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Divagaciones

Cómo comportarte con la gente. Siempre es un misterio. A fuerza de recibir dentelladas, dejé de compartir emociones, de ver a amistades, de acercarme al linde de la intimidad de otros. Al principio pensaba que me estaba volviendo retraída, egoísta, asocial. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que es un efecto colateral de la vida.

Tú, yo, nosotros, somos bolas de billar que rodamos por el tapete inmenso del mundo. Trazamos parábolas, movimientos circulares, seguimos trayectorias rectas, chocamos unos con otros y salimos rebotados hacia extremos remotos. Luego nos quedamos inmóviles, lamiéndonos las heridas. Son putadas que tiene la vida y, aunque parezca mentira, no es por culpa de Zapatero.

Paradójicamente, cada día que pasa me percato más de que tengo que cuidar y apoyar a quienes tengo más cerca. A los que se preocupan de mí. La peor tragedia es olvidarnos precisamente que aquellos a quien más queremos y más nos quieren, dar por sentado el afecto y dejar de mostrarlo.

¿Qué puedes esperar de los demás? Que te resuelvan la vida. Que practiquen contigo el Kama-Sutra. Que te adoren. Que te enchufen en una poltrona vitalicia. Hay que esperar una sonrisa, un guiño, una broma, una mano tendida, un cálido abrazo. Aprendes a hostias que no hay nada como la sinceridad, lo auténtico. Pocas cosas son tan odiosas como la hipocresía. Esas frases huecas y, sobre todo, embusteras, me provocan rabia: Ya te llamaré.  A ver si quedamos un día. Tengo muchas ganas de charlar contigo, pero voy tan agobiado...

A mi edad, empiezo a estar de vuelta de muchas cosas y quiero invertir mi tiempo en lo que me hace feliz. Todavía mantengo viva la capacidad de soñar y me imagino que ese hombre con el que coincido cada mañana en el bar, mientras ambos tomamos un café apresurado antes de volver al tajo, que me mira sin verme y sigue leyendo el diario, puede ser alguien especial, interesante. Ya sé que poseo una gran capacidad de fabulación, pero sueño que un día él levantará los ojos de las páginas de economía y percibirá que existo. Espero que me salude, que me hable... Ninguno de los dos da el paso.

Cada cual habita en su particular burbuja. Desconfiamos, somos gatos escaldados, y preferimos el anonimato. Incluso hemos perdido la facultad de mantener una conversación interesante y nos perdemos en charlas insustanciales: Hace calor para esta época del año. Nos estamos cargando el planeta. La vida es así. Ésta es la frase hecha que más detesto, porque la vida, si quisiéramos, podría ser de otra manera. Podríamos acercar cuerpos y almas, unir intelectos. Atrevernos a ser. Resulta tan difícil ser. Yo no soy de una manera determinada porque los demás me vean así. Yo soy como quiero que los demás me vean. Yo soy como quiero ser. Pero, a veces, me ahogo en esta sociedad que intenta hacerme ser como no soy. Por eso nado contracorriente hacia Utopía.

Domenico Dolce y Stefano Gabbana

Domenico Dolce y Stefano Gabbana

Un modelo macizote con el torso desnudo y reluciente, gafas de sol negras y tejanos, se inclina sobre una chica espectacular a la que sujeta por las muñecas. En torno a la pareja aparecen cuatro hombres despampanantes que observan pasivamente a la pareja. A grandes rasgos, ésta es la imagen que observo en el controvertido anuncio de la marca "Dolce & Gabbana". Diversas entidades han visto una escena de violación, sexista y humillante para la mujer. Yo, por más que miro, no aprecio ningún atisbo de violencia en el montaje fotográfico. La mujer se halla tumbada sobre un suelo blanco, lleva un precioso traje de noche y su cara es relajada, además, parece ofrecerse al hombre elevando las caderas. En el resto de personajes tampoco se vislumbra agresividad alguna, las expresiones son deliberadamente neutras.

La foto de la campaña Secret Ceremony la ha realizado el famoso fotógrafo Steven Klein y podrá agradar más o menos, pero yo no la percibo como un atentado a la dignidad de las personas ni encuentro que contenga indicios de criminalidad por ninguna parte. Aunque, desde luego, me puedo equivocar.

Puestos a criticar, me ofende más la persistencia de esos catálogos publicitarios de un gran almacén que cada año incluye una máquina taladradora para regalar al hombre el Día del Padre y una plancha a vapor para regalar a la mujer el Día de la Madre. O ese anuncio de un banco que ofrece créditos con los que hacer realidad tus sueños: una señora sueña con una cocina preciosa, porque parece ser el hábitat natural de las féminas. Pero nadie los denuncia ni los critica por sexistas.

En España, el Instituto de la Mujer ha presionado a la firma italiana para que retire el anuncio hasta que finalmente lo ha conseguido. Incluso Amnistía Internacional se ha sumado a la petición al considerarlo "una apología de la violencia hacia la mujer". Hartos de historias, y después de que el comité italiano de autorregulación de la publicidad decretara su suspensión en Italia, los diseñadores han optado por retirar el spot en todo el mundo y avisan de que en su próxima campaña mostrarán a una mujer desnuda encima de un hombre. Ellos no aceptan las acusaciones, aducen que su campaña es artística y que si los españoles tuviéramos razón, "se tendrían que quemar museos como el Louvre o los cuadros de Caravaggio".

La imagen de la discordia figura en una exposición milanesa que recoge las fotografías realizadas por la marca italiana para la nueva campaña publicitaria. Una vez más, la violencia, la pornografía, el erotismo, la fantasía o la belleza la ponen los ojos de quien mira.

Por cierto, la foto superior pertenece a la campaña: "Stefano+Domenico's Dolce Vita," fotografiada por Steven Klein y editada por Style.com. Nadie se ha rasgado las vestiduras porque sea una mujer la que pisotee al varón. ¿Doble moral, hipocresía, papanatismo...?

