La trama del Prestige
Todo lo que se le oculta a la opinión pública sobre el hundimiento del petrolero "Prestige" en las costas españolas de Galicia.
Prestige
Todo lo que se le oculta a la opinión pública sobre el hundimiento del petrolero "Prestige" en las costas españolas de Galicia.
Prestige
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados y la ONG Save the Children han recogido cientos de testimonios de niñas menores refugiadas que explican los abusos sexuales que sufren por parte de trabajadores de ONGs occidentales y de las fuerzas de paz de Naciones Unidas.
A cambio de un kilo de arroz, o incluso a cambio de una galleta, se pueden obtener los favores sexuales de una niña, tal es el estado de necesidad que los refugiados sufren en países como Sierra Leona, Liberia o Guinea. Una mujer guineana afirma que en su campo nadie puede tener acceso a la comida sin antes tener relaciones sexuales y que cuando alguien ve a una mujer portando comida ya se sabe cómo la ha obtenido. Los cascos azules son los que mejor pagan, llegando a ofrecer hasta 350, paga uno y luego todo un grupo abusa de la misma niña.
La miseria y la falta de alimentos obliga a las refugiadas a permitir los abusos sexuales, convirtiéndose la prostitución en el único medio de supervivencia en los campos. Esta vergonzosa situación no es nueva, ya en 1996 la ONU acusó a sus cascos azules de violar y entregar niñas a la prostitución en África. Lejos de solucionarse, el problema se ha agravado, arraigando esta indeseable costumbre entre los trabajadores humanitarios, que puestos a elegir las prefieren muy jóvenes y vírgenes.
Deben tomarse medidas inmediatas para que hechos tan execrables cesen de una vez por todas. Deben garantizarse la seguridad y los alimentos en los campos de refugiados. Deben establecerse mecanismos para que las niñas puedan denunciar a sus violadores y que éstos no queden impunes. Deben ofrecerse garantías sanitarias para evitar los numerosos embarazos no deseados y las enfermedades. Debe hacerse algo más por esos miles de personas que se hallan en condiciones deplorables, algo que no sea enviarles ese tipo de "generosa ayuda humanitaria".
Yo no me considero feminista, de hecho, detesto todos los "ista", pero he elaborado mi propia teoría respecto a hombres y mujeres, la denomino: Teoría de la tortilla, y es la siguiente:
En algún momento de la historia, quizás en la Prehistoria, la mujer, ves a saber si por imperativo biológico o cultural, se hizo acomodaticia. Descubrió las ventajas de tener un macho a su servicio, que cada mañana saliera a partirse los "cuernos" para defenderla y proporcionarle el sustento, mientras ella se quedaba resguardada en su cueva, al calor de una confortable fogata. El coste era mínimo, bastaba con recibir al macho cada noche con los ojos húmedos de admiración y decirle: Cariño, eres mi héroe. Y el pobrecito se lo creía.
La mujer, debido a la portentosa intuición de su cerebro "menos evolucionado", posee una mente rápida que la coloca un paso por delante del varón, y se aprovechó del punto flaco de su compañero, entiéndase vanidad, ego desmedido, amor propio o como se lo quiera llamar, para manipular al macho. Durante un tiempo, él no lo advirtió, estaba demasiado ocupado midiéndose las fuerzas, el pene o lo que fuera con sus congéneres masculinos, pero un día su cabecita de primate sapiens cayó en la cuenta y, reconociendo que jamás convencería a la mujer con la fuerza de sus argumentos, la avasalló con la fuerza bruta.
Entonces la tortilla, si es que se había inventado, dio la vuelta, y el hombre se vengó con creces por la humillación sufrida. Ya se sabe que el ego masculino no está para muchos trotes y se quiebra con la facilidad de un murano. Desde allá hasta acá todos conocemos qué ha ocurrido. La mujer, tal vez por su culpa, se convirtió en objeto de uso y abuso. La Iglesia la clasificó en dos grandes grupos: las putas y las demás. Los hombres las violaron, las maltrataron, las relegaron... con absoluta impunidad, pues Dios y sus secuaces bendecían la barbarie de sus actos. Hasta que la tortilla, que ya estaba bastante socarrada de ese lado, volvió a girar, y la mujer se tornó combativa, dispuesta a luchar con (contra) el hombre en la palestra de la vida. Algunas se pasaron de rosca en el intento de equiparación al varón, jugaron al peligroso juego del quítate tú "pa" ponerme yo, y, como es lógico, los hombres no se lo permitieron, y cargaron tintas, armas y cuanto fue preciso para hacerlas pasar por castradoras, feministas e histéricas.
