Los que nunca ganan
Actitudes como éstas no hacen que progrese el mundo ni mejoran la sociedad. Es verdad que estos personajes nunca pierden, pero tampoco ganan. Su falta de compromiso y valentía los delata.
Los Bomberos de Bilbao han sacado a la venta un calendario para recaudar fondos, dichos fondos irán destinados íntegramente a sufragar su estancia e inscripción en los Juegos Mundiales de Policías y Bomberos que se celebrarán en Adelaida (Australia).
El calendario puede adquirirse a un precio de 7 euros en las dependencias del Parque de Bomberos de Garellano (Bilbao) durante el horario de oficina, así como en el vehículo de bomberos que recorrerá distintos puntos de la capital vizcaína. También se podrá solicitar mediante e-mail: calendariobomberosbi@hotmail.com o llamando al teléfono 629709657.
Hay que ver de qué manera
se me ensancha el corazón
cuando oigo cantar la Jota
lejicos de mi Aragón.
"Quien ha contemplado con sus ojos la belleza está consagrado ya a la muerte". Karl August Von Platen, poeta alemán.
Thomas Mann se inspiró para su novela en un hecho real protagonizado por Mahler en Venecia. En 1911, a la edad de 51 años, Gustav Mahler fallece debido a las complicaciones de una amigdalitis purulenta. Thomas Mann leía en los diarios sobre la agonía del compositor y se inspiró en estos hechos para crear su personaje. También le aportó una de sus vivencias personales: el suicidio de su hija Carla. Gustav von Aschenbach pierde a su pequeña hija, y esta circunstancia sirve de excusa a Mann para exponer sus conflictos internos y asomarse mediante la escritura al abismo de la muerte.
El cineasta italiano Luchino Visconti transforma el personaje de la novela en músico para mostrarnos la relación del artista con la belleza, la armonía, el equilibrio y la pureza. La búsqueda incesante de una emoción estética exige la embriaguez de los sentidos y provoca un apasionamiento devastador que transporta al borde de la locura, la fuerza del artista para mantener el equilibrio en este caos fructificará en vida, una vida conseguida a costa de la muerte.
Tadzio es un ángel adolescente e inaccesible, un ideal estético, su belleza suscita un deseo irreprimible en von Aschenbach, que pretende asir lo intangible y materializar lo imposible. Persiguiendo una atracción fatal, Venecia se convierte para Aschenbach en una laguna Estigia brumosa y apestada que únicamente ilumina la presencia de Tadzio. La ciudad de la sensualidad es la ciudad de la muerte.
La película retrata una decadencia patética, pues von Aschenbach es consciente de ella y la sufre como una tortura tras la herida abierta por los fracasos del pasado, herida a la que se suma el envejecimiento y la enfermedad. La pasión despertada por Tadzio es un soplo de vida peligroso que recorre el rígido universo intelectual en el que se ha encerrado. El artista se desintegra en el hombre y pierde su majestad mientras descorre el bello velo de la muerte.
Claude Monet era pintor, el padre del impresionismo, pero también jardinero. Cuando en 1883 se instaló con su familia en Giverny (Normandía) convirtió los jardines de su casa en su placer y fuente de inspiración.
La casa tenía un huerto separado en dos por una avenida de pinos, Monet lo transformó en un jardín rico en perspectivas, asimetrías y cromatismo. Hizo quitar los pinos, excepto los más próximos a la casa, y aprovechó el desnivel del terreno para crear platabandas donde los macizos de flores de diferentes alturas creaban volúmenes y, sobre todo, mezclaban sus colores. Para ello combinó las flores más sencillas: amapolas y otras plantas silvestres, con especies más exquisitas, como los rosales trepadores, las clemátides y pasionarias, las peonías, las glicinias lilas y blancas, los árboles de flor. Cubrió la avenida central de arcos para dar juego a los rosales y, ornó la fachada rosada de la gran casa con enredaderas.
Monet huía de los jardines “cartesianos” en busca de espacios libres y sensoriales, más cercanos a la espontaneidad natural. El pintor-jardinero perseguía, al igual que en sus lienzos, la yuxtaposición de pinceladas de color, el paso de la luz entre las ramas, una atmósfera rica en impresiones. Con el tiempo se apasionó por la botánica. “Todo mi dinero va a parar a mi jardín, me tiene subyugado”, confesó una vez.
