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El jugo de Marilyn

El jugo de Marilyn

Los derechos sobre el nombre y la imagen de la legendaria Marilyn Monroe han cambiado de manos. Hasta hace poco Anna Strasberg, viuda de Lee Strasberg, el creador de la Actors Studio, la academia  de interpretación por donde pasaron los actores y actrices más famosos del Hollywood de hace unos años, había sido la heredera de la actriz. Ahora una compañía experta en explotar marcas y otra compañía experta en promoción mediática, han comprado los derechos sobre Marilyn Monroe por casi 50 millones de dólares. Entre las ideas que los actuales propietarios tienen para sacar rentabilidad a su inversión figura la de sacar una línea de ropa interior y de cosméticos y un montón de productos para el hogar. Se trata de exprimir el nombre de Marilyn y extraerle todo el jugo posible, aunque esto ocurra a costa de destrozar el mito y rebajarlo a mero producto de supermercado.

 

La fuente

La fuente

Bradley Manning no es tan conocido como Julian Assange, pero es la fuente de la que salen los documentos que publica WikiLeaks y se enfrenta a 52 años de prisión por sus presuntas indiscreciones. Dicen que Bradley Manning es un joven tímido, empollón, inseguro y con problemas para relacionarse, es también un genio de la informática que se sentía marginado y no encajaba en el ejército estadounidense por su condición de homosexual. Con 22 años fue destinado a servir en una base de Irak donde tenía acceso a las redes clasificadas del Pentágono. Cuentan que, para despistar, grababa estos archivos en un cedé con una carátula de Lady Gaga mientras movía los labios canturreando su Telephone.

A Bradley Manning le ha delatado al FBI un examigo, Adrian Lamo, también exhacker y activista gay. “Si tuvieras acceso sin precedentes a las redes clasificadas durante 14 horas al día, siete días a la semana, durante ocho meses, ¿qué harías?”, le preguntó Manning a Lamo en un chat. La fatal pregunta ha dejado al descubierto al espía traidor y también al amigo delator.

Otro sátrapa

Otro sátrapa

Durante 23 años, Ben Ali fue el presidente de Tunicia si tener en cuenta las necesidades de su pueblo y enriqueciéndose a su costa. Tunicia es un país islámico, pero con un fuerte laicismo, y en un intenso mes de lucha los ciudadanos liberales y asqueados de tanta corrupción han derrocado al régimen autoritario que los acogotaba. En Tunicia los negocios pagaban tributo a la familia y a los amigos de Ben Ali y su segunda esposa detentaba un poder casi absoluto en asuntos económicos, de manera que era difícil saber si el dinero que entraba en caja iba destinado a las arcas del Estado o a la cuenta corriente del presidente. Tunicia cuenta con fuentes importantes de ingresos: inversiones turísticas, gas, petróleo, empresas textiles…, pero los beneficios que generaban terminaron en los bolsillo de los más allegados a Ben Ali. Así ocurría durante 23 años, hasta que un joven fue abofeteado en un mercado y saltó la chispa que hizo arder el país entero. La revuelta puede tener repercusión en otros países que viven circunstancias similares: Egipto, Argelia, Libia o Marruecos se pueden contagiar de estos deseos de democracia y libertad. No olvidemos que estos países son excolonias que han recibido el protectorado europeo durante muchos años. Por ejemplo, Ben Ali era aliado de Estados Unidos y de Francia y ambos estados sabían de las tropelías del dictador, pero las consentían por el soporte estratégico que representaba este aliado en la zona. Ahora el pueblo tunecino se ha rebelado contra la represión que padecía y la comunidad internacional debe secundar esta decisión porque no pueden permitirse más abusos de poder, ni más dictaduras, ni más sátrapas sentados en una poltrona vitalicia.

Cosas que pasan en política

Cosas que pasan en política

Joan Pluma (tercer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Girona) ha decidido entrar en el gobierno de CiU como director general de Patrimonio Cultural sin renunciar a su militancia en el PSC, y el líder de los socialistas catalanes Joaquim Nadal opina que esta decisión es de una coherencia implacable. O sea que, diccionario en mano, no se puede aplacar, amansar, suavizar o mitigar. Y, sin duda, implacable es, y coherente no lo es menos, que Joan Pluma firme con una mano su nombramiento como alto cargo en el gobierno de CiU, mientras que en la otra mano sostiene su carné del PSC. ¿Cómo se come esto?, se preguntarán ustedes. Fácil. Pluma no abandona su militancia en el PSC, la deja en suspenso, en una especie de excedencia.

