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Jaume Vicens Vives

Jaume Vicens Vives

El pasado día 6 de junio se cumplieron los cien años del nacimiento en Girona de Jaume Vicens Vives, historiador y filósofo, considerado el padre de la historiografía catalana moderna. Y el día 28 de ese mismo mes, pasaron cincuenta desde su muerte en Lyon. Por ese motivo se ha declarado este año 2010 como el Año Vicens Vives.

Jaume Vicens Vives estudió Filosofía y Letras en Barcelona, fue profesor en el Instituto-Escuela de Figueres (Girona), ayudante en la Universitat Autònoma de Barcelona, en 1942 estuvo destinado en el instituto de Baeza y en 1947 ganó la cátedra de Historia Moderna de la Universidad de Zaragoza. Tras la Guerra Civil vivió un periodo difícil y tuvo que ganarse la vida escribiendo artículos de política internacional, que firmaba con el seudónimo de Lorenzo Guillén, en el semanario Destino. También publicó manuales pedagógicos a través de la editorial Teide, que fundó en 1942 junto con su cuñado Frederic Rahola, y obras de divulgación.

Mediante sus artículos, Vicens Vives se revela como un trabajador metódico, riguroso y exigente, que acostumbra a profundizar en los documentos que maneja y desea ir siempre a las fuentes originales para elaborar su obra. El mundo académico, afín a las ideas políticas dominantes, siempre observó con recelo su exigencia de actualización histórica y arguyó razones ideológicas para desprestigiar sus investigaciones.

Ferran II i la ciutat de Barcelona, su tesis doctoral, Historia de los remensas en el siglo XV, Aproximación a la historia de España, Juan II de Aragón, El gran sindicato remensa, El segle XV, Els Trastàmares, la obra colectiva Estudios de Historia Moderna, Índice Histórico Español, la Historia social y económica de España y América, la serie Biografies Catalanes, Industrials i polítics del segle XIX o Notícia de Catalunya son algunos de sus trabajos más destacados, pues sumados los artículos, su obra se compone de más de trescientos cincuenta títulos.

Descuidamos lo importante

Descuidamos lo importante

Nos preocupamos por cosas irrelevantes, por detalles sin importancia. Cuidamos obsesivamente nuestro cuerpo a fin de que se corresponda con el canon estético actual. Nos esforzamos por aparentar algo que no somos, aquello que nos agradaría ser… Y descuidamos lo que realmente es esencial para los humanos: el amor.

El amor es el principal alimento del hombre, el combustible que nos mueve y nos da fuerzas para vivir. Sin embargo, el amor no es un ingrediente habitual en nuestra dieta. ¿Cuántos besos de afecto damos y recibimos cada día? ¿Cuántos abrazos entrañables repartimos? ¿Cuántas veces percibimos el cariño sincero de los otros, y viceversa? ¿Cuántas escuchamos y somos escuchados?... Estamos hambrientos de cariño, malnutridos emocionalmente. Por eso la tristeza, la soledad, la melancolía, el aislamiento, la irritabilidad, la depresión, el desánimo, la falta de optimismo y de vitalidad nos acompañan.

Cuesta tan poco tener un detalle afectuoso con los demás: una frase amable, una sonrisa, un gesto de comprensión, pueden hacer maravillas. Son remedios sencillos para un mal endémico en esta deshumanizada sociedad que hemos creado. Pero demostrar cualquier sentimiento se considera una cursilería fuera de lugar, una muestra de debilidad. Éste es un mundo de gladiadores donde cada día salimos a la calle preparados para derrotar enemigos, no para ganar amigos.

Aprendí

Aprendí

Aprendí a olvidar el roce de tus labios,

a no escribir poemas que llevaran tu huella,

a apagar la luz que tú encendiste,

a borrar el eco de tu nombre

de las cosas vividas, de las cosas queridas.

 

Con el tiempo llegó el olvido,

se fue el dolor de la pérdida,

el son de la música que no bailamos,

el aroma de esa flor ahora marchita

y las noches eternas de vacío.

