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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Literatura.

Trabajar gratis

Detalle de la oferta de empleo: Se busca redactores -- Trabajo Freelance

 *****Oferta debajo no ofrece ningún pago monetario en el momento, al candidato se le estará dando mucha exposición a nivel mundial, candidato también estará ganando experiencia*****

¿Te gusta escribir? ¿Tienes talento? ¿Te gusta ser creativo? ¿Te gusta expresar tu opinión? ¿Quieres darte a conocer? Es tu momento!

Página cibernética de entretenimiento busca redactores voluntarios. Candidatos(as) tendrán la oportunidad de exponer su talento en dicha página con la publicación de cada una de los artículos que escriban. Artículos deberán ser originales y los candidatos se comprometerían a escribir por lo menos 2 artículos por semana sobre uno de los siguiente, farándula, moda, tecnología o eventos (ceremonias de premiación, conciertos, ferias etc.) y en español.
Actualmente la mencionada página está en proceso de tener su propio programa de TV y su propia revista impresa en el cual los candidatos tendrán la oportunidad de exponerse una vez que ambas estén en el mercado. Interesados por favor enviar correo electrónico a email y dinos por que debemos elegirte con una muestra de algún artículo escrito por ti.

Candidato debe tener:

- Excelente caligrafía y ortografía

- Habilidad para trabajar independiente

- Experiencia previa

 

Los plumillas estamos acostumbrados a que no nos paguen por nuestro trabajo. Verás, andamos mal de dinero, se trata de poner el proyecto en marcha y si sale como pensamos, en un par de meses te pagamos las colaboraciones. Cuando eres un principiante aceptas, ya es suficiente recompensa que hayan pensado en ti, rodearte de otras firmas importantes en el mundillo literario, y piensas que se trata de una oportunidad que no debes dejar pasar. Pero ocurre que se aprovechan de ti, que el proyecto nunca da los beneficios esperados y no cobras; que te esfuerzas por quedar bien haciendo un trabajo digno que nadie te agradece.

Con el tiempo aprendes. Faltaría más. Ves claro que te toman el pelo y que al trabajar sin sueldo estás cavando tu tumba. La empresa de marras no paga porque hay escritores y periodistas dispuestos a bajarse los pantalones cuando haga falta.

Todos necesitamos que nos den una oportunidad cuando empezamos y es de agradecer que alguien se arriesgue a incluir en una publicación el nombre de un perfecto desconocido. Pero cuando se desempeña una actividad laboral, se asume la función de trabajador. Aunque en la mayoría de los casos, sin nómina, sin seguridad social, sin derechos.

¿Cómo hemos llegado a esto? No sé. Quizás seamos demasiados dándole a la tecla, luchando por abrirnos camino, y la demanda es limitada. ¿Qué queda del “romanticismo” inherente a esta profesión? Pocos pueden permitirse el lujo de escribir por amor al arte. La mayoría de nosotros ha adquirido el vicio de comer a diario, tiene que pagar una vivienda y sus correspondientes gastos, ha formado una familia a la que también ha malacostumbrado y come cada día… Resumiendo, debe afrontar los mismos pagos que cualquiera, pero sin unos ingresos fijos.

El problema es que si tú no estás dispuesto a tragar con lo que hay, una legión de escribidores aceptará estas condiciones sin rechistar. Invertirá su tiempo, su talento y su esfuerzo a cambio de nada, pues incluso hay publicaciones que omiten en sus artículos el nombre del autor. A esto hemos llegado en la literatura analógica, y con la crisis aún se degradarán más las condiciones en las que trabajamos, pero el panorama que se vislumbra para la edición digital, con sus cláusulas y sus precios, conmina no a llorar, como diría Larra, sino a quemar la pluma y dedicarse a otra cosa.

El príncipe azul y otros timos

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La sociedad cambia porque las personas cambiamos y los cuentos de hadas que leímos siendo niños ya no reflejan el mundo de hoy. Autores, ilustradores y editores tienen la misión de adaptar la fantasía de los cuentos al tiempo actual. Es preciso que todos nos involucremos en la erradicación de viejos estereotipos: La mujer pasiva, abnegada, humilde, tierna, inculta y femenina que se ocupa de las tareas domésticas; eso cuando no es la malvada madrastra o la bruja fea y odiosa. El hombre activo, valiente, aventurero, fuerte, inteligente e independiente; eso cuando no es el príncipe maravilloso, rico y guapo o el sapo que, bajo el hechizo de la bruja, espera el beso de amor que le devuelva sus atributos.
 
La identidad masculina y femenina se construye desde la infancia. La familia, la escuela, los medios de comunicación y los cuentos, entre otros elementos de socialización, influyen potenciando la adquisición de roles distintos en función del sexo. Poco a poco se adquiere una identidad de género a través de nuestras relaciones con el entorno y los estereotipos sexistas se siguen transmitiendo todavía al inculcar papeles determinados en función del sexo de cada persona.
 
Los cuentos tradicionales, los cuentos de hadas o cuentos populares suelen ser el primer contacto que tienen los pequeños con la literatura y su marcado carácter sexista difunde unos valores que deben revisarse. En este tipo de cuentos, las mujeres siempre se ocupan de la casa, son bonitas, pobres, débiles, torpes, miedosas y sin ninguna instrucción. Por el contrario, el papel asignado al hombre es el de luchador, viajero, inteligente, curioso y protector. El final de estas historias es común y representa la deseada y perfecta relación amorosa que culmina en el archiconocido y vivieron felices por siempre.

El estereotipo más usado y peligroso para la formación de una identidad de género es el del príncipe azul. Aurora y Felipe, Kent y Barbie, el Capitán y Pocahontas, poco importa el nombre de los protagonistas, la idea que inculcan es la misma y cuando las chicas llegan a la pubertad aidealizan al cantante, al actor o al deportista de moda y transforman los elementos mágicos del príncipe azul en elementos reales y deseables para un compañero o amigo. Un amigo al que ella podrá cambiar porque el poder del amor es infinito, basta con amar y entregarse por entero para que se obre la metamorfosis y cualquier sapo se convierta en príncipe. El príncipe azul tiene la misión de conquistar, ser valiente y superar todas las dificultades que se le planteen, con estas características se convertirá en el más deseado por las mujeres.

Es hora de demostrar a los niños que la realidad es muy diferente. Que las mujeres son personas responsables y autónomas, instruidas, capaces de desarrollar cualquier actividad y que los hombres cambian pañales, planchan, preparan la comida y se divierten con sus hijos.

Los padres y madres juegan un papel decisivo a la hora de evitar que ciertos valores indeseados se instalen en la mente de sus hijos y al comprar un cuento deben fijarse en su contenido.

Las ilustraciones, por ser el elemento que más llama la atención de los niños en su primera etapa de la vida, deben incluir un número equilibrado de hombres y mujeres y evitar las escenas tópicas en las que la mujer y madre es también ama de casa y el hombre y padre es el que trabaja, lee el periódico y pone a punto el coche. El contenido evitará los roles establecidos y representará a hombres y mujeres en todas las situaciones. El lenguaje no subordinará a la mujer ni valorará al hombre, el trato a ambos sexos será igualitario.

Si queremos formar personas libres, resulta primordial que el modelo social esté carente de prejuicios, que los personajes masculinos y femeninos de los cuentos desarrollen su papel en una trama basada en el equilibrio entre los sexos.

Enlaces de interés:


 
 


Esperanto

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El esperanto es un idioma creado en 1887 por el doctor L. Zamenhof con idea de que pudiera servir como lengua universal. Está compuesto por 28 letras. Cinco son vocales: a, e, i, o, u y 23 consonantes; de éstas hay 10 que se pronuncian como en español: b, d, f, k, l, m, n, p, s y t. Se trata de un alfabeto fonético, que se pronuncia tal y como se escribe y viceversa. No existen las letras dobles, por eso cuando dos letras aparecen contiguas se pronuncian de forma separada. Una palabra en esperanto tiene tantas sílabas como vocales. No hay acentos ortográficos, pero la sílaba tónica es siempre la penúltima, de manera que todas las palabras son llanas. Todos los sustantivos son singulares y no se dan géneros gramaticales.

Saludo en esperanto:

Kiel vi fartas? ¿Cómo estás?

Mi fartas tre bone. Estoy muy bien.

 

Federación Española de Esperanto

Rodríguez San Pedro, 13, 3º- 7

28015 Madrid

Tel: 914468079

info@esperanto.es

www.esperanto.es

¿Dudas que dudo?

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Para un escéptico su doctrina es la duda y yo, dada mi condición, dudo mucho, muchísimo.

Como escritora soy autodidacta y transito frecuentemente por este camino, lo que no significa que carezca de maestros. El conocimiento se puede adquirir en todas partes, no necesariamente en un aula. Además, pienso que un escritor se define a través de sus maestros, por eso en mis obras están muchos de los autores a los que considero como tales. A otros les reconozco un mérito objetivo, sin embargo, no forman parte de mi profesorado. Es lo que me ocurre, por ejemplo, con Borges o Cervantes, grandes escritores en lengua castellana con los que no sintonizo porque no pensamos en la misma frecuencia. Pierre Louÿs, Kafka, Wilde o Quevedo, sí. Ellos son algunos de mis maestros.

Intento ser honesta con el lector y también conmigo misma en mis limitaciones. Por eso surge el conflicto creativo y dudo. Me falta fe en mí. No es difícil creer en cualquier ente que se halle fuera, Jesús, Buda, los elfos o Elvis… No les conoces. Sin embargo, de mí lo sé casi todo. Sé por qué, cómo, cuándo, cuánto, dónde fallo. Pese a todo, un escritor está obligado a creer en sí mismo, con una fe rara y la certeza absoluta de sus carencias. Quizá sea en las dudas donde consigo encontrar la fe para hacer bien mi trabajo.

 

Unamuno contra el catalán

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“De Madrid hasta aquí, en un frío vagón de la Compañía MZA, consumimos, aburridos, los momentos durante los cuales unos cuantos provincianos de la villa y corte consumirían una uva simbólica en la Puerta del sol, ante el Ministerio del Desgobierno de este inestimable Estado…” Así describe Unamuno en las páginas de El Mercantil Valenciano su viaje en tren a Valencia la noche de fin de año de 1918. El entonces columnista de referencia de la histórica cabecera *Levante-EMV, llegó al Cap i Casal con parte de su familia para asistir a la boda de su primogénito, Fernando, con la joven María Rincón de Arellano, hija de un notario de la ciudad.

El catedrático aprovechó su estancia de cinco días en la costa mediterránea para impartir, la noche del sábado 4 de enero de 1919, una conferencia en el Ateneu Mercantil de València contra el independentismo catalán y la imposición en Cataluña de la enseñanza íntegramente en esta lengua. La multitud que llenaba el auditorio coronó sus palabras con una fuerte y memorable ovación que se prolongó durante varios minutos, según se relataba en el diario.

El mencionado discurso, en principio, iba a ser pronunciado en otro Ateneo, el de Madrid, pero la boda valenciana de la familia Unamuno propició un cambio de escenario. Pocas semanas antes, Manuel Azaña, que entonces era secretario de esta institución, le había invitado a esta tribuna de oradores. Una colección de cartas dirigidas a Azaña que ha adquirido el Ministerio de Cultura incluye una epístola del filósofo datada el 24 de diciembre de 1918. En este texto, el pensador comunica al futuro presidente de la República que no podrá intervenir en el Ateneo de Madrid “el día 3 o 5 de enero” porque en esas fechas se casaba en Valencia el mayor de sus nueve hijos.

Unamuno, que fue nombrado y destituido en tres ocasiones como rector de la Universidad de Salamanca, le explica a Azaña que su conferencia trataría “sobre la soberanía catalana en lo que respecta al uso de la lengua con consideraciones sobre el conflicto de dos culturas”. “Cataluña terminará, y muy pronto, por separarse de todo el Reino de España y constituirse en estado absolutamente independiente”, le advertía a Azaña. “Justo es, pues, que España pierda ahora a Cataluña. Y la perderá, no tengo ninguna duda de que la perderá… La federación solo es una hoja de parra”, añadía.

En su discurso impartido en el Ateneu de València, el filósofo defendió la enseñanza en castellano frente a las “lenguas regionales”. De la misma manera que Blasco Ibáñez y otros líderes progresistas, equiparaba democratización y castellanización. En una España donde el 52% de la población era analfabeta (según el censo de 1920), ser ciudadano suponía saber leer y escribir la lengua de Cervantes. Así, “en medio de grandes aplausos que iban interrumpiendo el discurso”, describe el diario, el orador recordó las palabras de “un sacerdote vasco que desde el púlpito de su iglesia decía: No enseñéis el castellano a vuestros hijos, porque esta lengua es el vehículo del liberalismo”. Desde la portada de El Mercantil, Unamuno se había convertido en un látigo de las miserias del régimen de la Restauración e incluso, en 1920, la Audiència de València le condenó a 16 años de prisión y a una multa de 1.000 pesetas por criticar desde su columna semanal a Alfonso XIII y a su madre, la reina María Cristina. Una pena de la que consiguió ser indultado después de que se provocara un escándalo nacional.

*Unamuno publicó en la primera página de El Mercantil Valenciano 308 artículos de opinión, desde 1917 hasta 1924, cuando el dictador Primo de Rivera le desterró a Canarias.

El arte de amargarse la vida

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Querofobia: trastorno que hace que el individuo que la padece tenga un miedo inexplicable a todo aquello que le aporta alegría o le hace feliz.

 

“¿Qué puede esperarse de un hombre? Cólmelo usted de todos los bienes de la tierra, sumérjalo en la felicidad hasta el cuello, hasta encima de su cabeza, de forma que a la superficie de su dicha, como en el nivel del agua, suban las burbujas, dele unos ingresos para que no tenga más que dormir, ingerir pasteles y mirar por la permanencia de la especie humana; a pesar de todo, este mismo hombre de puro desagradecido, por simple descaro, le jugará a usted en el acto una mala pasada. A lo mejor comprometerá los mismos pasteles y llegará a desear que le sobrevenga el mal más disparatado, la estupidez más antieconómica, solo para poner a esta situación totalmente razonable su propio elemento fantástico de mal agüero. Justamente, sus ideas fantásticas, su estupidez trivial, es lo que querrá conservar...”

Estas palabras proceden de la pluma de un hombre, que Friedrich Nietzsche consideraba el más grande de los psicólogos de todos los tiempos, Feodor Mijailovich Dostoievski. En realidad solo dicen, aunque en un tono más elocuente, lo que la sabiduría popular sabe desde siempre: no hay nada más difícil de soportar que una serie de días buenos.

En el libro El arte de amargarse la vida, de Paul Watzlawick, es posible que el lector encuentre algo de sí mismo, a saber, su particular manera de convertir la comedia de su vida en un drama o en una tragedia, según sea su habilidad. La obra puede leerse medio en broma y medio en serio, pues incluso los menos avezados advertirán entre las líneas metáforas, chistes, anécdotas con guasa e ironía a raudales, que resultan infinitamente más eficaces que cualquier discurso solemne y sesudo a la hora de tratar las actitudes erróneas que nos condenan a la infelicidad.

Ha llegado el momento de destripar cuentos de hadas y doctrinas filosóficas que nos presentan la felicidad como el objetivo más apetecible de nuestra existencia. Demasiado tiempo de engaños y falsas promesas, ya es hora de cambiar nuestras ideas y dejar de creer que la búsqueda de la felicidad nos deparará felicidad.

Lo gracioso del caso es que el concepto de felicidad ni siquiera puede definirse. ¿Qué es felicidad? Las distintas ideologías y disciplinas del pensamiento no han logrado ponerse de acuerdo sobre el significado de este concepto aparentemente tan claro. Las opiniones siempre son dispares. Solo Terencio Varrón encontró 289 pareceres, sumémosles el criterio de Aristóteles, Agustín…, el de todos los enamorados del mundo. La cantidad de definiciones rozaría casi casi el infinito.

Nuestro mundo corre el peligro de anegarse con el diluvio de recetas para ser feliz que nos ofrecen expertos psicólogos, filósofos y psiquiatras, y un sin par número de aficionados que reparten por doquier sus consejos de autoauyuda. Sin embargo, cada cual busca su desdicha como mejor puede. En esta labor nos manejamos todos con mayor o menor soltura, pero aún son legión los que necesitan consejo para agravar sus males. Es a ellos a quienes se dedica El arte de amargarse la vida, un manual de iniciación. Porque llevar una vida amargada es algo que puede lograr cualquiera, pero amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende, no basta con la experiencia personal que puedan aportar un par de contratiempos, y el libro pone a disposición del lector los mecanismos más útiles y seguros para conseguirlo.

 

Biblioteca sin libros

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La universidad estadounidense de San Antonio, Texas, se abrió en 2010 y es la primera biblioteca del país sin libros. Ofrece espacio para 80 personas y contiene más de 425.000 libros electrónicos, también está suscrita a más de 18.000 publicaciones periódicas en formato digital. Una de las principales ventajas es que todos los que quieran pueden leer el mismo libro simultáneamente. La universidad tiene previsto cargar colecciones de textos en tabletas y lectores electrónicos para que los estudiantes los tomen en préstamo y se los lleven a su casa. Sin duda, un acierto de propuesta.

San Antonio Public Library

Sylvia Plath

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El 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath, cansada de vivir, abrió la llave del gas y metió la cabeza en el horno para poner fin a su existencia. Su muerte apenas trascendió, en aquel momento todavía no era conocida en el mundo literario. Solo había publicado un libro, The Colossus, que no tuvo demasiado éxito.

Fue una gran poetisa, víctima de la soledad, del ambiente hipócrita que se vivía en Estados Unidos durante los años 50 y de un perfeccionismo obsesivo y paranoide que la forzaba a agradar a los demás, a superarse a sí misma: “El no ser perfecta, me hiere”, a lograr lo máximo en cada verso.

Su atracción por la muerte pudo iniciarse a los diez años, el fallecimiento de su padre la marcó poderosamente. Diez años después intentó suicidarse y una década más tarde lo consiguió.

 

Morir

Es un arte, como cualquier otra cosa.

Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago por sentirlo hasta las heces.

Lo hago para sentirlo real.

Podemos decir que poseo el don.

Es fácil ejecutarlo en una celda.

Es muy fácil hacerlo y guardar la compostura.

Es teatral.

La intensidad poética de Sylvia Plath ha hecho de ella un mito literario. En 1982 se le concedió el Premio Pullitzer de poesía a título póstumo por la antología Poemas completos.

Feliz bicentenario Mr. Dickens

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Mendigos, avaros, huérfanos abandonados a su suerte, trabajadores explotados, jefes negreros… Son personajes que malviven en un Londres reino de la miseria, el escenario en el que transcurren las novelas de Charles Dickens (1812-1870). Por suerte, las novelas dickensianas no se quedan en el retrato atroz de la desgracia, el autor ofrece siempre una redención casi idílica, confiaba en que todos podemos ser mejores personas de lo que somos y afirmó: "El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta".

Premio Internacional de Lectura Literaria

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Mi reseña literaria del libro de Sergio Constán: Wilde en España, ha recibido una distinción en el Primer Premio Internacional de Lectura Literaria. Me hace ilusión porque el proyecto de José Luis Amores me parece original y porque la obra de Constán se lo merece.

Gracias a ambos. ¡Uf! Lo siento, dear Oscar, me olvidaba de ti. Gracias a los tres.

Leer las obras seleccionadas: Revista de Letras, La Vanguardia

¿Necesito un e-book?

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¿Ya tienes un e-book?, me pregunta una compañera. No, le respondo. Ella me mira con cara de extrañeza, daba por hecho que siendo yo lectora empedernida y escribiendo, dispondría de uno de esos artefactos de lectura.

¿Cómo explicarle a un profano que al abrir un libro experimento sensaciones erógenas? Cojo un libro y siento que me impregno de él, de su esencia. A través del tacto percibo el gramaje y las características de su tibia piel, me llega la suavidad de las hojas, el perfume de la tinta mezclado con el del cloro del papel. Lo admiro, advierto brillos, colores, matices. Huelo. Veo. Toco. Escucho la voz de las palabras escritas. Disfruto.

Quizás quedemos pocos en la pequeña aldea de lectores irreductibles de libros, pero no estamos dispuestos a rendirnos. Nos atacan, pero resistiremos. No odiamos los nuevos cachivaches electrónicos, pero el e-book es otra historia. Nadie le niega las ventajas que ofrece para trabajar y documentarse: es ligero, fácil de transportar y puede contener un montón de obras. Pero una cosa es trabajar y otra cosa es leer.

Los lectores mantenemos una relación de intimidad con los libros que nos vuelve posesivos. Ese libro que adquirimos es nuestro y de nadie más, nos pertenece y jamás se lo prestaremos a nadie porque somos nosotros quienes hemos abierto sus tapas por primera vez en un estreno memorable, en un festival para los sentidos que solo nosotros disfrutamos. El libro conserva la caricia de nuestras manos, algo que jamás tendrá el e-book.

Es cierto que da igual leer una obra en un libro, en el ordenador o en el e-book, lo importante es el contenido y no tanto el continente. Pero en los dos últimos casos el vínculo sagrado se pierde. Ya no hay calidez ni contacto físico con las páginas de papel, ni aromas, ni sensaciones. No hay nada.

Los lectores de libros perderemos la batalla. Es una cuestión de tiempo. No podremos detener el avance arrollador de las nuevas tecnologías y tendremos que claudicar. Las bibliotecas sin libros. Las librerías sin libros. Los lectores sin libros. No se me ocurre un futuro más desolador.