Teniendo en cuenta que en este santo país los políticos se dedican a su profesión para servir al pueblo y defender sus intereses (los del pueblo), no sería descabellado que, para ejercer su labor del mejor modo posible, un político tenga carné de todos los partidos y milite en uno o en otro, o por qué no, en todos a la vez, si con ello el Estado y sus ciudadanos resultan beneficiados. Hasta que este ideal democrático se instaure, una oportuna excedencia ahorrará muchos cargos de conciencia y no pocos problemas, porque si tuvieran que renunciar al carné del partido o a sus ideales, algunos políticos no sabrían donde tienen ni el uno ni los otros.

Fumar o no fumar

Fumar o no fumar

Con la aplicación de la Ley Antitabaco, las terrazas de los bares congregan a los fumadores que no renuncian al cigarrillo. Para proteger a sus clientes de los rigores invernales, algunos establecimientos han instalado estufas, en otros locales, los adictos a la nicotina tiemblan expuestos al frío, pero fumando. No es raro escuchar las conversaciones que entretienen a estos fumadores y en ellas se oyen palabras como represión, totalitarismo, dictadura o persecución. Los argumentos del ministerio de Sanidad no han convencido a todos.

Ya se hizo una Ley Antitabaco a medias, que intentaba contentar a todos, un objetivo que siempre fracasa. Y ahora toca ser duros, dar prioridad al bien común por encima del individual. En otros países europeos han solucionado la cuestión del tabaco con respeto y educación, sin conflictos. En París, ciudad que visité el año pasado, los bares y restaurantes estaban llenos, pero sin humo. La gente salía a fumar a la calle y no parecía contrariada por tener que hacerlo. Aquí le encontramos pegas a todo y olvidamos lo importante: nuestra salud. La libertad es un derecho logrado con mucho esfuerzo y está ligada a postulados más serios que el tabaco. No se prohíbe fumar; quien quiera, podrá seguir haciéndolo, pero lejos de quienes desean ahorrarse humos ajenos.

Por desgracia, vivimos una época muy dura y difícil. El paro no deja de aumentar, los precios suben a diario, el IPC se dispara, la inseguridad laboral es alarmante, las dificultades para encontrar trabajo son muchas, los jóvenes no logran independizarse, los mayores apenas sobreviven con su pensión de jubilación. Podría seguir enumerando problemas más graves que fumar o no fumar en un bar, pero los conocemos de sobra.

Correspondencia

Correspondencia

Una de las ventajas y uno de los inconvenientes que tiene todo escritor es no saber qué opinan los lectores de su obra. Compras un libro, lo lees hasta el punto final y te suscita una opinión, que el autor ignorará. Con la llegada de Internet, la posibilidad de contacto entre escritor y lector es posible.

Habitualmente recibo correspondencia de lectores de mis blogs que se animan a exponerme sus cuitas. Muchos deciden no hacer público su criterio y en lugar de insertar una opinión, me escriben un correo. Hay comentarios que no me sirven de mucho: “Muy bueno”, “Me ha gustado tu artículo”, “Está muy bien este poema”… Agradecería un argumento, un porqué. Hay otros que me aportan interesantes puntos de vista, que completan la información de que dispongo o que me abren puertas a otros universos, a estos lectores les agradezco sus aportaciones porque me ayudan a ampliar mis conocimientos. Alguna vez, de tanto en tanto, alguien me sorprende. Su interpretación de mi obra es exacta y coincide rigurosamente con la idea que yo intentaba expresar. Mi ego crece al leer estos comentarios, al menos uno de mis lectores ha leído lo que yo he escrito. Excepcionalmente, me llegan opiniones que me dejan perpleja: ¿No se habrán equivocado adjudicándome la obra de otro autor? Yo decía justo lo contrario, ¿tan rematadamente mal me expreso?

A veces, entre esta correspondencia encuentro mensajes que me desconciertan porque no sé muy bien cómo debo tomármelos. Aquí van unos ejemplos.

Una lectora me ha remitido el siguiente correo: “Me extraña su argumento al decir que no cree porque nunca ha visto a Dios. ¿Por qué unos refuerzan su fe y otros la pierden? Sencillamente, porque unos notan en su corazón la presencia divina y otros no quieren saber de Dios o lo buscan fuera, como si no estuviera adentro, que diría San Agustín sobrado de experiencia. Ver a Dios es la bienaventuranza reservada para los limpios de corazón. Ser limpio de corazón es no tener adherido el fango del egoísmo o del dinero, de la codicia o de la hipocresía, es estar adornado de la sencillez de un niño, revestidos de la castidad del alma pura. Dios no es materia y solo lo captan los que saben elevarse sobre ella. Cuando el fango deja de tapar nuestros ojos, lo vemos cara a cara, más claro que nuestro rostro en un espejo. Ni en esta vida ni en la otra puede nadie contemplar a Dios en figura, que es espíritu puro, pero la percepción de su divina esencia amorosa y sublime reconforta el alma de los bienaventurados. Los místicos que la contemplan, morirían de sorpresa y de amor si Dios no lo impidiera. ¿Qué es lo que le impide notar la presencia divina? ¿No es, por ventura, la lujuria, la soberbia, el rencor, el ruido interior o la codicia?”

