoestima artística sube y baja en ciclos consecutivos que me obligan a continuar aprendiendo hasta alcanzar el virtuosismo del arte sublime, y entre tanto continúo fustigándome, porque en el fondo reconozco que disfruto con esto, debo ser masoquista.

Mujeres afganas somo todos

Cuesta creerlo a pesar de las evidencias, pero es tristemente cierto, nos hemos olvidado por completo de las mujeres afganas. En septiembre de 1996, los talibán entraban victoriosos en la capital de Afganistán, Kabul, y acabaron así los seis años de guerra civil que siguieron a los doce de guerra con Rusia. Entonces, las mujeres perdieron absolutamente todos sus derechos, no podían trabajar, no podían estudiar, no podían salir a la calle si no iban acompañadas de algún miembro masculino de su familia… Pero casi lo peor de todo fue la implantación del uso obligatorio del burka: un manto que cubre la totalidad de su cuerpo, con una única abertura a la altura de los ojos que está protegida por una reja de hilos entretejidos, y que condenaba a la mujer a ser un fantasma sin identidad. En el verano de 1997, un nuevo reglamento prohibió a las mujeres usar maquillaje, aunque nadie pudiera percatarse de este detalle bajo tan siniestro atuendo.

La educación de niños y jóvenes se paralizó, porque las niñas no podían asistir a la escuela, pero los niños se quedaron sin maestras al ser la mayoría de docentes mujeres.

 

Miles de mujeres murieron, porque como ya he mencionado, se les prohibió salir a la calle sin la compañía de un familiar varón, algo muy difícil de conseguir, pues dos décadas de guerra habían dejado más de dos millones de muertos entre los hombres que combatieron en el frente. Así que las mujeres fueron condenadas a muerte, murieron de inanición tras los muros de adobe de sus casas, sin poder salir a la calle para comprar, sin poder trabajar para ganar un jornal.

Los hombres también se vieron afectados por el régimen talibán, se prohibió el cine, la televisión, la música y el baile. Su única diversión era salir a pasear por un país en ruinas y sumido en la miseria o asistir a la madrassa: escuela coránica talibán.

La vida de una mujer afgana vale menos que la de una gallina y a nadie parece importarle. Hemos perdido la dignidad y nos hemos convertido en culpables por omisión de un delito vergonzoso. Aceptamos vivir en un mundo donde la barbarie cotidiana aplicada a las mujeres no nos importa. Aceptamos sin rubor que la palabra machista sea algo más que un adjetivo y que el machismo se convierta en una forma delirante de ver la vida.

Cuesta imaginar que situaciones tan inhumanas se vivan a un tiro de piedra de nosotros, hoy. Cuesta hacerse a la idea de que un régimen como el talibán recibiera el apoyo militar y económico de los Estados Unidos, que consideró a estos individuos “luchadores por la libertad”. Luego la situación cambió, y después de años en los que la sociedad internacional calló y miró hacia otro lado para no ver el exterminio sistemático por hambre, las violaciones o la pena de muerte que acabaron con centenares de miles de mujeres afganas, el mundo tomó conciencia de lo que ocurría en Afganistán tras los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York. Los talibán osaron desafiar al tío Sam ofreciendo refugio a Osama Bin Laden, ex asalariado de la CIA. Ahora Afganistán tiene una “democracia”, pero la situación de las mujeres sigue siendo la misma que en tiempos de la recalcitrante dictadura.

Es una fracción microscópica transportada en la cabeza de un espermatozoide la que marca las diferencias. Es el azar quien determina si el cromosoma XX o XY marcarán la vida de una persona. Somos todos nosotros los que decidimos respetar o no la peculiaridad de cada ser humano.

Malos presagios

No quisiera parecer aguafiestas ahora que todos estamos tan contentos por el feliz acontecimiento acaecido en el reino, entiéndase, natalicio de la infanta Leonor. Pero si nos remontamos en el tiempo, podremos encontrar un antecedente que le augura a la criatura un futuro nada halagüeño.

Hubo en España otra infanta Leonor, primogénita real, que no llegó a reinar. Su padre también se llamaba Felipe, Felipe el Hermoso, y su madre era Juana la Loca. A Leonor se le escapó el trono de las manos y fue a parar a su hermano pequeño Carlos.

 

Para evitar que se repita la injusticia, ya se alzan en España democráticas voces que abogan por que prevalezca la igualdad. Igualdad que, en este caso, significa que tanto el hombre como la mujer puedan reinar, siempre y cuando se apelliden Borbón, obviamente.

 

Si de verdad se pretende democratizar la monarquía, la mejor opción sería abolir la actual y que previo sorteo ante notario a cada español le correspondiera el honor de ser rey o reina por un día. Claro que mi opinión no es imparcial, yo soy republicana y no veo la necesidad de perpetuar una monarquía a estas alturas de la vida.