 

Penguin Books

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En 1935, si se quería leer un buen libro, había que tener bastante dinero o un carné de biblioteca. Los libros de bolsillo fueron una idea de Allen Lane, que por entonces dirigía el The Bodley Head. Había pasado el fin de semana en Devon, con Agatha Christie, y se encontró en el quiosco de la estación de Exeter buscando algo para leer en su viaje de regreso a Londres, pero la oferta solo incluía revistas populares y reediciones de novelas victorianas. Horrorizado ante semejante panorama, Lane decidió crear una colección de libros baratos y de calidad que se vendieran en las estaciones de ferrocarril y en las librerías tradicionales. Necesitaba un digno símbolo para este proyecto y su secretaria le sugirió un pingüino, uno de los empleados fue al zoológico para realizar unos bocetos y setenta años más tarde, el pingüino aún es la imagen de la empresa.

Los primeros libros de bolsillo de Penguin aparecieron en el verano de 1935 con obras de Ernest Hemingway, André Maurois y Agatha Christie. Estaban codificados por colores: naranja, ficción; azul, biografía; verde, novela negra y costaban seis peniques, el mismo precio que un paquete de cigarrillos. El concepto de los libros cambió entonces, había comenzado la revolución de los libros en rústica, que en un año alcanzaron un éxito insospechado al venderse tres millones de ejemplares.

Penguin Books

DIGO!

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DIGO! es una publicación de aspecto alegre y colorista que invita a ser leída. Sus contenidos son muy variados. En su último número, el 7, el sumario incluye una mención a los bosques, ya que éste es su año, artículos de salud, arte, noticias, opinión, formación, concursos, entrevistas, actividades, poesía… Se trata de una revista coral de la que trasciende la ilusión y las ganas que le ponen los colaboradores que en ella participan. Unos colaboradores que desde el Centro Penitenciario de Zuera (Zaragoza) desarrollan su actividad creativa y mediante la palabra escrita encuentran espacios de libertad interior.

El mérito de la literatura erótica

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La literatura erótica tiene un doble mérito porque encierra un doble peligro. A cualquier escritor podemos perdonarle el desliz de una frase poco afortunada, un adjetivo chocante. Sin embargo, un escritor de erotismo, que trabaja como funámbulo sobre la línea fronteriza que separa el buen y el mal gusto de cada lector, hará peligrosas incursiones en la sensibilidad ajena, tratará de acciones, describirá humedades… que no satisfagan al lector, y este delito será decisivo para que se cierre el libro y se condene a su autor a las penas eternas del infierno de los malos escritores.

El riesgo es evidente y constituye un reto para los que escribimos pornografía, por eso pedimos una pizca de tolerancia al lector, pues le ofrecemos la posibilidad de visitar territorios poco transitados. ¿Y si las cosas no son lo que siempre nos han parecido?

 

Revistas de la Edad de Plata

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Interesantísimo trabajo el que nos ofrece “Residencia de Estudiantes”, se trata de una edición facsímil de 31 revistas literarias y culturales del periodo 1910-1939, que están disponibles en red:

Revistas de la Edad de Plata

Mujeres charlatanas

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La idea de que las mujeres son charlatanas está reforzada por la ciencia, pues Jespersen (Naturaleza, evolución y origen del lenguaje, 1976) afirma que el lenguaje de la mujer es poco lógico, conservador, con un léxico escaso, un habla anodina y superficial que huye siempre de los extremos de la adjetivación. Reconoce que las mujeres aprenden el idioma antes que los hombres y les sucede lo mismo cuando se trata de una lengua extranjera. Precisamente por eso, por haberla aprendido tan precipitadamente, les ha faltado y falta reflexión sobre ella. La misma razón alega para afirmar que las mujeres tienen tendencia a no acabar una frase porque se ponen a hablar de algo que no saben y se dan cuenta en medio de una frase que no pueden acabarla porque no tienen nada que decir. Llega a afirmar que cualquiera que haya leído libros escritos por mujeres habrá comprobado lo trillado que es el estilo y la cantidad de léxico antiguo, dialectal o palabras raras que usan las autoras, por eso recomienda que se lean libros escritos por mujeres cuando se quiera aprender una lengua extranjera, pues son muy útiles por su léxico. Este comentario tiene importancia pues es nada más y nada menos que Otto Jespersen el que caracteriza el sexolecto de la mujer partiendo del estereotipo sexista más recalcitrante, cosa que no cabría esperar de este gran lingüista.

 

* Sexolecto, registro lingüístico diferente y con distinta apreciación social según sea el sexo del hablante.

Desvaríos 7

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Ven, me decía, estoy tejiéndote un lecho de seda para que descanses. Ven. Yo estaba exhausto y me acosté en el lecho que la araña tejió para mí.

 

Primer Premio Internacional de Lectura Literaria

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Hasta ahora, los premios en literatura se concedían a los escritores y a veces también a los críticos literarios. El lector, sujeto destinatario de su labor creativa, era contemplado como mero comprador por la industria editorial. Pero una singular convocatoria pretende cambiar esta situación creando un premio retribuido para los lectores.

BASES DEL PRIMER PREMIO INTERNACIONAL DE LECTURA LITERARIA

1. Pueden concurrir al premio las consideraciones escritas de cualquier clase y condición acerca de una novela, ensayo, poema, cuento o microrrelato, autor e incluso grupo de autores. Se admitirán tanto críticas como reseñas, recensiones o textos misceláneos. Aunque la denominación del premio incluya el adjetivo “literario”, no regirán distinciones de género ni prejuicios acerca de la calidad de las obras o autores en que se basen los trabajos, dejando a elección de los concursantes la tónica elegida para aquéllos, que podrá ser laudatoria, ejecutoria, intimidatoria, tibia, diletante, artística, periodística, poética, declamatoria, patética e incluso académica.

2. Los trabajos, de extensión mínima libre y máxima de 600 palabras, podrán presentarse en formato compatible con las aplicaciones Writer de OpenOffice o Word de Microsoft Office. Podrán concursar las obras escritas en cualquiera de los idiomas oficiales, cooficiales y oficiosos de los territorios español y latinoamericano, incluido el castellano. Dada la internacionalidad de la convocatoria, se aceptarán, además, las obras redactadas en portugués, francés o inglés. Los trabajos se enviarán como fichero adjunto a la dirección electrónica premiodelectura@gmail.com, escribiendo en el asunto del mensaje “Primer Premio Internacional de Lectura Literaria”. Aunque no es necesario que las obras hayan sido creadas ex profeso para esta convocatoria, no se aceptarán actitudes de plagio crítico o perífrasis manifiesta.

3. Los trabajos podrán presentarse hasta el final del día 31 de octubre de 2011, lo que equivale a decir las 00:00, hora de Madrid, del Día de Todos los Santos. Sólo se aceptará un trabajo por concursante. No se especificarán datos personales en el mensaje.

4. La dotación del premio, al contrario que el tópico dinero habitual entre la voraz grey creadora, crítica o comerciante, consistirá en la inclusión de los textos seleccionados en una antología crítica editada para la ocasión. La obra será ofrecida, gratuitamente, en formato digital, y, bajo demanda, en formato físico con el único coste de su impresión y envío. Es decir, la edición no generará beneficio económico alguno para autores ni para editores.

5. El jurado estará compuesto por el jefe de redacción de una conocida publicación literaria, un crítico literario y un escritor prolífico en obras ajenas que son, por encima de todo, lectores profesos y confesos. Las obras que se incluirán en la antología serán elegidas de entre un grupo previamente seleccionado por sus especiales cualidades. La organización hará pública la lista durante el mes de noviembre de 2011 y se pondrá en contacto, por mail, con los lectores/autores, a fin de completar los datos biográficos necesarios para la publicación.

6. Si, a juicio del jurado, el número de trabajos con calidad no supera una cantidad mínima, la edición digital se realizará con los que sí la alcancen, y se desistirá de la edición física bajo demanda.

7. La organización no mantendrá correspondencia más que con los autores/lectores seleccionados, y los restantes trabajos, una vez hecho público el fallo, serán destruidos y la cuenta de correo utilizada para la convocatoria se cancelará.

8. La participación en esta convocatoria supone la aceptación de sus bases, cuya interpretación, o de cualquier aspecto no especificado en ellas, corresponde al jurado. Cualquiera duda será resuelta, públicamente y durante el período de admisión de trabajos, como comentario al anuncio realizado en el blog del artífice de la propuesta http://bolmangani.blogspot.com.

Se anexa un ejemplo de trabajo con indicaciones técnicas en los márgenes, así como un borrador, en estado primitivo, de maquetación de la antología que reunirá los trabajos seleccionados.

Otra forma de leer

El mercado español del libro electrónico tan solo representa un 1% del negocio editorial. Tras años de anunciarse la tan sonada revolución digital, aún la estamos esperando debido al elevado precio, a las dificultades técnicas que presentan las descargas legales y a falta de una oferta variada y abundante entre la que poder elegir un libro.

Con la intención de solventar estas dificultades, acaba de nacer Librosinlibro, una plataforma digital que agrupa a 13 sellos editoriales independientes. Sus características: Paga a los autores el 40% en derechos, en el caso del papel ese porcentaje oscila entre el 7% y el 10%. Los títulos de Librosinlibro pueden descargarse cinco veces desde la web y copiarse indefinidamente en cualquier dispositivo dado que carecen de DRM, el sistema anticopia más habitual.

Librosinlibro

Otra propuesta interesante es la que presenta Librosintinta, un blog dedicado al fomento de la lectura y la escritura y a la promoción de nuevos autores. El servicio ofrece acceso a los documentos por medio del intercambio de enlaces a distintas webs y ha creado una biblioteca digital en la que todos pueden participar.

Librosintinta

No sé

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He conjurado al dios del olvido en vano. He invocado al diablo para que me rescatase del infierno. He llamado a los ángeles para que me llevasen lejos. Aún sigo aquí. Luchando con la fuerza de dos manos para vencer tristezas y dolores. ¿Cómo he cicatrizado los latigazos? ¿Cómo he transformado las heridas cercenadas en arañazos? ¿Cómo he extirpado el pus de mis entrañas? ¿Cómo he erigido un muro con mi espalda y he cambiado la desesperación por un graffiti de sonrisa?

Era él

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Dicen que respiramos trece veces por minuto. Es posible. No estoy yo para contarlas. Pongo el carné sobre la mesa y controlo mi respiración. Estoy aquí para superar un examen y tengo que concentrarme. Contemplo el folio manchado de letras negras e inspiro profundamente. Alea jacta est. El bolígrafo me tiembla entre los dedos al escribir mi nombre.

No entiendo nada. Bien. Mi futuro laboral depende de esta prueba y estoy nerviosa. Las palabras parecen desprenderse de la página y me retan a leerlas. Me esfuerzo. Soy una experta en literatura. Resolveré el enigma. La primera frase me invita a desvelar el nombre de su autor. De eso se trata, de averiguar quién es. Fragmentos en latín, en inglés, en italiano, en francés y castellano. Me concentro. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce… Trece páginas. Fragmentos descabalados. No hay historia, sin hilo conductor no hay nada.

Hay quien lo consigue a la primera, pero los dos primeros fracasos no me preocupan. La gloria del éxito corresponde a los fuertes, a los incansables, a los voluntariosos. No voy a ofuscarme. Encontraré algo, un indicio. Mi olfato avezado por miles de lecturas dará con la solución.

Quedan pocos minutos y nadie se ha levantado aún para entregar el examen. No han desentrañado el misterio. Seré yo. Tengo que ser yo. Mi respiración se acelera. Siento miedo, una sensación de angustia aterradora. Treinta segundos. Me caso para no estar solo: ¡Es él!

 

 *Leer el relato ¿Él? de Guy de Maupassant

Alas rotas

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Revisar la vida desde lejos,

desde una atalaya remota,

y contemplar en perspectiva el pasado,

el rosario de días y penas,

de sueños por cumplir

y esperanzas hechas trizas.

 

Mirar en lontananza,

atisbar un cielo azul

donde hay nubes oscuras,

mentirse, engañarse

pensando que algo cambió

cuando todo sigue igual,

cuando solo el paisaje es diferente

y la gente que lo habita

se ha hecho extraña.

 

Y tú… tú sigues adelante

tropezando en esa piedra

con la que topas cada día,

sin acertar a vivir,

sin ensayar otras vidas,

temiendo caer en otro abismo,

habituado a la nada.

 

Respiras el aire y sueñas

que es posible, sí,

que la dicha nunca estuvo

más cerca ni más esquiva

y descubres, más bien confirmas,

que nada cambia si tú no cambias.

Si tu forma de mirar es la misma

lo que ves es idéntico.

Si haces lo que sabes,

no ensayas otros proyectos.

 

El miedo sigue ahí,

donde siempre estuvo,

dueño del reino porque

tú le has dado la llave,

el poder de rendirte.

No debería ser así, lo sabes,

pero el patrón se repite.

 

Tienes en las manos la capacidad, el humo.

Tienes en la cabeza

un sueño frustrado.

Tienes unas alas rotas.

No tienes nada en realidad.

Solo eres alguien muerto de miedo,

agazapado en la sombra

sin habituarse a la luz.

 

La mazmorra del miedo es segura

sus paredes son sólidas,

los barrotes rígidos,

la puerta infranqueable.

Salir o quedarse…,

parece una elección fácil,

pero cuando no quedan arrestos

nada es sencillo.

Las nubes pasan o se quedan

en el cielo azul o negro.

Tú pintas el cuadro.

Tú no haces nada.

Leer en silencio

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Cuando leemos en silencio, emitimos el sonido de las letras en una frecuencia imperceptible. El sonido está ahí, en nuestro cerebro, mudo, pero nunca ausente.

El peso de la vida

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A veces la vida pesa en exceso

y mengua las fuerzas,

la realidad oprime

y el dolor se adhiere

y borra del alma

cualquier atisbo de luz.

Mis libros

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Cada uno de mis libros es un pequeño tesoro, una pieza de valor para mí. A lo largo de los años he reunido una diminuta biblioteca, apenas nada para lo que desearía tener. La falta de espacio para acoger más obras resulta un condicionante poderoso a la hora de adquirir libros y he llegado a un punto en el que para que entre un ejemplar nuevo en la estantería, antes debería sacar otro. No me atrevo a deshacerme de ninguna joya. El principito, Más allá del bien y del mal, El pescador y su alma… ¿Cómo voy a renunciar a ninguno de ellos si he disfrutado tanto con su lectura?

A veces pienso que convendría conservar únicamente los libros que en un futuro pudieran socorrerme y suprimir aquéllos cuyas páginas no he abierto en muchos años, pero siento una fidelidad casi sagrada por todos ellos. Los libros se enganchan a la memoria y algunos también al alma. Cualquier excusa sería miserable para abandonar a su suerte a La metamorfosis, El amante, Riverita o Anales. Se han adherido a mi vida, a lo que soy.

Por desgracia, el tamaño de la biblioteca sí importa y llega un momento en que el número de volúmenes cruza la frontera de lo posible y hay que contener su crecimiento. Los míos, de los anaqueles se han trasladado a una oscura caja que me he asegurado de precintar bien para que no escapen. Ha sido un acto doloroso.

Bibliotecas

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Desde que apareció la imprenta, existieron bibliotecas privadas en las que, con el permiso de sus dueños, se podían consultar los libros. Luego se crearon las bibliotecas públicas, como la de Mazarino en París o la Ambrosiana en Milán. También las Reales, como las de París, Lisboa o Madrid, éstas finalmente se convirtieron en bibliotecas Nacionales. O las fundadas por los poderes públicos, como la Biblioteca del Congreso en Washington o el British Museum. Todas estaban destinadas a satisfacer las demandas de un público con una cultura superior.

Poco a poco, aumentó el número de personas que sabían leer, pero no disponían de capacidad económica para adquirir libros, para atender a estas nuevas necesidades surgieron las bibliotecas públicas o populares. Lo curioso es que no fueron demandadas por los potenciales lectores, sino que fueron los educadores quienes, deseosos de evitar la incongruencia de que los gobiernos estuvieran interesados en que las personas aprendieran a leer, pero no se ocuparan de facilitarles material de lectura, promovieron asociaciones para la compra de libros.

La creación de bibliotecas populares se produjo casi de manera simultánea en Inglaterra y Estados Unidos a mediados del siglo XIX, sin embargo, los motivos fueron distintos. En Inglaterra las razones fueron morales, un grupo de filántropos pretendía evitar mediante la lectura el embrutecimiento de la clase humilde, que tras las muchas horas de intenso trabajo se dirigía a las tabernas para mitigar las penalidades con el alcohol. En Estados Unidos, se buscaba la mejora de la formación profesional y política, para que los empleados tuvieran una mayor capacidad para trabajar con eficiencia y los votantes se forjaran un criterio propio y ejercieran sus derechos con independencia. En ambos países, los gobiernos se limitaron a dar carta blanca a las autoridades locales que desearan crear bibliotecas.

En la zona mediterránea, en países como Portugal, Francia o España, las bibliotecas creadas por los gobiernos obedecían a otros planteamientos. Se trataba de preservar el patrimonio histórico, artístico y bibliográfico disperso en los monasterios y reunían libros antiguos escritos en latín y que, en su mayoría, abordaban temas teológicos, por lo que no interesaban a la mayoría de personas. Aunque las bibliotecas fueran denominadas populares, dada la escasez de recursos económicos y bibliográficos no captaron la atención de los lectores.

No preguntes

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No preguntes.

No quieras saber quién fui antes de conocerte.

Yo era una sombra.

Un mar desesperado.

Nada.

A buen entendedor...

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Cuentan sus amigos que el matemático P. G. Lejeune Dirichlet (1805-1859) no era muy amigo de escribir cartas. Hizo una excepción cuando nació su primer hijo. Dirichlet mandó un telegrama a su suegro con el siguiente mensaje: "1+1=3".

Gerardo Diego en Soria

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Gerardo Diego llegó a Soria en 1920 para tomar posesión de la cátedra de Lengua y Literatura del instituto de la ciudad, allí residió durante dos años formando parte activa en su vida cultural como socio del Casino Numancia. El poeta santanderino también colaboró en el periódico satírico La Cotorra, impulsó las primeras jornadas teatrales de la ciudad y dejó constancia en sus versos de la honda impresión que le causó su estancia en tierras sorianas.

Desde el pasado 26 de abril, Gerardo Diego toma café y repasa sus libros de poemas ante las puertas del Casino Amistad Numancia de Soria. El escultor Ricardo González ha realizado una estatua en bronce del poeta de la Generación del 27 y Premio Cervantes de 1979 con la que se le rinde homenaje.

 

ROMANCE DEL DUERO

Río Duero, río Duero,

nadie a acompañarte baja;

nadie se detiene a oír

tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde,

la ciudad vuelve la espalda.

No quiere ver en tu espejo

su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes

entre tus barbas de plata,

moliendo con tus romances

las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra

y los álamos de magia

pasas llevando en tus ondas

palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,

a la vez quieto y en marcha,

cantar siempre el mismo verso

pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,

nadie a estar contigo baja,

ya nadie quiere atender

tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados

que preguntan por sus almas

y siembran en tus espumas

palabras de amor, palabras.

Doctor Mathias de Llera

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Mathias de Llera nacido en Corvilla, aldea de la villa de Luna, a principios del siglo XVII.

Estudió en la Universidad de Zaragoza, obteniendo los títulos de doctor en Medicina y en Filosofía.

Entró en el colegio de San Cosme y San Damián, de Zaragoza, el día 14 de junio de 1650. En octubre de 1652 era catedrático de Aforismos de la misma; después, de la Segunda de Curso, de la de Vísperas, y desde diciembre de 1696 de la de Prima, magisterio que ejerció durante veinticinco años, con gran aprovechamiento de sus discípulos, dada su sabiduría y la experiencia que poseía sobre la ciencia médica. Fue designado catedrático perpetuo de la Universidad de Zaragoza y ciudadano benemérito de la ciudad.

Escribió el libro titulado “Manus Médica Dextera Quinque Digitos Continens”. Obra que el mismo autor considera muy útil y necesaria a todos los cultivadores de la Medicina. Fue editada en Zaragoza, en la imprenta de Juan de Ibar, en el año 1666.

Aparece censurada por los doctores Bartolomé Sanaguja y Albácar, médico de Zaragoza, ministro de la Santa Inquisición, que fue alumno suyo; y alabada por los médicos zaragozanos Juan Bautista de Cariñena e Ypenza, Juan Francisco Ruiz de la Vega y Tomás Anglás, todos ellos discípulos suyos.

Está dedicada a los “Ínclitos mártires Cosme y Damián, los mejores discípulos de la Medicina de Esculapio y Apolo”. Consta de cinco partes, cuyos títulos son:

- Quorum primus diputationem in duos galeni libros de febrium differentiis.

- Secundus librum, de curandi ratione per sanguinis missionem.

- Tertius, controversias de purgatione supra gal, librum, quos, quibus, et quando.

- Quartus, tractatum de crisibus, et diebus decretorus, y

- Quintus, et ulti, consultandi rationem proponit, escutit, ac dirimit.

Es una gran obra de Medicina, cuya traducción y comentario completo sería muy interesante. Se halla en la biblioteca de la Excelentísima Diputación Provincial de Zaragoza.

Otro de los libros que le hizo famoso fue el titulado “De curandi ratione por sanguinis missioneni, tertius, controversiane de purgationes supra Galeno librum, quos quibus et cuando”. En él trata sobre las evacuaciones de la sangre y, a pesar de seguir el sistema y método de Galeno, se hallan reflexiones muy prácticas e importantes. Da a este medio terapéutico la mayor importancia y se extiende en consideraciones sobre sus indicaciones y forma en que debe practicarse.

