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Cierzo

Ciencia sin imposiciones

Ciencia sin imposiciones

Una ciencia que insiste en poseer el único método correcto y los únicos resultados aceptables es ideología, y debe separarse de la educación. Se la puede enseñar, pero sólo a aquellos que hayan decidido hacer de ella su superstición particular. Por descontado, toda profesión tiene derecho a exigir que sus adeptos sean preparados de una forma especial, e incluso puede exigir la aceptación de cierta ideología. Pero estas ideologías no tienen cabida en el proceso de educación general que prepara al ciudadano para desempeñar un papel en la sociedad. Un ciudadano maduro no es un hombre que ha sido instruido en una ideología particular, como el puritanismo o el racionalismo crítico, y que ahora arrastra esta ideología como un tumor mental; un ciudadano maduro es una persona que ha aprendido a formarse su propia opinión y que luego ha decidido a favor de lo que piensa que es más conveniente para él. Es una persona que posee solidez mental y que por tanto es capaz de elegir conscientemente la profesión que le parece más atractiva, en lugar de ser tragado por ella. Con el fin de prepararse a sí mismo para esta elección, estudiará las ideologías más importantes como fenómenos históricos; estudiará la ciencia como un fenómeno histórico y no como la sola y única forma razonable de acercase a los problemas, de modo que posea la información necesaria para poder llegar a una decisión libre. Una parte esencial de una educación general de esta clase consiste en familiarizarse con los propagandistas más famosos de todos los campos, de modo que el alumno pueda preparar su resistencia contra toda propaganda, incluida la propaganda llamada argumento. Sólo tras un proceso de endurecimiento semejante, el ciudadano será requerido para que se forme su opinión sobre el debate racionalismo-irracionalismo, ciencia-mito, ciencia-religión, etc. Su decisión a favor de la ciencia, suponiendo que la elija, será más “racional” de lo que es hoy día cualquier decisión a favor de la ciencia. En todo caso la ciencia y las escuelas deberían estar tan separadas como lo están hoy la religión y las escuelas.

Feminismo en el mundo global

Feminismo en el mundo global

Para que quede claro: “El feminismo no es lo contrario del machismo, pero es absolutamente contrario al machismo”. Amelia Valcárcel es doctora en Filosofía y autora de varias obras dedicadas a analizar la situación de la mujer en diferentes ámbitos: política, pensamiento, historia... Ahora acaba de reeditarse su ensayo “Feminismo en el mundo global”, un análisis apasionante, equilibrado y riguroso sobre el feminismo y su evolución a través del tiempo. Abarca las tres grandes etapas del feminismo: feminismo ilustrado, feminismo liberal-sufragista y feminismo contemporáneo.

 

Con la Ilustración aparecieron los primeros brotes de rebeldía de la mujer. Se habían reconocido los Derechos del Hombre y del Ciudadano y resultaba demasiado obvia la privación de bienes y derechos de las mujeres. Se pidió entonces instrucción, derecho de voto, reforma de la familia, pero éstas y otras quejas se desatendieron.

 

La sociedad industrial trajo el manifiesto comunista, también otro al que se ha prestado menos atención: la declaración de Seneca Falls (1848), que exigía la ciudadanía civil para las mujeres y la modificación de las costumbres y la moral, así como la abolición de cualquier ley que impidiera la igualdad, la libertad y la persecución de la propia felicidad por parte de la mujer. Ochenta años de lucha costó alcanzar los derechos al voto y a la educación, un paso gigantesco en el camino hacia la ansiada igualdad, porque sin instrucción no hay avance. Autorizada a saber, la mujer entró en la escuela, en la universidad, para seguir avanzando en el mundo laboral, en la política, en el arte, en la ciencia y en todos los territorios que le habían sido vetados por el mero hecho de pertenecer al sexo considerado débil.

 

La tercera ola de feminismo está en marcha. La lucha continúa, queda mucho por hacer pues todavía no se ha logrado el objetivo deseado: la igualdad total entre hombres y mujeres.

 

 

Título: Feminismo en el mundo global

Autora: Amelia Valcárcel

Editorial: Ediciones Cátedra

Páginas: 340

Crisis para los de siempre

La crisis de Grecia desató el miedo que nos puso en alerta. Los rumores interesados apuntaron un efecto contagio en España y la consecuencia fue el hundimiento de la Bolsa española el mismo día en que se reunían Zapatero y Rajoy. España no es Grecia, pero los sacrificios serán semejantes.

 

Zapatero es implacable con los más débiles y miedoso frente a los poderosos. Anuncia un recorte en las infraestructuras de más de 6.000 millones de euros y un recorte en los derechos sociales a costa de los derechos de las madres, de los pensionistas, de los dependientes, además de un recorte del 5% en el sueldo de los funcionarios. Zapatero sigue con su política de los dos últimos años, una política de parches discutibles e insuficientes. El último de ellos ha sido el anuncio de reducir altos cargos de la administración con un ahorro estimado en 16 millones, cuando la desviación del gasto de los ministerios asciende a 231 millones. Ya hace meses que en el Congreso se instó al Gobierno a suprimir ministerios, pero Zapatero desestimó la propuesta. Hay que recordar que esta propuesta hubiera ahorrado miles de millones de euros al eliminar ministerios superfluos, aunque también habría permitido desligarse de la invasión en cuestiones que son competencia de las comunidades autónomas. Demasiado tiempo mareando la perdiz y ahora estamos como estamos. En enero se quitó la desgravación de 400 euros por asalariado y pensionista establecida en 2008, cuando el presidente del Gobierno quiso hacernos partícipes de la bonanza económica. Luego ha sido finiquitada su otra gran medida populista: el cheque bebé, el pago de 2.500 euros por el nacimiento o la adopción de un hijo. Nos dicen que es por culpa de la crisis y nos lo dicen los mismos que hace dos años negaban su existencia y le daban clases de economía al resto de Europa.

