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Pluma y tintero

Pluma y tintero

Según Freud, para algunos autores aquejados de ciertas obsesiones: el tintero es el útero y la pluma el falo que lo engendra. Como casi todas las teorías freudianas, ésta queda desvirtuada, en el momento presente los escritores usamos masivamente el ordenador. Pero quién nos asegura que en el subconsciente no nos ha quedado alguna reminiscencia sobre el gratificante acto de meter y sacar la “pluma” del “tintero” y por eso precisamente escribir es un placer.

Érase una vez... Gibraltar

Érase una vez... Gibraltar

Érase una vez, hace 300 años, España necesitaba un descendiente al trono porque el rey Carlos II (el Hechizado) no había tenido hijos. Su testamento fue forzado por Francia a favor de Felipe de Anjou (futuro Felipe V), nieto de Luis XIV. Este hecho provocó el rechazo por parte de varias potencias europeas (Inglaterra, el imperio austriaco, Holanda, Portugal y algunos estados alemanes) que, reunidas en torno a la gran alianza de La Haya, se pronunciaron a favor del archiduque Carlos de Austria como descendiente del trono de Castilla y Aragón. La razón principal fue el temor europeo al fortalecimiento del eje franco-español en manos de los Borbones. Como era de esperar estalló el conflicto entre los aspirantes: La Guerra de Sucesión (1702-1714).

Los ingleses estaban obsesionados por hacerse con la roca, un lugar estratégico desde tiempos de los fenicios y cartagineses, hasta el punto de que la leyenda cuenta que Hércules había levantado allí una de sus famosas columnas. En 1704, las fuerzas angloaustriacas se dirigieron a Gibraltar desde Ceuta. La armada inglesa, comandada por el almirante sir George Rooke, era impresionante: 61 barcos de guerra; 4.104 cañones; 25.583 soldados y 68 naves de transporte, junto con las fuerzas del príncipe de Darmstad: 3.000 hombres. El asedio y el bombardeo acabaron al día siguiente con la capitulación del capitán Diego Salinas y sus 100 soldados, que componían toda la guarnición de la armada española en el lugar. Sir George Rooke tomó posesión de la plaza en nombre de la reina de Inglaterra María Estuardo y el millar de habitantes de Gibraltar abandonaron la ciudad (solo se quedaron 12) y fundaron el pueblo de San Roque junto a la ermita del santo.

El 13 de julio de 1713, los embajadores de Felipe V, el duque de Osuna y el marqués de Monteleón, acordaron mediante el Tratado de Utrecht la paz y la cesión del Peñón a Inglaterra.

_ Articulo X de El Tratado de Utrecht.

"El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno.

Pero, para evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra. Y como la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos, y de aquí puede resultar que los soldados de la guarnición de Gibraltar y los vecinos de aquella ciudad se ven reducidos a grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho más arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra, se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvencina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos u de las naves surtas en el puerto.

Pero si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarán al fisco y presentada queja de esta contravención del presente Tratado serán castigados severamente los culpados.

Y su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar, ni se dé entrada ni acogida a las naves de guerra moras en el puerto de aquella Ciudad, con lo que se puede cortar la comunicación de España a Ceuta, o ser infestadas las costas españolas por el corso de los moros. Y como hay tratados de amistad, libertad y frecuencia de comercio entre los ingleses y algunas regiones de la costa de África, ha de entenderse siempre que no se puede negar la entrada en el puerto de Gibraltar a los moros y sus naves que sólo vienen a comerciar.

Promete también Su Majestad la Reina de Gran Bretaña que a los habitadores de la dicha Ciudad de Gibraltar se les concederá el uso libre de la Religión Católica Romana.
Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla".

El artículo deja bien claras las cosas, pero desde aquella fecha ha habido asedios, cierres fronterizos, peticiones de devolución a la ONU... Los españoles no se resignan y siguen empeñados en recuperar Gibraltar. Por si no hubiera bastante con el asunto de la discutida soberanía, el ex presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, añadió más leña al fuego. En mayo de 2002 propuso que "si España reclama la recuperación de Gibraltar, Cataluña reclama la recuperación de la cosoberanía o soberanía compartida" que se daba antes de 1714, ya que la pérdida de Gibraltar y de la soberanía catalana son de alguna manera resultado del tratado de Utrecht de 1713: "Si se dice que hay que revisar lo de Gibraltar, nosotros también podemos pedir que se revise más a fondo lo de Cataluña".

Aunque Felipe de Anjou juró las Constituciones en Barcelona (1702), poco a poco fue extendiéndose en Cataluña una corriente de simpatía hacia el pretendiente austriaco. Primero, porque el modelo borbónico era básicamente absolutista y centralista, mientras que el de los Austrias era de "soberanía compartida y compuesta", tal como se había venido ejerciendo en la Corona de Aragón desde la baja Edad Media.

En 1705, se pactó en Génova el alineamiento de Cataluña con la gran alianza a cambio de que Inglaterra se comprometiera a proveer de armas y soldados al Principado y a hacer cumplir al archiduque las leyes y constituciones catalanas, extendiendo esta garantía incluso en el caso de que los Borbones ganaran la guerra. En 1706, el archiduque Carlos entraba triunfalmente en Barcelona y las Cortes catalanas le reconocían como rey. Felipe V consideró el hecho como una traición.

