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Cierzo

Impacto profundo

Como soy una ignorante en la materia, tengo muchas preguntas sin respuesta respecto al alabado y festejado impacto de la sonda Deep Impact, que chocó contra el cometa Tempel 1 el pasado 4 de julio.

La sonda colisionó con el cuerpo del cometa a una velocidad de 37.000 kilómetros por hora, según informó la NASA. Debido a la fuerza del impacto, deduzco que el artefacto debió quedar hecho trizas y, por tanto, inservible. ¿Qué información sobre el origen del universo puede recoger ahora esa charrara? ¿Qué ha pasado con las fotos que tomó antes del choque? Con el topetazo se liberó una gran cantidad de escombros que estaban congelados en el cometa desde la formación del Sistema Solar hace más de cuatro mil millones de años, dicen los expertos. Bien, admitamos que la suposición es cierta y que esos pedruscos, efectivamente, tienen la antigüedad que se les atribuye, supongo que ahora vagaran perdidos por el espacio y que no podrán ser estudiados. ¿O es que está previsto que caigan a la puerta de la Casa Blanca para que el tío George en persona pueda salir a recogerlos y apuntarse un tanto ante la opinión pública?

La nave ha contado con 800 segundos para recoger datos e imágenes después de que su módulo se espanzurrara al alcanzar su objetivo. Pasado este tiempo, tanto las órbitas de los dos objetos -apartándose una de otra- como la rotación misma del núcleo del cometa, ocultando el lugar del choque, han hecho imposible la obtención de nuevos datos de utilidad in situ. Pero los portavoces de la NASA están exultantes de entusiasmo. En palabras de Rick Grammierk, máximo responsable de la misión Deep Impact en el Jet Propulsion Laboratory, en Pasadena (California), la experiencia ha sido “como enviar una bala a chocar contra otra bala, junto a una tercera bala, en el lugar y momento adecuados”. En mi modesta opinión, han sido chorrocientos millones de dólares tirados al espacio en otra aventura que demuestra el orgullo y el poderío yanqui. Los contribuyentes norteamericanos podrían haberse ahorrado una buena pasta si George W. Bush, cristiano y convencido defensor de la teoría creacionista, le hubiera preguntado directamente a Dios cuál fue el origen del universo. No olvidemos que el mandatario y Él mantienen frecuentes conversaciones, en la última de la que tenemos noticia el Altísimo le pidió que librase al mundo de Sadam Hussein.

Castrati

Castrati

Es en el siglo XVI cuando, tras la prohibición del papa Pablo IV de que las mujeres cantaran en San Pedro, los castrati hacen su aparición cantando en las iglesias. Dicha prohibición se basaba en una particular interpretación de las palabras de San Pablo: "las mujeres deben mantener silencio en la Iglesia". Fue así como niños y varones castrados reemplazaron a las voces femeninas. Tiempo después, la medida se extendió también a los teatros de los estados pontificios, donde se consideró inadmisible la presencia de mujeres en los escenarios, y de esta manera muchos de estos notables cantantes consiguieron la fama y colosales fortunas personales interpretando tanto papeles masculinos como femeninos. Incluso varias obras de los siglos XVII y XVIII, en los que el rol de un hombre aparece escrito para soprano o contralto, estaban pensados específicamente para ser interpretados por castrados, ya que podían alcanzar estos registros.

Los aspirantes a castrati acostumbraban a ser niños de familias humildes y con aparentes aptitudes para el canto. La posibilidad de alcanzar un estatus privilegiado y unos considerables beneficios económicos actuando en ceremonias religiosas, teatros o cortes constituía un acicate no sólo para el artista sino para sus familiares y su representante, y ante tan tentadora perspectiva los elegidos se sometían a la extirpación de los testículos antes de llegar a la pubertad. El cuerpo del castrato crecía sin el aporte debido de testosterona, por lo que su laringe no se desarrollaba, y siendo privado de los testículos antes del cambio, se preservaba la voz infantil. Al aumentar también la capacidad pulmonar y la fuerza muscular y gracias a años de entrenamientos respiratorios y ejercicios vocales, la voz de los castrati adquiría una peculiaridad única, era aguda, dúctil y flexible como la de un niño, brillante y potente como la de un adulto. Por desgracia, muchos chavales morían a los pocos días de realizarse la intervención, ejecutada por un médico o un simple barbero, con una rudimentaria anestesia -se llevaba al paciente a la semiinconsciencia emborrachándolo con ron o comprimiéndole las carótidas hasta causarle el desmayo- y careciendo de la más mínima asepsia, otros no llegaban a conseguir la voz deseada y terminaban sus vidas como apestados, incluso la Iglesia, que mantenía una doble moral al respecto, los castigaba con la excomunión si llegaba a saberse que se había practicado la castración de forma ilegal, es decir, sin poder justificarla como consecuencia de una enfermedad o accidente, asimismo se les negaba el derecho a ser enterrados en tierra sagrada por no estar “completos”.

El castrado más famoso, y quizá el más grande en toda la historia de la ópera, fue Carlos Broschi, nombre que él relegaría a un segundo plano al adoptar el de Farinelli como una forma de agradecimiento hacia los hermanos Farina, mecenas que pagaron durante muchos años sus estudios y manutención. Farinelli estudió en Nápoles bajo la tutela de Nicola Porpora, notable maestro de canto y compositor de óperas, e hizo su debut a los16 años de edad en Roma, en 1721. Su portentosa voz, su gran habilidad para el desarrollo de las florituras y su enorme capacidad expresiva le convirtieron en una celebridad en su época. Por su asombroso talento fue literalmente idolatrado por cuantos le escucharon, era un hombre culto y dotado de una natural simpatía y distinción con las que se granjeó la amistad y protección de reyes, emperadores y del mismo Papa. Gracias a su formidable currículum, en 1737 viajó a España para remediar con su canto el estado de profunda depresión que padecía Felipe V. Durante más de veinte años como cantante personal del monarca logró tal amistad e influencia sobre éste que llegó a decidir cuestiones de estado. En la historia han quedado descritas las espectaculares proezas vocales de Farinelli. La extensión de su voz superaba las tres octavas, podía sostener un sonido durante más de un minuto ampliando o disminuyendo el volumen a voluntad y en un aria especialmente escrita para él realizaba vocalizaciones durante catorce compases con una sola toma de aire. Testigos de su virtuosismo destacan la emotividad prodigiosa de su canto, se dice que los hombres lloraban y las mujeres se desmayaban al escucharlo.

A finales del siglo XVIII numerosos los intelectuales criticaron la castración por considerarla una práctica aberrante. Voltaire y Rousseau la condenaron calificando a los progenitores que la consentían de "padres bárbaros" y tildando de "verdaderos monstruos" a quienes la habían sufrido. Poco a poco las ideas libertarias de la Revolución Francesa fueron calando en la sociedad y en 1798 el papa Benedicto XIV permitió que las mujeres actuaran en los escenarios teatrales y se declaró ilegal la amputación de cualquier parte del cuerpo, salvo en caso de absoluta necesidad médica; pese a todo, la castración continuó practicándose y, aunque en 1830 desaparecieron de la ópera, los castrati siguieron actuando en el Vaticano y en otras iglesias hasta que un decreto del papa León XIII, en 1902, prohibió definitivamente la utilización de castrados en las ceremonias eclesiásticas.