 

Quise desandar el camino andado,

pero el reloj nunca se detuvo

y seguí adelante, siempre adelante.

 

Escapé de la nostalgia por los días que se fueron,

enjugué las lágrimas que nunca viste,

y escapé, escapé de ti y de tu recuerdo.

 

Ahora existe un paraíso lejos del tuyo,

otra vida cuyo eje no es tu vida,

una ilusión sin tu mirada,

otros ojos, otras manos y otra boca.

Y es que aprendí a borrar tu rastro

de los rincones llenos de ausencia.

 

Labordeta

Salí de mi tierra: Aragón, siendo muy joven y he vivido en tantos lugares que me considero apátrida. Como aragonesa en la diáspora he sentido que mis volátiles raíces se hallan en Zaragoza y en mi exilio por esos mundos de dios siempre me han acompañado voces mañas: La Bullonera, Puturrú de Fuá, Amaral, Labordeta…

La voz dulce y ronca de José Antonio Labordeta era un bálsamo para el alma cuando la nostalgia hacía de las suyas, era la melodía que me devolvía a casa, al cierzo, al Ebro y a esas señas de identidad que, pese a todo, nunca se desdibujaron en mi memoria.

Ahora que he regresado a Zaragoza, Labordeta se va. Me impresionó su mirada franca y bonachona cuando me recibió en su casa. Yo temblaba emocionada al conocer al hombre que fue el cordón umbilical con los míos, al tiempo que me preocupaba no saber qué hacer con mi paraguas mojado, que goteaba sobre el parqué del pasillo. Habló de su enfermedad, de su falta de energía para atender tantos trabajos pendientes… Fue una visita breve, pero mi estancia en aquella casa me ha dejado un poso que hoy se vuelve agridulce.

Nos abandona el hombre, pero lo hace dejándonos el recuerdo colmado de su esencia imperecedera.

Dios no creó el mundo

Dios no creó el mundo

Dios no creó el mundo. La noticia nos la da el científico británico Stephen Hawking argumentando que el Big Bang, la gran explosión que dio origen al mundo, fue el resultado inevitable de las leyes de la física. ¡Toma ya!

Después de semejante bomba, no tengo más remedio que analizar esta nueva teoría, ya que, de ser cierta, las consecuencias que de ella se derivan son importantes. Si Dios no creó el mundo, ¿quién lo hizo? Hawking asegura que el Big Bang es la consecuencia de la Ley de la Gravedad, ¿habrá que adorar pues a esta fuerza creadora? ¿Acaso conviene fundar una nueva religión, con sus correspondientes iglesias y ministros, dedicada a esta ley física? ¿Sería Newton su profeta?

Tantos siglos de guerras entre fieles e infieles, entre judíos y musulmanes, entre católicos y protestantes… Cuántos millones de muertos por nada, para nada, si Dios no existe.

Charles Darwin ya eliminó la necesidad de contar con un creador en el campo de la biología y ahora esto... En su último libro, “The grand design”, Hawking sostiene que la moderna ciencia no deja lugar a la existencia de un Dios creador del universo. Tampoco excluye la posibilidad de que haya vida en otros universos, y señala que la ciencia está próxima a elaborar un marco teórico único, capaz de explicar las propiedades de la naturaleza.

Supongo que la Iglesia católica estará ya preparando la pira.

Ryanair, una pesadilla de vuelo

Ryanair, una pesadilla de vuelo

En Girona se habla bastante de la aerolínea Ryanair y no bien, precisamente. La propuesta de suprimir el copiloto para abaratar costes, las críticas de Air Berlin a las subvenciones y, sobre todo, la penúltima vez en que la compañía irlandesa deja colgados a los viajeros, crean un ambiente de malestar entre los usuarios.

