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Cierzo

Qué clase de mamíferos somos los humanos

Qué clase de mamíferos somos los humanos

¿Por qué los humanos somos los únicos mamíferos que seguimos tomando leche pasado el periodo de lactancia?

 

Una oveja lacta durante sus primeras semanas de vida, luego la leche queda para siempre fuera de su dieta. Lo mismo ocurre, por ejemplo, en el caso del león, que se alimenta de carne en su etapa adulta, y del resto de los mamíferos, ya sean herbívoros, carnívoros u omnívoros. Pues bien, la sociedad humana y sus intereses creados nos presenta no solo como ideal, sino como saludable el consumo de leche de vaca, pero ¿es en realidad beneficiosa la leche de vaca para las personas? Para empezar, el consumo de leche debe ceñirse al de la propia especie. En este caso, la leche más conveniente sería la de la mujer. Sin embargo, tomamos leche de vaca, que tiene mucho menos fósforo que la humana, ya que su cerebro no lo necesita tanto. Respecto a la cantidad de grasas de ambas leches, el porcentaje es similar, pero la de vaca es saturada, por lo que dificulta la digestión y produce no pocas intolerancias. La leche de vaca tiene más calcio, aunque este calcio no es el que precisamos las personas para prevenir la osteoporosis.

 

Joan Sabaté, catedrático y director del Departamento de Nutrición de la Universidad de Loma Linda de California, afirmó hace tiempo que es ahora cuando se ha incrementado sustancialmente el consumo de leche de vaca, porque antes apenas formaba parte de la dieta mediterránea.

 

¿Cuántos millones de euros mueven al año las empresas que comercializan la leche de vaca? Ahí está la respuesta a mi primera pregunta.

Qué es la literatura

Qué es la literatura

La literatura es esa dificultad que tiene el hombre para comunicarse con sus semejantes al explicar sus sueños, sus miedos, su felicidad, sus pensamientos… En suma, literatura es la capacidad de transmitir mediante la palabra y, con ella, emocionar.

 

* Imagen: Francine Van Hove

Arquitectura

Arquitectura

Con el paso del tiempo, los lugares que usa la gente se hacen más variados y sofisticados, a la vez que sus interrelaciones ganan en complejidad. Algunos tipos de lugar son muy antiguos: el hogar, como lugar del fuego; el altar, como lugar de sacrificio o como centro de culto; la tumba, como lugar para los muertos. Otros son más recientes: el aeropuerto, la estación de servicio de la autopista, el cajero automático…

 

Los tipos de lugar más antiguos son los que están relacionados con aspectos fundamentales de la vida: mantenerse caliente y seco; desplazarse de un lugar a otro; adquirir y conservar alimentos y agua, el combustible y la salud, cocinar; sentarse y comer; relacionarse con los demás; defecar; dormir y procrear; defenderse de los enemigos; rendir culto y cumplir con los ritos; comprar o intercambiar bienes y servicios; contar cuentos y actuar; enseñar y aprender; afirmar el poder militar, político y comercial; intercambiar opiniones y debatir; luchar y competir; dar a luz; tomar parte en “ritos de paso”; morir.

 

El concepto de lugar vincula la arquitectura a la vida. Los lugares que usa la gente están íntimamente relacionados con sus vidas. El hecho de vivir comporta necesariamente la organización conceptual y física del mundo en lugares: lugares para trabajar, lugares para descansar; lugares para ser visto, lugares para ver; lugares que son “míos”, lugares que son “tuyos”; lugares placenteros, lugares desagradables; lugares cálidos, lugares fríos; lugares que inspiran reverencia, lugares aburridos; lugares que protegen, lugares para la exhibición; y así sucesivamente.

 

Como la lengua, la arquitectura no es algo inmutable. Tanto la lengua como la arquitectura (como identificación del lugar) existen a través del uso, y están sometidas a cambios históricos y transformaciones culturales. Las instituciones sociales evolucionan; la importancia relativa de los diferentes aspectos de la vida difieren según las creencias y, por lo tanto, lo mismo sucede con la demanda de lugares donde darles acomodo. Las aspiraciones se hacen más o menos sofisticadas; algunos lugares se convierten en superfluos; nacen necesidades de nuevos tipos de lugar; las modas vienen y van; los nexos (físicos y electrónicos) entre lugares se sofistican.