La guerra tuvo diversos avatares para uno y otro bando, hasta que en 1711 el archiduque Carlos heredó el trono austriaco, lo que significaba un giro inesperado en la estrategia de equilibrios europea. Los aliados temieron que se rehiciera el antiguo imperio de Carlos I, e Inglaterra y Holanda cesaron el envío de tropas a Cataluña. Además, la llegada al poder de los "tories", partidarios de una paz económicamente ventajosa, como lo era la oferta de Felipe V de cederles el derecho de establecimientos de negros en América, hizo el resto.

Mediante el Tratado de Utrecht, Inglaterra impone sus tesis para Europa, frena el expansionismo francés y conserva Menorca y Gibraltar, pero abandona a su suerte a sus aliados del Principado, lo que dio pie a una polémica que se conoció en Europa como el caso de los catalanes. El archiduque rechazó la posibilidad de que Cataluña acudiera a Utrecht como "nación interesada" y propuso que se le concedieran los cuatro reinos de la corona catalano-aragonesa o, incluso, establecer una república catalana bajo protección inglesa. Pero el primer ministro británico, Bolingbroke, lo rechazó y se limitó a pedir una amnistía general, con restitución de bienes y honores. El artículo 13 del tratado hace constar el interés inglés a favor de los privilegios catalanes, mientras que Felipe V promete dar a los catalanes la misma consideración que a los castellanos. Una vez ocupada Barcelona (1714) y terminada la guerra, las instituciones catalanas (Corts, Generalitat, Consells Municipals y la Coronela) fueron abolidas con el decreto de Nueva Planta. Los bienes de nobles y militares fueron confiscados, los eclesiásticos fueron privados de sus cargos, las fortalezas derribadas, las universidades cerradas, la lengua prohibida, etcétera.

La polémica sobre Cataluña duró años en Europa. Una comisión creada en Londres propuso condenar al primer ministro Bolingbroke por incumplir los acuerdos con los catalanes y todavía hoy los catalanes le recuerdan al Reino Unido que tiene una deuda con Cataluña.

Todo empezó el 4 de agosto de 1704, cuando la bandera británica se izó en el Peñón y, por ahora, no se vislumbra que el final del cuento sea: ... y fueron felices y comieron perdices.

10 historias que el mundo necesita saber

10 historias que el mundo necesita saber

Lo que no aparece en los medios de comunicación, no existe. Mientras nos llega información exhaustiva sobre determinados asuntos, suceden otros, no menos importantes, que quedan en el olvido. Lo sabemos casi todo sobre la Guerra de Iraq, pero simultáneamente se desarrollan en el mundo otros hechos igualmente relevantes que son obviados.

Para acabar con esta filosofía y dar voz a quienes permanecen sin ella en el mundo de los medios de comunicación ha surgido una de las últimas iniciativas del Departamento de Información Pública de Naciones Unidas: "Diez historias que el mundo debería saber". Se trata de diez asuntos internacionales importantes que no obtienen suficiente atención de los medios de comunicación.

* Uganda: Los niños soldados en el centro de la creciente crisis humanitaria.

* República Centroafricana: una crisis silenciosa que pide ayuda a gritos.

* Huérfanos por el SIDA: Una tragedia silenciosa en el África subsahariana.

* La paradoja del mantenimiento de la paz: mientras la paz se extiende, aumenta la demanda sobre los recursos de la ONU.

* Tayikistán: Resurge entre las cenizas de la guerra civil.

* Las mujeres como pacificadoras: de víctimas a reconstructoras de la sociedad.

* Las personas con discapacidad: un tratado que busca abrir el camino hacia la igualdad.

* La Península de Bakassi: El recurso de la ley para evitar el conflicto.

* Sobre pesca: una amenaza a la biodiversidad marina.

* Indígenas que viven en aislamiento voluntario.

Conoce las 10 historias que el mundo necesita saber

Preguntas curiosas

Preguntas curiosas

¿Porqué los kamikazes llevan casco?

¿Porqué venden tabaco en las gasolineras si está prohibido fumar?

Adan y Eva, ¿tenían ombligo?

Si los Seven Eleven están abiertos 24 horas al día, 365 días al año, entonces ¿por qué las puertas tienen cerrojo?

Si nada se pega al teflón, ¿cómo lo adhieren a la sartén?

Si Superman es tan listo, entonces ¿por qué lleva los calzoncillos por fuera?

Cuando te haces una foto al lado de Mickey Mouse, el hombre de dentro del disfraz, ¿está sonriendo?

¿Porqué bragas es plural y sujetador es singular?

¿Porqué en los anuncios de raquetas de tenis aparece gente jugando al tenis, en los anuncios de coches puedes ver coches, y, sin embargo, en los anuncios de preservativos no ves más que gente jugando al tenis o coches parados?

¿Por qué no hacen los aviones con el mismo material que usan para hacer la caja negra?

¿Porqué cuando llueve levantamos los hombros? ¿Acaso nos mojamos menos?