El día 7 de septiembre, el vuelo Girona-Edimburgo se complicó de mala manera y cerca de un centenar de personas pasaron más de cinco horas encerrados dentro del avión en el aeropuerto de Girona, sin refrigeración, sin comida ni bebida, a menos que estuvieran dispuestos a pagar por ello, y sin saber qué ocurría. Después de estas cinco horas de espera forzosa, el comandante de la aeronave comunicó a los pasajeros que el vuelo se cancelaba y que podían descender del avión. Habían embarcado a las 17.30 horas y eran más de las once y media de la noche cuando los viajeros se encontraron en la tesitura de buscar un lugar donde pasar la noche.

Imagínense la situación: el avión lleno, sin un asiento libre, un bebé que harto de la situación se rebela llorando, gente sudorosa, cansada de esperar, con hambre y sed, y en esto la azafata anuncia que la política de Ryanair no les permite dar de comer y beber al pasaje, pero que quien quiera puede comprarse la cena. Como no estaba previsto el incidente, la comida escaseaba y los viajeros de las últimas filas se quedaron sin bocadillos. Por una bolsa de M&M y una Pepsi pequeña, pagó una viajera cinco euros.

Junto al avión que tenía que volar a Edimburgo, había otros dos en la pista de despegue, también de Ryanair, llenos de gente y en las mismas circunstancias.

Cabreados y agotados por las horas de inmovilidad, los ocupantes del avión se dirigieron a la ventanilla de la compañía aérea e hicieron una larguísima cola para cambiar los billetes o recuperar su dinero. A los escoceses, se les reubicó en un vuelo que salía al día siguiente de Barcelona, pero hubo viajeros que no regresaban desde Edimburgo, sino desde Glasgow a Girona y como este vuelo no fue cancelado, Ryanair no se siente obligada a rembolsar los gastos. Ahora los viajeros afectados buscan la manera de recuperar los 150 euros de la vuelta que no han hecho. Porque si el avión no despegó del punto de salida, mal pueden regresar a él. De locos.

Lecturas escolares

Lecturas escolares

Con el título de lecturas escolares me refiero en especial a las lecturas de nuestros autores clásicos, una suerte de clásicos específicos para escolares y distintos de los que serían considerados de esta manera por los lectores comunes, son más bien los autores y los títulos de entre los que conforman la historia literaria española que se leen en las aulas.

El Estado se preocupa de elaborar listas de lecturas recomendadas, que incluyen lo más obvio y canónico, aquello que se considera imprescindible para hacerse una idea de cómo ha sido la historia de la literatura. ¿Y por qué se deben leer clásicos en la escuela si su lectura aburre mortalmente a los alumnos? Muchos estudiantes quedan vacunados de por vida y no vuelven a abrir un libro. Estos datos deberían bastar para entender las posturas de quienes razonan que la lectura, como todos los placeres, nunca debe ser obligatoria. Entonces, ¿por qué seguir leyendo clásicos en la escuela? Tal vez la única respuesta posible sea que los alumnos tienen derecho a disfrutar de los mejores frutos artísticos que se han producido en su propia lengua. Sólo algunos lo aprovecharán, pero ¿sucede algo distinto con cualquier otro conocimiento que se quiera transmitir? ¿Quién y por qué decide cuáles son las mejores obras? Esta pregunta parece insinuar que existen responsables, cuando lo cierto es que la tradición se crea a sí misma y los que hoy consideramos los mejores libros se han leído como tales por generaciones muy distintas de lectores.

El nuevo mundo

El nuevo mundo

El mundo ha cambiado mucho desde sus orígenes. Es cierto que vivimos en un mundo más racionalizado, administrado y tecnificado que antes, también, paradójicamente, se ha convertido en menos opresivo y más inhumano que nunca. Por el mismo movimiento, por la misma tendencia, por la misma actitud que nos libera cada vez más del poder de las cosas y de la coacción de los objetos, el mundo contemporáneo objetiva de tal manera todo lo que observa, que cualquier interioridad parece ilusoria y toda subjetividad, susceptible de ser reducida a una individualidad biológica. La misma lógica que somete el mundo de los objetos al sujeto que los construye, los somete y los transforma, destituye al sujeto y lo convierte en un simple objeto privilegiado.

