Blogia

Cierzo

Que se mueran los feos

Abramos cualquier diario por la página de anuncios clasificados y detengámonos en las ofertas de trabajo. ¿Qué porcentaje de anuncios requiere, exige o valora la buena presencia? ¿Qué es la buena presencia? Digámoslo sin ambages y dejando de lado la maravilla del lenguaje políticamente correcto: ser guapo, tener buena planta, o sea, no ser un adefesio, bajo y/o gordo. ¿No es esto pura discriminación? Sí. Comparable al racismo o a la xenofobia. Entonces, ¿qué actitud tomar ante las consecuencias sociales de ser guapo o feo? ¿Cómo lidiar con esa tácita y difusa tendencia que nos inclina a admirar y a mimar a los más bellos?

Honesto es no negar nuestros prejuicios y, en lo posible, contrarrestarlos. Porque la importancia que le concedemos a la apariencia física, al rostro, a la primera impresión, ha aumentado tanto en nuestra sociedad que estamos dominados por la imagen. No se trata sólo de que el cine, la televisión, la publicidad o las revistas nos ofrezcan constantemente modelos ideales de belleza, difícilmente accesibles para el común de los mortales. Se trata también, de que, por ejemplo, en el cine la bondad o la maldad son, sobre todo, caras, gestos en los que se adivina inmediatamente la bondad o la maldad. El guapo es el bueno de la peli, el héroe. Mientras que al feo le reservan los peores roles.

Somos lo que parecemos. La impersonalidad de la sociedad nos impulsa a juzgar rápidamente al otro a partir de lo que vemos, de esa primera imagen que nos formamos de él, y que pocas veces tenemos ocasión de revisar y corregir. Incluso hemos llegado a especializarnos en el arte de adivinar y catalogar la personalidad que se esconde tras un rostro, una indumentaria, un coche... Es por nuestro aspecto por lo que nos aceptan o nos rechazan de entrada. Y es honesto reconocer que se trata de una injusta discriminación, aunque nos mueva a ella una inercia instintiva.

Sabiendo que se nos discrimina por nuestro aspecto y siendo conscientes de nuestra falta, podremos neutralizar el prejuicio y compensar la desigualdad de oportunidades y las situaciones vejatorias. Los "menos agraciados" deben tener también la oportunidad de demostrar su valía.

 

Otro 8 de marzo

Otro 8 de marzo

El 8 de marzo de 1857, una marcha de obreras textiles recorrió las calles de Nueva York para conseguir unas mejores condiciones de trabajo. Era la primera vez que algo así ocurría.

El 5 de marzo de 1908, también en Nueva York, unas 40.000 costureras industriales de grandes factorías se declararon en huelga reclamando el derecho a sindicarse, mejores salarios, descanso dominical, reducción de la jornada laboral a 10 horas, formación laboral, un tiempo para lactar a sus hijos y el rechazo al trabajo infantil. Durante la huelga, 129 trabajadoras murieron quemadas en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, los dueños de la empresa las mantenían encerradas para obligarlas a seguir en sus puestos e impedir que se unieran a la huelga.

El año 1977, Naciones Unidas declaró el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El color lila con que se identifica esta fecha es el del tejido que confeccionaban las obreras el día que murieron.

El Día de la Mujer Trabajadora es una conmemoración y no una celebración. Han sido muchos los logros alcanzados, pero las mujeres y los hombres aún no disfrutamos de los mismos derechos ni de igualdad de oportunidades, por eso nuestro objetivo es no tener que reivindicar nada: alcanzar la ansiada igualdad.

 

 

Gilda

Gilda

La ves y es imposible olvidarla. Ella se mueve como jamás nadie se ha movido sobre un escenario. Su voz sensual y sugerente es lo de menos: derrite al público con su mirada, su roja melena seduce, su sonrisa hechiza y sus caderas enardecen al más pintado. Actúa en un casino de Buenos Aires. Entre su repertorio: "Amado mío", para calentar motores, y "Put the blame on mame" para quedarse por siempre en nuestra retina. Canta sólo para él, Johnny Farell, es el afortunado destinatario del veneno de su amor, pero la disfrutamos todos.

Avanza por el escenario con ese contoneo de caderas sinuoso que abre la falda de su vestido para mostrarnos la pierna de una bailarina consumada. Sus intensos labios rojos ansían un beso y ella sabe cómo lograrlo, le basta con quitarse un guante para quemar en las llamas de su erotismo al público que la contempla arrebatado. Su espléndida belleza hace el resto, ella es la "Diosa del amor", capaz de embelesar con una simple insinuación más que ningún otro mito erótico.

"Hago lo que quiero, cuando quiero y con quien quiero" y "si fuera un rancho, me llamaría Tierra de Nadie". Una provocación que escandalizaba en 1946 y que hoy es una declaración de principios para cualquier mujer. Nunca conseguía cerrar las cremalleras, pero Rita (Gilda) Hayworth ha logrado pasar a la historia del cine vestida de negro satén y lanzándonos una mirada excitante que obliga a creer en los sueños.

Los recuerdas

Los recuerdas

No sabemos exactamente cuántos son, pero llevan cinco años recluidos en un limbo legal llamado Guantánamo, sin cargos, sin juicios, sin derechos, sin poder recurrir su detención ante los tribunales civiles, sin vida. El mismísimo general de la Fuerza Aérea norteamericana, Michael Dunleavy, jefe de la base hasta el otoño de 2002, ha declarado que: "Entre los detenidos hay desde elementos muy peligrosos a marginados sociales. Incluso hay personas que realmente no deberían estar aquí". También ha manifestado refiriéndose a los presos: "Están bien alimentados, pueden ducharse dos veces por semana y salen al pequeño patio solos, durante 15 minutos cada tres días". "El mayor problema", agrega el coronel, "es el enorme aburrimiento de los presos, que prácticamente no se mueven durante todo el día".


Documento gráfico ofrecido por el diario "El País": Cárcel militar de Guantánamo (Cuba)

Si ver estas imágenes te ha provocado alguna reacción que no sea la de indiferencia, haz algo al respecto: Amnistía Internacional

La democracia tiene estas cosas

Cuando Iñaki De Juana Chaos fue a la cárcel en 1987, condenado a más de 3.000 años de prisión por 25 asesinatos, ya quedaba implícito que el cumplimiento de su condena no excedería los veinte que estipulaba la ley vigente en ese momento. Como todos sabemos, De Juana saldó su deuda con la sociedad pasados 18 años, y ya estaría en la calle de no haber sido procesado y condenado por dos artículos amenazantes publicados en el diario Gara, algo que ha dado pie a una serie de despropósitos de todo tipo.