Alessandro Moreschi está considerado el último de los castrati, se retiró en 1913 y su voz se guarda en una grabación realizada en 1902 y reeditada en Perla “Opal” nº 9823 que lleva por título Moreschi el último castrati, en ella se recogen diecisiete fragmentos musicales del cantante junto al coro de la Capilla Sixtina. Debido a los precarios medios con los que fue registrada y al paso del tiempo, la calidad de la grabación es mala, no obstante, en ella se aprecian las cualidades de esta representativa voz y constituye el único documento sonoro de castrati que se conserva en el mundo.

Durante tres siglos se vulneraron las más elementales normas éticas, morales y legales con objeto de obtener la voz pura y virginal de un ángel. Es difícil saber si el precio que pagaba el castrado a cambio de la gloria y la riqueza le compensaba de la terrible mutilación que padecía, lo que no podemos obviar es que la historia de la música sería otra sin estos mitos del canto.

Carta de Gloria

Gloria me remite una interesante carta desde New York City. Ha leído mi ensayo “Ateos y agnósticos”, publicado en el blog Ataraxia, y ha llegado a la conclusión de que no voy por el camino correcto, por eso me anima a rectificar. Me dice:

Tienes que aprender a deshacer el error original, el cual fue mirar a la diminuta idea loca de ser ateo y hacer de ello un acontecimiento. Esa es la razón por la cual esto es tan importante. Esa es la razón por la cual este mensaje es tan importante, si lo lees correctamente y cuidadosamente. Lo que hará es adiestrarte, en el mundo y en la esfera de la experiencia en la cual crees estar, a revivir ese instante original cuando tú, como parte de ese único Hijo miraste las dos opciones y elegiste en contra del Espíritu Santo. Miraste a tu ego y lo tomaste muy, muy en serio. Hiciste al ego serio en lugar de tonto. Jesús dice: “Es un chiste [eso es literalmente lo que él dice] pensar que el tiempo pudiese llegar a circunscribir a la eternidad, lo cual significa que el tiempo no existe” (T-27.VIII.6:5). Es un chiste pensar que esta diminuta idea loca tuviese el poder para interferir con la eternidad. Lo que quieres hacer es cultivar, como una disciplina constante, el mirar a tu ego y no tomarlo seriamente. Si luchas contra ti mismo, lo estás haciendo real. Si te das cuenta de que tu resistencia a elegir a Jesús es fuerte, entonces simplemente reconócelo y di: “Aún tengo mucho miedo del Amor de Dios, pero está bien.” Son esas palabras, “está bien,” las más importantes de todas, porque ya no estás juzgando a tu ego como terrible, pecaminoso, maligno, perverso. Estás mirando a tu ego y diciendo: “Esto es lo que estoy eligiendo, pero no tiene efecto alguno en el amor de Jesús por mí, y no tiene efecto alguno en el amor del Espíritu Santo por mí.”

¡No tiene efecto en absoluto! Sólo tendrá algún efecto si le adjudicas un efecto dentro de tu sueño, porque dentro de tu sueño puedes hacer lo que quieras. Jesús dice antes en el texto que “los sueños son berrinches temperamentales de tu percepción, en los cuales literalmente gritas, ¡lo quiero así!” (T-18.II.4:1). Como un niñito saltando y gritando: “Esto es lo que yo quiero, Mami. ¡Dámelo!” De eso es de lo que tratan los sueños -tanto los que tenemos cuando dormimos como los que tenemos cuando estamos despiertos. Así que lo que quieres poder hacer es mirar lo que estás haciendo y decir: “Eso es lo que estoy eligiendo activamente, pero está bien. No es nada terrible. Simplemente estoy haciendo lo que quiero, porque tengo miedo de lo que yace más allá de ello: el fin del especialismo. Y en este momento estoy perfectamente dispuesto a elegir la locura, porque no quiero soltar mi especialismo -pero está bien.” Esa será la manera de reflejar la elección original que todos nosotros no hicimos, pero que ahora podemos hacer nuevamente: mirar a la diminuta idea loca -la idea de estar separados de Dios- y decir: “Esto no es nada. Este es un sueño tonto. Es un chiste.” Miramos a ese pensamiento con una dulce sonrisa. Cualquiera que sea ese pensamiento dentro de ti: no lo justifiques, no lo racionalices, no te sientas culpable por ello, no lo juzgues. Simplemente míralo como lo que es, pero sonríete. De eso es que se trata esto realmente.

Al menos, pues, estás siendo honrado y franco contigo mismo y por consiguiente con Jesús. Eso es lo que te ahorrará miles de años. La meta no es estar sin tu especialismo, tu culpa, tus pensamientos de ataque o tu enfermedad. La meta es tener conciencia de que los has elegido, y de que puedes hacer otra elección cuando estés listo para ello. Nadie está apuntándote a la cabeza con una pistola y exigiendo que hagas esto hoy. Si crees que Jesús está haciendo esto, entonces estás leyendo el libro equivocado con el autor equivocado. Eso no es lo que él hace. Nunca le hizo eso a Helen. No se lo hace a nadie. El simplemente te sirve de recordatorio con dulzura. Justo al final del texto dice: “En cada dificultad, en cada angustia y en cada confusión Cristo te llama y te dice con ternura, “Hermano mío, elige de nuevo” (T-31.VIII.3:2).

El no hace la elección por ti. Simplemente te dice: Estás disgustado porque estás eligiendo contra la paz de Dios, y eso está bien. Yo permaneceré amorosamente a tu lado y continuamente te la recordaré hasta que estés listo. Tú eres el único que tiene derecho a decidir su propia aptitud: Yo no lo haré por ti, porque al final no tiene importancia. No violaré el poder de tu mente para elegir.

Repito, eso es lo que hay detrás de estas aseveraciones. Son extremadamente importantes. Si realmente las entiendes y las aprendes, tu experiencia de Jesús será mucho más amorosa, mucho más tierna; y por consiguiente, tú serás mucho más amoroso y tierno contigo mismo. Y todos los que te rodean te estarán muy agradecidos, porque inevitablemente serás más amoroso y tierno con ellos. Habrás experimentado el amor y la ternura del Cielo, y ese amor y esa ternura se convertirán más y más en parte de ti, lo cual inevitablemente compartirías con todos los demás. Así que no luches en contra de tu especialismo. Está bien que digas que no estás listo para deshacerte de éste. Al menos eres consciente de cuál es el asunto.

Querida Gloria. ¿Qué puedo decir? Tus argumentos me han dejado sin palabras. Le agradezco al buen Jesús que no me apunte a la cabeza para convertirme en uno de sus feligreses, que tenga paciencia infinita para esperar que vuelva al redil y que sepa disculpar esta locura que me permite vivir sin Él. Espero despertar un día de mi tonto sueño y encontrarme rodeada del amor y la ternura del cielo. Ahora soy consciente del asunto, gracias a ti.

Ateos y agnósticos

Nacionalismos

Los nacionalismos no se curan viajando, sino follando, mezclándose las sangres de los pueblos. Ninguna bandera ni patria ni credo justifican trato excluyente a ningún ser humano y, por supuesto, derramamiento de sangre.

Ángel Petisme

H2O

Todos bebemos agua, pero no todos bebemos la misma agua. En esto también hay clases. Los pobres beben aguas fecales, contaminadas o sin depurar. Agua del grifo para el común de los mortales. Evian o Perrier para los que tienen pasta larga y, lo último de lo último, agua de glaciar del Polo Norte, que según dicen activa y rejuvenece, para los más snobs del planeta.

Vaya usted a un restaurante y pida una botella de Finé, con un poco de suerte el camarero sabrá qué es y le dirá que no tienen, pero entre sus amigos quedará como un auténtico entendido o como un perfecto gilipollas, según sea el pedigrí de las amistades que usted gasta.

