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Cierzo

Máscara

Lo era...

Y ni siquiera lo sospeché.

Cuando miraba tu rostro,

arrobado de amor,

no me daba cuenta

de que veía una máscara.

Al descubrir la verdad,

comprendí que tu máscara

estaba colgada en mi mirada.

Todavía no conozco

tu auténtica cara,

panel de rostros desplegados,

territorio restringido,

espejo de mentira.

Lo es...

enigma enmascarado.

No agites tu refresco, agita tu conciencia

La Fundación Mecca-Cola es una asociación sin ánimo de lucro intrínsecamente relacionada con la marca Mecca-Cola por expreso deseo de su fundador.

Debido al éxito del producto, "Mecca-Cola Francia" destina un 20% de sus beneficios netos a diversas ONG. Un 10% va dirigido a asociaciones benéficas palestinas, con finalidades estrictamente humanitarias, que dan prioridad al bienestar infantil y su educación.

La Fundación Mecca-Cola hará uso de todos los medios a su alcance para evitar que las ayudas sean desviadas de su objetivo original. Y no puedan utilizarse para financiar acciones bélicas.

El otro 10% será destinado a aquellas asociaciones europeas cuyo objetivo sea trabajar por la paz en el mundo y que se solidaricen con el pueblo palestino y su legítima causa por la independencia.

La Fundación atenderá a todas las peticiones e intentará responder a las mismas en la menor brevedad de tiempo posible.

Por consiguiente os invitamos a enviar vuestras consultas y solicitudes de proyectos y ayudas a la Fundación Mecca-Cola por e-mail a: fondation@mecca-cola.com

Perra vida

La firma Burberry acaba de lanzar al mercado una línea de productos para perros: cosméticos, jerseys con los típicos cuadros distintivos de la marca, platos de comida... Media humanidad se muere de hambre, camina descalza y medio desnuda. Con el dinero que vale un jersey para el perro se alimentaría una familia del Tercer Mundo un mes entero. ¿No es escandaloso y obscenamente injusto que algunos perros vivan mejor que muchas personas?

A más información, mayor desinformación

Cada día, me invade la sensación de vivir en un mundo en el que no se permite a la gente pensar, ni mucho menos decir lo que uno piensa. Tan sólo estamos autorizados a informarnos, manejando la información que previa y deliberadamente nos han hecho llegar. Nos impiden que esa información, esos datos suministrados, podamos convertirlos en conocimiento. Se nos prohibe que transformemos la cantidad (información, datos, noticias) en calidad (conocimiento, cultura, saber).

A mantener este actual estado de coacción contribuye, sobremanera, la desproporción brutal que existe mundialmente en la posesión de los medios de comunicación y en el control de la información. Estados Unidos, Japón y la Unión Europea controlan el 90% de la información y la comunicación de todo el planeta. La libre circulación de información resulta imposible y hasta inimaginable. La imposición del pensamiento único por los países ricos a través de sus altavoces mediáticos origina la concepción de un único mundo posible, con un único sistema económico viable y un unificado concepto de modernidad, desarrollo y progreso. En definitiva, la información, en contra de una genuina libertad de expresión, genera dogmas que se resumen en el simple: "Lo que no está en los medios de comunicación tal y como los medios de comunicación lo publican y lo interpretan, no está en el mundo".

La información, tal y como está conformada hoy en día, puede convertirse en fuente de intolerancia y de intransigencia. Con el pensamiento único se anula el pluralismo, por eso, el pensamiento único no es comprensivo ni tolerante con el disidente, se le permite su mera existencia, pero se le impide manifestar su opinión diversa y diferente. Para apagar las voces discrepantes, la información no escatima ningún esfuerzo manipulador.

Manipulación y tolerancia son dos términos contrapuestos por su sentido teleológico: mientras que la tolerancia permite la búsqueda de la verdad, la manipulación nos lleva directos a la mentira. No puede haber convivencia plural si se anula la fuerza constructiva de la tolerancia y se sustituye por la potencia destructora de la manipulación, de la mentira.