La característica del Homo faber es de referirlo todo a él, de transformar el mundo y adaptarlo a sus necesidades, de construir todo aquello que piensa para apropiárselo. Consecuencia: el hombre ha llegado a representarse a sí mismo como un objeto de su propia representación y, por tanto, como una fabricación, una construcción, un producto. El hombre contemporáneo es un sujeto lógico que se representa a sí mismo, desde el punto de vista epistemológico, como un objeto, un objeto científico que se rebela contra su propio estatuto lógico y reivindica la espontaneidad libertaria y disidente de su irreductible subjetividad. Se conoce de una manera diferente de como se experimenta y se nota diferente de todas las imágenes que construye de sí mismo. Subjetivamente no se identifica con aquello que cree conocer objetivamente de sí.

Este hombre que ha domesticado el mundo con su técnica, ahora se encuentra domesticado por su técnica. La misma astucia, la misma habilidad, el mismo ingenio que utiliza para domesticar, para atrapar al mundo, le ha atrapado a él y le ha convertido en su propio objeto. Sondeos, estadísticas, publicidad, propaganda…, todas estas nuevas técnicas le niegan como sujeto y lo construyen como objeto. Fabricamos un modelo estadístico de lector o de conductor. Construimos un producto, que más o menos metafóricamente, más o menos simbólicamente, parezca responder a las expectativas latentes. Después construimos la imagen de este producto. La lanzamos, la distribuimos, la difundimos, la imponemos. Ya hemos hecho el juego de manos: hemos fabricado un nuevo lector o un nuevo conductor. Luego lanzamos al mercado un nuevo político, una nueva estrella del rock, una nueva carrocería, o un nuevo dentífrico: para cada nuevo “concepto” un estudio de mercado ha previsto ya el número de votos, de discos, de automóviles o de tubos vendidos, la cifra del negocio y la duración del producto en el mercado.

La ciencia y la técnica han hecho del hombre un objeto previsible y, como cualquier otro, manipulable y modificable. La inteligencia, que construye todo lo que concibe, sólo ha hecho explicable el hombre dejando de considerarlo hombre.

Regreso al pasado

Regreso al pasado

La guerra del 36, con todas las barbaridades que conlleva una guerra, duró tres años, sus consecuencias se prolongaron durante veinte años más. Fue ese tiempo que en España conocemos como posguerra. El Plan de Desarrollo que puso en marcha el franquismo trajo el Seiscientos, un tímido signo de bienestar, quizá fuera el inicio del “estado del bienestar”. Hasta entonces se había recorrido un largo y duro camino. Fueron tiempos de escasez, pobreza y dificultades. La generación que tuvo la desdicha de vivir la guerra aprendió de sus padres la sobriedad y la paciencia, ambas obligadas por las circunstancias, recordemos que la cartilla de racionamiento se suprimió 13 años después de acabada la guerra. La sobriedad es un valor humano que no se ha transmitido a las siguientes generaciones, debió parecernos que la economía en desarrollo no dejaría de ir hacia delante y, por tanto, no sería preciso recortar aspiraciones personales, proyectos y gastos. Hasta el batacazo de la crisis, todo era imparable.

A las personas mayores no les costará regresar a un tiempo de penurias, a la austeridad, pero las generaciones actuales no conocemos aquellos tiempos difíciles, de severa necesidad. No digo que volvamos a la situación de antaño o ¿sí? ¿Cómo nos enfrentaremos a este periodo de vacas flacas? Ellos consiguieron seguir adelante y esta realidad debería servirnos de estímulo, porque de todo se sale, salvo de la tumba.

Hay luz en casa de Publio Fama

Hay luz en casa de Publio Fama

Cneo Publio Fama es el subostrano municipal de Barcino. Comenta las actas que llegan de Roma, redacta noticias, vende informaciones en el foro y consigue unas monedas a cambio de sus anécdotas y exordios, declamando en las villas de las familias acomodadas. En un pueblo analfabeto, en el que solo unos pocos privilegiados han recibido instrucción, Publio Fama intenta ser un informador honrado, y ahora Barcino se halla en plena campaña electoral para elegir duunviro. Pío Marcelo Faventino, miembro de una de las familias más influyentes de la colonia, está destinado a ganar en la pugna por la magistratura quinquenal y es el momento de poner a prueba la lealtad de Fama. ¿Morderá la mano que le da de comer?