 

Que se mueran los feos

Abramos cualquier diario por la página de anuncios clasificados y detengámonos en las ofertas de trabajo. ¿Qué porcentaje de anuncios requiere, exige o valora la buena presencia? ¿Qué es la buena presencia? Digámoslo sin ambages y dejando de lado la maravilla del lenguaje políticamente correcto: ser guapo, tener buena planta, o sea, no ser un adefesio, bajo y/o gordo. ¿No es esto pura discriminación? Sí. Comparable al racismo o a la xenofobia. Entonces, ¿qué actitud tomar ante las consecuencias sociales de ser guapo o feo? ¿Cómo lidiar con esa tácita y difusa tendencia que nos inclina a admirar y a mimar a los más bellos?

Honesto es no negar nuestros prejuicios y, en lo posible, contrarrestarlos. Porque la importancia que le concedemos a la apariencia física, al rostro, a la primera impresión, ha aumentado tanto en nuestra sociedad que estamos dominados por la imagen. No se trata sólo de que el cine, la televisión, la publicidad o las revistas nos ofrezcan constantemente modelos ideales de belleza, difícilmente accesibles para el común de los mortales. Se trata también, de que, por ejemplo, en el cine la bondad o la maldad son, sobre todo, caras, gestos en los que se adivina inmediatamente la bondad o la maldad. El guapo es el bueno de la peli, el héroe. Mientras que al feo le reservan los peores roles.

Somos lo que parecemos. La impersonalidad de la sociedad nos impulsa a juzgar rápidamente al otro a partir de lo que vemos, de esa primera imagen que nos formamos de él, y que pocas veces tenemos ocasión de revisar y corregir. Incluso hemos llegado a especializarnos en el arte de adivinar y catalogar la personalidad que se esconde tras un rostro, una indumentaria, un coche... Es por nuestro aspecto por lo que nos aceptan o nos rechazan de entrada. Y es honesto reconocer que se trata de una injusta discriminación, aunque nos mueva a ella una inercia instintiva.

Sabiendo que se nos discrimina por nuestro aspecto y siendo conscientes de nuestra falta, podremos neutralizar el prejuicio y compensar la desigualdad de oportunidades y las situaciones vejatorias. Los "menos agraciados" deben tener también la oportunidad de demostrar su valía.

 

Otro 8 de marzo

Otro 8 de marzo

El 8 de marzo de 1857, una marcha de obreras textiles recorrió las calles de Nueva York para conseguir unas mejores condiciones de trabajo. Era la primera vez que algo así ocurría.

El 5 de marzo de 1908, también en Nueva York, unas 40.000 costureras industriales de grandes factorías se declararon en huelga reclamando el derecho a sindicarse, mejores salarios, descanso dominical, reducción de la jornada laboral a 10 horas, formación laboral, un tiempo para lactar a sus hijos y el rechazo al trabajo infantil. Durante la huelga, 129 trabajadoras murieron quemadas en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, los dueños de la empresa las mantenían encerradas para obligarlas a seguir en sus puestos e impedir que se unieran a la huelga.

El año 1977, Naciones Unidas declaró el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El color lila con que se identifica esta fecha es el del tejido que confeccionaban las obreras el día que murieron.

El Día de la Mujer Trabajadora es una conmemoración y no una celebración. Han sido muchos los logros alcanzados, pero las mujeres y los hombres aún no disfrutamos de los mismos derechos ni de igualdad de oportunidades, por eso nuestro objetivo es no tener que reivindicar nada: alcanzar la ansiada igualdad.

 

 

La democracia tiene estas cosas

Cuando Iñaki De Juana Chaos fue a la cárcel en 1987, condenado a más de 3.000 años de prisión por 25 asesinatos, ya quedaba implícito que el cumplimiento de su condena no excedería los veinte que estipulaba la ley vigente en ese momento. Como todos sabemos, De Juana saldó su deuda con la sociedad pasados 18 años, y ya estaría en la calle de no haber sido procesado y condenado por dos artículos amenazantes publicados en el diario Gara, algo que ha dado pie a una serie de despropósitos de todo tipo.

Iñaki de Juana Chaos inició una huelga de hambre intermitente, que ha deteriorado su estado físico en las últimas semanas, y el Gobierno, aplicando estrictamente el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, vigente desde 1996, y mediante la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, ha decidido proponer al juez de Vigilancia Penitenciaria la prisión atenuada para el reo, una decisión que puede salvarle la vida.

En el terreno estrictamente humano, esta decisión ha indignado a una parte de la sociedad española. Es difícil aplicar clemencia a alguien que no tuvo ninguna piedad para con sus víctimas. Nadie, excepto sus más íntimos allegados, derramaría una lágrima si De Juana muriese de inanición. Es lo que dicta nuestro instinto de venganza. Pero vivimos en un Estado democrático y no bajo el imperio de la ley del talión, nos ha llevado muchos siglos conseguir que el "ojo por ojo y diente por diente" se quedase donde está, en el libro del Éxodo del Antiguo Testamento.

Luego viene el Partido Popular sembrando cizaña. Oculta de forma deliberada que, actualmente, De Juana no cumple condena por delitos de sangre, sino por amenazas, y crispa los ánimos de manera obscena jugando con las emociones de los ciudadanos. Las declaraciones de ciertos miembros del PP son... Acebes proclamando que el pasado jueves fue el peor día para la democracia, cuando él mismo ha proporcionado desde su cargo actos tan contrarios a ella. Esperanza Aguirre, asegurando que el jueves fue el día más triste para España, como si no hubiera existido nunca el 11-M y otros tantos días aciagos plagados de muertos inocentes. Las amenazas de Rajoy: esta historia no se acabará aquí... Quizás no lo comprendan, pero el Gobierno no debe actuar como lo haría un terrorista. La victoria de la justicia sobre la venganza es un logro de la civilización al que no tenemos que renunciar nunca.

Carmen relata

Quiero exponer unas reflexiones sobre mi propia estupidez, que espero sirvan para que otras mujeres reconsideren sus posturas y no caigan en las trampas que a veces nos pone el amor.

Conocí a un hombre en un chat sobre libros y literatura, me dijo que era cirujano y que estaba de baja por depresión, que preparaba una novela, que aprovechaba su mucho tiempo libre para leer, que se había separado de su mujer... Intercambiamos nuestras direcciones de correo electrónico y al día siguiente me envió seis mensajes comentándome cuánto había disfrutado conversando conmigo, lo agradable que yo le parecía. Sentí miedo, una sensación de acoso, sus palabras fueron sumamente amables y afectuosas, pero me provocaron una reacción visceral de temor. Mi instinto me alertó.