 

En la lengua, una información puede ser transmitida de maneras diferentes, utilizando diferentes palabras y construcciones. Las palabras y sus estructuras tienen que concordar con el significado deseado, porque de lo contrario se cae en la ausencia de sentido, o surgen significados inesperados o diferentes a lo pretendido. Las diferentes maneras de decir algo pueden ser solamente eso, diferentes: pero las variaciones en el vocabulario y la construcción también pueden añadir sutileza, énfasis, matiz estilístico o cualidad estética. Lo mismo sucede con la arquitectura; lugares de idéntica función pueden ser identificados arquitectónicamente de manera muy diferente.

 

Los lugares se identifican por los elementos de arquitectura que contienen. Un lugar para representaciones puede ser identificado de varias maneras: por una plataforma, por un foco, por un círculo de piedras, por una serie de postes marcando un área de terreno, un lugar de reclusión…

 

*En la imagen, el proyecto Fawcett Ranch House, obra del arquitecto Frank Lloyd Wright.

Fe de erratas

Fe de erratas

La fe de erratas o testimonio de erratas era en los primeros tiempos de la imprenta un certificado oficial en el que se hacía constar la coincidencia del texto impreso con el original que las autoridades civiles y eclesiásticas, con su derecho a censura previa, habían autorizado que se publicase.

Avanzamos a golpes de imaginación

Una teoría científica pretende definir unas leyes que sirvan para explicar la realidad observada y para inferir o determinar la evolución futura de esta realidad o de la fenomenología a la que se dirige. La observación de la realidad está condicionada por el avance científico, pues es éste el que provee de instrumentos de observación y medida necesarios, pero esto no explica por qué la evolución científica no se produce de forma progresiva sino que avanza a saltos, que son en sí mismos importantes avances, a los que siguen largos periodos de estancamiento casi total y de logros prácticamente inexistentes. Esto demuestra que la búsqueda científica y técnica no sólo está basada en la racionalidad y no deja claro el motivo por el que este avance es escalonado y no progresivo.

 

Como muestra de esta hipótesis cabe analizar la explicación del universo en tres de sus teorías más destacadas. Ptolomeo, en el año 200 a.C., pensó que la Tierra era el centro del universo y que todos los planetas y estrellas, incluido el sol, giraban en círculo alrededor de la Tierra, mientras las estrellas se mantenían en posición fija en unas esferas concéntricas que giraban a velocidad constante. Solamente los planetas se movían por la superficie de su esfera. Esta teoría se mantuvo inalterable durante 1.700 años y fue totalmente aceptada pese a no explicar, por ejemplo, el movimiento de la Luna.

 

A principios del siglo XVI, Copérnico planteó una teoría revolucionaria  que desmentía incluso las enseñanzas de la Biblia y los conceptos universalmente aceptados en el mundo occidental de la época. Era el Sol el verdadero centro del universo y no se movía; la Tierra y los otros planetas giraban a su alrededor describiendo trayectorias circulares. Un siglo después, gracias al invento del telescopio, Galileo pudo verificar que esta teoría era cierta y, aun teniendo en contra a la Iglesia y al poder político del momento, la teoría fue universalmente aceptada y comprobada a los pocos años.

 

Pero el quid de la cuestión es: ¿Qué hizo que Copérnico imaginase una teoría tan revolucionaria? No se trataba de un razonamiento evolutivo ya que su planteamiento era absolutamente novedoso respecto al afirmado y sostenido antes durante siglos.

 

Poco después, hacia 1610, Kleper planteó la necesidad de unas fuerzas, que él creía que eran magnéticas, que harían girar a los planetas alrededor del Sol. Esto implicaba la aceptación de que las órbitas de los planetas eran elípticas y constituía un salto en el conocimiento y la explicación del universo, pero no es hasta 1657, con los Principios de Isaac Newton, cuando se plantea una explicación del origen, la naturaleza y la cuantificación de estas fuerzas que Newton afirma y demuestra que son directamente proporcionales a las masas e inversamente proporcionales a las distancias entre los cuerpos celestes. Y otra vez se presenta el enigma de cómo y a partir de qué planteó Kepler una teoría que es su tiempo no era comprobable y que medio siglo después fue corroborada por Isaac Newton.

 

El avance científico de los instrumentos de observación genera dudas y evidencia las faltas de la teoría de Newton a final del XIX y principios del XX.

