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La universidad de Sussex exhibe los cuadernos de Virginia Woolf

La universidad de Sussex exhibe los cuadernos de Virginia Woolf

Los diarios de bolsillo de la Virginia Woolf (1882-1941) en los que la escritora anotaba sus pensamientos y sus actividades cotidianas durante los últimos once años de su vida, han sido adquiridos por la universidad inglesa de Sussex, que los muestra al público con cita previa. Las primeras anotaciones de los cuadernos están fechadas en 1930 y entre otras cuestiones figuran apuntadas las citas que la autora mantuvo con otros colegas como Forster o Eliot.

La última anotación la hizo su marido. Leonard escribió el 28 de marzo de 1941: “muerta”. Virginia Woolf se había suicidado dejándole la siguiente nota:

"Querido:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirlo, aunque todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V”.

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Para amantes de los libros

Para amantes de los libros

Todos los que amamos los libros disfrutamos o soñamos tener un espacio propio para ellos, una sala donde un rato de lectura constituya un auténtico placer.

En Home-Designig podemos ver y tomar ideas para diseñar nuestra propia biblioteca. Las hay para todos los gustos: clásicas, modernas, funcionales, minimalistas…

Desde niña he aspirado a ser dueña de un lugar exclusivo para mis libros y para mí. He diseñado en mi imaginación cómo sería esa biblioteca, con estantes repletos de libros rigurosamente clasificados; una cómoda butaca, tipo chaise-longue de Le Corbusier; una pared de vidrio desde la que poder ver un hermoso jardín; luz, una cascada de luz natural; una amplia mesa para poder tomar notas o escribir, porque un lugar así resulta inspirador.

Si usted sueña, como yo, con su propia biblioteca, o ya tiene una y necesita ideas para decorarla, le encantarán estas sugerentes propuestas.

Llibreria Catalònia

Llibreria Catalònia

La Llibreria Catalònia ha anunciado su cierre definitivo. Había superado una guerra civil, un incendio devastador y un conflicto inmobiliario, pero la crisis más grave que ha sufrido en muchos años el sector del libro ha podido con ella. Llevaba 88 años de actividad, 82 de ellos en el número 3 de la Ronda de Sant Pere. La cadena McDonalds ocupará su lugar. La cultura de Barcelona, de Cataluña, de España y del mundo se suma al dolor de su director, Miquel Colomer, en tan dolorosa pérdida.

Saber decir

Un sultán tuvo un sueño. Soñó que perdía todos sus dientes. Despertó conmocionado y enseguida mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

-¡Oh, mi señor! Es una terrible desgracia. Cada diente caído representa la muerte de un pariente de su majestad –dijo el sabio.

-¡Menuda desfachatez! ¿Cómo te atreves a anunciarme algo así? ¡Llevadle preso a las mazmorras! -gritó el sultán a su guardia.

El sultán mandó buscar a otro sabio para conocer su opinión sobre el sueño. Este, después de escuchar el relato del sultán con mucha atención, le anunció:

-Mi señor, una gran felicidad os aguarda. El sueño significa que sobrevivirás a todos tus parientes.

En el rostro del sultán se dibujó una enorme sonrisa y ordenó que pagaran los servicios del sabio con cien monedas de oro. Cuando el hombre abandonaba el palacio, uno de los cortesanos le dijo sorprendido:

-No lo entiendo. Has hecho la misma interpretación del sueño que el primer sabio, a él le castigó y a ti te ha premiado.

El hombre le explicó:

-Verás, todo depende de la forma en que se dicen las cosas. Uno de los grandes retos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, en ocasiones, la felicidad o la desdicha, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la arrojamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, siempre se aceptará con agrado.

84, Charing Cross Road

84, Charing Cross Road

84, Charing Cross Road es la dirección donde se ubica la librería londinense Marks&Co y el título del libro de Helen Hanff (1918-1997).

La obra reúne una serie de cartas que desde octubre de 1949 hasta abril de 1969, Helen Hanff cruzó con el librero Frank Doel y otros empleados de la librería, así como con miembros de su familia. Las cartas constituyen una bellísima historia de amistad y un impagable alegato a favor de los libros y la literatura clásica. Se agradece el post scriptum de Thomas Simonnet poniendo un colofón imprescindible a esta correspondencia conmovedora que deja un regusto de tristeza al saber que dos amigos, que lo fueron durante veinte años, nunca llegaron a conocerse personalmente y aun así el afecto pervivió a través del tiempo y las palabras para componer luego un epistolario delicioso, que se lee con ávido interés y de un tirón.