Otra obra que le dio gran fama fue la titulada “Crisis y días críticos”, que toma como base el aforismo 36 de la sección cuarta de los de Hipócrates. En él se ocupa de la naturaleza, esencia, diferencias y causas de la crisis, tanto perfecta como imperfecta; del modo de discernir los síntomas que anuncian las buenas y malas; de sus diferencias para pronosticar con acierto, como también los requisitos indispensables que se han de presentar para anunciarlos.

Publicó también algunos trabajos sobre el modo de conocer las enfermedades; de qué género y especie son éstas, sus causas, síntomas y modo de ser; el órgano que padece y la manera como padece; si la enfermedad es aguda o crónica, si es benigna o maligna y si es leve o grave, dividiendo los periodos de ella en principio, aumento, estado, declinación e intervalo de convalecencia. No se olvida tampoco de llamar la atención sobre la cualidad que debe distinguir a las excreciones de las secreciones, ya críticas, ya sistemáticas.

Todas estas juiciosas reflexiones y otras muchas, dignas de ser estudiadas, aparecen en estos escritos, por cuyo medio asegura, y con razón, que puede llegar a formarse un diagnóstico lo más exacto posible y establecer un método racional y un pronóstico casi seguro.

Fue médico de cámara del rey Carlos II y con ejercicio del señor don Juan de Austria.

No es posible indicar la fecha de su defunción ni el sitio en que ésta se produjo.

 

 

Sinde la lía

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La ministra de Cultura, Ángeles González Sinde dijo: El oficio de literato no es un eximente para los que con sus palabras, por muy hábilmente que estén ordenadas, ofenden, menosprecian, se saltan las reglas de la convivencia y pisan peligrosamente valores como la igualdad y la no discriminación. Sus palabras aludían al escritor Sánchez Dragó por literaturizar sus escarceos íntimos con unas “zorritas” de 13 años en Japón. Luego Leire Pajín intervino para darle soporte: “Ni la literatura ni ningún tipo de expresión artística puede justificar un comportamiento absolutamente inaceptable”. Estas recomendaciones suprimirían el 80% de la literatura universal. García Márquez, Miller, Genet, Rabelais, Nabokov… Sus libros darían trabajo a la policía de Farenheit 451. Céline fue un nazi declarado. Thomas Mann, un antisemita confeso. Sade, un libertino. Wilde, homosexual. Doyle, cocainómano. Rimbaud, de moral laxa. Bukowski, borracho. Cinco premios Nobel fueron alcohólicos: Lewis, O’Neill, Faulkner, Hemingway y Steinbeck. Otros escritores también alcanzaron la fama entre vapores etílicos: Fitzgerald, Tennessee Williams, Truman Capote, etc. Ninguno tuvo un comportamiento ejemplar, así que ellos y sus libros, a la hoguera. ¿Qué quedaría en las bibliotecas?

Y los derechos del creador

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El nacimiento del derecho de autor puede datarse en 1710, con el Estatuto de la Reina Ana de Inglaterra. Durante trescientos años, los libros han sido, con leves variaciones, iguales. Pero las nuevas tecnologías han cambiado el panorama transformándolo en espectacularmente diferente y la piratería se ha sumado al cambio poniendo en peligro el derecho de los autores. Corrientes supuestamente progresistas defienden la engañosa idea del disfrute gratuito de la creación intelectual, de la cultura de masas, pero así se vulnera la ley y se crea confusión. Poner orden en este novedoso terreno no será tarea fácil.

Llega el ebook y los editores le tienen miedo. ¿Cómo afectará su implantación a la venta de libros tradicionales? El modelo de negocio ha cambiado, así que toca renovarse o morir. Urge una oferta variada y atractiva, con estándares de formato; que respete los derechos del lector ofreciendo, por ejemplo, copia privada o lectura en varios soportes; que garantice los derechos de los autores y favorezca la transformación de las librerías. Este maremágnum que tenemos ahora no favorece a nadie.

 

Con las manos en la mesa

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Juan Revenga Frauca, dietista-nutricionista y biólogo, ha escrito Con las manos en la mesa, un libro estupendo sobre comida. Con una amplia base de conocimientos científicos desenmascara los mitos y falsedades que circulan en torno a la nutrición y los alimentos, nos enseña qué y cómo comer, resuelve dudas sobre la eficacia de los regimenes y disipa empanadas mentales. Todo esto lo consigue exponiendo sus teorías de forma clara y divertida, aplicando más el sentido común que el razonamiento científico. El resultado es una obra instructiva que se lee con interés y deleite.

Se empieza desterrando una expresión que no se ajusta a la realidad; “Los alimentos no engordan”. Quienes engordamos somos las personas, si la ingesta de calorías que tomamos es superior a la energía que consumimos.

El aceite de oliva no es el mejor que podemos emplear, pese a las bondades que nos ponderan las empresas olivareras. El aceite de colza aporta más vitamina E y omega3 y tiene menor cantidad de grasas saturadas, pero en España quedó proscrito de nuestra dieta tras el síndrome del aceite tóxico (aceite de colza adulterado).

El colesterol no es tan malo como lo pintan. De hecho, nuestro organismo lo necesita y lo fabrica para calcificar los huesos y producir determinadas hormonas sexuales y la bilis. El problema del colesterol es tener más del que se requiere.

Pese a que en la década de los 70 estuvo en boga el planteamiento de que tomar una cantidad moderada de vino en las comidas resultaba de lo más saludable, estudios actuales refrendan lo contrario: nunca debería apoyarse el consumo de bebidas alcohólicas, menos aún tomando la salud como pretexto.

El agua no ayuda a adelgazar, únicamente sirve para hidratarse. No disuelve la grasa del tejido adiposo, no nos deja esbeltos ni es obligatorio beber 3 litros diarios, como algunos creen. 

Todos los yogures contienen idénticos microorganismos activos, no importa de qué marca sean. Todos son exactamente iguales, aunque no cuesten lo mismo.

Seguro que a la bandeja de su correo electrónico ha llegado un mensaje en el que le advierten de que en la base de los tetrapaks de leche aparece un número que indica la cantidad de veces que esa leche se ha puesto a la venta, ha sido retirada a punto de caducar y se ha reciclado antes de ponerse de nuevo a la venta. No crea una palabra. Es un bulo.

Hay otros patrones tan saludables o más que la dieta mediterránea. Ningún alimento previene el riesgo de padecer cáncer. Las bebidas de cola no aflojan tornillos ni desatascan tuberías. Los alimentos ecológicos no superan en contenido de vitaminas y minerales a los que no lo son.

¿Cuál es la dieta ideal, la de la piña, la del pomelo o la de la alcachofa? Ninguna de las dietas denominadas depurativas es recomendable porque restringen la ingesta de alimentos y la reducen a comer solo un tipo de fruta, por lo que el organismo deja de estar bien nutrido.

Señoras, señores, lean Con las manos en la mesa y comprobarán cuánto nos embaucan, además aprenderán a comer como es debido y, por ende, sin engordar.

 

Título: Con las manos en la mesa

Autor: Juan Revenga Frauca

Editorial: 1001 ediciones

Páginas: 192

Cortar por lo sano

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Como casi en todas partes, el ayuntamiento de Stony Stratford, uno de los cuatro pueblos que forman el municipio de Milton Keynes, en Inglaterra, busca la manera de ahorrar dinero. Recortando de aquí y de allá, pretende excusarse treinta millones de euros, y puesto que considera la biblioteca pública un gasto innecesario, ha decidido cerrarla, y listo.

Pero en el pueblo hay lectores, gente amante de la cultura que se ha movilizado para tratar de impedir tamaño desatino. Pensando, pensando, encontraron una manera que les pareció la más factible: que se pidiesen prestados todos los libros de la biblioteca. Crearon un grupo en Facebook y han conseguido su objetivo. Los 16.000 volúmenes de la biblioteca se han prestado, a un ritmo de 378 por hora, según datos de la BBC. Los diarios ingleses muestran fotos de la biblioteca con los estantes vacíos.

Se supone que los habitantes de Stony Stratford han logrado su meta, que con todo el fondo desperdigado, la biblioteca no puede cerrar, o ¿sí? Ojalá su iniciativa tenga éxito. Sinceramente, así lo deseo.

 

*Foto: BBC

Historias de locos

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El escritor Sergio Constán ha rescatado del olvido una colección de cuentos: Historias de locos, de Miguel Sawa (1866-1910) y nos presenta a su autor en la introducción Miguel Sawa, a la sombra de una sombra, una semblanza en la que Constán retrata la figura del escritor, del periodista y del hombre, admirador de Cervantes, amigo de Manuel Machado y comprometido con la causa republicana.

Historias de locos es un libro póstumo, Miguel Sawa falleció tres meses antes de su publicación en 1910 y, como indica el título, son historias de locos, contadas por locos, pues en la mayoría es el propio perturbado el que se dirige en primera persona al lector para explicarle la causa de su enajenación.

Enajenado es aquél que ha perdido su eje y todos podemos traspasar esa frontera invisible que separa la cordura de la chaladura. Miguel Sawa conocía la curiosidad que despierta el orate, el ido. ¿Qué convierte a una persona “normal” en carne de frenopático? Los celos, la venganza, el odio, una alucinación tomada por realidad, el amor, el dolor… Cada loco tiene sus razones y las cuenta sin pudor.

“Todos los males del hombre tienen su origen en el cerebro”, dice el protagonista del relato Un desnudo de Rubens. Los esbozos de la locura que plantea Sawa en sus cuentos se enmarcan dentro de la corriente de moda a finales del siglo XIX, cuando la psiquiatría, la frenología o la neurología hacían furor y, como a Sawa, prendaron también a Maupassant o a Poe. Las narraciones carecen de atmósfera, son hechos desnudos y rápidos. No hace falta más para asomarse a la ventana de la cárcel de los locos.

 

Título: Historias de locos

Autor: Miguel Sawa

Editorial: Renacimiento

Páginas: 135

 

*Reseña publicada el día 6 de enero de 2011 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

 

El fuego redentor

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Cada libro quemado ilumina el mundo. R. W. Emerson

 

Los biblioclastas (destructores de libros) son tan antiguos como sus víctimas. En el año 213 a. C. el emperador Shi Huandi mandó destruir todo libro que pudiera recordar el pasado. Cuando en 2003 las tropas estadounidenses llegaron a Bagdad no quemaron un millón de libros de la Biblioteca Nacional, pero tampoco la protegieron, y su indiferencia permitió que grupos de criminales la incendiaran y la saquearan el 14 de abril de ese año.

Un libro se destruye para aniquilar la memoria que encierra, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura. El libro no se destruye como objeto, se elimina por lo que representa, porque puede suponer una amenaza en una sociedad dogmática, que se aferra a una concepción del mundo uniforme, irrefutable o atemporal. Mientras unos pocos libros, llámense Biblia, Corán o el programa de un movimiento político, artístico o social, son considerados “definitivos” y no admiten conjeturas porque explican una realidad absoluta, otros, los que discrepan con la postura totalitaria, merecen perecer en el infierno.

El fuego, al que se ha condenado desde antiguo a los libros, es un elemento purificador que forma parte de numerosos ritos en todas las culturas. También representa el poder destructor. El fuego proviene de los dioses y, al destruir con fuego, el hombre juega a ser dios convirtiéndose en amo del fuego y de la muerte.

Si pensamos que sólo los hombres ignorantes y cargados de odio son capaces de eliminar libros, nos equivocamos. Eruditos, escritores o filósofos se han mostrado partidarios de un apocalipsis de fuego para los libros. René Descartes pidió a sus lectores que quemaran los libros antiguos. David Hume exigió la supresión de todo libro que tratase de metafísica. Martin Heidegger entregó a sus discípulos las obras escritas por Edmund Husserl que tenía en su biblioteca para que las quemasen. Vladimir Nabokov quemó el Quijote ante más de seiscientos alumnos. Borges le hizo decir a uno de sus personajes del El libro de arena: “Cada tantos siglos hay que quemar la biblioteca de Alejandría”. Quemar el pasado para renovar el presente.

 

*Imagen: Quema de libros. 10 de mayo de 1933. Opernplatz.  Berlín.

Fogonazos intuitivos

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“Cree en un maestro: Poe, Maupassant, Kipling, Chéjov, como en Dios mismo”, dejó dicho Horacio Quiroga en su Decálogo del cuentista.

“No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas”, es el quinto mandamiento.

“No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo”, reza el séptimo precepto.

“No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal como fue, has llegado en arte a la mitad del camino”, es el noveno consejo.

El cuentista uruguayo nos regala sus consejos, pero existen otros muchos “decálogos” sobre la preceptiva que debe observar un cuento. Casi todos se resumen en premisas como brevedad, intensidad, condensación, concisión, depuración o capacidad de sugerir.

Antes, los cuentos se iniciaban con una sugestiva y prometedora introducción: Érase una vez… A partir de aquí se esperaba la magia, la sorpresa, el desenlace de un argumento.

Ahora todo son tesis, fórmulas sobre el arte de narrar, de suscitar en el lector el ansia por la sorpresa de un final concluyente y no intuido. Pero cuando uno lee “Bola de sebo”, de Maupassant, “La muerte de Ivan Ilich”, de Tolstoi o cualquier cuento de Chéjov, se pregunta si siguieron el consejo de algún experto, si pusieron en práctica esa fórmula que suma elementos para dar como resultado magia pura o si la historia se gestó por sí misma en sus cabezas y solo se limitaron a transcribir una súbita iluminación, un fogonazo intuitivo, como diría Poe.

 

*Decálogo del perfecto cuentista, Horacio Quiroga Fuente:  Pro-scrito

1 Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.

2 Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

3 Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

4 Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

5 No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

6 Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

7 No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

8 Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

9 No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

10 No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Jaume Vicens Vives

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El pasado día 6 de junio se cumplieron los cien años del nacimiento en Girona de Jaume Vicens Vives, historiador y filósofo, considerado el padre de la historiografía catalana moderna. Y el día 28 de ese mismo mes, pasaron cincuenta desde su muerte en Lyon. Por ese motivo se ha declarado este año 2010 como el Año Vicens Vives.

Jaume Vicens Vives estudió Filosofía y Letras en Barcelona, fue profesor en el Instituto-Escuela de Figueres (Girona), ayudante en la Universitat Autònoma de Barcelona, en 1942 estuvo destinado en el instituto de Baeza y en 1947 ganó la cátedra de Historia Moderna de la Universidad de Zaragoza. Tras la Guerra Civil vivió un periodo difícil y tuvo que ganarse la vida escribiendo artículos de política internacional, que firmaba con el seudónimo de Lorenzo Guillén, en el semanario Destino. También publicó manuales pedagógicos a través de la editorial Teide, que fundó en 1942 junto con su cuñado Frederic Rahola, y obras de divulgación.

Mediante sus artículos, Vicens Vives se revela como un trabajador metódico, riguroso y exigente, que acostumbra a profundizar en los documentos que maneja y desea ir siempre a las fuentes originales para elaborar su obra. El mundo académico, afín a las ideas políticas dominantes, siempre observó con recelo su exigencia de actualización histórica y arguyó razones ideológicas para desprestigiar sus investigaciones.

Ferran II i la ciutat de Barcelona, su tesis doctoral, Historia de los remensas en el siglo XV, Aproximación a la historia de España, Juan II de Aragón, El gran sindicato remensa, El segle XV, Els Trastàmares, la obra colectiva Estudios de Historia Moderna, Índice Histórico Español, la Historia social y económica de España y América, la serie Biografies Catalanes, Industrials i polítics del segle XIX o Notícia de Catalunya son algunos de sus trabajos más destacados, pues sumados los artículos, su obra se compone de más de trescientos cincuenta títulos.

Aprendí

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Aprendí a olvidar el roce de tus labios,

a no escribir poemas que llevaran tu huella,

a apagar la luz que tú encendiste,

a borrar el eco de tu nombre

de las cosas vividas, de las cosas queridas.

 

Con el tiempo llegó el olvido,

se fue el dolor de la pérdida,

el son de la música que no bailamos,

el aroma de esa flor ahora marchita

y las noches eternas de vacío.

 

Quise desandar el camino andado,

pero el reloj nunca se detuvo

y seguí adelante, siempre adelante.

 

Escapé de la nostalgia por los días que se fueron,

enjugué las lágrimas que nunca viste,

y escapé, escapé de ti y de tu recuerdo.

 

Ahora existe un paraíso lejos del tuyo,

otra vida cuyo eje no es tu vida,

una ilusión sin tu mirada,

otros ojos, otras manos y otra boca.

Y es que aprendí a borrar tu rastro

de los rincones llenos de ausencia.

 

Lecturas escolares

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Con el título de lecturas escolares me refiero en especial a las lecturas de nuestros autores clásicos, una suerte de clásicos específicos para escolares y distintos de los que serían considerados de esta manera por los lectores comunes, son más bien los autores y los títulos de entre los que conforman la historia literaria española que se leen en las aulas.

El Estado se preocupa de elaborar listas de lecturas recomendadas, que incluyen lo más obvio y canónico, aquello que se considera imprescindible para hacerse una idea de cómo ha sido la historia de la literatura. ¿Y por qué se deben leer clásicos en la escuela si su lectura aburre mortalmente a los alumnos? Muchos estudiantes quedan vacunados de por vida y no vuelven a abrir un libro. Estos datos deberían bastar para entender las posturas de quienes razonan que la lectura, como todos los placeres, nunca debe ser obligatoria. Entonces, ¿por qué seguir leyendo clásicos en la escuela? Tal vez la única respuesta posible sea que los alumnos tienen derecho a disfrutar de los mejores frutos artísticos que se han producido en su propia lengua. Sólo algunos lo aprovecharán, pero ¿sucede algo distinto con cualquier otro conocimiento que se quiera transmitir? ¿Quién y por qué decide cuáles son las mejores obras? Esta pregunta parece insinuar que existen responsables, cuando lo cierto es que la tradición se crea a sí misma y los que hoy consideramos los mejores libros se han leído como tales por generaciones muy distintas de lectores.

Hay luz en casa de Publio Fama

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Cneo Publio Fama es el subostrano municipal de Barcino. Comenta las actas que llegan de Roma, redacta noticias, vende informaciones en el foro y consigue unas monedas a cambio de sus anécdotas y exordios, declamando en las villas de las familias acomodadas. En un pueblo analfabeto, en el que solo unos pocos privilegiados han recibido instrucción, Publio Fama intenta ser un informador honrado, y ahora Barcino se halla en plena campaña electoral para elegir duunviro. Pío Marcelo Faventino, miembro de una de las familias más influyentes de la colonia, está destinado a ganar en la pugna por la magistratura quinquenal y es el momento de poner a prueba la lealtad de Fama. ¿Morderá la mano que le da de comer?

Patricios y plebeyos, ahijados o desheredados de la caprichosa diosa Fortuna, comparten protagonismo en una representación coral de la vida en la Barcelona romana. Juan Miñana ha documentado perfectamente su novela y consigue arrancarnos del siglo XXI para trasladarnos a los primeros años de la era cristiana y hacernos visualizar con detalle lugares y situaciones, percibir los olores que llegan desde el Mare Nostrum o escuchar el bullicio de las calles durante la celebración de las fiestas Saturnales. La trama avanza lenta, entre cantidad de detalles históricos que le restan agilidad al relato, aunque los personajes están perfectamente retratados, de manera que no cuesta componer una imagen del ex legionario Curcio Vera, emergiendo del mar como un pez tostado tras haber comprobado que las ostras y los mejillones que cultiva prosperan o de Silvia Faventina, inteligente, delicada y fuerte, jugando a los ladrones, y a algo mas, con Vera. El escrupuloso rigor histórico y la ficción se entremezclan en “Hay luz en casa de Publio Fama” para ofrecer al lector una trama llena de intrigas y que culmina en un desenlace poco probable, aunque, para la venganza, el fin siempre justifica los medios.

Título: Hay luz en casa de Publio Fama

Autor: Juan Miñana

Editorial: RBA Libros

Páginas: 366

Feminismo en el mundo global

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Para que quede claro: “El feminismo no es lo contrario del machismo, pero es absolutamente contrario al machismo”. Amelia Valcárcel es doctora en Filosofía y autora de varias obras dedicadas a analizar la situación de la mujer en diferentes ámbitos: política, pensamiento, historia... Ahora acaba de reeditarse su ensayo “Feminismo en el mundo global”, un análisis apasionante, equilibrado y riguroso sobre el feminismo y su evolución a través del tiempo. Abarca las tres grandes etapas del feminismo: feminismo ilustrado, feminismo liberal-sufragista y feminismo contemporáneo.

 

Con la Ilustración aparecieron los primeros brotes de rebeldía de la mujer. Se habían reconocido los Derechos del Hombre y del Ciudadano y resultaba demasiado obvia la privación de bienes y derechos de las mujeres. Se pidió entonces instrucción, derecho de voto, reforma de la familia, pero éstas y otras quejas se desatendieron.

 

La sociedad industrial trajo el manifiesto comunista, también otro al que se ha prestado menos atención: la declaración de Seneca Falls (1848), que exigía la ciudadanía civil para las mujeres y la modificación de las costumbres y la moral, así como la abolición de cualquier ley que impidiera la igualdad, la libertad y la persecución de la propia felicidad por parte de la mujer. Ochenta años de lucha costó alcanzar los derechos al voto y a la educación, un paso gigantesco en el camino hacia la ansiada igualdad, porque sin instrucción no hay avance. Autorizada a saber, la mujer entró en la escuela, en la universidad, para seguir avanzando en el mundo laboral, en la política, en el arte, en la ciencia y en todos los territorios que le habían sido vetados por el mero hecho de pertenecer al sexo considerado débil.