Iñaki de Juana Chaos inició una huelga de hambre intermitente, que ha deteriorado su estado físico en las últimas semanas, y el Gobierno, aplicando estrictamente el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario, vigente desde 1996, y mediante la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, ha decidido proponer al juez de Vigilancia Penitenciaria la prisión atenuada para el reo, una decisión que puede salvarle la vida.

En el terreno estrictamente humano, esta decisión ha indignado a una parte de la sociedad española. Es difícil aplicar clemencia a alguien que no tuvo ninguna piedad para con sus víctimas. Nadie, excepto sus más íntimos allegados, derramaría una lágrima si De Juana muriese de inanición. Es lo que dicta nuestro instinto de venganza. Pero vivimos en un Estado democrático y no bajo el imperio de la ley del talión, nos ha llevado muchos siglos conseguir que el "ojo por ojo y diente por diente" se quedase donde está, en el libro del Éxodo del Antiguo Testamento.

Luego viene el Partido Popular sembrando cizaña. Oculta de forma deliberada que, actualmente, De Juana no cumple condena por delitos de sangre, sino por amenazas, y crispa los ánimos de manera obscena jugando con las emociones de los ciudadanos. Las declaraciones de ciertos miembros del PP son... Acebes proclamando que el pasado jueves fue el peor día para la democracia, cuando él mismo ha proporcionado desde su cargo actos tan contrarios a ella. Esperanza Aguirre, asegurando que el jueves fue el día más triste para España, como si no hubiera existido nunca el 11-M y otros tantos días aciagos plagados de muertos inocentes. Las amenazas de Rajoy: esta historia no se acabará aquí... Quizás no lo comprendan, pero el Gobierno no debe actuar como lo haría un terrorista. La victoria de la justicia sobre la venganza es un logro de la civilización al que no tenemos que renunciar nunca.

Carmen relata

Quiero exponer unas reflexiones sobre mi propia estupidez, que espero sirvan para que otras mujeres reconsideren sus posturas y no caigan en las trampas que a veces nos pone el amor.

Conocí a un hombre en un chat sobre libros y literatura, me dijo que era cirujano y que estaba de baja por depresión, que preparaba una novela, que aprovechaba su mucho tiempo libre para leer, que se había separado de su mujer... Intercambiamos nuestras direcciones de correo electrónico y al día siguiente me envió seis mensajes comentándome cuánto había disfrutado conversando conmigo, lo agradable que yo le parecía. Sentí miedo, una sensación de acoso, sus palabras fueron sumamente amables y afectuosas, pero me provocaron una reacción visceral de temor. Mi instinto me alertó.

Fuimos intimando, cada día me mandaba una media de seis correos con párrafos de su novela, versos que me dedicaba, cuestiones personales... Transcurrieron las semanas hasta el verano y me invitó a visitarle, yo sospechaba que pretendía un acercamiento físico y le advertí que no estaba interesada, pero él me aseguró que serían unas breves vacaciones para desconectar de la rutina, sin compromisos. Me persuadió y tomé un avión para reunirme con él. Nada más verle en el aeropuerto, experimenté la segunda señal de alarma. Me desagradó. No por nada en concreto, fue otra intuición. No era atlético y bien plantado, sino más viejo, más bajo, más calvo y con más barriga de como se había descrito. La fotografía que me remitió se la hizo seis años antes. No me importó demasiado su "engaño", tras varios meses de abundantes confidencias creía conocerle por dentro, creía saber quién era.

Me condujo a su "chalet cerca del mar", un bungaló desde el cual el mar se adivinaba más que se veía, me enseñó Mallorca, fuimos amantes, me enamoré, me declaró su rendido amor y transformamos nuestros sueños en un proyecto de futuro. Acordamos que yo vendería mi piso recién comprado y dejaría mi trabajo para trasladarme a Palma, él disponía de muchos contactos en la isla y me resultaría fácil encontrar un nuevo empleo, además su posición económica era desahogada y le permitiría mantenerme hasta que me saliera algo. En este punto no nos pusimos de acuerdo, yo no consentí en a vivir a sus expensas.

Regresé a casa dispuesta a sacrificarlo todo por el hombre al que amaba, mi familia, mis amigos, mi pisito, que con tanto cariño y esfuerzo iba convirtiendo en un hogar, mi deseada independencia y mi puesto de trabajo. Solo necesitaba su amor y su compañía para ser feliz, lo demás no me importaba.

Hablábamos a diario por teléfono y nos escribíamos largas cartas. Una noche sonó el teléfono a las cinco de la madrugada, me llevé un susto de muerte, era él, de fondo se escuchaba la música estridente y el murmullo de conversaciones propio de un pub o de una discoteca, estaba borracho. Me habló con tono agresivo quejándose de la vida, de la gente, de su soledad y al final me dijo que iba a tirar a la basura mis regalos, le dolía verlos. Tomó por costumbre llamarme a horas intempestivas, casi siempre ebrio, se emborrachaba para superar el dolor que le producía tenerme lejos, ésta era su excusa. Otra noche me comunicó que acababa de salir de un club de alterne, se había acostado con una prostituta porque sentía necesidad de mí.

Decidí romper nuestra relación, me había mentido en cientos de pequeñas cosas, me hacía daño, estaba empezando a sufrir. En su respuesta llena de odio, me acusó de no amarle, de ser injusta e intolerante. Luego me pidió perdón, estaba enfermo, era un ser humano y los seres humanos cometen errores, por eso merecen una segunda oportunidad. Quise demostrarle mi sincero afecto y mi capacidad de perdón y le di otra oportunidad. Puse mi piso a la venta, pero era verano y no aparecieron compradores. Presenté mi renuncia en el trabajo, pero la mitad del personal estaba de vacaciones y me convencieron para que me quedase un par de meses, hasta que encontraran a alguien que me sustituyera. Él se tomó los retrasos muy mal, pensaba que eran impedimentos deliberados por mi parte. Se tornó agresivo, sus palabras me herían, me sentía humillada, despreciada, me desafiaba, se quejaba de no entenderme.