 

Un oscuro funcionario de la oficina de patentes de Zurich plantea en cuatro artículos técnicos publicados en 1905 una nueva teoría, después bautizada con el nombre de Teoría de la Relatividad espacial, que en 1915  completa. Esta teoría revolucionaria se basa en el hecho de que el tiempo discurre a velocidades diferentes en función de la velocidad a la que se mueve el observador y también la teoría de la equivalencia, en función de la fuerza de la gravedad a la cual esté sometido. Einstein, posiblemente el científico más importante de la historia de la humanidad, adopta una teoría, en apariencia, absurda para nuestra experiencia y base racional: el tiempo no es una magnitud universal  e invariable, sólo lo es la velocidad de la luz. Es decir, según esta teoría, dos amigos nacidos el mismo día, si uno se queda en la Tierra y el otro viaja durante años por el espacio a gran velocidad, envejecen a un ritmo diferente, porque el tiempo es más rápido para uno y más lento para el otro, y así, cuando el viajero, que ha ido a velocidades cercanas a la de la luz, vuelve a la Tierra, es más joven que el que se ha quedado aquí.

 

Esta teoría, que puede ser comprobada por todas las observaciones realizadas hasta ahora en el espacio, se elaboró hace un siglo, sin ninguna base experimental, y es hoy el pilar y la explicación de muchos fenómenos del universo, hasta ahora poco comprensibles.

 

La pregunta aparece de nuevo: ¿qué permitió a Einstein afirmar aquello que era improbable en su época y que un siglo después de su muerte ha sido verificado? ¿Por qué han tenido que pasar 250 años para que la teoría de Newton se pudiera sustituir por otra: la de la relatividad, que explica lo que la primera no podía?

 

Parece que lo que Copérnico, Kepler y Einstein elaboraron, cada uno en su momento, no ha podido ser más que fruto de su imaginación. Es la imaginación genial de estos hombres la que les permitió establecer una teoría que después desarrollaron, detallaron y cuantificaron ellos u otros, pero estos saltos en el conocimiento científico no se pueden entender si no es a partir de la intuición e incluso de la emoción, es decir, de la menos racional de las capacidades humanas.

 

Si esto es cierto, tendremos que admitir que el progreso científico está basado secundariamente en la racionalidad y que sin una inteligencia subjetiva y llena de emociones e intuiciones, no habría sido posible que estos hombres, que cambiaron la concepción del mundo, hubieran formulado teorías, en principio, incomprobables. Puede que esto no sea sino una hipótesis, pero parece cierto que la inteligencia y el raciocinio, desprovistos de imaginación e intuición, son inútiles y probablemente ineficaces para el avance de la humanidad.

Desvaríos 5

Desvaríos 5

Se le iba la vida contando los minutos de silencio. Se le iba la vida contando a gotas sus lágrimas. Se le fue la vida sin contar con ella.

María Domínguez

María Domínguez

María Domínguez nació en Pozuelo de Aragón (Zaragoza), el año 1882. Sus padres, campesinos de escasos recursos, apenas pudieron darle instrucción, pero a ella le apasionaba leer y casi de forma autodidacta empezó su formación. La casaron a los 18 años con un hombre que la maltrataba y la humillaba, por eso, con unos pocos céntimos en la mano, huyó del infierno y se puso a servir en Barcelona. Ahorró el dinero suficiente para regresar a su pueblo, allí se dedicaba a tejer medias con una máquina que había adquirido. Como el horario laboral se lo marcaba ella, pues trabajaba en su casa, dispuso de tiempo libre para ocuparlo en su afición favorita; la lectura. Leía de todo, hasta que sintió la necesidad de escribir. Un día, se atrevió a enviar un artículo al diario El Sol en el cual explicaba las vicisitudes de su vida como mujer condenada a la sumisión y al silencio. Se lo publicaron y siguió colaborando en diversos periódicos.

 

Había mejorado su cultura y su autoestima y María Domínguez se propuso estudiar Magisterio. Trabajaba en casa, escribía en prensa y estudiaba por la noche. Tan arduo esfuerzo obtuvo los resultados apetecidos y logró el aprobado en la Escuela de Magisterio de Pamplona. Sus sueños se cumplían, pero la gripe de 1918 dirigió su vida por otro camino obligándola a guardar cama durante un año. Aprovechó este tiempo para conocer la doctrina socialista, sus planteamientos sociales y laborales, y los incorporó a su ideario republicano.