Sin un marco general de reformas estructurales y sin voluntad de un pacto de Estado, la sensación de que vamos a la deriva empieza a ser alarmante e intolerable. Solo hay respuestas coyunturales y desesperadas para evitar la debacle que cada vez se hace más evidente y cercana. Mientras tanto, permanecen intocables los bancos y las cajas, cuando debería aplicárseles mano dura obligándoles a abrir el grifo del dinero y no llegar a acuerdos trapaceros con Rajoy para aplicar la privatización de las cajas de ahorro. Por desgracia, continuamos pagando la crisis los de siempre.

 

 

Recuerdo a Palestina

Recuerdo a Palestina

Las imágenes de Palestina son las imágenes del dolor. Cuatro generaciones de palestinos malviven desde hace más de sesenta años en medio de la guerra, el bloqueo económico, el exilio, la pobreza y el miedo, son personas sin derechos, atrapados entre vergonzosos muros o en penosos campamentos para refugiados, víctimas de la violencia y los abusos.

 

Alambres de púas recuerdan a los palestinos dónde viven: instalados en la desgracia. A los demás, no deberían dejar de removérsenos las entrañas con tanta atrocidad. A menudo olvidamos que un pueblo sufre el horror continuo por vivir en unas tierras codiciadas por Israel y que esto sucede ante la pasividad de todos.

Divina inspiración

Divina inspiración

Hubo un tiempo en que el mundo estaba poblado por dioses. Unos dioses  que acompañaban y asistían al hombre en los tránsitos más oscuros de su recorrido por el mundo. Unos dioses nacidos de la necesidad de ocupar ese espacio vacío que ninguna razón podía colmar ni satisfacer, porque la presencia de los dioses es anterior al discurrir lógico, a la respuesta razonada sobre el misterio del hombre y del mundo. Los dioses son una forma, la más antigua, de desvelar la realidad. Una manera de calmar la incertidumbre, el temor más elemental y primitivo.

 

En un principio fue la acción, el hecho de denominar aquella presencia vacía que envuelve al hombre. Presencia vacía y llena a un tiempo, ¿de qué?, el hombre no lo sabe, pero la siente como superior, ilimitada, y temiendo que le someta, necesita identificarla, reconocerle unas cualidades. Necesita dar, a este espacio lleno de silencio y de nada, una imagen: y la primera imagen que el hombre es capaz de formarse es la imagen de los dioses. En todas partes y en todas las culturas, encontramos bajo la figura de los dioses la presencia de un misterio. Y este misterio no es una abstracción. Este misterio, el hombre lo ha reconocido íntimamente ligado a su propia existencia: él mismo es un misterio. Y aunque los dioses fueran inventados, el principio, el fundamento del que surgen, es la realidad primordial de la que no se puede decir nada, pero que es la fuente de todo lo que se dice y de todo lo que se crea.

 

La aparición de los dioses pone fin a un periodo de tinieblas. El dios es la clara presencia que nace de la noche del alma e ilumina el recóndito espacio del misterio. Esta presencia divina, figura que personifica los grandes misterios del hombre, fue suscitada, revelada, por la palabra poética. La primera en enfrentarse a este mundo oculto de lo sagrado y que se atreve a nombrar la esencia del misterio. La presencia de los dioses queda íntimamente unida a la presencia de la poesía; es más, la poesía es un medio por el que el dios se manifiesta en su esencia formidable, insondable, ilimitada.

 

En aquel tiempo, cuando el mundo estaba poblado por dioses, la poesía era la prueba irreducible de su presencia. Porque el poeta era el hombre elegido por el dios para manifestarse y revelarse. El poeta, el hombre que seguía el trazo de la escritura que un dios le dictaba, era un inspirado, un poseído por la divinidad. En los momentos de inspiración el poeta olvidaba su singularidad específica, dejaba a un lado su conciencia y su voluntad para transformarse en conciencia y voluntad universal.

 

El término inspiración en griego, la lengua de un país poblado por dioses y poetas, es pneumatikós, literalmente aire, hálito; la inspiración divina es simplemente estar pleno del aliento de los dioses. Dice Platón del poeta: “El poeta es una persona ligera, alada, sagrada, que no está en situación de crear hasta que un dios le ha inspirado, después que ha dejado de ser el dueño de su razón; mientras conserve la capacidad o facultad de la razón, será incapaz de crear una obra poética, por tanto, como los poetas no realizan su obra en virtud de un arte, sino en virtud de un privilegio divino, ninguno de ellos es capaz de componer con éxito ningún género poético que no haya sido inspirado por la Musa. Y si la divinidad les priva de razón y los toma como sirvientes, igual que hace con los profetas y los augures inspirados, es para enseñarnos, a nosotros los oyentes, que no son ellos quienes dicen cosas de tanto valor –ellos no son dueños de su razón-, sino que es la divinidad misma quien nos habla y se hace oír por mediación de ellos. Para mí que estos bellos poemas no tienen un carácter humano ni son obra de los hombres, sino que son divinos, y que los poetas no son otra cosa que los intérpretes de los dioses y están poseídos por la divinidad”.