Caí enferma, tanta tensión hizo mella en mí. Veía con nitidez meridiana que ese hombre era un ser dañino y peligroso que debía salir de mi vida lo antes posible. Me castigaba con su silencio, desconectando el teléfono o sin responder a mis mensajes para aumentar mi preocupación. Me anunciaba sus intenciones de matarse porque no soportaba vivir sin mí. Yo sufría lo indecible, me había enseñado una escopeta de caza que guardaba en su dormitorio y temía que pudiera herirse para hacerme sentir culpable, nunca le creí capaz del suicidio...

Le rogué que me olvidase, que cada uno siguiera por su camino, y su venganza fue de una refinada crueldad. Me escribió un e-mail comunicándome que regresaba con su esposa, que se había burlado de mí porque nunca me quiso, que solo fui una distracción para su aburrimiento y que ya no me necesitaba para nada. Sus palabras supusieron un duro mazazo y un verdadero alivio. Pasé dos meses destrozada, mi cerebro comprendió casi de inmediato que me había tocado el premio gordo de la lotería, pero mi corazón estaba herido de muerte.

Me hallaba hundida en una sima de dolor cuando recibí otro correo suyo, la reconciliación con su esposa no funcionó, volvía a estar solo, había descubierto que sus sentimientos hacia mí eran amor verdadero y me suplicó que volviéramos a empezar. Pero yo había caído en una profunda depresión y estaba muy enferma, no iba a recorrer de nuevo el mismo camino espinoso. Le conté a mi hermana toda la historia una tarde que me acompañó al médico, lo primero que hizo fue coger mi teléfono móvil y borrar su número, luego llegamos a casa y en una bolsa grande fue metiendo cada recuerdo suyo que conservaba, me hizo prometerle que jamás me pondría en contacto con él.

Cada día doy gracias por no haber encontrado rápidamente un comprador para mi piso, porque mi jefe no solo olvidase mi renuncia, sino que me haya ascendido de categoría, por haber recuperado la salud y las ganas de vivir después de un año largo de enfermedad, por haber conseguido arrancar de mi corazón a esa alimaña que me convirtió en su víctima, por hacer caso, aunque fuera un poco tarde, a mi intuición, que me gritaba a cada instante: ¡Déjalo, olvídate de él!

Mi caso es un cuento de hadas comparado con las vivencias de otras mujeres, y me siento afortunada por ello. Esta experiencia me ha hecho todavía más solidaria con las víctimas de malos tratos y me ha abierto los ojos. Nadie está a salvo. Nos puede ocurrir a todas. Hagamos caso a esa luz roja que siempre se enciende para avisarnos de que algo no marcha como debería. No es el amor el que perjudica seriamente la salud, es la estupidez.

* Carmen me ha pedido que explique su historia para alertar a las mujeres que se hallan en una situación semejante. Por la misma razón, yo he accedido a relatar su caso.

Halong

Halong

Los compañeros planean las próximas vacaciones de Semana Santa y me preguntan: ¿Adónde irás tú? No sé adónde iré, pero sé desde hace mucho cuál es el lugar en el que me gustaría perderme: Halong.

La bahía de Halong siempre me ha parecido el lugar encantado donde moran los dragones celestiales. Me imagino qué debe ser estar ahí, en medio de esas moles calizas, sintiendo el silbido del viento que te acaricia, viendo volar a ese pájaro que atraviesa el cielo hasta perderse en el bosque de bambúes y escuchando el silencio.

Narra la leyenda que el emperador de Jade, señor del cosmos taoísta, gritó su cólera a los vientos denunciando una invasión y fueron los mismos dragones los que acudieron en su ayuda, arrojando de sus gargantas un aluvión de perlas que dieron lugar a las islas. También cuentan que fue un dragón el que bajó desde las montañas rompiendo todo a su paso antes de sumergirse en el mar del golfo de Tonkín. Dicen que su movimiento provocó un seísmo de tal magnitud que resquebrajó la roca y horadó la piedra caliza. Así se formó el maravilloso paisaje de formas y esculturas que surgen en medio del mar de China.

Cada vez que evoco ese paisaje, me encuentro en una pequeña barca de junco y me acompaña Tony Leung. Juntos admiramos esas formas sobrenaturales que se yerguen ante nuestros ojos, las aguas tranquilas están llenas de esmeraldas brillantes que centellean bajo el sol del crepúsculo y cae una fina lluvia. Quizás la levedad de la niebla nos permita descubrir dónde duermen los dragones, después... Quién sabe, tal vez aún conserva ese apartamento en Cholen...

 

Si no estás conforme, date de baja

A partir del próximo día 1 de marzo, las operadoras de telefonía móvil, acostumbradas a aplicar el redondeo al alza en la tarifación, estarán obligadas a facturar únicamente por el tiempo consumido, en virtud de la Ley de mejora de la protección de los usuarios. Por esto, el Instituto Nacional de Consumo recuerda a los usuarios de telefonía móvil que, debido a estas modificaciones al alza de las tarifas, pueden darse de baja sin penalización alguna.

Ante estas variaciones, Consumo recuerda dos aspectos. El primero, que el usuario tiene derecho a ser informado con un mes de antelación de las modificaciones de tarifas de telefonía móvil. Y el segundo, que las operadoras no podrán condicionar la portabilidad -cambio de operador con conservación del número- más que en el caso de corte previo del servicio por falta de pago.

De esta manera, en el caso que los usuarios decidan no aceptar las modificaciones de tarifa propuestas por las operadoras, tienen derecho a desistir del contrato sin estar condicionado u obstaculizado por las cláusulas de permanencia, ni vincularse a pagos previos en concepto de penalización, siendo las cláusulas de penalización más comunes las relacionadas con permanencia o financiación del aparato terminal.

Más información en la página del: Instituto Nacional del Consumo

Alcoholismo

Un estudio realizado por el Ministerio de Sanidad reflejaba que más del 60% de niños de entre 13 y 14 años bebe regularmente alcohol los fines de semana y más del 35% admite haberse emborrachado al menos una vez al mes. Estos chavales tienen padres, pero parecen no darse cuenta o no quieren ver el estado etílico en el que se encuentran sus hijos, porque no hacen nada efectivo al respecto.