Fuimos intimando, cada día me mandaba una media de seis correos con párrafos de su novela, versos que me dedicaba, cuestiones personales... Transcurrieron las semanas hasta el verano y me invitó a visitarle, yo sospechaba que pretendía un acercamiento físico y le advertí que no estaba interesada, pero él me aseguró que serían unas breves vacaciones para desconectar de la rutina, sin compromisos. Me persuadió y tomé un avión para reunirme con él. Nada más verle en el aeropuerto, experimenté la segunda señal de alarma. Me desagradó. No por nada en concreto, fue otra intuición. No era atlético y bien plantado, sino más viejo, más bajo, más calvo y con más barriga de como se había descrito. La fotografía que me remitió se la hizo seis años antes. No me importó demasiado su "engaño", tras varios meses de abundantes confidencias creía conocerle por dentro, creía saber quién era.

Me condujo a su "chalet cerca del mar", un bungaló desde el cual el mar se adivinaba más que se veía, me enseñó Mallorca, fuimos amantes, me enamoré, me declaró su rendido amor y transformamos nuestros sueños en un proyecto de futuro. Acordamos que yo vendería mi piso recién comprado y dejaría mi trabajo para trasladarme a Palma, él disponía de muchos contactos en la isla y me resultaría fácil encontrar un nuevo empleo, además su posición económica era desahogada y le permitiría mantenerme hasta que me saliera algo. En este punto no nos pusimos de acuerdo, yo no consentí en a vivir a sus expensas.

Regresé a casa dispuesta a sacrificarlo todo por el hombre al que amaba, mi familia, mis amigos, mi pisito, que con tanto cariño y esfuerzo iba convirtiendo en un hogar, mi deseada independencia y mi puesto de trabajo. Solo necesitaba su amor y su compañía para ser feliz, lo demás no me importaba.

Hablábamos a diario por teléfono y nos escribíamos largas cartas. Una noche sonó el teléfono a las cinco de la madrugada, me llevé un susto de muerte, era él, de fondo se escuchaba la música estridente y el murmullo de conversaciones propio de un pub o de una discoteca, estaba borracho. Me habló con tono agresivo quejándose de la vida, de la gente, de su soledad y al final me dijo que iba a tirar a la basura mis regalos, le dolía verlos. Tomó por costumbre llamarme a horas intempestivas, casi siempre ebrio, se emborrachaba para superar el dolor que le producía tenerme lejos, ésta era su excusa. Otra noche me comunicó que acababa de salir de un club de alterne, se había acostado con una prostituta porque sentía necesidad de mí.

Decidí romper nuestra relación, me había mentido en cientos de pequeñas cosas, me hacía daño, estaba empezando a sufrir. En su respuesta llena de odio, me acusó de no amarle, de ser injusta e intolerante. Luego me pidió perdón, estaba enfermo, era un ser humano y los seres humanos cometen errores, por eso merecen una segunda oportunidad. Quise demostrarle mi sincero afecto y mi capacidad de perdón y le di otra oportunidad. Puse mi piso a la venta, pero era verano y no aparecieron compradores. Presenté mi renuncia en el trabajo, pero la mitad del personal estaba de vacaciones y me convencieron para que me quedase un par de meses, hasta que encontraran a alguien que me sustituyera. Él se tomó los retrasos muy mal, pensaba que eran impedimentos deliberados por mi parte. Se tornó agresivo, sus palabras me herían, me sentía humillada, despreciada, me desafiaba, se quejaba de no entenderme.

Caí enferma, tanta tensión hizo mella en mí. Veía con nitidez meridiana que ese hombre era un ser dañino y peligroso que debía salir de mi vida lo antes posible. Me castigaba con su silencio, desconectando el teléfono o sin responder a mis mensajes para aumentar mi preocupación. Me anunciaba sus intenciones de matarse porque no soportaba vivir sin mí. Yo sufría lo indecible, me había enseñado una escopeta de caza que guardaba en su dormitorio y temía que pudiera herirse para hacerme sentir culpable, nunca le creí capaz del suicidio...

Le rogué que me olvidase, que cada uno siguiera por su camino, y su venganza fue de una refinada crueldad. Me escribió un e-mail comunicándome que regresaba con su esposa, que se había burlado de mí porque nunca me quiso, que solo fui una distracción para su aburrimiento y que ya no me necesitaba para nada. Sus palabras supusieron un duro mazazo y un verdadero alivio. Pasé dos meses destrozada, mi cerebro comprendió casi de inmediato que me había tocado el premio gordo de la lotería, pero mi corazón estaba herido de muerte.

Me hallaba hundida en una sima de dolor cuando recibí otro correo suyo, la reconciliación con su esposa no funcionó, volvía a estar solo, había descubierto que sus sentimientos hacia mí eran amor verdadero y me suplicó que volviéramos a empezar. Pero yo había caído en una profunda depresión y estaba muy enferma, no iba a recorrer de nuevo el mismo camino espinoso. Le conté a mi hermana toda la historia una tarde que me acompañó al médico, lo primero que hizo fue coger mi teléfono móvil y borrar su número, luego llegamos a casa y en una bolsa grande fue metiendo cada recuerdo suyo que conservaba, me hizo prometerle que jamás me pondría en contacto con él.

Cada día doy gracias por no haber encontrado rápidamente un comprador para mi piso, porque mi jefe no solo olvidase mi renuncia, sino que me haya ascendido de categoría, por haber recuperado la salud y las ganas de vivir después de un año largo de enfermedad, por haber conseguido arrancar de mi corazón a esa alimaña que me convirtió en su víctima, por hacer caso, aunque fuera un poco tarde, a mi intuición, que me gritaba a cada instante: ¡Déjalo, olvídate de él!

Mi caso es un cuento de hadas comparado con las vivencias de otras mujeres, y me siento afortunada por ello. Esta experiencia me ha hecho todavía más solidaria con las víctimas de malos tratos y me ha abierto los ojos. Nadie está a salvo. Nos puede ocurrir a todas. Hagamos caso a esa luz roja que siempre se enciende para avisarnos de que algo no marcha como debería. No es el amor el que perjudica seriamente la salud, es la estupidez.

* Carmen me ha pedido que explique su historia para alertar a las mujeres que se hallan en una situación semejante. Por la misma razón, yo he accedido a relatar su caso.