84, Charing Cross Road es un libro que los amigos se recomiendan unos a otros y así aumenta el número de lectores que se unen a esta grey que disfruta con el tacto, el olor y la presencia de un libro. Tocqueville, Austen, Catulo, Chaucer, Woolf, Shaw, Esopo y todo un elenco de brillantes escritores, en cuidada edición de segunda mano, se pasean exhibiéndose ante quien, con los dientes largos, solo puede soñar con bellos libros encuadernados en piel, con estampaciones en oro y hermosa tipografía, habitando en los estantes de una biblioteca revestida de madera, en alguna casa solariega de la campiña inglesa. Allí, en un luminoso salón con acceso a un jardín florido y sentada en una cómoda butaca de cuero, me imagino yo. Recibiendo periódicamente mi pedido de Marks&Co y a la vez lamentando la desaparición de este santuario de la literatura.

Título: 84, Charing Cross Road

Autora: Helen Hanff

Editorial: Anagrama

Páginas: 126

Malas Navidades

Malas Navidades

Malas Navidades es el título de una antología de relatos navideños en la que participo.

Son cinco visiones de unas fechas que, para bien o para mal, nos acaban afectando a todos.

Descarga Malas Navidades, formato ePub (sin DRM).

 

El amante, de Marguerite Duras

El amante, de Marguerite Duras

“Nunca he escrito, creyendo hacerlo; nunca he amado, creyendo amar; nunca he hecho nada salvo esperar delante de la puerta cerrada”. M. Duras.

 

Marguerite Duras (Saigón 1914, París 1996) escribió El amante, una obra de belleza brutal e hiriente sensibilidad, cuando tenía 70 años. Acababa de sufrir una profunda crisis psíquica debido al alcohol. En el texto nos sumerge en su propia vida, en sí misma. Recuerda su juventud tras la niebla difuminada que la separa de Indochina, de aquellos años tristes, hermosos, dramáticos… en los que la vida acontecía extraña y compleja, llena de novedades. El padre muerto, una madre ausente y frustrada, un hermano violento, otro al que querer, la tierra ahogada de lluvia y de lágrimas… Unos zapatos de lamé dorado, un sombrero de ala plana… La presencia de aquel chino de la limusina, el apartamento en Cholen, el sexo o el amor, quizás ambas cosas, trastocarían para siempre su existencia.

El amante es un libro que se lee y se relee, que deja un poso en el ánimo del lector, ganas de más. Duras nos lo ha dado todo en cada renglón, nos ha desnudado su alma con cada palabra. Pero aun así, nos deja insatisfechos porque nos ha arrancado de la realidad y nos ha arrastrado hasta su mundo, hemos vivido en él, con ella. Hemos sentido la atmósfera de sensualidad y ternura, de brutalidad mansa, que se respira en la aislada habitación. Hemos estado ahí, con los amantes, como voyeurs compulsivos, sin poder sustraernos del magnetismo de cada escena relatada con frases breves y contundentes.

El final de la historia es sublime. De esos que se recuerdan, porque solo puede dejar inmune a alguien que sea de plástico. A los demás, nos conmueve esa conversación telefónica que pone punto final a la historia o punto y seguido a un amor, a ese amor que todos deseamos eterno.

 “Años después de la guerra, después de las bodas, de los hijos, de los divorcios, de los libros, llegó a París con su mujer. Él le telefoneó. Soy yo. Ella le reconoció por la voz. El dijo: solo quería oír tu voz. Ella dijo: soy yo, buenos días. Estaba intimidado, tenía miedo, como antes. Su voz, de repente, temblaba. Y con el temblor, de repente, ella reconoció el acento de China. Sabía que había empezado a escribir libros. Lo supo por la madre a quien volvió a ver en Saigón. Y también por el hermano menor, que había estado triste por ella. Y después ya no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte”.

Triste realidad

Triste realidad

Cartel pegado en la puerta de la Biblioteca Pública de Zaragoza.

Puta

Puta

El hedor de su coño seco contrasta con la humedad jugosa de antaño.

Nadie la desea ya, salvo esos pobres diablos ciegos de alcohol y química que ven en ella a la mujer que fue, a la que quieren ver, un agujero para fornicar.

