De mal en peor
Mi “amigo” Freud lo tenía muy claro: los hombres se despiertan empalmados porque tienen sueños de alto voltaje. A quienes osaban rebatir la teoría, Freud les rebuscaba entre sus sueños cualquier simbología sexual a la que poder atribuir el fenómeno. Pero hoy sabemos que la causante de la erección masculina es la molécula llamada óxido nítrico, que produce el cuerpo, y que también se encuentra en la contaminación atmosférica, pues la producen los tubos de escape de los coches.
DAN BROWN ACUSADO DE PLAGIO
Dan Brown, autor de “El código da Vinci”, ha comparecido ante un juez en Londres acusado de plagio. Michael Baigent y Richard Leigh, que publicaron La Santa Sangre y el Santo Grial en 1982, denuncian que en el best seller se ha plagiado la compleja trama que ellos desarrollaron en su libro.
Brown testificará a favor de la editorial que publica su novela, la Random House, y para defender la originalidad de su obra. De ganar el juicio los querellantes, podría extenderse una orden que prohibirá la utilización de las teorías de su publicación, y el estreno de la película quedaría bloqueado. Si algo le faltaba a Dan Brown para vender más libros (lleva ya 30 millones), es esta nueva polémica.
EL COLMO DE LA VANGUARDIA
Me entero de que uno de los mejores chefs del mundo, Heston Blumental, en pleno ramalazo vanguardista, elabora recetas de un libro de cocina del siglo XVII y las cobra a precios del XXII, alegando que son una creación genial. ¿Cómo puede ser futurista un plato de hace 400 años? ¿Ser original consiste hoy en día en reinterpretar lo que ya han hecho otros?
FALTA DE COHERENCIA
“Cambiar de opinión es de sabios”, siempre se ha dicho. Y mudar de criterio es un derecho que asiste a todas las personas. Pero lo que me descoloca son esos giros políticos e ideológicos que viene practicando el PP desde que es oposición. En la prensa de 1998 se publicó el establecimiento de contactos entre el Gobierno que presidía José María Aznar y el entorno de ETA, y los diarios de derechas celebraron la decisión. Entonces era una excelente noticia digna de encomio, pero hoy, cuando son otros los que dialogan, es una canallada y un insulto para las víctimas del terrorismo. Será que la lucha contra el terrorismo no es una cuestión de principios sino una coyuntura variable y circunstancial.
Hubo un tiempo en que los católicos lo tuvieron muy crudo para aparearse. Según cuenta Béatrice Bantman en su obra “Breve historia del sexo”, no podían mantener relaciones sexuales en jueves: día en que Cristo fue arrestado; ni en viernes: cuando murió; ni los sábados: para honrar a la Virgen; ni en domingo: día de María; ni en lunes: en honor a todos los difuntos.
El Ayuntamiento de Salamanca no se rinde y ha decidido que la actual calle Gibraltar, donde se encuentra ubicado el Archivo de la Guerra Civil, pase a denominarse calle del Expolio. No es la única iniciativa, el alcalde de la ciudad, Julián Lanzarote, está preparando, además, una serie de actos vinculados con el asunto del traslado de documentos a Cataluña: se organizará una exposición con la historia del expolio y un acto cultural, el 3 de mayo, también se editará un DVD tratando este tema.
Miro el reloj. Tres horas por delante. La clausura en este sucio cubículo resultaría mortal de no ser por su sonrisa. Un balance que no cuadra ni a tiros. Facturas que vencen. El teléfono y una voz de pito que reclama solución inmediata a su problema. Sólo su sonrisa me redime de la condena del pluriempleo. Clientes que repiten una vez, y otra, y otra, y otra… la misma canción. Las saetas que se mueven a cámara lenta. La impresora que se come el papel y lo escupe chorreando tinta. El jefe de morros porque los impagos de este mes torpedean las ganancias de la empresa. Los compañeros calcinados por las exigencias de unos y otros. Y esa sonrisa cómplice y compasiva iluminando mi tenebroso universo. ¿Entiendes ahora por qué llego a la noche tan cansada? La sonrisa se ensancha. ¡Ah…! Sin esa sonrisa de ánimo, el infierno sería aún peor. No sé qué haría sin ella. Sin la sonrisa de George (Clooney).
Me lo cuenta una amiga del chismorreo que sabe de la vida y milagros de los famosos. “Que sí, que sí. Que los príncipes han ido a Zara a comprarle un pijama a la infanta Leonor”. Me cuesta creer una cosa semejante y por eso indago en la prensa rosa. Efectivamente, estas Navidades los príncipes de España han ido a Zara a comprarle a su hija un pijama de dos piezas que valía 11,90 euros. ¡Jo, menudo chasco! Yo pensaba que la criaturita vestiría prendas de Armani, por lo menos. Muy mal anda la monarquía si los millones de euros anuales que cobran sus altezas no les dan para más.
Desde Argentina, Analía me manda este regalo. Gracias ;)
Dice Martin Amis: “Cuando uno está terminando una novela, está instalado en la realidad de la ficción, no en la de la vida cotidiana. Mientras dura esa preocupación intensa se está ausente de la vida real. En casos como el mío, se es un sustituto de padre, un sustituto de marido. Para los escritores la vida no es suficientemente interesante, necesitamos un mundo paralelo. Es triste, lo siento, pero es la verdad: es mi vida. Se lo puede preguntar a mi mujer…” Por favor, que nadie le pregunte a mi pareja cómo soy cuando escribo una novela.
La cosa empezó cuando Janet Jackson enseñó un pecho durante el descanso del partido de la Super Bowl norteamericana el año pasado. Desde entonces la realidad se transmite en diferido, con 20 minutos de retraso. La ceremonia de entrega de los Oscar o el juicio contra Saddam Hussein se ofrecen televisados en un falso directo y con un margen de tiempo reservado para censurar lo que no conviene que se sepa. Ésta es la democracia de Bush, la libertad de prensa en los Estados Unidos.
Hace sesenta años, la barbarie humana obtuvo uno de sus mayores triunfos. El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 horas, el bombardero militar norteamericano tipo B-29 Enola Gay arrojó una bomba atómica denominada Little Boy sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. La bomba de uranio enriquecido estalló con una fuerza equivalente a la de 12.500 toneladas de explosivo. Hiroshima quedó prácticamente reducida a escombros, y desde ese momento y en los meses posteriores, unas 200.000 personas murieron como consecuencia del bombardeo.
Demasiado parecido al de Madrid para que el atentado en Londres no nos traiga a la memoria emociones casi idénticas.