¿Qué puedo decirle, Rosa? Me alegra sobremanera que sea usted una de esas personas privilegiadas a las que Dios ha mostrado su rostro, permitiéndole gozar de un estatus con el que yo no puedo ni soñar.

Supone que no creo porque nunca he visto a Dios y le aseguro que no es ésta la razón. Jamás he visto un esquimal, un suricata o un billete de 500 euros y no por eso dudo de su existencia, es más, me consta que haberlos, haylos porque me han aportado pruebas tangibles y fehacientes de que existen.

Lamento no saber qué me impide notar la presencia divina, aunque, ni por ventura, ni por desgracia, puede ser la lujuria, la soberbia, el rencor, el ruido interior o la codicia. Me hallo cubierta por el lodo de incontables defectos, pero éstos aún no me han salpicado.

Mi conciencia no pasaría la prueba del algodón, lo admito. No poseo la inocencia de un niño porque soy una persona adulta baqueteada por la vida, sin embargo, tampoco soy un catálogo de maldades.

Por último, solo añadir que mi mente racional y escéptica me lleva a aceptar el siguiente principio filosófico: “Lo que no puede demostrarse que es falso, puede admitirse como verdadero”. Yo no puedo demostrar que Dios no exista, de la misma manera que nadie puede demostrar que Dios exista. Así que convendremos ambas que la existencia de Dios es posible. Yo he decidido no creer en él y, pese a todo, me siento en paz, libre y feliz. ¿Será que tengo a Dios en mi interior y no me he dado cuenta?

Domingo me escribe: “Me dirijo a usted por ser mujer, inteligente y liberal para que me dé su punto de vista sobre lo siguiente. Es un eufemismo denominar violencia contra la mujer el embarazo no deseado fruto de una violación. Podría pasar que la mujer que se siente agredida, arremeta contra su hijo y lo mate. Esto último sí sería una violencia real y física, más bien, es un crimen porque el niño podría llegar a dar pataditas. Una contradicción: Que la ONU se oponga a la clonación del ser humano es positivo, pero le falta una razón que haga esta oposición un poco consistente: no fundamenta adecuadamente la dignidad humana. Sensiblemente rechaza una cosa, pero por política sensiblera se traga otra. Las afectuosas patatitas del niño no nacido en el vientre de su mamá pueden ser entendidas como un juego inofensivo del niño antes de nacer o como la violencia doméstica en su primer estadio, así lo ve la ONU. Por eso, la vida humana defendida en un caso por motivos sentimentales, es atacada en el otro por los mismos motivos. Solución: defender toda la vida humana y en cualquier momento de su desarrollo. Esto se llama coherencia y nos evitaría ser cómplices de tantos asesinatos a inocentes”.

He necesitado leer varias veces el texto para entender qué quiere decir, Domingo, y me temo que no lo he conseguido del todo. Le respondo como persona que soy, al margen de mi ideología o mi sexo femenino, para decirle que su argumento me parece una atrocidad. Deduzco que nunca le han violado y es obvio que jamás llevará una criatura en sus entrañas, así que su opinión sin fundamento se convierte en un insulto para todas aquellas infortunadas mujeres que, además de haber sufrido una violación, han visto crecer en sus vientres la semilla que un cabronazo puso en él haciendo uso de la fuerza. Considera un crimen que el feto no llegue a dar pataditas y se olvida de condenar el crimen que es la violación. ¿Acaso carece de dignidad una mujer violada?

Yo también apruebo la decisión de la ONU que impide la clonación humana, de cierto tipo de gentuza es preferible que no existan duplicados. En cuanto a entender que la ONU considera violencia doméstica en su primer estadio las pataditas de un feto, no haré ningún comentario, su interpretación se descalifica sola.

Defendiendo toda la vida humana en cualquier momento de su desarrollo, somos coherentes porque dejaríamos de ser cómplices de tantos asesinatos a inocentes. Bien. ¿Pero en qué nos convierte el silencio y la pasividad respecto a la mujer cruelmente ultrajada?

 

El nuevo icono

El nuevo icono

No disparen al mensajero

 

No tiene tanta importancia saber quién es Julian Assange, lo relevante es saber qué significa. Más aún si tenemos en cuenta las palabras de Sarah Palin referidas al periodista australiano: “Hay que cazarlo como a Osama bin Laden”, y si consideramos la cacería legal que articula el congresista republicano Peter King al solicitar que WikiLeaks sea declarada una organización terrorista, lo que, según Estados Unidos, la equipara a Al-Qaeda y permitiría que sus miembros sean secuestrados y torturados, así como todos los que contribuyan económicamente a sustentarla y quienes lean sus documentos filtrados.