Manipular la información implica intervenir deliberadamente en los datos de una noticia por parte del emisor; trastocar sutilmente esos datos de modo que, sin anularlos del todo, proporcionen a la noticia un sentido distinto del original, en función de unos intereses preconcebidos por parte del emisor. Y todo ello de tal forma que el receptor no pueda percatarse de esa intervención sin recurrir a otras fuentes de información.

El abuso del lenguaje y de planteamientos estratégicos mediante el empleo de palabras o de esquemas denominados talismán, es decir, conceptos o ideas que suenan bien por estar de moda o ir con los tiempos: democracia, libertad, ciencia, progreso, derechos humanos, ecologista, postmoderno; la opinión prefabricada o juicio de valor sobre una realidad que tiene la categoría de ley, de sentencia aprobatoria o condenatoria respecto de dicha realidad, y ante la que nadie se atreve a opinar ni a discrepar; el terrorismo intelectual, propio de los monopolios informativos controlados por las multinacionales de la información, que imponen sus tesis y sus puntos de vista en la sociedad; la propaganda tendenciosa como difusión proselitista de ideas e intereses, que se manifiesta en el simple modo de redactar los títulos, de elaborar los extractos y resúmenes, de colocar la noticia dentro del formato del programa o del periódico, y en la forma de hacer comentarios; el sensacionalismo informativo, que exagera intencionadamente el contenido de la noticia; la desinformación, que proporciona informaciones generales erróneas, llevando al público a cometer actos colectivos o a difundir opiniones que correspondan a las intenciones del desinformador; la manipulación fotográfica, consistente en la falsificación de fotografías; las intimidaciones de orden económico a quienes respetan los principios éticos de la información.

Pero, sin duda, la técnica manipuladora más aguda y penetrante es la mentira en sus tres formas: supresión, consistente en hacer creer al público que algo que existe, no existe; adición, que inclina al destinatario a creer en la existencia de algo que no existe; y la deformación, que ofrece al público una imagen distorsionada de la realidad. A su vez, la distorsión puede ser cuantitativa, si exagera o minimiza la realidad, o cualitativa, si recurre a calificaciones o cualidades falsas.

Obviamente, todos estos hábitos deformadores obstruyen el acceso de los ciudadanos a una información veraz y a unos conocimientos genuinos. En tal escenario, difícilmente puede prosperar la cultura, la enseñanza y hasta la libertad, pues el saber es elección, y cuanto más sabemos, más posibilidades de elegir tenemos y más libres somos. El saber es tolerancia, y ésta es el sedimento de una sociedad feliz y afortunada. Por ello, quien controla el saber de los individuos, domina a los individuos, y así Stalin afirmaba que "de todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario".

Hay personas y grupos que quieren que pensemos y entendamos lo que ellos desean. Hay intelectuales que falsean la realidad; a todos ellos no les importa, lo más mínimo, el alejamiento de la verdad; pero quien así actúa, quien se desinteresa de la certeza, quien no tiene la voluntad de ser verídico, es políticamente un tirano e intelectualmente un bárbaro.

Si no te gustan las guerras, consume para la paz

Ahora que los belicistas invaden Iraq es preciso organizar y extender otras formas de lucha que incidan de forma directa en el beneficio de aquellos que sustentan el negocio de las armas y se benefician de las guerras.

En un mundo pensado para consumir, en el que las empresas y los flujos de capitales se mueven en función de los beneficios que puedan obtener, los ciudadanos-consumidores tenemos una nueva forma de influir en las prácticas empresariales.

El acto de consumir debe convertirse en un modo de lucha, por otra parte muy difícil de combatir. Y se puede hacer mucho con poco esfuerzo. En primer lugar empezar nosotros mismos a ser coherentes y éticos: ¿qué sentido tiene ir a una manifestación contra la guerra y comprar todos los días productos de empresas vinculadas a la industria armamentista?.

