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Cierzo

Dónde están las personas

Sábado 7 de octubre. Hora: sobre la una del mediodía. Lugar: calle principal en el centro de la ciudad. Un indigente cae al suelo de espaldas y se queda inmóvil tendido en la calle. Nos acercamos mi pareja y yo y una pareja de extranjeros: él habla bastante bien el castellano, ella sólo alemán. Ayudamos al hombre a incorporarse, tiene una palidez cadavérica y la mirada perdida, parece desorientado y las piernas no le sostienen. Aprovechamos que hay un banco público un metro más allá y le acercamos hasta él para que se siente. Una señora que está sentada nos mira con cara de disgusto, se levanta y se marcha. Nosotros optamos por llamar a la policía municipal para que avise a su servicio de ambulancias. Entonces recuerdo que al final de la calle siempre presta servicio un agente y voy a informarle para que se haga cargo de la situación. El policía da aviso inmediato a la central para que manden una ambulancia y nos quedamos junto al vagabundo, que ha recuperado algo de color en las mejillas, pero que aún respira con dificultad preso de un ataque de ansiedad. Veinte minutos después aparece la ambulancia, el personal sanitario atiende al hombre y decide llevarlo al hospital para que le practiquen una exploración más a fondo.

Mientras todo esto ocurre, y a tres metros escasos, una cincuentena de personas está sentada en las terrazas de dos cafeterías. Ni una sola se ha movido de su silla durante este tiempo, han seguido bebiendo su cerveza y comiendo sus patatas fritas como si frente a ellas no ocurriera nada en absoluto, han contemplado el suceso con una indiferencia aterradora que me ha helado el alma.
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1 comentario

2G -

La vida es egoista, que no ve la ayuda que otros piden, hasta que uno mismo la necesita.
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