Somos pesimistas

Se diría que el hombre está mejor dotado para el sufrimiento que para la felicidad. Obsérvese, por ejemplo, lo que ocurre en lo tocante al amor; parece ser que el amor hace felices a los humanos, pero su privación los hace desdichados. La desaparición de la persona amada les hace sufrir mucho más de lo que su presencia les permitía gozar. En términos generales, el dolor suele ser la prueba más elocuente del amor; nos damos cuenta de que amamos lo mismo que nos damos cuenta de que tenemos esófago: sólo porque nos duele, sólo cuando nos duele. Observación ésta que podría hacerse extensiva a cualquier otro tema. Sólo sabemos qué es el pan cuando nos falta, sólo sabemos qué es la salud cuando la perdemos, sólo sabemos qué es una madre cuando desaparece. Verdaderamente, somos más conscientes de los que nos falta que de lo que poseemos. Nadie se siente feliz por tener dos piernas, pero todos nos sentimos desgraciados si nos duele un dedo. Y es que existe una común propensión a fijarse en lo deficiente más que en lo normal, en lo adverso más que en lo favorable, en lo negativo más que en lo positivo. Nuestro vocabulario resulta sintomático. Literalmente, fatalidad es aquello que viene impuesto por los hados, lo que ocurre al margen de nuestra voluntad, sea bueno o sea malo, sin embargo, una fatalidad significa siempre una desgracia. Decimos sufrir un cambio, como si toda transformación tuviera que ser forzosamente a peor. Cuando alguien mata a otro, decimos que lo ha despenado, como si su alma sólo pudiera albergar penas. La palabra suceso, que en francés, italiano e inglés quiere decir éxito, entre nosotros quiere decir lo contrario, algo siniestro o al menos lamentable, perteneciente a la “página de sucesos”.

No me extraña que prevalezca el pesimismo. Un mundo finito de tormento infinito, sentenció el filósofo bajo los efectos de un cólico intestinal. El bien resulta insignificante, o mejor aún, es sólo aparente. Únicamente lo malo es real, lo bueno es ilusorio. El mundo es un paraíso imaginario con una serpiente de verdad dentro. He aquí la asombrosa, patética, irrefutable conclusión de los pesimistas.

Pero permítaseme decir que los optimistas no me convencen más, simplemente me molestan menos. Optimista es quien exclama el primer día de septiembre: ¡Ya no quedan más que once meses para las vacaciones! Mi reacción ante este comentario es más bien de ternura. Un conocido, enterado de que las herraduras traen buena suerte, colgó una en la puerta de su piso. Un día, al cerrar la puerta, se le cayó y le descalabró un pie. Cuando me lo encontré, me dijo feliz: “Qué suerte he tenido; si hubiera puesto dos herraduras en lugar de una, ahora tendría los dos pies escayolados”. Sinceramente, creo que se puede llegar a ser optimista a fuerza de pesimismo, cuando se descubre que el mundo no es tan rematadamente malo como uno se creía. Instalándose en la desesperanza, el alma evita caer en la desesperación. Si yo digo que la vida es tan indeseable como la muerte y alguien me pregunta por qué no me suicido, yo podría responderle: porque la muerte es tan indeseable como la vida. Me parece, no obstante, que lo más frecuente suele ser el camino inverso, pasando del optimismo al pesimismo a través del escarmiento.

¿Se trata, pues, de estados de ánimo fluctuantes, reversibles? No. Hay quien es optimista o pesimista de una manera estable, contumaz e irrevocable. Nació cetrino y morirá cetrino. Lo que sí hay que reconocer es que no se trata nunca de posiciones absolutas, por muy obstinadas que sean. Realmente, el optimismo no consiste en creer que todo está bien ni el pesimismo en creer que todo está mal; no tendría sentido, sería como decir que todo está a la derecha o todo a la izquierda. Chesterton matizaba mucho más: optimista es quien cree que todo está bien salvo el pesimista, y pesimista el que cree que todo está mal excepto él mismo. ¿Quién dijo que pesimismo significa clarividencia? Algún pesimista, por supuesto. ¿Quién dijo que el pesimismo es la lucidez de los cobardes, mientras que el optimismo es el coraje de los lúcidos? Algún optimista, desde luego.

Claro que también existe otra postura. Cuando a alguien le preguntas: ¿eres optimista o pesimista? Los hay que dicen que ni una cosa ni otra, que son realistas. Los que se llaman realistas me recuerdan a esos individuos que dicen ser apolíticos; se engañan lamentablemente. La verdad es que todos somos, de manera irremediable, optimistas o pesimistas. O tesis o antítesis. ¿No cabría, sin embargo, alguna síntesis? Sucede que tanto la tesis como la antítesis son simplemente hipótesis, tanto el optimismo como el pesimismo son meros entes de la razón, actitudes personales y arbitrarias. Por consiguiente, lejos de constituir una síntesis, el realismo sería más bien todo lo contrario, sería la convicción de que el mundo real nada tiene que ver con esas hipótesis, con esas visiones extremadas, unilaterales y subjetivas. ¿Cómo conseguirlo? Sabemos que sentido del humor quiere decir sentido de la realidad, pero sabemos también que esto significa tan sólo un desideratum, una cifra óptima. Las pasiones enturbian nuestra percepción de la realidad y no permiten otra cosa que un constante esfuerzo de aproximación por arriba y por abajo, una serie infinita de decimales. El único ideal de objetividad, de equilibrio, al que puede aspirar un hombre es ser optimista y pesimista alternativamente. Yo, por mi parte, trato de ser optimista los lunes, miércoles y viernes, pesimista los martes, jueves y sábados; los domingos debo descansar de tanto trajín.

Premio Atila 2005

Desde 1992, Ecologistas en Acción, confederación de 300 grupos ecologistas, concede anualmente los premios Atila en su propósito de denunciar a quienes consideran que causantes de deteriorar el medio ambiente.

El Premio Atila 2005 se ha designado a Magdalena Álvarez, ministra de Fomento, por la elaboración del Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte 2005 - 2020 (PEIT), que supone según la organización la construcción de 6.000 nuevos kilómetros de autovías.

Para Ecologistas en Acción, este plan no permitirá el cumplimiento de los compromisos del Protocolo de Kioto, reforzará la insostenibilidad del transporte y tendrá gravísimas afecciones para la biodiversidad. Además, supondrá gastar 7.300 millones de pesetas diarias hasta 2020.

El premio Caballo de Atila ha recaído en María Teresa Estevan Bolea, presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Ecologistas en Acción denuncia así los intentos de este organismo por ocultar reiteradamente al Congreso y el Senado la importancia del fallo del sistema de refrigeración de la central nuclear de Vandellós II (Tarragona), y presentar la información de manera sesgada para minimizar su gravedad.

La mención especial Atila Mundial se destina a Repsol YPF, una de las multinacionales petroleras privadas más importantes del mundo, por sus actuaciones en varios países de Latinoamérica.

Para la organización ecologista, las actuaciones de esta petrolera tiene consecuencias muy negativas para la biodiversidad y las comunidades indígenas. Además, denuncia la pretensión de Repsol de llevar a cabo prospecciones petrolíferas en las costas del Archipiélago Canario, Mar de Alborán y Golfo de Vizcaya.

Ecologistas en Acción

No soy feminista

No soy feminista porque el sufijo –ista no me gusta, pervierte cualquier palabra a la que se añada y es la bandera de las mentes pequeñas y fanáticas. Digo que no soy feminista sin tapujos y sin complejos, sin pedir disculpas ni añadir acto seguido que, en cambio, soy femenina.

