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La decadencia de Occidente

La decadencia de Occidente

La Decadencia de Occidente (1918) es un libro condenado de esos que, por desgracia, no figuran en los escaparates de las librerías, ni siquiera en los estantes de las bibliotecas. Se ha acusado a su autor, Oswald Spengler, de diletante y de tener una óptica teutona afín a las ideas que más tarde alimentarían al nazismo. En su primera traducción al español, el libro estuvo prologado por Ortega y, dejando al margen el pesimismo que contagia, se valoró en la obra el esfuerzo enorme para explicar la historia reciente de Europa, trágica y absurda, pero dentro del esquema totalizador de la historia y de la condición humana.

Spengler opina que la Historia Universal no es la Historia de la Humanidad, sino la historia de una serie de unidades culturales que, aun entrando en relación entre ellas, tienen su propia dinámica a partir de un elemento configurador, que hace a cada cultura específica y distinta; es una suerte de alma o de mentalidad. Este planteamiento no resulta novedoso, ya fue abordado antes por otros pensadores. La novedad radica en la afirmación de que toda cultura (gran cultura) tiene una trayectoria vital, en esa trayectoria llama civilización a la fase final, de madurez y decadencia, pero al mismo tiempo de realización plena de su destino. Revisando las distintas culturas para observar ese punto final, llega a nuestro tiempo, y sitúa a Europa en el umbral de esa etapa de civilización: después de una fase que es de lucha, de ruptura de formas, de voluntad personal de líderes, se llegará a una ’’pax romana’’ que será el fin de la evolución particular de esa cultura devenida civilización. Para Spengler, el fin de la Primera Guerra Mundial, que coincide con el momento en que termina de escribir su libro, abre un período de inestabilidad que se cerrará a finales de siglo o principios del XXI con la aparición de esa civilización occidental que puede durar luego centenares de años, pero que ya no se revitalizará.

Aquí es precisamente donde nos encontramos ahora. Ha empezado la última fase en nuestra cultura. Occidente inicia su decadencia, y no es de poder, sino de voluntad. La Unión Europea, también Estados Unidos, tienen que comprender que están ante un grave dilema: o cambian el paradigma económico, al que se intenta resucitar en vano, o la crisis global nos arrastrará a todos a una decadencia irreversible ante el progreso emergente de China, Rusia, Brasil, Sudáfrica e India.

O cambia radicalmente la política europea, con un proyecto económico y político que sea solidario y capaz de imponerse en el panorama internacional o asistiremos a la decadencia de Occidente que auguró Oswald Spengler a comienzos del siglo pasado.

No sin mi móvil

No sin mi móvil

La nomofobia, o miedo irracional a no llevar el teléfono móvil encima, es la penúltima de las enfermedades que se deriva de las nuevas tecnologías.

Salir a la calle sin móvil puede producir inestabilidad, palpitaciones, agresividad y dificultades de concentración, según indican los expertos. Los primeros estudios realizados revelan que la nomofobia afecta al 53% de los usuarios de teléfonos móviles. La patología tiene mayor incidencia entre los varones. Un 48% de las mujeres encuestadas experimenta ansiedad cuando les queda poca batería o carecen de cobertura, mientras que los hombres afectados son el 58%.

La dependencia del móvil se considera tan grave como la de las drogas o el alcohol porque causa un nivel de desesperación que convierte al teléfono en un instrumento de primera necesidad sin el que no se puede vivir.

Cómo reconocer los síntomas de dependencia:

*Volver a casa a recoger el móvil olvidado, no importa a qué distancia se encuentre uno.

*Estar pendiente del teléfono en el trabajo, en las reuniones con los amigos, en la universidad, en casa, durante la comida… O sea, en todas partes.

*Mirar compulsivamente la pantalla cada 2 minutos, aunque no se espere ninguna llamada o mensaje.

*Tolerar cualquier olvido: llaves; apuntes, documentos… Excepto el del móvil.

*Evitar los lugares donde no está permitido el uso del móvil o padecer estrés en restaurantes, cines, aviones, etc. Buscar incluso una excusa para salir del sitio y consultar el teléfono.

Hace 20 años no existían los teléfonos móviles y lográbamos sobrevivir con esta carencia. Pero desde el momento en que salieron al mercado se han hecho imprescindibles hasta el punto de que en España ya hay más líneas de teléfono que habitantes.

Engañifas

Engañifas

El Fondo Monetario Internacional está compuesto por unos señores que le dicen al mundo cómo gestionar el dinero, mientras ellos ganan unas cantidades tan obscenas que su principal problema es gastarlo.

A estos señores, los presidentes y reyes los reciben con honores de jefe de estado y genuflexiones. Puede parecer patético, ridículo o esperpéntico, pero así hemos construido el mundo y así es. Somos tan imbéciles y estamos tan anestesiados que aceptamos la existencia de engañifas como el FMI, el Banco Mundial, los G-8, 12 o 14, la ONU… sin abrir la boca, pese a comprobar a diario que no sirven para nada.