 

Viuda desde 1922, María Domínguez volvió a casarse, esta vez con un esquilador que compartía con ella su fe en el socialismo y con quien trabajaba en el local que la UGT tenía en Gallur, localidad en la que residía el matrimonio. También retomó la escritura, prosiguiendo con sus colaboraciones en diversos diarios. Tras la victoria republicana del 12 de abril, se le encargó la redacción de un discurso que pronunció en su pueblo natal para celebrar la llegada del nuevo régimen. Desde ese momento se involucró en el proyecto de dar a conocer los valores republicanos y los cambios que traían para las mujeres. Se había ganado una buena reputación y era muy respetada en política, de manera que cuando hubo necesidad de recomponer el Ayuntamiento de Gallur, se la puso al frente del Consistorio.

 

María Domínguez fue la primera mujer que ejerció como alcalde en España. Entre julio de 1932 y febrero de 1933, intentó dotar al pueblo de infraestructuras, aliviar el paro, acabar con las abusivas jornadas laborales y los bajos salarios, donar tierras a las familias más necesitadas… Demasiados proyectos para alguien que carecía de apoyos políticos y sindicales. Su gestión era muy criticada y tuvo que abandonar su cargo, aunque lo hizo satisfecha de haber trabajado al servicio del bien común.

 

Cuando ocurrió el alzamiento militar, daba clases a los niños de Gallur, y por ser persona fuertemente vinculada a la República se la expulsó del pueblo junto a su marido. María Domínguez tenía la conciencia tranquila, ningún mal había hecho colaborando con los avances sociales, pero ya estaba sentenciada a muerte y el 7 de septiembre de 1936 fue ejecutada en Fuendejalón, frente a las tapias del cementerio. Murió María Domínguez, apodada la Chacona, maestra, alcaldesa, mujer tenaz y luchadora. Hoy Zaragoza le dedica una de sus calles para mantener vivo su recuerdo.

Rafael Masó

Rafael Masó

La arquitectura, a diferencia de otras actividades artísticas, necesita la conjunción de dos factores ineludibles: el arquitecto y unos clientes dispuestos a confiarle la manifestación externa, interpretada, de su manera de sentir y vivir, de pensar y trabajar.

 

Cuando, además, el arquitecto artista posee una gran creatividad y los clientes poseen un estatus cultural, social y económico que les exija el reconocimiento de la sociedad, se dan las condiciones ideales para lanzarse a la aventura de conseguir un lugar en la historia.

 

Rafael Masó (català)

Renovar los insultos

El hecho ocurrió el 14 de enero de 2008. En medio de una disputa, un trabajador llamó a su jefe “hijo de puta” porque éste se negaba a abonarle unas dietas cuyo importe ascendía a 400 euros. El gerente despidió al empleado por haberle insultado y, aunque en primera instancia el juzgado de Girona que se encargaba del caso consideró el despido procedente, ahora el Tribunal Superior de Cataluña dictamina que mentarle la madre a uno no es causa de despido y ordena la readmisión del empleado o el pago de 6.483 euros en concepto de indemnización. El juez considera que, siendo “hijo de puta” una expresión de lo más corriente en nuestro florido vocabulario, el despido es un castigo desproporcionado. Habrá, pues, que inventar otras palabras para ofender, porque de tan repetidas, las que tenemos van perdiendo su eficacia.

Dios, pruebas y refutaciones

Dios, pruebas y refutaciones

Todas las pruebas que tienden a explicar la existencia de Dios tienen en común que demuestran a la vez demasiado y demasiado poco. Aun cuando demostraran la existencia de algo necesario, absoluto, eterno, infinito, etc., son incapaces de probar que eso sea un Dios, tal como lo entiende la mayoría de las religiones, a saber: no sólo como un ser, sino también como una persona, no sólo como una realidad, sino también como un sujeto, no sólo como algo, sino también como alguien, no sólo como un Principio, sino también como un Padre.

 

Ésta es también la debilidad del deísmo, que es una fe sin culto y sin dogmas. Creo en Dios, pero no en el de las religiones, suelen decir muchos desencantados de las numerosas iglesias. Bien. Pero entonces Dios se convierte en un desconocido, ¿cómo sabremos entonces qué es Dios?