 

En este diálogo, el , Platón describe su concepción de la poesía y del poeta. La poesía no es un arte. La poesía no es el dominio de un conjunto de normas establecidas. Los poetas obran por la gracia de un don que han recibido del dios; un don misterioso del cual no son dueños ni conscientes. Un don que incluso supone la pérdida momentánea de las facultades de la razón y la consciencia. Transportados por el entusiasmo, son poseídos por una voluntad ajena que formula un canto, momentáneamente sin sentido ni orden, pero que se avendrá de manera progresiva con una voluntad esquiva, a la voluntad del poeta.

 

Los dioses, según Demócrito, emiten un soplo sagrado que recibe el alma, exquisitamente sensible, del poeta y que lo mantiene en un estado de entusiasmo, con el hálito sagrado en su interior. Mediante el mecanismo de la respiración, el poeta aspira átomos del soplo sagrado. Así el alma se inflama y, movida a un estado de agitación parecido a la locura, aumenta al máximo su capacidad creadora. A diferencia de Platón, Demócrito no niega la paternidad de sus obras más bellas, aunque su creación reclama la presencia de unas facultades en máxima actividad. Pero estas facultades están condicionadas por el estímulo poderoso de un agente externo sobrenatural que sume al poeta en un frenesí, en un trance parecido al furor divinantium, en que percibe los efluvios de seres y cosas que, en su estado de normalidad psíquica, sería incapaz de percibir.

 

El efecto de la inspiración del dios es de una energía tal que el entusiasmo del poseído se comunica a todos los que le escuchan, de esta manera, dice Platón, se va creando una cadena de inspirados que, como corrientes magnéticas, transmiten el entusiasmo, los nuevos aspirantes reciben a su vez la facultad de transmitirlo a otros. A esta cualidad del hombre inspirado de transmitir a otros el entusiasmo del dios, Nietzsche lo denomina excitación dionisíaca: la multitud que escucha el canto del poeta se transforma en un solo ser que, embrujado por la palabra del dios, pierde completamente el recuerdo de su pasado y se convierte en su servidor y vive fuera de toda época y de toda espera social. Esta excitación dionisíaca es considerada por Platón como una forma de posesión y de locura; dice en Fedro: “Al ocupar las Musas una alma tierna y pura, la lanzan hacia transportes báquicos que se expresan en odas y en todas las formas de la poesía. Pero todo aquel, que sin la locura de las Musas, acceda a las puertas de la Poesía confiando que su habilidad bastará para hacerlo poeta, éste hará de sí un desgraciado”.

 

Pero lo dioses ya hace tiempo que huyeron del mundo de los hombres. ¿Han estado, de verdad, alguna vez entre nosotros? Ya hace tiempo que la presencia de los dioses nos resulta casi imperceptible, y el vacío que han dejado en su huida no puede ser ocupado por ninguna otra cosa. La manifestación de los dioses, paradójica y contradictoria, ha sido sustituida por la razón vigilante, analista, pragmática, amiga de la síntesis. Los vestigios de los dioses, aquellas manifestaciones oscuras que parecen no tener ninguna relación entre ellas, por dispersas y lejanas, pero que en un instante privilegiado se muestran como un todo unitario, como un misterio tremendo; los vestigios divinos que el hombre reconocía en las manifestaciones del universo fueron sustituidos por la lógica argumentación, por la deducción analítica, y perdieron toda relación con el mundo sobrenatural y suprasensible.

 

Esto ya lo dijo el filósofo: Dios ha muerto. Y cuando Nietzsche utiliza el nombre de Dios es para designar el mundo sobrenatural y suprasensible. Dios ha muerto significa que el mundo suprasensible carece de fuerza operativa; el mundo sensible ha dejado de ser una mera apariencia de la realidad sobrenatural, ahora es la única realidad. Las antiguas relaciones establecidas entre la vedad del mundo suprasensible y la esencia del hombre han dejado de tener el valor trascendental que antes tuvieron. Dios ha desaparecido de nuestras perspectivas vitales y las nociones de esencia, sustancia y causa han entrado en crisis.

 

En el lugar de la autoridad divina desaparecida surge la autoridad de la consciencia. Es ella quien asevera la existencia del mundo exterior, independientemente del dios y de las instancias sobrenaturales. La consciencia  es un dominio humano donde lo divino no interviene. Todas las instancias divinas se han secularizado y la autonomía de la consciencia ha sustituido aquella antigua dependencia del hombre respecto a Dios. Si hubo un tiempo en el que los designios de los dioses se confundían con el destino de los hombres, ahora éste se encuentra solo en un mundo infinito y vacío, sólo susceptible de llenarse a instancias de la subjetividad del hombre moderno y de su consciencia histórica. El culto de la religión, aquel sentimiento de relación y unidad entre las criaturas y su creador, ha sido sustituido por el entusiasmo respecto a la creación de una cultura humana. El hombre se reconoce como autónomo e independiente de cualquier instancia superior y se sabe el único responsable de sus decisiones y de sus actos. El creador, en otro tiempo propio y exclusivo de los dioses, se convierte en un distintivo del quehacer humano, en la peculiaridad de sus actos. Crear, voz que sólo los dioses podían conjugar, se convierte en un vocablo y una actividad común a todos los mortales.