España es un país donde el alcohol recibe un tratamiento "peculiar" permisivo. Somos el séptimo país del mundo en consumo per capita de alcohol (teniendo en cuenta la cantidad de población, es un dato a considerar) y, en cuanto a bares, tenemos la cifra más alta de toda la Unión Europea: 320.000, uno por cada 134 habitantes.

El consumo de bebidas alcohólicas entre la juventud es un elemento socializante, que sirve de válvula de escape de una realidad no grata. La mayoría de jóvenes admite que no puede divertirse, relacionarse o ligar sin haber ingerido alcohol. Casi nadie reconoce que es una droga y poco a poco necesitan incrementar las dosis para pasarlo bien.

El consumo de alcohol causa directamente más de 13.000 muertes anuales en España y se calcula que más de tres millones de españoles son alcohólicos. Pero estas cifras no nos quitan el sueño. Un millón de jóvenes de entre 15 y 24 años están cada domingo en la calle pasadas las seis de la mañana y el grupo de 19 a 20 años se distingue por su forma de vivir la noche: nada menos que un 34,4% bebe alcohol de forma abusiva. Lo preocupante es que quien se distancia del estereotipo, y no consume alcohol o drogas durante los fines de semana, es considerado "raro" o "inmaduro" y el grupo lo rechaza, afirma un reciente informe de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).   Seis de cada diez jóvenes, según una encuesta del Instituto de la Juventud (Injuve), califican a su padre como poco o nada estricto, una opinión que se incrementa hasta el 68 por ciento cuando se trata de la madre. Más de la mitad de los encuestados goza de libertad para levantarse cuando quiere, pasar la noche fuera o tomar copas en casa. Los padres se preocupan cuando sus hijos salen de noche, pero ¿qué hacen si regresan borrachos o "colocados"?       

Máquina de escribir

Máquina de escribir

La máquina de escribir fue uno de los grandes inventos del siglo XVIII. La primera patente se registró el año 1714, por el inglés Henry Mill, que la definió como "una máquina para la impresión o trascripción de cartas".

En 1808, el italiano Pellegrino Turri inventó una máquina para escribir por razones meramente románticas. Este gran aficionado a la mecánica quiso facilitarle a la hija del conde Fantoni, ciega de nacimiento, la posibilidad de escribir su propia correspondencia.

El 23 de julio de 1829, Austin Burt, de Detroit, obtiene la patente para una máquina de escribir creada toda en madera, por desgracia, a causa de un incendio en la Oficina de Patentes de Washington, que ocurrió en 1836, el prototipo se quemó.

Javier Profin, impresor de Marsella, inventó en 1833 otra máquina denominada "pluma tipográfica", destinada a escribir, tanto como para imprimir y servir de base a la formación de planchas tipográficas y a la escritura de signos musicales. El 6 de septiembre fue patentada con el número 3748. Se puede considerar la primera máquina de uso generalizado y se parece a la Milwaukee, inventada 40 años más tarde y que fue después la Remington.

En 1837 Guissepe Raviza, construye el "cembaloescribano", de esta máquina se dice que fue la más perfecta hasta la construcción de la Remington.

 

En 1901 se comercializa la Underwood número 5. La máquina de escribir más vendida de la historia: 800.000 unidades entre 1901 y 1915

Durante 1920, el diseño de la máquina de escribir manual o mecánica se estandariza y en 1934, IBM comercializa el primer modelo de máquina de escribir eléctrica: la IBM modelo 01. En 1974 IBM lanza al mercado la primera máquina de escribir con memoria y procesador de textos. Los PC han heredado algunos de sus componentes, comenzando por el teclado.

La imprenta de Gutemberg fue una luz en las tinieblas de la ignorancia, la escritura mecánica supuso otro paso de gigante al facilitar la lectura de documentos, acelerar el despacho de correspondencia y permitir las copias de documentos (hasta 5). Legibilidad, comunicación y producción se alían para que la nueva sociedad del siglo XIX acepte la máquina de escribir. Los hombres de negocios, los escritores y los periodistas fueron sus grandes valedores y los artífices de su excelente acogida.

En la foto: la máquina Malling-Hansen, creada en Dinamarca el año 1864. Actualmente está considerada como la máquina de escribir más valiosa del mundo.

 

 

Vida de Pedro Saputo

Vida de Pedro Saputo

"Vida de Pedro Saputo" la escribe Braulio Foz en 1844. En este año se editan cincuenta y una novelas en toda España, lo que constituye un récord hasta entonces. En estos años el romanticismo va cediendo a una nueva corriente realista. Los orígenes de nuestro personaje no están claramente definidos y andan entre una fuerte tradición oral viva y una figura literaria de héroe aragonés. La situación temporal de los hechos narrados no está determinada, aunque es clara una distancia en el tiempo entre la narración y los sucesos contados. Los pensamientos anticlericales de Braulio Foz los deja traslucir a lo largo de la obra, censurando la condición del clero y religiosos de ambos sexos de una manera persistente. La lengua usada tiene recuerdos de la narrativa del Siglo de Oro ("hablades", "estábades", "hacello", "e" en lugar de "y",...). Por otra parte, Braulio Foz utiliza un estilo ágil, directo, lleno de formas coloquiales que resulta eficaz para presentar y caracterizar a los personajes. También utiliza muchas voces con marcado carácter regional aragonés, empleando frecuentemente rasgos dialectales del habla local.

La gracia atrevida, traviesa y burlesca tiene amplia cabida en su narrativa. Es muy popular la retahíla de improperios que dedica a una anciana indiscreta que interrumpe la actuación de la tuna estudiantil a la que acaba de unirse nuestro personaje Pedro Saputo: "¡Vaya con Dios la elle, piltrafa, pringada, zurrapa vomitada, albarda arrastrada, tía cortona, tía cachinga, tía juruga, tía chamusca, pingajo, estropajo, zarandajo, trapajo, renacuajo, zancajo, espantajo, escobajo, escarabajo, gargajo, mocajo, piel de zorra, fuina, cagarruche, ...., sapo revolcado, jimia escaldada, cantonera, mocholera, cerrera, capagallos,...Y cesó tan alto perenne temporal de vituperios, porque la infeliz despareció de la vista" (lib.2,cap.X).