Julian Assange es ya en un personaje histórico. De ser un perfecto desconocido ha pasado a convertirse en un icono mundial. Doscientos cincuenta y un mil cables estadounidenses sobre las guerras de Afganistán y de Irak, considerados secretos de estado, han quedado expuestos a la opinión pública mundial y hacen de Assange un proscrito. Se le aplica la euro-orden que entró en vigor al día siguiente del 11-S, uno de esos tejemanejes seudolegales que pone en marcha el gobierno USA cuando le sale de la gorra. Curiosamente, ningún país puede actuar contra espías o militares norteamericanos, pero Estados Unidos se propone llevar a los tribunales, con la aquiescencia del gobierno sueco, a un periodista que ha divulgado documentos oficiales y juzgarle con una Ley de Espionaje de hace un siglo. Parece que nada ha cambiado en la era Obama.

La otra cara moneda

Se ha hablado mucho sobre la huelga salvaje de los controladores aéreos y no abundaré más sobre un tema que ha de resolverse en los juzgados. Prefiero reflexionar sobre otro aspecto: el derecho a estar de baja que tiene cualquier trabajador enfermo.

El médico que firma una baja lo hace bajo un criterio profesional y asume unas responsabilidades. Protege a un paciente de posibles complicaciones en su estado de salud y procura su restablecimiento. En este ejercicio se presupone la honestidad, que debe regir en cualquier actuación médica. Ahora ha quedado en entredicho la labor de los facultativos y se desconfía de la honradez de los controladores, supuestamente enfermos. También se ha sentado un precedente, si los controladores aéreos deben devolver a la empresa las horas de baja, ¿no tendremos que hacer lo mismo los demás? ¿Se suprimirá de un plumazo el derecho a estar enfermo?

De esto no se habla, lo único que nos preocupa es no haber podido ir de vacaciones.

 

Pobre Zapatero

“Zapatero es la clave. Si actúa con rapidez, podría jugar un papel vital para salvar al euro del colapso”, dice el diario The Economist. España mantiene en vilo a la Unión Europea, hasta el punto de poner en peligro su continuidad y dejarla al borde de su disolución. Por si fuera poco, Zapatero puede hundir la moneda única, según las tesis del periódico inglés.

Europa se hunde y no es por culpa de Zapatero. Grecia, Irlanda y Portugal han sido las primeras víctimas de la debacle económica. La historia se repite y la economía también. Ahora no se rescatan países, se rescatan bancos, que quede claro. Rescatamos a los bancos que se arriesgaron demasiado. Y para acabarla de adornar, los fondos europeos que se sacan para este fin estaban destinados a paliar desastres naturales. ¿Es la actual crisis el desenlace natural a tanto despropósito? Los estados han abandonado a sus ciudadanos, a esa clase media y baja que ya no tiene más agujeros que apretarse en el cinturón que las estrangula por donde más duele: el estómago.

España ha vivido un cuento de hadas, con unos activos inmobiliarios sobrevalorados, ahora toca enfrentarse a la cruda realidad. Tenemos más paro que Alemania y también más inflación. Duplicamos en paro a Estados Unidos, que tiene unos salarios más elevados que los españoles y el precio de la vivienda más bajo. Los políticos nos han mentido tanto como los banqueros sobre la magnitud de sus deudas. Europa se va al garete ante el beneplácito de Estados Unidos, que mangonea los fondos de rescate, y de Inglaterra, que no quiso unirse al euro.

No, la salvación de Europa no depende de Zapatero. Creamos un costosísimo gigante con los pies de barro y ahora ese gigante se desmorona. La crisis empieza a partir de aquí.

Lejía, insulina y barbitúricos

Dicen los que saben del tema que no existe el crimen perfecto, pero yo tengo mis reservas. Joan Vila, celador de la residencia de ancianos La Caritat de Olot, lo había conseguido hasta que él mismo confesó haber asesinado a once personas en poco más de un año.

De acuerdo que, si se confirman los hechos, la responsabilidad de estos delitos se atribuiría a título individual al homicida, pero ¿cómo quedará afectado el prestigio de la residencia? Es evidente que algo ha fallado para que tantas muertes hayan pasado desapercibidas, empezando por los facultativos que firmaron el acta de defunción de las víctimas. Recordemos que la muerte número once se detectó por casualidad en el hospital de Olot, cuando el médico que entraba de guardia vio algo extraño. A partir de aquí, la confesión macabra de Joan Vila. Lejía, insulina y barbitúricos, no puede decirse que las “armas” empleadas para matar fueran muy sofisticadas, aunque no se discute su eficacia. Lo que sí es innegable es que nadie sospechó del celador ni puso en duda que los ancianos habían muerto a consecuencia de sus achaques y no caritativamente asesinados.