 

La tercera ola de feminismo está en marcha. La lucha continúa, queda mucho por hacer pues todavía no se ha logrado el objetivo deseado: la igualdad total entre hombres y mujeres.

 

 

Título: Feminismo en el mundo global

Autora: Amelia Valcárcel

Editorial: Ediciones Cátedra

Páginas: 340

Divina inspiración

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Hubo un tiempo en que el mundo estaba poblado por dioses. Unos dioses  que acompañaban y asistían al hombre en los tránsitos más oscuros de su recorrido por el mundo. Unos dioses nacidos de la necesidad de ocupar ese espacio vacío que ninguna razón podía colmar ni satisfacer, porque la presencia de los dioses es anterior al discurrir lógico, a la respuesta razonada sobre el misterio del hombre y del mundo. Los dioses son una forma, la más antigua, de desvelar la realidad. Una manera de calmar la incertidumbre, el temor más elemental y primitivo.

 

En un principio fue la acción, el hecho de denominar aquella presencia vacía que envuelve al hombre. Presencia vacía y llena a un tiempo, ¿de qué?, el hombre no lo sabe, pero la siente como superior, ilimitada, y temiendo que le someta, necesita identificarla, reconocerle unas cualidades. Necesita dar, a este espacio lleno de silencio y de nada, una imagen: y la primera imagen que el hombre es capaz de formarse es la imagen de los dioses. En todas partes y en todas las culturas, encontramos bajo la figura de los dioses la presencia de un misterio. Y este misterio no es una abstracción. Este misterio, el hombre lo ha reconocido íntimamente ligado a su propia existencia: él mismo es un misterio. Y aunque los dioses fueran inventados, el principio, el fundamento del que surgen, es la realidad primordial de la que no se puede decir nada, pero que es la fuente de todo lo que se dice y de todo lo que se crea.

 

La aparición de los dioses pone fin a un periodo de tinieblas. El dios es la clara presencia que nace de la noche del alma e ilumina el recóndito espacio del misterio. Esta presencia divina, figura que personifica los grandes misterios del hombre, fue suscitada, revelada, por la palabra poética. La primera en enfrentarse a este mundo oculto de lo sagrado y que se atreve a nombrar la esencia del misterio. La presencia de los dioses queda íntimamente unida a la presencia de la poesía; es más, la poesía es un medio por el que el dios se manifiesta en su esencia formidable, insondable, ilimitada.

 

En aquel tiempo, cuando el mundo estaba poblado por dioses, la poesía era la prueba irreducible de su presencia. Porque el poeta era el hombre elegido por el dios para manifestarse y revelarse. El poeta, el hombre que seguía el trazo de la escritura que un dios le dictaba, era un inspirado, un poseído por la divinidad. En los momentos de inspiración el poeta olvidaba su singularidad específica, dejaba a un lado su conciencia y su voluntad para transformarse en conciencia y voluntad universal.

 

El término inspiración en griego, la lengua de un país poblado por dioses y poetas, es pneumatikós, literalmente aire, hálito; la inspiración divina es simplemente estar pleno del aliento de los dioses. Dice Platón del poeta: “El poeta es una persona ligera, alada, sagrada, que no está en situación de crear hasta que un dios le ha inspirado, después que ha dejado de ser el dueño de su razón; mientras conserve la capacidad o facultad de la razón, será incapaz de crear una obra poética, por tanto, como los poetas no realizan su obra en virtud de un arte, sino en virtud de un privilegio divino, ninguno de ellos es capaz de componer con éxito ningún género poético que no haya sido inspirado por la Musa. Y si la divinidad les priva de razón y los toma como sirvientes, igual que hace con los profetas y los augures inspirados, es para enseñarnos, a nosotros los oyentes, que no son ellos quienes dicen cosas de tanto valor –ellos no son dueños de su razón-, sino que es la divinidad misma quien nos habla y se hace oír por mediación de ellos. Para mí que estos bellos poemas no tienen un carácter humano ni son obra de los hombres, sino que son divinos, y que los poetas no son otra cosa que los intérpretes de los dioses y están poseídos por la divinidad”.

 

En este diálogo, el , Platón describe su concepción de la poesía y del poeta. La poesía no es un arte. La poesía no es el dominio de un conjunto de normas establecidas. Los poetas obran por la gracia de un don que han recibido del dios; un don misterioso del cual no son dueños ni conscientes. Un don que incluso supone la pérdida momentánea de las facultades de la razón y la consciencia. Transportados por el entusiasmo, son poseídos por una voluntad ajena que formula un canto, momentáneamente sin sentido ni orden, pero que se avendrá de manera progresiva con una voluntad esquiva, a la voluntad del poeta.

 

Los dioses, según Demócrito, emiten un soplo sagrado que recibe el alma, exquisitamente sensible, del poeta y que lo mantiene en un estado de entusiasmo, con el hálito sagrado en su interior. Mediante el mecanismo de la respiración, el poeta aspira átomos del soplo sagrado. Así el alma se inflama y, movida a un estado de agitación parecido a la locura, aumenta al máximo su capacidad creadora. A diferencia de Platón, Demócrito no niega la paternidad de sus obras más bellas, aunque su creación reclama la presencia de unas facultades en máxima actividad. Pero estas facultades están condicionadas por el estímulo poderoso de un agente externo sobrenatural que sume al poeta en un frenesí, en un trance parecido al furor divinantium, en que percibe los efluvios de seres y cosas que, en su estado de normalidad psíquica, sería incapaz de percibir.

 

El efecto de la inspiración del dios es de una energía tal que el entusiasmo del poseído se comunica a todos los que le escuchan, de esta manera, dice Platón, se va creando una cadena de inspirados que, como corrientes magnéticas, transmiten el entusiasmo, los nuevos aspirantes reciben a su vez la facultad de transmitirlo a otros. A esta cualidad del hombre inspirado de transmitir a otros el entusiasmo del dios, Nietzsche lo denomina excitación dionisíaca: la multitud que escucha el canto del poeta se transforma en un solo ser que, embrujado por la palabra del dios, pierde completamente el recuerdo de su pasado y se convierte en su servidor y vive fuera de toda época y de toda espera social. Esta excitación dionisíaca es considerada por Platón como una forma de posesión y de locura; dice en Fedro: “Al ocupar las Musas una alma tierna y pura, la lanzan hacia transportes báquicos que se expresan en odas y en todas las formas de la poesía. Pero todo aquel, que sin la locura de las Musas, acceda a las puertas de la Poesía confiando que su habilidad bastará para hacerlo poeta, éste hará de sí un desgraciado”.

 

Pero lo dioses ya hace tiempo que huyeron del mundo de los hombres. ¿Han estado, de verdad, alguna vez entre nosotros? Ya hace tiempo que la presencia de los dioses nos resulta casi imperceptible, y el vacío que han dejado en su huida no puede ser ocupado por ninguna otra cosa. La manifestación de los dioses, paradójica y contradictoria, ha sido sustituida por la razón vigilante, analista, pragmática, amiga de la síntesis. Los vestigios de los dioses, aquellas manifestaciones oscuras que parecen no tener ninguna relación entre ellas, por dispersas y lejanas, pero que en un instante privilegiado se muestran como un todo unitario, como un misterio tremendo; los vestigios divinos que el hombre reconocía en las manifestaciones del universo fueron sustituidos por la lógica argumentación, por la deducción analítica, y perdieron toda relación con el mundo sobrenatural y suprasensible.

 

Esto ya lo dijo el filósofo: Dios ha muerto. Y cuando Nietzsche utiliza el nombre de Dios es para designar el mundo sobrenatural y suprasensible. Dios ha muerto significa que el mundo suprasensible carece de fuerza operativa; el mundo sensible ha dejado de ser una mera apariencia de la realidad sobrenatural, ahora es la única realidad. Las antiguas relaciones establecidas entre la vedad del mundo suprasensible y la esencia del hombre han dejado de tener el valor trascendental que antes tuvieron. Dios ha desaparecido de nuestras perspectivas vitales y las nociones de esencia, sustancia y causa han entrado en crisis.

 

En el lugar de la autoridad divina desaparecida surge la autoridad de la consciencia. Es ella quien asevera la existencia del mundo exterior, independientemente del dios y de las instancias sobrenaturales. La consciencia  es un dominio humano donde lo divino no interviene. Todas las instancias divinas se han secularizado y la autonomía de la consciencia ha sustituido aquella antigua dependencia del hombre respecto a Dios. Si hubo un tiempo en el que los designios de los dioses se confundían con el destino de los hombres, ahora éste se encuentra solo en un mundo infinito y vacío, sólo susceptible de llenarse a instancias de la subjetividad del hombre moderno y de su consciencia histórica. El culto de la religión, aquel sentimiento de relación y unidad entre las criaturas y su creador, ha sido sustituido por el entusiasmo respecto a la creación de una cultura humana. El hombre se reconoce como autónomo e independiente de cualquier instancia superior y se sabe el único responsable de sus decisiones y de sus actos. El creador, en otro tiempo propio y exclusivo de los dioses, se convierte en un distintivo del quehacer humano, en la peculiaridad de sus actos. Crear, voz que sólo los dioses podían conjugar, se convierte en un vocablo y una actividad común a todos los mortales.

 

El espacio que queda vacío por la ausencia y la huida de los dioses fue ocupado por la consciencia y la razón y todos los ámbitos de la vida del hombre registraron esta alteración fundamental de manera trágica. El poeta muda su fundamento de manera trágica. El poeta no es ya el mortal elegido por los dioses para transmitirle su voz y su palabra, sino que es el vigilante, amo de su razón y de su arte. Negado el dios, uno niega también su manifestación. La inspiración divina, esencia y origen de la poesía y de las artes, será también negada o reducida a una simple figura retórica. El orden y la concepción del mundo de lo santiguos ya no son los nuestros y porque la inspiración divina es un hecho incompatible con nuestra idea del mundo, uno negará su existencia. Ningún poder sobrenatural y externo no habla por boca del poeta, sino que es su propia consciencia quien lo hace. La poesía es técnica y disciplina. El mismo Baudelaire decía que la inspiración eran doce horas de trabajo diario, él, un poeta tan frecuentemente visitado por las musas y por la esterilidad más aterradora.

 

No nos asiste ningún dios cuando buscamos la palabra justa, el color adecuado, el sonido indicado, pero ¿cómo denominar ese instante en que de manera inesperada, después de mil instantes inútiles y descorazonadores, aparece la palabra justa, el color adecuado, el sonido indicado? ¿Cómo denominar este ánimo, ciertamente extraño entre nosotros, que felizmente nos atrapa y, sin esfuerzo, nos ofrece su colaboración?

 

“Si uno desterrase al hombre, el ser pensante y contemplador, de la superficie de la tierra, este espectáculo patético y sublime de la naturaleza se convertiría en triste y mudo. El universo callaría, el silencio y la noche sin sentido serían el único espectáculo. Todo se transformaría en una vasta soledad donde los fenómenos no observados pasarían oscura y sordamente. Es la presencia del hombre lo que hace interesante la existencia. ¿Por qué no tendríamos que introducir al hombre en nuestra obra, tal como aquél está colocado en el universo?” Estas palabras de Diderot nos sitúan en la nueva concepción de las relaciones del hombre con el universo: El hombre ocupa el lugar del Creador y el poeta verdadero es aquel que descubre las proporciones y la armonía de la realidad, o su caos; aquel que se da cuenta de la verdad de la naturaleza y del juego de las pasiones.

 

El acto creativo, el momento de inspiración, sucede irreflexivamente, y no es eminentemente lógico, sino la proyección de la subjetividad. El instante privilegiado de la inspiración es aquel que el que el yo siente su fusión con el todo y siente el todo fundirse en la subjetividad. No se trata de intuir pasivamente esta totalidad, esta síntesis oposicional, como una cosa objetivamente existente y fija, sino de la creación y transformación constante del creado, siempre igual e idéntico a él mismo, replegado en el misterio de su ser, origen de los dioses y de la poesía.

 

El fracaso del éxito

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Hace unos años ocurrió aquello que yo tanto anhelaba: llegó mi momento de “éxito”. Mi obra literaria obtuvo el reconocimiento público. Recibí dos premios de poesía; quedé finalista en un certamen de novela corta; se editó una de mis novelas, hice su presentación y firmé ejemplares; llegué a colaborar en más de ochenta revistas de todo el mundo; una universidad escogió mi ensayo sobre Bécquer como tema de estudio para sus alumnos; recibí el cariño de mis lectores, que me colmaban de elogios y se mostraban ansiosos por conocer mis obras… Me hundí.

 

Creo que fue Fred Mercury quien dijo que el éxito se digiere peor que el fracaso. En mi caso fue cierto. Cualquiera que se reconozca humano es capaz de asumir sus limitaciones y está preparado para admitir que ha fracasado, que ha metido las cuatro patas y está de barro hasta el cuello. Pero cuando llega el triunfo, cualquiera que sea, la presión que ejerce puede llegar a ser tremenda. Uno siente la obligación de comportarse como los demás esperan que lo haga y nace entonces la tensión de satisfacer expectativas ajenas, que lleva al punto de estar más pendiente de los críticos, de la respuesta del público y del éxito que de uno mismo.

 

Me sentaba a escribir pensando qué esperarían de mí los lectores, sus alabanzas habían colocado mi cota de perfección en la estratosfera y no quería defraudarles. Mi iniciativa se desplazó buscando contentar a los demás y robándome la libertad. Me convertí en esclava de un público desconocido que esperaba de mi intelecto obras brillantes. Me equivocaba. El éxito tiene una cara perversa, es un tirano que nos obliga a ser fieles al papel que nos hemos arrogado y a representarlo del modo que más aplausos nos gane.

 

Enseguida comprendí que no debía renunciar a la libertad. ¡Libertad! Libertad para actuar según mi criterio, resistiendo la tentación de sucumbir al halago y sin renunciar jamás a la literatura. Nunca me faltaron la constancia, el afán de superación, las ganas de esforzarme y la chispa de ilusión necesarios. Así que seguí el camino de mis prístinas aspiraciones: escribir bien. Adopté como lema la frase de Wilde: Un verdadero artista no tiene nunca en cuenta al público. El público, para él, carece de existencia, y volví a escribir con espontaneidad, fiel a mi instinto e intentando crear algo que valiera la pena.

 

Envuelto en éxito puedes parecer alguien sin ser nadie. Las prisas del editor y la opinión de los lectores matan la creatividad y por eso hay que dejarlos al margen si de verdad se pretende hacer literatura. Pocos entienden que la obra es sólo del artista hasta que éste la presenta al mundo, entonces, si se ha logrado dotarla de vida, emprenderá su propia existencia y los lectores la harán suya, reinterpretándola y añadiéndole nuevos matices.

 

Ahora trabajo con todo el entusiasmo y abnegación de que soy capaz. No espero que se me retribuya ni se me agradezca por lo que hago, estoy poseída por la idea de llegar a ser escritora.

 

* Imagen: Francine Van Hove

 

Desiertos de tedio

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Desiertos de tedio,

oasis de horror.

Malas flores

para el bien literario.

Caer en el abismo infernal

o en el celeste abismo.

¿Qué importa?

Solo queda el fin infinito

cuando termina la batalla

tras la monótona y pequeña existencia

Ese espejo que nos mide

cada vez que nos mira.

Wilde en España

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El 16 de octubre de 1854, nace en Dublín Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde. El genial escritor Oscar Wilde, el vituperado "Oscar", el fingido Sebastian Melmoth. ¿Qué se puede decir de él o de su obra que resulte novedoso? Cientos de autores y cientos de obras abordan la vida y milagros del dandi, del esteta, del homosexual, del preso, del exiliado o del poeta, pero hasta la fecha no se había realizado un estudio tan profundo y pormenorizado sobre la influencia de Wilde en la literatura española como el que se recoge en el ensayo de Sergio Constán: Wilde en España. Una obra escrita desde la admiración, porque a Wilde solo se le puede admirar o denostar, reacciones tan encontradas que únicamente provocan las raras avis que de tanto en tanto transitan por este valle de lágrimas en el que a Wilde le tocó llorar como al que más.

 

Disculpen ustedes que me vaya del asunto: el ensayo Wilde en España, la admiración me escora a mí también hacia el hombre-personaje que triunfó en los círculos más selectos de la hipócrita sociedad victoriana, ésa misma que luego haría escarnio de él, porque Wilde habría pasado a la historia de la Literatura por su indiscutible talento, pero el escándalo internacional que supuso el caso Queensberry le entronizó en los altares del esteticismo extravagante y en España que, a caballo entre los siglos XIX y XX, se vivía una ola de moralismo, la denominada literatura maldita de Wilde fue recibida por sus incondicionales con los más fervorosos aplausos, mientras sus detractores le dedicaban críticas feroces.

 

José Martí y Alejandro Sawa, que conocieron personalmente a Wilde, uno en Estados Unidos, el otro en París, son los primeros en dar a conocer su obra en España y en 1902 aparece traducida la obra teatral Salomé. Álvaro Alcalá Galiano, Manuel Machado, Rubén Darío, Pardo Bazán, Julio Gómez de la Serna, Pío Baroja o Jardiel Poncela son unos pocos de los numerosos autores que quedaron seducidos por Wilde. Hasta 1925 Wilde era el autor de moda en España, los editores se lo rifaban, los escritores traducían su obra y el público buscaba deleitarse con el poeta irlandés, todo un fenómeno cultural. Sus poemas se incluyen en diversas antologías y en una encuesta realizada por el diario El Sol sobre los gustos literarios femeninos, Wilde es el cuarto escritor extranjero más votado y su novela El retrato de Dorian Gray es destacada como una de las imprescindibles en cualquier biblioteca que se precie. Luego se inició un declive, muy celebrado por ese sector intelectual que fue siempre reacio a la aceptación de la obra wildeana.

 

De estos asuntos nos pone al tanto Sergio Constán, que ha recopilado datos sobre la presencia de Oscar Wilde en la literatura española durante el periodo comprendido entre los años 1882 y 1936, añadiendo una faceta más a ese poliedro que compone la figura de Wilde. Y es que en Wilde confluyen y se confunden virtudes y defectos, persona y personaje, por eso tuvo que morir el hombre para que su obra, empañada ahora solo por la sombra de su abrumadora personalidad, pudiera respirar por sí misma y hacerse inmortal.

 

Título: Wilde en España

Autor: Sergio Constán

Editorial: Akrón

Páginas: 370

 

*Reseña publicada el día 19 de noviembre de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

Desvaríos 6

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Una gota de semen en el polvo seco. Una gota de sangre en el mar. Una gota de sudor en el viento. Una gota de dolor en el alma. Las cuatro esencias de su ser alumbraron un centauro, mitad hombre, mitad monstruo.

Mi deseo

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Siempre que me puse a escribir lo hice con voluntad de estilo, con el empeño de construir con una depuradísima técnica narrativa y un exquisito cuidado del lenguaje, con la esperanza de conseguir textos sublimes. Pero tengo la sensación de que mis ambiciones se tuercen y varían su rumbo hasta llegar a la isla de la mediocridad, algo que me hace sufrir mucho. Me siento frustrada, impotente ante ese juez que sentencia y condena, y luego asumo con naturalidad el fracaso. Acéptalo, me digo, no tienes casta de narrador, ni de poeta ni siquiera de infame escribidor. ¿Cómo podría transformar mis escritos en auténtica literatura? Cada aventura fascinante que emprendo me obliga a enfrentarme a mis miedos más profundos, porque ese tirano que llevo dentro me grita con claridad meridiana que uso las palabras de forma torticera, que le debo sumisión al lenguaje y que en mis obras ha de palpitar la emoción. ¿Será que mi amor por la literatura, como todas las historias de amor verdaderas, están abocadas al fracaso?

Sobre el precipicio

Sentada sobre el precipicio

Contemplando cómo las olas ponen a prueba la paciencia de las rocas raídas

La desnudez de la playa la convierte en un espacio blanco conmovedor

El sol mira desdeñoso desde lo alto del horizonte

Y yo aquí

En la soledad de esta altura cerca de las nubes

Tentada de lanzarme sobre esta colcha de espuma que se hace y se deshace

Esperando un alojamiento sobrecogedor y definitivo.

La compañía de almogávares

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La compañía de almogávares, de Ángel Boya Balet, es un libro peculiar. Trata, como indica su título, de los almogávares de “la gesta de estos pocos guerreros hispanos que, por dinero, expulsaron a los turcos de Anatolia, y, por una cuestión de honor, hicieron temblar los cimientos del Imperio Bizantino”. Pero también intenta, a su vez, desfacer entuertos.

 

Dice Boya en la introducción de su obra que el motivo principal que le motivó a escribirla fue el de ubicar geográficamente las campañas que llevaron a cabo los almogávares, para ello se ha documentado profusamente en una vasta bibliografía que le permite hablar con seguridad sobre el tema. Según iba ampliando conocimientos, se encontró con que realidad y leyenda se entremezclaban en ocasiones, provocando confusión, confusión acrecentada por intereses nacionalistas, empeñados en cambiar la historia de Cataluña y, de paso, la de España, convirtiendo a los almogávares en “la compañía catalana”.