Nuestro personaje ama profundamente a su tierra, la quiere conocer directamente, visita lugares que la historia ha dejado recuerdos gloriosos (San Juan de la Peña, San Victorián, Sigena, Montearagón, El Pilar,...). El amor que Pedro profesa a su tierra queda patente en numerosas ocasiones en el fuerte sentimiento con el que describe sus paisajes: "¡Oh, montes de mi lugar! ¡Oh, peñas y fuentes, valles y ríos, ambiente, cielos, nubes y celajes conocidos...! ... ;pero halló el mismo amado cielo, el mismo amado suelo, la misma amada campiña, los mismos caminos, avenidas y ejidos que de niño recorrí; y era en fin, su lugar, era su pueblo, era su patria; y allí estaba su cuna y su casa donde se crió dulcemente" (lib2capXV).

La inteligencia del héroe es algo que si empieza en lo fabuloso, se atempera pronto a modos razonables, y si hubo un conato de mitificación inicial, sin entrar en el dominio de lo fantástico, Saputo puede convivir pese a la superioridad de sus grandes dotes, con los demás convecinos, de los que gana la admiración y comparte la vida. De lo que tampoco anda carente nuestro personaje es de sensibilidad, de amor a su tierra, a su paisaje, a su madre, a sus gentes, a sus recuerdos de niño. El final de la obra con la misteriosa desaparición del héroe deja la historia en los límites de lo mítico, la grandeza de Saputo no le permitía tener un final corriente al uso de los mortales.

 

LOS HIGOS DE ALMUDÉVAR

En las afueras de Almudévar había una higuera que nunca jamás había dado fruto, y un año produjo tres higos tan hermosos y extraordinarios, que el ayuntamiento pensó enviárselos al Rey como regalo. Para tal misión nombraron a Pedro Saputo.

Compraron a un cestero la cesta hecha con los mimbres más finos y encargaron a unas bordadoras unos cojines de seda y raso, rellenos de plumas para que los higos no se aplastasen. Una vez colocados los higos en tan lujoso recipiente, le entregaron la cesta a Pedro Saputo y éste se puso en camino hacia Madrid.

Pero iba Saputo intranquilo pensando en la tontería tan grande que era su misión, llevarle tres higos al Rey de España. Sabía que en la Corte se iban a reír de él y esto no lo iba a consentir, así que empezó a pensar el modo en que iba a dirigirse al Rey y quedar lo mejor posible, él y su pueblo.

Pedro Saputo sabía por viajes anteriores que había hecho, que últimamente en la Corte se llevaban mucho las conversaciones ingeniosas, las frases con doble sentido y en general cualquier tipo de agudeza. Así, que discurriendo, fue andando hasta que a mitad de camino se dijo: para lo que tengo pensado, me puedo comer un higo, así que se lo comió.

Cuando llegó a palacio pensó que debía coger fuerzas para enfrentarse al Rey y a sus cortesanos y como para su idea sólo le hacía falta un higo, se comió el segundo.

Pidió audiencia al Rey, diciendo que venía de Almudévar y que traía un regalo que sería comentado y recordado durante toda la historia como la cosa más estupenda que se había visto.

El Rey picado por su curiosidad le recibió en el salón del trono, leyó la nota que enviaba el ayuntamiento de Almudévar donde le contaban la historia de la higuera y le dijo a Saputo: - ¿Así que me traes tres higos? - Sí, señor, aquí están en la cesta. Se la entregó a Su Majestad que la abrió y viendo solamente un higo, dijo: - Aquí sólo hay un higo. - Pues sí, respondió Saputo. - Pero la nota dice tres, dijo el rey. - Lo que ha ocurrido, Majestad, es que antes de llegar me he comido yo los otros dos. -¡Que te los has comido!, exclamó airado el Rey ¿Y cómo has hecho eso?, le preguntó. - Así, respondió Pedro Saputo, y cogiéndole al rey el higo de la mano se lo comió con toda tranquilidad.

Los cortesanos se quedaron horrorizados, pero el Rey respondió con una carcajada a la astucia de Saputo. El hecho le hizo tanta gracia al Rey que colmó de regalos a Pedro Saputo, el cual volvió a su pueblo con la satisfacción del deber cumplido.

Ricardo Paraled, Fragmento extraído de: Historias de los pueblos de Aragón

Violencia televisiva

¿Podemos acusar a la televisión de ser uno de los factores que han aumentado las tasas actuales de asesinatos?

En Estados Unidos se han realizado estudios exhaustivos sobre la violencia televisiva y sus consecuencias. Sissela Bok comprobó que el 98% de los hogares norteamericanos disponen de televisor, que la mayoría de los niños tiene uno en su habitación y que la mayoría de las familias tiene la tele encendida durante 7 horas al día. Al finalizar la escuela primaria, cada niño ha visto una media de 8.000 asesinatos. A los 18 años, el estadounidense medio ha presenciado unos 18.000 asesinatos a lo largo de 15.000 ó 20.000 horas, pero sólo ha asistido a 11.000 horas de clase en la escuela. En resumen, la televisión es una poderosa y persuasiva compañera de la mayoría de los niños.

¿Hasta qué punto es efectiva la violencia en la televisión o en el cine para conformar los valores humanos? Dave Grossman, psicólogo del ejército estadounidense, describió en un informe las técnicas más sofisticadas utilizadas por el gobierno de su país para preparar a los reclutas y ayudarles a superar su reticencia a matar. Dichas técnicas fueron elaboradas por un comandante de la armada y psiquiatra llamado Dr. Narut. La preparación consistía en atar a los reclutas frente a un aparato de televisión y obligarles a ver escenas violentas. Tal y como ocurría en la película "La naranja mecánica", los reclutas veían los más horribles crímenes. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría en la película, no se les suministraban drogas para provocarles asco. Al contrario, el objetivo consistía en insensibilizar a los reclutas ante la violencia y condicionarles a aceptar el asesinato como un simple hecho.

Grossman ha escrito: "Estamos haciendo un gran trabajo al insensibilizar y condicionar a nuestros ciudadanos ante el asesinato, mejor de lo que el comandante Narut jamás soñó en conseguir. Si nuestro objetivo consiste en educar a una generación de asesinos que no pueden ser frenados ni por la autoridad ni por la naturaleza de la víctima, resulta difícil imaginar cómo podría hacerse mejor". Ésta es una opinión generalizada, los telespectadores opinan que la televisión condiciona a las personas a ser violentas.