¿Porqué cuando conduces buscando un sitio para aparcar bajas el volumen de la radio? ¿Acaso vas a ver mejor?

El otro día oí que las esponjas crecen en el mar. ¿Hasta donde llegaría el agua si no fuese por ellas?

Si estamos compuestos por un 80% de agua, ¿cómo podemos ahogarnos?

Se dice que sólo diez personas en todo el mundo entendían a Einstein. Si nadie me entiende a mí, ¿soy un genio?

Si los vegetarianos comen vegetales, ¿qué comen los humanitarios?

Si cárcel y prisión son sinónimos, ¿por qué no lo son carcelero y prisionero?

Si una palabra estuviese mal escrita en el diccionario, ¿cómo lo sabríamos?

¿Porqué en los Estados Unidos te hace falta el carnet de conducir para comprar alcohol si está prohibido beber y conducir?

¿Los caballos tienen sobacos?

Cuando un coche está circulando, ¿el aire de dentro de las ruedas está girando?

El otro día compré agua en polvo. Pero ¿cómo la preparo?

Si le pidiesen identificación al rey, ¿podría presentar una moneda de euro?

Si los banqueros pueden contar, ¿por qué en los bancos hay ocho ventanillas y sólo cuatro cajeros?

¿De qué color es un camaleón mirándose en un espejo?

En caso de guerra nuclear, ¿los pulsos electromagnéticos de las bombas termonucleares podrían dañar mis videocasetes?

¿Qué pasaría si un hermano siamés fuese declarado culpable de un asesinato y condenado a muerte en la silla eléctrica?

Si fueses a disparar a un mimo, ¿te haría falta silenciador?

¿Porqué las bailarinas andan siempre de puntillas? ¿No sería más fácil contratar bailarinas más altas?

A una nave espacial que está viajando a la velocidad de la luz, ¿le funcionan los faros?

Un esquizofrénico paranoico ¿tiene miedo de estar persiguiéndose?

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Mi etiqueta

Mi etiqueta

Sus ojos me examinan y luego baja la vista sin que encuentre la prueba que está buscando. Ni un gesto raro, ni una sola evidencia, nada le demuestra mi tara. Noto que se atrinchera tras el prejuicio, que le molesta, que no sabe reaccionar. No puedo modificar su respuesta instintiva, esta primera impresión. El diálogo se le hace imposible porque ya no me ve como amigo y esta decisión es inapelable, así el círculo se cierra y el contacto resulta imposible.

Una palabra es suficiente para calificar mi estigma y este nombre me perseguirá siempre: homosexual. Una definición que a mí me deja indiferente por ser demasiado vasta y poco comprensible. Una palabra que supone una cadena a la que se liga toda una existencia, una prisión donde se encierra al individuo. Yo desaparezco bajo la etiqueta de homosexual, como otros desaparecen bajo el epígrafe de calvo, oligofrénico, viejo o negro, estas reducciones provocan miradas que hieren la personalidad y abren llagas secretas.

El ser humano es de una complejidad asombrosa, ¿podemos reducirlo a rubio, simpático, gordo...? Estas calificaciones ¿nos ayudan a descubrir el misterio que se oculta tras cada individuo? Yo pienso que es un peligro. No se pueden impedir los juicios, pero hay que evitar el daño engendrado por unas consideraciones precipitadas y obligarnos a mirar al otro con generosidad.

Detrás de las palabras se oculta un ser, una personalidad única, rica, que el peso de los prejuicios acaba recubriendo de una capa endemoniadamente categórica. La silla de ruedas, el perro lazarillo, es lo que salta a la vista, pero ¿vemos tras el bastón blanco a la persona? ¿Queremos verla?

Las reflexiones sobre la normalidad me apasionan hasta la obsesión, me atormentan, me lastiman. Al principio lo hubiera hecho todo por se normal y observaba a los “individuos normales” para conocerlos mejor. ¿Qué es un hombre? Descartes lo define como un ser estrambótico, Rabelais celebra su risa, Brillant-Savarin destaca su capacidad para destilar frutos y extraer licores como característica para demostrar que se es un hombre. Beaumarchais sugiere que beber sin sed y hacer el amor en cualquier momento nos diferencia del resto de los animales. Valéry escribe que aquél que sabe hacer un nudo pertenece a la raza humana. Estas tentativas de definición tienen simplemente el mérito de poner en evidencia, no sin humor, la dificultad de definir al ser humano.

Una definición, por demasiado simplista, resulta peligrosa. Determina abusivamente lo que es normal o no y engendra una marginación, una exclusión incluso. Toda reducción que circunscribe al hombre negando la unicidad del individuo confunde el accidente con la sustancia. Este tipo de engaño encubre unas formas a menudo insidiosas. Un día un hombre me dijo que se sentía orgulloso de ser homosexual, yo no me siento orgulloso de mi condición, pero sí hay algo que me llena de orgullo: soy un hombre con unos derechos y unos deberes iguales a los de los demás, comparto sus mismos sufrimientos, las mismas alegrías... Este orgullo nos une a todos, al cojo, al judío, al zurdo, al inmigrante sin papeles. Tanto ellos como yo, somos hombres.