Hace bastantes años, y como respuesta a una serie de violaciones cometidas en un breve lapso en Zaragoza, un grupo de feministas se lanzó a la calle recogiendo firmas bajo el eslogan: “Contra violación, castración”. Sí, pedían que a los hombres culpables de violar se les extirpasen los testículos. Recuerdo que una chica muy risueña me puso una hoja y un boli en la cara para que suscribiera esta petición al Gobierno. Yo me negué horrorizada, y la militante me miró con una enorme sorpresa, sin entender que pudiera rechazar una propuesta tan “de justicia”. ¿Estás de acuerdo en que al ladrón se le corte la mano, o al difamador la lengua? ¿Te parece bien que se mutile a un ser humano para hacer justicia?, le pregunté. No supo qué decirme. Quiero pensar que se le encendió la bombilla del buen juicio y bajo su luz vio lo descabellada que era aquella campaña.

Movilizaciones de este cariz y discursos extremistas aireados por grupos radicales son los que le han dado mala fama a un movimiento iniciado por unas luchadoras que trabajaron mucho y en condiciones muy duras para que la mujer alcanzase la dignidad de ser humano, de igual al hombre, y que me merecen todo el respeto y una eterna gratitud.

No soy feminista, pero lucho porque todavía falta mucho por conseguir, porque en la mayor parte del mundo ser mujer equivale a ser esclava del hombre, porque aún no hemos alcanzado el derecho básico de la igualdad, porque estoy en contra del dominio de unas personas sobre otras y porque vivo en este planeta y sé lo que en él ocurre.

En Nueva York circula una máxima para tratar con los hombres: "Cázalo, tíratelo y olvídalo". No estoy de acuerdo con esta versión kleenes, ni creo que debamos convertirnos en una versión masculina de mujer. La liberación femenina tiene que ser otra cosa. Hemos logrado que se establezcan nuevas reglas de juego, que se reformen leyes, hemos hecho una revolución sexual, hemos demostrado que podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos, no mejor ni peor que los hombres, a nuestra manera, la historia empieza a estar salpicada de nombres femeninos, hemos reinventado a la mujer, nuestra lucha es imparable, pero falta mucho por hacer.

Hay una idea preciosa de Martin Luther King que él aplicó a la esclavitud de los negros y que es extrapolable a cualquier grupo discriminado: "Queda mucho por hacer y puede haber momentos de retroceso, pero cuando un esclavo descubre lo que significa ser libre, nunca jamás vuelve a ser esclavo, aunque le pongan cadenas".

Ratas sagradas

En Deshnok (Rajasthan), India, se encuentra el templo de Arn Mata, una reencarnación de la diosa Durga. No es precisamente un lugar para aprensivos, porque en su interior habitan miles de ratas, consideradas sagradas por la tradición hindú. Dice la leyenda que estas ratas son la reencarnación de los “contadores de historias”, que iban por los pueblos. Los peregrinos acuden para alimentarlas con bolas de azúcar y platos de leche que los sacerdotes reparten con esmero entre ellas. Es señal de buena suerte para el visitante que una de las ratas corra por encima de sus pies. En el interior es obligatorio ir descalzo.

Racismo científico

En el preciso contexto del racismo científico de finales del siglo XIX o de principios del XX el atraso tecnológico del “otro” resultaba fácilmente explicable: aquellos pobres miserables de piel oscura y cabello rizado estaban biológicamente determinados a persistir en la barbarie y la ofuscación o, como mucho, a mejorar un poco bajo la tutela colonial, eso sí, hasta los límites naturales que los condicionaban como seres “inferiores”. Esta actitud, materializada o no en disposiciones legales segregacionistas, ha persistido hasta hace bien poco de iure en algunos países y perdura de facto en el inconsciente de los occidentales. En cualquier caso, todas aquellas teorías pseudocientíficas basadas en la frenología o en la politización de la genética han caído por su propio peso desde el punto de vista académico (la teoría de los atavismos de Lambroso, las escalas craneométricas de Alfred Bidet, los delirios sobre las supuestas características “morales” que separaban a los dolicocéfalos de los braquicéfalos, etc.) y, afortunadamente, ha acabado difuminándose como consigna política, con la patética excepción de algún grupo de iluminados. ¿Hemos de llegar a la conclusión de que el racismo es una enfermedad social inextirpable que nos atormentará siempre?, se preguntaba en una obra reciente el famoso genetista Luca Cavalli-Sforza.

El problema de estos grupúsculos gritones e incansables es que, por norma general, no han sido contestados ni rebatidos por especialistas competentes, por científicos o eruditos, como el mismo Cavalli-Sforza, sino por otros grupúsculos, tan gritones e incansables como los primeros. Así hemos pasado en menos de un siglo de la “falacia naturalista” a la “falacia antinaturalista”, tan primaria y falta e fundamentos como la primero, pero supuestamente menos peligrosa. Desde 1859 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, desde Spencer hasta los frenólogos nazis, pasando por la burda cosificación de la inteligencia de Cyril Buró o del mismo Spearma (autores de auténticos fraudes científicos que con el tiempo se ha convertido en dogma de fe, como la capacidad medidora de ciertos tests factoriales), el darwinismo y más concretamente la psicología evolucionista han sido objeto de un constante abuso ideológico.

En estos dos contextos, el colonialismo inglés y francés, y, más adelante, la violenta aparición de los fascismos europeos, la tentación de sustituir los pájaros o las tortugas descritas por Darwin por blancos y negros o por arios y semitas, resultaba casi inevitable; la pura ideología o los simples intereses económicos de determinadas metrópolis quedaban así solidamente legitimadas por una pátina de inmaculada y aséptica cientificidad. Con la selección natural se podía explicar, con una rara simultaneidad, la altura del cuello de las jirafas, el atraso tecnológico del África negra, el alcoholismo de los proletarios que pasaban doce horas en la fábrica por unos salarios de miseria o las disposiciones legales que prohibían el voto femenino; en lo que respecta a esta última cuestión, por ejemplo, el inefable Gustave Le Bon escribió el año 1879 que “entre las razas más inteligentes, como es el caso de los parisinos, hay un gran número de mujeres que tienen un cerebro más parecido al del gorila que al del hombre”. Después de informarnos que los habitantes de París constituyen una raza aparte (y superior, evidentemente) el eminente psicólogo de la escuela de Paul Broca, otro medidor compulsivo de cráneos que falsificó sistemáticamente todos los datos que no cuadraban con su teoría, se vio obligado a admitir que había “algunas” mujeres brillantes; ¿cómo explicar esta anomalía? Muy fácil: Le Bon las situaba en el contexto de la pura monstruosidad; si de tanto en tanto nacen animales con dos cabezas o sin extremidades, ¿por qué no pude haber también “algunas” mujeres inteligentes? No hace falta añadir nada más.