Diez años después de instalarse en Giverny, Monet adquirió otro terreno contiguo a su propiedad, de la que sólo estaba separado por la vía del tren. Era ya tanto su prestigio, que el prefecto, a pesar de la oposición de los vecinos, le permitió utilizar el agua del canal del río Epte que lo atravesaba para inundar un pequeño foso y crear un estanque. “Sólo se trata de algo ornamental y para el placer visual”, se justificaba, “pero también de un motivo para pintar”. Luego agrandó el espejo de agua hasta alcanzar su tamaño actual. Monet concibió este paisaje acuático de formas asimétricas y curvas a inspiración de los jardines japoneses que conocía a través de las estampas que coleccionaba y que tanta influencia ejercieron en las composiciones impresionistas. El puente japonés cubierto de glicinias, es, precisamente, uno de los protagonistas de este espacio, donde convive con sauces llorones, otros puentecillos, un bosque de bambú y, especialmente, las célebres ninfeas que llenan de flores el agua durante el verano.
Pocas veces un pintor se preocupó con tanto esmero de plasmar en la naturaleza un motivo de inspiración antes de pintarlo, así Monet creaba dos veces su obra. “Quiero pintar el aire donde se encuentran el puente, la casa, la barca. La belleza del aire donde están, y eso es imposible”, dijo. Será por eso que los pintó tantísimas veces. Después de la serie de cuadros con el puente japonés como elemento principal, se concentró en los nenúfares, hasta el gigantesco conjunto de las “Ninfeas” del Museo de l’Orangerie, de París, que se inauguró en 1927, un año después de su muerte, casi ciego en Giverny. Dispuestos en círculo para crear la sensación de inmersión en un jardín, junto a las flores acuáticas, pintadas durante la mañana (Matin), con el reflejo de las nubes sobre el estanque (Les nuages), con reflejos verdosos (Reflects verts), aparecen los sauces asomándose sobre el agua y, cómo no, un amanecer (Soleil couchant) en el jardín. “He dedicado tiempo a comprender a mis ninfeas… Las había plantado por placer y las cultivaba sin pensar en pintarlas… Un paisaje no nos impregna en un día…”.
La casa y los jardines de Monet en Giverny sufrieron grandes daños durante la Segunda Guerra Mundial. Fueron restaurados a imagen de lo que eran y reabiertos al público en 1980. La casa guarda en su interior una colección de estampas japonesas, además del taller del pintor.
Tanto la casa como el jardín de Monet pueden visitarse desde abril hasta octubre. Más información: Giverny and Vernon
La educación escolar de Adolf Hitler Pölz se desarrolló en diferentes escuelas de la localidad austriaca de Braunau am Inn hasta llegar a la escuela de Artes y Oficios de Linz. La infancia de Adolf no fue precisamente feliz, su padre, Alois Hitler, era un tipo violento, alcohólico y mujeriego, que propinaba palizas a su esposa y a sus hijos. Su madre, Klara Pölz, era la tercera esposa de Alois y veintitrés años más joven que él, tuvo seis hijos de los cuales sólo sobrevivieron Adolf y Paula y tal vez por haber perdido a la mayoría de las criaturas, Klara se volvió muy protectora y creó un especial vínculo afectivo con su hijo; esta complicidad era contemplada con celos por Alois y envenenaba el ambiente familiar. Hitler era un alumno bastante inteligente que se aburría en clase y no lograba hacer amistades, por lo que se refugiaba en la pintura y en sus sueños de llegar a ser un gran pintor. Esta ambición le enfrentaba continuamente con su progenitor y en su “Mein Kampf”, Adolf Hitler recuerda la discusión con su padre cuando le propuso abandonar la Realschule para dedicarse a los estudios artísticos: “Mi padre se quedó atónito. Asombrado, exclamó: ¿Un pintor?, ¿un artista…? Pensó que estaba loco o que no había oído correctamente mis palabras o, quizás, que las había malinterpretado. Pero cuando le expliqué mis ideas y lo serio de mi decisión se opuso con la tenaz determinación que le caracterizaba. ¡Artista! No, mientras yo viva, ¡nunca!”
“Quien mata a un hombre para defender una idea, no defiende una idea, mata a un hombre”. Albert Camus.
El hombre es el animal más cruel y despiadado que existe. Los demás animales pueden luchar, agredirse o matar para sobrevivir, pero ninguna otra especie animal tortura.