Halong

Halong

Los compañeros planean las próximas vacaciones de Semana Santa y me preguntan: ¿Adónde irás tú? No sé adónde iré, pero sé desde hace mucho cuál es el lugar en el que me gustaría perderme: Halong.

La bahía de Halong siempre me ha parecido el lugar encantado donde moran los dragones celestiales. Me imagino qué debe ser estar ahí, en medio de esas moles calizas, sintiendo el silbido del viento que te acaricia, viendo volar a ese pájaro que atraviesa el cielo hasta perderse en el bosque de bambúes y escuchando el silencio.

Narra la leyenda que el emperador de Jade, señor del cosmos taoísta, gritó su cólera a los vientos denunciando una invasión y fueron los mismos dragones los que acudieron en su ayuda, arrojando de sus gargantas un aluvión de perlas que dieron lugar a las islas. También cuentan que fue un dragón el que bajó desde las montañas rompiendo todo a su paso antes de sumergirse en el mar del golfo de Tonkín. Dicen que su movimiento provocó un seísmo de tal magnitud que resquebrajó la roca y horadó la piedra caliza. Así se formó el maravilloso paisaje de formas y esculturas que surgen en medio del mar de China.

Cada vez que evoco ese paisaje, me encuentro en una pequeña barca de junco y me acompaña Tony Leung. Juntos admiramos esas formas sobrenaturales que se yerguen ante nuestros ojos, las aguas tranquilas están llenas de esmeraldas brillantes que centellean bajo el sol del crepúsculo y cae una fina lluvia. Quizás la levedad de la niebla nos permita descubrir dónde duermen los dragones, después... Quién sabe, tal vez aún conserva ese apartamento en Cholen...

 

Alcoholismo

Un estudio realizado por el Ministerio de Sanidad reflejaba que más del 60% de niños de entre 13 y 14 años bebe regularmente alcohol los fines de semana y más del 35% admite haberse emborrachado al menos una vez al mes. Estos chavales tienen padres, pero parecen no darse cuenta o no quieren ver el estado etílico en el que se encuentran sus hijos, porque no hacen nada efectivo al respecto.

España es un país donde el alcohol recibe un tratamiento "peculiar" permisivo. Somos el séptimo país del mundo en consumo per capita de alcohol (teniendo en cuenta la cantidad de población, es un dato a considerar) y, en cuanto a bares, tenemos la cifra más alta de toda la Unión Europea: 320.000, uno por cada 134 habitantes.

El consumo de bebidas alcohólicas entre la juventud es un elemento socializante, que sirve de válvula de escape de una realidad no grata. La mayoría de jóvenes admite que no puede divertirse, relacionarse o ligar sin haber ingerido alcohol. Casi nadie reconoce que es una droga y poco a poco necesitan incrementar las dosis para pasarlo bien.

El consumo de alcohol causa directamente más de 13.000 muertes anuales en España y se calcula que más de tres millones de españoles son alcohólicos. Pero estas cifras no nos quitan el sueño. Un millón de jóvenes de entre 15 y 24 años están cada domingo en la calle pasadas las seis de la mañana y el grupo de 19 a 20 años se distingue por su forma de vivir la noche: nada menos que un 34,4% bebe alcohol de forma abusiva. Lo preocupante es que quien se distancia del estereotipo, y no consume alcohol o drogas durante los fines de semana, es considerado "raro" o "inmaduro" y el grupo lo rechaza, afirma un reciente informe de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).   Seis de cada diez jóvenes, según una encuesta del Instituto de la Juventud (Injuve), califican a su padre como poco o nada estricto, una opinión que se incrementa hasta el 68 por ciento cuando se trata de la madre. Más de la mitad de los encuestados goza de libertad para levantarse cuando quiere, pasar la noche fuera o tomar copas en casa. Los padres se preocupan cuando sus hijos salen de noche, pero ¿qué hacen si regresan borrachos o "colocados"?       

Máquina de escribir

Máquina de escribir

La máquina de escribir fue uno de los grandes inventos del siglo XVIII. La primera patente se registró el año 1714, por el inglés Henry Mill, que la definió como "una máquina para la impresión o trascripción de cartas".

En 1808, el italiano Pellegrino Turri inventó una máquina para escribir por razones meramente románticas. Este gran aficionado a la mecánica quiso facilitarle a la hija del conde Fantoni, ciega de nacimiento, la posibilidad de escribir su propia correspondencia.

El 23 de julio de 1829, Austin Burt, de Detroit, obtiene la patente para una máquina de escribir creada toda en madera, por desgracia, a causa de un incendio en la Oficina de Patentes de Washington, que ocurrió en 1836, el prototipo se quemó.

Javier Profin, impresor de Marsella, inventó en 1833 otra máquina denominada "pluma tipográfica", destinada a escribir, tanto como para imprimir y servir de base a la formación de planchas tipográficas y a la escritura de signos musicales. El 6 de septiembre fue patentada con el número 3748. Se puede considerar la primera máquina de uso generalizado y se parece a la Milwaukee, inventada 40 años más tarde y que fue después la Remington.

En 1837 Guissepe Raviza, construye el "cembaloescribano", de esta máquina se dice que fue la más perfecta hasta la construcción de la Remington.

 

En 1901 se comercializa la Underwood número 5. La máquina de escribir más vendida de la historia: 800.000 unidades entre 1901 y 1915

Durante 1920, el diseño de la máquina de escribir manual o mecánica se estandariza y en 1934, IBM comercializa el primer modelo de máquina de escribir eléctrica: la IBM modelo 01. En 1974 IBM lanza al mercado la primera máquina de escribir con memoria y procesador de textos. Los PC han heredado algunos de sus componentes, comenzando por el teclado.

La imprenta de Gutemberg fue una luz en las tinieblas de la ignorancia, la escritura mecánica supuso otro paso de gigante al facilitar la lectura de documentos, acelerar el despacho de correspondencia y permitir las copias de documentos (hasta 5). Legibilidad, comunicación y producción se alían para que la nueva sociedad del siglo XIX acepte la máquina de escribir. Los hombres de negocios, los escritores y los periodistas fueron sus grandes valedores y los artífices de su excelente acogida.