Hoy la tortilla está haciendo una pirueta en el aire, y hombres y mujeres aguardamos expectantes ver de qué lado cae. Esperemos que no sea del que ya estaba churruscado, y ambos sexos, con nuestras diferencias y nuestras similitudes, seamos capaces de coexistir en armonía y sin que uno tenga que estar necesariamente "encima" del otro, postura sólo excusable en la cama y otras superficies practicables.
Las tropas españolas desempeñan una misión de paz en Iraq, esto es lo que se nos dice desde el Gobierno, pero ahora el Gobierno no puede seguir manteniendo su postura porque José Antonio Bernal ha sido asesinado por ser español, pues esta víctima corresponde a una iniciativa política. Y es que nuestros militares, aun yendo en misión de paz, se confunden de manera evidente con el resto de las fuerzas de ocupación. Pero el Gobierno no se retracta de sus mentiras: sobre las causas de la guerra, sobre la existencia de armas de destrucción masiva, sobre el mandato que guía a los soldados españoles en Iraq. Sin consenso político y en contra de la opinión ciudadana, Aznar hace y deshace a su antojo, y lo peor no es esto, la sociedad parece anestesiada e incapaz de hacer con su impotencia y su indignación algo más que clamar en el desierto.
Dos hermanas han sido expulsadas de un liceo de París por llevar el velo islámico y negarse a quitárselo en el centro escolar. Hijas de madre cristiana y padre judío agnóstico, estas chicas rechazaron la alternativa de reemplazar el velo por un pañuelo que les dejaría al descubierto el cuello, el lóbulo de sus orejas y la raíz del cabello. Entre la prescripción religiosa y los principios del laicismo se debate la regulación de las ostentaciones de la condición religiosa. Llevar velo es considerado una provocación por los laicistas, pero llevar una cruz o una medalla colgando del cuello o un pin en forma de estrella de David no es hacer propaganda de la religión que se profesa. No lo entiendo.
El Movimiento Mundial en favor de la Infancia es un conjunto de personas y organizaciones en todas partes del mundo dedicado a promover los derechos del niño. El movimiento se basa en la participación, la acción y la responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Vamos a cambiar el mundo con los niños.
Movimiento mundial en favor de la infancia
En la movilización social por la Globalización de los Derechos Humanos participan ya 2.710 entidades de 115 países, un apoyo social que sobrepasa los ocho millones de personas. Estas cifras confirman que Internet es un medio extraordinariamente ágil para trabajar por un mundo más justo. Las adhesiones recibidas provienen de todos los continentes, de todas las culturas. Tú puedes colaborar en conseguir más adhesiones, simplemente enviando correos electrónicos.
Globalización de los Derechos Humanos
Respecto a la sexualidad femenina han circulado desde tiempos inmemoriales infinidad de teorías a cuál más curiosa, todas tienen marcadas tendencias patriarcales, clasistas y son contradictorias.
El cristianismo nos había convencido de que la única función de la sexualidad femenina era la procreación, dentro del matrimonio evidentemente, y que el sexo era algo impuro y despreciable. Nadie se atrevió a contradecir la palabra de Dios, y así andaban las cosas cuando a Freud se le ocurrió decir que las niñas nos enamoramos de nuestras madres, pero un día descubrimos que los hombres tienen entre las piernas algo de lo que nosotras carecemos y la envidia de ese pene nos decanta a amar a nuestro padre y a padecer un complejo de Electra como la copa de un pino. Unos estudiosos señalaron que la mujer era incapaz de sentir el orgasmo ya que su aparato genital estaba específicamente diseñado para concebir y nada más, de ahí se dedujo que si una mujer decidía como opción personal que no quería procrear la pobre tenía algo trastocado en la cabeza; otros se pusieron a discutir si la mujer eyaculaba o no, si era capaz de experimentar orgasmos múltiples o sincronizados con los de su pareja, se llegó a afirmar que va implícito en la condición femenina el desprecio a todo contacto sexual...