Una vez más, botín de guerra

La violación de mujeres de la población enemiga sigue siendo una de las armas de guerra más usadas. Las mujeres iraquíes no son una excepción.

Según cita Abdul Wahab al-Obeidi, Asociación de Derechos Humanos (Bagdad): "Fuentes médicas de la ciudad de Tal Afar han informado de la violación de tres mujeres en la mañana del domingo, 16 de octubre durante la ocupación y registro de las casas del vecindario de Saad Bin Abi Waqqas. Médicos de esta ciudad han atendido a las mujeres S.A.O., de 22 años, L.K.J., de 31, y F.N.A., de 18, violadas dentro de sus propios domicilios por soldados estadounidenses; una vez que efectivos militares hubieran rodeado todo el vecindario y concentrado a sus residentes masculinos. Una de ellas murió como resultado de la agresión, tras haber sido violada repetidas veces por los militares".

Fuentes médicas de la ciudad de Tal Afar, que están siendo los únicos testigos de la brutalidad de los bombardeos y asaltos de las fuerzas estadounidenses e iraquíes de la Guardia Nacional contra esta ciudad, han informado de la violación de tres mujeres en la mañana del domingo, 16 de octubre durante la ocupación y registro de las casas del vecindario de Saad Bin Abi Waqqas de la mencionada localidad. Fuentes iraquíes del interior han remitido, tras contrastarla, esta denuncia a la CEOSI.

La denuncia fue recogida inicialmente por un corresponsal de Islamic Memo, quien ha indicado que un médico de la ciudad, que deseaba mantener su anonimato, había atendido a las mujeres. El médico informante ha señalado que una de las tres mujeres murió como resultado de la agresión, tras haber sido violada repetidas veces por soldados estadounidenses; las otras dos mujeres fueron ingresadas en el hospital con restos de sangre y contusiones por todo su cuerpo.

La agresión ha sido confirmada por fuentes del Creciente Rojo Iraquí de la zona consultadas por Arab Freedon Voice. Un médico de esta organización ha añadido que un comandante estadounidense de Infantería hubo de cursar órdenes para evitar la continuación de las agresiones sexuales contra las mujeres del barrio, y que habría procedido a la detención de los soldados implicados.

Teléfono móvil

La tercera generación de móviles no arrasa en el mercado. La gente no lo valora. La videollamada no seduce al usuario, y no es porque para efectuarla se requieran unos conocimientos técnicos de escuela superior, ni por su precio excesivo, ya nos hemos acostumbrado a pagar unas tarifas telefónicas abusivas. La gente prefiere la intimidad, no quiere que nadie le vea con los ojos llenos de telarañas antes de desayunar, sin maquillaje, con el pijama de felpa comprado en el mercadillo o comiendo palomitas tirado en el sofá. La videollamada es una invasión del espacio vital más íntimo. ¿A quién le gusta que le pillen por sorpresa en un lugar donde no le interesa que le vean? La gracia del teléfono es que te permite fingir, puedes mentir sin que el gesto te delate, puedes manifestar interés por los problemas de tu interlocutor mientras resuelves un crucigrama, puedes ocultar tu bostezo de mortal aburrimiento. En suma, puedes mantener tu mundo lejos de las miradas ajenas.

Desde Silvaplana

Cuando uno se coloca como Nietzsche en la agreste Silvaplana, a “seis mil pies del hombre y del tiempo”, en la lejanía, casi sideral, los asuntos trascendentales de la vida no son más que el minúsculo e irrisorio ajetreo del hormiguero. Los contornos se  borran, las formas se confunden, todo se anula y pierde sentido. Así, los acontecimientos en apariencia revolucionarios muestran no ser más que una inútil y monótona repetición de la historia. Las apariencias engañan y la vida es, en realidad, una desolada parábola sobre lo absurdo e ilusorio de poderes y ambiciones. El distanciamiento empequeñece los grandes anhelos y nos muestra su radical insignificancia.

El arte de tener razón

El arte de tener razón es un opúsculo que Schopenhauer dejó escrito en una versión casi definitiva y que no llegó a publicar. El texto manuscrito consta de ocho folios, más un folio adjunto y otros dos medios folios, en total 44 páginas; está encuadernado y se encuentra en la obra póstuma del filósofo. La obra carece de título, aunque el autor se refiere a ella como Dialéctica erística y Bosquejo de lo esencial en toda discusión, y la primera vez que se publicó, en 1864, apareció con el título de Eristik.