La contundencia insultante y vejatoria de esta tesis que, no hay que olvidar, a lo largo de muchos años llegaron a ser plenamente “científicas”, se ha diluido casi del todo. De rebote, han quedado en el campo de batalla antítesis tan contundentes y absurdas como aquellas. Desafortunadamente, la falacia naturalista tiene su correlación en la falacia antinaturalista; según ésta, los seres humanos “naturales”, no corrompidos todavía por el capitalismo patriarcal, viven armónicamente junto a sus semejantes y respetan las plantas y los animales; la guerra, la agresividad, la envidia o la competencia sexual son un producto de los artificios sociales, y no tienen nada que ver con la verdadera naturaleza humana. Cuando uno se atreve a recordar que el 25% (uno de cada 4) de los varones yanomamos, los buenos salvajes de la Amazonia, muere en acciones violentas entre miembros de la misma tribu, se le puede acusar de cualquier cosa. De racista o de neocolonialista. Y si osa comparar conceptos como andrógenos, estrógenos, adrenalina o feromonas para explicar ciertas conductas consideradas estrictamente culturales (la curiosa noción de opción sexual, pongamos por caso) no es extraño que acabe siendo tildado de machista incorregible y opresor de las minorías que añora el orden patriarcal…

Dejemos de lado estos dos extremos que, en realidad, son las dos caras de una misma moneda: el aparatoso fracaso del racionalismo universal en su aplicación real, es decir, en su proyecto político ilustrado. Éste resulta, entonces, incontestable, al menos si tenemos el valor de contemplarlo cara a cara, sin cómodos matices disculpatorios o sonoras expresiones grandilocuentes parapetadas detrás de la corrección política: la precariedad del alcance geográfico del modelo democrático y la concretísima localización de los avances científicos y tecnológicos es manifiesta, evidente, y en ocasiones muy dolorosamente.

Descartado cualquier tipo de condicionamiento basado en toscas mistificaciones biologicistas, conviene retomar la cuestión desde otra, desde la otra, perspectiva: la cultural, pero sin caer tampoco en la pueril falacia antinaturalista comentada antes. Aquí la respuesta puede parecer de una simplicidad engañosa. Es obvio que no existe ningún condicionante estricto capaz de impedir a un niño yanomamo llegue a ser ingeniero aeronáutico, físico nuclear o doctor en filología eslava. Esto es totalmente cierto. Ahora bien, se necesitan pequeños detalles: al nacer, este niño tendrá que abandonar la selva y su pequeña comunidad, no aprender su lengua, la de sus progenitores, en la que conceptos como silogismo, protón o inercia no tienen cabida; tendrá que renunciar a una visión mítica del mundo y sumergirse en una cosmovisión donde la Naturaleza se expresa con las ecuaciones de Newton y no con los sueños o las drogas alucinógenas. ¿Habremos conseguido, por tanto, un yanomamo, el primero, doctorado en física nuclear? Evidentemente, no: habremos conseguido un doctor en física nuclear, que podrá ser más o menos brillante, pero que en cualquier caso ya no será un yanomamo. Éste se ha volatilizado, ha desaparecido, y en un sentido ontológico, ha dejado de ser. Pensar lo contrario es puro racismo decimonónico, es creer que, de alguna manera, aquel niño que se ha educado en la fría ciudad de Oxford, por ejemplo, es todavía un indio de la tórrida Amazonia y aquello que condiciona su ser es, por tanto, la biología, la raza, la genética, que como remarca la cita: no perdona.

El sincretismo es frecuente en la religión, el folclore o la música, también es posible, y relativamente habitual, conjuntar una cosmovisión irracional y precientífica con los últimos avances tecnológicos: cartas astrales hechas con ordenador, tarot a través de Internet…; pero resulta estrictamente imposible pensar desde dos lógicas diferentes o armonizar de forma inteligible dos concepciones de la Naturaleza diametralmente opuestas. Las nociones de razonamiento hipotético o de invalidez de un razonamiento recursivo, por ejemplo, no son un tipo de determinación mental innata, sino de un esquema de “nuestra lógica”. El antropólogo Nigel Barley lo ilustra con dos casos muy significativos. Mientras intentaba averiguar las estructuras de parentesco en el pueblo dowai preguntó a un nativo qué tipo de relación tendría su hermana respecto a otro miembro determinado del grupo. “Yo no tengo ninguna hermana”, le interrumpió. “Bien, pero supongamos que la tuvieras” insistió. “Pero es que no la tengo…”. Era imposible concluir la indagación: el razonamiento hipotético era conceptuado como una especie de falsedad. Con la noción del razonamiento discursivo pasaba algo parecido: “¿Por qué os circuncidáis?” “Porque lo hacían nuestros antepasados”. “Pero, ¿por qué lo hacían vuestros antepasados?” “Porque es bueno”. “¿Y por qué es bueno?” “Porque lo hacían nuestros antepasados”… Es difícil negar que estamos ante dos lógicas y, por tanto, ante dos mundos. “Los hechos en un espacio lógico son el mundo”, dijo Wittgenstein.

Asimismo, añadir que nuestro mundo es mejor o, al menos, preferible al suyo es una tentación irrefrenable. Sería poco honrado intelectualmente negar que en la gran mayoría de occidentales esta tentación todavía existe. En sí misma, como idea o simple prejuicio, resulta vagamente inocua, su concreción en acción política, sin embargo, ha provocado los estragos más sangrientos de la historia de la humanidad, y esto no se debe olvidar.

Las antenas de telefonía móvil SÍ son peligrosas

Que las radiaciones electromagnéticas pueden afectar gravemente a la salud de todos los seres vivos no es discutible por mucho que algunos se empeñen en negarlo. La evidencia la dan los hechos: son decenas de miles las personas que han enfermado -y muchas, muerto- a consecuencia de ellas. Y cuando alguien afirma que no está demostrada "científicamente" la causa de todas esas enfermedades y muertes demuestra que es un ignorante o un manipulador. Existen estudios científicos suficientes para afirmarlo. Aunque las empresas implicadas tengan tanto poder como para silenciarlos financiando otros estudios con la intención de sembrar la duda. Ya lo hicieron en su momento las compañías tabaqueras que se pasaron décadas afirmando también que no estaba "científicamente" demostrada la relación del tabaco con el cáncer.

A muchos lectores les sorprenderá, teniendo en cuenta las declaraciones oficiales asegurando que no hay "evidencias científicas" de que la telefonía móvil sea peligrosa, que sea tan rotundo afirmando que sí existen. Pero lo mantengo. Como mantengo que quienes lo niegan tienen la misma información que yo. En los recuadros que acompañan este artículo el lector podrá ilustrarse con datos que le servirán para reflexionar. Por mi parte, tengo intención de dar a conocer los trabajos que evidencian los peligros de la radiación electromagnética. Y no sólo de la telefonía móvil. Pero empezaré a hacerlo el próximo mes. En este instante prefiero que el lector tenga conocimiento de que mis afirmaciones no son producto de una creencia personal con escaso fundamento. Y afirman lo mismo ilustres científicos a los que, o no se escucha, o se les ignora. Veámoslo. La Dirección General de Investigación del Parlamento Europeo recibió en su departamento de Evaluación de Opciones Científicas y Tecnológicas un informe (su resumen fue publicado en marzo del pasado año) titulado "Los efectos fisiológicos y medioambientales de la radiación electromagnética no ionizante" que fue elaborado conjuntamente por el Instituto Internacional de Biofísica de Neuss-Holzheim (Alemania) bajo la dirección del prestigioso doctor G. Hyland y el Departamento de Física de la Universidad de Warwick (Gran Bretaña). Pues bien, en él, además de todo tipo de consideraciones científicas sobre los peligros de la telefonía móvil, se hacen -a modo de conclusiones- varias recomendaciones muy concretas en la confianza de que tanto el Parlamento Europeo -en su calidad de órgano legislativo- como la Comisión Europea -en tanto órgano ejecutivo- las tuviesen en cuenta. ¿Y cuáles son? Pues veámoslas.