Es posible que la televisión tenga su parte de culpa al sumar su granito de arena a la violencia social, pero la violencia y el asesinato son inherentes al ser humano, ya existían mucho antes de inventarse la televisión. Los hombres primitivos también aplicaban la violencia para dirimir sus diferencias. El hombre ha matado con palos, con piedras, con hondas, con flechas, con arcabuces, con fusiles de asalto con gases tóxicos o con armas nucleares. Todos los hombres se convierten en asesinos cuando se les somete a un nivel de provocación suficiente. Sabemos que la mayoría de los asesinos son gente cuerda y admitimos que sometidos a unas circunstancias particularmente adversas que afectasen a nuestra supervivencia seríamos capaces de cometer un homicidio. El asesinato es una posibilidad siempre presente en todas las culturas porque sus raíces son biológicas. El asesinato está codificado en nuestro ADN, como lo está en los genes de nuestros primos los simios. Es preciso entenderlo así y comprender el ambiente en el que se produce, un mundo de intensa competencia en el que los ganadores han decidido nuestro patrimonio genético durante millones de años.

El 90% de de los asesinos son hombres y el 61% de los infanticidios son perpetrados por la madre. Esto son sólo cifras, pero para comprender un asesinato hay que dar un paso más: cada asesino ha tomado la decisión consciente de matar y es una persona responsable de dicha decisión, es decir, la responsabilidad del asesino es particular del propio asesino, y no de la sociedad en su conjunto.

 

ASPANSOR

ASPANSOR es una Asociación de Padres de Niños Sordos que pretende reunir a quienes viven el problema de la integración de los niños con discapacidades auditivas.

Ofrece servicios de integración laboral, videoteca subtitulada, información sobre la sordera, seminarios para padres y educadores, logopedia...

Más información en: ASPANSOR

La última morada

La última morada

El cementerio de Montparnasse es la residencia permanente de muchos difuntos ilustres, que hoy, como ayer, pasean cubiertos de gloria por los pasillos de tumbas.

Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Dreyfus, el judío cuyo affaire dividió a Francia durante años; André Citröen, el de los coches; Emile Durkheim, fundador de la sociología con un estudio sobre el suicidio; Tristan Tzara, jefe de los dadaístas, Guy de Maupassant; Le Verner, el astrólogo que predijo la existencia de Neptuno; Cornelius Castoriadis, el filósofo griego; Baudelaire, Cioran; Beckett, Ionesco, César Vallejo, Julio Cortázar, Carol Dunlop, Marguerite Duras...

Judíos, cristianos, musulmanes, ateos... Tumbas de deportados de Auswicht, soldados muertos en la guerra de 1870, en la de 1914, en la II Guerra Mundial, en Indochina, huéspedes no tan conocidos reposan junto a las grandes glorias. Durmientes famosos y oscuros, todos igualados por la muerte, porque la fama es una representación simbólica que convierte a un individuo en una entidad abstracta, tan inabarcable como Saturno.

El legado árabe

Las civilizaciones son deudoras unas de otras. Grecia de Egipto, Roma de Grecia...

La cultura árabe también se nutrió de otras civilizaciones, la prueba está en el trabajo de los numerosos traductores, gracias a los cuales se han preservado los cimientos de la civilización occidental, revalidando el principio de Mahoma: "La tinta de los sabios es más sagrada que la sangre de los mártires". Esta consigna se acató de una forma obsesivamente divulgativa y la cultura musulmana asimiló el pasado tanto como fue pionera en muchos órdenes del saber. Aportó sus contribuciones a nuevas disciplinas como el álgebra, la trigonometría o la ciencia del tiempo, y mediante las matemáticas dio un aspecto formal a la arquitectura, a la música y a la decoración, especialmente en razón de la teoría de las proporciones. Avicena y Averroes impulsaron la filosofía. La astronomía y la astrología, la medicina y la farmacopea, la cartografía, la energía hidráulica, el laúd o el astrolabio son pruebas del esplendor musulmán que nos recuerdan que hubo un tiempo, cuando el Islam abarcaba desde los Pirineos a las puertas de China, en que en sus dominios tampoco se ponía el sol.

Sorprendida quédome

Una amiga me envía un artículo curioso sobre la influencia de la Luna en la cocina, escrito por Ramón Rocha Monroy. Un bonito ramillete de supersticiones que dice así:

"Las primeras observaciones astronómicas que sirvieron para medir el tiempo se concentraron en la luna. Sus cuatro fases aun hoy sirven para medir los meses en muchas culturas; pero la observación de los ciclos lunares contribuyó también a tener una idea del tiempo cíclico, de la muerte y la resurrección, porque la luna muere durante tres días, se regenera en el cuarto creciente, declina en el cuarto menguante y se sumerge en la oscuridad completando el ciclo de la vida y de la muerte.

La siguiente observación se refirió a la influencia que tiene la luna en las aguas, en las mareas, en la lluvia y en la agricultura, es decir, en los vegetales. Algunos pueblos la llaman La Madre de las Hierbas. Aun hoy, los pueblos agricultores siembran en luna nueva y cosechan en cuarto menguante; los cocineros franceses cosechan hierbas finas a media noche y a la luz de la luna llena para que conserven sus atributos. Del mismo modo, la luna rige la fecundidad de los animales. Las hembras son sensibles a los ciclos lunares desde la fecundación hasta el parto. En esta secuencia, las mujeres descubrieron la influencia de la luna en el ciclo menstrual (todavía hoy, las mujeres que viven juntas presumen de tener la regla simultáneamente) y en el parto, pues los cambios de luna señalan la fecha del alumbramiento.

Una estructura mítica es un sistema en el cual cada elemento se explica por el todo; nosotros separamos los elementos luna, agua, vegetación, mujer, pero son elementos de un todo, y en cada uno de ellos habita la totalidad. En esa lógica, hablemos ahora del agua.

Cuando uno se imagina el caos primigenio, ve un océano de agua en el cual la vida bulle en forma indiferenciada. Del agua nacen las formas. Por eso los ritos de inmersión o bautismo consisten en sumergirse en ese elemento que precede a toda vida para nacer de nuevo. Nacemos del agua.

Ahora hablemos de la cocina. En ella confluyen la carne y los vegetales, cuya vitalidad se mezclará en el agua con otros elementos. Mediante la cocción, el agua semejará ese caos primigenio donde la vida se mezcla hasta dar como producto un ser nuevo, que es mezcla de todos esos elementos. Pero todos esos elementos han recibido y reciben la poderosa influencia de la luna, de modo que el satélite nocturno está presente en la olla, a la hora de la cocción.