Pero el mundo evoluciona que es una barbaridad y llegaron las feministas reivindicando la igualdad de la mujer respecto al hombre, la libertad sexual, y aprendimos que la masturbación no es pecado ni produce efectos secundarios nocivos para la salud y que el clítoris, debidamente tratado, puede proporcionarnos muy buenos ratos.
Las mujeres ya controlábamos nuestros embarazos y disfrutábamos de los placeres sexuales cuando alguien descubrió un misterioso punto G camuflado en algún lugar de la parte delantera de la columna vaginal, se trataba de una especie de interruptor destinado a ofrecer maravillosas sensaciones jamás antes conocidas. Encontrarlo se convirtió en el objetivo primordial de hombres y mujeres, pero el punto G parecía esquivo, pocos y pocas atinaban a dar con él, lo cual generaba alguna frustración que otra y daba origen a más de una mentira. Los hombres presumían ante sus amigos de haber localizado el puntito del gusto logrando que su pareja subiera al séptimo cielo. Las mujeres, para no ser tildadas de frígidas como antaño, aseguraban que sí, que el punto G era una gozada.
Pues bien, ahora nos confirman que el dichoso punto G era una engañifa y no existe. Resulta que las paredes vaginales están específicamente diseñadas para dar salida a la criatura al final del embarazo, así que es una zona poco sensible a fin de que el parto sea menos doloroso. Por consiguiente, el tejido que recubre las paredes vaginales no proporciona ninguna sensación de placer durante el coito y la inmensa mayoría de mujeres sólo llegan al orgasmo mediante la estimulación del clítoris.
Acabáramos, tanta expectación y tanta expedición fallida por los recovecos de la intimidad femenina para conocer que el punto G es en realidad la estructura interna del área clitoridiana. Menudo chasco y menudo alivio, con la de tiempo que hemos malgastado buscando la fuente de ese orgasmo sublime, el único y auténtico placer, ése que sólo podía conseguirse llegando al dichoso punto G. Por fin las mujeres absolveremos a nuestra pareja después de haberle acusado de torpe y manazas, por fin respiraremos aliviadas sabiendo que no padecemos ninguna malformación congénita que nos haya mutilado el punto G. A partir de ahora disfrutaremos de nuestra sexualidad sin que nadie nos diga cómo hemos de hacerlo, porque a estas alturas ya sabemos qué es lo que nos gusta y cómo obtener placer.
La falta de control sobre el comercio de armas aviva los conflictos, la pobreza y los abusos contra los derechos humanos. Todos los gobiernos del mundo son responsables.
Esto no puede seguir así. Pedimos un Tratado Internacional sobre Comercio de Armas que ponga fin a esta situación así como acciones locales para proteger a los civiles de la violencia armada
Únete a nosotros para exigir un control más estricto sobre las armas.
Armas bajo control
El otro día me lo encontré en la calle, hacía tropecientos años que no lo veía, desde la escuela, y al principio me costó un poco reconocerlo. Alto y enjuto, llevaba el pelo largo y barba de dos días, vestido con una chupa de cuero, vaqueros gastados y unas botas todo terreno, ofrecía un aspecto muy distinto al que yo recordaba: rostro lampiño, pantalones cortos y una bata azul a rayas.
Nos quedamos mirándonos fijamente a los ojos, como para cerciorarnos de la identidad intuida del otro, y tras unos segundos de duda justificada nos convencimos de que nosotros éramos, efectivamente, nosotros. El saludo estuvo teñido por la nostalgia de un remoto tiempo. Demostraste tenerlos bien puestos, me dijo, y yo sonreí asintiendo. Sabía perfectamente a qué se refería.
Cuando cursábamos el séptimo grado, vino un inspector al colegio. Un padre había denunciado a nuestro maestro por infligirnos castigos corporales y estaban investigando si eso era verdad. Necesitaban que alguien, además de aquel compañero, corroborase que era cierto. Y vaya si era cierto, aquel profesor era el tipo más cabronazo del mundo, nos pegaba por gusto. Pasaba entre las filas de pupitres y si te veía, por ejemplo, más inclinado sobre el cuaderno de lo que él consideraba correcto al escribir, te golpeaba en la coronilla con la saña de sus nudillos. Nadie despegó los labios, todo el mundo tenía miedo, y con razón, pero yo no. Me levanté y dije que el profesor nos daba patadas, cogotazos, nos insultaba y a más de uno le había aplastado la nariz contra la pizarra por no saber resolver un problema de aritmética. Al maestro lo botaron, claro, se hizo justicia, y vino otro nuevo. Éste era una buena persona, no nos golpeaba y con él aprendimos mucho. Cuando acabó el curso, en la clase sólo hubo dos alumnos suspendidos: el chaval que presentó la denuncia y yo. ¿Por qué sería?