Schopenhauer explicó las razones por las que desistió de publicar el opúsculo ya prácticamente concluido: “Recogí, pues, todas las estratagemas de mala fe que tan frecuentemente se utilizan al discutir y expuse claramente cada una de las mismas en su esencia más propia, aclarada mediante ejemplos y designada por un nombre propio, y añadí finalmente los medios que se pueden aplicar contra ellas, lo que podríamos denominar las paradas contra estas fintas, de lo cual resultó una verdadera dialéctica  erística […]. En la revisión que he emprendido ahora de aquel antiguo trabajo mío ya no encuentro adecuado a mi temperamento el examen exhaustivo y minucioso de los subterfugios y ardides de los que se sirve la naturaleza humana común para ocultar sus faltas, por lo que lo dejo a un lado. […] He recopilado y desarrollado pues, unas cuarenta estratagemas semejantes. Pero ahora me repugnan la iluminación de todos estos escondrijos de la insuficiencia y la incapacidad, hermanadas con la obstinación, la vanidad y la mala fe; por tanto, me doy por satisfecho con este ensayo y con tanta mayor sinceridad remito las razones arriba expuestas para evitar discutir con el tipo de gente que suele ser la mayoría”.

Como él mismo reconoce, Schopenhauer se arrepintió de haber expuesto en 38 estratagemas las bases para ganar cualquier discusión con métodos no demasiado limpios, porque la dialéctica erística es el arte discutir, pero discutir de tal modo que uno siempre lleve la razón, sin tener en cuenta la verdad. Ser ofensivo, maligno o grosero, tergiversar los hechos a conveniencia, exagerar o infravalorar argumentos para acomodarlos a nuestra necesidad de derrotar al contrario, mentir, ocultar… Todo vale para afirmase en las ideas, porque el único objetivo de la dialéctica erística es lograr la victoria en la disputa y satisfacer con ello el natural instinto de prepotencia humana.

La amenaza fantasma

Un virus letal que no existe tiene acojonada a la población mundial. El llamado virus de la gripe aviar, el H5N1, que afecta exclusivamente a las aves, tendría que mutar para poder infectar a una persona. Ésta es sólo una hipótesis, una probabilidad, pero la humanidad vive asustada ante el riesgo de una pandemia que nos liquide en un plisplás.

 

Los periódicos siembran la alarma dedicando titulares y páginas enteras al asunto, las telenoticias nos presentan imágenes de cientos de gallinas, pollos, patos y otros plumíferos sacrificados en aras de nuestra preciada salud. La gente corre despavorida a las farmacias en busca de un antídoto o de una vacuna que les inmunice contra el mal, pero como el virus no existe, tampoco hay un remedio que cure sus efectos.

Parece que al hombre le gusta vivir bajo el peligro de terribles amenazas, porque desde que el mundo es mundo los agoreros de turno se dedican a asustar al personal con plagas, venganzas divinas, catástrofes… Aún recuerdo cuando nos dijeron que todos los ordenadores quedarían inutilizados por el temible “Efecto 2000”, cuando un cometa que pasaba a chorrocientos mil millones de años luz de la Tierra pudo colisionar con nuestro planeta, cuando Saddan Hussein estuvo en un tris de pulverizarnos con sus armas de destrucción masiva. Esto nuestro es puro masoquismo.

El voto de las mujeres en España

En octubre de 1931 las Cortes comenzaron a debatir si la Constitución de la República debía reconocer el derecho al voto de las mujeres. En aquel momento, en España no había un movimiento sufragista al estilo del inglés. Como explicaba la historiadora Mary Nash, las feministas, muy minoritarias, tenían preocupaciones más urgentes que el derecho de voto.

El Cataluña, las asociaciones feministas estaban muy vinculadas desde principios de siglo al catalanismo conservador. En este proyecto político, las mujeres tenían el papel de guardar y transmitir las tradiciones, como madres en primer lugar, y como esposas después. La familia tenía que ser su marco natural de actuación, con el añadido de las obras piadosas y humanitarias. Francesca Bonnemaison o Dolors Montserrat representan esta corriente; la excepción es Carme Karr, sufragista desde el primer momento. Al llegar la República, el sufragio femenino es un tema “olvidado” por los distintos partidos. El 29 de junio de 1931, cuando los hombres votan por unas Cortes Constituyentes, un manifiesto firmado por el colectivo “Les dones catalanes” y publicado en L’Opinió se queja de este olvido: “Solamente la izquierda catalana ha recordado que prestaría protección esmerada a las madres y a los niños. No es eso, no es protección lo que nosotras pedimos: queremos que se reconozcan nuestros derechos, iguales a los del hombre. Ahora que se trata de estructurar un pueblo, que no parezca que sólo hay hombres sobre la tierra”.