¿Y la mujer? A diferencia de los hombres, que son puntillosos en la exactitud de las medidas cuando cocinan, las mujeres apelan a sus ritmos, a sus pálpitos, a sus tinkazos, a sus pulsiones más íntimas para tomar una pizca de sal, un escrúpulo de orégano, unas ralladuras de jengibre, de nuez moscada o de pimienta de Cayena para provocar ese toque mágico que convierte el caos primigenio de la cocción en un manjar digno de una buena mesa. ¿Cómo lo hicieron? Ninguna mujer que se precie de tal es capaz de explicarlo, porque esas pulsiones internas que inspiran el toque vienen de la marea interior, del agua primigenia del vientre, de la matriz, que, como las mareas, está regida por la luna. De ahí el gesto de la mujer que agrega una pizca de algo para redondear un sabor, y el chasquido característico de la lengua cuando prueba y aprueba, acaso porque sabe que esa pizca es tan importante para el equilibrio del universo como cualquiera de las leyes de la física o de la astronomía.

Ahora entiendo por qué el oficio de cocinar en manos de un hombre me parece una impostura, casi digo un acto contra natura, en todo caso un acto racional, lleno de medidas y formas, y exento de esa influencia que el soplo lunar obra en las mujeres. Todavía no me topé con el baboso nostálgico que recuerda cómo cocinaba su papá; en cambio, a todos nos retoña el complejo de Edipo recordando la comida que preparaba nuestra madre. Nadie colecciona los secretos culinarios del abuelo, pero sí las recetas y la botica de la abuela. Cónyuges hay que acaban en el divorcio por comparar la calidad culinaria de la madre con la de la esposa; y es sabido que la mejor forma de anudar un matrimonio es la astucia femenina de amarrar al hombre por el vientre, por el gusto.

La cocina como oficio femenino depende del humor de la mujer. Si le vino la regla, se le caerá la masa que debía madurar, o no esponjará debidamente el pan, o la jakalawa saldrá aguachenta. Si acaba de embarazarse, el ají de papalisa tendrá un sabor nuevo y desconocido. Si la mujer está con luna, la llajua le saldrá bravísima; y si está dispuesta a la fecundación, la comida tendrá su misky, su dulce pero en sentido quechua, es decir, su na, su este, esito que la hace deliciosa, inigualable. Un motivo más para amar cósmicamente a esas hechiceras lunares y misteriosas: las mujeres".

Cada cual es muy libre de creer lo que quiera, faltaría más, pero, que yo sepa, los nacimientos de las personas se producen durante todos los días del año y con independencia de la fase en la que esté la Luna.

No conozco ningún caso de mujeres que, por compartir piso, tengan la menstruación en la misma fecha.

Cuando uno se imagina el caos primigenio, no sé si ve, mayoritariamente, un océano lleno de vida. Yo visualizo más bien una negra inmensidad sin vida, será que tengo poca imaginación.

La cocina no se reduce únicamente a la cocción de los alimentos. Ignoro la nacionalidad del autor del artículo, pero en la mayoría de países, se fríe, se asa, se guisa, se adoba, se ahúma...

Que la mujer no sea tan escrupulosa como el hombre a la hora de aplicar medidas en la cocina, se debe a la práctica y no a la influencia de la matriz. Todas empezamos a cocinar pesando, midiendo y contando, luego la experiencia nos permite algunas licencias: cambiar ingredientes en una receta, variar cantidades... Los hombres, cuando cogen el tranquillo, también se rigen por el ojo de buen cubero y por sus gustos personales.

El oficio de cocinero podrá ser una impostura o una usurpación de funciones, no obstante, la realidad nos demuestra que los cocineros más eminentes y de mayor prestigio son hombres.

La frase: "Todavía no me topé con el baboso nostálgico que recuerda cómo cocinaba su papá; en cambio, a todos nos retoña el complejo de Edipo recordando la comida que preparaba nuestra madre", tiene miga. Muchos tienen una madre negada para la cocina y recuerdan con añoranza los guisos de cualquiera, que eran mejor que las bazofias que preparaba su mamá. Por cierto ¿qué pinta el complejo de Edipo en esto? Un niño desea sexualmente a su madre y por lo tanto siente hostilidad hacia el padre. Como ni el deseo sexual ni la hostilidad hacia sus padres son aceptables para la sociedad, estos deseos son reprimidos (dejan de ser conscientes y pasan a ser parte del inconsciente)". Freud dixit.

Cualquier mujer astuta sabe que al hombre se le amarra un poquito más abajo del vientre, pongamos por la entrepierna.

Si la menstruación consiguiera que la masa del pan no "esponjara", supongo que todas las trabajadoras de Bimbo se tendrían que quedar en su casa durante "esos días".

ICVoluntarios

En ICVoluntarios cooperan unos 1.500 voluntarios originarios de unos cien países y que hablan unos 65 idiomas, su misión es colaborar con la ONG en diferentes áreas: traducción, contabilidad, informática, revisión de informes, multimedia, desarrollo de sitios Web o de software...


Para conocer más detalles, visita: ICVoluntarios

La modernidad

La modernidad

La modernidad supone una quiebra total con lo existente. Constituye la negación de la tradición y el intento de reformar todos los valores. A partir de las últimas décadas del siglo XIX y hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial, la cultura occidental se ve sacudida por profundos cambios tecnológicos y culturales, de manera que se abre un abismo entre lo que pertenece al pasado y lo que es moderno.

En muy poco tiempo es posible hablar por teléfono con otra persona que se encuentra a gran distancia y se pueden telegrafiar noticias muy rápidamente a cientos de kilómetros. La bicicleta y el automóvil permiten recorrer distancias en una pequeña fracción del tiempo que antes se necesitaba para hacerlo a pie o a caballo. Por fin, se ha logrado conquistar el aire y se atraviesa el océano Atlántico en el inmenso aeróstato "Zeppelin" o en aviones tambaleantes. El descubrimiento de los rayos X permite observar el interior de las personas sin tener que causarles ni un leve rasguño. Uno va al cine y ve, en paralelo a su propia vida, otra realidad de imágenes que se suceden. Uno sube al ascensor de un rascacielos estadounidense y asciende cientos de metros en vertical. Las nuevas tecnologías reducen las distancias y hacen que la vida sea más rápida. Mientras en el día a día se constata empíricamente que el espacio y el tiempo ya no significan lo mismo que una vez significaron, la teoría de la relatividad de Einstein ratifica que ambas dimensiones no son constantes fijas, sino que dependen de la posición del observador.