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Jeroglíficos

Jeroglíficos

Jeroglífico: vocablo griego formado por hieros (sagrado) y gluphein (grabar).

Trasladémonos a Rosetta, en Egipto, al mes de agosto de 1799. Bouchard, oficial de ingenieros del cuerpo expedicionario del general Bonaparte, desentierra en esta ciudad una piedra cubierta de inscripciones. Aunque el valeroso soldado fue incapaz de descifrar los textos que contenía un decreto redactado por los sacerdotes en honor del rey Ptolomeo V, datado el año 196 a.C., los eruditos constataron la presencia de tres antiguos sistemas de escritura: el griego, el demótico –utilizado en el Egipto de las postrimerías- y… el jeroglífico.

Inmediatamente surgió una hipótesis tentadora: ¿sería el mismo texto redactado en tres escrituras diferentes? En otras palabras, ¿se estaba ante la traducción griega de un texto escrito en jeroglíficos que, tras catorce siglos de silencio, finalmente permitiría encontrar la clave de su descifrado?

En efecto, desde la conquista árabe del siglo VII d. C., la escritura jeroglífica era una gran muda. Ya nadie sabía leer aquellos signos extraños que se consideraban mágicos; en ellos se encontraban, según los antiguos, los secretos de los sacerdotes.

En el siglo I d.C., Filón el Judío escribió: “Los discursos de los egipcios proporcionan una filosofía que se expresa por medio de símbolos, filosofía que revelan en las letras llamadas sagradas”. Dos siglos después, en el III d.C., el filósofo Plotino resaltaba: “Los sabios de Egipto daban prueba de una ciencia consumada empleando signos simbólicos por medio de los cuales, en cierto sentido, designaban intuitivamente, sin necesidad de recurrir a la palabra… Así pues, cada jeroglífico consistía en una especie de ciencia o de sabiduría”. Opiniones nada despreciables puesto que estos dos pensadores frecuentaban con asiduidad la biblioteca de Alejandría y posiblemente aún eran capaces de leer los jeroglíficos. ¿Acaso no se afirmó que el gran Homero prefería esta lengua a cualquier otra?

Los primeros cristianos y algunos padres de la Iglesia todavía testimonian una admiración por los jeroglíficos; después, en el año 639, con la invasión árabe, una noche espesa cae sobre la tierra de los faraones. El cambio de lengua, de religión, de costumbres, la modificación de las maneras de pensar, son el resultado de la creación de un estado musulmán, de valores radicalmente opuestos a los de la antigua civilización egipcia.

¿Subsistió una tradición oral que permitió a unos pocos la lectura de jeroglíficos? Es probable, pero no existen pruebas de ello. En cualquier caso, el capitán Bouchard, aunque fuese de ingenieros, no fue capaz de leer la “piedra Rosetta”. Tampoco los sabios de la expedición tuvieron éxito en esta empresa.

No obstante, Francia acababa de descubrir el eslabón perdido, y todas las esperanzas estaban permitidas. La alegría duró poco pues la expedición de Bonaparte, como es sabido, acabó en desastre militar después de que el general abandonase a sus hombres. Los británicos aprovecharon la ocasión para apoderarse de Egipto, y de la piedra Rosetta, que fue trasladada a Londres, al Museo Británico, donde reina, acompañada de la siguiente inscripción: “Conquered by the Brithis Armies” (Conquistada por el Ejército Británico). Pero no todo se había perdido, pues se hicieron copias que eran estudiadas por unos cuantos investigadores.

En aquellos inicios del siglo XIX fueron bastante numerosas las tentativas para descifrar los jeroglíficos. Tras el fracaso, a mediados del siglo XVIII, de Kircher, un jesuita alemán que pensaba que todos los jeroglíficos eran símbolos sin lectura fonética, muchos estaban convencidos de que los signos serían un enigma para siempre. Posteriormente renació la curiosidad; gracias a la piedra Rosetta se desbordó la imaginación de algunos eruditos, en particular la del inglés Young, que logró descifrar algunos signos, aunque después topó con obstáculos insuperables. Entre los conquistadores de lo imposible destacó un francés, Jean-François Champollion.

Champollion, nacido el 23 de diciembre de 1790 en Figeac, se retrató a sí mismo en una de sus cartas: Soy todo para Egipto, y él es todo para mí. Hombre predestinado, superdotado, envidiado y detestado por la mayoría de las autoridades “científicas” de su tiempo, trabajador incansable, dedicó toda su vida a una extraordinaria misión: encontrar la clave de la lectura de los jeroglíficos y resucitarlos. Desde su infancia se entregó al estudio de varias lenguas muertas e incluso intentó aprender chino y persa. Pero su salud era mala, iba detrás del dinero y de un cargo oficial, y no tenía a su disposición los documentos originales que poseían algunos de sus rivales, incapaces de hacer uso de ellos. Los momentos de desesperación abundaban; Champollion no lograba descifrar sus jeroglíficos

París, 14 de septiembre de 1822. En el Instituto de Francia, el hermano de Champollion trabaja en su despacho, es otra jornada como las otras, gris y monótona. De improviso se abre la puerta. Jean-François Champollion entra completamente exaltado y grita: ¡Lo tengo! Acto seguido, se desmaya. La emoción ha sido tan intensa que permanece alterado varios días. Lejos de este mundo, se prepara para descifrar varios milenios de historia y civilización. Incluso hoy, uno se queda confundido y admirado ante la magnitud del descubrimiento. En la época de los ordenadores, escrituras mucho más sencillas que la jeroglífica continúan siendo indescifrables. Y es un solo cerebro humano el que logra descubrir el velo en el curso de una fulgurante intuición que sigue siendo un enigma.

Antes de Champollion existían dos teorías. Según la primera, los jeroglíficos no eran ni sonidos ni letras como los de nuestro alfabeto, sino símbolos e imágenes. Por ejemplo, un pato es un pato y, tal vez, simboliza otra cosa, pero ¿qué? Con arreglo a la segunda teoría, cada jeroglífico es un sonido a una letra. Por ejemplo, un pato sería una A, una B o una C, pero ¿cómo hallar el equivalente fonético correcto? Tomadas aisladamente, ninguna de las dos teorías era exacta: había que unirlas y superarlas. Es lo que resume Champollion en su carta al barón Dacier: Es un sistema complejo, una escritura a la vez figurativa, simbólica y fonética en un mismo texto, en una misma frase, casi diría en la misma palabra. Efectivamente, el sistema jeroglífico es figurativo, simbólico y fonético en una misma palabra.

No cuesta imaginar la alegría de Champollion durante su único viaje a Egipto, cuando al leer los auténticos monumentos constató la exactitud de su descubrimiento. Champollion, autor de una gramática, un diccionario y un estudio sobre los dioses de Egipto, murió agotado el 4 de marzo de 1832. Jamás se ensalzará lo suficiente el talento de este genio sin el cual el Egipto faraónico habría desaparecido para siempre, él resucitó la sabiduría de una civilización y pocos hombres han logrado una hazaña semejante.

Que los abuelos no pasen solos las vacaciones

España cuenta en la actualidad con más de siete millones de personas que superan los 65 años, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Dentro de este colectivo, alrededor dos millones se encuentran en el umbral de la pobreza y muchos de ellos se ven obligados a vivir solos. El problema se agrava cuando llega el verano, pues el número de personas mayores que carecen de compañía se triplica durante esta época. Para combatir la situación de soledad que padecen muchas de estas personas, diferentes entidades de toda España promueven actividades concebidas para los más mayores e impulsadas por voluntarios de todas las edades.