Mis ojos húmedos miran al suelo, esquivo su rostro para no hacer más grande su vergüenza y para no ver la incomprensión y la repugnancia que lleva asociadas. Han caído las máscaras. Creía que no era necesario protegerse delante de un amigo, refugiarse dentro de una armadura. Un amigo no condena, pero él acaba de demostrarme que no era mi amigo.

Discriminación necesaria

Los varones se quejan. Alegan que la Ley Integral contra la Violencia de Género no les contempla y que cualquier hombre que sufra agresión o malos tratos está desprotegido. Su argumento no es cierto, el Código Penal sigue amparando a todas las personas que sufran amenazas, coacciones, trato vejatorio... El carácter específico de la ley se establece porque el problema también es específico y las cifras así lo demuestran. Un 92,2% de los fallecimientos por violencia doméstica son mujeres asesinadas por sus parejas o ex compañeros sentimentales. En los últimos tres años este tipo de violencia se ha incrementado en un 60%. Opino que estos porcentajes bien merecen que se haga una discriminación positiva a favor de mujer.

Comisión 11-M

No creo que nadie que conozca cómo se las gastan los políticos españoles esperase algo de la comisión que investiga el atentado del 11-M. Las comparecencias han puesto de manifiesto la triste realidad que muchos intuíamos: los partidos políticos no tienen la menor intención de esclarecer los hechos y la comisión es un circo. No sabremos si nos engañaron los unos, los otros o ambos, pero al menos podremos constatar una vez más en qué manos estamos.

Lejos de aclarar los hechos se añaden más elementos de confusión aun cuadro ya de por sí surrealista. Los atentados, que primero fueron cosa de ETA, luego de Al-Qaeda, más tarde de un grupo radical islamista de marroquíes que contaron con el apoyo de una trama de confidentes asturianos con conexiones en el exterior, puede resultar un poco de todo, pues aunque en un primer momento Arnaldo Otegui aseguró públicamente que ETA no era la autora, luego dijo, según se ha sabido mediante un pinchazo telefónico, que fue la banda terrorista vasca y que había que echarle la culpa a los moros. El Gobierno no dice ni pío al respecto porque este dato, que figura en un documento desclasificado del 18 de marzo, avala la tesis del PP.

Yo he llegado a las siguientes conclusiones: Los políticos pretenden tomarnos el pelo sin que se note demasiado, salvar el poco honor que les queda y pasar página cuanto antes, la verdad les importa un pito. De las declaraciones de sus miembros se deduce que el Centro Nacional de Inteligencia y los servicios secretos, encargados de velar por la seguridad de todos los españoles, se parecen a la T.I.A. de Mortadelo y Filemón. Nos hallamos indefensos frente al terrorismo, venga de donde venga. Los 192 muertos, los cientos de heridos y mutilados, sus familias y los ciudadanos hemos sido utilizados por el poder.

La elección en amor

La elección en amor

En una conferencia reciente me ha ocurrido insinuar, entre otras, dos ideas, de las cuales la segunda va articulada en la primera. Ésta suena así: el fondo decisivo de nuestra individualidad no está tejido con nuestras opiniones y experiencias de la vida; no consiste en nuestro temperamento, sino en algo más sutil, más etéreo y previo a todo esto. Somos, antes que otra cosa, un sistema nato de preferencias y desdenes. Más o menos coincidentes con el del prójimo, cada cual lleva dentro el suyo, armado y pronto a dispararnos en pro o en contra, como una batería de simpatías y repulsiones. El corazón, máquina de preferir y desdeñar, es el soporte de nuestra personalidad. Antes de que conozcamos lo que nos rodea, vamos lanzados por él en una u otra dirección, hacia unos u otros valores. Somos, merced a esto, muy perspicaces para las cosas en que están realizados los valores que preferimos, y ciegos para aquellas en que residen otros valores iguales o superiores, pero extraños a nuestra sensibilidad.

A esta idea, sustentada hoy con vigorosas razones por todo un grupo de filósofos, agrego una segunda, que no he visto hasta ahora apuntada. Se comprende que en nuestra convivencia con el prójimo nada nos interesa tanto como averiguar su paisaje de valores, su sistema de preferir, que es raíz última de su persona y cimiento de su carácter. Asimismo, el historiador que quiera entender una época necesita, ante todo, fijar la tabla de valores dominantes en los hombres de aquel tiempo. De otro modo, los hechos y dichos de aquella edad que los documentos le notifican serán letra muerta, enigma y charada, como lo son los actos y palabras de nuestro prójimo mientras no hemos penetrado más allá de ellos y hemos entrevisto a que valores en su secreto fondo sirven. Ese fondo, ese núcleo del corazón, es, en efecto, secreto: lo es en buena parte para nosotros mismos, que lo llevamos dentro; mejor dicho, que somos llevados por él. Actúa en la penumbra subterránea, en los sótanos de la personalidad, y nos es tan difícil percibirlo como nos es difícil ver el palmo de tierra sobre que pisan nuestros pies. Tampoco la pupila se puede contemplar a sí misma. Pero, además, una buena porción de nuestra vida consiste en la mejor intencionada comedia que a nosotros mismos nos hacemos. Fingimos modos de ser que no son el nuestro; y los fingimos sinceramente, no para engañar a los demás, sino para maquillarnos ante nuestra propia mirada.