Para la mayor parte de los estadounidenses de los años 50, Ernest Hemingway fue el hombre que encarnaba con su vida y con su obra la auténtica virilidad. Sus libros de acción y su vida (boxeo, caza, pesca, bebida, la búsqueda permanente de actividades viriles) fueron dos maneras de ilustrar la masculinidad norteamericana.
Consagrando su vida y su trabajo a la leyenda de su propia virilidad papá Hemingway, tal como le gustaba que le llamaran desde los veintisiete años, también supo, sin embargo, mostrar su lado trágico. Su depresión crónica, el insomnio, sus complejos de inferioridad, unos celos feroces, su competitividad brutal, la perversa humillación de los amigos... son constantemente visibles al ojo del observador. Cada vez más, la masculinidad pura adquiere en él la forma de una auténtica paranoia, de la autodestrucción y del miedo a la muerte, que culminaron en una terrible depresión nerviosa y en el suicidio.
Su biógrafo, Kenneth Lynn, ha insistido mucho sobre el conflicto interior que vivió el escritor, debatido entre la búsqueda de la virilidad exenta de toda femineidad, y el deseo de una pasividad femenina. Se trata de una contradicción neurótica que se manifiesta claramente en su obra póstuma El jardín del Edén, extracto de un interminable manuscrito que el autor escribió durante quince años. En él se expresan sin tapujos sus deseos de una pasividad sexual y sus fantasías transexuales.
Los dos miembros de El jardín del Edén intercambian sus identidades sexuales, Hemingway puede gozar con la confusión de sexos que le envuelve desde la infancia. En 1948 escribe en su diario Ella (su esposa Mary) siempre ha querido ser un chico... Le encanta que interprete el papel de amiga íntima suya y eso me gusta... Me ha encantado descubrir cómo abraza Mary... totalmente diferente a lo que establecen las normas. La noche del 19 de diciembre nos ocupamos en ello y jamás fui tan feliz.
Por eso los momentos de abandono son excepción en la vida de Hemingway. Por lo general, convierte ese deseo de identificación femenina en conductas agresivas y humillantes con sus esposas sucesivas y en incesantes acusaciones de esterilidad y de homosexualidad para con otros hombres, ya fueran amigos o enemigos. Finalmente, vencido por esa enfermedad de la masculinidad, el escritor se suicida pegándose un tiro con su fusil. Tal vez podríamos aplicarle la reflexión que hace L. Segal a propósito del suicidio de Mishima: Su furiosa búsqueda de la masculinidad... le provocó un deseo de purgarse de toda sensibilidad para poder convertirse en un objeto completamente viril, en un hombre pleno (cosa que no era posible hasta el momento de la autodestrucción, el momento de la muerte).
El Encantador es un relato de cincuenta y cinco folios mecanografiados en ruso, titulado Volshebnik. En el invierno de 1939, en París, Nabokov había escrito una novela corta, una especie de pre-Lolita. El autor estaba seguro de haberla destruido, pero un día, mientras preparaba un material para donarlo a la Biblioteca del Congreso, encuentra la única copia de la narración. Una vez releída, la considera una bella pieza rusa, precisa y lúcida y que con un poco de cuidado podría ser traducida al inglés por los Nabokov. Y el encargado de la traducción fue Dimitri Nabokov, quien recuerda que su padre la realizó cuando él tenía cinco años y que en ocasiones se recluía en el cuarto de baño para poder escribir en paz.
El Encantador es el estudio de la locura vista a través de la mente de un loco, y en esta ocasión la pedofilia criminal del protagonista es el tema seleccionado por Nabokov para elaborar su proceso creativo. Uno sospecha al leer las primeras páginas de El Encantador que la historia no acabará bien, que el arrojado y nefando protagonista recibirá el castigo merecido, y a lo largo del relato esta premonición resulta más y más obvia. Además de ser, en parte, una historia de horror, también es en cierta medida un thriller de misterio: el destino juega con el loco frustrando sus planes, instigándolos o espeluznándose. Mientras se van desarrollando los hechos, nosotros no sabemos todavía de qué modo se producirá el desastre, pero la sensación de que ocurrirá es inminente.