En Cataluña, una de las asociaciones que trabaja en este ámbito es Amigos de los Mayores. Entre sus propuestas para este verano, destacan la Fiesta de la Primavera (que tendrá lugar el próximo 11 de junio por la tarde), las tertulias grupales al aire libre y, sobre todo, el programa Estancias de verano. Esta iniciativa consiste en tres turnos de colonias de una semana de duración, que tendrán lugar en la localidad barcelonesa de Begues y en el sur de Francia entre el 27 de agosto y el 27 de septiembre.

El viaje acoge una propuesta de actividades “integral”, en las que tienen cabida desde las manualidades hasta los ejercicios de psicomotricidad. Además, los ancianos cuentan con el apoyo de personal sanitario y de un grupo de voluntarios que desarrolla actividades tanto de seguimiento como asistenciales. A lo largo del mes de julio, tendrán lugar sesiones informativas destinadas a aquellas personas que deseen colaborar con este programa de vacaciones.

Punto de Voluntariado para la Gente Mayor. Telf. 93 654 89 50.

Voluntariado de Apoyo a la Soledad. Telf. 972 20 16 06.

Amigos de los Mayores

Bolivia

Tenía que pasar. Era cuestión de tiempo. Al pueblo boliviano se le ha terminado la paciencia y ha decidido poner fin a dos siglos de matanzas, hambrunas, miseria, ignorancia y explotación. Se le ha expoliado de manera sistemática, se le quitó el estaño, la plata, la tierra y ahora el gas y el petróleo. A Bolivia no le queda nada por perder, incluso la esperanza le han robado. Por eso el pueblo soberano se ha echado a la calle reclamando justicia y el derecho a comer cada día y a vivir con dignidad.

El presidente Mesa representa a la elite burguesa del país y sirve a Estados Unidos, a España, a Brasil, a Argentina… Demasiados amos para un pueblo que sólo aspira a ser libre dirigiendo su economía y su destino. Acogotados por los de siempre, los bolivianos viven momentos críticos. El tío George, con la excusa de obedecer la voluntad popular, podría legitimar la intervención de la OEA y la ONU. El ejército, por el momento, se niega a matar civiles, pero nunca se sabe cuándo puede aparecer un general decidido a “liberar” al pueblo de la opresión y, de paso, hacerse rico. Ellos han decidido luchar, y están dispuestos a morir para vivir.

Moleskine

Moleskine

Moleskine es la legendaria libreta de notas que utilizaban los artistas e intelectuales europeos en los últimos siglos. Este bloc negro fue compañero inseparable de Van Gogh, Picasso, Hemingway, Matisse, Chatwin, Breton… y recogió sus esbozos, apuntes, historias e ideas antes de que llegaran a convertirse en cuadros famosos o en libros míticos.

Originariamente se producía de manera artesanal en pequeñas fábricas francesas que abastecían a las papelerías parisinas frecuentadas por la vanguardia intelectual, y se convirtió en un objeto imposible de encontrar a finales del siglo pasado. En 1986 desapareció el último fabricante y ahora, gracias a una pequeña editorial milanesa, la libreta Moleskine vuelve a existir.

Yo acabo de regalarme una Moleskine, cuesta cara si comparamos su precio con el de cualquier libreta tradicional, pero es que la diferencia bien lo vale, y además, qué demonios, me apetecía darme este capricho. Desde niña, cuando la vi por primera vez en una película, me sedujo el cuaderno viejo y gastado en el que el protagonista apuntaba sus sueños y sus vicisitudes, luego guardaba esa intimidad cerrándola con una goma que abarcaba la cubierta de piel y la metía en el bolsillo interior de su chaqueta. Yo aspiraba a ser escritora y quería un confidente así, mudo y de papel, que almacenase mis proyectos hasta que llegara el momento de rescatarlos convirtiéndolos en obras maestras. Ahora voy por la vida con mi Moleskine en el bolso, esperando que brote esa chispa imprevista que es la inspiración.

Moleskine

Función de un blog

Escribir un blog no sirve para impedir que pasen cosas. Yo puedo accionar la sirena que da la voz de alarma, pero son otros los que deben corregir el rumbo. Son los estadistas los que deben modificar su política, son los asesinos los que deben dejar de matar… y lo más probable es que ni unos ni otros hagan caso de lo que publica un internauta.

Un blog es un organismo vivo, en él se explican hechos reales, que están sucediendo y que son evitables, pero no consigue mejorar las cosas, al menos no con la celeridad que demanda la sociedad. Yo puedo hablar de los ciclistas que circulan por las aceras y ponen en peligro a los peatones, pero no lograré que el Ayuntamiento aplique con más severidad las ordenanzas municipales. Esto sólo se conseguirá si la sociedad asume el problema y lo convierte en una amenaza para la continuidad del alcalde. Para ello es necesario que los vecinos se organicen y luchen frente a la administración y a la justicia. Un artículo en un blog, por si solo, carece de capacidad para cambiar nada. Una cosa es saber lo que ocurre y denunciarlo y otra muy distinta, y mucho más difícil, es hacer algo al respecto.

En el invierno de 2003, meses antes de la invasión de Iraq, escribí sobre el desastre que sería la ocupación, era evidente que los iraquíes no iban a aceptar una democracia a la americana aunque Estados Unidos fuese capaz de eliminar a Saddam Hussein. Cualquiera que estuviera al tanto de lo que acontece en el mundo contemporáneo tenía muy claro que Estados Unidos no podía atacar a un Estado árabe soberano y transformarlo en un estado de la Unión, ni a cambio del mejor modelo de libertad y progreso. No sólo por el orgullo de un pueblo, sino porque la sociedad iraquí, curtida en mil guerras y dividida étnicamente, no estaba preparada para un cambio radical y acelerado. Frente a las mentiras de que Saddam disponía de armas de destrucción masiva y contactos con Al Qaeda, muchos alzamos nuestra voz con escepticismo, insistimos en que la paz sería imposible de ganar, como así ocurrió. Las voces discrepantes de la opinión oficial encontramos hueco en los blogs, desde ellos nos enfrentamos al pensamiento único, pero no pudimos impedir la guerra y sus consecuencias.

Un blog no sirve para nada si los ciudadanos no se suman a las acciones que propone y no son capaces de ejercer sus derechos. Un blog puede abrir debates sobre cuestiones importantes y cubrir ciertas necesidades informativas, pero son los ciudadanos los que tienen que aportar toda su energía para resolver los problemas planteados.

Respuesta a la pregunta de Miguel: ¿Para qué sirve tu blog si nadie te hace caso?

Lo último en suplementos

Lo ideal sería que un diario ofreciera a sus lectores el mejor reportaje con las mejores imágenes, el mejor complemento para contextualizar la noticia, que fuera enriquecedor y sirviera al interés colectivo. Pero en vez de apostar por noticias de mayor interés, en vez de optar por reporteros que cubran la información in situ, en vez de ganarse la confianza del lector presentándole un periódico de calidad, se gasta el dinero en suplementos que lo hagan atractivo al comprador. Acompañando al diario van fascículos de temática variada, enciclopedias, libros, CDs, DVDs, monedas, cómics, baterías de cocina o entradas para un parque de atracciones. A partir del próximo día 6 de junio, con cada ejemplar, La Razón distribuirá dos cruasanes de lunes a viernes.

Da la sensación que el periodismo y los diarios son sólo un negocio y no una ciencia social o un servicio público, y en esa absurda carrera de “a ver quién vende más" están dispuestos a sacrificar su compromiso de honestidad y solidaridad social por un plato de lentejas.