El tipo de humanidad que en el otro ser preferimos, dibuja el perfil de nuestro corazón. Es el amor un ímpetu que emerge de lo más subterráneo de nuestra persona, y al llegar al haz visible de la vida arrastra, en aluvión, algas y conchas del abismo interior. Un buen naturalista, filiando estos materiales, puede reconstruir el fondo pelágico del que han sido arrancados. Se querrá oponer a esto la presunta experiencia de que a menudo una mujer que consideramos de egregio carácter fija su entusiasmo en un hombre torpe y vulgar. Pero yo sospecho que los que así juzgan padecen casi siempre una ilusión óptica: hablan un poco desde lejos y el amor es un cendal de finísima trama, que sólo se ve bien desde muy cerca. En muchos casos, el tal entusiasmo es solo aparente: en realidad no existe. El amor auténtico y el falso se comportan -vistos desde lejos- con ademanes semejantes. Pero supongamos un caso en que el entusiasmo sea efectivo: ¿qué debemos pensar? Una de dos: o que el hombre no es tan menospreciable como creemos, o que la mujer no era, efectivamente, de tan selecta condición como imaginábamos.

En conversaciones y en cursos universitarios (con ocasión de determinar qué es lo que llamamos carácter) he expuesto reiteradamente este pensamiento y he podido observar que provoca con cierto automatismo un primer movimiento de protesta y resistencia. Como en sí misma la idea no contiene ingrediente alguno irritante o ácido, ¿por qué, en tesis general, no había de halagarnos que nuestros amores sean la manifestación de nuestro ser recóndito? Esa automática resistencia equivale a una comprobación de su verdad. El individuo se siente cogido de sorpresa y en descubierto por una brecha que no había resguardado. Siempre nos enoja que alguien nos juzgue por aquella faceta de nuestra persona que presentamos al descuido. Nos toman desprevenidos y esto nos irrita. Quisiéramos ser juzgados previo aviso y por las actitudes que dependen de nuestra voluntad, a fin de poder componerlas como ante el fotógrafo. (Terror de la “instantánea”). Pero claro es que, desde el punto de vista del investigador del corazón humano, lo interesante es entrar en el prójimo por donde menos presuma y sorprenderlo in fraganti.

Si la voluntad del hombre pudiese suplantar por completo su espontaneidad, no habría para qué bucear en los fondos arcanos de su persona. Pero la voluntad solo puede suspender algunos momentos el vigor de lo espontáneo. A lo largo de toda una vida, la intervención del albedrío contra el carácter es prácticamente nula. Nuestro ser tolera cierta dosis de falsificación por medio de la voluntad dentro de esa medida, mejor que de falsificación es lícito hablar de que nos completamos y perfeccionamos. Es el golpe de pulgar que el espíritu -inteligencia y voluntad- da a nuestro barro primigenio. Sea mantenida en todo honor esta divina intervención de la potencia espiritual. Mas para ello es preciso moderar ilusiones y no creer que este influjo maravilloso puede pasar de aquella dosis. Más allá de ella empieza la efectiva falsificación. Un hombre que toda su vida marcha en contra de su nativa inclinación es que nativamente está inclinado a la falsedad. Hay quien es sinceramente hipócrita o naturalmente afectado.

Cuanto más va penetrando la actual Psicología en el mecanismo del ser humano, más evidente aparece que el oficio de la voluntad y, en general, el del espíritu, no es creador, sino meramente corrector. La voluntad no mueve, sino que suspende éste o el otro ímpetu prevoluntario que asciende vegetativamente de nuestro subsuelo anímico. Su intervención es, pues, negativa. Si a veces parece lo contrario, es por la razón siguiente; constantemente acaece que en el intrincamiento de nuestras inclinaciones, apetitos, deseos, uno de ellos actúa como un freno sobre otro. La voluntad, al suspender ese refrenamiento, permite a la inclinación antes trabada que fluya y se estire plenamente. Entonces, parece que nuestro querer tiene un poder activo, cuando, en rigor, lo único que ha hecho es levantar las esclusas que contenían aquel ímpetu preexistente.

El sumo error, desde el Renacimiento hasta nuestros días, fue creer -con Descartes- que vivimos de nuestra conciencia, de aquella breve porción de nuestro ser que vemos claramente y en que nuestra voluntad opera. Decir que el hombre es racional y libre me parece una expresión muy próxima a ser falsa. Porque, en efecto, poseemos razón y libertad; pero ambas potencias forman solo una tenue película que envuelve el volumen de nuestro ser, cuyo interior ni es racional ni es libre. Las ideas mismas de que la razón se compone nos llegan hechas y listas de un fondo oscuro, enorme, que está situado debajo de nuestra conciencia. Parejamente, los deseos se presentan en el escenario de nuestra mente clara como actores que vienen ya vestidos y recitando su papel de entre los misteriosos y tenebrosos bastidores. Y como sería falso decir que un teatro es la pieza que se representa en su iluminado escenario, me parece por lo menos inexacto decir que el hombre vive de su conciencia, de su espíritu. La verdad es que, salvo esa somera intervención de nuestra voluntad, vivimos de una vida irracional que desemboca en la conciencia, oriunda de la cuenca latente, del fondo invisible que en rigor somos. Por eso el psicólogo tiene que transformarse en buzo y sumergirse bajo la superficie de las palabras, de los actos, de los pensamientos del prójimo, que son mero escenario. Lo importante está detrás de todo eso. Al espectador le basta con ver a Hamlet, que arrastra su neurastenia por el jardín ficticio. El psicólogo le espera cuando sale por el foro y quiere conocer, en la penumbra de telones y cordajes, quién es el actor que hace de Hamlet. Es natural, pues, que busque los escotillones y rendijas por donde deslizarse a lo profundo de la persona. Uno de estos escotillones es el amor.