 

El espacio que queda vacío por la ausencia y la huida de los dioses fue ocupado por la consciencia y la razón y todos los ámbitos de la vida del hombre registraron esta alteración fundamental de manera trágica. El poeta muda su fundamento de manera trágica. El poeta no es ya el mortal elegido por los dioses para transmitirle su voz y su palabra, sino que es el vigilante, amo de su razón y de su arte. Negado el dios, uno niega también su manifestación. La inspiración divina, esencia y origen de la poesía y de las artes, será también negada o reducida a una simple figura retórica. El orden y la concepción del mundo de lo santiguos ya no son los nuestros y porque la inspiración divina es un hecho incompatible con nuestra idea del mundo, uno negará su existencia. Ningún poder sobrenatural y externo no habla por boca del poeta, sino que es su propia consciencia quien lo hace. La poesía es técnica y disciplina. El mismo Baudelaire decía que la inspiración eran doce horas de trabajo diario, él, un poeta tan frecuentemente visitado por las musas y por la esterilidad más aterradora.

 

No nos asiste ningún dios cuando buscamos la palabra justa, el color adecuado, el sonido indicado, pero ¿cómo denominar ese instante en que de manera inesperada, después de mil instantes inútiles y descorazonadores, aparece la palabra justa, el color adecuado, el sonido indicado? ¿Cómo denominar este ánimo, ciertamente extraño entre nosotros, que felizmente nos atrapa y, sin esfuerzo, nos ofrece su colaboración?

 

“Si uno desterrase al hombre, el ser pensante y contemplador, de la superficie de la tierra, este espectáculo patético y sublime de la naturaleza se convertiría en triste y mudo. El universo callaría, el silencio y la noche sin sentido serían el único espectáculo. Todo se transformaría en una vasta soledad donde los fenómenos no observados pasarían oscura y sordamente. Es la presencia del hombre lo que hace interesante la existencia. ¿Por qué no tendríamos que introducir al hombre en nuestra obra, tal como aquél está colocado en el universo?” Estas palabras de Diderot nos sitúan en la nueva concepción de las relaciones del hombre con el universo: El hombre ocupa el lugar del Creador y el poeta verdadero es aquel que descubre las proporciones y la armonía de la realidad, o su caos; aquel que se da cuenta de la verdad de la naturaleza y del juego de las pasiones.

 

El acto creativo, el momento de inspiración, sucede irreflexivamente, y no es eminentemente lógico, sino la proyección de la subjetividad. El instante privilegiado de la inspiración es aquel que el que el yo siente su fusión con el todo y siente el todo fundirse en la subjetividad. No se trata de intuir pasivamente esta totalidad, esta síntesis oposicional, como una cosa objetivamente existente y fija, sino de la creación y transformación constante del creado, siempre igual e idéntico a él mismo, replegado en el misterio de su ser, origen de los dioses y de la poesía.

 

Basura

Basura

Arte basura.

Comida basura.

Contrato basura.

Televisión basura

Productos basura.

¿Qué nos pasa?

Nuestra vida se ha llenado de basura.

Documentación fiable

Documentar consiste en recopilar información sobre un tema. La mayoría de mis escritos requieren, ineludiblemente, un trabajo previo de documentación para ambientar de forma adecuada personajes, escenarios y circunstancias o para establecer las bases sobre las que construiré mi opinión. Sin una buena documentación es imposible dotar de verosimilitud y coherencia a una historia o desarrollar un criterio objetivo. La documentación es invisible, pero no pasa desapercibida pues es el hilo que sostiene tramas y argumentos.

¿Dónde y cómo conseguir la información? Buscar apoyo en hechos históricos o sucesos reales, que ayuden a estructurar de forma congruente el desenlace de los acontecimientos o a establecer las premisas previas a la conclusión de un discurso, es un apasionante y exigente trabajo no siempre fácil de llevar a cabo.

Internet permite acceder a una gran cantidad de información, sin embargo, yo no soy muy proclive, en general, al uso de la Red para documentar mis obras. Prefiero seguir utilizando las viejas fuentes documentales de siempre, me refiero a la información impresa. La información que se publica en Internet no está sometida a ningún tipo de examen previo por parte de los profesionales de cada sector ni a normas de calidad de ningún tipo, por eso los datos obtenidos deben someterse a un riguroso análisis que asegure su veracidad. Recibo información de boletines o listas y no me fío porque supongo que esa información se basa en otra que no ha sido contrastada, en copias de noticias de otros medios o en pastiches más o menos originales elaborados con lo que se toma prestado de aquí y de allá.  

No es que desconfíe de todo lo que aparece en Internet, tampoco dejo de reconocer que hay sitios fantásticos con contenidos interesantísimos, actualizados, rigurosos y respaldados por entidades reconocidas, pero, para mí, sigue teniendo más valor informativo lo que leo en un diario, que confirma las noticias publicadas, lo que veo en televisión: la realidad en imágenes, o los datos que me proporciona un libro con abundante bibliografía y escrito por un reputado autor.