Dediquemos algo de tiempo, hasta que sea un hábito adquirido, para seleccionar los productos que compramos: entre dos iguales, elegir el de una marca que no tenga vínculos con las guerras; si no hay opción, pensemos en otro producto diferente aunque a veces signifique algo más de dinero.

Seguramente sea ilusorio esperar que todo el mundo deje de comprar determinados productos, pero para las grandes corporaciones, la pérdida de sólo un 10% de beneficios supone un golpe muy duro.

Nosotros hemos seleccionando algunas empresas que nos parecen significativas por su extensión en todo el planeta. Pero hay más y esperamos que otras personas y colectivos se sumen a esta labor de investigación, denuncia y divulgación. También sería necesario colocar las marcas comerciales de los diferentes productos que dichas empresas tienen en los comercios.

En cuanto a las empresas norteamericanas, en esta lista, y a causa de la guerra de Iraq, hemos introducido también empresas multinacionales sin implicación directa en la industria de armamento, ya que pensamos que es necesario incidir en todas aquellas empresas que tendrían capacidad de influir en el gobierno estadounidense para obligarle a detener su política guerrerista.

http://www.boicotpreventivo.org/

Breve historia del libro

Breve historia del libro

Durante el siglo XVIII y gran parte del XIX, los libros incorporaron sustanciales cambios en el ocio. Mucho antes de que los avances técnicos contribuyeran a la aparición de periódicos, revistas o a la difusión masiva de los libros, en el siglo XIII ya se vislumbraba esta futura evolución.

Antes de que los libros se publicaran en la lengua nativa de cada país, propiciando con ello el acceso a la cultura a un mayor número de personas, ya se modificó el formato (antes la medida aproximada era la del actual folio), y con ello se facilitó el transporte; la letra minúscula gótica, más rápida, fue sustituyendo a la antigua escritura que variaba según los centros universitarios: letra inglesa, francesa o boloñesa; disminuyó la ornamentación: las letras floreadas, las miniaturas se hicieron en serie y empezaron a utilizarse las abreviaturas, esto hizo que los libros dejasen de ser sólo un objeto de lujo y se convirtieran en un instrumento para transmitir la cultura durante la baja Edad Media.

En el siglo XVI, se comenzó a leer por puro placer y no solamente por devoción religiosa o vocación erudita. Lo que supuso una revolución aún mayor que el desarrollo de la técnica, la alfabetización o el cambio de temática en las obras escritas.

Durante el Renacimiento se puso de moda leer Historia, especialmente la historia clásica de Herodoto, Plutarco o Julio Cesar; la gente se emocionaba con los relatos medievales como "Roman de la Rose"; disfrutaba de las primeras novelas, como el "Amadís de Gaula" o "El Quijote"; también gustaban los tratados de magia y oscurantismo de Paracelso o Agripa, que llegaron a ser bets-sellers de la época, y los primeros libros eróticos, que incluían ilustraciones.

Fue durante el Renacimiento cuando el lector descubrió la magia que supone traducir los signos caligráficos en imágenes evanescentes de la memoria y a través de ellas participar en otras vidas y gozar de nuevos mundos. Esto modificó la sociedad y el propio concepto del hombre y durante el siglo XV la lectura en silencio se impuso entre la elite intelectual.

Pero la popularidad de los libros no se debió sólo a la satisfacción que proporciona un texto escrito. De entrada, la población que sabía leer fue en aumento, y en segundo lugar, el argumento cambió. Los primeros libros eran, casi en su mayoría, farragosos tratados de Filosofía y Teología y, claro, tenían una divulgación restringida a eruditos, incluso hoy continúan siendo libros minoritarios.

En el siglo XVIII los libros y los periódicos se solían leer en voz alta debido a su elevado costo y al alto índice de analfabetismo. En estos años los libros cumplieron una misión relevante en la historia, fueron los transmisores e impulsores de las nuevas ideas de la Ilustración, ideas que habrían de cambiar el curso de los acontecimientos.