Al mismo tiempo se transforman las relaciones entre las personas: hombres y mujeres, padres e hijos y extraños y conocidos. Las mujeres abandonan la familia y se lanzan a la calle para manifestarse por la reivindicación de sus derechos. Sus hijas ejercen una profesión. En las avenidas de las grandes ciudades europeas ha dejado de ser posible reconocer a qué clase social pertenece un hombre por la mera observación de su indumentaria. La imagen de la calle resulta desconcertante por la enorme cantidad de trajes negros, de confección industrial, que esconden la identidad de sus portadores. En los medios de transporte modernos como el tranvía o el autobús, personas totalmente desconocidas se apretujan en un sitio muy reducido. Los usuarios de los medios de transporte públicos aprenden a compartir un espacio y a mirar a impenetrables extraños sin hablar. Los transeúntes de las metrópolis viven la experiencia de la modernidad por excelencia: la soledad y el aislamiento entre la masa. Experimentan el anonimato.

Pero, por otro lado, es posible, al menos en los círculos de los artistas e intelectuales más abiertos, hablar libremente con extraños acerca de temas íntimos, los mismos que sólo veinte años antes hubiera resultado imposible expresar.

La modernidad es la conciencia de vivir un tiempo de desorientación, fragmentación y caos. Ya no hay puntos fijos en los que apoyarse. El mundo parece haberse atomizado en infinitos momentos fugaces. Dado que en el exterior no hay ningún sostén, el individuo desacoplado de su entorno se repliega en sí mismo. El marginado solitario y desarraigado que vaga por la ciudad sin una meta concreta se convertirá en la figura central de la literatura moderna. La experiencia de la vida moderna enseña al hombre que debe construirse su propia seguridad. En esta situación, no queda lejos el abismo que se abre hacia el vacío de sentido. Uno puede desesperarse o simplemente afirmar que nada tiene sentido. Su expresión más extrema es la sistematización del sinsentido en las acciones de los dadaístas como Kurt Schwitters o Tristan Tzara, que escandalizaban a su confundido público con poesías sonoras ininteligibles. La misma profunda desconfianza hacia la existencia de sentido originó el arte del francés Marcel Duchamp cuando proclamaba que ciertos objetos de uso cotidiano, como un portabotellas, constituían obras de arte.

En la modernidad desaparecen todas las leyes de sujeción universal. Se desvanece la posibilidad de adoptar una posición con validez general. Ya no hay una realidad, sino diversas perspectivas. Sólo existen muchas percepciones de imposible coordinación que proceden de innumerables individuos aislados. La realidad es una cuestión de puntos de vista y, para poder percibirla adecuadamente, es necesario ser capaz de modificar el enfoque y los contextos. Por esa razón, los pintores destrozan la perspectiva central con el cubismo, y los artistas descubren el collage, creando nuevas uniones con objetos muy diferentes: papel de periódico, madera y color. Por el mismo motivo, la narración de las novelas se deshace en un permanente cambio de perspectiva, de acuerdo con los flujos de la conciencia de los personajes.

La modernidad supone el descubrimiento de la complejidad del mundo. En algún momento entre 1900 y 1915, en la conciencia del mundo occidental cala la idea de que el mundo ya no tiene un orden que se pueda comprender en su totalidad. Virginia Woolf fijó una fecha más concreta, anunció que en 1910 había cambiado el carácter humano, con esta fecha aludía a la exposición de los postimpresionistas en Londres, en la que colgaban, entre otros, cuadros de Van Gogh y Cézanne. Estas imágenes, totalmente insólitas para el público que asistió a la exposición, eran la prueba de que con la experiencia de lo moderno cambiaba la percepción.

 

*Cuadro: The lake at Annecy de Cézanne

Querida princesa

Querida princesa

El sueño de toda princesa es llegar a esta meta: 40 kilos, si fuera posible, menos. El hambre, el dolor y la soledad son los paladines que la acompañan en su camino hacia la "perfección".

El espejo es ese monstruo que te devuelve una imagen adiposa cuando luchas por ser piel y huesos. Ayuno, ejercicio, vómito, depresión, exigencia, mentiras, recuento de calorías, obsesión. Cada vez la meta está más cerca. La fortaleza te hace superar otro día y te llena de orgullo. Has conseguido el control absoluto sobre el cuerpo y la mente. Las dentelladas del hambre ya no existen. El sufrimiento se posterga. La antesala de la muerte es un lugar extraño donde el círculo vicioso se estrecha y la muñeca se rompe.

Los demás no te entienden y tú sufres porque no puedes parar. Querida princesa, hay salidas. Bastará con que abras un eslabón para romper la cadena.

Ana y Mia

Inmunes

Una de las frivolidades que se pueden cometer al intentar relatar un desastre es reducirlo a un guarismo. Seis millones de judíos exterminados, produce el mismo efecto que decir veinte. Da lo mismo. Sólo son números. Números de muertos por las guerras, por el hambre, por las limpiezas éticas, las torturas... En aras de la objetividad informativa, la prensa y la televisión acaban inmunizándonos.

 

Muros, estelas funerarias con los nombres de miles de muertos por el holocausto, por la Guerra Mundial, por la de Vietnam… Con todo, todavía hay quien se pregunta si sirve de algo volver sobre lo mismo, si no es mejor olvidar. Pero lo peor que le puede pasar a la humanidad es olvidar la barbarie, plantearla como otro epígrafe más de la historia. Se podrá alegar que siempre han ocurrido desgracias, lo cual no quita ni un ápice de importancia ni efectividad al recuerdo. ¿Qué se gana con revivir el horror, con narrarlo? Si, como suponía Shakespeare, estamos hechos de la misma materia con que se fabrican los sueños, quizás recordar el calvario de un inocente, dote de algún sentido al absurdo, sirva al menos de lenitivo.

 

El muerto corre el peligro de convertirse en un dato, en una prueba más, en un mero documento. Y para recordar lo que es una vida, el valor de todas las vidas, ha de prevalecer la realidad. El olvido sería el triunfo de los violadores, los torturadores, los asesinos…