En la foto: la máquina Malling-Hansen, creada en Dinamarca el año 1864. Actualmente está considerada como la máquina de escribir más valiosa del mundo.

 

 

Violencia televisiva

¿Podemos acusar a la televisión de ser uno de los factores que han aumentado las tasas actuales de asesinatos?

En Estados Unidos se han realizado estudios exhaustivos sobre la violencia televisiva y sus consecuencias. Sissela Bok comprobó que el 98% de los hogares norteamericanos disponen de televisor, que la mayoría de los niños tiene uno en su habitación y que la mayoría de las familias tiene la tele encendida durante 7 horas al día. Al finalizar la escuela primaria, cada niño ha visto una media de 8.000 asesinatos. A los 18 años, el estadounidense medio ha presenciado unos 18.000 asesinatos a lo largo de 15.000 ó 20.000 horas, pero sólo ha asistido a 11.000 horas de clase en la escuela. En resumen, la televisión es una poderosa y persuasiva compañera de la mayoría de los niños.

¿Hasta qué punto es efectiva la violencia en la televisión o en el cine para conformar los valores humanos? Dave Grossman, psicólogo del ejército estadounidense, describió en un informe las técnicas más sofisticadas utilizadas por el gobierno de su país para preparar a los reclutas y ayudarles a superar su reticencia a matar. Dichas técnicas fueron elaboradas por un comandante de la armada y psiquiatra llamado Dr. Narut. La preparación consistía en atar a los reclutas frente a un aparato de televisión y obligarles a ver escenas violentas. Tal y como ocurría en la película "La naranja mecánica", los reclutas veían los más horribles crímenes. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría en la película, no se les suministraban drogas para provocarles asco. Al contrario, el objetivo consistía en insensibilizar a los reclutas ante la violencia y condicionarles a aceptar el asesinato como un simple hecho.

Grossman ha escrito: "Estamos haciendo un gran trabajo al insensibilizar y condicionar a nuestros ciudadanos ante el asesinato, mejor de lo que el comandante Narut jamás soñó en conseguir. Si nuestro objetivo consiste en educar a una generación de asesinos que no pueden ser frenados ni por la autoridad ni por la naturaleza de la víctima, resulta difícil imaginar cómo podría hacerse mejor". Ésta es una opinión generalizada, los telespectadores opinan que la televisión condiciona a las personas a ser violentas.

Es posible que la televisión tenga su parte de culpa al sumar su granito de arena a la violencia social, pero la violencia y el asesinato son inherentes al ser humano, ya existían mucho antes de inventarse la televisión. Los hombres primitivos también aplicaban la violencia para dirimir sus diferencias. El hombre ha matado con palos, con piedras, con hondas, con flechas, con arcabuces, con fusiles de asalto con gases tóxicos o con armas nucleares. Todos los hombres se convierten en asesinos cuando se les somete a un nivel de provocación suficiente. Sabemos que la mayoría de los asesinos son gente cuerda y admitimos que sometidos a unas circunstancias particularmente adversas que afectasen a nuestra supervivencia seríamos capaces de cometer un homicidio. El asesinato es una posibilidad siempre presente en todas las culturas porque sus raíces son biológicas. El asesinato está codificado en nuestro ADN, como lo está en los genes de nuestros primos los simios. Es preciso entenderlo así y comprender el ambiente en el que se produce, un mundo de intensa competencia en el que los ganadores han decidido nuestro patrimonio genético durante millones de años.

El 90% de de los asesinos son hombres y el 61% de los infanticidios son perpetrados por la madre. Esto son sólo cifras, pero para comprender un asesinato hay que dar un paso más: cada asesino ha tomado la decisión consciente de matar y es una persona responsable de dicha decisión, es decir, la responsabilidad del asesino es particular del propio asesino, y no de la sociedad en su conjunto.

 

La última morada

La última morada

El cementerio de Montparnasse es la residencia permanente de muchos difuntos ilustres, que hoy, como ayer, pasean cubiertos de gloria por los pasillos de tumbas.

Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Dreyfus, el judío cuyo affaire dividió a Francia durante años; André Citröen, el de los coches; Emile Durkheim, fundador de la sociología con un estudio sobre el suicidio; Tristan Tzara, jefe de los dadaístas, Guy de Maupassant; Le Verner, el astrólogo que predijo la existencia de Neptuno; Cornelius Castoriadis, el filósofo griego; Baudelaire, Cioran; Beckett, Ionesco, César Vallejo, Julio Cortázar, Carol Dunlop, Marguerite Duras...

Judíos, cristianos, musulmanes, ateos... Tumbas de deportados de Auswicht, soldados muertos en la guerra de 1870, en la de 1914, en la II Guerra Mundial, en Indochina, huéspedes no tan conocidos reposan junto a las grandes glorias. Durmientes famosos y oscuros, todos igualados por la muerte, porque la fama es una representación simbólica que convierte a un individuo en una entidad abstracta, tan inabarcable como Saturno.

El legado árabe

Las civilizaciones son deudoras unas de otras. Grecia de Egipto, Roma de Grecia...

La cultura árabe también se nutrió de otras civilizaciones, la prueba está en el trabajo de los numerosos traductores, gracias a los cuales se han preservado los cimientos de la civilización occidental, revalidando el principio de Mahoma: "La tinta de los sabios es más sagrada que la sangre de los mártires". Esta consigna se acató de una forma obsesivamente divulgativa y la cultura musulmana asimiló el pasado tanto como fue pionera en muchos órdenes del saber. Aportó sus contribuciones a nuevas disciplinas como el álgebra, la trigonometría o la ciencia del tiempo, y mediante las matemáticas dio un aspecto formal a la arquitectura, a la música y a la decoración, especialmente en razón de la teoría de las proporciones. Avicena y Averroes impulsaron la filosofía. La astronomía y la astrología, la medicina y la farmacopea, la cartografía, la energía hidráulica, el laúd o el astrolabio son pruebas del esplendor musulmán que nos recuerdan que hubo un tiempo, cuando el Islam abarcaba desde los Pirineos a las puertas de China, en que en sus dominios tampoco se ponía el sol.