El primer periódico mensual se fundó en Holanda en 1686 y el primer periódico diario, en Inglaterra, en 1702. En aquel momento había en Inglaterra veinticinco publicaciones regulares de todo tipo y en 1750, el número ascendía a noventa. Dos años más tarde había treinta y cinco diarios y publicaciones en Francia y en la Alemania de 1790 se podía escoger entre doscientos cuarenta y siete diarios en circulación.

En esta época poseían libros nueve de cada diez clérigos; tres de cada cuatro miembros de profesiones liberales; uno de cada dos nobles; uno de cada tres comerciantes y uno de cada diez trabajadores manuales. Las bibliotecas se multiplican y las colecciones particulares aumentan de manera considerable.

"El espíritu de las leyes" de Montesquieu tuvo antes de 1751 veintidós ediciones y se tradujo al italiano, polaco y holandés. De "El contrato social" de Rousseau, se hicieron trece ediciones francesas y tres inglesas antes de 1764, y de las obras políticas y satíricas de Voltaire aparecieron traducciones por toda Europa entre 1730 y1778, año de su muerte.

El XIX es el siglo de la rapidez, los libros y los diarios aumentan su velocidad de distribución a medida que el tren acorta las distancias. La novela gana la partida a la Historia o la Filosofía gracias a la difusión de las obras de autores como: Dickens, Flaubert, Tolstoi, Dostoievski o Zola. Dumas escribió en veinte años cuatrocientas novelas y treinta y cinco dramas y sus obras dieron trabajo a ocho mil ciento sesenta personas, entre correctores de pruebas, impresores, gente de teatro... Hay que destacar que a partir de 1830 aparece una literatura crítica destinada a comentar la absoluta miseria en la que vive la clase trabajadora. Los relatos inciden en las penosas condiciones en las que se realizan los trabajos: las altas o bajas temperaturas, la falta de luz, la suciedad, los horarios extenuadores.

En la actualidad, las estadísticas revelan que el 75% de la población adulta ve la televisión una media de tres horas diarias, un 63% escucha la radio, mientras que la lectura de libros ocupa a un 13% de la población. A tenor de estas cifras parece que el hábito de la lectura se halla en manifiesto retroceso.

La lectura de un libro en el silencio de la calma es una de las pocas experiencias sacras que le quedan al hombre de hoy, inmerso en la cultura del vértigo. Los libros nos aíslan del ruido y de la gente, de los problemas que nos plantea la vida cotidiana y nos obligan a recluirnos en la soledad para descubrir que se puede estar solo en buena compañía, basta con estimular la imaginación.

Absenta

Absenta

Sesenta y ocho grados de alcohol perfumado de anís se deslizan por mi garganta, me abrasan el esófago y caen incendiarios en el estómago. El infierno no huele a azufre, sino a absenta.

El local, un bar, si se califica con extrema benevolencia, es lúgubre y desprende un olor mareante, el que envuelve a las putas que se acodan en la barra. Me agrada esta decadencia que lo contamina todo.

Cierro los ojos, soy el hombre que no deseo ser. No quiero verme reflejado en el espejo que tengo enfrente.

Nadie me ha oído quejarme, ni cuando mi madre se fugó con un rico banquero dejándome abandonado a los cuatro años; ni cuando mi padre, borracho de sufrimiento y güisqui, desfogaba su frustración en mí con su cinturón de cuero repujado y punta metálica. No me quejé cuando a causa de una paliza quedé cojo porque mi cadera se quebró. No osé quejarme cuando descubrí que el único sentimiento que despertaba en las mujeres era lástima, ni me quejaría luego, cuando mi vida, privado de cariño y de un trabajo digno, ¿quién iba a contratar a un minusválido que padecía terribles dolores en los huesos?, se convirtió en lo que es ahora. A oscuras sueño, mi mente vuela rauda por lejanos parajes, por otros mundos, pero con la luz la realidad se vuelve cruel e insoportable.