Asimismo, la presión social a favor del sufragio femenino es débil. En las Cortes Constituyentes de la República, la mayoría republicana y socialista plantea la cuestión por coherencia con sus ideales democráticos, pero con muchas dudas sobre el efecto político de la medida: entonces se daba por supuesto que muchas mujeres votarían lo que les mandase su sacerdote, es decir, a la derecha. Las tres parlamentarias de aquella primera legislatura republicana también discrepaban: Margarita Nelken y Victòria Kent, las dos de izquierdas, por un lado, y la centrista Clara Campoamor, por el otra. “De ellas tres, dos eran contrarias a la concesión del voto a las mujeres, Margarita Nelken y Victòria Kent: no era conveniente en aquel momento conceder el derecho de voto a las mujeres porque votarían a la derecha o en nombre de la Iglesia. En cambio, quien tomó la defensa fue Clara Campoamor, que dijo que el nuevo régimen no podía considerarse democrático si las mujeres, la mitad de la población, estaban excluidas”, escribió Mary Nash.

Finalmente, en diciembre de 1931, las Cortes aprobaron el sufragio femenino. En la votación final participaron sólo 21 diputados catalanes: 15 a favor, 6 en contra. A partir de ese momento, los diferentes partidos crearon sus secciones femeninas. En Cataluña lo hizo, por ejemplo, Esquerra Republicana, el partido mayoritario, y la Lliga, su rival de la derecha. Pero en las elecciones catalanas de 1932, las mujeres tampoco pudieron votar por problemas de censo. El primer golpe fue en las generales del año siguiente, que marcaron la reacción contra el denominado “bienio reformador”. La prensa de la época se dio prisa en atribuir el giro político al voto femenino, pero según Mary Nash, no hay ninguna certeza: “En 1923 se alegó que las mujeres habían hecho perder las elecciones a la coalición socialista-republicana, pero también es cierto que el 36 se dijo que la izquierda había ganado gracias a las mujeres… es decir que esto es una imputación que no está ni mucho menos demostrada”.

Tras la victoria de Franco en la Guerra Civil, las mujeres tardaron cuarenta años en poder volver a votar en unas elecciones democráticas… Las mujeres, y los hombres.

Conocer para comprender

El Centro Cultural Islámico o Mezquita de la M-30, como la llaman los madrileños, forma parte del paisaje cotidiano de la ciudad desde 1992. Sin embargo, para la mayoría de los habitantes de Madrid, sigue siendo un lugar tan desconocido como la cultura y religión que representa.

La labor de Mohamed El Afifi, portavoz del Centro, es precisamente la de dar a conocer mejor el Islam y la actividad tan heterogénea que se realiza en este centro cultural. En su opinión “falta conocimiento y sobran estereotipos acerca del Islam, los musulmanes y los inmigrantes. En España apenas estamos dando los primeros pasos como país de acogida de inmigración y no tenemos la veteranía de otros países que nos llevan muchos años de experiencia por delante”.

Tiene claro que “el problema es la mala imagen que se tiene aquí de la inmigración musulmana y de lo musulmán en general. Se vende una imagen muy deteriorada del Islam, tanto en el escenario internacional como, específicamente, desde los medios de comunicación. Nos colocan el adjetivo de terroristas, asimilando lo que hace un número reducido de personas a la conducta y valores de toda una comunidad. Y, hoy más que nunca, necesitamos recordar que el terrorismo lo hemos sufrido durante décadas en muchos sitios del mundo, siendo occidentales buena parte de sus artífices sin que nadie haya colocado por ello a Occidente entero bajo sospecha.
Es más: ¿dónde estaban los musulmanes durante las atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial?, ¿dónde la conciencia de ese Occidente que albergó por décadas a los propios terroristas islámicos, utilizando la bandera de los derechos humanos o aduciendo que se trataba de opositores políticos? Entonces estos servían como arma de presión; de hecho hasta el mismísimo Bin Laden fue un producto norteamericano”.

Considera que “en España hay una situación muy injusta basada en prejuicios que no tienen ninguna base documental. La inmensa mayoría de los inmigrantes procedentes de Marruecos trabaja, cotiza a la seguridad social y cumple cabalmente con sus obligaciones legales y ciudadanas. Los grandes focos de delincuencia no son magrebíes ni de países musulmanes en general. Véase, por ejemplo, cuántos de ellos participan en actividades como el blanqueo de dinero, las mafias, la prostitución, los ajustes de cuentas... Nadie parece escuchar las verdades que nos proporcionan los datos. La realidad es que un 75% de los inmigrantes marroquíes empadronados tiene permiso de residencia, frente a menos de un tercio de ecuatorianos y colombianos y menos de un cuarto de rumanos”.