Esclavos modernos

Esclavos modernos

A menudo, muy a menudo, hacemos en el trabajo más horas de las que nos corresponde. Queremos triunfar, conservar el empleo, quedar bien con el jefe, y nos imponemos la máxima del sexo: nunca digas que no. Pero nos asaltan dudas sobre la ética de nuestro espíritu de sacrificio y nos preguntamos si con esta postura no estaremos perjudicando, de rebote, a los compañeros que únicamente desean cumplir con el horario establecido.

El investigador francés Nicolas Chaignot ha presentado recientemente su tesis doctoral: Esclavages et modernités: la servitude volontaire comme problématique du capitalisme contemporain, en la que afirma que sin un derecho que proteja a la persona de la servidumbre “no puede haber modernidad”. Según sus conclusiones, el espíritu del nuevo capitalismo se puede interpretar como una “ideología de la servidumbre voluntaria”. Esta nueva forma de esclavitud encubierta no es inocua: se la vincula con enfermedades mentales y suicidios asociados a la presión laboral. La servidumbre voluntaria amenaza directamente a la dignidad humana y al mismo corazón del contrato social. La tesis ha sido premiada por Le Monde.

Platos de autor

Platos de autor

Si Vincenzo Camuccini, es decir, Gioacchino Rossini (1792-1868), no tuvo ocasión de escribir más partituras inolvidables fue porque dedicaba buena parte de su tiempo a su otra gran pasión: la cocina. Adoraba las trufas y los tomates secos; rellenaba la pasta de foie gras y trufas cuando nadie más lo hacía, consiguiendo resultados sorprendentes. Rossini se enamoró de Maria Colbran, soprano que estrenó su Barbero, hablando de una de sus nuevas recetas con trufas: los famosos canelones a la Rossini, rellenos de trufa, hígado de pollo, ternera y cubiertos de nata y parmesano. Una receta hoy internacional. Como el tournedó Rossini, el filete acompañado de virutas de jamón, queso gruyere, salsa bechamel y vino de Marsala.

El carpaccio toma su nombre del color rojo vivo que utilizaba el pintor veneciano Vittore Carpaccio (1460-1526) y su origen se encuentra en el Harry’s Bar de Venecia. Un establecimiento considerado monumento de interés por los aficionados a la buena mesa fundado en el periodo de entreguerras por Giuseppe Cipriani y que ha servido entre clientes sus distinguidos a Truman Capote, Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway; de hecho, Hemingway incluyó a Cipriani como protagonista de la novela Al otro lado del río y entre los árboles. El creador del Harry’s Bar explica en sus memorias que ideó el carpaccio pensando en la condesa  Nani Mocenigo, que tenía desajustes de hemoglobina y debía seguir una severa dieta.

Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord (1754-1838), príncipe de Benevento, obispo de Autun, ministro francés y embajador, recibía cada mañana el proyecto del menú de la única comida que tomaba al día: la cena. A su mesa se sentaban habitualmente diez o doce invitados y la minuta estaba compuesta por sopas, dos platos de pescado, cuatro entradas, dos asados, cuatro entremeses y los correspondientes postres. Uno de sus cocineros favoritos, Carêem, creó en honor del príncipe la salsa a la Talleyrand: un fondo de ave, crema, mantequilla y vino.

Los blinis Demidoff toman el nombre de un aristócrata ruso del siglo XIX, Anatole Demidoff. Son una especie de crepes hechos a base de levadura, leche, huevos y harina. Se necesitan quince gramos de levadura fresca, 160 de harina, una taza de leche tibia, dos yemas de huevo, dos claras batidas a punto de nieve, una cucharada de sal y un cuarto de nata montada para hacer la masa. Ésta se corta en perfectos círculos y se sirven con caviar y nata agria por encima. La receta original admite infinidad de versiones, tantas como dé de sí la imaginación del cocinero.

El origen del sándwich es muy conocido. A John Montagu, IV conde de Sandwich (1718-1792), le servían este bocadillo para que pudiera comer sin dejar de jugar al tenis.

El chateaubriand, un grueso trozo de carne que se extrae del centro del filete de ternera, toma el nombre del vizconde François-René de Chateaubriand (1768-1848), escritor y diplomático francés, autor de las conocidas Memorias de ultratumba. Se cree que el filete se popularizó en Londres, desde la embajada francesa, por su cocinero Montmirel.

La autoría de los huevos a la Benedict, una tostada cubierta de bacón y huevos escalfados bañados en salsa holandesa y adornados con una lámina de trufa, se la disputan varios Benedict. Uno de ellos es el financiero Lemuel Benedict, que solía pedirlos en el hotel Waldorf, de Nueva York.

La tarta Sacher, la gran dama vienesa de bizcocho, chocolate y ron, fue ideada por Franz Sacher (1816-1907), jefe de cocina imperial y propietario del hotel Sacher, que se la preparó a Metternich cuando tenía dieciséis años y se encontraba sustituyendo al chef que atendía al príncipe austriaco.

Las ciruelas Claudia se bautizaron con el nombre de Clàudia d’Oullins, mujer de Francisco I.

Las galletas con pasas Garibaldi, que tanto gustan a los italianos, reciben el nombre de Giuseppe Garibaldi (1807-1882), que era un fiel devoto.