Soy un artista dotado de una aguda penetración, dibujo retratos de la gente que veo pasar, paisajes conocidos o inventados, siempre a carboncillo, sin una gota de color.

A veces la inspiración me llega como una especie de posesión incontrolable, y emborrono cualquier superficie susceptible de ser manchada por mi carbón: paredes, manteles, servilletas, camisas... Siento un latigazo en el espíritu que me insta a dibujar, a dibujar hasta que mi mano queda exhausta, y los dedos se agarrotan, y el alma se me queda seca.

Entonces bebo para recuperar mi equilibrio hídrico, copas y más copas de absenta, que le devuelven a mi vida una cualidad untuosa. Contemplo mi mano ennegrecida y me siento artista, sí artista, aunque mis obras sólo reflejen panorámicas del infierno visto desde mi rincón de marginado y esté casi siempre ebrio, de tanto en tanto, me siento artista.

El suelo se mueve con su oleaje incesante bajo mis pies. ¡Oh! Judith. Cuántas veces te he soñado compañera de viaje por este océano desolado. Cuántas veces he deseado admirar, tan sólo admirar, tu cuerpo desnudo, templo de belleza reservado para unos pocos, para aquellos que pueden comprarte. No sabes que te amo, tanto como para que me hiera de muerte ver cómo te dejas manosear ante mis ojos por viejos y jóvenes, por obreros y funcionarios.

Me ha faltado valor para confesarte mi afecto hasta hace un rato, estaba demasiado sereno para que tú lo interpretaras como una muestra de mi humor cáustico. Me has mirado a los ojos con dulzura y me has sonreído.

Ven conmigo. No puedo pagarte. Entonces, hazme un retrato. Y yo te he seguido con mi pierna rengueante y mi cuerpo tullido, igual que un perro vagabundo seguiría a los confines de la tierra al propietario de la mano que se ha atrevido a acariciarlo.

Judith. Me ha costado advertir que era un juego, que tus promesas ardientes y las partes de tu cuerpo que me ofrecías lasciva jamás serían para mí. Tenías que demostrarme que no soy un hombre, sólo, sólo soy un patético remedo de virilidad asida a una masa inerte.

Te has reído de mis lágrimas, te has burlado de mí, pobre diablo, rey de su infierno. Me has dejado tendido en esa cama testigo de mi humillación y ni te has dignado a acercarme el bastón. La puerta se ha cerrado tras de ti y yo he continuado llorando como un estúpido iluso. No esperaba mucho de ti, habría bastado un roce de tu piel para arrancarme del lodo.

Les has contado a todos mi vergüenza. He conseguido descender las escaleras que conducen a las habitaciones del primer piso para ser recibido por los aplausos y las risotadas de la clientela.

Ya no me queda dignidad ni orgullo, no has podido robarme nada porque nada tengo, salvo esta sed insaciable de inconsciencia. El quinto vaso entra dulcemente por mi boca y me produce una arcada de amargura. ¡Ah! Regreso a mis dominios, al negro infierno al que viajo confundiendo delirio y realidad.

Mi vientre se abomba, crece, crece, crece, revienta. He parido unas larvas monstruosas y enormes que reptan por mi cuerpo deforme y me devoran voraces. No noto sus dentelladas arrancándome pedazos de carne, pero sé que me consumen a grandes bocados, que lamen mis huesos convertidos en simple carroña. Luego las veo metamorfosearse en mariposas gigantes, con tres pares de alas formidables, añiles, maravillosas. Vuelan, revolotean alrededor de mi cadáver putrefacto. Son unas mariposas hermosas, tornasoladas, elegantes. Sus alas agitan el aire y producen música. Yo las he creado, son hijas mías, he sido capaz de engendrar algo bello, algo que todos admirarán. Soy el padre de media docena de mariposas gigantes.

El sentido del humor y la vida

El sentido del humor y la vida

La vida humana constituye una tragedia para los que sienten y una comedia para los que piensan, por eso sólo las personas con sentido del humor poseen tanta sensibilidad como lucidez. El humor convierte a la vida en una tragedia casi bufa y en una comedia casi melancólica.