 

*Foto: Brent Stirton. Primer Premio de la 55 edición del World Press Photo. Categoría: Temas Contemporáneos.

Sola

Sola

Descalza, desarmada,

caminando sobre la tierra fresca,

suspendida en el tiempo,

disfrutando el paisaje.

Sola igual que tú.

Sola igual que todos.

Mimetizándome con el entorno,

aspirando aromas,

contemplando la vida,

el agua mansa que fluye.

Escucho rumores de fondo,

el latido del mundo.

Quedan atrás heridas, preguntas.

Sola e insólitamente viva.

El hombre del traje azul

El hombre del traje azul

Sentada en un tren. Vuelvo a una casa que no sé si es la mía o un reducto de fantasmas. La mente alborotada por pensamientos dispares detiene su carrera cuando veo subir al hombre del traje azul. Se sienta casi frente a mí. Debe tener unos ochenta años. Le miro. Me mira. Nos miramos. La fugacidad de nuestras miradas esconde timidez o miedo. Me atrae. No puedo dejar de observarle sin que se dé cuenta. Pulcro. Correcto. Educado. Sus gafas me recuerdan a otras… Empiezo a ver a mi padre en aquel hombre sereno de gesto bondadoso. Poco a poco, la convivencia del viaje silencioso nos acerca. Nos permite mirarnos con más confianza. Siento algo especial. Ganas de llorar. De hablarle. De abrazarle. De refugiarme en él. Si fuera mi padre le diría todo lo que nunca podré decirle. Percibo algo intangible, una niebla invisible que avanza y nos acerca. Nos sonreímos con gesto amable, cómplice. A la memoria vuelven momentos deseados por compartir, anhelos irrealizables. Sueños. Realidad.

El tren se detiene. Barcelona. Allí compartimos escalera mecánica hasta llegar al andén. Yo llevo equipaje, él viaja con su sonrisa. Pase usted primero, me dice haciéndose a un lado para que avance con mi maleta. Su voz es cálida y afable. Se me antoja cariñosa.

Me voy sobrecogida. Sabiendo que algún día escribiré sobre el hombre del traje azul. Sobre el deseo de padre. Sobre la sensación de pérdida. Sobre confusión interior.

Quiero creer que es un ángel, sin creer en nada. Quiero pensar que ha vuelto para decirme lo que no tuvo tiempo o se arrepintió de callar. Quiero lo que nunca podré tener, un padre, con su traje azul.

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El Beso y La Gradiva

El Beso y La Gradiva

 “¡Carne y hueso! ¡Miseria, podredumbre!... Yo he sentido en una orgía arder mis labios y mi cabeza; yo he sentido este fuego que corre por las venas, hirviente como la lava de un volcán, cuyos vapores caliginosos turban y trastornan el cerebro y hacen ver visiones extrañas. Entonces el beso de esas mujeres materiales me quemaba como un hierro candente, y las apartaba de mí con disgusto, con horror, hasta con asco; porque entonces, como ahora, necesitaba un soplo de brisa del mar para mi mente calurosa, beber hielo y besar nieve..., nieve teñida de suave luz, nieve coloreada por un dorado rayo de sol..., una mujer blanca, hermosa y fría, como esa mujer de piedra que parece incitarme con su fantástica hermosura”. El beso, Gustavo Adolfo Bécquer.

 

El Beso de Bécquer (1863) y La Gradiva de Jensen (1903), constituyen representativos ejemplos de la misoginia romántica con la que la literatura encarnaba a la mujer: lánguida, evanescente, virginal, mística… Una idealización del deseo masculino. Ambas obras muestran la fascinación por una figura femenina evanescente que concita el deseo del protagonista de la historia, algo que se ajusta perfectamente al discurso decimonónico del ideal femenino en cuanto a seducción renovada por la ausencia y la idealización mítica.