Me consta que, para algunos, Internet son las Sagradas Escrituras y sus contenidos dogmas de fe, por eso creen sin validar lo que encuentran. ¿Cómo puede pasar por creíble y verosímil que en Japón se comercialicen gatos criados dentro de una botella de reducidas dimensiones y que el sufrimiento del felino provoque una campaña de denuncias solidarias? Que los taiwaneses compran bebés asados en los supermercados. Que se atribuya a Nostradamus la profecía que circulaba tras los atentados contra las Torres Gemelas, la cual decía: “En la ciudad de Dios habrá un gran trueno. Dos hermanos destruidos por Caos. Mientras la fortaleza resiste el Gran Líder sucumbirá. La Tercera Gran Guerra comenzará cuando la Gran Ciudad arda. Nostradamus 1654”. Desde luego esa profecía no figura en el libro Las centurias y difícilmente pudo escribirla Nostradamus en 1654 puesto que murió en 1566. Etc., etc., etc. Con frecuencia, incluso los medios de comunicación reproducen falsas informaciones tomadas de Internet sin verificar la fuente o la exactitud de los datos. Le ha pasado a la televisión, la prensa o a la radio, le ha sucedido a revistas literarias o editoriales y traductores de prestigio, a personalidades de la política, al Parlamento Europeo, a ministros y políticos de todas las condiciones. Prima la velocidad de la información antes que la exactitud o la seriedad, la competencia feroz entre los medios por ser los primeros en dar la noticia, en tener una exclusiva o la mayor audiencia, provoca que no se tome el tiempo necesario para corroborar la información publicada.

Las personas que cuelgan contenidos en Internet tendrían que respetar un código deontológico que incluiría normas tan elementales como no introducir o difundir información falsa o inexacta, que pueda inducir a error en los receptores de la misma. Y es que hay usuarios que ignoran que cualquiera puede publicar un web sin restricciones en el contenido, que no existe garantía de que este tipo de páginas o artículos hayan sido elaborados realmente por las personas o instituciones que aparecen suscribiéndolos o que la identidad del emisor puede ser suplantada por otra persona.

Internet no es una fuente de referencia autorizada e inequívoca. A diferencia de los medios de difusión tradicionales, en los que la audiencia conoce la identidad del emisor y puede formarse un criterio de evaluación de la información que proporciona, en Internet es frecuente no conocer ni siquiera su origen. Sin embargo, exigir o apoyar propuestas para implementar los mecanismos que aseguren la calidad y veracidad de las páginas que son publicadas en la web sería atentar contra el espíritu de libertad que caracteriza a la Red, un privilegio sin precedentes. De manera que corresponde a todos los usuarios, tanto quienes participamos en la publicación de información, como quienes la utilizamos como medio de consulta, asumir con responsabilidad esa libertad que disfrutamos.

Citas sobre arte

Citas sobre arte

Cualquier persona que vea y pinte el cielo de color verde y los campos de color azul debería ser esterilizada. Adolf Hitler

 

El arte de Dada no es más que una intoxicación de trementina. Marcel Duchamp

 

Si se vende, es arte. Frank Lloyd

El fracaso del éxito

El fracaso del éxito

Hace unos años ocurrió aquello que yo tanto anhelaba: llegó mi momento de “éxito”. Mi obra literaria obtuvo el reconocimiento público. Recibí dos premios de poesía; quedé finalista en un certamen de novela corta; se editó una de mis novelas, hice su presentación y firmé ejemplares; llegué a colaborar en más de ochenta revistas de todo el mundo; una universidad escogió mi ensayo sobre Bécquer como tema de estudio para sus alumnos; recibí el cariño de mis lectores, que me colmaban de elogios y se mostraban ansiosos por conocer mis obras… Me hundí.

 

Creo que fue Fred Mercury quien dijo que el éxito se digiere peor que el fracaso. En mi caso fue cierto. Cualquiera que se reconozca humano es capaz de asumir sus limitaciones y está preparado para admitir que ha fracasado, que ha metido las cuatro patas y está de barro hasta el cuello. Pero cuando llega el triunfo, cualquiera que sea, la presión que ejerce puede llegar a ser tremenda. Uno siente la obligación de comportarse como los demás esperan que lo haga y nace entonces la tensión de satisfacer expectativas ajenas, que lleva al punto de estar más pendiente de los críticos, de la respuesta del público y del éxito que de uno mismo.

 

Me sentaba a escribir pensando qué esperarían de mí los lectores, sus alabanzas habían colocado mi cota de perfección en la estratosfera y no quería defraudarles. Mi iniciativa se desplazó buscando contentar a los demás y robándome la libertad. Me convertí en esclava de un público desconocido que esperaba de mi intelecto obras brillantes. Me equivocaba. El éxito tiene una cara perversa, es un tirano que nos obliga a ser fieles al papel que nos hemos arrogado y a representarlo del modo que más aplausos nos gane.

 

Enseguida comprendí que no debía renunciar a la libertad. ¡Libertad! Libertad para actuar según mi criterio, resistiendo la tentación de sucumbir al halago y sin renunciar jamás a la literatura. Nunca me faltaron la constancia, el afán de superación, las ganas de esforzarme y la chispa de ilusión necesarios. Así que seguí el camino de mis prístinas aspiraciones: escribir bien. Adopté como lema la frase de Wilde: Un verdadero artista no tiene nunca en cuenta al público. El público, para él, carece de existencia, y volví a escribir con espontaneidad, fiel a mi instinto e intentando crear algo que valiera la pena.