Sorprendida quédome

Una amiga me envía un artículo curioso sobre la influencia de la Luna en la cocina, escrito por Ramón Rocha Monroy. Un bonito ramillete de supersticiones que dice así:

"Las primeras observaciones astronómicas que sirvieron para medir el tiempo se concentraron en la luna. Sus cuatro fases aun hoy sirven para medir los meses en muchas culturas; pero la observación de los ciclos lunares contribuyó también a tener una idea del tiempo cíclico, de la muerte y la resurrección, porque la luna muere durante tres días, se regenera en el cuarto creciente, declina en el cuarto menguante y se sumerge en la oscuridad completando el ciclo de la vida y de la muerte.

La siguiente observación se refirió a la influencia que tiene la luna en las aguas, en las mareas, en la lluvia y en la agricultura, es decir, en los vegetales. Algunos pueblos la llaman La Madre de las Hierbas. Aun hoy, los pueblos agricultores siembran en luna nueva y cosechan en cuarto menguante; los cocineros franceses cosechan hierbas finas a media noche y a la luz de la luna llena para que conserven sus atributos. Del mismo modo, la luna rige la fecundidad de los animales. Las hembras son sensibles a los ciclos lunares desde la fecundación hasta el parto. En esta secuencia, las mujeres descubrieron la influencia de la luna en el ciclo menstrual (todavía hoy, las mujeres que viven juntas presumen de tener la regla simultáneamente) y en el parto, pues los cambios de luna señalan la fecha del alumbramiento.

Una estructura mítica es un sistema en el cual cada elemento se explica por el todo; nosotros separamos los elementos luna, agua, vegetación, mujer, pero son elementos de un todo, y en cada uno de ellos habita la totalidad. En esa lógica, hablemos ahora del agua.

Cuando uno se imagina el caos primigenio, ve un océano de agua en el cual la vida bulle en forma indiferenciada. Del agua nacen las formas. Por eso los ritos de inmersión o bautismo consisten en sumergirse en ese elemento que precede a toda vida para nacer de nuevo. Nacemos del agua.

Ahora hablemos de la cocina. En ella confluyen la carne y los vegetales, cuya vitalidad se mezclará en el agua con otros elementos. Mediante la cocción, el agua semejará ese caos primigenio donde la vida se mezcla hasta dar como producto un ser nuevo, que es mezcla de todos esos elementos. Pero todos esos elementos han recibido y reciben la poderosa influencia de la luna, de modo que el satélite nocturno está presente en la olla, a la hora de la cocción.

¿Y la mujer? A diferencia de los hombres, que son puntillosos en la exactitud de las medidas cuando cocinan, las mujeres apelan a sus ritmos, a sus pálpitos, a sus tinkazos, a sus pulsiones más íntimas para tomar una pizca de sal, un escrúpulo de orégano, unas ralladuras de jengibre, de nuez moscada o de pimienta de Cayena para provocar ese toque mágico que convierte el caos primigenio de la cocción en un manjar digno de una buena mesa. ¿Cómo lo hicieron? Ninguna mujer que se precie de tal es capaz de explicarlo, porque esas pulsiones internas que inspiran el toque vienen de la marea interior, del agua primigenia del vientre, de la matriz, que, como las mareas, está regida por la luna. De ahí el gesto de la mujer que agrega una pizca de algo para redondear un sabor, y el chasquido característico de la lengua cuando prueba y aprueba, acaso porque sabe que esa pizca es tan importante para el equilibrio del universo como cualquiera de las leyes de la física o de la astronomía.

Ahora entiendo por qué el oficio de cocinar en manos de un hombre me parece una impostura, casi digo un acto contra natura, en todo caso un acto racional, lleno de medidas y formas, y exento de esa influencia que el soplo lunar obra en las mujeres. Todavía no me topé con el baboso nostálgico que recuerda cómo cocinaba su papá; en cambio, a todos nos retoña el complejo de Edipo recordando la comida que preparaba nuestra madre. Nadie colecciona los secretos culinarios del abuelo, pero sí las recetas y la botica de la abuela. Cónyuges hay que acaban en el divorcio por comparar la calidad culinaria de la madre con la de la esposa; y es sabido que la mejor forma de anudar un matrimonio es la astucia femenina de amarrar al hombre por el vientre, por el gusto.

La cocina como oficio femenino depende del humor de la mujer. Si le vino la regla, se le caerá la masa que debía madurar, o no esponjará debidamente el pan, o la jakalawa saldrá aguachenta. Si acaba de embarazarse, el ají de papalisa tendrá un sabor nuevo y desconocido. Si la mujer está con luna, la llajua le saldrá bravísima; y si está dispuesta a la fecundación, la comida tendrá su misky, su dulce pero en sentido quechua, es decir, su na, su este, esito que la hace deliciosa, inigualable. Un motivo más para amar cósmicamente a esas hechiceras lunares y misteriosas: las mujeres".

Cada cual es muy libre de creer lo que quiera, faltaría más, pero, que yo sepa, los nacimientos de las personas se producen durante todos los días del año y con independencia de la fase en la que esté la Luna.

No conozco ningún caso de mujeres que, por compartir piso, tengan la menstruación en la misma fecha.

Cuando uno se imagina el caos primigenio, no sé si ve, mayoritariamente, un océano lleno de vida. Yo visualizo más bien una negra inmensidad sin vida, será que tengo poca imaginación.

La cocina no se reduce únicamente a la cocción de los alimentos. Ignoro la nacionalidad del autor del artículo, pero en la mayoría de países, se fríe, se asa, se guisa, se adoba, se ahúma...

Que la mujer no sea tan escrupulosa como el hombre a la hora de aplicar medidas en la cocina, se debe a la práctica y no a la influencia de la matriz. Todas empezamos a cocinar pesando, midiendo y contando, luego la experiencia nos permite algunas licencias: cambiar ingredientes en una receta, variar cantidades... Los hombres, cuando cogen el tranquillo, también se rigen por el ojo de buen cubero y por sus gustos personales.

El oficio de cocinero podrá ser una impostura o una usurpación de funciones, no obstante, la realidad nos demuestra que los cocineros más eminentes y de mayor prestigio son hombres.