El filete Wellington, filete de ternera en hojaldre y salsa de vino, se creó en honor del duque de Wellington, héroe de la batalla de Waterloo.

La carlota de manzana fue preparada por primera vez por el gran Carêem para honrar a la reina Carlota, consorte de George III, el rei granjero de Inglaterra.

La conocida salsa bechamel lleva el nombre de su creador, el marqués Louis de Bechamel, experto cocinero y responsable de las finanzas durante el reinado de Luis XIV.

Los melocotones Melba, helado sobre melocotón partido por la mitad, recibieron el nombre que les adjudicó el cocinero del hotel Ritz, Auguste Escoffier, para rendir tributo a Nellie Melba, nombre artístico de Helen Porter Mitchell (1861-1931), una cantante de ópera australiana muy admirada en su tiempo, a la que también le dedicaron una tostada.

Existen más epónimos platos, el filete a la Richelieu, la Pavlova, el Savarin...

La figura de la prostituta

La figura de la prostituta

La figura de la prostituta bien pudo aparecer en la Prehistoria. Cuando el hombre descubre su participación, con el acto sexual, en el nacimiento de los hijos. Este hecho cambia mucho: la vinculación entre hombres y mujeres, la relación de la madre con sus hijos y el tipo de organización social, que se vuelve patriarcal. Así la mujer deja de desempeñar funciones como curandera, recolectora o alfarera y pasa a ser madre y esposa. Como durante casi toda su vida fértil, la mujer está embarazada o lactando a su hijo, el hombre ha de recurrir a otras mujeres para satisfacer sus necesidades sexuales. Lógicamente, estas mujeres no podían estar casadas, y sin el apoyo y sustento económico de un marido, se veían abocadas a cobrar por sus servicios sexuales.

En la Antigüedad existía la prostitución sagrada y la mujer era la intermediaria entre los dioses y los hombres. En Egipto, Grecia y Roma la prostitución era una práctica legal y existía en tres versiones: la prostitución sagrada, la legal y la hospitalaria, en la que el marido ofrecía a su esposa para agasajar a sus invitados. Superada la Edad Media, el discurso de la Iglesia convirtió a las prostitutas en pecadoras, siendo algunas quemadas por la Inquisición como brujas, y la legislación las transformó en delincuentes, así pues, la práctica de la prostitución requirió de una regulación legal. En 1621 fue ilegalizado el comercio sexual, aunque no se evitó una actividad cada vez más numerosa, y en 1704 las mujeres de mala vida eran enviadas a la cárcel de Galeras en Madrid o las casas de Recogidas y Arrepentidas. En el siglo XVIII la práctica de la prostitución era tan habitual que generaba problemas de salud y se consideró un peligro para la salubridad pública, se intentó erradicar, pero había tantos intereses por medio que se acabó por recluir a las prostitutas en burdeles. La sociedad se planteaba un dilema: la necesidad de proteger el modelo de familia patriarcal, basado en la virginidad de la mujer para poder transmitir legítimamente el patrimonio, y la necesidad sexual del varón, que hacía de la prostitución un mal necesario que el estado tuvo que reglamentar.

En el siglo XIX la mujer ya puede hablar con su propia voz y ha logrado gozar de cierta libertad. La prostituta se considera una víctima de la sociedad que debe ser redimida o un ser miserable del que conviene apartarse. Una visión dual que genera tolerancia o juicios condenatorios y que mantiene a la mujer en un rol de individuo estigmatizado.

Hoy, el debate sobre la prostitución continúa.

Mentiras sobre Libia

Mentiras sobre Libia

La primera víctima en una guerra es la verdad. Y esas operaciones militares en Libia amparadas por la resolución 1973 no son la excepción de la regla. Intentan hacernos tragar que son necesarias para proteger a la población civil, víctima de la represión indiscriminada del coronel Gadafi, pero todos sabemos que obedecen a los clásicos objetivos imperialistas.

Nos dijeron que cientos de miles de personas huían de Libia tratando de escapar de una masacre. Se denunciaron ante la Corte Penal Internacional ataques sistemáticos o generalizados contra la población civil. Se ha elogiado la primavera árabe en general y la insurrección libia en particular. Pero se ha callado la sangrienta represión en Yemen y en Bahréin y el rey Mohamed VI de Marruecos ha recibido elogios. El Eje del Bien, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, dicen que cuentan con el apoyo de la Unión Africana y de la Liga Árabe, aunque la Unión Africana se ha manifestado contraria a intervención armada extranjera. 

Si el objetivo fuese proteger a la población de Libia, habría bastado con instaurar un embargo de los mercenarios y el armamento destinado al régimen de Gadafi. En vez de esto, el embargo se extendió a los sublevados para prevenir su posible victoria. El verdadero objetivo era detener la revolución. Si el objetivo fuese proteger a la población, la zona de exclusión se limitaría a los territorios sublevados (como se hizo en Irak con el Kurdistán). La realidad es que la prohibición de vuelo se extiende a todo el país. De esa manera la coalición espera mantener la correlación de fuerzas en tierra y dividir el país en 4 partes: las 3 zonas sublevadas y la zona leal. Si el objetivo fuese proteger a la población, sólo se hubiera ordenado el congelamiento de los bienes personales de la familia Gadafi y de los dignatarios del régimen para impedirles violar el embargo sobre el armamento. Pero ese congelamiento se extendió también a los bienes del Estado libio. El hecho es que Libia, al ser un rico Estado petrolero, dispone de un tesoro considerable, parte del cual está invertido en el Banco del Sur, institución que se dedica al financiamiento de proyectos en el Tercer Mundo. Como señaló el presidente de Venezuela Hugo Chávez, el congelamiento de bienes no protegerá a los civiles. Su objetivo es restablecer el monopolio del Banco Mundial y del FMI.