 

Sé bien de qué habla Boya. Durante los más de veinte años que he residido en Cataluña, con la consiguiente y forzada inmersión lingüística y cultural, he contemplado boquiabierta, cuando no alucinada, las tergiversaciones históricas más grotescas y contradictorias. Y ya no sé a ciencia cierta si el emblema de la identidad catalana: la senyera, fue la bandera tradicional de los reyes de Aragón o es un diseño de Mariscal.

 

Boya nos explica en su libro quienes fueron los almogávares, describe su forma de vida, su modo de lucha, sus gestas y aporta datos que rebaten mentiras. Porque los acontecimientos pueden agradar o no, pero son los que son.

 

Título: La compañía de almogávares.

Autor: Ángel Boya Balet

Editorial: Editado por el autor

Páginas: 340

 

*Reseña publicada el día 15 de octubre de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

Qué es la literatura

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La literatura es esa dificultad que tiene el hombre para comunicarse con sus semejantes al explicar sus sueños, sus miedos, su felicidad, sus pensamientos… En suma, literatura es la capacidad de transmitir mediante la palabra y, con ella, emocionar.

 

* Imagen: Francine Van Hove

Fe de erratas

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La fe de erratas o testimonio de erratas era en los primeros tiempos de la imprenta un certificado oficial en el que se hacía constar la coincidencia del texto impreso con el original que las autoridades civiles y eclesiásticas, con su derecho a censura previa, habían autorizado que se publicase.

Desvaríos 5

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Se le iba la vida contando los minutos de silencio. Se le iba la vida contando a gotas sus lágrimas. Se le fue la vida sin contar con ella.

Ángel

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Negra cae la noche

sobre sus alas rotas,

una fuerza brutal le aplasta

y siente el frío del suelo en la mejilla.

Le cuesta respirar, apenas logra ver,

los ojos escudriñan las sombras,

el oído detecta un susurro.

 

 

Ven, ven con nosotros.

 

Resiste cuanto puede y flaquea,

la inercia es demasiado fuerte,

está cansado y ya no sabe luchar.

Se arrastra hasta el despeñadero

es tan fácil dejarse caer…

Si lo intenta quizá alce el vuelo.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Duda, ha estado ahí, en ese infierno,

conoce cada recoveco, las lagunas de llanto,

los alaridos del desgarro, la nada.

Ansía el plácido lecho, la calma.

Unos centímetros y hallará descanso.

Huyó el amor llevándose la esperanza,

se siente devastado por dentro, no hay más.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Desea llorar, pero agotó sus lágrimas.

Desea chillar y enmudece su garganta.

El corazón se acelera, el pulso quema.

En la noche sin estrellas no hay luna,

la soledad invade el páramo de su vida.

Mira hacia arriba y brota la cascada.

Se ahoga en lágrimas porque está vivo.

 

Ven, ven con nosotros.

 

Sigue. Duda. Es un ángel con las alas rotas.

Puedes. Sigue. Lucha. Resiste.

Intenta mover las alas, volar, caer.

El peso del mundo sobre la espalda frágil,

el abismo incitante que llama.

Unos centímetros, unos milímetros tan solo.

La sima le acoge, el cielo le reclama.

Mueve las alas y la herida sangra.

El estertor se alza en el silencio nigérrimo.

Vuela, está volando. Cae. Sigue volando.

Cuando es larga la sombra

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Ramón Acín nos muestra su certera visión del mundo de la cultura y de la literatura en la obra Cuando es larga la sombra, y el panorama que describe resulta descorazonador: la cultura ha pasado a ser un producto más de la sociedad de mercado, el lector es mero consumidor, no existe un canon artístico, el libro ha perdido su papel hegemónico frente a las nuevas tecnologías, la novela actual es un ejercicio de autoanálisis que rinde pleitesía al yo, el escritor es un obrero de la pluma, la función del crítico ha desaparecido, las editoriales venden sus artefactos a golpe de publicidad… Acín desarrolla éstas y otras cuestiones y Cuando es larga la sombra se convierte en un soberbio ensayo que analiza de forma ágil, amena y didáctica los problemas que aquejan a nuestra literatura. Es una crítica clara y feroz a la cultura de mercado, un texto que defiende la LITERATURA.

 

La cultura se ha democratizado y esto, per se, no es malo, aunque tampoco puede afirmarse que sea bueno. Hay que ofrecer productos que lleguen a una amplia diversidad de personas, por eso la cultura ha rebajado su nivel con el fin de resultar accesible para la mayoría: un público sin demasiado criterio y poco exigente que se conforma con lo que le echan. La cultura ha dejado de tener una función formativa, se mueve por intereses puramente comerciales y busca, ante todo, ser económicamente rentable. Una buena novela es una novela que se vende por millares, es la más comprada, al margen de su calidad literaria, desdeñando su contenido y, a falta de un canon literario, cualquier texto puede obtener el calificativo de literario. También el crítico se ha adaptado a los nuevos tiempos, el juez justo que ilumina al lector con su verdad literaria se ha convertido en un simple comentarista al servicio de la propaganda, no de la literatura. 

 

Un literato no es la persona que escribe bien, con mayor o menor grado de excelencia. El escritor actual se valora más por su fama, por su éxito y por su capacidad de generar ventas, que por su habilidad al provocar emociones o suscitar reflexiones. La cantidad de obras vendidas se equipara al valor literario. Tanto vendes, tanto vales, es la máxima que se le aplica al autor, de manera que vender, y no escribir, es el objetivo. La obra, ante todo, ha de ser rentable porque las editoriales son parte de grupos económicos que dedican sus esfuerzos a obtener beneficios, que manejan el mercado, crean cultura, influyen en ella, venden productos y realzan el valor de los mismos con su prestigio.

 

Y llegamos a la última pieza del engranaje, al lector. En las escuelas no se enseña a leer. Leer es algo más que interpretar signos, requiere capacidad de abstracción, juicio analítico, comprensión del texto, y en las aulas no se fomenta este tipo de lectura. Leer no es una tarea escolar más. Leer es gozar de una actividad íntima y placentera, es abrir la mente para contemplar el panorama que el libro nos muestra, es aprender, sentir, pensar… Y la mayoría de nuestros estudiantes no sabe leer de esta manera. Buena parte de los lectores escoge libros que le diviertan, que le alejen de la rutina cotidiana, las editoriales lo saben, los escritores lo saben y así la “literatura” se llena de obras endebles, de palabrería vana que no ahonda en ninguna cuestión. Porque la reflexión, la maduración de una idea, requiere tiempo, y es precisamente tiempo lo que nos falta, pues el mercado de la oferta y la demanda exige rapidez, variación constante. El resultado es una literatura bastarda, de apariencia artística pero privada de los aditamentos esenciales que harían de ella arte, creación.

 

Ramón Acín no vislumbra un final feliz, yo le propongo consuelo con las palabras de Bécquer: “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”.

 

 

 

Título: Cuando es larga la sombra

Autor: Ramón Acín

Editorial: Mira Editores

Páginas: 146

 

*Reseña publicada el día 30 de abril de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

A vuelapluma

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Buscarme y no encontrarme


Inocente y humana


Perversa y humana


¿Quién soy?


He abrevado en una lata de filosofía


La poesía me ha secado el espíritu


Llegué a un callejón sin salida


con la lucidez de un tarado


En este mundo de degradación


el rey consumo lo es todo


y a falta de un dios


no hay más paraíso que el de la química.

Borrar

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Escribir es borrar, tachar y montar. Para cualquier escritor es fundamental aprender a borrar. No se borra por pereza, por valorar en exceso el esfuerzo que se ha hecho o porque borrar significa sentarse ante el papel y reescribir o deshacer lo escrito. Es uno de los principales peligros que acechan al escritor, la pereza. La autocomplacencia casi siempre es consecuencia de la pereza.

Contra el bloqueo

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El bloqueo se produce porque el censor actúa antes incluso de que el escritor escriba. Deja mudo a tu censor interno, no sufras, escribe. Escribe lo que sea, ya seleccionarás más tarde, ya corregirás después, ya cambiarás luego.

 

Sobre todo, escribe, cuenta lo que se te ocurra, lanza palabras al papel, déjate llevar por ese impulso que te guía. No te reprimas por miedo al error o al abismo blanco de una hoja de papel. Escribe ideas descabelladas, pensamientos absurdos, locuras irrealizables. Lánzate sin temor.

 

Cuando hayas acabado de escribir, llama al censor y fíate de su buen criterio, él sabrá separar el polvo de la paja y te dirá si tu escrito puede convertirse en literatura.

Cristales rotos

Cristales rotos, obra de la escritora Pilar Pérez Redolar, es el diario de una mujer cualquiera. Cualquier mujer puede verse retratada en un diario íntimo que desgrana el fin de un matrimonio. Cuarenta años de edad y veinte de ellos casada. La mitad de la vida entregada a un hombre al que ya no se ama y que ha dejado de ser el príncipe azul para convertirse en un catálogo de defectos.

La protagonista de la novela llega, como tantísimas mujeres, a un momento crítico: la cuenta atrás ha comenzado, el tiempo que queda por recorrer toma carrerilla y los años avanzan raudos hacia el final. Por eso, el instinto de supervivencia la estimula para que viva antes de morir, para que no fenezca víctima del tedio, de la frustración y del vacío afectivo.

Dos hijos frenan las ansias de una mujer consagrada a su familia y a su hogar, sin deseos propios, sin un horizonte mínimamente atractivo. Llegados a este punto, ¿vale la pena seguir? El desamor se ha instalado en la relación y separa a la pareja, ya no quedan proyectos comunes por realizar ni ilusiones por compartir, ya no hay rastro de ese amor que un día les animó a unirse para siempre. La falta de comunicación, el desapego, incluso el odio, cercenan una convivencia que hiere, plagada de pequeños dolores. Un hombre, un poeta sensible y romántico, inyectará a su anodina existencia una chispa de alegría. El destino es decir o decir no y siempre es posible elegir otro camino, ensayar un nuevo futuro. Solo se precisa coraje para encarar el reto.

Pilar Pérez Redolar nos relata con una claridad desnuda de aderezos las interioridades de una mujer que ve cómo su mundo se hace añicos y constata, al igual que todos hemos hecho alguna vez, que el amor es eterno, mientras dura. Un diario es ese amigo y confidente con el que se desahogan penas que nadie más conoce. El papel guarda secretos, retazos descarnados de un alma que agoniza bajo el peso contundente de la realidad. Y éste es el formato que Pilar Pérez Redolar ha elegido para dar cuerpo a su novela. Narradas en primera persona se nos ofrecen las vivencias de una mujer hundida, pero que todavía se siente con fuerza para enderezar los derroteros de su existencia. No es fácil tomar la decisión de romper con todo, partir de cero y establecer un nuevo rumbo. En esta tesitura se hallan miles de mujeres. Mujeres que han postergado sus planes personales para ocuparse de una familia que acaba por no necesitarlas, es entonces cuando toca replantearse los objetivos: seguir en la comodidad de una vida que ya se conoce y que no aporta ninguna satisfacción o cambiarlo todo de arriba abajo. La esperanza es el último reducto cuando el destino parece guiarnos derechos al fondo de una sima negra y la obra es un alegato a esa esperanza que no debe abandonarnos nunca, porque los sueños imposibles también se cumplen.

Título de la obra: Cristales rotos

Autora: Pilar Pérez Redolar

Editorial: La fragua del trovador

Zaragoza, 2008

Páginas: 77

Los ingresos obtenidos con la venta de este libro serán destinados a la Comisión de la Mujer FABZ en beneficio de sus proyectos con las mujeres maltratadas.

*Reseña publicada el día 26 de febrero de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

 

En qué consiste ser escritor

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Acabo de leer una anécdota, algo que le ocurrió a Ramón Solís, director de la revista La estafeta literaria.

 

Solís fue a cumplimentar unos trámites oficiales. Tras la ventanilla, el funcionario de turno le iba preguntando sus datos personales: nombre, apellidos, dirección, fecha de nacimiento, teléfono… Llegó el turno de la profesión y Ramón Solís respondió con naturalidad: escritor. Entonces, el señor de la ventanilla le miró sorprendido y le dijo: Bien, sí, escritor, pero ¿usted de qué trabaja?

 

El oficio de escritor no se considera un trabajo serio, escribir no tiene ningún mérito, casi todos saben hacerlo. El escritor es una persona rara que desarrolla una actividad extraña. Sabemos qué hace un mecánico, un electricista o un camarero, pero ¿qué rayos hace un escritor para ganarse la vida?

La importancia de leer a los niños

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Maria Castrovardi ha creado el blog “La importancia de leer a los niños”. Un blog lleno de excelentes sugerencias para desarrollar el hábito de la lectura en los niños, en él explica cómo lograr que se apasionen por la literatura y hacerles disfrutar del placer de leer un buen libro.

 

Visita: La importancia de leer a los niños

Sombras de lo cotidiano

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Matías llena folios mientras aspira a ser un autor reconocido, ningún editor valora su obra, a la que han llegado a calificar como falta de vigor y vacía de argumentos, por eso resuelve escribir la novela que ha de cambiar el rumbo de su carrera literaria y conducirlo a la fama. Busca en Internet un hecho impactante, una noticia contundente que le sirva de base para desarrollar la trama de su nuevo trabajo. Tras mucho leer y descartar, escoge el asesinato de una familia en Valladolid. Un matrimonio y su pequeño hijo son asesinados por la joven que trabaja para la familia, poco más se sabe acerca de este caso que despierta su interés. Matías decide ocupar su periodo de vacaciones indagando sobre el asunto y viaja a la ciudad donde acaecieron los hechos dispuesto a reunir las piezas del puzzle que compondrá su novela.

Un bar, una mujer fea pero con un cuerpo irresistiblemente atractivo, la oportunidad de un lance amoroso que a nada compromete, una extraña relación que lleva al personaje a autoanalizarse, a entrar en el infierno en el que habitan sus fantasmas: Marina, la mujer a la que amó, la mujer que le abandonó. El miedo, ese eterno compañero de viaje. Porque Matías vive abrumado por esos miedos que todos sentimos alguna vez, miedo al fracaso, a defraudar expectativas propias y ajenas, a tomar decisiones arriesgadas, a cambiar aspectos de nosotros mismos que nos desagradan...

Matías desea conocer la causa que motivó aquel triple asesinato. ¿Qué pasa por la mente de una joven aparentemente normal para que se transforme en asesina múltiple? Descartado el robo como móvil, ¿se trata de un crimen pasional?, ¿de una venganza? La homicida se declaró culpable en el juicio, asumió su culpa y aceptó el castigo que la justicia le impuso. Todo son incógnitas, cuestiones pendientes de resolver. Y Matías persigue esa verdad. Entretanto, se halla involucrado en una relación sexual, que lejos de resultarle inocua, le obliga a plantearse aspectos de su vida sentimental, a ahondar en las zonas grises de su personalidad, a replantearse quién es en realidad.

El móvil del triple asesinato, el quid de la cuestión, el nudo de la novela, solo la persona que perpetró el crimen puede sacarle de dudas. Matías pide entrevistarse en prisión con esa mujer que tiene la respuesta que busca, pero únicamente consigue una carta, una confesión que aclara poco, que más bien lo confunde todo. Aunque ahora casi lo de menos es saber qué induce a una persona a convertirse en asesina, su búsqueda ha dado fruto, no el deseado, sino uno inesperado. Matías se ha topado de bruces con el hombre que es.

El personaje de Carlos Manzano nos lleva de la mano por un mundo plagado de sombras familiares. Es un recorrido sin sobresaltos, en el que se nos presenta ese lado oscuro que no queremos ver, esos matices en los que pocas veces reparamos, esa faceta de nuestro yo que tememos afrontar. La pretendida novela policíaca se convierte así en un viaje interior. Quizás Matías aún no sepa que un escritor siempre acaba hablando de sus obsesiones.  

*Reseña publicada el día 15 de enero de 2009 en el suplemento “Artes y Letras” del diario Heraldo de Aragón.

La columna

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Han quedado en una cafetería para verse. No son una pareja de enamorados, pero se quieren, se quieren con ese afecto que une a dos almas tocadas por la fatalidad, que han visitado idénticos infiernos. Ella llega primero, le busca y no le encuentra. Él entra, la busca y no la encuentra. Transcurren lentos los minutos. Ambos se preguntan: ¿sabrá que es aquí donde hemos quedado?, ¿le habrá surgido un imprevisto? Miran el reloj. El tiempo avanza. El otro no llega. Una hora ya. Qué raro, ¿no? Si conocieran el número de sus respectivos móviles podrían llamarse, pero ninguno de los dos ha caído en la cuenta de dárselo al otro. ¿Qué hago ahora? ¿Vendrá? Quizás no pueda. Los dos se levantan para marcharse. Han perdido la esperanza de encontrarse. Entonces, él la ve a ella. Entonces, ella repara en él. Una hora aguardando separados, solo porque una maldita columna se interpuso entre ambos.

Biblia

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El nombre de la Biblia proviene del griego Biblia, “libros”, plural de biblio, “libro”, que a su vez deriva del nombre de la ciudad fenicia Byblos de la que procedía el material sobre el que se escribía en la antigüedad. Se trataba de un papiro (origen de la palabra papel), realizado a partir de la planta de caña del mismo nombre. Las primeras versiones del Antiguo Testamento se escribieron en papiros que se conservaban en rollos. Desde el siglo IV hasta la Edad Media se utilizó el pergamino, fabricado con pieles de animales, que se conservaba mejor.

 

Ningún otro libro ha influido tanto en la cultura e historia de Europa como la Biblia. Los conocimientos que transmite la Biblia conforman el mayor sustrato común del mundo occidental, aunque también hayan servido para provocar enfrentamientos durante siglos sobre los temas compartidos: judíos contra cristianos, la Iglesia Oriental contra la Occidental, católicos contra protestantes. La Biblia ha sido utilizada para justificar algunos de los derroteros más funestos del mundo, pero también ha sido la inspiración de los logros más grandiosos en el campo artístico y literario.

 

La Biblia es el libro más difundido del mundo. Con la introducción de la imprenta por Johannes Gutemberg en el siglo XV (la primera impresión fue una Biblia), se convirtió en el primer artículo de consumo masivo de Europa. Como parte del equipaje de los misioneros ascendió a la categoría de gran éxito de exportación. Hoy la Biblia está traducida a cerca de dos mil idiomas y se imprimen más de treinta millones de ejemplares nuevos cada año. Si se sumaran todas las Biblias que alguna vez se imprimieron se superaría rápidamente la cantidad de los mil millones de ejemplares.

El club de los escritores fracasados

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El club de los escritores fracasados admite genios secretos y manzanas heridas, porque el hecho de que “fracasados” figure en el título es un equívoco.

 

Nuestro objetivo es luchar contra el terror de la perfección y contra la mera noción de labrarse una carrera profesional. Queremos crear un espacio, en medio de la sociedad del éxito, donde el riesgo, las actitudes y expresiones lanzadas directamente desde el corazón, puedan salir a la luz sin temor a fracasar. De esta manera, cualquiera puede venir y exponer sus habilidades no reconocidas.

 

El club abre todos los días. Basta ofrecer un donativo de tu talento literario para hacerte socio y sellar tu nueva afiliación brindando por la Poesía. Si luego te caes al suelo ebrio de ideas o si se te funden las neuronas, sabrás que estás totalmente integrado y los dioses del Parnaso te regalarán una sonrisa llena de comprensión.

 

Bienvenido a El club de los escritores fracasados.

 

Cuando se llega al club por primera vez, te recibe un salón repleto con una mesa y una confortable butaca, un estante con libros y un grupo de personas que comparten sus sueños y sus esperanzas. Ponte cómodo y siéntete en tu casa.

* Me cuentan que El club de los escritores fracasados está en Berlín.

Desvaríos 4

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ojed et, seuqsub em oN. Se encontró escrito en el espejo.

Desvaríos 3

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Soñé que tus brazos eran de acero y podían protegerme, pero eran finas alambradas en lo alto de un muro. Soñé que mi corazón era inmune a la heroína de tus besos, pero seguía enganchada, mendigando el caballo de tus labios. Soñé que, de verdad, había otra vida. Pero no había vida sin ti.

Diluidas en lágrimas se van

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Diluidas en lágrimas se van las penas

Celebran la expiación de los reveses

El fin de los abusos, el olvido de los males

 

La rueda de la vida gira

Y me devuelve al origen

 

El dolor enterrado

El alma limpia

El pensamiento blanco

 

Diluida en lágrimas se va la sangre de mis penas

Sinvivires

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1

La ciudad es nueva, es vieja conocida.

Gente que pasa arrastrando sus vidas

Como yo arrastro mis penas.

Nos cruzamos, nos miramos, pero no nos vemos.

Discurre la existencia de cada cual, ajena.

 

2

Me dueles, casa,

Con tus paredes pintadas de horrores

Con el eco de gritos lejanos

Con tu atmósfera letal.

 

3

Creí que regresaba a un lugar conocido,

Pero no hay vuelta en este regreso.

 

4

Idas y vueltas,

Marchas y regresos,

Avanzar y retroceder.

¿Dónde estoy?

Aquí. Ahora. Nada.

 

5

Ven al rescate, muerte,

Permíteme el descanso.

Ya no resisto más batallas.

Ya solo ansío desaparecer.

 

6

Sola, acompañada y más sola que nunca.

Me arrolla esta vida plagada de miserias.

 

7

Horizonte oscuro.

Te tengo a ti, papel,

Mi mejor confidente,

El mejor amigo.

Escuchas paciente,

Ofreces soluciones,

Callas confidencias.

Papel, gracias.

 

8

Gira el carrusel de colores en esta plaza,

Suenan las campanillas

Confundidas con las risas de los niños.