El homo sapiens es capaz de maquinar y aplicar los más crueles, sádicos e imaginativos procedimientos de tortura. Detrás de la tortura hay, con frecuencia, una idea, una ideología o un fanatismo. Aunque yo me pregunto si detrás de cada torturador no hay un enfermo mental, un psicópata sin remedio.
La tortura se practica, con diferentes grados de “refinamiento”, en buena parte del mundo. ¿Para qué rayos existe el Consejo de Derechos Humanos? ¿De qué sirve la convención internacional de 1984 sobre la tortura y la legislación penal que considera la tortura como un crimen punible? Esta convención fue ratificada con la firma de 140 países, pese a ello, la tortura sigue sin considerarse un crimen en la mayoría de países del mundo, y eso que la ONU afirma que no debe existir impunidad para tan abominable práctica.
Las voces de los torturados claman en un desierto poblado por sordos. De poco sirven sus denuncias, sus relatos escalofriantes que cubren de vergüenza ajena la dignidad de todo ser humano. El suma y sigue en las cifras repugna al estómago más curtido. ¿Es el respeto a las personas una esperanza inútil? Es un derecho. Un derecho que aleja de la tortura, del tráfico de inmigrantes, de tantas cosas...
"Aplaudo al Congreso por aprobar una legislación que dotará a nuestros hombres y mujeres en uniforme de las herramientas necesarias para proteger a nuestro país y ganar la guerra contra el terrorismo". Así de satisfecho se mostraba George W. Bush en la madrugada del jueves 28 de septiembre después de que el Senado diese su visto bueno a la Ley sobre Comisiones Militares de 2006.
La ley, aprobada por la Cámara Alta estadounidense por 65 votos a favor y 34 en contra, regula los interrogatorios y juicios a los detenidos en la guerra contra el terrorismo. En el texto se establece la creación de tribunales militares para juzgar a presuntos terroristas, dichos tribunales tendrán capacidad para imponer sentencias de muerte. Se permite el uso limitado de pruebas obtenidas mediante coerción. La tortura se prohíbe, pero existen unas reglas que aceptarían el empleo de técnicas duras rayanas a la tortura, como la privación de sueño o la hipotermia. Además, se concede al presidente el poder de decidir la conveniencia del empleo de otras técnicas. Los extranjeros arrestados no podrán impugnar su detención en los tribunales estadounidenses. Se niega a los detenidos el recurso de habeas corpus que prohíbe las detenciones indefinidas. Están permitidas las pruebas "de oídas" y la acusación podría condenar a un detenido si el juez determina que son fiables. Se puede impedir la difusión de información y pruebas secretas durante un juicio alegando "privilegio de seguridad nacional".
Unos argumentos similares a los empleados en la guerra contra el terrorismo: la “restauración de los valores alemanes mediante la ley y el orden, la decencia, la disciplina y la moralidad”, sirvieron de excusa para que el gabinete de Hitler modificara el código penal. Se favorecieron los juicios sumarísimos y la reducción de las garantías jurídicas del acusado, se aplicaron medidas expeditivas gracias a las cuales podían saltarse los trámites legales y se solicitó el apoyo popular para que Hitler, y no los tribunales de justicia, condenara a muerte. Estas reformas previas a las leyes aprobadas en el congreso de Nuremberg de 1935, en las que se estableció el sistema de discriminación y persecución racial que todos conocemos, propiciaron que los enemigos de la nación se multiplicaran, pues se había multiplicado el número de sospechosos de serlo. El discurso nazi venía a subrayar que Alemania gozaba de una seguridad y tranquilidad mayores que nunca, algo parecido a la tesis de Bush cuando alega que ahora el mundo es más seguro que antes de que él se tomara la justicia por su mano y se convirtiera en el adalid de la lucha contra el terrorismo.
El Consejo Nacional de Investigación de Canadá ha analizado cada detalle de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci mediante un escáner de tres dimensiones, que ha permitido estudiar la pintura con una resolución de profundidad de 10 micrómetros, alrededor de una décima parte del grueso de un cabello humano.
En el análisis de la obra renacentista no se ha encontrado ningún código secreto enmascarado, pero sí se ha descubierto el dibujo grabado en la madera que Da Vinci utilizó como composición general para basar la pintura final. El diagnóstico de los expertos asegura que, pese a tener más de 500 años de antigüedad, la obra se encuentra en buenas condiciones y el panel de madera sobre el que está pintada no presenta síntomas de degradación. Parece, pues, que la supervivencia de la eterna sonrisa de la Gioconda está garantizada.