El hombre es un soñador corrompido y, por reprobable que pueda ser su conducta, uno de los aspectos destacables de su psicología es el de su ocasionalmente objetiva introspección, incluso se podría decir que la clave del cuento reside en la introspección, ya que mediante ella el protagonista consigue provocar un sentimiento de compasión en el lector. El anhelo de ser una persona honesta destaca de tanto en tanto, cuando se insinúan los patéticos esfuerzos que realiza para autojustificarse, lástima que sus objetivos se disuelvan bajo el ímpetu de su compulsión, pese a ello, no deja de reconocer que es un monstruo: se casa con una mujer que se convierte en el medio para alcanzar un fin repugnante, su hija, y la niña es un instrumento para su satisfacción.
El Encantador se ve a sí mismo involucrado en un plan especial. Es igual que un rey Lear lascivo que reside en un cuento de hadas cerca del mal con su pequeña Cordelia, a la que durante un segundo se imagina como una hija inocente, candorosamente querida. Pero tras este fugaz sentimiento paternal aparece rápidamente la bestia maligna que mora en él y lo sumerge en una fantasía pedofílica sumamente fuerte.
Algunos episodios espinosos son más explícitos que en otras obras de Nabokov, no obstante, hay párrafos donde la velada connotación sexual se traduce en la chispeante faceta de un símil o en una momentánea desviación del curso del pensamiento, que se dirige hacia un destino completamente diferente.
Ya es sabido que el estilo de Nabokov suele presentar múltiples formas de interpretación, aquí sigue un hilo fino y delicado y el virtuosismo de la obra consiste en una deliberada vaguedad de los elementos visuales y verbales cuya suma constituye una compleja unidad indefinible.
Nabokov considera El Encantador como una obra totalmente distinta, tan sólo relacionada con Lolita de una manera vaga y distante. Es posible que contenga, él lo reconoce, el primer y leve latido de la novela posterior. De cualquier forma, Volshebnik no es un retrato de Lolita, las diferencias entre las dos obras son más grandes que las similitudes, pero tampoco hemos de olvidar que las artes, a menudo, viven con los primeros latidos que anuncian futuras obras más importantes, como por ejemplo Retrato del artista adolescente de Joyce.
En cuanto a la contribución de El Encantador, no hay duda de que existen ideas e imágenes ocasionales que resuenan en Lolita, de la misma manera que temas y detalles de diversos tipos reaparecen a menudo en las narraciones, poemas y obras teatrales de Nabokov. En este caso los ecos son distantes: el escenario, los personajes, el desarrollo y el desenlace.
Dolores Haze puede ser, según dice Nabokov en realidad la misma jovencita que la víctima de El Encantador, pero tan sólo en un sentido conceptual de inspiración. En otros aspectos la primera niña es muy distinta: perversa únicamente a los ojos del loco; inocentemente incapaz de nada parecido a la intriga de Quilty; sexualmente dormida y físicamente inmadura.
El Encantador es, en definitiva, una obra intensa, desconcertante y diabólica en la que se advierte el inequívoco estilo de Nabokov con su alambicada ironía, belleza y magistral talento narrativo.
Telefónica ha empezado a renovar sus cabinas para que, además de hablar por teléfono, el usuario pueda enviar mensajes SMS, correos electrónicos y faxes. Hay que ver cómo avanza la tecnología, es una pena que con tanto progreso aún no se haya inventado un sistema para que las cabinas devuelvan el cambio.
Nada duele tanto como la esperanza y se maldice por haberla concebido. Mide en el reloj la desértica extensión de horas que ha de atravesar hasta que pueda guarecerse entre las sólidas paredes de su refugio, donde es el monarca absoluto de un reino vacío.
La imagen de ella lo persigue, su luz apaga todos los brillos y su recuerdo actúa en él como un encantamiento del que reniega sin poder conjurarlo. Le gustaría proferir un alarido agudo, ése que pugna por salir de los abismos de su alma, pero le da miedo estallar.