La frase: "Todavía no me topé con el baboso nostálgico que recuerda cómo cocinaba su papá; en cambio, a todos nos retoña el complejo de Edipo recordando la comida que preparaba nuestra madre", tiene miga. Muchos tienen una madre negada para la cocina y recuerdan con añoranza los guisos de cualquiera, que eran mejor que las bazofias que preparaba su mamá. Por cierto ¿qué pinta el complejo de Edipo en esto? Un niño desea sexualmente a su madre y por lo tanto siente hostilidad hacia el padre. Como ni el deseo sexual ni la hostilidad hacia sus padres son aceptables para la sociedad, estos deseos son reprimidos (dejan de ser conscientes y pasan a ser parte del inconsciente)". Freud dixit.

Cualquier mujer astuta sabe que al hombre se le amarra un poquito más abajo del vientre, pongamos por la entrepierna.

Si la menstruación consiguiera que la masa del pan no "esponjara", supongo que todas las trabajadoras de Bimbo se tendrían que quedar en su casa durante "esos días".

Querida princesa

Querida princesa

El sueño de toda princesa es llegar a esta meta: 40 kilos, si fuera posible, menos. El hambre, el dolor y la soledad son los paladines que la acompañan en su camino hacia la "perfección".

El espejo es ese monstruo que te devuelve una imagen adiposa cuando luchas por ser piel y huesos. Ayuno, ejercicio, vómito, depresión, exigencia, mentiras, recuento de calorías, obsesión. Cada vez la meta está más cerca. La fortaleza te hace superar otro día y te llena de orgullo. Has conseguido el control absoluto sobre el cuerpo y la mente. Las dentelladas del hambre ya no existen. El sufrimiento se posterga. La antesala de la muerte es un lugar extraño donde el círculo vicioso se estrecha y la muñeca se rompe.

Los demás no te entienden y tú sufres porque no puedes parar. Querida princesa, hay salidas. Bastará con que abras un eslabón para romper la cadena.

Ana y Mia

Inmunes

Una de las frivolidades que se pueden cometer al intentar relatar un desastre es reducirlo a un guarismo. Seis millones de judíos exterminados, produce el mismo efecto que decir veinte. Da lo mismo. Sólo son números. Números de muertos por las guerras, por el hambre, por las limpiezas éticas, las torturas... En aras de la objetividad informativa, la prensa y la televisión acaban inmunizándonos.

 

Muros, estelas funerarias con los nombres de miles de muertos por el holocausto, por la Guerra Mundial, por la de Vietnam… Con todo, todavía hay quien se pregunta si sirve de algo volver sobre lo mismo, si no es mejor olvidar. Pero lo peor que le puede pasar a la humanidad es olvidar la barbarie, plantearla como otro epígrafe más de la historia. Se podrá alegar que siempre han ocurrido desgracias, lo cual no quita ni un ápice de importancia ni efectividad al recuerdo. ¿Qué se gana con revivir el horror, con narrarlo? Si, como suponía Shakespeare, estamos hechos de la misma materia con que se fabrican los sueños, quizás recordar el calvario de un inocente, dote de algún sentido al absurdo, sirva al menos de lenitivo.

 

El muerto corre el peligro de convertirse en un dato, en una prueba más, en un mero documento. Y para recordar lo que es una vida, el valor de todas las vidas, ha de prevalecer la realidad. El olvido sería el triunfo de los violadores, los torturadores, los asesinos…

 

El último Borbón

El último Borbón

Carlos IV contrajo matrimonio con su prima hermana María Luisa de Parma. Mientras el rey de España se entretenía en sus cacerías y descuidaba el trono y las responsabilidades que éste conlleva, su esposa se divertía con unos y con otros, hasta que en la vida de la reina se cruzó Manuel Godoy, por quien perdió la cabeza.

Bajo el amparo de la reina, la carrera de Godoy inició un ascenso meteórico. En 1.789 pasa de ser cadete supernumerario a coronel de caballería. Dos años después llega de mariscal de campo a teniente general y secretario de estado. En 1.793 se ha convertido en capitán general y con 25 años, el joven Godoy es el jefe del gobierno español.

Al pueblo llano no se le escapaban los tejemanejes de palacio y en una pancarta colgada en la Puerta del Sol madrileña se quejaba así: "Ni rey chocho ni reina liviana". Francisco de Goya pintó un retrato de la familia real sumamente revelador para aquellos que gusten del juego de las semejanzas: adivine cuál de los infantes es hijo del rey. Lady Holland, esposa del embajador británico en la corte de Madrid, comentó que le llamaba la atención "el indecente parecido de los infantes Francisco y María Luisa con el favorito". Pero la prueba definitiva la aporta la mismísima reina. María Luisa de Parma había admitido ante su confesor, fray Juan de Almaráz: "Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía de Borbón se ha extinguido en España". Si ella lo confesó, ¿quiénes somos nosotros para llevarle la contraria?

Ayer y hoy en el arte

Antes podíamos discernir la emoción intensa de quien se ponía ante una obra de arte y la curiosa aplicación, artesanal y trabajada, de su creador. Antes, la intensidad y la perfección de la obra producida eran la razón de ser y la justificación de los proyectos, de los esfuerzos, de los ensayos y de los arrepentimientos que la habían hecho posible. Ahora la cosa funciona al revés. El arte no es una finalidad, sino un medio. La obra ya no es la justificación, ni la razón de ser, ni la finalidad de ninguna actividad creadora, es un pretexto, una ocasión, un medio para explorar el inconsciente, estimular el imaginario y provocar una especie de trance hipnótico que podríamos denominar con más exactitud: pasividad y no actividad de médium. El arte, los sueños, la locura, la mezcalina, el opio: medios diferentes para obtener los mismos efectos.

A partir de este momento, ¿qué puede convertirse en una obra de arte? Cualquier cosa, por incongruente o insólita que sea, puede aspirar, especialmente si no presenta ningún indicio de creación. El arte, así, queda destituido de cualquier significación. La antigua lógica había descubierto un teorema que todos los escolares conocen: que la comprensión de una noción (es decir, de la riqueza de los predicados que la constituyen) está siempre en razón inversa a su extensión. Si todo puede ser arte, es preciso que el arte sea tan poca cosa como nada. La última mitad del siglo XX no ha hecho más que sacar las consecuencias de este hecho. En 1961, el Groupe de Recerca d'Art Visuel (GRAV) proponía eliminar la categoría de "obra de arte" y Ben Vautier declaró "auténtica obra de arte: la ausencia de arte".