¿Cómo se certificó la muerte de los ancianos? ¿Cuál fue el protocolo de actuación del geriátrico? ¿Ningún familiar de las víctimas intuyó algo raro? ¿Cuántos cadáveres más podría haber si Joan Vila no hubiera confesado sus crímenes? ¿Basta la edad avanzada de una persona para considerar su muerte como natural? Seguro que el juez encargado del caso también se hace estas preguntas.

Qué pasa

Lo dijo Umberto Ecco, los economistas se dividen en apocalípticos o integrados. Los primeros vaticinan que nos encaminamos hacia una época en la que viviremos como en Mad Max y defenderemos nuestra maceta de pimientos y nuestra lata de olivas rellenas de anchoa con ráfagas de ametralladora y granadas de mano. Los segundos auguran que vamos a salir vivos de la crisis. Entre ambas opciones se baraja una nueva sociedad y no pinta nada bien, para qué vamos a negar la evidencia.

Miremos si no hacia Irlanda, a principios de año se rebajó el sueldo de los funcionarios un 15% y los jubilados veían cómo volaba un 20% de su paga. Hoy el país está en bancarrota por obra y gracia de los poderes económicos y la Unión Europea tendrá que poner dinero para salvar el sistema bancario. ¿Pero tienen culpa de la crisis los funcionarios y jubilados irlandeses? ¿No es Irlanda un ejemplo de neoliberalismo, un modelo que debía ser caminar sin el apoyo de la protección social y la política socialdemócrata?

Veamos ahora España, la bolsa había llegado a los 11.000 puntos del Ibex, el índice de valores, y se las ve negras para no perder los 9.500 puntos actuales. Lo que se debate es si, después de Portugal, seremos los siguientes en poner nuestras barbas a remojo pidiendo la limosna de las arcas europeas. Aunque la realidad es que algunos desaprensivos hacen bajar las bolsas más débiles para ganar millonadas apostando a la baja. Las apuestas se inician con rumores: Zapatero sabe que España está colapsada o Cameron no pagará la nómina de los funcionarios. Algunos países se protegen contra estos rumores difundidos sin pruebas. Italia, por ejemplo, ha prohibido apostar contra valores bancarios, energéticos, eléctricos y estratégicos. Alemania hizo algo similar. ¿Cuándo hará España lo mismo? Mejor aún, ¿cuándo se tomará esta decisión en todo el mundo? ¿O es que vamos a permitir que gente sin escrúpulos se enriquezca a costa de la ruina de países enteros?

Un dato, los más ricos de Estados Unidos han aumentado sus ingresos un 700% en 40 años, los menos afortunados han perdido un 10% de su poder adquisitivo. ¿Y qué significan estas cantidades? Que vivimos en un régimen económico que prima a las élites y se olvida del resto de los ciudadanos, que cada vez son más pobres. ¿No era la meta construir una sociedad más justa y racional, una sociedad del bienestar para todos?

Descuidamos lo importante

Descuidamos lo importante

Nos preocupamos por cosas irrelevantes, por detalles sin importancia. Cuidamos obsesivamente nuestro cuerpo a fin de que se corresponda con el canon estético actual. Nos esforzamos por aparentar algo que no somos, aquello que nos agradaría ser… Y descuidamos lo que realmente es esencial para los humanos: el amor.

El amor es el principal alimento del hombre, el combustible que nos mueve y nos da fuerzas para vivir. Sin embargo, el amor no es un ingrediente habitual en nuestra dieta. ¿Cuántos besos de afecto damos y recibimos cada día? ¿Cuántos abrazos entrañables repartimos? ¿Cuántas veces percibimos el cariño sincero de los otros, y viceversa? ¿Cuántas escuchamos y somos escuchados?... Estamos hambrientos de cariño, malnutridos emocionalmente. Por eso la tristeza, la soledad, la melancolía, el aislamiento, la irritabilidad, la depresión, el desánimo, la falta de optimismo y de vitalidad nos acompañan.

Cuesta tan poco tener un detalle afectuoso con los demás: una frase amable, una sonrisa, un gesto de comprensión, pueden hacer maravillas. Son remedios sencillos para un mal endémico en esta deshumanizada sociedad que hemos creado. Pero demostrar cualquier sentimiento se considera una cursilería fuera de lugar, una muestra de debilidad. Éste es un mundo de gladiadores donde cada día salimos a la calle preparados para derrotar enemigos, no para ganar amigos.

Labordeta

Salí de mi tierra: Aragón, siendo muy joven y he vivido en tantos lugares que me considero apátrida. Como aragonesa en la diáspora he sentido que mis volátiles raíces se hallan en Zaragoza y en mi exilio por esos mundos de dios siempre me han acompañado voces mañas: La Bullonera, Puturrú de Fuá, Amaral, Labordeta…

La voz dulce y ronca de José Antonio Labordeta era un bálsamo para el alma cuando la nostalgia hacía de las suyas, era la melodía que me devolvía a casa, al cierzo, al Ebro y a esas señas de identidad que, pese a todo, nunca se desdibujaron en mi memoria.