Patricios y plebeyos, ahijados o desheredados de la caprichosa diosa Fortuna, comparten protagonismo en una representación coral de la vida en la Barcelona romana. Juan Miñana ha documentado perfectamente su novela y consigue arrancarnos del siglo XXI para trasladarnos a los primeros años de la era cristiana y hacernos visualizar con detalle lugares y situaciones, percibir los olores que llegan desde el Mare Nostrum o escuchar el bullicio de las calles durante la celebración de las fiestas Saturnales. La trama avanza lenta, entre cantidad de detalles históricos que le restan agilidad al relato, aunque los personajes están perfectamente retratados, de manera que no cuesta componer una imagen del ex legionario Curcio Vera, emergiendo del mar como un pez tostado tras haber comprobado que las ostras y los mejillones que cultiva prosperan o de Silvia Faventina, inteligente, delicada y fuerte, jugando a los ladrones, y a algo mas, con Vera. El escrupuloso rigor histórico y la ficción se entremezclan en “Hay luz en casa de Publio Fama” para ofrecer al lector una trama llena de intrigas y que culmina en un desenlace poco probable, aunque, para la venganza, el fin siempre justifica los medios.

Título: Hay luz en casa de Publio Fama

Autor: Juan Miñana

Editorial: RBA Libros

Páginas: 366

Retractaciones

Retractaciones

¿Por qué no hablar de los errores que has profesado y de las cosas que has defendido y no valía la pena defender?

 ¿Por qué no retractarse de todos los errores en los que se insiste cuando ya no hay disculpa?

 ¿Por qué no honrar a la verdad de una vez por todas y asumir que nunca sé qué decir y que todos mis pensamientos conducen a nada?

Ser Dios o no ser nada

Ser Dios o no ser nada

Se anunció con el bombo y platillo que conlleva el orgullo: se había creado vida en un laboratorio. Pero no es cierto. Se ha conseguido que una célula ya viva se reproduzca con los rasgos de un genoma diferente que se le ha inoculado después de manipularse. Ahora vendrá el debate ético que genera siempre el miedo a tocar los entresijos de la vida. Si creamos o creemos haber creado vida, ¿somos Dios?

El mito de Frankenstein perdura por que el dilema radica en la propia esencia de la fe. El hombre desea creer en Dios, quiere ser Dios y al mismo tiempo lo niega, por miedo, por soberbia, porque se lo dicta la razón. En el fondo, el debate es ser Dios o no ser nada. Es encontrar la respuesta que nació cuando el ser humano creo el simbolismo. Y esta celebrada noticia no sirve para discutir a Dios sino para confirmar la vanidad humana, pues lo que se plantea es si, una vez más, el invento que puede tener unas consecuencias benefactoras para el avance de la humanidad, será utilizado con unos fines que la pongan en peligro. Terrorismo, lo llamamos, pero sucedió lo mismo con la pólvora o el átomo. ¿Acaso no son terrorismo las armas biológicas que ya existen? ¿O las armas nucleares? ¿O un sistema económico que permite que millones de personas mueran de hambre? No seamos hipócritas. No asustemos a nadie con el desarrollo del invento, porque con debate ético o sin él, el invento se desarrollará. Es una característica inmanente de la especie: ir siempre más allá. Quizá una opción sea ponerlo al alcance de todos y esperar a que se neutralice, mientras se aprovechan sus aspectos positivos. Algo que ya ocurrió en su tiempo con la bomba A.

Crisis

Crisis

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos, duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no luchar por superarla.