Pero no sólo se eliminaba del arte toda forma de expresividad o de significación, la consecuencia fue mucho más amplia, y era el intento de destruir una forma de comunicación. Rechazando cualquier tipo de orden, toda regla o convención, se había hecho desaparecer toda sintaxis, de manera que la semántica se volvía aleatoria. Una deflagración había arruinado incluso sus fundamentos más originarios. Lo que pudo ser sólo un juego, una mistificación, se convirtió de repente en una catástrofe metafísica. Las formas que ya no se referían a ninguna significación dejaban de ser signos, los nombres dejaban de designar, los signos se cerraban en la pura y simple materialidad. Se había acabado la expresión y la expresividad. Se habían dinamitado las bases del lenguaje y los puentes habían sido volados. Podíamos continuar intercambiando y observando algunas señales rudimentarias, pero una irremediable soledad se cerraba sobre cada persona. La humanidad ya no sería nunca esta experiencia común y enigmática sobre la que se basa la esperanza de una comprensión universal, sino un territorio etnológico, un espacio comercial, una zona más o menos homogénea de exigencias elementales y de primarias prohibiciones. Como no podemos descubrir lo que nos es más íntimo y comunicárnoslo, sólo nos une la abstracción de una mercancía universal: el dinero.

Definir la pornografía

Definir la pornografía

Si queremos juzgar moralmente a la pornografía, habría que identificarla previamente. ¿Qué es pornografía? Para que una representación pública sexualmente explícita sea considerada pornografía, hace falta algo. ¿Qué? La intención del autor de excitar sexualmente al público. Pese a ser una definición fluctuante sobre la que no existe mayoritario consenso, lo que distingue a la pornografía de una obra de arte, pongamos por caso "Las tres Gracias" de Rubens, o de una foto ilustrativa en un manual para comadronas, es un factor meramente subjetivo.

Si pensamos en las imágenes de Jeef Koons, iconos de nuestro tiempo, presentadas en galerías y museos, ¿en qué difieren de los grabados de finales del siglo XVIII? Muchos de estos grabados se realizaron con la estricta y explícita intención de estimular sexualmente a sus compradores, sin embargo, ¿los vemos ahora como obras pornográficas? Hoy tienen la valoración de arte. Entonces, ¿qué ha de sentir el público? Si una obra concebida como pornografía no excita, ¿deja de ser pornográfica? El criterio de las posibles reacciones del público no parece un baremo mejor que el criterio de las intenciones del autor.

Decirle a un autor que su obra es pornográfica, no es precisamente un cumplido, pues el término pornografía tiene una evidente connotación peyorativa. En cambio, calificar una obra de erótica, es positivo. Yo encuentro que la diferencia entre erótico y pornográfico no es descriptiva, sino evaluativa, y me quedo con la definición de Robbe-Grillet: "La pornografía es el erotismo de los otros".

Gestos inútiles

Gestos inútiles

Se puede actuar contra el cambio climático de muchas maneras, pero la iniciativa de "apagón general" durante cinco minutos que tuvo lugar el pasado día 1 fue uno de los gestos más hipócritas e inútiles que podían entablarse.

En vez de emprender acciones efectivas, llamemos a la reflexión, que es menos complicado y queda igual de bien. Recordemos la inutilidad del "Día sin coches", del "Día sin humos", del día sin... Hay tantos ejemplos para demostrar que optamos siempre por la vía más fácil. Pongámonos un lazo en la solapa por la causa gay, contra la violencia hacia las mujeres, contra el SIDA, contra... Qué le soluciona a un enfermo terminal de SIDA, que vive en una mísera aldea africana, el hecho de que miles de personas en la lejana Europa se prendan un lazo rojo para solidarizarse con él. Lo que requiere es atención médica, medicinas, un hospital en el que le hagan el final más llevadero.

El "apagón" se gestó en Francia y fue idea de la Alianza por el Planeta, que agrupa a decenas de organizaciones ecologistas y sociales de todo el mundo. ¿Qué opina esta asociación de los 7.000 megavatios/hora que consumen las luces de la famosa torre Eiffel? En España no íbamos a ser menos, y tanto ciudadanos como instituciones se sumaron a la protesta. Ver la Puerta de Alcalá sin iluminación nocturna durante cinco minutos, cuando el alumbrado navideño ha consumido en Madrid chorrocientos mil vatios, me pareció de un cinismo exasperante.

Admitamos que el apagón no ha servido para nada, es otro acto simbólico de cara a la galería que nos ayuda a lavar nuestra conciencia sucia por tantos años de despilfarro. Todos sabemos qué hay que hacer para ahorrar energía, lo cómodo es protestar, lo difícil, cambiar nuestros hábitos cotidianos.

Por cierto, el próximo día 1 de marzo será el "Día sin móviles", su objetivo es protestar contra el precio de las tarifas de telefonía móvil. ¿Alguien se apunta?


Campaña contra el abuso de las operadoras de móviles

Baraturas atómicas

En Francia ocho de cada diez kilovatios que se consumen provienen de una central nuclear, en Suecia, la mitad. Francia es un país equipado con armamento nuclear, pero Suecia es un estado pacífico que siempre tiene a mano un Premio Nobel para agradecer su labor a un escritor turco o a un cardiólogo malayo. Europa vuelve a ver con buenos ojos los átomos por la paz, o sea, la energía nuclear.

Nos la vendieron hace unos años como una energía barata, aunque no conozco un solo país en el que el recibo de la luz bajase un céntimo al entrar en funcionamiento una central nuclear. Ahora la propaganda nos la anuncia, además, como ecológica, pues no contribuye al calentamiento global. Pero siguen tomándonos el pelo, porque producir barato no equivale a cobrar menos caro y para explotar las minas cada vez más escasas de uranio, para enriquecerlo y para construir y desmantelar las centrales se consumen combustibles fósiles que sí calientan el ambiente.

La energía nuclear es, básicamente, un buen negocio, por eso se promueve. El ciudadano paga los gastos de producción de la electricidad que utiliza, y, encima, el Estado le cobra por la creación y el mantenimiento de los cementerios nucleares, que tendremos que costear hasta el día del Juicio Final, porque el uranio es muy suyo y tiene una vida que se mide en millones de años. Resumiendo, que barata, lo que se dice barata y ecológica, no es la energía nuclear.