Solidarios para el Desarrollo

Solidarios para el Desarrollo

Solidarios para el Desarrollo es una organización humanitaria declarada de interés público y vinculada a la Universidad Complutense de Madrid. Sus objetivos prioritarios son el voluntariado social, la cooperación con los pueblos empobrecidos del Sur y la sensibilización de la sociedad civil en temas de justicia social y solidaridad.

Solidarios

Machismo y religión

Según el Génesis, fue Jahvé quien dijo: "Que la mujer sea propiedad del hombre", y a los hombres les faltó tiempo para cumplir en mandato divino. Luego Dios se dirigió a la mujer y la espetó en estos términos: "Tu deseo te impulsará hacia el hombre y él te someterá". Lagarto, lagarto. Dios, a lo largo del Antiguo Testamento, nos regaló una abundante cantidad de proverbios en la misma línea: "No está bien desear la mujer, el buey, el asno ni nada que sea propiedad del vecino". "Un anillo de oso en la nariz de un cerdo es la mujer bella, pero sin discreción".

Dios castigó a las mujeres de Sión dándoles un estigma en lugar de hermosura, llamó a las de Samaria "vacas de Basan" y dictó normas tan, tan... Calificadlas vosotros mismos: "El hombre no se ha de cubrir la cabeza, ya que es la imagen y la gloria de Dios, pero la mujer es reflejo de la gloria del hombre y por tanto debe de ir tapada". "Como a todas las iglesia de los santos, que las mujeres callen en todas las asambleas; no les está permitido hablar, sino que sean sumisas como marca la Ley. Si quieren instruirse en algún asunto, que lo pregunten en casa a sus maridos"... Los que se hayan casado por el rito católico, habrán escuchado en su boda esta preciosa epístola de San Pablo: "Que las mujeres se sometan a los propios maridos en todo, como al Señor, porque el marido es el amo de la mujer, como Cristo es el amo y Señor de la Iglesia".

Y qué decir del asuntillo que aconteció en Sodoma, ése en que Lot entregó a sus dos hijas al pueblo para que las violasen y así se olvidaran de sodomizar a los dos ángeles (al parecer estos sí tenían sexo y eran machos) que se alojaban en su casa. O el otro que protagonizó Efraím el levita que, sin ningún cargo de conciencia, cedió a su mujer, como aquel que cede una cabra, para que un grupo la violara y la matara con el fin de ahorrarse él una sodomización nada placentera para sus gustos. No hay religión que no haya convertido a la mujer en "la esclava del Señor" y por extensión, del resto de los hombres.

Fuera de la Biblia, en uno de esos libros, ahora tan de moda, dedicados a nuestro pasado fascista, he encontrado esta perla: "Las mujeres nunca descubren nada; les falta, indiscutiblemente, el talento creador, reservado por Dios a las inteligencias varoniles, nosotras no podemos hacer otra cosa que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho". Todavía en 1965 los escolares españoles estudiaban cosas como ésta: "La jerarquía familiar es del padre. La autoridad no le proviene al padre de su fuerza física, o de la superioridad social o económica, le proviene directamente de Dios. A esta autoridad se le llama de institución divina. Así pues, el padre es, en la familia, el representante de la paterna autoridad de Dios". Toma castaña. Estas ideas, que producen risa y sonrojo, se aplican en la actualidad a las tres cuartas partes de la población mundial femenina. Dios, cada dios que los hombres se inventan para justificar sus demonios, marca el destino del 56% de la humanidad, o sea, de las mujeres. Sólo Dios se atreve a someternos al hombre, sólo en nombre de Dios se repiten situaciones denigrantes, de humillación y de dominio absoluto.

Durante 20000 años Dios fue mujer, pero en los siglos IV y III antes de Cristo, por exigencias económicas, nació el dios macho, y con él se inició el vía crucis de las mujeres. Porque Dios, además de ser macho, es machista; ya que hizo a la mujer de una costilla del hombre y le dio como destino entretener al varón, que estaba un tanto aburrido en el Paraíso. Dios es también carca y ha impedido cualquier avance en cuestiones femeninas, su Iglesia está en contra del divorcio, de la anticoncepción, de la liberación sexual, del aborto, incluso en caso de violación, de una idea nueva de familia... y no hay más que fijarse en el papel que desempeña la mujer en la Iglesia, llena de papas hombres, obispos hombres, arzobispos hombres, santos hombres y mujeres mártires. Dios no es demócrata y se pasa la igualdad por el forro. Dios es déspota, la dominación de la mujer es un dogma y una imposición, no un razonamiento.

Dios es la peor excusa y tiende a ser la peor de las dictaduras porque es inapelable. Si una injusticia se comete en el nombre de Dios, estamos ante un dogma religioso que poco tiene que ver con las creencias o la piedad, sino con el dominio, con las estructuras sociales y económicas, con intereses y privilegios en suma.

Eva fue la perdición de la humanidad y desde entonces todas las mujeres, en todas las religiones, son las responsables del caos y del desorden, pueden tentar al hombre con la carne y por eso deben ser controladas, vigiladas y mantenidas a raya. Por eso la mujer ha de soportar el infanticidio, el aborto selectivo de niñas, las ablaciones, el cosido de los labios vaginales y todas las formas de crueldad hasta negar su condición humana. Por eso, querido Dios, las mujeres hemos alcanzado y sobrepasado nuestro grado de saturación, estamos hartas y nos hemos plantado.

¿Qué habría ocurrido si Adán se hubiera comido la manzana de la discordia? Nunca lo sabremos. ¿Haremos una sociedad femenina o nos masculinizaremos? ¿Sabremos mandar? ¿Nos gustará el poder? Una cosa es cierta, las mujeres no vamos a dar un paso atrás en el camino que emprendimos hacia la libertad.

...Y comieron perdices

Mary Kay LeTourneau era una de las maestras más populares de su escuela de Seattle, acudía a misa cada domingo en compañía de su marido y de sus cuatro hijos y llevaba una vida normal hasta que se enamoró de Vili Fualaau, que además de ser su alumno tenía tan sólo 12 años. El marido de la maestra, Steve LeTourneau, encontró en un cajón las cartas de amor que el chico le había escrito a su mujer y estalló el escándalo cuando ya era tarde: Mary estaba embarazada de cuatro meses. En una comunidad puritana y conservadora, la relación entre una maestra de 34 años y un chico de 12 sólo podía considerarse de una manera: perversión sexual. Nadie quería creer que la pareja estuviera enamorada.

Mary fue juzgada y sentenciada por haber violado a un menor de edad, y el juez dictó una orden de alejamiento para mantenerla separada del chico. En mayo de 1997 nació la primera hija de ambos. Tras seis meses de cárcel, Mary fue liberada a condición de que siguiera un programa para culpables de delitos sexuales y de no volver a mantener contacto con Vili, pero el amor es muy fuerte y en febrero de 1998 pillaron a la pareja in fraganti manteniendo relaciones sexuales en un coche. Mary Kay quedó embarazada de nuevo y tuvo que volver a prisión, donde cumplió una condena de siete años y medio. En octubre de1998 nació la segunda hija de esta relación. Poco después de que Letourneau quedase en libertad, a mediados del pasado año, la pareja consiguió que el juez anulase una prohibición que les impedía verse y el pasado 16 de abril contrajeron matrimonio en Woodinville, Seattle, ante las cámaras de televisión.

Después de superar tantas vicisitudes, cabe la esperanza de que se cumpla el dicho: fueron felices y comieron perdices.