 Albert Einstein

Talento perdido

Talento perdido

Fruto de la inconsciencia de esas mentes pensantes y modernas que se encargan en las empresas de la “gestión del talento” es el alud de prejubilados y jubilados que tenemos en España. Se sacrifica a trabajadores muy capaces para justificar un supuesto aumento de beneficios en las empresas y ahora nos encontramos con que se ha perdido el conocimiento adquirido por estos profesionales a lo largo de los años. Es preferible desprenderse del personal cualificado a pagar por este valioso activo. Es mejor salvar la cuenta de resultados. ¿Podemos perder toda esta experiencia alegremente? ¿No deberíamos hacer algo al respecto, darle una salida a este potencial?

La sociedad no puede perder esta riqueza. Habría que recuperar a todas estas personas que están en sus casas. Ya sé que la maldita crisis lo ha trastocado todo. Pero quizá, aunque fuese de manera altruista y voluntaria, estos jubilados querrían compartir su talento y experiencia asesorando a determinados colectivos o desarrollando proyectos sociales. Cualquier opción es mejor que apartarlos de la vida activa.

*Viñeta: Bonil

Cómo matar un bogavante de forma humanitaria

Cómo matar un bogavante de forma humanitaria

El bogavante es un crustáceo, su cuerpo tiene 10 patas, las dos delanteras con pinzas, y una cola. Las colas ofrecen la mayor parte de carne, pero sus pinzas tienen mejor aroma y sabor. El bogavante se divide en cuatro categorías, según su peso: jumbo, con más de 1,1 kg.; large, de 0,68 a 1,1 kg.; quarters, de 0,57-0,68 kg. y chicken, de 0,45 kg.

Los bogavantes pueden prepararse a la parrilla, asados o salteados. Solo presentan un inconveniente, los venden vivos y se tienen que matar en casa, por lo que hay quien siente algún reparo y pretende que el trance sea lo más humanitario posible para el animal. ¿Cómo matar un bogavante de forma humanitaria?

Método 1: Coloque el bogavante sobre la mesa, sitúe la punta del cuchillo de chef sobre su frente; entonces, con un movimiento rápido, clave la punta a través de su frente y debe bajar el cuchillo para que abra la cabeza del crustáceo en dos mitades longitudinales.

Método 2: Meta el bogavante en el congelador del frigorífico durante una hora.

Método 3: Introduzca el bogavante en una cazuela con agua hirviendo y manténgalo con la tapa cerrada durante 10 segundos.

Ignoro si éstas son o no formas humanitarias de matar un bogavante y me pregunto por qué no existe la misma preocupación por matar, por ejemplo, una ostra, que se come cruda. En todo caso, son las fórmulas que se proponen en el libro Creación culinaria, escrito por James L. Morgan.

 

Consideraciones sobre el blog

Consideraciones sobre el blog

Mi viaje errático como nauta curiosa me lleva a un blog en el que leo el siguiente mensaje: “Estaré ausente tres días para ir al entierro de mi madre. Por favor, perdonad mi ausencia. Esperadme. No os vayáis”. A mí me da la impresión de que a la autora le preocupa más “abandonar” a sus hipotéticos lectores que el fallecimiento de su madre y, personalmente, no creo que nadie aguarde en candeletas su vuelta ya que los mensajes del blog son insustanciales y carentes de interés: “Estoy cansada, buenas noches a todos”, “Hoy no tengo nada nuevo que contaros, hasta mañana”, “Había cola en la caja del super y mientras esperaba me he comido una bolsa grande de patatas fritas, mañana me lo pasaré a dieta”... Ignoro los visitantes que recibe este blog, pero parece que, para la autora, la posible existencia de uno solo da aliciente a su vida.

Hace unas semanas un bloguero que conozco fue abandonado por su familia. Al llegar a casa su esposa y sus dos hijos se despidieron de él, no aguantaban más el papel de segundones a que les relegaba el blog. Los chavales estaban cansados de las excusas de su padre para no acompañarlos nunca al parque o al cine, la mujer se había hartado de esperar en una cama vacía a que su marido terminase el viaje completo que realizaba por el océano de Internet buscando enlaces jugosos que añadir a su página. Con los ojos húmedos, me cuenta que lo primero que hizo, después de superar la rabia por no poder retener a su familia, fue arrancar de cuajo el módem que lo conectaba a un mundo cibernético, hasta entonces mucho más importante que el real.