Monasterio de san Juan de Duero

Monasterio de san Juan de Duero

El monasterio de San Juan de Duero nace de una pequeña iglesia románica que se construye en el siglo XII. Su trazado es sencillo, consta solo de una nave, y los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén eligieron este lugar, en las proximidades de Soria, para establecerse, pues su Orden tenía el cometido de dar alojamiento y protección a los peregrinos y caminantes, y por esta razón se instalaban en las entradas de las ciudades.

Los Hospitalarios fueron los artífices del monasterio cuyos restos permanecen en la actualidad. Primero reformaron la primitiva iglesia para adaptarla al culto y luego le adosaron un claustro. Una parte de la arquería es de estilo románico, con arcos de medio punto elevados sobre un podio, y otra es de influencia islámica con arcos calados que se entrecruzan.

El monasterio se declaró Monumento Nacional en 1882 y en 1934, cuando ya formaba parte del Museo Celtibérico, se habilitó como Museo Epigráfico. En la actualidad se ha convertido en la Sección Medieval del Museo Numantino y muestra restos de las culturas árabe, cristiana y judía, que conformaron Soria en la Edad Media.

Delinquir sale barato

Delinquir sale barato

Por una mera cuestión formal: la anulación de unas escuchas telefónicas, han absuelto en pocos días a los acusados en tres casos de tráfico de drogas. Una mujer detenida en Barajas con cuatro kilos de cocaína, cinco imputados en un comiso de 600 kilos de hachís y dos personas a las que pillaron cuando desembarcaban 3.200 kilos de hachís en una cala de la Costa Brava.

También cabe remarcar que 14 de los 19 imputados en el caso "Ballena Blanca", el mayor proceso judicial por blanqueo de dinero en España, han sido absueltos por la anulación de las intervenciones telefónicas. Algunos consideran que estas absoluciones son un triunfo del estado de derecho, pues demuestran que los derechos fundamentales que recoge el artículo 18.9 de la Constitución han quedado garantizados al ser protegido el secreto de las comunicaciones. Y desde el punto de vista legal, así es. Pero una cosa es absolver a un imputado por falta o insuficiencia de pruebas y otra que, habiéndose demostrado la comisión del delito, no se condene al culpable por una cuestión formal, porque parece que las garantías constitucionales favorezcan a los presuntos delincuentes y perjudiquen a las víctimas.

No estaría de más que se los legisladores revisaran y la policía aplicase mejor las escuchas telefónicas, a fin de evitar que algunos delincuentes se vayan de rositas.

Indignados

Indignados

Ganar con mentiras. Ésta es la impresión que dan los partidos políticos en cualquier convocatoria electoral. Recurrir a la mentira, al engaño, a la descalificación, a las promesas que se incumplirán… A todo, con tal de conseguir votos. Este insulto a los ciudadanos indigna, pero los partidos políticos son imprescindibles en cualquier sistema democrático que se precie. No los partidos que tenemos en España, sino los partidos como representantes e instrumento político de los ciudadanos. Sin partidos, en esto coincido con Jiménez de Parga, presidente emérito del Tribunal Constitucional, estaríamos en manos de los grandes grupos de presión, que nos tendrían completamente a su merced. Lo que hace falta, pues, es regenerar y democratizar los partidos políticos, para que no sirvan a otros intereses que no sean los de los ciudadanos a quienes representan. Así la democracia formal será democracia real.

 Los ciudadanos votamos a los partidos que nos parecen más honestos y creíbles, a los políticos que consideramos más adecuados para la compleja tarea que han de desempeñar; a unas personas que hagan, no que digan; que cumplan su palabra. Si la honestidad y la sinceridad fuesen una realidad y no una promesa, la vida política española sería otro cantar. Por eso, a los ciudadanos nos sobran motivos para estar cabreados.

Los comentarios que suscitaba en sus inicios el movimiento 15-M eran muy similares: Ya era hora. Hay que hacer algo. Esta situación no puede prolongarse más. Las acampadas de indignados expresaban el hartazgo colectivo de una sociedad exprimida y masacrada por la crisis económica. ¿Para qué vamos a ir a votar si todo seguirá igual? ¿Por qué Zapatero no intenta vivir con 600 euros mensuales? El movimiento generaba simpatías. ¿Serviría de algo? Quién sabe. Al menos en Bruselas dejarían de vernos como un rebaño se sumisos borregos. Pero la complicidad se ha ido esfumando con los días, especialmente como consecuencia del comportamiento de algunos de sus miembros. Después de bloquear el Parlament catalán, de los insultos y de las agresiones que sufrieron los parlamentarios, el movimiento 15-M ya no es tan valorado y va perdiendo la credibilidad. Todos estamos cansados, socarrados, hastiados, pero los problemas que padecemos no se resuelven acampando en un espacio público. ¿Qué queda de Mayo del 68? El mundo sigue igual, con ricos y pobres, con patronos y obreros. ¿Qué ha sobrevivido del espíritu de Woodstock? Un disco, una película y la intención de repetir el festival. El sistema siempre acaba devorándonos. El capitalismo salvaje debe morir y tenemos que matarlo entre todos antes de que nos liquide.