Ahora que he regresado a Zaragoza, Labordeta se va. Me impresionó su mirada franca y bonachona cuando me recibió en su casa. Yo temblaba emocionada al conocer al hombre que fue el cordón umbilical con los míos, al tiempo que me preocupaba no saber qué hacer con mi paraguas mojado, que goteaba sobre el parqué del pasillo. Habló de su enfermedad, de su falta de energía para atender tantos trabajos pendientes… Fue una visita breve, pero mi estancia en aquella casa me ha dejado un poso que hoy se vuelve agridulce.

Nos abandona el hombre, pero lo hace dejándonos el recuerdo colmado de su esencia imperecedera.

Ryanair, una pesadilla de vuelo

Ryanair, una pesadilla de vuelo

En Girona se habla bastante de la aerolínea Ryanair y no bien, precisamente. La propuesta de suprimir el copiloto para abaratar costes, las críticas de Air Berlin a las subvenciones y, sobre todo, la penúltima vez en que la compañía irlandesa deja colgados a los viajeros, crean un ambiente de malestar entre los usuarios.

El día 7 de septiembre, el vuelo Girona-Edimburgo se complicó de mala manera y cerca de un centenar de personas pasaron más de cinco horas encerrados dentro del avión en el aeropuerto de Girona, sin refrigeración, sin comida ni bebida, a menos que estuvieran dispuestos a pagar por ello, y sin saber qué ocurría. Después de estas cinco horas de espera forzosa, el comandante de la aeronave comunicó a los pasajeros que el vuelo se cancelaba y que podían descender del avión. Habían embarcado a las 17.30 horas y eran más de las once y media de la noche cuando los viajeros se encontraron en la tesitura de buscar un lugar donde pasar la noche.

Imagínense la situación: el avión lleno, sin un asiento libre, un bebé que harto de la situación se rebela llorando, gente sudorosa, cansada de esperar, con hambre y sed, y en esto la azafata anuncia que la política de Ryanair no les permite dar de comer y beber al pasaje, pero que quien quiera puede comprarse la cena. Como no estaba previsto el incidente, la comida escaseaba y los viajeros de las últimas filas se quedaron sin bocadillos. Por una bolsa de M&M y una Pepsi pequeña, pagó una viajera cinco euros.

Junto al avión que tenía que volar a Edimburgo, había otros dos en la pista de despegue, también de Ryanair, llenos de gente y en las mismas circunstancias.

Cabreados y agotados por las horas de inmovilidad, los ocupantes del avión se dirigieron a la ventanilla de la compañía aérea e hicieron una larguísima cola para cambiar los billetes o recuperar su dinero. A los escoceses, se les reubicó en un vuelo que salía al día siguiente de Barcelona, pero hubo viajeros que no regresaban desde Edimburgo, sino desde Glasgow a Girona y como este vuelo no fue cancelado, Ryanair no se siente obligada a rembolsar los gastos. Ahora los viajeros afectados buscan la manera de recuperar los 150 euros de la vuelta que no han hecho. Porque si el avión no despegó del punto de salida, mal pueden regresar a él. De locos.

Regreso al pasado

Regreso al pasado

La guerra del 36, con todas las barbaridades que conlleva una guerra, duró tres años, sus consecuencias se prolongaron durante veinte años más. Fue ese tiempo que en España conocemos como posguerra. El Plan de Desarrollo que puso en marcha el franquismo trajo el Seiscientos, un tímido signo de bienestar, quizá fuera el inicio del “estado del bienestar”. Hasta entonces se había recorrido un largo y duro camino. Fueron tiempos de escasez, pobreza y dificultades. La generación que tuvo la desdicha de vivir la guerra aprendió de sus padres la sobriedad y la paciencia, ambas obligadas por las circunstancias, recordemos que la cartilla de racionamiento se suprimió 13 años después de acabada la guerra. La sobriedad es un valor humano que no se ha transmitido a las siguientes generaciones, debió parecernos que la economía en desarrollo no dejaría de ir hacia delante y, por tanto, no sería preciso recortar aspiraciones personales, proyectos y gastos. Hasta el batacazo de la crisis, todo era imparable.

A las personas mayores no les costará regresar a un tiempo de penurias, a la austeridad, pero las generaciones actuales no conocemos aquellos tiempos difíciles, de severa necesidad. No digo que volvamos a la situación de antaño o ¿sí? ¿Cómo nos enfrentaremos a este periodo de vacas flacas? Ellos consiguieron seguir adelante y esta realidad debería servirnos de estímulo, porque de todo se sale, salvo de la tumba.