Aún no ha conseguido encajar su recuerdo en el puzzle de la memoria. Un año ya y no sabe si le amó o le utilizó. Hay días en los que vuelve a ver el cuadro esperpéntico de un hombre enamorado que pagó con una depresión su cuota de sufrimiento. Lloró. Lloró mucho. Es sorprendente la cantidad de lágrimas que puede producir un ojo. Como quien auxilia a alguien que se ahoga, ella tuvo la opción de salvarle, pero le dejó perecer.
Sólo puede recordarla, no quiere pero la recuerda, no solo por el daño que le hizo sino por el placer que le ha proporcionado. Por aquellos días de sexo continuo celebraría haberla conocido el resto de su vida, por aquellos besos en los ponía el alma en sus labios lamentaba haberla perdido. Ahora se siente bien con su recuerdo obsesivo, con su presencia invisible, vegeta habitando con desgana su vida de siempre, devastado por dentro y vacío, como si por su alma hubiera pasado un cataclismo. No hubo despedida, se limitó a llorar mientras se apartaba de ella, deseoso de inmolarse ante el dios del fracaso.
La noche le guiña sus ojos, ahora rojos, ahora verdes, mientras conduce por la avenida, no quiere volver a esa torre de preguntas sin respuestas. Tal vez vaya a buscarla algún día.
Israel ataca Siria y Bush afirma que Israel tiene derecho a defenderse, quizá por aquello de que la mejor defensa es un ataque. O como dijo Orwell: "La guerra es paz, la libertad es esclavitud". O como recordara Hugo von Hofmannsthal: "Los conceptos se deshacen en la boca como hongos podridos". Y con los conceptos, una vez convertido el agresor en agredido y el ataque en defensa y con la autoridad que otorga el derecho a veto, también se deshace en la boca la legalidad internacional reflejada en la Carta de las Naciones Unidas.
Viñeta de Forges publicada en el diario El País (8/10/03)
Según el INEM, el paro ascendió en septiembre en 38.633 personas, y como éste es un dato negativo, el Gobierno intenta neutralizarlo con otro dato: el aumento de afiliaciones a la Seguridad Social. Pero este aumento no implica un aumento de trabajadores, porque los perceptores en paro están afiliados a la Seguridad Social y también los estudiantes y los jubilados, por citar sólo unos pocos ejemplos. El escándalo destapado recientemente por la situación de Ricardo Romero de Tejada, jefazo del PP dado de alta en una copistería de la que no era trabajador, evidencia también la existencia de irregularidades. No es correcto, pues, utilizar unos datos para ocultar otros.
Un estudio económico recoge el tiempo de trabajo que debe invertir una persona para poder comprar una hamburguesa. El tiempo se ha calculado a partir de la mediana de 13 ocupaciones y el precio de una hamburguesa Big Mac en cada ciudad. En Barcelona cuesta 2,8 euros y puede adquirirse con 22 minutos de trabajo. En Los Ángeles bastan 10 minutos, en Méjico 75, en Bombay 112 y en Nairobi 185.
El ser humano tiene una gran cualidad que es la de tener prejuicios. El ser humano es capaz de hacer juicios sin información previa, sin datos; al menos, sin todos los datos. Por supuesto que a la hora de tomar una decisión nos encantaría disponer de toda la información relativa a ella, pero como es algo casi imposible de lograr aventuramos hipótesis, llegamos a conclusiones formales, teorizamos sobre lo que no sabemos... La gran cualidad humana es la intuición, que posiblemente no sea más que utilizar tanto interconexiones entre recuerdos como datos, ambos incompletos, o al menos no conscientes.
Es probable que el exceso de información esté limitando la intuición de los humanos. Tal vez la obsesión por acaparar toda la información sobre un cierto tema es una muestra de debilidad, de incapacidad para utilizar nuestra imaginación e intuición porque "el experto no piensa, el experto sabe".
Como una voz quebrada en dos mitades,
acogerte a ti, como una luz suicida,
con una fe fugaz y estremecida,
ser en ti, manantial de eternidades.
Abrirme a ti, que aumentas y me invades
y me llevas cautiva en tu crecida.
Abrirme a ti como una sombra herida
por el furor de tantos dolores.
Acogerte a ti como sed furtiva,
vaivén de mar tu abrazo que me apresa
y me lleva y me trae
y me traspasa de parte a parte.
Acogerte, ser tú, vivirte a la deriva,
inmensos tu delirio y tu fuego.
Navegación sin límites: amarte.