Qué triste esta necesidad patológica de estar ahí, en una realidad virtual que a la par que gratifica daña. Sentirse obligado a pedir disculpas por asistir al sepelio de la madre muerta y suplicarle al lector que le sea fiel durante la ausencia, volcarse en la tarea obsesiva de escribir algo, lo que sea, cada día, me parece un claro síntoma de desequilibrio, de enfermedad. El fenómeno blog es relativamente nuevo y no existen muchos estudios sobre él, pero también aquí se detectan síntomas de esa epidemia creciente de adictos a Internet.

La construcción de un blog se inicia con diversas motivaciones: tener un espacio propio donde opinar, compartir conocimientos con otros, mostrar el fruto de tus quehaceres, escribir un diario público, hacerse “visible” y salir del anodino anonimato... Toda tarea nueva estimula. Al comenzar un blog, el autor se halla cargado de ardientes ilusiones y de, tal vez, infundadas esperanzas, con las ideas frescas en la cabeza y la meta de conseguir visitantes asiduos que valoren el esfuerzo realizado, se involucra en esta actividad cotidiana. No escatima energía ni tiempo si la recompensa es atrapar la atención de otro y obtener a cambio un comentario favorable. A partir de aquí comienza la patología, es cuando el blog se convierte en una obsesión enfermiza, en una tortura excesiva. Horas y horas de dedicación exclusiva para crear una obra atractiva que los demás admiren. Si se reciben palabras de aliento, se redobla el esfuerzo, se confirma que se va por el buen camino. Si las críticas son contrarias, hay que intentarlo con mayor ahínco hasta conseguir saciar esa necesidad de aprobación que domina los actos.

Proyectarse en un blog puede ser peligroso. La vida y el mundo tienen sentido en los límites del blog, alrededor del cual gira lo demás. Pasar el día sentado frente al ordenador, olvidar que fuera existe otra realidad, buscar el aprobado continuo examinándose cada día para sacar nota, competir con otros que se dedican a lo mismo, hacer del blog una religión: sin días libres, ni vacaciones, ni descansos, viviendo apartado, negar que se es víctima de una compulsión porque se ha encontrado el método para alimentar la autoestima, es estar perturbado.

Confeccionar un blog debe tomarse como un entretenimiento y no hay que permitir que llegue a transformarse en un elemento de tortura. Las críticas que se reciben no han de tomarse a pecho; las malas, porque no existe un lector realmente objetivo y ningún blog es tan excepcional como para desbancar a otro que se somete a un juicio de valores y méritos que no pueden cuantificarse, en cuanto a las buenas, ciertas opiniones no pasan de ser un aplauso retórico o una mera fórmula de cortesía. El contador, que algunos miran ansiosos, no informa más que del número de personas que llegan a una dirección, no dice quién te lee o si el contenido agrada, sólo ofrece unos números. Nadie nos obliga a escribir cada día, es preferible hacerlo únicamente cuando haya algo interesante que ofrecer al visitante. Puesto que es imposible contentar a todos, lo mejor es satisfacerse uno mismo y realizar un trabajo que distraiga y gratifique, dejando al margen las consideraciones ajenas. Al menor síntoma de que nos estamos enganchando hay que dejarlo correr, ser el responsable del blog más visitado del planeta no compensa si el precio a pagar es la cordura.

 

Información sexista

Información sexista

En la información sobre violencia de género es también machismo la forma en que se aborda. La mujer, víctima y receptora de la violencia, se convierte en sujeto de la información, cuando este papel debería ocuparlo el asesino o el maltratador. De la misma manera que la casa robada no es el sujeto informativo, sino el ladrón que la expolió.