Vanamente la dama que pretende ser tenida por exquisita se esfuerza en engañamos. Hemos visto que amaba a Fulano, Fulano es torpe, indelicado, sólo atento a la perfección de su corbata y al lustre de su Rolls. Contra esta idea de que en la elección amorosa revelamos nuestro más auténtico fondo caben innumerables objeciones. Es posible que entre ellas existan algunas suficientes para dar al traste con la verosimilitud del aserto. Sin embargo, las que de hecho suelen salir al paso me parecen inoperantes, poco rigurosas, improvisadas por un juicio sin cautela. Se olvida que la Psicología del erotismo sólo puede proceder microscópicamente. Cuanto más íntimo sea el tema psicológico de que se trate, mayor será la influencia del detalle. Ahora bien: el menester amoroso es uno de los más íntimos. Probablemente, no hay más que otra cosa más íntima que el amor: la que pudiera llamarse sentimiento metafísico, o sea, la impresión radical última, básica, que tenemos del universo. Sirve ésta de fondo y soporte al resto de nuestras actividades, cualesquiera que ellas sean. Nadie vive sin ella aunque no todos la tienen dentro de sí subrayada con la misma claridad. Contiene nuestra actitud primaria y decisiva ante la realidad total, el sabor que el mundo y la vida tienen para nosotros. El resto de nuestros sentires, pensares, quereres, se mueve ya sobre esa actitud primaria y va montado en ella, coloreado por ella.

Precisamente, el cariz de nuestros amores es uno de los síntomas más próximos de esa primigenia sensación. Por medio de él nos es dado sospechar a qué o en qué tiene puesta su vida el prójimo y esto es lo que interesa más averiguar: no anécdotas de su existencia, sino la carta a que juega su vida. Todos nos damos alguna cuenta de que en zonas de nuestro ser, más profundas que aquellas donde la voluntad actúa, está ya decidido a qué tipo de vida quedamos adscritos. Vano es el ir y venir de experiencias y razonamientos, nuestro corazón, con terquedad de astro, se siente adscrito a una órbita previa y girará por su propia gravitación hacia el arte o la ambición política o el placer sexual o el dinero. Muchas veces la existencia aparente del individuo va al redropelo de su destino íntimo, dando ocasión a sorprendentes disfraces: el hombre de negocios que oculta a un sensual, o el escritor que es en verdad sólo un ambicioso de poder político.

Extracto de Estudios sobre el amor, Ortega y Gasset

La casa química

La casa química

La organización ecologista Greenpace ha elaborado una lista cuyo objetivo es proporcionar a los consumidores información sobre las sustancias peligrosas que pueden estar presentes en productos de consumo que habitualmente tenemos en nuestros hogares: perfumes, pinturas, detergentes, limpiahogares, zapatillas de deporte, artículos infantiles....

Algunos de estos productos nocivos pueden contaminar nuestras casas y pasar al cuerpo humano.

Conoce los productos contaminantes

La megalomanía de Aznar

Andaba nuestro ex presidente Aznar por tierras mexicanas, haciendo promoción de su libro escrito por un amanuense, cuando conoció la noticia: en España nos habíamos enterado de que pagó dos millones de dólares de nuestro dinero para comprarse la medalla de oro del Congreso de los EEUU. “No tengo nada que negar ni que afirmar”. “Simplemente digo que algunas afirmaciones que se hacen al respecto me merecen desprecio”, declaró al respecto.

Desprecio produce también su altivez y prepotencia, esa chulería patológica que no le abandona, su desfachatez y egolatría. Cualquiera que tenga un mínimo de vergüenza se sonrojaría al ser sorprendido comprando honores inmerecidos con dinero ajeno, pero él no. Él es un megalómano. Su gobierno contrató a un “lobby” de Washington por el sistema de “imperiosa urgencia” (sin contratación pública optando entre al menos tres empresas) para que se encargara de las gestiones pertinentes destinadas a adjudicarse un reconocimiento internacional. No solo eso, pidió que se modificara la factura original en la que se describen los servicios prestados por los abogados. En la segunda y definitiva desaparece el encabezado del título que era “medalla de oro del Congreso” y se cambia por “asuntos varios del Congreso”, también se rectifica la mención al discurso del “presidente Aznar” por del “presidente del Gobierno de España”. Este documento se guarda en la Secretaría de Asuntos Exteriores.

No es necesario acusar a Aznar, el simple relato de sus actuaciones basta.