Brillan las luces y parpadean las ilusiones.

 

9

Cuatro ancianos cansados conversan en el banco

Sus caras surcadas de arrugas parecen tristes.

¿La vida es eso?

Llegar a viejo, con el alma arada por las heridas.

Esperar, aguardar en un banco a que la muerte nos rescate.

 

10

Cielo gris, el sol permanece escondido sin atreverse a salir.

La vida se tiñe de gris, de un gris opaco y sin luz.

 

Primeros libros ilustrados

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Los primeros incunables estaban ilustrados de manera muy similar a la de los manuscritos: con orlas e iniciales, pero su propósito era diferente, en los libros impresos las ilustraciones intentaban atraer a los compradores cuando eran un público sin demasiada formación, los lectores cultivados no precisaban imágenes para comprender el contenido del texto.

Los manuscritos medievales se decoraban con bellas iniciales, que constituían su principal atractivo, por eso en los primeros incunables se dejaba un espacio para que los rubricadores las dibujaran y les dieran color. Este procedimiento era laborioso y complejo, además de caro, debido a esto la ilustración siguió otro camino, abandonó el color y utilizó grabados de madera: en un trozo de madera, o excepcionalmente en metal blando como cobre o estaño, se tallaba el dibujo para que quedase en relieve y luego se imprimía sobre el papel.

Los primeros grabadores fueron alemanes y el estilo que aplicaron era anguloso, como la letra gótica. El pionero en este procedimiento fue Albrecht Pfister, que procuró abarcar con su obra un público más amplio que los lectores habituales: nobles y burgueses ricos. Una de las obras ilustradas más destacable es la sátira Das Narrenschiff, del humanista Sebastián Brandt con grabados atribuidos a Durero y publicada en Basilea en1494, cuya edición latina, Stultifera navis se editó tres años después, realizándose de ella quince ediciones incunables. En esta obra se describen los vicios y locuras de la época mediante un viaje a Narragonia, una posible alusión a las nuevas tierras descubiertas.

En los libros italianos, las ilustraciones tardaron más en abrirse camino, debido a que los humanistas las despreciaban por considerar el papel de la palabra mucho más importante que el de la imagen, que sólo distraía, impidiendo disfrutar del gozoso placer de la lectura. Una de las primeras obras ilustradas por italianos fue De re militari, de Roberto Valturio, publicada en Verona en 1472 y con más de cien grabados alusivos a temas militares. El grabado italiano abandonó enseguida la influencia alemana para acercarse a las nuevas corrientes renacentistas, dejando a un lado el expresionismo típico de los artistas alemanes.

La ilustración española no fue ni original ni destacada, pues siguió los modelos extranjeros, aunque cabe resaltar el trabajo realizado en el Missale Mixtum o Mozárabe, impreso en Toledo, en 1500, por Hagenbach.

Filosofía y Poesía

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La palabra, el logos, es lo universal, lo que expresa la comunidad en lo humano. Y el poeta usa la palabra, no en su forma universal, sino para revelar algo que solamente en él ocurre, en el último fondo de lo individual, que, incluso para Aristóteles es irracional. Y esto es lo verdaderamente grave. Pues si la palabra es por esencia universal y el poeta la emplea irracionalmente, quiere decir que hay una comunidad humana no racional, o que quiere decir que el poeta está, en tanto que poeta, fuera y al margen de toda comunidad; que la poesía situada dentro de lo inefable, no lo trasciende nunca; que hay tantos lenguajes como poetas y que la poesía, por tanto, es un esfuerzo vano, puesto que nada transmite.

Y lo curioso es que la Filosofía parece estar hoy situada en este mismo trance. Si el pensamiento filosófico es algo que se realiza en la más absoluta soledad, para lograr con el propio esfuerzo del ser, el ser uno mismo, ¿qué sentido tiene el enseñarla; el transmitirla? ¿Por qué y para qué enseñar Filosofía? Pregunta, por cierto, que ya hizo Sócrates a los sofistas cuando afirmaban que todo lo que se dice es cierto. En sus momentos críticos parece que la Filosofía viene a parar al mismo lugar que la poesía, a la justificación de lo individual; de lo irreductible que hay en cada uno de nosotros.

 

Filosofía y Poesía. María Zambrano (1904-1991). Una de las indiscutibles figuras del pensamiento español contemporáneo, discípula de Ortega y Gasset y su ayudante en la Universidad de Madrid. El 1988 se le concedió el Premio Cervantes.

Desvaríos 2

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Ya no había nada por decir. Nada que hacer. Agotadas las palabras, ambos se enfrentaron al silencio. Él la miró a ella. Ella le miro a él. Cada uno volvió a su galaxia. Su amor se consumió en un polvo de estrellas.

Apuntes

Los considero esenciales y, al mismo tiempo, prescindibles. Aislados, tienen tendencia a desaparecer, a extraviarse en un santiamén. Fragmentos, partículas, minúsculos detalles o fracciones que dan idea de un todo, desde los sueños hasta la novela que nace en mis manos, es tan sólo una mera acumulación. Distraídos en una dispersión casual y estructurada, cada pequeño elemento habita en el cajón de los apuntes. Desde una palabra a un capítulo, todo parece funcionar con matizada gradación, del casi nada al todavía no, en un recorrido circular e inacabable. Todo en aparente calma, acumulando tiempo.

El ordenador permite el almacenamiento de datos, la clasificación y la noción de fichero. Mis apuntes son registro de inventarios, las huellas de pisadas en la página impregnada de letras. Listas exhaustivas, datos extraídos de la lectura diaria, reflexiones filosóficas, ficciones y realidades inventadas.

El puzzle se organiza en torno a un pequeño elemento, gracias a un ejercicio de pensar y clasificar, una abstracción al fin y al cabo.

Ahora

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Ahora que no importa te revelas,

pesan demasiado los errores pasados,

los besos que nunca nos dimos,

las palabras que no tuvimos valor para pronunciar.

 

Nuestra vida es un buque a la deriva,

el anuncio de un naufragio.

 

Ahora que puedes mentir y salvar la verdad,

solo me queda desear que la vida sea un sueño

y soñar otra vida.

Insomnio

Durante la madrugada, las palabras brotan como impulsos eléctricos. El insomnio es destructivo para el cuerpo, pero sumamente creativo. Sola. A las tantas. En guerra contra el papel. Seguro que los malvados no duermen nunca, dedican la noche a maquinar sus ignominias. Los escritores y el insomnio somos una combinación indisoluble.

Escribir es un dolor que libera el alma y eleva el espíritu. El escritor es un duelista en eterna liza con su pensamiento, porque, el muy cabrón, nunca se deja dominar. A veces, solo a veces, cambiaría de vida, porque la literatura es una forma de morir.

Esta madrugada amanece entre las contracciones rítmicas de las palabras que nacen. Los pájaros están despiertos. La ciudad bosteza. Una campana vierte su tañido en el silencio. El agotamiento vence a los ojos. En la vida de cualquier escritor hay una noche en vela, una madrugada de papel en blanco esperando teñirse de tinta.

Albert Camus

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"La creación es la más eficaz de todas las escuelas de paciencia y lucidez. Es también el testimonio trastornador de la única dignidad del hombre: la rebelión tenaz contra su condición, la perseverancia en un esfuerzo cotidiano, el dominio de sí mismo, la apreciación exacta de los límites de lo verdadero, la mesura y la fuerza. Constituye una ascesis. Todo eso para nada, para repetir y patalear. Pero quizá la gran obra de arte tiene menos importancia en sí misma que la prueba que exige a un hombre y la ocasión que le proporciona de vencer a sus fantasmas y acercarse un poco más a su realidad desnuda". Albert Camus

Cómo sonarías

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¿Cómo sonarías si tu escritura fuera música? Menuda preguntita. Sonaría a violín, de eso estoy segura. Las vibraciones sonoras tendrían brío, desplegaría mi yo en el seno del ritmo y crearía mil melodías. Las notas se sentirían, circularían por cada célula como un milagro que deja desamparado a quien escucha. Mi música se transformaría en emociones, iría directa al alma, provocaría el acompañamiento acompasado de los pies, una lágrima, un batir de palmas. Sería un tango desgarrado, un melódico vals, un rap descarado.

Ojalá sonase con virtuosismo y pulcritud, espectacular. Aunque me conformo con que suene cálida, arrebatadora, emocionante, sentida, dulce, llena de energía y rebosante de pasión.

Pesadilla

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La misma calle una y otra vez

la pesadilla de cada noche

Tres embozados acechando

provocan el pánico paralizador

esos adoquines mojados en llanto

No existe escapatoria posible

cuando aparecen los fantasmas

Biblioteca organizada

¿A qué lector empedernido no se le queda pequeña su biblioteca? Cuando los estantes de nuestra librería están a rebosar y necesitamos imponer un orden a los volúmenes almacenados, podemos servirnos de una útil herramienta que nos brinda Internet.

En la página miLectura.com se nos ofrece la posibilidad de tener un listado ordenado, actualizado y personalizado de nuestros libros. El uso del servicio es bastante fácil y permite mantener al día nuestra biblioteca haciendo uso de unas prácticas herramientas de ordenación y búsqueda. También existe la posibilidad de usar un foro para debatir sobre nuestros libros. Es un buen recurso para gestionar nuestra biblioteca.

El escritor invisible

Leer es una actividad íntima y solitaria. Escribir es también una actividad íntima y solitaria. Por eso nunca he entendido qué falta le hace saber a un lector de la vida y miserias de un escritor. Todos sabemos en qué consiste escribir. El escritor es una persona inclinada ante un papel o un teclado que vuelca su ingenio en la tarea de pergeñar historias con desigual fortuna. No hace falta saber más de él.

Presentar sus libros, conceder entrevistas, mostrarse aquí y allá, participar en congresos, pronunciar conferencias, hablar de su vida... son las penosas estaciones del vía crucis que recorren hoy los escritores. ¿Qué necesidad hay de conocer al autor de ese libro que acabamos de leer? ¿Qué esperamos percibir de esa persona? ¿Para qué necesitamos su firma estampada en una página de la novela recién comprada?

El escritor debe ser leído, pero no es preciso escucharle ni verle. Para saber quién es basta con remitirse a sus páginas. Todo está en ellas.

Viajes y Novelerías

Vi un archipiélago cuando yo era una isla.

Música barroca sonando y el ejemplar 955 de Viajes y Novelerías en la mano. El autor, Fernando Sanmartín, me dedicó su obra, coincidimos en la presentación de un libro de Martínez de Pisón en Zaragoza, nuestra ciudad. "... Para María, con mi deseo de que encuentre en estas páginas algo de lo que toda lectora busca en un libro de viajes". Pues sí, Fernando, he encontrado en estas páginas algo, no sabría precisar qué. Paisajes comunes que no hemos compartido. Vivencias de almas perdidas. Gotas de filosofía vital. Frases gloriosas: "Porque es un error dar por hecho que algunos sueños no pueden cumplirse. Aunque se trate de sueños imposibles". Cuánta realidad hay en este pensamiento.

Siempre he deseado escribir algo semejante: notas a vuelapluma, apuntes que solo a mí me interesan, pero mi cerebro era demasiado ordenado y exigente y, hasta hace poco, no me atrevía a contrariar sus dictados. Estas expresiones íntimas, estos desgarros del alma, estas ilusiones y decepciones, forman parte de todos nosotros, por eso conecto rápido con el hilo discursivo, con el momento interior del autor. Concluye la lectura con un Aleluya, el de El Mesías de Haendel.

¡Aleluya! grita una voz dentro de mi pecho. Me alejo por las dunas de las emociones. Yo también he de emprender un viaje, el viaje que Fernando no deja de repetir.

 

*Gracias especiales a la persona que me regaló este libro sabiendo, y acierta siempre, que me gustaría.

 

La tienda de Sefarad

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En el número 10 de la calle de la Força, en el corazón mismo del Call -barrio judío- de la ciudad de Gerona, se encuentra ubicada "La tienda de Sefarad", un establecimiento dedicado al mundo judío. En esta tienda podemos encontrar diversos artículos relacionados con la cultura judía: libros especializados, música, artesanía, pósters, postales, filatelia, gastronomía kasher y otras interesantes sorpresas.

De entre todas las variadas ofertas que nos brinda "La tienda de Sefarad" cabe destacar la bibliográfica. Ediciones facsímiles, limitadas y exclusivas, libros de cocina, de historia, religiosos, de poemas, leyendas... son una pequeña muestra de lo que cualquier lector interesado en el mundo hebreo encontrará.

Pero no sólo los amantes de la cultura hebraica pueden disfrutar de textos específicos, buceando en el escogido fondo editorial he hallado unos ejemplares de novela negra:

Remedio para la traición, obra de la autora canadiense Caroline Roe, es el primer volumen de una nueva serie de misterio ambientada en la Gerona del siglo XIII y cuyo protagonista es el célebre médico Isaac el ciego. Isaac el ciego, un médico judío que vive en el Call, realiza visitas médicas en compañía de su hija Raquel "sus ojos". El obispo Berenguer lo llama para que salve a su sobrina, hija de un poderoso noble. Cuando ésta y Raquel son secuestradas y más tarde una hermosa joven vestida de monja aparece degollada en unos baños públicos, Isaac, con la ayuda de un joven árabe llamado Yusurf, se servirá de su capacidad deductiva y de sus conocimientos en medicina para intentar llegar hasta el final de la trama.

La colección Manuscritos de la Inquisición nos presenta una serie de procesos inquisitoriales auténticos, que se respetan textualmente, unidos por un relato novelado. Sangre en la catedral, recoge los procesos relacionados con la muerte del inquisidor de Aragón Pedro de Arbués, asesinado mientras rezaba maitines en la catedral de la Seo, en Zaragoza. La vieja Narbona, novela sobre un proceso real de brujería de 1498, el de la Narbona de Cenarbe, cuya transcripción se ha respetado escrupulosamente para resguardar la importancia documental. Y Dominica la coja, otro proceso real novelado, en el que se transcribe íntegramente el juicio contra Dominga Ferrer, llamada por la voz popular "Dominica la coja", son tres magníficas novelas de la autora Carmen Espada Giner en las que se compagina la investigación con la creación literaria.

Con el marco incomparable de la Edad Media como fondo, estas formidables historias policíaco-mediavales complacerán, sin duda, a cualquier aficionado al género, tanto al que busque una lectura culta como al que se deje seducir por el puro entretenimiento.

 

La tienda de Sefarad

El Principito

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 VI

 

¡Ah, principito, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día, cuando me dijiste:

-Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol...

-Tendremos que esperar...

-¿Esperar qué?

-Que el sol se ponga.

Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:

-Siempre me creo que estoy en mi tierra.

En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol, pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas...

-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde añadiste:

-¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.

-El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad?

Pero el principito no respondió.

 

Fragmento de El principito, A. De Saint - Exupéry

 

El Principito está ahora sentado en la playa de Riells, en L'Escala (Girona), desde allí contempla el horizonte, las puestas de sol.

Antes se leía más

Con frecuencia escucho a las plañideras quejarse: antes se leía más. Los adultos sentimos la tentación de alabar "nuestros tiempos", tiempos que la memoria pinta con brillantes colores y se presentan como una época ideal, sin embargo, la memoria es poco fiable, mejora, borra, ilumina o emborrona, aunque no nos demos cuenta.

Antes se leía más. ¿Cuándo? ¿Hace cien años, cuando los analfabetos se contaban por millones? ¿Hace treinta años, cuando en España había 2.353.600 de analfabetos? ¿Quién leía más? ¿Cuántos eran los lectores? ¿Leían las clases acomodadas, los que podían permitirse destinar parte de su dinero a la compra de un libro, en vez de invertirlo en comida?

Las cifras desmienten a los agoreros. Las cifras de escolarización, las de producción editorial, las de ventas de libros.

La fórmula creativa de Beethoven

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Los escritores tenemos muchas dudas. Escribir es un proceso de operaciones combinatorias, de búsqueda del camino adecuado. ¿Cómo atinar? Beethoven escribió una fórmula que sirve para todas las actividades creativas: "Llevo mis ideas conmigo durante mucho tiempo antes de escribirlas. Cambio muchas cosas, otras las descarto, y ensayo una vez y otra hasta que estoy satisfecho, entonces comienzo a elaborar la obra en mi cabeza".

Esta fórmula es bastante acertada. Producir ideas no es muy complicado, lo que de verdad cuesta es seleccionar la buena. De ahí que la tarea más complicada de un autor sea la de realizar una labor crítica destinada a construir omitiendo, corrigiendo, ensayando.

Ella era

20071015092524-francine-van-hove.jpgElla era su pluma

y las palabras rompiendo

la soledad del abismo blanco

hasta llenarlo de poética emoción.

 

Imagen: Francine Van Hove

Los miedos de Flaubert son los míos

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Cuando atravieso un momento creativo complicado, me gusta recurrir a Flaubert. Nadie como él me consuela de todos mis males literarios. En su correspondencia, expresa una realidad que no sólo comparto, sino que también experimento en carne propia. Si un autor de su talla tenía tantos miedos, los míos están más que justificados.

"¡Cuán exasperado estoy con mi Bovary!... Nunca he escrito en toda mi vida nada más difícil que esas conversaciones atestadas de trivialidades. Esta escena de la posada puede llevarme tres meses, a pesar de todo lo que sé. Algunas veces me pondría a llorar, tan desvalido me encuentro..."

"¡La Bovary me trae loco! Estoy llegando la conclusión de que no puede escribirse."

"Hay, en todo, algo inexplorado, porque estamos habituados a no servirnos de nuestros ojos, sino con el recuerdo de lo que se ha pensado antes que nosotros sobre aquello que contemplamos. La menor cosa contiene un poco de desconocido. Encontrémoslo. Para describir un fuego que llamea y un árbol en una llanura, permanezcamos ante ese fuego y ese árbol hasta que no se parezcan ya, para nosotros, a ningún otro árbol y a ningún otro fuego".

"Amo mi trabajo con un amor fanático y pervertido, como un asceta el cilicio que le rasca el vientre".

"Si a veces tengo momentos agrios que me hacen casi gritar de rabia, hasta tal punto siento mi impotencia y mi debilidad, hay otros también en que me cuesta contenerme de alegría. Algo profundo y extravoluptuoso desborda de mí a chorros precipitados, como una eyaculación del alma. Me siento transportado y todo ebrio de mi propio pensamiento, como si me llegase, por un tragaluz interior, una bocanada de perfumes cálidos".

"Me hablas de trabajo. Sí, trabaja, enamórate del arte. De todas las mentiras existentes, quizás sea ésta la menos embustera. Trata de enamorarte de él con un amor exclusivo, ardiente, fiel. No te fallará".

"Choco con situaciones comunes y con un diálogo trivial. Escribir bien lo mediocre y hacer que al mismo tiempo conserve su aspecto, su corte, sus propias palabras, es verdaderamente diabólico, y veo desfilar ahora ante mí esas lindezas en perspectiva durante treinta páginas al menos".

"Ya no hay artistas como los de antaño, de aquellos cuya vida y alma eran el instrumento ciego del apetito de belleza, órganos de Dios mediante los cuales se probaba a sí mismo su existencia. Para ellos el mundo no importaba. Nadie supo nada de sus dolores. Se acostaban tristes todas las noches y contemplaban la vida humana con una mirada de asombro, igual que nosotros contemplamos un hormiguero".

"Dices que me analizo demasiado, pero a mí me parece que aún no me conozco lo suficiente; cada día que pasa descubro algo nuevo. Viajo por dentro de mí como por un país desconocido, pese a haberlo recorrido ya cien veces".

"Es bueno, e incluso puede ser hermoso el reírse de la vida, con tal que se viva. Hay que colocarse por encima de todo, y por encima de uno colocar su espíritu, es decir, la libertad de la idea: declaro impío todo límite a ésta".

Sí, agonías del arte, que a mí me sirven para darme ánimos.

Alphonse Daudet

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¡Ay, pobres mujeres de los artistas! Es cierto que la mía es tan artista que se ha implicado en todo lo que he escrito. No hay ni una página que no haya repasado, retocado, sobre la cual no haya puesto un poco del polvo azul de sus alas azul y oro. Alphonse Daudet

Desvaríos 1

Aquel momento era el compendio de todos los momentos: los esperados y los soñados, de todos los anhelos. Sus ojos se buscaron y se extraviaron en ese momento, un guiño del sol en el vidrio los deslumbró y los dos maniquíes perdieron la oportunidad de unir sus labios en algo parecido a un beso. La vida continuó su rumbo frente al escaparate.

Baudelaire crítico

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Los espíritus de dos seres que se aman se comunican forzosamente, Baudelaire

 

Para la literatura, Charles Baudelaire es poeta, sin embargo, y aunque toda su obra rezume poesía, Baudelaire es también un excelente crítico.

Baudelaire es un crítico moderno, capaz de combinar hábilmente su percepción de una obra, su opinión sobre ella y una visión sincera que anime al público a conocerla. Reivindica el acercamiento al hombre, al artista o al escritor como individuos y propone ceder a la magia creativa para disfrutar de un cuadro, de una novela, de un poema... Baudelaire habla de los espíritus invisibles al ojo humano que rodean al poeta y cuya presencia capta el crítico. Defiende el arte puro, verdadero, porque es el único que no cansa, que no satura, que no mata la curiosidad, sino que la despierta. Incluso lo horrible, lo apestoso, también puede ser bello: es que lo horrible, artísticamente expresado, se convierte en belleza. Todos los artistas que admira, todas las obras admirables, son calificadas como sublimes: Balzac, Gautier, Madame Bovary... y es el receptor, quien contempla un cuadro o lee un libro con los ojos del alma, el único capaz de hacer sublime una obra al revestirla de grandeza.