En relación con los derechos de las mujeres en el Islam dice: “Díganme ustedes ¿por qué tomamos una imagen exterior, y luego sobre esa base nos inventamos todas las mentiras de la sumisión y la carencia de derechos de las mujeres musulmanas? El vestirse de uno u otro modo no tiene nada que ver con los derechos humanos. También el kimono japonés puede resultar incómodo y nadie dice que las mujeres japonesas están oprimidas por ello. Me preguntarán entonces por prácticas como las del régimen talibán, pero ¿acaso nosotros le hemos dado en algún momento legitimidad al trato que dan a sus mujeres? Hay 190 países en Naciones Unidas, de los cuales 58 son musulmanes; pues bien, sólo 4 países reconocieron el régimen talibán o, como yo prefiero señalar, 54 países musulmanes nunca lo hicieron”.

Para conocer más sobre la cultura islámica: Centro Cultural Islámico de Madrid

Cazavioladores

En Sudáfrica, el país del mundo con mayor número de violaciones, según Naciones Unidas, han inventado un artilugio llamado “Rapex”. El Rapex es una especie de preservativo femenino que se engancha al pene cuando un hombre quiere forzar una relación sexual no deseada. El condón de látex tiene provistas en su interior unas filas de afilados dientecillos, con la misma forma que los de los tiburones, se aplica como un tampón y queda aferrado el pene del violador. “Una vez enganchado al pene del agresor, el Rapex sólo puede ser separado mediante cirugía. Le dolerá mucho, tendrá que ir a un hospital, y de ahí a la policía”, dice la inventora del ingenio, Sonette Ehlers. La otra gran ventaja que le ve a su invento es que, gracias a que es como un condón al uso, reduce las posibilidades de embarazo o de contraer enfermedades de transmisión sexual.

La policía sudafricana cifra en 52.733 los casos de violaciones habidos durante el pasado año, aunque la asociación Human Rights Watch asegura que el 45% de las víctimas son menores de edad y que en la mayoría de los casos no se presenta una denuncia tras la agresión, por lo que el número real de mujeres violadas podría ser nueve veces mayor que el registrado por la policía. Ante esta realidad, el Rapex parece un método eficaz, aunque sólo sea para identificar a los violadores, pero también supone un parche que no solventa la raíz del problema y que pasa inevitablemente por educar a los varones enseñándoles que la mujer no es una cosa que pueden usar a su antojo, sino una persona dotada de derechos y dignidad.

La jota

La jota Los orígenes de la jota son dudosos.

La jota se llama jota,
porque la inventó Aben-Jot
y se llama aragonesa,
porque aquí se bautizó.

Una leyenda, que los investigadores aseguran falsa, dice que el moro Aben-Jot, al ser desterrado de Valencia, llega a Calatayud y da a conocer una melodía de su invención a la que denominaron jota. Se supone que este origen es falso porque la voz “jot” no existe en árabe clásico como nombre común o apellido y “aben” significa hijo ó descendiente.

Ciertas fuentes aseguran que el origen y la antigüedad de la jota no se remontan más atrás del siglo XVII. Ribera Tarragó afirma que la jota, y todos los aires regionales, tienen su fuente en las cantigas de Alfonso X El Sabio, aunque una autoridad en el tema, como Demetrio Galán Bergua, sostiene que “los sueños de Ribera, carecen de toda consistencia”. Se dice incluso que la jota tiene inspiración canaria. El nombre de jota aparece entre las postrimerías del siglo XVII y comienzos del XVIII. Hasta entonces, ni en El Quijote de Cervantes, que hace referencia a 17 danzas, se menciona a la jota; ni tan siquiera cuando sus héroes llegan a la ínsula Barataria, en las proximidades del Ebro.

Por lo que respecta a la raíz del vocablo, hay quien lo relaciona con la palabra árabe “sota”, que significaría saltar, brincar rítmicamente. Este vocablo nos remite al Arcipreste de Hita, que emplea el verbo “sotar” en el “Libro de los Cantares”. Pero la palabra jota, como la conocemos hoy, se halló consignada por primera vez en un manuscrito de finales del siglo XVII, procedente de Ávila, que se titulaba “Cifras para Arpa”, y que en el folio 25 encabezaba este título: La Jota.

Para poder datar su nacimiento, era necesario encontrar la primera partitura de la jota, y la búsqueda se le encomendó a Gregorio Arciniega, maestro de capilla en 1940. Gracias a su arduo trabajo revisando cientos de legajos polvorientos, se produjo el hallazgo en 1946, en el archivo musical de la Basílica del Pilar, donde se encontraban varios villancicos dedicados a la Virgen del Pilar compuestos por Josep Ruyz de Samaniego, que fue nombrado maestro de capilla del Pilar el 27 de septiembre de 1661. Así apareció una partitura vieja, de escritura antigua, titulada “De esplendor se doran los ayres” y firmada por Samaniego en 1666, que presentaba los compases característicos de la jota. El maestro Arciniega hizo una acertada trascripción a la notación moderna siendo fiel al original, con dos coros, solistas y orquestación, La versión de tan preciada obra se dio a conocer en la Fiesta de Exaltación del Folclore Aragonés, en la noche del 12 de Octubre de 1946, la interpretó el Orfeón Donostiarra y la Orquesta Sinfónica de Zaragoza. La letra dice así:

De esplendor se doran los aires
y el cristal del Ebro se argenta,
que a media noche un sol
su curso empieza.
Las luces se avecinan,
se ahuyentan las tinieblas,
el prado ostenta flores,
el Cielo esconde estrellas.