*Foto: Indignados ante el Ayuntamiento de Zaragoza 17/06/11

La ley no basta

La ley no basta

Juan Tirado, de 76 años, asesinó a su esposa de 71, en Bescanó. La pareja estaba en trámites de separación y el hombre hizo caso omiso de la orden de alejamiento que tenía por haber maltratado y amenazado a su mujer.

Los hechos ocurrieron en mayo y solo son un triste ejemplo de los otros casos similares que ocurren con demasiada frecuencia ya en nuestra sociedad. La cifra de mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas no cesa de aumentar. Sesenta y ocho en 2009, ochenta el año pasado. Pese a todas las medidas legislativas que se han implantado, pese a la creación de juzgados especiales, pese a la mayor concienciación ciudadana que existe al respecto, el número de mujeres víctimas de la violencia sexista crece.

Cuando sucede un delito de este tipo, se investiga si había denuncias previas y medidas judiciales para proteger a la víctima. En el caso del ejemplo, se había decretado una orden de alejamiento, que no sirvió de nada. Aunque existan antecedentes, denuncias, medidas preventivas de protección, es evidente que la ley ni disuade ni protege. Al hombre que ha decidido matar a su pareja, le importa muy poco lo que estipule una orden del juez. El problema es cultural y social y su resolución no es sencilla.

Como dijo la presidenta del Institut Català de les Dones, “Es urgente borrar del imaginario colectivo los modelos tradicionales de relaciones entre sexos basadas en el poder. Se tienen que transmitir nuevos modelos de relación y de resolución de situaciones conflictivas”. La idea es excelente, llevar a la práctica estos principios, ya es otra historia.

El poder corrompe

El poder corrompe

“El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, esta cita sintetiza el pensamiento de John E. Dalberg Acton y se corrobora día a día en cualquier rincón del mundo. Los gobernantes, con sus honrosas excepciones, y aún en las democracias más consolidadas, tienden, por lo general, a ciertas dosis de autoritarismo. Si además, y pese a las apariencias de su discurso y poses demagógicas, llevan dentro un tirano, sus arbitrariedades, su corrupción y la impunidad para hacer de su capa un sayo reflejan el abuso de poder contra los indefensos ciudadanos. Cuando se aspira a la presidencia con pésima administración y mal gobierno o se argumentan razones contra la irracionalidad de las decisiones, éstas deben contrarrestarse con controles e instituciones que velen para que prevalezcan las demandas de los ciudadanos.

 

Hartazgo por saturación

Hartazgo por saturación

José María Aznar lo sabía de buena tinta: “Irak está lleno de de armas de destrucción masiva”. Igualmente sabe de buena fuente que "a los españoles se les ha engañado. El diálogo con ETA continua"; se lo comunicó a su amigo P.J. Ramírez, a quien le faltó tiempo para publicar la noticia en la portada de su Mundo. Y el Abecedario le secundó invitándonos casi a otro alzamiento nacional: "La rendición del Estado: la memoria de las víctimas, mil muertos y miles de heridos física y moralmente, no permite dejar pasar este episodio de corrupción institucional como una etapa caduca". Así día tras día, año tras año. La caverna mediática, agitada por políticos de derechas, españolistas, de esos a los que no les gusta que les digan las copas de vino que tienen que beber, sigue avanzando con mordiscos y rebuznos, con una crítica barata y una demagogia populista insoportable. Pese a estos insultos descarados y constantes a la inteligencia de los ciudadanos, la gente les sigue votando. A los otros, que aguardan su turno y con quienes se alternan en el poder, también les votan.

Vivimos en el país europeo con el índice más alto de paro, corrupción y nepotismo. Somos los primeros en lo malo y lo llevamos con orgullo. Somos un país gris, con una monarquía que va a bodas principescas y a funerales de Estado y de paso apadrina osos panda, con un presidente incapaz de decidir qué hace para que la bomba de la crisis no le estalle en las manos, con un candidato a sucederle totalmente anodino, como es el señor Rajoy. Observando a unos y a otros, mi pesimismo aumenta exponencialmente cuando escucho a Aguirre, Arenas, Mayor Oreja, Rodrigo Rato, Sáenz de Santamaría, De Cospedal... o a Bono, Chaves, Blanco, Chacón, Jiménez, Montilla… Que tanto da. Nos hemos apuntado a la guerra de Libia porque no teníamos nada mejor que hacer, los obispos salen en manifestaciones al lado de banqueros y falangistas, sindicalistas convencidos protestan en las calles con gigantes y timbaleros, las familias arruinadas por la especulación y la falta de trabajo se quedan sin techo y no pasa nada. Me dan ganas de proclamarme apátrida y pedir asilo político en alguna tribu amazónica.