Enferma de tus ojos

Enferma de tus ojos

Estoy enferma de tus ojos,
esos ojos del adiós
que imploran, lloran
y señalan una soledad
que no se puede calmar.

Revolucionarios y revoluciones

Quizás mi criterio personal al respecto sea algo atípico, pero considero que, históricamente, todos los acontecimientos revolucionarios que se han producido tenían un destinatario exterior. Iban dirigidos a los “otros”: la nobleza, los burgueses, los capitalistas, los conservadores o, simplemente, a quienes, según la idea del revolucionario de turno, podían oponerse a sus deseos o frustrar sus proyectos.

Ya sabemos los resultados que ha conseguido esta manera de exteriorizar la revolución. Millones y millones de muertos en nombre de loables ideas de igualdad, fraternidad, libertad y justicia, para llegar a un modelo de sociedad donde tan deseables abstracciones son más valiosas por lícitas que por presentes.

Todo sistema de convivencia, por muy justo y razonable que pueda parecer, está condenado a fracasar si el mensaje que transmite no es asumible por la generalidad de las personas, y para que eso sea posible, sus postulados han de ser armonizables con la naturaleza humana.

“Los sistemas no cambian a las personas, son las personas las que pueden cambiar los sistemas”. Por eso yo defiendo y practico “mi” revolución interior, una revolución que no va contra nadie, ni intenta cambiar a nadie, excepto a mí misma.
Los revolucionarios clásicos pretendían transformar el mundo y este objetivo les parecía tan importante que los llevó a violentar la voluntad y la vida de las personas que se oponían a sus propósitos. La revolución interior propone justo lo contrario: respetar la vida y las ideas ajenas, y limitar los enfrentamientos que cada uno pueda tener con sus particulares contradicciones internas.

Mi idea de la revolución es la de luchar por mi felicidad personal sin agredir al prójimo, yo soy arte y parte, objeto y sujeto de mi propio perfeccionamiento como persona. Por eso en vez de malgastar esfuerzos en intentar cambiar a los demás, reservo mi energía para invertirla en mi perfeccionamiento personal.

Como conclusión, añadiré una cita de Boris Vian: “Lo que me interesa no es la
felicidad de todos los hombres, sino la de cada hombre”.

Charles W. Sweeney

Charles W. Sweeney

Charles W. Sweeney, el piloto estadounidense que el 9 de agosto de 1945 lanzó una bomba atómica sobre Nagasaki, murió el pasado día 15. Llegó al grado de brigadier general en la Fuerza Aérea de los EEUU y defendió siempre los bombardeos nucleares sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

La “Fat Man”, nombre de la bomba, mató a más de 70.000 personas y produjo secuelas irreversibles en los supervivientes, dichas secuelas se han trasmitido a través de las sucesivas generaciones hasta nuestros días.

Charles W. Sweeney, descanse en paz, si puede.

Dear Oscar -Prólogo-

Dear Oscar -Prólogo-

¡Corazón! Aquí estamos los tristes y solos; escúchame: ¿por qué reí? ¡Oh dolor mortal!

Dear Oscar:

He venido hasta tu tumba en el Père-Lachaise para contemplar tu alma convertida en esta esfinge de piedra que te sirve de guardián. No puedo imaginarte polvo blanco, dormido en la oscura caverna de la muerte, porque tú eres Wilde: el mismo, sólo por sí mismo, eternamente, uno y único.

En este siglo de sueño te has perdido tantas cosas. Pocas buenas. Dos guerras mundiales, varias revoluciones, la degradación absoluta de los valores estéticos y artísticos, la llegada a Marte, la clonación de seres vivos, el gay power. Sí, has oído bien. La historia ha hecho de ti un precursor de la causa homosexual. ¿Te ríes? Pura ironía, cierto. Si tus enemigos levantaran la cabeza... No te quejes, tuviste los mayores éxitos que un artista puede desear... Y las peores calamidades que un hombre puede resistir. Lo sé, conozco tu vida, y también sé que no te limitaste a existir.

Si hubiera encontrado en el estanco tus Abdullah Imperial Preference, te habría traído una cajetilla, aunque tal vez prefieras el perfume de la rosa, una golondrina, como la del cuento. ¿El cigarrillo? No me sorprende, hace tanto que no aspiras su aroma. ¿Sobre ti? Entiendo tu curiosidad. Te diré que tus hijos vivieron una larga existencia en Europa, sin tener que sufrir por los pecados de su padre, que uno de tus nietos prepara una biografía que te hará justicia, que eres el autor más traducido después de Shakespeare, que tus obras perviven gracias a la magia de tus palabras. Tu luz no se apaga. ¿Eterno? Sí, eres eterno, dear. Tus hijos, tus amigos y todo aquel que haya comprendido que ha de hacerse perfecto a sí mismo, te ha hecho eterno. Conseguiste lo que pretendías, causar una gran sensación.

¿Yo? Intento escribir siguiendo tus consejos, me olvido del público, procuro decir bien lo que digo, y tengo en cuenta que la literatura no se lee. Claro que te admiro, por eso estoy aquí. De niña leí tus cuentos y me cautivaron porque eran distintos a los demás, a esos tan cursis que escribieron los Grimm, Andersen o Perrault. No me preguntes qué, pero había en ellos algo especial trascendiendo más allá de las palabras: tu innegable talento para seducir. Te has ido ganando mi aprecio obra tras obra hasta llegar a De profundis, donde te superas a ti mismo para ser sublime.