La letra es de autor desconocido.

Hoy es la fiesta mayor de mi pueblo: Zaragoza. Ahí van, pues, estos apuntes sobre la historia de la jota aragonesa. El dibujo del baturro es de mi colega Danuto.

Vallas

Las vallas están para saltarlas. El hombre las levanta y el hombre las destruye.

La valla que separa Melilla del Tercer Mundo está rematada por alambres afilados, su altura no amilana, los pinchos laceradores de cuerpos, tampoco. Para la gente que ansía saltar esta valla, el otro lado es la salvación de sus vidas y la de sus familiares, que malviven en las cloacas infectas de la miseria y la desesperación. Por eso los cuchillos que coronan la doble valla no disuaden, sólo hieren. Por eso el instinto de supervivencia no impide el riesgo de padecer cortes y contusiones; si franqueando el obstáculo se deja atrás la ruina y existen posibilidades de salvarse, hay que intentarlo. Después de cruzar el desierto a pie, debilitados por el hambre, la sed y el cansancio, maltratados por soldados y policías, sólo una valla separa del futuro a los parias. Y cualquier valla es inútil para detener a alguien que pretende vivir.

Globalización: su cruz

Lejos de armonizar el mundo, la globalización lo ha fracturado en mil pedazos y se ha convertido en una cruz para los países subdesarrollados.

Fractura. El modelo de economía neoliberal, potenciado y expandido por la globalización de su doctrina, fractura lo que toca. Fractura la política, el tejido social, las economías regionales, los países, el mercado y las condiciones laborales, las ciudades, la educación. Lo alarmante es que cada una de estas fracturas provoca una desigualdad atroz y creciente. Sin embargo, hoy en día, muchos de los teóricos positivistas de la globalización siguen hablando del mundo con el concepto de Marshall Mc Luhan de "aldea global". El eufemismo, como toda artimaña retórica, resulta poderoso y convincente puesto que una aldea remite a un imaginario de armonía, de justicia, de paz, de igualdad, de familia, de unidad, y sobre todo, de bienestar. Pero basta con mirar un poquito a nuestros vecinos del Norte para descubrir que el mundo está en las antípodas de ser una aldea, a no ser que sea una aldea africana o latinoamericana, en la que todos seguimos siendo esclavos de los mismos jefes de siempre.

Los pregoneros del libertinaje económico se han lanzado con toda su furia a convencer a los gobiernos sobre las virtudes de aplicar el modelo neoliberal. Y no importa si se trata de sociedades tan disímiles como las de Rumania, Filipinas o Bolivia, todos deben hacer lo mismo, la receta es una sola: ajuste fiscal, privatización indiscriminada, apertura total del mercado interno, libertad a los movimientos de capital especulativo, reducción del estado, pago de los intereses de la deuda, desregulación del capital y del trabajo.

Esto lleva a que todas las sociedades se parezcan cada vez más, y a que los partidos políticos no se diferencien. A los partidos políticos sólo les queda el rol de legitimar frente al pueblo los paquetes de medidas que ya vienen armadas desde los mercados de capitales, y como todos los países tienen un déficit en su capacidad de ahorro interno y necesitan atraer inversiones para cumplir con sus metas, deben adoptar una receta ortodoxa. La lógica capitalista global asemeja a todos los partidos políticos así ganan las elecciones. Esto explica el descreimiento que hay hacia la clase dirigente y la falta de esperanza en un cambio: se sabe que el verdadero poder no está en el gobierno de turno.

La tremenda injusticia que provoca la desigual distribución de la riqueza es la consecuencia natural y previsible de este tipo de economía, ahora llamada con el inofensivo nombre de "economía social de mercado". La búsqueda del máximo de ganancia en la menor cantidad de tiempo y en la mayor cantidad de países, la ausencia de marcos reguladores que permitan defender la economía nacional, y la presión leonina sobre cualquier intento de independencia productiva, han favorecido la concentración obscena del capital. Porque es hora de decirlo: nunca el mundo fue tan desigual como ahora, nunca tantos tuvieron tan poco, nunca el capitalismo mostró tan impunemente su verdadero rostro.