 

Creer en Dios implica conocerlo al menos un poco, lo que solamente es posible a través de la razón, la revelación o la gracia. Ahora bien, la razón se confiesa cada vez más incompetente. Quedan pues la revelación y la gracia: queda, en definitiva, la religión… ¿Cuál? Es lo de menos, pues la filosofía no dispone de criterio alguno para discernir entre ellas. Para la mayoría de nosotros, el Dios de los filósofos es menos importante que el Dios de los profetas, de los místicos o de los creyentes. Fueron Pascal y Kierkegaard, antes que Descartes o Leibniz, quienes dijeron lo esencial: Dios es objeto de fe más que de pensamiento o, mejor dicho, Dios no es objeto alguno sino sujeto, absolutamente sujeto, y solamente lo encontramos en la experiencia inmediata o en el amor. Pascal, en una noche ardiente, creyó tener una experiencia de este tipo: “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no el de los filósofos y los científicos. Certeza, sentimiento, gozo, paz. Dios de Jesucristo… Gozo, gozo, gozo, llanto gozoso”. Esto no es una demostración. Pero sin esta experiencia, la fe no se daría por satisfecha con ninguna demostración.

 

Probablemente éste sea el punto en el que la filosofía se detiene. ¿Qué sentido tiene demostrar lo que se experimenta de forma inmediata? ¿Cómo probar lo que no se experimenta? El ser no es un predicado, Kant tiene razón en este punto, y por eso, como decía ya Hume, la existencia no se demuestra ni se refuta. El ser se constata, no se demuestra, se comprueba, no se prueba.

 

Se replicará que la existencia es una prueba. Pero no es así, pues en este caso la experiencia no es repetible, ni verificable, ni mesurable, ni siquiera totalmente comunicable… La experiencia no prueba nada, pues hay experiencias falsas o ilusorias. ¿Y una visión? ¿Y un éxtasis? Las drogas también  los procuran. Pero ¿qué puede probar una droga? ¿Cómo podemos saber si quien dice ver a Dios lo ve realmente o más bien alucina? ¿Cómo podemos saber si quien dice escucharlo, lo escucha realmente o más bien es él quien le hace hablar? ¿Cómo podemos saber si quien dice sentir su presencia, su amor, su gracia, las percibe realmente o más bien las imagina? No conozco a ningún creyente que esté más seguro de la verdad de su fe de lo que yo lo estoy de mis sueños cuando duermo. Lo que equivale a decir que una certeza, mientras siga siendo puramente subjetiva, no prueba nada. Es lo que denominamos fe: “Una creencia que sólo es suficiente subjetivamente”, escribió Kant, por lo que no debemos imponerla, ni teórica ni prácticamente, a nadie.

 

Dios, por decirlo de otra forma, no es tanto un concepto cuanto un misterio, no es un hecho cuanto un interrogante, no es tanto una experiencia cuanto una apuesta, no es tanto un pensamiento cuanto una esperanza. Dios es el ser cuya existencia hay que suponer para escapar de la desesperación (ésta es la función de los postulados de la razón práctica en Kant), y por eso la esperanza, igual que la fe, es una virtud teologal, porque tiene como objeto a Dios mismo. “Lo  contrario de desesperar es creer”, dijo Kierkegaard, Dios es el único ser que puede satisfacer absolutamente nuestra esperanza.

 

Que esto, nuevamente, nada prueba es lo que hay que reconocer para terminar: la esperanza no es un argumento, puesto que, como dice, Renan, podría ocurrir que la verdad fuera triste. Pero ¿de qué valen los argumentos que no permiten esperar nada?

 

¿Cuál es nuestra esperanza. Que el amor sea más fuerte que la muerte, como dice el Cantar de los cantares, más fuerte que el odio, más fuerte que la violencia, más fuerte que todo, y únicamente esto sería verdaderamente Dios: el amor todopoderoso, el amor que salva y el único Dios, porque sería absolutamente amor, digno de ser amado. Es el Dios de los santos y de los místicos: Dios es amor, escribe Bergson, y objeto de amor: ésta es toda la aportación del misticismo. De este doble amor, el místico no terminará nunca de hablar. Su descripción es interminable porque lo que hay que describir es inexpresable. Pero lo que sí dice claramente es que el amor divino no es una propiedad más de Dios: es Dios mismo”.

 

Se objetará que este Dios no es tanto una verdad: el objeto del conocimiento, cuanto un valor: el objeto de un deseo. Sin duda. Pero creer en él es creer que este valor supremo (el amor) es también una verdad suprema (Dios). Esto no se demuestra; esto no se refuta. Pero es algo que se puede pensar, esperar, creer. Dios es la verdad que constituye una norma, la conjunción de lo Verdadero y el Bien, y por esa razón, la norma de todas las verdades. En este nivel supremo, lo deseable y lo inteligible son idénticos, explicaba Aristóteles, y esta identidad, si existe, es Dios. ¿Hay mejor manera de decir que solamente él podría colmarnos o consolarnos absolutamente? “Sólo un Dios podría salvarnos”, reconoce Heidegger. Por lo tanto, hay que creer en él o renunciar a la salvación.