Talento perdido

Talento perdido

Fruto de la inconsciencia de esas mentes pensantes y modernas que se encargan en las empresas de la “gestión del talento” es el alud de prejubilados y jubilados que tenemos en España. Se sacrifica a trabajadores muy capaces para justificar un supuesto aumento de beneficios en las empresas y ahora nos encontramos con que se ha perdido el conocimiento adquirido por estos profesionales a lo largo de los años. Es preferible desprenderse del personal cualificado a pagar por este valioso activo. Es mejor salvar la cuenta de resultados. ¿Podemos perder toda esta experiencia alegremente? ¿No deberíamos hacer algo al respecto, darle una salida a este potencial?

La sociedad no puede perder esta riqueza. Habría que recuperar a todas estas personas que están en sus casas. Ya sé que la maldita crisis lo ha trastocado todo. Pero quizá, aunque fuese de manera altruista y voluntaria, estos jubilados querrían compartir su talento y experiencia asesorando a determinados colectivos o desarrollando proyectos sociales. Cualquier opción es mejor que apartarlos de la vida activa.

*Viñeta: Bonil

Cómo matar un bogavante de forma humanitaria

Cómo matar un bogavante de forma humanitaria

El bogavante es un crustáceo, su cuerpo tiene 10 patas, las dos delanteras con pinzas, y una cola. Las colas ofrecen la mayor parte de carne, pero sus pinzas tienen mejor aroma y sabor. El bogavante se divide en cuatro categorías, según su peso: jumbo, con más de 1,1 kg.; large, de 0,68 a 1,1 kg.; quarters, de 0,57-0,68 kg. y chicken, de 0,45 kg.

Los bogavantes pueden prepararse a la parrilla, asados o salteados. Solo presentan un inconveniente, los venden vivos y se tienen que matar en casa, por lo que hay quien siente algún reparo y pretende que el trance sea lo más humanitario posible para el animal. ¿Cómo matar un bogavante de forma humanitaria?

Método 1: Coloque el bogavante sobre la mesa, sitúe la punta del cuchillo de chef sobre su frente; entonces, con un movimiento rápido, clave la punta a través de su frente y debe bajar el cuchillo para que abra la cabeza del crustáceo en dos mitades longitudinales.

Método 2: Meta el bogavante en el congelador del frigorífico durante una hora.

Método 3: Introduzca el bogavante en una cazuela con agua hirviendo y manténgalo con la tapa cerrada durante 10 segundos.

Ignoro si éstas son o no formas humanitarias de matar un bogavante y me pregunto por qué no existe la misma preocupación por matar, por ejemplo, una ostra, que se come cruda. En todo caso, son las fórmulas que se proponen en el libro Creación culinaria, escrito por James L. Morgan.

 

Consideraciones sobre el blog

Consideraciones sobre el blog

Mi viaje errático como nauta curiosa me lleva a un blog en el que leo el siguiente mensaje: “Estaré ausente tres días para ir al entierro de mi madre. Por favor, perdonad mi ausencia. Esperadme. No os vayáis”. A mí me da la impresión de que a la autora le preocupa más “abandonar” a sus hipotéticos lectores que el fallecimiento de su madre y, personalmente, no creo que nadie aguarde en candeletas su vuelta ya que los mensajes del blog son insustanciales y carentes de interés: “Estoy cansada, buenas noches a todos”, “Hoy no tengo nada nuevo que contaros, hasta mañana”, “Había cola en la caja del super y mientras esperaba me he comido una bolsa grande de patatas fritas, mañana me lo pasaré a dieta”... Ignoro los visitantes que recibe este blog, pero parece que, para la autora, la posible existencia de uno solo da aliciente a su vida.

Hace unas semanas un bloguero que conozco fue abandonado por su familia. Al llegar a casa su esposa y sus dos hijos se despidieron de él, no aguantaban más el papel de segundones a que les relegaba el blog. Los chavales estaban cansados de las excusas de su padre para no acompañarlos nunca al parque o al cine, la mujer se había hartado de esperar en una cama vacía a que su marido terminase el viaje completo que realizaba por el océano de Internet buscando enlaces jugosos que añadir a su página. Con los ojos húmedos, me cuenta que lo primero que hizo, después de superar la rabia por no poder retener a su familia, fue arrancar de cuajo el módem que lo conectaba a un mundo cibernético, hasta entonces mucho más importante que el real.

Qué triste esta necesidad patológica de estar ahí, en una realidad virtual que a la par que gratifica daña. Sentirse obligado a pedir disculpas por asistir al sepelio de la madre muerta y suplicarle al lector que le sea fiel durante la ausencia, volcarse en la tarea obsesiva de escribir algo, lo que sea, cada día, me parece un claro síntoma de desequilibrio, de enfermedad. El fenómeno blog es relativamente nuevo y no existen muchos estudios sobre él, pero también aquí se detectan síntomas de esa epidemia creciente de adictos a Internet.