Empieza a llover y la humedad me empapa y penetra la piedra de tu mausoleo. Huele a flores, a tierra, a incienso que se enreda en los recuerdos. Sí, me marcho ya. A mí también me ha agradado conversar contigo. Aunque confieso que los cementerios me dan grima, hay algo inquietante en ellos: la muerte y sus triunfos ganados a la vida. ¿Escribirte? Desde luego. Te escribiré y seguiremos caminando bajo las estrellas.

Hasta siempre, dear.

Filosofadas

Filosofadas

_Unos creen lo que ven, otros creen que ven.

_Dios no existe, dicen los ateos ateniéndose estrictamente a la evidencia.

_Un hombre inteligente nunca intenta matar a su adversario, sino tan sólo hacer que se suicide.

_Hay personas a las que no es necesario insultar, basta con describirlas.

_Se dice que la palabra distingue al hombre de las bestias, pero es la palabra precisamente la que revela muchas veces la bestialidad del hombre.

Bonito, vuelo, barato

Volar por noventa céntimos de euro a diferentes capitales europeas, ésta es la oferta de la compañía aérea Ryanair. ¿Dónde está la pega?, pensará el viajero avispado que no cree en la falacia de que le den duros a cuatro pesetas. No hay truco, no hay trampa ni cartón. El secreto de unos viajes tan baratos es conseguir la rentabilidad de otra manera. Por ejemplo: rebajando el tiempo de las escalas, reduciendo la flota de aviones a dos únicos modelos y con una media de antigüedad de cuatro años -para eliminar gastos de formación de personal y mantenimiento-, eliminando el catering gratuito y la emisión de billetes -con el número de localizador y el DNI o el pasaporte, basta para volar- y aprovechando al máximo las posibilidades de Internet, canal a través del cual venden sus plazas, se reducen enormemente los gastos de distribución.

Este ahorro, evidentemente, repercute en el bolsillo del consumidor, que cada vez está menos interesado en recibir la prensa o un aperitivo y busca seguridad, economía y puntualidad. Es una manera de hacerle la puñeta a las Iberias de toda la vida, que ya no pueden competir contra pequeñas empresas dirigidas por mentes avispadas y conocedoras de las necesidades primordiales de los viajeros.

Desplazarse a 900 kilómetros por hora ha dejado de ser un capricho al alcance de unos pocos y se ha convertido en la alternativa perfecta para unos turistas a los que les importa poco que el vestido del auxiliar de vuelo sea de diseño o el lujo de la sala de espera del aeropuerto.

Intolerable

A veces la realidad es intolerable y por eso mismo no debe tolerarse.

Contra la ocupación y por la soberanía de Iraq

Contra la ocupación y por la soberanía de Iraq

"EEUU y las autoridades de ocupación han fijado la fecha del próximo 30 de junio para proceder a una cesión formal de soberanía a una nueva instancia interina iraquí. Impuesto por la ofensiva de la resistencia en todo el país, el proceso es doblemente fraudulento. [...] En torno a esa fecha el movimiento internacional contra la guerra se movilizará de nuevo exigiendo el fin de la ocupación y plena soberanía para el pueblo iraquí, así como en solidaridad con Palestina. Esta convocatoria permitirá asimismo denunciar la brutalidad de los ocupantes, puesta meridianamente de manifiesto en las últimas semanas por los asedios y asaltos contra ciudades iraquíes y la confirmación de las vejaciones y torturas a las que son sometidos los detenidos y las detenidas iraquíes".

Movilización internacional contra la ocupación

No hay plan B

Al Qaeda nos tiene cogidos por donde más nos duele: el bolsillo.

El precio del barril de petróleo sube y los atentados contra intereses petroleros podrían incrementar aún más los precios. Las consecuencias serían tremendas: inflación galopante, economías débiles...

Al Qaeda tiene la sartén por el mango. Los saudíes son los principales abastecedores de petróleo para EEUU, el mayor consumidor de todo el planeta. Arabia Saudí es el país más importante de la OPEP y el único capaz de determinar los precios aumentando o disminuyendo el suministro. Pero Arabia Saudí ya no es un socio de fiar, quince de los terroristas del 11-S eran saudíes, sus instalaciones no son seguras, como ha quedado de manifiesto tras los recientes atentados y secuestros y, lo que es peor, no se sabe cuánto petróleo queda bajo la arena de su desierto.

Hace falta un plan B, y no es por ponerme catastrofista, pero no existe plan B. La Edad del Petróleo está en peligro.

Ana y Mia

La anorexia (Ana) y la bulimia (Mia) son las compañeras de un viaje secreto y peligroso que puede acabar en la muerte.

La página “El mundo de Ana y Mia” forma parte de la campaña desarrollada en Internet contra estas enfermedades, en ella se descubren los engaños que se esconden tras dietas milagrosas, medicamentos que tienen como finalidad adelgazar y los riesgos que estos conllevan.

Ana y Mia