Notas tomadas al azar y provocadas por la lectura de un libro, prólogos, consejos a los amigos, artículos, escritos estéticos, ideas para una posible obra, todo compone un cuerpo literario que retrata al Baudelaire hombre y al artista.

 

PENSAMIENTO DE DIARIO

A medida que el hombre avanza en la vida y va viendo las cosas desde lo alto, aquello que el mundo ha convenido en denominar belleza empieza a perder importancia, así como la voluptuosidad y demás pamplinas. Ante miradas desencantadas pero clarividentes, todas las estaciones tienen su valor, y el invierno no es la peor ni la más mágica. A partir de ese momento, la belleza no será más que la promesa de la felicidad, decía Stendhal, si recuerdo bien. La belleza será la forma que garantiza mayor bondad, mayor fidelidad al juramento, mayor lealtad en el cumplimiento de lo convenido, mayor delicadeza en las relaciones con los demás. La fealdad será crueldad, avaricia, estupidez, mentira. La mayoría de los jóvenes ignoran estas cosas y cuando se enteran es a costa suya. Algunos entre nosotros ya lo saben hoy; pero lo que aprenden sólo les vale a ellos. ¿Cómo explicar a un joven alocado que la irresistible simpatía que siento por las mujeres de cierta edad, esos seres que han sufrido tanto por culpa de sus amantes, sus maridos, sus hijos, y también por sus propias faltas, carece de toda connotación sexual?

Si la idea de Virtud y Amor universal no está implícita en todos nuestros placeres, todos nuestros placeres se convertirán en torturas y remordimientos.

26 de agosto de 1851

 

Pensamiento de diario, publicado en facsímil por Paul Fuchs en el suplemento literario del periódico Figaro del 7 de febrero de 1925.

*Fotografía: Gaspar Félix Tournachon, Nadar (1820-1910)

Por qué escribo

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El escritor ¿nace o se hace? ¿Es un artista? ¿Es un bohemio? ¿Es un masoquista? ¿Los libros se escriben a mano o a máquina? Pero antes que nada: ¿por qué escribir?

En un proceso como éste, de gran complejidad humana, cabe una enorme diversidad de experiencias y los autores han dado a esta pregunta respuestas muy variadas, como: "porque constituye mi única posibilidad de existencia interior" (F. Kafka), "escribo para sobrevivir" (Unamuno), "para saber por qué escribo" (A. Moravia), "para investigar la ambigüedad" (A. Burgess), "para ordenar el caos" (A. Gala), "para vivir otras vidas" (R. Chacel), "para olvidar la realidad" (C. Martín Gaite), "para no hacer cosas peores" (M. Vargas Llosa), "para ganar dinero" (K. Follett)...

De entre todas las anteriores, yo me adhiero a la de Rosa Chacel, aunque, con un matiz, pues para mí es más importante el por que el para, el impulso que me mueve que la meta que alcanzo, ya que, básicamente, escribo por necesidad, porque no puedo evitarlo. Y la consecuencia de que escribir sea una necesidad vital es que se crea con la pasión, con las vísceras, y no sólo con la inteligencia y con la técnica lingüística. Se busca la emoción, transmitirla al lector, más que la admiración. Aunque también me mueve la recompensa de ser leída, para qué engañar a nadie.

No tengo nada que objetarle a aquél que escribe por dinero, motivo legítimo donde los haya, ni a quien esgrima cualquier otro argumento, pero cuando se escribe para algo, la literatura es un medio y cuando se hace por algo, es un fin en sí misma. Por eso sé que mientras viva escribiré, me es indispensable. No me importa si publico, si gano premios literarios, si me reconocen por ello o no. No pretendo nada de la literatura, sólo hacerla. ¿Pero de dónde surge la necesidad de escribir? ¿Por qué alguien deviene escritor? La Psicología me ha enseñado que este tipo de escritura, la nacida de las entrañas del autor, es una excelente terapia, ya lo dijo Hemigway: "Mi psicoanalista es mi máquina de escribir", y es que escribir puede librarle a uno de muchas tensiones, que se descargan en el papel. Escribir es desnudarse, exhibirse, aunque sea bajo una máscara que puede ser más reveladora incluso que el propio rostro. Si bien, además de mostrarse, el autor se descubre a sí mismo escribiendo, viaja a su mundo interior, nunca del todo investigado, y redescubre aspectos de su vida que yacían enterrados en el subconsciente.

Un escritor se hace al mismo tiempo que hace, y crecer en todos los sentidos, además de en el creativo, es otra de las motivaciones que tengo a la hora de escribir, pero ¿por qué de entre todas las artes creativas o incluso de la ciencia uno elige la escritura? Supongo que el gusto por la literatura se larva ya desde la infancia y que el ambiente en el que nos desarrollamos resulta decisivo. Yo tuve la fortuna de nacer en un hogar donde había libros y de aprender a leer a temprana edad, me gustaba aislarme en cualquier rincón y disfrutar de un rato de lectura, lejos del suelo y de los otros, en el reino de la fantasía. El Buscón, El Lazarillo, Palacio Valdés y Cervantes estaban en un estante, al alcance de mi mano, y ellos me acompañaron en mi niñez.

Junto a la ventaja ambiental, considero decisivos ciertos aspectos negativos que viví durante aquella etapa de mi vida, aspectos que me obligaron a esquivar el mundo real y guarecerme en otro menos inhóspito. Hoy, como adulta, comprendo que la lectura fue un refugio, una salvación, además de una forma de evadirme de la realidad que me circundaba. Imagino que mi caso no es único, que somos muchos los que hemos llegado a la pluma a través de la lectura, y que los escritores somos gente un tanto insegura, por eso, en lugar de hacer, escribimos.

La literatura me ha hecho a mí, a contribuido a moldearme, y ahora que yo intento hacer literatura, a la par que creo, me enriquezco con nuevas experiencias, vivo otras vidas, me identifico con ellas, soy como una esponja absorbiendo cuanto me rodea, reúno los elementos con los que después iré trabajando, capto los detalles de mi entorno, interpreto el mundo, porque, además de exhibicionista, un escritor es voyeur.

Según mi experiencia, al margen del acto racional de escribir, existe la inspiración, ese hálito que percibimos dentro de nosotros y que no sabemos muy bien de dónde surge ni por qué. De repente, una idea cobra vida en nuestra mente con inusitada energía, se impone por sí misma, ajena a nuestra voluntad, nos obsesiona, y sabemos que sólo nos libraremos de ella desarrollándola. ¿Elige un autor el tema de su obra o bien el tema le elige a él? La inspiración puede brotar de cualquier parte, nos la proporciona una persona que pasa a nuestro lado, una lectura, un hecho, un paisaje, nuestro propio yo. Todo puede servir.

Progresivamente, el material inicial va creciendo, ya que unos datos me llevan a otros, y porque la imaginación, estimulada por los descubrimientos, no deja de funcionar, de sugerir, de inventar. Con todos los ingredientes recopilados elaboro un argumento. Al principio trazo el plan de la obra, aunque este proyecto inicial permanezca abierto a sucesivas modificaciones, que en ocasiones van surgiendo sobre la marcha, porque juzgo que estructurar demasiado la historia es encorsetarla con un rigor artificioso que resta espontaneidad al relato y mata su frescura.

A veces la trama topa con caminos inesperados, que nunca hay que dejar de explorar, y el curso de los acontecimientos cambia; o un personaje se rebela al destino que le he impuesto, quizás ello se deba a que ha cobrado vida propia, como aseguran algunos autores, no seré yo quien afirme que mis personajes viven, pero sí que su rebeldía, lejos de sorprenderme, me hace pensar que algo de personalidad he logrado infundir en ellos.

Resumiendo, planifico, pero no demasiado, ni para vivir ni para escribir sirve de nada el exceso de cálculo, más bien conviene, como sugiere Nietzsche, andar un poco desprevenido. En cambio, cuido mucho la verosimilitud, la psicología de los personajes, la estructura, procuro lograr la armonía entre los diversos elementos, mezclar los episodios, no obviar los datos significativos. Me guío por la intuición y la experiencia, sin preocuparme por si mi obra es vendible o no, ni por si se atiene a la moda del momento o a cualquier otra circunstancia ajena a mi brújula interior.

Por descontado que corrijo, y mucho, soy una perfeccionista acérrima. Pulo mi prosa para eliminar deficiencias, pero sin ninguna mortificación estilística. Si algún pasaje requiere lirismo, trato de dárselo, pero mi meta no es una frase memorable, sino un relato expresivo en su conjunto. Una historia no es sólo lo que cuentas, sino, sobre todo, cómo lo cuentas.

Asumo que soy culpable de mis propios textos y a pesar de pertenecer a esa desdichada grey de quienes viven el oficio de escritor como una especie de obsesión, me compensa con creces la emoción de escribir y de crear, y que, de tanto en tanto, alguien me diga que se ha emocionado leyendo algo mío. Y es que cuando uno se confiesa enamorado de la Literatura, ya lo ha dicho todo.

Escribir es sufrir

"A menudo me pregunto por qué escribo. No es sólo para hacer obras bonitas o relatos entretenidos. Es una actividad que parece necesito para sobrevivir. Me siento fatal cuando no lo hago. No es que escribir me produzca un gran placer, pero si no lo hago es mucho peor". Paul Auster.

"Para mí, escribir es menospreciarme; pero no puedo dejar de escribir. Escribir es como la droga que me repugna y que tomo, el vicio que menosprecio y en que vivo [...]. Escribir, sí, es perderse, pero todos se pierden, porque todo es pérdida. Pero yo me pierdo sin alegría, no como el río en la desembocadura para la cual nació desconocido, sino como el lago que se forma en la playa por la marea alta, el agua del cual nunca más vuelve al mar". Pessoa.

"¿Por qué escribo? Es mi lado masoquista, supongo". Soyinka.

"Amo mi trabajo con un amor frenético y perverso, como ama el asceta el cilicio que le desgarra el vientre". Flaubert.

"Cada mañana olvido qué escribí la víspera... a veces, cuando veo qué pasa en el mundo, me digo: ¿por qué escribir? Pero vale más trabajar, trabajar. Trabajar y ayudar a quien lo merece. Trabajar incluso si a veces se dice que es un esfuerzo inútil. Trabajar como una forma de protesta". García Lorca.

"Escribo por asco. Por asco de mí mismo y del mundo que hemos llegado a construir". Álvaro Mutis.

"Hace falta ser neurótico para dedicarse a esta barbaridad". Monterroso.

"En el mejor de los casos, la literatura es una actividad tonta. Es un poco ridículo escribir un cuadro de la vida. Y exagerando la broma: te tienes que retirar de la vida durante un tiempo para pintar este cuadro. Y tercero, tienes que distorsionar la propia manera de vivir a fin de despertar, de alguna manera, la normalidad de otras vidas. Así has reconocido todo este absurdo, lo que emerge quizá sea el más pálido de los reflejos [...]. Y la estupidez más grande de todas radica en el hecho de hacer todo eso". Steinbeck.

"A continuación os doy un ejemplo del vacío que tengo. Hace años que no leo ninguna obra literaria. Tengo la cabeza llena de piedras y porquerías y cerillas rotas y montones de vidrios recogidos por todas partes. La tarea que me impongo cuando escribo un libro desde dieciocho puntos de vista diferentes y con otros tantos estilos aparentemente desconocidos [...] bastarían para desequilibrar la mente de cualquiera". James Joyce.

"Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible liberarse, ya que nada lo sustituye. Y es una salvación". Clarice Lispector.

"Noto cómo una mano inflexible se me va llevando la vida cuando no escribo". Frank Kafka.

El libro

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El libro entra en nuestras vidas de pequeños y lo hace casi como un elemento de tortura, hay que memorizar, realizar resúmenes y análisis gramaticales de su contenido.

El sistema educativo contribuye a hacer odiar la lectura en lugar de fomentar en el niño el deseo de leer, de entretenerse, de adquirir conocimiento.

Leer es un placer cuando uno escoge libremente los argumentos y el momento adecuado para entregarse a la lectura. Es un derecho leer los libros que uno decide, sin que prevalezca en la elección el criterio pedagógico o el comercial.

La inteligencia y la fantasía de un niño se desperdician en parte porque en la escuela se aprende a leer, pero no se fomenta la capacidad de pensar, de imaginar, de entender. El libro enseña estructuras lingüísticas, leyes físicas, datos científicos y aporta pocas satisfacciones emocionales, por eso no es de extrañar que una vez abandonada la etapa de formación académica, no se vuelva a tocar un libro.

El libro debería ser un juguete, un estímulo para sentir y vivir emociones, una herramienta para desarrollar la fantasía. Si se consigue que un niño se apasione por la lectura desde sus primeros años, nunca dejará de leer.

Camus

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En 1957, Albert Camus era galardonado con el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose así en el premiado más joven después de Kipling. Camus aprovechó la decisión de la Academia sueca para iluminar al mundo con un discurso que es una formidable lección de ética y con él provocó una conmoción. Hoy, cincuenta años después, el discurso que pronunció en Estocolmo se ha convertido en el paradigma del compromiso del escritor con su tiempo.

La misión del escritor, discurso pronunciado por Albert Camus en la recepción de Premio Nobel de Literatura

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natral conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, oscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días. 

 

*La misión del escritor, fuente: Temakel

Leer libros

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Por 165, 95 € podemos adquirir Levo Book Holder, un atril para libros que permite leer tumbado en un sillón o en la cama, sin necesidad de sujetar el libro con las manos.

Siempre me ha gustado el contacto con los libros: tocarlos, olerlos, sentirlos... Habrá quien me entienda perfectamente y habrá quien piense que es una soplapollez. No sé quién, pero alguien dijo que el acto de leer es uno de los más egoístas y radicalmente personales e intransferibles que existen. La relación que se establece con el libro es única y cada uno se la plantea de manera diferente. Juan Ramón Jiménez, un tipo peculiar, antes de coger un libro se lavaba las manos tres o cuatro veces, la última vez usaba siempre colonia. Azorín leía cómodamente arrellanado en un sillón de orejas, de espaldas a la ventana, junto a una mesa camilla con brasero y con una manta cubriéndole las piernas.

Yo abro un libro y respiro su inconfundible aroma a tinta y a papel clorado. Acaricio las páginas y las tapas antes de recorrer las carreteras de palabras que me llevarán al destino final y por el camino, procuro no alterar la encuadernación y preservar intacto aquel volumen que luego conservo en los estantes de mi biblioteca como si jamás hubiera sido hollado por mi mano. No presto mis libros a nadie, una vez lo hice y La isla de coral regresó completamente esmanguillado*. Así que no he vuelto a arriesgarme.

Siento un respeto reverencial por el libro. En la primera escuela a la que asistí, me inculcaron que los libros se forran antes de abrirlos y que nunca, nunca se subrayan o se escribe en ellos otra cosa que no sea el nombre de su propietario. Por eso leo con un bloc de notas y un bolígrafo. Por eso este artilugio para leer libros de manera aséptica no va conmigo.  

 

*Esmanguillado. Vocablo de mi invención que viene a significar: desencuadernado, manchado, con las páginas dobladas, alterado.

William Faulkner

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"El artista sigue trabajando sin descanso y volviendo a comenzar: y cada vez cree que logrará su fin, que integrará su obra. No lo logrará, como es natural; y de ahí la razón de que este estado de ánimo sea fecundo. Si alguna vez lo consiguiera, si su obra llegara a poder equipararse con la imagen que se hizo de ella, con su sueño, sólo le restaría precipitarse desde el pináculo de esa perfección definitiva, y suicidarse". William Faulkner

 

Un lobo estepario

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"Soy un poeta, un buscador y un confesor comprometido con la verdad y la sinceridad. Tengo una misión, por mucho que ésta sea pequeña y restringida: ayudar a otros buscadores a entender y soportar el mundo, aunque sólo sea para que sepan que no están solos". Hermann Hesse.

 

Hermann Hesse es un escritor singular y carismático, una rara avis en el panorama literario del siglo XX. Idealista, rebelde, fantasioso, siempre inconformista y combativo, alzó su voz honesta y sensible para conectar con espíritus libres deseosos de alzar el vuelo. Nació en una pequeña ciudad alemana en 1877 y a los trece años de edad decidió ser "poeta o nada", su aversión hacia todo el mundo académico le llevó a estudiar como autodidacta literatura universal, filosofía, historia del arte y varias lenguas. Sus padres, unos misioneros un tanto fanáticos y extremadamente moralistas, se horrorizaron ante esta decisión e intentaron disuadirle. "Huye de la musa febril como si fuera una serpiente; ella es la que se desliza en el paraíso y cierto día te ofrecerá el veneno a través del paraíso del amor y la poesía", le escribió su madre tras la publicación de su obra "Una hora después de medianoche", pero él consiguió su propósito y vivió para escribir. La pintura también sería su pasión y se han dedicado exposiciones a su obra pictórica en todo el mundo. "La pequeña paleta repleta de colores puros y luminosos que se entremezclan era mi consuelo, mi arsenal, mi devocionario y el cañón con el que disparaba después de muerto. Con ella he hecho magia más de mil veces, y he ganado mi lucha contra la estúpida realidad", diría el autor en su obra "El último verano de Klinsor", con importante base autobiográfica.

Durante la I Guerra Mundial, Hesse se afincó en la Suiza neutral. Años más tarde fue duramente criticado por no condenar explícitamente el régimen nacionalsocialista y Hesse quedó bajo sospecha a los ojos de buena parte de la emigración alemana en el exilio suizo, pese a las críticas y los reproches, no abandonó su postura independiente: "Antes ser apaleado por un fascista que convertirme en fascista. Antes ser apaleado por un comunista que convertirme en comunista", manifestó.

"Bajo las ruedas", "Demian", "Siddhartha", "El juego de los abalorios", "Narciso y Godmundo". "El lobo estepario", "Lectura para minutos"... La academia sueca le concedió el Premio Nobel de Literatura en 1946 y desde ese momento Hesse sufrió el acoso de miles de admiradores y periodistas que deseaban conocerle. Personas de toda índole recurrían a él buscando consejo o remedio a sus problemas existenciales y se convirtió en el gurú involuntario de una Europa que renacía después de la guerra. Durante los últimos quince años de su vida dedicó una buena parte de su tiempo a responder a los montones de cartas que le enviaban cada día, llegó a recibir más de 30.000, muchas de las cuales se conservan en la Biblioteca de Berna. Cuando le hallaron muerto, en 1962, abrazaba un ejemplar de las Confesiones de San Agustín, y junto a la cama había dejado el poema en el que trabajaba:

Crujido de una rama quebrada

Rama en astillas quebrada

colgando año tras año,

seca cruje su canción al viento,

sin hojas, sin corteza,

raída, amarillenta, para una larga vida,

para una larga muerte fatigada.

Duro suena y tenaz su canto,

suena obstinado, suena secretamente amedrentado.

Todavía un verano,

Todavía un invierno más.

Hermann Hesse recibió algunas cartas que le culpaban del suicidio de jóvenes cuya muerte estaba presuntamente motivada por la lectura de su novela "El lobo estepario". Pienso que resulta excesivo acusar a una novela o a su autor de la íntima y drástica decisión de quitarse la vida, pero también admito que las palabras de Hesse fascinan y atraen. Dibuja cuadros con concisión creando ambientes mágicos y retrata con maestría personajes reveladores que no dejan indiferente a nadie. Sabe describir como pocos los estados emocionales que todos hemos experimentado alguna vez y provoca intensas identificaciones.

A los dieciséis años leí "Siddhartha", la historia del hijo de un brahmán que abandona la casa paterna para encontrar la liberación y la verdad a través del autodescubrimiento. La obra me causó una profunda impresión: "Siddhartha tenía un fin, una meta única: deseaba quedarse vacío, sin sed, sin deseos, sin sueños, sin alegrías ni penas. Deseaba morirse para alejarse de sí mismo, para no ser él, para encontrar la tranquilidad en el corazón vacío, para permanecer abierto al milagro a través de los pensamientos despersonalizados: ése era su objetivo. Cuando todo el yo se encontrase vencido y muerto, cuando se callasen todos los vicios y todos los impulsos en su corazón, entonces tendría que despertar lo último, lo más íntimo del ser, lo que ya no es el yo, sino el gran secreto". La novela ejerció en mí una poderosa influencia, ayuné durante quince días para alcanzar la meta de los ascetas, de los enjutos samanas, "hasta que mi alma regresó; había muerto, se había descompuesto, se había convertido en polvo..., había probado la triste borrachera del ciclo y aguardaba una sed nueva". Luego, al igual que Siddhartha, comprendí que "había luchado inútilmente contra ese yo y me lancé al mundo después de soportar años monstruosos para morir y resucitar más tarde alegre y en paz". Admito que de la mano de Siddhartha llegué a la meta, a una de las metas. Aprendí a ser maestra de mí misma, a tener un criterio personal y alejarme de los métodos tradicionales de aprendizaje en los que nos enseñan qué debemos hacer, lo que debemos o no pensar, cómo sentir, de qué manera hemos de reaccionar. Aprendí a no dejarme adoctrinar, a ser libre y a seguir aprendiendo.