La construcción de un blog se inicia con diversas motivaciones: tener un espacio propio donde opinar, compartir conocimientos con otros, mostrar el fruto de tus quehaceres, escribir un diario público, hacerse “visible” y salir del anodino anonimato... Toda tarea nueva estimula. Al comenzar un blog, el autor se halla cargado de ardientes ilusiones y de, tal vez, infundadas esperanzas, con las ideas frescas en la cabeza y la meta de conseguir visitantes asiduos que valoren el esfuerzo realizado, se involucra en esta actividad cotidiana. No escatima energía ni tiempo si la recompensa es atrapar la atención de otro y obtener a cambio un comentario favorable. A partir de aquí comienza la patología, es cuando el blog se convierte en una obsesión enfermiza, en una tortura excesiva. Horas y horas de dedicación exclusiva para crear una obra atractiva que los demás admiren. Si se reciben palabras de aliento, se redobla el esfuerzo, se confirma que se va por el buen camino. Si las críticas son contrarias, hay que intentarlo con mayor ahínco hasta conseguir saciar esa necesidad de aprobación que domina los actos.

Proyectarse en un blog puede ser peligroso. La vida y el mundo tienen sentido en los límites del blog, alrededor del cual gira lo demás. Pasar el día sentado frente al ordenador, olvidar que fuera existe otra realidad, buscar el aprobado continuo examinándose cada día para sacar nota, competir con otros que se dedican a lo mismo, hacer del blog una religión: sin días libres, ni vacaciones, ni descansos, viviendo apartado, negar que se es víctima de una compulsión porque se ha encontrado el método para alimentar la autoestima, es estar perturbado.

Confeccionar un blog debe tomarse como un entretenimiento y no hay que permitir que llegue a transformarse en un elemento de tortura. Las críticas que se reciben no han de tomarse a pecho; las malas, porque no existe un lector realmente objetivo y ningún blog es tan excepcional como para desbancar a otro que se somete a un juicio de valores y méritos que no pueden cuantificarse, en cuanto a las buenas, ciertas opiniones no pasan de ser un aplauso retórico o una mera fórmula de cortesía. El contador, que algunos miran ansiosos, no informa más que del número de personas que llegan a una dirección, no dice quién te lee o si el contenido agrada, sólo ofrece unos números. Nadie nos obliga a escribir cada día, es preferible hacerlo únicamente cuando haya algo interesante que ofrecer al visitante. Puesto que es imposible contentar a todos, lo mejor es satisfacerse uno mismo y realizar un trabajo que distraiga y gratifique, dejando al margen las consideraciones ajenas. Al menor síntoma de que nos estamos enganchando hay que dejarlo correr, ser el responsable del blog más visitado del planeta no compensa si el precio a pagar es la cordura.

 

Aún puede ser peor

Aún puede ser peor

España se enfrenta a todo un reto: desembarazarse de Zapatero, pero sin que le reemplace Rajoy. Una disyuntiva peliaguda que recuerda el desenlace de El mercader de Venecia, donde el problema irresoluble devuelve el litigio al punto de partida. La elección entre lo peor conocido y peor por conocer la ilustró bastante bien el presidente de Andalucía, José Antonio Griñán, cuando interpeló a los populares diciendo: “El hecho de que Zapatero sea malo, no les convierte a ustedes en buenos”.

Aunque no existen pruebas de que un estado agrave su situación sin un gobierno que lo dirija, el protocolo de actuación exige que una supresión vaya acompañada de una sustitución. El declive de Zapatero es innegable, pero la alternativa de Rajoy resulta poco alentadora. Maquiavelo dijo que cuando un príncipe es odiado, su rival será querido inmediatamente, pero el presidente del PP no se acomoda ni a los preceptos maquiavélicos. De momento, tenemos a Zapatero. ¿Cuántas cosas malas más nos pueden pasar a los españoles?

La hecatombe que viene

La hecatombe que viene

Han tardado, aunque al final, incluso el más imprudente de nuestros gobernantes está preocupado por la cantidad de parados. La mayoría comienza a angustiarse, pero hay algunos afortunados, todavía con empleo, que ven esta crisis como una coyuntura que les puede beneficiar. Según su criterio, los precios han bajado y la rebaja de la hipoteca los hace económicamente más fuertes. Pese a todo, los expertos alertan: la próxima generación será la primera de la historia reciente que vivirá peor que la anterior, o sea, la nuestra. Así que padres y maestros intentan familiarizar a los chavales con la debacle que se avecina, para que les pille preparados. No se trata de ser catastrofistas y presentar la situación como una hecatombe sin remedio, tampoco hay por qué amargarle la vida a las criaturas. Basta con avisarles del peligro que conlleva cometer las temeridades que nos han traído hasta aquí.