 

Envuelto en éxito puedes parecer alguien sin ser nadie. Las prisas del editor y la opinión de los lectores matan la creatividad y por eso hay que dejarlos al margen si de verdad se pretende hacer literatura. Pocos entienden que la obra es sólo del artista hasta que éste la presenta al mundo, entonces, si se ha logrado dotarla de vida, emprenderá su propia existencia y los lectores la harán suya, reinterpretándola y añadiéndole nuevos matices.

 

Ahora trabajo con todo el entusiasmo y abnegación de que soy capaz. No espero que se me retribuya ni se me agradezca por lo que hago, estoy poseída por la idea de llegar a ser escritora.

 

* Imagen: Francine Van Hove

 

Desiertos de tedio

Desiertos de tedio

 

Desiertos de tedio,

oasis de horror.

Malas flores

para el bien literario.

Caer en el abismo infernal

o en el celeste abismo.

¿Qué importa?

Solo queda el fin infinito

cuando termina la batalla

tras la monótona y pequeña existencia

Ese espejo que nos mide

cada vez que nos mira.

Wilde en España

Wilde en España

El 16 de octubre de 1854, nace en Dublín Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde. El genial escritor Oscar Wilde, el vituperado "Oscar", el fingido Sebastian Melmoth. ¿Qué se puede decir de él o de su obra que resulte novedoso? Cientos de autores y cientos de obras abordan la vida y milagros del dandi, del esteta, del homosexual, del preso, del exiliado o del poeta, pero hasta la fecha no se había realizado un estudio tan profundo y pormenorizado sobre la influencia de Wilde en la literatura española como el que se recoge en el ensayo de Sergio Constán: Wilde en España. Una obra escrita desde la admiración, porque a Wilde solo se le puede admirar o denostar, reacciones tan encontradas que únicamente provocan las raras avis que de tanto en tanto transitan por este valle de lágrimas en el que a Wilde le tocó llorar como al que más.

 

Disculpen ustedes que me vaya del asunto: el ensayo Wilde en España, la admiración me escora a mí también hacia el hombre-personaje que triunfó en los círculos más selectos de la hipócrita sociedad victoriana, ésa misma que luego haría escarnio de él, porque Wilde habría pasado a la historia de la Literatura por su indiscutible talento, pero el escándalo internacional que supuso el caso Queensberry le entronizó en los altares del esteticismo extravagante y en España que, a caballo entre los siglos XIX y XX, se vivía una ola de moralismo, la denominada literatura maldita de Wilde fue recibida por sus incondicionales con los más fervorosos aplausos, mientras sus detractores le dedicaban críticas feroces.

 

José Martí y Alejandro Sawa, que conocieron personalmente a Wilde, uno en Estados Unidos, el otro en París, son los primeros en dar a conocer su obra en España y en 1902 aparece traducida la obra teatral Salomé. Álvaro Alcalá Galiano, Manuel Machado, Rubén Darío, Pardo Bazán, Julio Gómez de la Serna, Pío Baroja o Jardiel Poncela son unos pocos de los numerosos autores que quedaron seducidos por Wilde. Hasta 1925 Wilde era el autor de moda en España, los editores se lo rifaban, los escritores traducían su obra y el público buscaba deleitarse con el poeta irlandés, todo un fenómeno cultural. Sus poemas se incluyen en diversas antologías y en una encuesta realizada por el diario El Sol sobre los gustos literarios femeninos, Wilde es el cuarto escritor extranjero más votado y su novela El retrato de Dorian Gray es destacada como una de las imprescindibles en cualquier biblioteca que se precie. Luego se inició un declive, muy celebrado por ese sector intelectual que fue siempre reacio a la aceptación de la obra wildeana.

 

De estos asuntos nos pone al tanto Sergio Constán, que ha recopilado datos sobre la presencia de Oscar Wilde en la literatura española durante el periodo comprendido entre los años 1882 y 1936, añadiendo una faceta más a ese poliedro que compone la figura de Wilde. Y es que en Wilde confluyen y se confunden virtudes y defectos, persona y personaje, por eso tuvo que morir el hombre para que su obra, empañada ahora solo por la sombra de su abrumadora personalidad, pudiera respirar por sí misma y hacerse inmortal.

 

Título: Wilde en España

Autor: Sergio Constán

Editorial: Akrón

Páginas: 370

 

*Reseña publicada el día 19 de noviembre de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

El Pensador de Rodin

El Pensador de Rodin

 

Se concibió para representar a Dante meditando sobre su obra a La puerta del infierno, como parte de un conjunto escultórico, aunque luego la figura se aisló para convertirse en El Pensador. Auguste Rodin esculpió su imagen más famosa inspirándose en la obra de Miguel Ángel. Un hombre de complexión atlética sentado sobre una roca. Cada músculo es perceptible bajo su piel de bronce. Reflexivo, concentrado en algo, con la boca cubierta por una mano, paciente, tal vez resignado bajo su rostro inescrutable. El Pensador impresiona, ajeno, desde lo alto de su pedestal, a la mirada que lo observa, él sigue absorto en sus consideraciones ignorando a quienes le admiran, cámara fotográfica en mano, para escudriñar el secreto de su magnetismo. Intenta pasar desapercibido, mezclarse con el paisaje, pero con su silencio se hace omnipresente. Desde que nació, un lejano 21 de abril de 1906, ha simbolizado la democracia, la resistencia, el pensamiento ¿Quién sabe? Acaso la duda y la vacilación sean la clave del misterio. El Pensador duda, se halla perdido en esa maraña en la que nos perdemos todos, solo que él tiene la valentía que le imprime el bronce para seguir ahí, desnudo, fuerte y frágil, sin saber qué demonios hacer.