 

*Imagen: Ibáñez

 

 

Guerras humanitarias

Guerras humanitarias

La población civil pagará muy caro el apoyo militar a los golpistas de Bengasi contra el dictador de Trípoli. Aproximadamente uno de cada diez misiles disparados no hace diana en el punto fijado y se estrella en cualquier otro lugar fuera de control. Pero todos los misiles, los que aciertan y los que no hacen blanco, los que tienen la cabeza revestida de uranio empobrecido y los que solo tienen uranio empobrecido en los estabilizadores de sus alas, contaminan la zona. Es decir, este bombardeo eufemísticamente llamado humanitario matará a miles de civiles también en los años venideros.

Debido a sus características físicas específicas, en particular por su densidad, que lo hace extremadamente penetrante, así como por su bajo costo, producir un kilo de uranio empobrecido cuesta alrededor de dos dólares, y la dificultad que presenta su tratamiento como desecho radioactivo, el uranio empobrecido ha encontrado en el sector militar excelentes aplicaciones. En aleación con el titanio, el uranio empobrecido se emplea para perforar blindajes y como arma incendiaria.

La OTAN lo niega, pero existen pruebas fehacientes de que el uranio empobrecido se empleó en la guerra de los Balcanes con los misiles crucero tipo Tomahawk. Algunos misiles crucero llevan la cabeza reforzada con uranio empobrecido y contienen cerca de cuatrocientos kilos de este material. Consideremos el efecto de estas armas: según ha publicado la prensa internacional, durante el primer día de la guerra, el Pentágono declara haber disparado 112 misiles crucero en Libia. Tras una violenta combustión a unos 5000º C, cada impacto produce una nube de residuos tóxicos de dimensión variable, ¿Cuántos días durará la guerra? Multipliquen ustedes y tendrán una idea no muy alejada de la realidad.

Las guerras humanitarias, las armas quirúrgicas, las fuerzas de paz producen unos daños medioambientales y se cobran un número de víctimas indecente.

*Imagen: Reeddesing

 

Saber comer

Saber comer

Desde las más antiguas culturas y llegando a las actuales, el convite, el banquete, comer en grupo, compartir los alimentos es casi un ritual sagrado, núcleo de amistad y de convivencia social. La liturgia de la comida ofrece un papel cohesionador. Compartir el pan en las primeras comunidades cristianas, los interminables banquetes de bodas medievales, las fiestas modernas… Son indispensables para entender los códigos de una sociedad. Incluso las religiones, con sus normas y tabúes, pero también con su simbología, han entrado en el terreno de la comida hasta integrarla en sus ritos: el Sabbat judío, la Eucaristía cristiana, el Ramadán musulmán, etc.

Ya en el Antiguo Egipto existían códigos de conducta en la mesa: las Instrucciones de Ptahhotep, 2.500 a. de C., y diversas tablillas mesopotámicas abordan la cuestión. Asimismo China, el mundo clásico grecorromano, los textos de Alfonso X el Sabio o de Francesc Eiximenis de la Edad Media, en Italia, Alemania o Francia, en los festejos reales o en las comidas de negocios actuales existen normas de buena conducta. Observar estas pautas es saber convivir con los demás, pero ¿sabemos comer? Las normas se han flexibilizado tanto que del protocolo riguroso se ha pasado al mal comportamiento, incluso a la falta de respeto hacia los demás comensales. ¿Cuántas personas comen con la boca abierta, se acercan el cuchillo a los labios, usan el palillo sin la menor discreción, imponen su conversación telefónica, hablan con la boca llena…? Por suerte, la nueva ley antitabaco evita el cigarrillo entre plato y plato cuando se come en bares y restaurantes.

¿Lo hemos conseguido?

¿Lo hemos conseguido?

Tras lustros de lucha, las mujeres hemos conseguido que la palabra dada sirva para convertir a un hombre en culpable de la mayoría de delitos sexuales. Esto ha permitido que se castigue a muchos indeseables, pero, al mismo tiempo, también le ha causado la ruina a un montón de inocentes.

La palabra de una camarera de hotel ha servido para que el presidente del FMI haya acabado en prisión. La policía, un fiscal y un juez han creído el testimonio de una mujer. Dominique Strauss-Kahn puede ser culpable, pero a falta de un conocimiento completo de los hechos, también pudiera ser inocente.

Mujeres libres, luchadoras y libertarias

Mujeres libres, luchadoras y libertarias

La primera organización anarquista de mujeres se fundó en Barcelona, el año 1935, bajo el nombre de “Grupo Cultural Femenino CNT”. Por entonces eran muy escasos los grupos anarquistas mixtos, las mujeres que asistían por primera vez a una reunión no solían repetir la experiencia, de manera que las mujeres con voluntad de lucha vieron la necesidad de crear otro grupo, en el que las mujeres despolitizadas tuvieran cabida. Esta decisión suscitó numerosas controversias y debates, ya que suponía una secesión entre hombres y mujeres a la que veteranas como Federica Montseny o Llibertat Ródenas se negaban a unirse. En cambio, mujeres jóvenes entendían la situación de forma distinta: las veteranas de prestigio en las filas anarquistas eran excepción dentro de la realidad política y social, una excepción que no se hacía extensiva al resto de mujeres, que se sentían muy alejadas del tipo de trabajo que se desarrollaba en el seno de las organizaciones lideradas por hombres.