Aún puede ser peor

Aún puede ser peor

España se enfrenta a todo un reto: desembarazarse de Zapatero, pero sin que le reemplace Rajoy. Una disyuntiva peliaguda que recuerda el desenlace de El mercader de Venecia, donde el problema irresoluble devuelve el litigio al punto de partida. La elección entre lo peor conocido y peor por conocer la ilustró bastante bien el presidente de Andalucía, José Antonio Griñán, cuando interpeló a los populares diciendo: “El hecho de que Zapatero sea malo, no les convierte a ustedes en buenos”.

Aunque no existen pruebas de que un estado agrave su situación sin un gobierno que lo dirija, el protocolo de actuación exige que una supresión vaya acompañada de una sustitución. El declive de Zapatero es innegable, pero la alternativa de Rajoy resulta poco alentadora. Maquiavelo dijo que cuando un príncipe es odiado, su rival será querido inmediatamente, pero el presidente del PP no se acomoda ni a los preceptos maquiavélicos. De momento, tenemos a Zapatero. ¿Cuántas cosas malas más nos pueden pasar a los españoles?

La hecatombe que viene

La hecatombe que viene

Han tardado, aunque al final, incluso el más imprudente de nuestros gobernantes está preocupado por la cantidad de parados. La mayoría comienza a angustiarse, pero hay algunos afortunados, todavía con empleo, que ven esta crisis como una coyuntura que les puede beneficiar. Según su criterio, los precios han bajado y la rebaja de la hipoteca los hace económicamente más fuertes. Pese a todo, los expertos alertan: la próxima generación será la primera de la historia reciente que vivirá peor que la anterior, o sea, la nuestra. Así que padres y maestros intentan familiarizar a los chavales con la debacle que se avecina, para que les pille preparados. No se trata de ser catastrofistas y presentar la situación como una hecatombe sin remedio, tampoco hay por qué amargarle la vida a las criaturas. Basta con avisarles del peligro que conlleva cometer las temeridades que nos han traído hasta aquí.

Dónde está la clase media

Dónde está la clase media

Nos hemos acostumbrado a que nuestros políticos alaben en sus discursos a la clase media, que soporta con resignación lo peor de esta crisis. Pero ¿quién forma ese ente llamado clase media? Según Anthony Giddens, un sociólogo inglés de tendencia neoliberal, este concepto englobaría a un amplio espectro social que va desde los asalariados hasta los pequeños empresarios, profesionales y autónomos. Es decir, tú, yo y casi todos. En los países desarrollados el aumento de trabajadores de cuello blanco respecto a los de cuello azul, habría ayudado a diluir las antiguas relaciones sociales entre explotador y explotado para dar paso a una masa de estómagos agradecidos surgidos del estado del bienestar. Este punto de vista no se aleja del discurso liberal que defiende la desaparición de las clases sociales para dejar paso a una mayoría de productores y consumidores. Si bien, las dos ideologías podrían aceptar una división social según su nivel de renta: alto, medio y bajo. Una clasificación que iría desde Botín a un mileurista.

Es patente que esta clasificación no aclara mucho. En cambio, sí que existe una línea divisoria, independiente del estatus social, basada en dos clases antagónicas: los poseedores de los medios de producción y los trabajadores, que venden su fuerza de trabajo por un sueldo. En los periodos de prosperidad las diferencias pasan desapercibidas y en épocas de crisis resurgen cuando la recesión económica golpea a los más débiles de la sociedad.

Así pues, la clase media actual enlazaría con aquella pequeña burguesía y estaría situada entre la clase trabajadora y la clase burguesa. Además de los pequeños empresarios, comerciantes, profesionales y autónomos se añaden a este magma, por arriba, una burguesía venida a menos y, por abajo, los asalariados con un nivel alto de ingresos. Pero el destino de sus integrantes no es otro que convertirse en burgueses una minoría y en asalariados la inmensa mayoría. De hecho, la realidad se impone a la fantasía de escalar cimas reservadas a la alta burguesía cuando los pequeños empresarios se arruinan y los trabajadores de corbata se van al paro. Es entonces cuando uno se da cuenta de que hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades, que los ricos son pocos y cada vez más ricos y los pobres son muchos y cada vez más pobres.