 

*El Pensador de Rodin se encuentra instalado en la Plaza del Pilar de Zaragoza hasta el día 25 de marzo.

 

Campaña antitabaco

Campaña antitabaco

Una campaña antitabaco desata el escándalo en Francia. Con el lema: “Fumar es ser esclavo del tabaco” sirviendo de pie de foto a la imagen de una joven que simula una felación forzada, con un cigarrillo en la boca y la mano de un adulto sobre la cabeza, el diario Le Parisien anda en boca de todos, no sé si es la expresión más adecuada, dadas las circunstancias.

 

La campaña publicitaria de la Asociación de Derechos de los no Fumadores busca el impacto y lo ha conseguido.

 

Desvaríos 6

Desvaríos 6

Una gota de semen en el polvo seco. Una gota de sangre en el mar. Una gota de sudor en el viento. Una gota de dolor en el alma. Las cuatro esencias de su ser alumbraron un centauro, mitad hombre, mitad monstruo.

Mi deseo

Mi deseo

Siempre que me puse a escribir lo hice con voluntad de estilo, con el empeño de construir con una depuradísima técnica narrativa y un exquisito cuidado del lenguaje, con la esperanza de conseguir textos sublimes. Pero tengo la sensación de que mis ambiciones se tuercen y varían su rumbo hasta llegar a la isla de la mediocridad, algo que me hace sufrir mucho. Me siento frustrada, impotente ante ese juez que sentencia y condena, y luego asumo con naturalidad el fracaso. Acéptalo, me digo, no tienes casta de narrador, ni de poeta ni siquiera de infame escribidor. ¿Cómo podría transformar mis escritos en auténtica literatura? Cada aventura fascinante que emprendo me obliga a enfrentarme a mis miedos más profundos, porque ese tirano que llevo dentro me grita con claridad meridiana que uso las palabras de forma torticera, que le debo sumisión al lenguaje y que en mis obras ha de palpitar la emoción. ¿Será que mi amor por la literatura, como todas las historias de amor verdaderas, están abocadas al fracaso?

Copérnico y la Iglesia

Copérnico y la Iglesia

Nicolás Copérnico fue invitado reiteradamente por miembros de la jerarquía católica para dar a conocer sus cálculos. Pese a los recelos del autor de Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes, la Iglesia católica, de entrada, no veía con malos ojos cualquier reforma de la astronomía si conducía a un objetivo en el que su interés era grande: la reforma del calendario juliano (adoptado por la Iglesia en el Concilio de Nicea, año 325), la cual, se produjo en 1582 al sustituirse este calendario por el gregoriano (denominado así en honor del papa Gregorio XIII). El problema del calendario que tanto importaba a la Iglesia era el siguiente:

 

Se trataba de determinar la duración exacta del año trópico, es decir, el tiempo que transcurre entre dos pasos consecutivos del Sol por el mismo punto equinoccial (equinoccio de primavera y equinoccio de otoño), éste era un dato fundamental puesto que indicaba el inicio y el final de las estaciones. La primera dificultad radicaba en que no comprende un número entero de días. En el siglo I a. C. Julio César había decretado que un año (trópico) consta de 365 ¼ días, de modo que cada tres años de 365 días tenía que añadirse un cuarto bisiesto. Pero este cómputo iba acumulando un error debido al fenómeno conocido como precesión de los equinoccios, consistente en el lento retroceso de los puntos equinocciales y responsable de que el comienzo de las estaciones se anticipe ligeramente cada año (11 minutos y 4 segundos). Así, si el comienzo de la primavera estaba fijado para el 21 de marzo, resulta que en la época de Copérnico se había adelantado diez días. En contra de lo que indicaba el calendario juliano, el equinoccio de primavera tenía lugar entonces el 11 de marzo. Y, puesto que, a su vez, la fijación de la importante festividad de Pascua dependía de la correcta determinación del equinoccio de primavera (domingo siguiente al plenilunio posterior a dicho equinoccio), se comprende el interés de la Iglesia católica por el tema.

 

Según relata Copérnico en el prefacio de Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes, dedicado al papa Pablo III, la invitación de la Iglesia contenía implícita una tesis: bastaba con tomar toda referencia al movimiento de la Tierra y a la posición central del Sol como mera hipótesis matemática, sin pretender que se convirtiera en la descripción del modo en que realmente sucedían las cosas en la naturaleza. Con el tiempo, este planteamiento llegó a convertirse en una exigencia, tal y como queda de manifiesto en la amonestación privada a Galileo. Pero Copérnico siempre entendió la astronomía como un conjunto de proposiciones, no solamente útil para calcular los movimientos de los planetas, sino conforme a la disposición real de los cuerpos celestes. En este sentido, estaba convencido de que la teoría heliocéntrica que defendía era verdadera. Pese a esto, el Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes salió de la imprenta con un prefacio, sin firma, titulado “Al lector de las hipótesis de esta obra” en el que se afirmaba que “no es necesario que las hipótesis (astronómicas) sean verdaderas, ni siquiera verosímiles, sino que basta con que muestren un cálculo coincidente con las observaciones”. Este famoso prólogo fue escrito por el pastor luterano Andreas Osiander, amigo de Copérnico. Hoy sabemos, por el testimonio de Kepler, que el astrónomo polaco nunca suscribió esta tesis.