Así nació, de la mano de Conxita Liaño, Àurea Cuadrado, Soledad Estorach y Pilar Grangel el Grupo. Desde aquí se hizo un llamamiento a todas las mujeres para que se integrasen. La respuesta fue un éxito en Cataluña y se fijó la sede central en el Sindicato de la Construcción de la Confederación Nacional de Trabajo de Barcelona.

Los hombres anarquistas también pensaron que podría surgir un movimiento separatista, siendo el concepto de feminismo lo que más les preocupaba, pues se percibía en base a unas reclamas irrelevantes y propias de la clase media. Consideraban que los principios feministas estaban fuera de las necesidades de la clase obrera, donde hombres y mujeres eran tratados por igual. Pero, de hecho, la lucha de las mujeres dentro de los grupos anarquistas estaba muy lejos de estas reivindicaciones, básicamente porque la mayoría de ellas no había oído hablar nunca del feminismo. La lucha que emprendieron estas mujeres tuvo que ligarse a la idea de formación y trabajo, emancipación y participación en la organización y fuera de las teorías feministas que aparecieron unos años antes en la Europa Occidental.

A principios de 1936, el Teatro Olimpia de Barcelona se llenaba para presenciar el mitin del Grupo que proporcionó las bases para una organización que incluía varias asociaciones de Barcelona y alrededores. Empezada la Guerra Civil, el Grupo se unió a Mujeres Libres que funcionaba en Madrid, fundándose entonces la Federación Nacional de Mujeres Libres. Todos estos grupos surgidos del tejido obrero femenino tenían como finalidad dar a las mujeres la posibilidad de hablar de sus asuntos profesionales, teniendo cuidado de no invadir el terreno propio de los sindicatos y también de no fomentar el antagonismo entre hombres y mujeres.

 

*Obra referenciada: Mujeres Libres. Martha Ackelsberg.

Olvidar y seguir a lo nuestro

Olvidar y seguir a lo nuestro

Desde que Japón vive una tragedia humana y radiactiva, se torna evidente la necesidad de establecer límites claros entre qué resulta peligroso y qué no lo es.

Dejemos al margen a los inconscientes que se bañarían en aguas radiactivas para preservar el negocio y a los aprensivos que no beberían agua del grifo porque en Fukushima lo han prohibido. No es fácil establecer un camino a seguir y en España hemos podido comprobarlo. Cuando aparecieron los primeros casos de vacas locas vimos en la pira a cientos de vacas, hubo listas de infectados, explicaciones sobre la enfermedad… Se desató el pánico y por poco se hunde el sector ganadero del bovino. En el asunto del aceite de colza tóxico, por el contrario, la actuación de las autoridades fue penosa: "es un bichito que si se cae de la mesa se mata”.  Murieron miles de personas y aún hay cientos que padecen secuelas.

La catástrofe de Fukushima es grave, de eso no hay duda. Lo peor es que, como dijo el emperador de Japón, los efectos son impredecibles. Éste es el principal problema.  ¿Son peligrosos los teléfonos móviles? ¿Sus microondas cerca del cerebro destruyen las neuronas? Es difícil saberlo. Cualquier estudio al respecto contará con el desmentido de la multinacional afectada. Ninguna universidad puede encabezar el estudio porque ninguna empresa de las que financian las investigaciones universitarias lo avalará, y no está la crisis como para perder subvenciones. Las empresas ya se han encargado de comprar silencio. Pese a todo, quizás los móviles no sean tan nocivos si hacemos un uso racional de ellos. Respecto a las microondas, los márgenes legales son difusos, los intereses creados, la desinformación y las informaciones interesadas han logrado que a estas alturas nadie sepa si los móviles son perjudiciales o no para la salud. Se retiran antenas por presiones vecinales, los ayuntamientos legislan con una vara elástica y las compañías lo controlan todo hasta donde les permite la ley. La cuestión es que sin antenas eficientes no podríamos tener ese teléfono 3-D que acaba de aparecer en el mercado. Todos estamos atrapados en el mismo círculo vicioso. Como cada vez hay más usuarios, cada vez se necesitan más antenas. Como cada vez hay más inversión en infraestructuras, las compañías cada vez hacen más propaganda. A más propaganda, más clientes, y vuelta a empezar.

Con las centrales nucleares ocurre algo semejante. Se construyen porque la demanda de electricidad es enorme, costosísima y creciente. La energía atómica es potente, resulta relativamente barata y es inmediata. Cualquier país desarrollado, con un buen nivel de vida y un alto grado de dependencia de las nuevas tecnologías, necesita fuentes de energía propias y eficaces. Hete aquí otro círculo vicioso. La energía nuclear es una necesidad para mantener nuestro ritmo de vida. No podemos abominar de ella sin decir a qué estamos dispuestos a renunciar: a nuestro teléfono móvil, al ordenador, a las consolas… Está claro que nadie piensa renunciar, por eso existen tantas centrales nucleares. Es el precio que hay que pagar. Algunos dirán que no es lo mismo que un rayo destruya un molino de viento que un terremoto deje en ruinoso estado a una central nuclear. Y, en efecto, las consecuencias no se pueden comparar. Como tampoco es comparable la cantidad de energía que produce una nuclear y un molino.