El personaje de la obra de Wilhelm Jensen, el joven arqueólogo Norbert Hanold, se obsesiona con una figura de mujer representada en un bajorrelieve, se trata de una joven que camina apoyando un pie en el suelo y el otro solo en la punta de los dedos. El especial atractivo de esta imagen suscita las fantasías del joven e imagina que Gradiva, nombre con el que denomina a la mujer, pudo ser una griega que viviera en Pompeya antes del terremoto que en el siglo I causó el desastre que asoló a la ciudad helénica. La duda que se suscita en el arqueólogo es si el escultor inventó la peculiar manera de caminar de la mujer o la copió de la realidad. En un sueño, el protagonista se halla en Pompeya justo en el momento en que el Vesubio inicia su erupción y en este contexto encuentra a Gradiva, que camina hacia el templo, cuando la alcanza, ella está dormida y las cenizas del volcán acaban de enterrar su bella figura. Al despertar del sueño, el joven se asoma a la ventana y cree ver a Gradiva, sale corriendo a la calle en su busca, pero se percata de que va medio desnudo y regresa a su casa. Tiempo después, el arqueólogo viaja a Pompeya para encontrar las huellas de la mujer, se ha enamorado de ella y la intuye entre las cenizas. Víctima de los delirios de su mente, cree reconocer a Gradiva en los rasgos de una turista, mantiene con ella breves encuentros, pues siempre se marcha para aparecer al día siguiente, lo que acrecienta los deseos y la fascinación del joven. Al comprobar que Gradiva es una mujer de carne y hueso huye horrorizado, luego descubrirá que la aparición es una muchacha alemana que él conoció en su infancia y a la que no había prestado atención hasta que su fantasía delirante la convirtió en una aparición inalcanzable.

El arqueólogo de la Gradiva se enamora de la figura de un bajorrelieve y el capitán francés de El Beso lo hace de una escultura de mármol que representa a Doña Elvira de Castañeda arrodillada junto al altar de la iglesia toledana a donde acude con sus soldados para descansar. El túmulo funerario lo seduce y explica a sus compañeros:

“No podéis figuraros nada semejante, aquella nocturna y fantástica visión que se dibujaba confusamente en la penumbra de la capilla, como esas vírgenes pintadas en los vidrios de colores que habréis visto alguna vez destacarse a lo lejos, blancas y luminosas, sobre el oscuro fondo de las catedrales.

Su rostro ovalado, en donde se veía impreso el sello de una leve y espiritual demacración, sus armoniosas facciones llenas de una suave y melancólica dulzura, su intensa palidez, las purísimas líneas de su contorno esbelto, su ademán reposado y noble, su traje blanco flotante, me traían a la memoria esas mujeres que yo soñaba cuando casi era un niño. ¡Castas y celestes imágenes, quimérico objeto del vago amor de la adolescencia!

Yo me creía juguete de una alucinación, y sin quitarle un punto los ojos, ni aun osaba respirar, temiendo que un soplo desvaneciese el encanto. Ella permanecía inmóvil.

Antojábaseme, al verla tan diáfana y luminosa que no era una criatura terrenal, sino un espíritu que, revistiendo por un instante la forma humana, había descendido en el rayo de la luna, dejando en el aire y en pos de sí la azulada estela que desde el alto ajimez bajaba verticalmente hasta el pie del opuesto muro, rompiendo la oscura sombra de aquel recinto lóbrego y misterioso”.

Cautivo del hechizo que aquella figura marmórea causa sobre él, el capitán de dragones sucumbe al deseo e intenta acercar sus labios ardientes a los de doña Elvira. Sus hombres vieron al inmóvil guerrero que había junto a la estatua levantar la mano y derribarle con una espantosa bofetada de su guantelete de piedra.

Ambos personajes se alejan así de su indiferencia por las mujeres reales para proyectar su idealización sobre mujeres inalcanzables, ambos son víctimas del amor romántico creado desde la misoginia: una mujer evanescente, inalcanzable, idealizada y remota que despierta el amor del varón porque dista de ser la mujer real y es la sustituta creada por la propia fantasía.

Labios sellados

Labios sellados

Los labios sellados,

la boca tapiada

para que no escape

lo que no se ha de decir.

Los labios suaves

esperan besos,

aguardan un roce.

La mirada atenta,

la mente en guardia

buscando indicios.

La garganta estrangulada

por palabras que no salen.

El cuerpo temblando,

le sobran las manos,

las manos del odio.