 

La obra de Copérnico, titulada en latín De revolutionibus orbium celestium, estuvo acabada en 1530, sin embargo, no apareció publicada hasta 1542 por temor a la polémica. Tras un derrame cerebral y con sus facultades mentales muy mermadas, Copérnico tuvo la primera copia de su manuscrito en las manos días antes de su muerte.

Cómo curar una infección del coño

Este año he sido infiel a una de mis costumbres y en vez de comprar la agenda Moleskine que vengo usando desde hace años, utilizo una nueva que me han regalado. Se llama “Lo Tafanari”, para los que no entiendan el dialecto pallarés del catalán aclaro que el término significa: el coño. Esta original y atractiva agenda, que cuenta con dos años de vida, recoge el trabajo creativo y aportaciones de 32 mujeres. Entre sus páginas he encontrado unos consejos que quizás puedan resultarle útiles a alguna de mis lectoras. Aquí van, previamente traducidos-traicionados por mí.

 

Cómo curar la infección del coño (hongos o bacterias), no estacional, o en caso de sequedad de vagina. Untar un tampón con yogur natural (de la marca que sea) e introducirlo en la vagina, cambiarlo cada 6 u 8 horas y llevarlo siempre puesto durante tres días. (La flora vaginal consiste principalmente en bacterias de ácido láctico que son las mismas que viven en el yogur. Fortaleciendo así nuestra flora vaginal los hongos o bacterias patógenas remiten automáticamente).

 

Este método sencillo y barato funciona muy bien. En caso de que las molestias no mejoren lo suficiente, mojar el tampón absorbiendo agua con vinagre. Llevarlo siempre puesto durante tres días.

 

Otra estrategia casera muy eficaz: introducir un grano de ajo pelado en la vagina, cambiarlo cada 24 horas durante tres días. (Efecto secundario, gusto de ajo inmediatamente después de la introducción del ajo. Es impresionante la conexión tan estrecha que existe entre el coño y el resto del cuerpo).

 

¿Alguien se anima?

Sobre el precipicio

Sentada sobre el precipicio

Contemplando cómo las olas ponen a prueba la paciencia de las rocas raídas

La desnudez de la playa la convierte en un espacio blanco conmovedor

El sol mira desdeñoso desde lo alto del horizonte

Y yo aquí

En la soledad de esta altura cerca de las nubes

Tentada de lanzarme sobre esta colcha de espuma que se hace y se deshace

Esperando un alojamiento sobrecogedor y definitivo.

La compañía de almogávares

La compañía de almogávares

La compañía de almogávares, de Ángel Boya Balet, es un libro peculiar. Trata, como indica su título, de los almogávares de “la gesta de estos pocos guerreros hispanos que, por dinero, expulsaron a los turcos de Anatolia, y, por una cuestión de honor, hicieron temblar los cimientos del Imperio Bizantino”. Pero también intenta, a su vez, desfacer entuertos.

 

Dice Boya en la introducción de su obra que el motivo principal que le motivó a escribirla fue el de ubicar geográficamente las campañas que llevaron a cabo los almogávares, para ello se ha documentado profusamente en una vasta bibliografía que le permite hablar con seguridad sobre el tema. Según iba ampliando conocimientos, se encontró con que realidad y leyenda se entremezclaban en ocasiones, provocando confusión, confusión acrecentada por intereses nacionalistas, empeñados en cambiar la historia de Cataluña y, de paso, la de España, convirtiendo a los almogávares en “la compañía catalana”.

 

Sé bien de qué habla Boya. Durante los más de veinte años que he residido en Cataluña, con la consiguiente y forzada inmersión lingüística y cultural, he contemplado boquiabierta, cuando no alucinada, las tergiversaciones históricas más grotescas y contradictorias. Y ya no sé a ciencia cierta si el emblema de la identidad catalana: la senyera, fue la bandera tradicional de los reyes de Aragón o es un diseño de Mariscal.

 

Boya nos explica en su libro quienes fueron los almogávares, describe su forma de vida, su modo de lucha, sus gestas y aporta datos que rebaten mentiras. Porque los acontecimientos pueden agradar o no, pero son los que son.

 

Título: La compañía de almogávares.

Autor: Ángel Boya Balet

Editorial: Editado por el autor

Páginas: 340

 

*Reseña publicada el día 15 de octubre de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

De qué nos sirve Internet

Internet va camino de convertirse, si no lo es ya, en un monumental archivo en el que conviven guardados los pensamientos más importantes, valiosos y relevantes junto con ideas infrahumanas, caducas o patéticas. Quizá se esté cumpliendo con inexorable acierto la frase de McLuhan: “el medio es el mensaje”. Cada vez evoluciona más el desarrollo de los medios que transmiten mensajes, pero, dada su vacuidad, parece que cada vez quedan menos ideas por transmitir. Porque, si bien es cierto que todo el mundo puede tener ideas y el derecho a exponerlas, no todas las ideas tienen el mismo valor, de hecho hay ideas tan banales que carecen de valor, aunque la tolerancia imperante nos lleve a aceptarlo todo.

 

¿Se impone un control? Cuanto mayor es Internet, más disminuyen las posibilidades de controlarlo. La verdad y la mentira pueden manipularse hasta hacerse pasar la una por la otra. Si no confiamos en la credibilidad de las ideas e informaciones que nos propone Internet, ¿de qué nos sirve tener semejante archivo de datos?