 

Por último, señalemos que por esta razón Dios es y da sentido: en primer lugar porque, sin él, todo sentido topa con el absurdo de la muerte, en segundo lugar, porque Dios sólo es sentido para un sujeto, y sólo en sentido absoluto, por lo tanto, para un sujeto absoluto. Dios es el sentido del sentido, y por eso es lo contrario del absurdo o de la desesperación.

Achís

Achís

Llega el Apocalipsis: la gripe A. Vaya invierno que se avecina.

 

Los médicos quieren que no nos alarmemos, pero desde hace días la alarma permanente se ha instaurado en nuestras vidas. Se ha acusado a las autoridades de no hacer nada, de no darnos unas directrices, de no vacunarnos y ahora que atienden nuestras exigencias las tildamos de alarmistas. Pero están curadas de espanto y no se enfadarán ni pizca. Desde que Solbes y Zapatero pretendieron evitar que nos alarmásemos con la crisis económica, y la crisis estalló de todas maneras, nuestros gobernantes han llegado a la conclusión de que vale más pasar por alarmista que por embustero.

 

Los médicos buscan no preocuparnos y nos dicen que esta gripe acaba con una cantidad ínfima de las personas que la contraen, que la gripe estacional mata a más gente cada invierno y nadie se asusta, aunque hay diferencias. La gripe que conocemos liquida mayoritariamente a ancianos, a los que solo les da un pequeño empujón hacia el ataúd, sin embargo, la nueva gripe ataca a personas más jóvenes, mujeres embarazadas e incluso niños, dejando de lado al club de la tercera edad. Quizás ésta sea la razón de la alarma que genera la gripe A. Nuestra sociedad acepta que mueran los jubilados y que los hijos entierren a sus padres, aunque el caso contrario es más duro de asumir.

 

Dentro de nada nos habremos acostumbrado ya, como nos acostumbramos al suma y sigue en el conteo de víctimas que caen a manos de ETA, del alcohol, del tabaco, de la carretera, de la violencia sexista… Es cuestión de tiempo y la gripe A dejará de inquietarnos.

Ángel

Ángel

Negra cae la noche

sobre sus alas rotas,

una fuerza brutal le aplasta

y siente el frío del suelo en la mejilla.

Le cuesta respirar, apenas logra ver,

los ojos escudriñan las sombras,

el oído detecta un susurro.

 

 

Ven, ven con nosotros.

 

Resiste cuanto puede y flaquea,

la inercia es demasiado fuerte,

está cansado y ya no sabe luchar.

Se arrastra hasta el despeñadero

es tan fácil dejarse caer…

Si lo intenta quizá alce el vuelo.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Duda, ha estado ahí, en ese infierno,

conoce cada recoveco, las lagunas de llanto,

los alaridos del desgarro, la nada.

Ansía el plácido lecho, la calma.

Unos centímetros y hallará descanso.

Huyó el amor llevándose la esperanza,

se siente devastado por dentro, no hay más.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Desea llorar, pero agotó sus lágrimas.

Desea chillar y enmudece su garganta.

El corazón se acelera, el pulso quema.

En la noche sin estrellas no hay luna,

la soledad invade el páramo de su vida.

Mira hacia arriba y brota la cascada.

Se ahoga en lágrimas porque está vivo.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Sigue. Duda. Es un ángel con las alas rotas.

Puedes. Sigue. Lucha. Resiste.

Intenta mover las alas, volar, caer.

El peso del mundo sobre la espalda frágil,

el abismo incitante que llama.

Unos centímetros, unos milímetros tan solo.

La sima le acoge, el cielo le reclama.

Mueve las alas y la herida sangra.

El estertor se alza en el silencio nigérrimo.

Vuela, está volando. Cae. Sigue volando.

Derecho de pernada

He leído y escuchado en demasiados sitios hablar del derecho de pernada atribuyéndole un significado incorrecto.

 

El derecho de pernada o espoli forçada es el derecho feudal que tenía cada noble a recibir una pierna de cada res que se matase en su castillo.

 

El derecho a pasar la noche de bodas con la mujer de su vasallo se denomina ius primae noctis.