El peso indestructible de nuestra infancia, aunque sepultada bajo ese cúmulo de cosas que los años han ido depositando encima: frustraciones, represiones, inhibiciones, desengaños, y tantos revoques sucesivos de falso embellecimiento, eufemismos, explicaciones convencionales, códigos de interpretación, todo cuanto constituye el lastre específico de los adultos, es innegable.

A pesar de ello, la niñez subsiste en el fondo del hombre y de vez en cuando da síntomas de vida: una repentina nostalgia, un amor sin cálculos, la fulgurante adivinación de que todo es un juego, el aprecio instintivo de la bondad o el perdón, cierta forma desmañada de pecar, un acto de plena confianza en alguien, una momentánea suspensión del raciocinio.

El día en que uno aprende a perdonarse y a reírse de sí mismo acaba reconciliándose con ese niño. Ha llegado ya a la etapa de la niñez, que no es la primera de la vida, sino la última.

Según Nietzsche, el desarrollo humano pasa por tres etapas: camello, león y niño. Primero, el hombre soporta como un camello la carga de la ley impuesta por otros, cuando madura interiormente, logra sacudirse ese fardo y se convierte en ley para sí mismo, de la dependencia pasa a la autonomía. Se ha hecho león. Pero tiene que dar otro paso, sufrir un nuevo cambio. Éste se producirá en el momento en que desaparezca su necesidad de autoafirmarse, de demostrarse a sí mismo que es libre y, sencilla y despreocupadamente, disfrute su libertad. Quien pasó del "tú debes" al "yo quiero", ha de pasar luego del "yo quiero" al "yo soy". Es la etapa final de la vida, esa última madurez, que, por descontado, nunca se experimenta como madurez, sino, al contrario, como ingravidez.

Las personas que no son capaces de reírse de sí mismas son profundamente desgraciadas, porque no pueden permitirse el placer de ser indulgentes consigo mismas. El niño que llevan dentro está maniatado, amordazado, temblando. El tiránico superego ocupa toda su alma y los territorios vecinos. Se avergonzarían mucho si les viéramos enternecerse, llorar, jugar con un tren eléctrico o leer un cómic. Por miedo al ridículo, adoptan una seriedad excesiva que les convierte ineludiblemente en personas ridículas. Todos sabemos que nuestro peor enemigo no siempre es el tirano que está enfrente. Existe otro dictador más peligroso, porque se halla oculto dentro de nosotros mismos, tan interiorizado y asimilado ya, que lo consideramos un colaborador más que un opresor. Todos tendemos a justificar esta autocensura, a interpretarla como control, como conciencia ordenada, cuando en verdad es un engaño, una abdicación ante ese poder difuso y represivo que gravita sobre nosotros, imponiéndonos una percepción del mundo, originando muchas restricciones mentales, obligándonos a vivir dentro del territorio acotado que es el orden convencional.

¿Por qué toleramos a este tirano? Porque por encima de todo preferimos la seguridad, porque, pese a todo lo que se diga, el hombre no ama la libertad, sólo juguetea con ella, permitiéndose algún encuentro furtivo con ella. La libertad nos asusta, sabemos el riesgo que implica exponerse a ella: derriba las barreras del espíritu, amplía nuestro universo, destruye nuestras defensas lógicas, obliga a replantearse todas las convicciones, nos deja a la intemperie. Sabemos que su acción es saludable, pero peligrosa.

Contra la vida, la mejor defensa es el humor. Quien posee sentido del humor sabe que es hombre y que nada humano le es ajeno. Siempre estará dispuesto a excusar los aspectos negativos del prójimo porque en ellos contempla los suyos propios.

El humor sirve para hacer más llevadera la seriedad de la vida. El humor sirve para desenmascarar ese círculo vicioso en que se desenvuelve nuestra existencia, esa profunda inutilidad de lo útil.