 

*Imagen de Ester Besoli, Colección: Víctimes del maltractament

La Sexta Flota en Barcelona

La Sexta Flota en Barcelona

La Sisena Flota a Barcelona, de Xavier Theros, es un libro editado por La Campana y el Ayuntamiento de Barcelona, que recoge las andanzas de los marineros de la Sexta Flota norteamericana en la ciudad de Barcelona. La obra ha recibido el premio Josep Maria Huertas Claveria 2010 y en sus 488 páginas, muestra 66 fotografías de Català-Roca, Joan Colom, Nat Farbman, Pérez de Rozas y Marcel·lí Sáenz, entre otros destacados fotógrafos. Es la crónica de una época, el retrato de unas gentes y de una sociedad en fase de cambio hacia los tiempos modernos, un paseo por una ciudad que se abría al mundo.

Todo comenzó el 9 de enero de 1951. A las 6.20 horas llegaban al puerto de Barcelona cinco navíos de la Sexta Flota. Las autoridades y una multitud de gente fueron a recibirles con pancartas en las que se leía: Wellcome o Friends, también se encontraban allí las cámaras del No-Do para inmortalizar el momento.

El documentadísimo volumen presenta numerosos testimonios y describe cómo cambió la vida de los barceloneses con la llegada de la US Navy. Aquel frío día, entre la una del mediodía y las siete de la tarde, las calles de la parte baja de la Rambla y del barrio Chino de Barcelona se llenaron de grupos de marineros. Las tiendas, los bares y los prostíbulos, que habían colgado en sus locales banderas norteamericanas y carteles anunciando que todo era typical spanish, se frotaban las manos a la vista del negocio.

“Los primeros marineros que llegaron a tierra fueron los especialistas de cada nave, todos muy educados, algo tímidos y conscientes de cuál era su misión en Barcelona: quedar bien y dar buena imagen de la armada norteamericana”. “Pero también había otra clase de marineros, originarios de ciudades más grandes como Nueva York, Los Ángeles, Chicago, etc. Estos, en cambio, solían quedarse solo dos o tres días en Barcelona y, si tenían un permiso de una semana, se vestían de civil y se iban a Madrid o a Andalucía” dice Theros.

Simpáticos, educados, amantes de la juerga y generosos con las propinas. Así recuerda Feliciano Bofarull, hijo y nieto de los propietarios del famoso restaurante Los Caracoles de Barcelona, a los marineros que iban a su establecimiento. “Un camarero se podía sacar de 200 a 300 pesetas al día en propinas”. El sueldo de los marineros no era alto, pero al cambio de moneda se multiplicaba. En 1951, 1 dólar equivalía a 22 pesetas. En los años cincuenta y parte de los sesenta, las únicas divisas que entraban en España eran los dólares de aquellos marineros norteamericanos.

De las 2.039 arribadas de la Sexta Flota a Barcelona durante 36 años, que reseña en su libro Theros, uno de los colectivos que más se benefició fue el de las prostitutas, que realizaban jornadas de 13 y 14 horas durante la semana que permanecía el buque atracado en el puerto.

En los años cincuenta los marineros provocaron un cambio radical en la forma de beber de los barceloneses: se puso de moda el güisqui y los cócteles, como antes de la Guerra Civil, y se popularizó el vodka con naranja y el tequila. Una de las bebidas favoritas era el tequila sunrise. Las borracheras provocadas por bebidas de mala calidad eran monumentales y las peleas, frecuentes.

El primer rock and roll que se escuchó fue el que sonaba en los discos de los marineros y todas las naves tenían como mínimo una banda; en los portaaviones y en los acorazados era habitual que, además, contasen con una orquesta, una coral, un grupo de jazz y algún grupo de rock.

También se puso de moda, aunque de forma transitoria, el beisbol, sobre todo durante las décadas de 1950 y 1960 y, con más arraigo, el básquet.

El intercambio de costumbres fue inevitable: los tripulantes de la Sexta Flota se aficionaron a las corridas de toros, al flamenco, al embutido, a los caracoles y a la sangría e introdujeron en Cataluña los pantalones tejanos, las medias de nylon, los slips, los chicles, los sándwiches y el encendedor Zippo, que tenía fama de no apagarse nunca.

Pero en los años 70 y 80 se fue desarrollando cierta hostilidad contra los marineros debido a la oposición a la dictadura franquista y a la política norteamericana y la Sexta Flota buscó puertos alternativos como el de Palma de Mallorca y el de Tarragona. Coincidió este periodo con frecuentes episodios delictivos, que hasta entonces se había procurado mantener ocultos a la prensa, pero la salida a la luz pública de las peleas que enfrentaban a marines y marineros, blancos y negros, tripulantes con civiles y prostitutas, el abuso del alcohol y la incipiente presencia de la heroína, convirtieron el barrio Chino en un polvorín.