 

Se confunden los términos y el uso hace que acabe aceptándose lo que no es.

Burkina Faso

Burkina Faso

Este verano estoy dando clases de español a un grupo de inmigrantes de Burkina Faso, les he propuesto como ejercicio de redacción que hablen de su país y estos son sus respectivos trabajos.

 

Burkina Faso está situada al suroeste de África, es grande, tiene dos capitales: Vagadugu y Bobo Dioulasso.

 

Su clima es continental cálido, con veranos suaves, extremas lluvias. Su vegetación es profunda, bosques frondosos y paisaje verde, tiene montañas pero no muy altas.

 

Los burkinavez viven de las cosechas que producen sus tierras y el ganado (animales). La tierra también produce diamantes, que los años anteriores hubo unos líos entre ellos, países y las ventas de los diamantes. Aunque en día de hoy no hay ese lío entre los demás países, algunas personas siguen viviendo mediante el diamante.

 

Mi país es muy diferente a la de España, aunque tiene tierras ricas, tiene muchos polvos rojos, sus casas son pequeñas, también hay grandes y tiene algunos monumentos. Lo que más me gusta de mi país es eso y su olor a tierra.

 

Haoua

 

 

Burkina Faso produce trigo, electricidad y muchas verduras, maíz, arroz, etc.

 

La industria de Burkina Faso fabrica muchas motos y electricidad que llega a las casas. Fabrica bicicletas y coches pero no muchos, el vehículo más fabricado en África es la moto y la bicicleta, también fabrica muchos plásticos y metales y cristales.

 

Una comida de Burkina Faso que se llama “mana” pero se vende en España y le pusieron un nombre distinto al que es y se llama “okra”. También se vende una fruta de África en España que es el cacao y también la papaya y también una planta que es más o menos famosa en Burkina Faso y se vende en España y le pusieron el nombre en español llamado aguacate.

 

La bandera de Burkina Faso es roja y verde con una estrella en medio amarilla.

 

Nemata

 

 

En África el deporte típico es “morei”, es un combate que se hace sobre la arena.

 

La comida típica es “ñango”, es bolita que está hecha cpn verdura y harina de maíz.

 

Las celebraciones: Hay celebraciones globales. El 3 de mayo, día de la “Soka Gakkai” y la fiestas, una es el “Ramadán” que se celebra cada año. El “Ramadán” es comer a las seis de la mañana hasta 8, 9, 7,30 o 6.

 

Seydou

 

Burkina Faso se llamaba anteriormente Alto Volta pero fue renombrada en 1984 por su presidente Thomas Shankara para significar la tierra de la gente derecha.

 

Joseph Ki-Zerbo fue un escritor y político de Burkina Faso nació en Toma estudió en la Sorbona estudió político y luego fue a su país donde fue profesor de historia.

 

Adama

 

 

Cuando es larga la sombra

Cuando es larga la sombra

Ramón Acín nos muestra su certera visión del mundo de la cultura y de la literatura en la obra Cuando es larga la sombra, y el panorama que describe resulta descorazonador: la cultura ha pasado a ser un producto más de la sociedad de mercado, el lector es mero consumidor, no existe un canon artístico, el libro ha perdido su papel hegemónico frente a las nuevas tecnologías, la novela actual es un ejercicio de autoanálisis que rinde pleitesía al yo, el escritor es un obrero de la pluma, la función del crítico ha desaparecido, las editoriales venden sus artefactos a golpe de publicidad… Acín desarrolla éstas y otras cuestiones y Cuando es larga la sombra se convierte en un soberbio ensayo que analiza de forma ágil, amena y didáctica los problemas que aquejan a nuestra literatura. Es una crítica clara y feroz a la cultura de mercado, un texto que defiende la LITERATURA.

 

La cultura se ha democratizado y esto, per se, no es malo, aunque tampoco puede afirmarse que sea bueno. Hay que ofrecer productos que lleguen a una amplia diversidad de personas, por eso la cultura ha rebajado su nivel con el fin de resultar accesible para la mayoría: un público sin demasiado criterio y poco exigente que se conforma con lo que le echan. La cultura ha dejado de tener una función formativa, se mueve por intereses puramente comerciales y busca, ante todo, ser económicamente rentable. Una buena novela es una novela que se vende por millares, es la más comprada, al margen de su calidad literaria, desdeñando su contenido y, a falta de un canon literario, cualquier texto puede obtener el calificativo de literario. También el crítico se ha adaptado a los nuevos tiempos, el juez justo que ilumina al lector con su verdad literaria se ha convertido en un simple comentarista al servicio de la propaganda, no de la literatura. 