La escafandra y la mariposa

La escafandra y la mariposa

Hay escritores que nos seducen por su estilo, por su sensibilidad, por su cultura, por su capacidad comunicadora… Jean-Dominique Bauby admira por su tesón, su energía personal y su afán de superación. A los 44 años, un problema cardiovascular lo dejó durante veinte días en un coma profundo, del que despertó con el cuerpo paralizado por entero, salvo el ojo izquierdo. Este ojo se convirtió en su único contacto con el mundo y en estas condiciones escribió las 130 páginas del libro La escafandra y la mariposa. Componía el texto en su cabeza, lo corregía y lo memorizaba para luego dictárselo letra por letra a un transcriptor mediante el parpadeo.

Aunque la situación que describe la obra es enormemente impactante y dramática, lo que más impresiona es la serenidad, la alegría y la pizca de ironía con las que Bauby resiste dentro de la “escafandra” que es su cuerpo, no siente pena de sí mismo porque su mente puede vagar como una mariposa. “Necesito como el aire que respiro sentirme conmovido, amar y admirar. La carta de un amigo, un cuadro de Balthus en una postal, una página de Saint-Simon confieren sentido al lento desgranar de las horas. No obstante, para sentirme vivo y no abismarme en una tibia resignación, conservo una sana dosis de rabia, de mal carácter, ni demasiado ni demasiado poco, al igual que la olla exprés dispone de una válvula de seguridad que le impide explotar”, dice él mismo. “¿Existen en el cosmos llaves para abrir mi escafandra? ¿Una línea de metro sin final? ¿Una moneda lo bastante fuerte para comprar mi libertad? Hay que buscar en otra parte. Allá voy”, así se despide el que fuera redactor jefe de la revista “Elle”.

Este conmovedor libro es la lectura ideal para cualquiera que atraviese una crisis personal o se sienta desmoralizado. Basta con leer unos pocos párrafos para aprender a valorar la vida.

Santas o esposas

Hasta hace no tanto, en España las vocaciones de una mujer se dividían en dos (en aquel entonces casi todo estaba dividido en dos, como las Patrias imaginarias): por un lado, las místicas aceptaban uno de los patrones ofrecido como modelo: ser monja o misionera. La alternativa estaba en ser casta esposa, sin orgasmos ni anticonceptivos. No había más referentes a imitar que las santísimas esposas, las monjas o, en el peor de los casos, el fundamentalismo de la Sección Femenina. Las mujeres no eran casi personas, sino santas reproductoras o inmaculadas servidoras de la Iglesia. Para nosotras eran las reglas y el pecado porque habitábamos en un cuerpo maldito por designio divino, receptáculo del más nefando de los pecados: el sexo, y nuestra honra, colocada siempre en la entrepierna, si se rompía, no tenía arreglo, muy al contrario del hombre pecador y perdulario a quien le bastaba un minuto final de arrepentimiento para ganarse el perdón divino y un sitio en el cielo.

El lentísimo cambio de las mujeres y el difícil acomodo del varón a las nuevas circunstancias, acompañan ahora nuestros días. Queremos recuperarnos como personas y estimarnos como tales, dejar de ser "agradables" para agradarnos a nosotras mismas.

Pero bueno, ¿qué más queréis? Nos preguntan ellos. ¿Que qué queremos las "privilegiadas" mujeres de este nuevo milenio? Respeto colectivo y honor individual. Por debajo de esos mínimos ni siquiera iniciamos una discusión.

Troya

Troya Me prestan el DVD de la película “Troya”. Me han dicho que Brad Pitt sale imponente y, aunque sólo sea por verlo, me someto gustosa al desaguisado que intuyo.

¡Ay! ¿Qué han hecho en Hollywood con La Iliada? El caso es de juzgado de guardia, deberían ejecutar a los responsables por inyección letal de tinta de imprenta en vena. ¿Y el pobre Homero? No puede pedir que le indemnicen, ni reclamar daños y perjuicios ¡A dónde iremos a parar!

La película es espectacular y Aquiles-Pitt está para mojar pan. Pero… Aquiles era un adolescente, no un hombre de 41 años (edad de Pitt al rodar el filme), famoso por su belleza de mujer, que contrastaba con su legendaria crueldad, no por sus musculitos. Y el pobre no tuvo ocasión de entrar en Troya escondido en el caballo de madera ideado por Ulises porque ya había sido asesinado. Además, el rey de Esparta, legítimo marido de Helena, no fue asesinado por Paris. Al contrario de lo que ocurre en la película, cogió de nuevo a su mujer y se la llevó de regreso a Esparta. La relación entre Aquiles y Patroclo es para troncharse, ya que se les presenta como primos cuando en realidad eran amigos. Quizás no estaba el horno como para representar el mito creado en torno a la relación homosexual de ambos héroes, algo que, por otra parte, no era necesario ya que no aparece en La Iliada. Y ¿qué decir de los diálogos? Así hablan los yanquis actuales, no los héroes micénicos.