Por la Rambla de principios de los 80 abundaban grupos de personas que se manifestaban contra la presencia norteamericana gritando consignas como: “Yanquis go home” y la presencia de la Sexta Flota se percibía como una provocación. Incluso se produjo un atentado el día 26 de diciembre de 1987. El USO Mediterranean Fleet Center, un club privado que la Sexta Flota tenía en la plaza Duque de Medinaceli, recibió el impacto de un par de artefactos lanzados desde la calle. Cuatro jóvenes resultaron heridos y hubo un fallecido. Tres días más tarde los barcos anclados en el puerto de Barcelona pusieron rumbo a Nápoles. La Marina norteamericana consideró que Barcelona ya no era un puerto seguro y desde entonces la US Navy solo vuelve a la ciudad muy de tarde en tarde.

*Foto: Nat Farbman, Life

Excusa

Excusa

Me molestó la excusa de que no había podido venir porque su padre había muerto, porque yo sé que su padre lleva muerto cinco años.

Quise pedirle que inventara otra historia, que yo sabía… Pero caí en la cuenta de que la muerte de un padre empieza a dolerte cuando tú decides y no cuando se produce.

Y este es Tolstoi

Y este es Tolstoi

Un día Vladimir Nabókov entró con paso decidido en el aula donde impartía clase de literatura a sus alumnos norteamericanos y se puso a encender una por una todas las luces de la clase mientras anunciaba: Esta es Chéjov… esta es Gógol… esta Turguénev… Finalmente abrió las cortinas de par en par y cuando una catarata de luz inundó la clase, proclamó: Y este es Tolstoi.

El Quijote interactivo

El Quijote interactivo

Es posible que hayas leído El Quijote, pero seguro que no ha sido la edición de 1615. Ahora la Biblioteca Nacional de España ofrece una versión de esta obra digitalizada interactiva.

Puedes leer El Quijote directamente en el navegador, pasar las páginas como en un libro de papel e imprimir las que te interesen. Al ser una edición interactiva existe la oportunidad de ver los lugares donde transcurre la obra, galerías de imágenes, ediciones alternativas, música de la época…

También es una buena opción poder cambiar la versión en castellano antiguo por la de español moderno.

Quijote interactivo 

Sueños marchitos

Sueños marchitos

A veces tengo ganas de morir.

A veces no tengo ganas de vivir.

La esperanza de la muerte

hace que la vida sea más bella,

eterna bajo el peso de mármol de los días.

Hoy ya no queda nada de la luchadora que fui

cuando con el alma exhausta

vivía el fulgor de la libertad y de los sueños.

Llevar una existencia clandestina y sin arraigo,

transitar por territorios inhóspitos,

sobrevivir indemne y traicionada, incomunicada.

Escapar de la fatalidad

antes de caer fulminada

por esta realidad implacable y gris,

por sombras que yo misma tejí.

Vivo horas inmóviles,

un tiempo detenido

ante el inminente acto final.

Caerá el telón,

caeré con los ojos envenenados de fatiga.

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Es la luz

Es la luz

No es una magdalena, sino un rayo de luz que me recuerda a otro idéntico, el que dispara el poder de evocación de mi memoria.

La habitación se ilumina con el sol de la tarde. Una luminosidad amarilla e intensa envuelve la escena cotidiana. Una mujer inclinada sobre la máquina de coser pespuntea dos trozos de tafilete que habrán de convertirse en zapatos. Una niña está sentada en el suelo, junto a ella. Hilos de colores, tijeras, recortes de piel y el olor a cement impregnando la atmósfera. El ruido del pedal topando rítmicamente contra el suelo es la música que suena de fondo.

La ventana es una catarata de luz que inunda el alma. La nostalgia acecha, pero no logra imponerse a la luz.

Somos dos, aunque fuimos un millón

Somos dos, aunque fuimos un millón

Somos dos, aunque fuimos un millón.

Dos que se funden en uno desintegrados en añicos.

Juntos intentamos recomponer la vida

pero no quisimos reconstruir el pasado

nos pusimos a crear un presente

con los restos de unos cristales

a los que fuimos limando aristas.

Ahora tenemos un bello espejo

donde se reflejan sonrisas y esperanza,

la ilusión por compartir en uno

los millones de trozos que aún somos.

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