 

Un literato no es la persona que escribe bien, con mayor o menor grado de excelencia. El escritor actual se valora más por su fama, por su éxito y por su capacidad de generar ventas, que por su habilidad al provocar emociones o suscitar reflexiones. La cantidad de obras vendidas se equipara al valor literario. Tanto vendes, tanto vales, es la máxima que se le aplica al autor, de manera que vender, y no escribir, es el objetivo. La obra, ante todo, ha de ser rentable porque las editoriales son parte de grupos económicos que dedican sus esfuerzos a obtener beneficios, que manejan el mercado, crean cultura, influyen en ella, venden productos y realzan el valor de los mismos con su prestigio.

 

Y llegamos a la última pieza del engranaje, al lector. En las escuelas no se enseña a leer. Leer es algo más que interpretar signos, requiere capacidad de abstracción, juicio analítico, comprensión del texto, y en las aulas no se fomenta este tipo de lectura. Leer no es una tarea escolar más. Leer es gozar de una actividad íntima y placentera, es abrir la mente para contemplar el panorama que el libro nos muestra, es aprender, sentir, pensar… Y la mayoría de nuestros estudiantes no sabe leer de esta manera. Buena parte de los lectores escoge libros que le diviertan, que le alejen de la rutina cotidiana, las editoriales lo saben, los escritores lo saben y así la “literatura” se llena de obras endebles, de palabrería vana que no ahonda en ninguna cuestión. Porque la reflexión, la maduración de una idea, requiere tiempo, y es precisamente tiempo lo que nos falta, pues el mercado de la oferta y la demanda exige rapidez, variación constante. El resultado es una literatura bastarda, de apariencia artística pero privada de los aditamentos esenciales que harían de ella arte, creación.

 

Ramón Acín no vislumbra un final feliz, yo le propongo consuelo con las palabras de Bécquer: “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”.

 

 

 

Título: Cuando es larga la sombra

Autor: Ramón Acín

Editorial: Mira Editores

Páginas: 146

 

*Reseña publicada el día 30 de abril de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

Antoine Roquetin

Antoine Roquetin

Cuando pienso, el desaliento se apodera mí. Lo que hago es inútil y nada de lo que me rodea tiene sentido. Será que la vida humana es eso, un sinsentido, algo sin propósito. Aun así me siento libre y responsable porque conservo la consciencia, de la que soy prisionera. Ella lo determina todo. Ojalá fuera posible inventar un nuevo hombre liquidando los sistemas que lo alienan y le roban la libertad.

 

Hay días en que la visión existencialista del mundo determina mi testimonio insobornable de la realidad y el individualismo es un valor que permite creer en el poder creativo más que en las leyes sociales.

 

La existencia del prisionero es tan angustiosa que produce asco, una náusea que no debe privarle de ser libre.

 

*Antoine Roquetin, personaje central de la obra de Jean Paul Sastre “La náusea”.

A vuelapluma

A vuelapluma

Buscarme y no encontrarme


Inocente y humana


Perversa y humana


¿Quién soy?


He abrevado en una lata de filosofía


La poesía me ha secado el espíritu


Llegué a un callejón sin salida


con la lucidez de un tarado


En este mundo de degradación


el rey consumo lo es todo


y a falta de un dios


no hay más paraíso que el de la química.

Dilema

Si los hombres son buenos, entonces las leyes para el control de armas no son necesarias; y si los hombres son malos, las leyes para el control de armas no serán eficaces. Por consiguiente, las leyes para el control de armas, o bien no son necesarias, o no son eficaces.

Datación para ateos

Datación para ateos

Alberto me propone una alternativa a la hora de datar. En vez de aplicar el conocido a.d.C. o d.d.C. (antes de Cristo o después de Cristo), optar por a.n.e. o d.n.e (antes de nuestra era o después de nuestra era).

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Escribir es borrar, tachar y montar. Para cualquier escritor es fundamental aprender a borrar. No se borra por pereza, por valorar en exceso el esfuerzo que se ha hecho o porque borrar significa sentarse ante el papel y reescribir o deshacer lo escrito. Es uno de los principales peligros que acechan al escritor, la pereza. La autocomplacencia casi siempre es consecuencia de la pereza.