Estoy a punto de rasgarme las vestiduras y me pregunto si no me estaré convirtiendo en un fundamentalista literario. Será que no entiendo nada de cine moderno. Una película puede permitirse ciertas libertades para dar mayor realce al espectáculo, pero esto no justifica esas desviaciones escandalosas de la cinta, sólo explicables si los guionistas no se han tomado la molestia de leer a Homero. La única esperanza que me queda es que a Wolfgang Petersen no se le ocurra rodar "Troya 2".

El rezo entre los musulmanes

Uno de los sucesos cruciales en la vida de Mahoma fue su famosa Ascensión Nocturna al Cielo. Una noche del mes de Ramadán, Mahoma desapareció montado en un caballo blanco alado que lo llevó a Jerusalén y luego, atravesando los siete cielos, a presencia de Dios, quien le dijo que los musulmanes debían orar cincuenta veces al día. De regreso a la tierra, se detuvo en el sexto cielo y le comunicó la orden a Moisés, que no podía creerlo. ¡Cincuenta veces al día! -exclamó Moisés-, debes estar de broma. Nunca podrán hacerlo. Vuelve y negocia. Y Mahoma así lo hizo, logrando una reducción a cuarenta, pero Moisés no quedó satisfecho e insistió: Conozco a esa gente; vuelve a negociar. Tras cuatro negociaciones más, el número de rezos se rebajó a treinta, veinte, diez y finalmente quedó en cinco. Pero incluso esta cantidad le pareció excesiva a Moisés, quien manifestó: Tu gente es incapaz de orar cinco veces al día. Yo he puesto a prueba a las gentes antes que tú y me he esforzado para convencer a los hijos de Israel, así que regresa a ver a tu Señor y pídele que alivie la carga de tu gente. En esta ocasión Mahoma se negó, arguyendo: Le he rogado a mi Señor hasta el punto de sentirme avergonzado, pero ya estoy satisfecho y lo acepto, de manera que el número de oraciones diarias quedó fijado en cinco.

También quedaron establecidos los momentos en los que debe orarse: al levantarse, cuando el sol está en su cenit, cuando está a medio descenso, cuando se pone y antes de acostarse. No es estrictamente obligatorio el horario. El Corán dice de forma explícita: “Cuando estéis de viaje, no hay inconveniente en que abreviéis el rezo, si teméis un ataque de los infieles”. No obstante, en condiciones normales tienen que cumplirse los cinco rezos. Aunque el islamismo no señala un día santo, como ocurre con el sábado para los judíos o el domingo para los cristianos, el que más se aproxima a serlo es el viernes, día en que se espera que los adeptos acudan a las mezquitas a orar a mediodía.

En un primer momento, los musulmanes rezaban en dirección a Jerusalén, pero una revelación posterior les indicó que tenían que hacerlo en dirección a La Meca, y el hecho de que cumplan este precepto en cualquier lugar del mundo les proporciona la sensación de participar en una cofradía universal, aun orando en solitario. El Corán no da más directrices que la de la dirección en la que se ha de rezar, son las enseñanzas y las prácticas de Mahoma las que llenan los vacíos. El lavado para purificar el cuerpo, y simbólicamente el alma, precede a la oración, que se inicia en postura erecta, digna, y concluye arrodillándose y tocando el suelo con la frente. En esta última posición el orante alcanza su momento más sagrado por el doble simbolismo del acto: el cuerpo se halla en posición fetal, listo para volver a nacer, y también el espacio que ocupa está reducido al máximo, lo que implica el reconocimiento de la insignificancia humana ante lo divino.

Los temas habituales del rezo en sí son la alabanza, la gratitud y la rogatoria. Según un dicho musulmán: los pájaros elevan su mirada al cielo en señal de gratitud cada vez que beben una gota de agua. Lo mismo hacen los musulmanes al menos cinco veces al día.

Razismo

(ci y zi suenan igual)

El racismo no es, como lo definen, la exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, sino una mera cuestión económica. Un negro es menos negro si tiene la cartera repleta de billetes, y su negrura aumenta en proporción directa con su grado de pobreza. Por eso no miramos de la misma manera a Michael Jordan que a un nigeriano paupérrimo arribado en una patera. Extiéndase este ejemplo a la diferencia brutal que existe entre un jeque árabe y cualquier otro árabe que llega a nuestro país para ganarse la vida recogiendo fruta como temporero.

Es racista la distancia que separa al noble del plebeyo, al hombre de la mujer, al Tercer Mundo del Primero… Nuestra naturaleza canalla se extiende más lejos de lo que abarca la pureza de la raza y se las apaña para que existan dominadores y servidores, levanta muros, se inventa excusas para marginar… y es que más que de racismo, se trata de iniquidad.