Volviendo al tema inicial: Fukushima. Pasan los días y poco a poco olvidamos, nos cansamos del asunto, de verle las tripas descompuestas al reactor. La vida sigue. ¿Quién recordaba Chernóbil hace un mes?

Allí y aquí

Allí y aquí

Durante las últimas semanas hemos oído decir que los japoneses son un pueblo sin parangón. Sensible, ordenado, cívico, disciplinado, obediente, sufrido, que padece en silencio, que no protesta, que no expresa sus emociones de dolor o enojo, que no grita, que no exige explicaciones, que acepta las razones que le dan, que cumple las recomendaciones que se le hacen… En suma, los japoneses tienen todas las virtudes de las que carecemos los españoles.

Los japoneses actúan así, pero imaginemos qué pasaría en España. Aquí ocurre un accidente nuclear en Ascó y no se informa a las autoridades. No solo eso, se permite que los escolares visiten la central. Aquí no nos enteraríamos de nada hasta que nos aparecieran topos de color verde en la piel. Nos sorprende la respuesta de los japoneses cuando lo más lógico, según nuestro modo de ser, habría sido quitarle la poltrona a un gobierno que engaña, pedir la cabeza de los mandamases de la Tokyo Electric Power Company (TEPCO) y llevar al paredón a los ingenieros que construyeron la central y a los científicos que avalaron la seguridad de la misma. Aquí encontraríamos más adecuado que los japoneses se echaran a la calle, que no hubiera voluntarios para inmolarse en un reactor nuclear, que gritaran, que huyeran de una tierra infestada de radiación… Cualquier reacción nos parecería mejor que esa tranquilidad pasmosa frente a la mentira, a los daños, a la devastación, a la muerte, a la inmoralidad, a la improvisación, a los parches. Por cierto, ¿hay alguna plaza Tahrir en España?

Pan

Pan

Vayamos 10.000 años atrás, a Mesopotamia, a las tierras fertilizadas por el Tigris y el Éufrates. Los indicios apuntan que fue aquí donde por primera vez en la historia se hizo pan. Gracias al cambio climático acontecido en nuestro planeta fue posible que los cereales salvajes ocupasen una amplia extensión de terreno y entre estos cereales estaba el trigo. Los hombres de aquellos tiempos aprendieron a cultivarlo y de esta manera comenzó la vida sedentaria gracias a que se disponía de un alimento fundamental. También la domesticación de algunos animales contribuyó al establecimiento de los grupos nómadas de cazadores, que hasta entonces estuvieron condicionados por los caprichos de la naturaleza.

El pan cocido, como tantas otras cosas, surgió por casualidad. Se trituraban los granos de trigo con dos piedras y después se añadía agua para elaborar una sopa, pero un día alguien dejó su ración dentro del cuenco y pasadas las horas se había convertido en una especie de bizcocho grumoso, seco y plano, parecido al que encontramos hoy en las panaderías.

Sabemos que los egipcios se alimentaban básicamente de pan y verdura, sobre todo de cebolla. Sin embargo, fueron los griegos quienes establecieron el oficio de panadero, llegando a contar con cerca de setenta variedades de pan.

El pan se asocia a la divinidad, es un don divino, y en todas las religiones encontramos referencias que relacionan Dios y pan. En el relato del Éxodo se explica que el maná era una lluvia de copos de pan con el que Iahvé alimentaba a su pueblo durante la travesía por el desierto hacia la tierra prometida. Jesucristo transforma el pan en su propio cuerpo mediante el sacramento de la eucaristía. Y en una de las principales oraciones, el Padrenuestro, se pide al Altísimo que no nos falte el pan cada día.

Hoy, el pan ya no es lo que fue. Cuesta encontrar pan de verdad. Las panaderías de hace unos años desprendían un olor característico a pan recién cocido que sabía a gloria divina. Las barras que se venden ahora provienen de una masa congelada que se cuece en un microondas y que al cabo de unas horas se vuelve elástica e incomible. El pan de antes procedía de una elaboración artesanal y solo requería harina de trigo, agua, sal y un poco de levadura, estaba cocido en un horno de leña, se secaba lentamente y las hogazas que se vendían en los pueblos podían mantenerse en perfecto estado a lo largo de una semana, con su característico sabor.

El pan ha rebajado mucho su calidad y la demanda de este producto básico en la alimentación también ha descendido, en parte debido a esa leyenda negra que le atribuye la capacidad de engordar a quien lo come. Para los que conocimos el pan de antaño, es un lujo y un placer degustar un buen pan, de fabricación tradicional. Poco necesita este pan para convertirse en un manjar, un simple chorro de aceite de oliva basta, si además se le añade tomate y unos filetes de buen jamón, estaremos degustando una exquisitez.