Tiempo después, la lectura de "Demian" me sacudió por dentro y tuve la extraña sensación de que  Max Demian se parecía tanto a mí que yo era él. "Aquel hombre era poderoso e infundía temor. Tenía una señal... Se dijo que los hombres marcados con aquella señal eran sospechosos e inquietantes, y así sucedía, en efecto. Los hombres valerosos y de carácter han inquietado siempre a las demás gentes. Resultaba, pues, harto incómodo que existiese una raza de hombres sin miedo e inquietantes, y se le colgó un sobrenombre y una fábula para vengarse de ella y para justificarse un poco del miedo sufrido..." Me reconocí en esos individuos que portan la marca de Caín en la frente, que son diferentes, no porque considere que pertenezco al linaje de los elegidos, sino porque busco la comprensión de lo que me rodea con espíritu inquieto. "La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el intento de un camino, el esbozo de un sendero. Ningún hombre ha llegado a ser él mismo por completo; sin embargo, cada cual aspira a llegar, los unos a ciegas, los otros con más luz, cada cual como puede". En esa búsqueda hallé al dios: Abraxas, el dios que aúna lo divino y lo demoníaco, y calaron en mí las palabras del organista Pistorius: "El impulso que le hace a usted volar es nuestro patrimonio humano, que todos poseemos. Es el sentimiento de unión con las raíces de toda fuerza. Pero pronto nos asalta el miedo. ¡Es tan peligroso! Por eso la mayoría renuncia gustosamente a volar y prefiere caminar de la mano de los preceptos legales o por la acera. Usted, no. Usted sigue volando, como debe ser".

De "El lobo estepario" recuerdo que no me agradó su estructura, quizás porque la novela rompe con el estilo característico de las anteriores obras. La acción discurre dispersa entre ambientes sórdidos. Harry Haller, el protagonista, es un cincuentón solitario, misterioso y huraño, no se le conoce ninguna ocupación y su personalidad dual oscila entre el hombre y el lobo, condenado a vagar solo por la árida estepa y a resolver los conflictos de su alma relativizando todas las cosas mediante el humor, que empieza por reírse de uno mismo: "Tiene usted poquísimo talento, querido y estúpido amigo; pero aun así, poco a poco, habrá ido comprendiendo lo que se exige de usted. Ha de hacerse cargo del humorismo de la vida, del humor patibulario de esta vida", le manifiesta Mozart al protagonista en el juicio que le condena a la vida eterna después de haber matado por amor.  Pero "El lobo estepario" es, básicamente, la historia de un superviviente que sale de una profunda crisis y alcanza la salvación. Todavía no he llegado a esa etapa, pero puede que con el tiempo me convierta en un lobo solitario cuya única presa es él mismo y parta tras el rastro de Harry/Hesse hacia la liberación definitiva. Mozart me estará esperando.

Filobiblión

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Filobiblión (Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros), escrito en latín por el bibliófilo, obispo de Durham, canciller real y diplomático inglés Ricardo de Bury (1287-1345), es un tratado de amor a los libros, un apasionado elogio a la verdad de la sabiduría que encierran los libros.

Capítulo XVII. De cómo los libros deben tratarse con exquisito cuidado

No solamente cumplimos un deber para con Dios preparando nuevos volúmenes, sino que obedecemos a la obligación de un santo espíritu de piedad cuando tratamos con delicadeza o cuando, colocándolos en sus sitios correspondientes, los conservamos perfectamente, a fin de que se regocijen de su pureza, tanto si se hallan en nuestras manos y, por tanto, a cubierto de todo temor, como cuando se hallan colocados en sus estantes. Ciertamente después de los ornamentos sagrados y de los cálices divinos, son los libros sacros los más dignos de ser tocados respetuosamente por los clérigos, y son injuriados en su dignidad cuando se osa tomarlos con mano sucia. Por eso juzgamos preciso instruir a los estudiantes sobre las negligencias fácilmente evitables y que tanto daño hacen a los libros: en primer lugar, ha de observarse un gran cuidado al abrir y cerrar el volumen, a fin de que, al concluir la lectura, no los rompan por su desconsiderada precipitación; tampoco han de abandonarlos sin abrocharlos debidamente, pues un libro es bien merecedor de más cuidado que un zapato.

En efecto, existe un público estudiantil, generalmente mal educado y que, de no estar retenido por los reglamentos superiores, llegaría incluso a enorgullecerse de su estúpida ignorancia. Obran con descaro, se hinchan orgullosamente, y aunque carecen en absoluto de experiencia, juzgan sobre toda clase de materias con singular aplomo.

Puede que veáis a un joven insensato que pierde su tiempo haciendo que estudia, y es posible que, transido de frío y con la nariz moqueando, no se digne limpiarla con su pañuelo para impedir que el libro que está debajo de ella se manche. ¡Pluguiera a Dios que, en lugar de manuscrito, tuviera debajo un mandil de zapatero! Cuando se cansa de estudiar, para acordarse de la página en la que se quedó, la dobla sin ningún cuidado. O se le ocurre también señalar con su sucia uña un pasaje que le divirtió. O llena el libro de pajas para recordar los capítulos interesantes. Estas pajas, que no puede digerir el libro y que nadie se ocupa de retirar, van rompiendo las junturas del libro y acaban por pudrirse dentro del volumen. Tampoco les parece vergonzoso el comer o beber encima del libro abierto, y, no teniendo a mano ningún mendigo, dejan los restos de su comida en las páginas del códice. El estudiante no cesa de parlotear con sus camaradas, y mientras les aduce una serie de vacías razones filosóficas, riega con su salivilla el libro abierto en sus rodillas, y, ¡qué más queréis! ¡Qué más puede hacer la negligencia estúpida en perjuicio del libro!...

Pero cuando cesa la lluvia y las flores aparecen sobre la tierra, anunciando la primavera, nuestro estudiante de marras, más menospreciador que observador de los libros, llena su volumen de violetas, rosas y hojas verdes; utiliza sus manos sudorosas y húmedas para pasar las páginas; toca con sus guantes sucios el blanco pergamino y recorre las líneas con un dedo índice recubierto de viejo cuero. Y si entonces siente malestar a causa de la picadura de una pulga, arroja violentamente el libro sagrado, que permanecerá abierto, cuando menos, por espacio de un mes, llenándose de polvo de tal manera, que luego ya no puede cerrarse.

Hay también gentecillas despreocupadas a quienes se debería prohibir expresamente el manejo de los libros, ya que, apenas han aprendido a hacer letras de adorno, comienzan a glosar los magníficos volúmenes que caen en sus manos; alrededor de sus márgenes se ve un monstruoso alfabeto y mil frivolidades que han acudido a su imaginación y que su cínico pincel tiene la avilantez de reproducir. Aquí un latinismo, allá un sofisma, acullá algunos ignorantes escribanos, dan muestra de la aptitud de su pluma, y así, muy frecuentemente los más hermosos manuscritos pierden su valor y utilidad.

Hay igualmente ciertos ladrones que mutilan desconsideradamente los libros, y para escribir sus cartas recortan los márgenes de las hojas, no dejando más que el texto, o bien arrancan las hojas finales del libro para su uso o abuso particulares: este género de sacrílego debería estar prohibido bajo pena de anatema. En fin, conviene al decoro de los estudiantes lavarse las manos cuantas veces salgan del refectorio, con el objeto de que sus dedos grasientos no puedan ensuciar los broches del libro ni las hojas que se vean obligados a pasar. Además, ha de impedirse que el niño llorón vea las miniaturas de las letras capitales para que no manche el pergamino con sus manos húmedas, pues siente el impulso de tocar en seguida lo que ve.

Finalmente, los laicos, que miran con indiferencia un libro vuelto del revés, como si ésta fuera su posición natural, son indignos de tratar con libros.

Otras indicaciones pueden hacerse a los clérigos cubiertos de ceniza y oliendo a puchero, para que tengan cuidado de no tocar los libros sin lavarse previamente; sólo el limpio puede ejercer su ministerio entre libros.

La limpieza de las manos interesa tanto a los libros como a los estudiantes, pues no parece sino que las manos sarnosas y cubiertas de pústulas fuesen un estigma propio de la clerecía. Cada vez que se note un defecto en el libro, es preciso remediarlo con presteza, pues nada es tan propenso a adquirir mayores proporciones como un desgarro, y una rotura que se abandona por negligencia, más tarde no se puede reparar sin hacer considerables gastos.

En cuanto a los armarios bien fabricados, donde pueden guardarse los libros con toda seguridad sin que les amenace ningún contratiempo, el dulcísimo Moisés nos habla de ello en el Deuteronomio (cap. XXXI): "Tomad este libro y ponedlo al lado del Arca de la Alianza del Señor nuestro Dios". ¡Oh lugar delicioso y conveniente en sumo grado para una biblioteca! Pues esta Arca se hizo de madera incorruptible de Setim, y recubierta de oro por todas partes. Pero el Salvador prohíbe también con el ejemplo toda negligencia que pueda perjudicar a los libros en su manejo, como nos refiere San Lucas en el capítulo VI de su Evangelio. Y, en efecto, cuando Jesús hubo leído el libro que se le ofrecía con las palabras proféticas que sobre él se habían escrito, no lo devolvió al ministro sino después de haberlo cerrado. Por este comportamiento, los estudiantes deben tener presente el cuidado exquisito que se debe a los libros y también deben considerar que en ningún caso debe descuidarse su manejo.

El hombre que enseña

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El mundo no sería el mismo sin el pensamiento de Michel de Montaigne, creador del ensayo como corpus definido de la literatura y transmisor de la inteligencia y la moral grecolatinas.

Montaigne nació en Perigort (Francia), en 1533, y uno de los aspectos más sorprendentes de este intelectual es la absoluta vigencia de sus ideas, esto nos incita a relativizar nuestra modernidad y nos revela que los problemas de los seres humanos son siempre los mismos y perduran a través de los siglos. Reflexiona sobre la maravillosa simplicidad de la vida: "Qué milagro es que esta gota de semilla de la que procedemos lleve en ella impresos no solamente la forma corporal, sino también los pensamientos y las inclinaciones de nuestros padres". Declara su beligerancia contra los médicos. Su padre, dice, vivió setenta y cuatro años sin haber probado nunca una medicina, algo que él imitó. Siguiendo a Epicuro, el ensayista declara: "deben evitarse los placeres si comportan dolores más agudos y se han de buscar los dolores que comporten placeres más grandes". Reivindica el concepto de salud y vida. Sin salud no hay una vida justa y deseable, dice, y explica que hasta Hipócrates, que tampoco es juzgado con benevolencia, no existía rastro de medicina. Ilustra su aversión a los médicos con un diálogo: un médico hace un comentario a favor de su trabajo y un caballero le contesta que cómo no va a ser un gran trabajo, si le permite matar a quien quiera sin ningún problema ni queja.

Las mujeres, la vanidad, la sabiduría, la conciencia, los poderosos, todo lo humano y lo divino es tocado por Montaigne.

Ensayos de Montaigne

Marguerite Duras

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Dice el tópico que a Maguerite Duras se la ama o se la odia. No hay lugar para las medias tintas. Antes de nada diré que yo me incluyo en el primer grupo, pues admiro a esta escritora incansable desde que leí El amante y topé con el texto de una autora sublime que no tuvo reparo en recurrir a su agitada vida para llenar el espacio en blanco con una poesía única y desgarrada, que atraviesa con cada una de sus letras y de sus silencios.

Su obra estremecedora y sensible y sus lúcidas palabras pese al alcohol, los tabacos y la vida hablan de una mujer consciente de su devastación hasta el último momento.

Ella deseaba que sus palabras fueran recordadas por los más jóvenes, por los párvulos. Ojalá que la tristeza de su cuerpo deshecho de noche traspase la luz trémula y oscura del olvido y su canción total viva en el corazón de los jóvenes y en la sonrisa de los niños.

EL TREN DE BURDEOS

Una vez, tuve dieciséis años. A esta edad todavía tenía aspecto de niña. Era al volver de Saigón, después del amante chino, en un tren nocturno, el tren de Burdeos, hacia 1.930. Yo estaba allí con mi familia, mis dos hermanos y mi madre. Creo que había dos o tres personas más en el vagón de tercera clase con ocho asientos, y también había un hombre joven enfrente mío que me miraba. Debía de tener treinta años. Debía de ser verano. Yo siempre llevaba estos vestidos claros de las colonias los pies desnudos en unas sandalias. No tenía sueño. Este hombre me hacía preguntas sobre mi familia, y yo le contaba cómo se vivía en las colonias, las lluvias, el calor, las verandas, la diferencia con Francia, las caminatas por los bosques, y el bachillerato que iba a pasar aquel año, cosas así, de conversación habitual en un tren, cuando uno desembucha toda su historia y la de su familia. Y luego, de golpe, nos dimos cuenta que todo el mundo dormía. Mi madre y mis hermanos se habían dormido muy deprisa tras salir de Burdeos. Yo hablaba bajo para no despertarles. Si me hubieran oído contar las historias de la familia, me habrían prohibido hacerlo con gritos, amenazas y chillidos. Hablar así bajo, con el hombre a solas había adormecido a los otros tres o cuatro pasajeros del vagón. Con lo cual este hombre y yo éramos los únicos que quedábamos despiertos, y de ese modo empezó todo en el mismo momento, exacta y brutalmente de una sola mirada. En aquella época, no se decía nada de estas cosas, sobre todo en tales circunstancias. De repente, no pudimos hablarnos más. No pudimos, tampoco, mirarnos más, nos quedamos sin fuerzas, fulminados. Soy yo la que dije que debíamos dormir para no estar demasiado cansados a la mañana siguiente, al llegar a París. Él estaba junto a la puerta, apagó la luz. Entre él y yo había un asiento vacío. Me estiré sobre la banqueta, doblé las piernas y cerré los ojos. Oí que abrían la puerta, salió y volvió con una manta de tren que extendió encima mío. Abrí los ojos para sonreírle y darle las gracias. Él dijo: "Por la noche, en los trenes, apagan la calefacción y de madrugada hace frío". Me quedé dormida. Me desperté por su mano dulce y cálida sobre mis piernas, las estiraba muy lentamente y trataba de subir hacia mi cuerpo. Abrí los ojos apenas. Vi que miraba a la gente del vagón, que la vigilaba, que tenía miedo. En un movimiento muy lento, avancé mi cuerpo hacia él. Puse mis pies contra él. Se los di. Él los cogió. Con los ojos cerrados seguía todos sus movimientos. Al principio eran lentos, luego empezaron a ser cada vez más retardados, contenidos hasta el final, el abandono al goce, tan difícil de soportar como si hubiera gritado.

Hubo un largo momento en que no ocurrió nada, salvo el ruido del tren. Se puso a ir más deprisa y el ruido se hizo ensordecedor.

Luego, de nuevo, resultó soportable. Su mano llegó sobre mí. Era salvaje, estaba todavía caliente, tenía miedo. La guardé en la mía. Luego la solté, y la dejé hacer.

El ruido del tren volvió. La mano se retiró, se quedó lejos de mí durante un largo rato, ya no me acuerdo, debí caer dormida.

Volvió.

Acaricia el cuerpo entero y luego acaricia los senos, el vientre, las caderas, en una especie de humor, de dulzura a veces exasperada por el deseo que vuelve. Se detiene a saltos. Está sobre el sexo, temblorosa, dispuesta a morder, ardiente de nuevo. Y luego se va. Razona, sienta la cabeza, se pone amable para decir adiós a la niña. Alrededor de la mano, el ruido del tren. Alrededor del tren, la noche. El silencio de los pasillos en el ruido del tren. Las paradas que despiertan. Bajó durante la noche. En París, cuando abrí los ojos, su asiento estaba vacío.

Marguerite Duras

Un gran invento

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Si algo bueno tiene el hombre es su capacidad para crear herramientas e instrumentos que le permitan compensar sus carencias y aumentar sus facultades naturales. Es así como se ha convertido en el rey de la creación.

Tras conseguir hablar, el hombre incrementó su sociabilidad y pudo compartir con otros hombres mensajes que expresaban sus emociones y pensamientos. Pero llegó un momento en que su memoria ya no pudo retener tanta información y entonces el hombre inventó el libro.

El libro ha permitido que el hombre agigante su memoria colectiva con un contenido intelectual útil y provechoso. Al principio, en su prehistoria, el libro fue piedra, hueso, corteza de árbol o tablilla de barro, luego vendría la piel, la tela, el papiro o el pergamino, así hasta ser papel impreso o combinaciones de los signos 0 y 1.

Gracias al libro conocemos los mitos helénicos, los avances científicos, los discursos filosóficos, las fantasías y los miedos de otros hombres en otros tiempos y compartimos las inquietudes de nuestros coetáneos.

La producción mundial de libros crece cada día con novedades y reediciones de obras antiguas. Los lectores contribuyen a esta expansión, porque, desde hace tiempo, el libro ya no es un instrumento al servicio de la minoría culta y poderosa y aspira a alcanzar a sectores cada vez más amplios de la sociedad.

Faltan lectores

Tras el pregonado éxito de la cultura catalana en Frankfurt, muchos se han puesto contentos: el libro en catalán ha triunfado. Pero hay cifras que empañan este momento de gloria. El 42,6% de los catalanes mayores de 14 años se declara no lector, un 12,9% es lector ocasional, sólo un 20,1% de los catalanes lee habitualmente en su lengua y entre los 25 títulos más leídos en Cataluña durante 2006 ninguno estaba escrito en catalán.

Ahora la Generalitat busca incentivos y motivaciones para fomentar la lectura y para ello ofrece a personas mayores de 18 años una suscripción gratuita durante tres meses a cualquier diario o publicación. El Plan de Fomento de la Lectura 2008-2010 destinará un presupuesto de ocho millones de euros anuales al impulso de este proyecto.

Es una lástima que en un país, España, en el que no faltan libros, pues la producción editorial desde Cataluña es realmente importante en calidad y cantidad, se lea tan poco. "¿No se lee en este país porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee?" Mariano José de Larra, uno de los grandes escritores en español del siglo XIX, nos deja sus reflexiones al respecto en una excelente carta dirigida a Andrés que merece la pena recordar.

Carta a Andrés escrita desde las Batuecas por "El Pobrecito Hablador" Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

La lengua perfecta

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En su libro, "La búsqueda de la lengua perfecta", cuenta Humberto Eco que a lo largo de la historia se han hecho numerosas investigaciones para averiguar cuál fue la primera lengua que se habló en el mundo y cuál sería la más perfecta de todas. Una de estas investigaciones se llevó acabo en el siglo XVII, el rey Federico II quiso saber qué lengua hablaría un niño en la adolescencia si antes no había hablado con nadie. Se ordenó a un grupo de nodrizas que alimentasen a un grupo de bebés sin hablarles en ningún momento, con ello se pretendía conocer si los niños hablarían en hebreo, en griego, en árabe o si utilizarían la lengua de sus padres. El experimento lleva a una conclusión: los niños murieron todos a muy corta edad, por lo que se puede concluir que la voz humana transmite a una criatura un mensaje de afecto, de compañía, de aceptación, protección y alegría. La voz es un elemento vital en el desarrollo humano; sin su presencia, sin las emociones que transmite, se nos condena a la soledad y a la exclusión.

 

*Imagen: Félix Ortiz

Ayudas para vivir

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Si algo caracteriza a nuestro tiempo es la proliferación de recetarios para una vida fácil. El desconcierto de la era postmoderna, el vértigo cibernético y la caída de dioses de cualquier pelaje es un buen caldo de cultivo para que quien más o quien menos eche mano de la socorrida obrita que ayuda a vivir o a afrontar cualquier otro menester, ya sea dejar de fumar, hacerse millonario, curarse de una depresión, decorar la casa con plantas carnívoras o llegar a ejecutivo siendo analfabeto.

Estos lenitivos del pensamiento y de los rigores de la vida tratan de encapsular en pastillas digeribles actitudes y reacciones. Son tantas las opciones ideológicas alternativas, es tan desasosegante el relativismo moral, que la llamada "literatura de autoayuda" se expande y ofrece muletas para caminar por cualquier lodazal sin problemas.

Estas obras utilizan imperativos y aforismos de pacotilla como reclamo moral y ante la fugacidad del pensamiento reflexivo y crítico. A fuerza de multiplicar sus tendencias, se borran deliberadamente las huellas del vivero ideológico que las nutre. Son obras herederas del pensamiento débil, que invitan a suspender el juicio y, a la larga, a anularlo. El autor suele ser un iluminado, un Sócrates de la vida moderna, cuando no un arribista sin escrúpulos que sólo pretende sacar tajada del río revuelto. Letanías planas y de escasa hondura se repiten para conjurar ese arcano llamado felicidad. Tan poco precisas que sirven para todos, con tantos tópicos que seducen al lector sin pensamientos propios y que no distingue entre una pretensión eudemonista y una auténtica propuesta ética para mejorar su vida.

 

*Imagen: Douglas Wright

Confesiones sin máscara

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Sin un atisbo de miedo, pudor, represión o vergüenza y con una sinceridad desnuda e impresionante, Yukio Mishima relata los determinantes descubrimientos que acontecen en su adolescencia. La fascinación que ejercen en él los ajustados pantalones azules de un conductor de tranvía, el olor a sudor de los guerreros, las grandes actrices cinematográficas y teatrales que le inducen a imitar sus gestos, las imágenes de mártires en pleno éxtasis de dolor, la ropa de su madre, con la que se contempla ante el espejo... Todo lo más íntimo está ahí, en la novela de un hombre que descubre que tiene pene y que éste se excita ante la belleza y también ante la violencia y la brutalidad masculina. Aún no sabe nada de la vida, pero empieza a descubrirlo todo, a sentirlo todo.

Tratar de sobrevivir, de asimilar que se es diferente de la mayoría y de enfrentarse a la rigidez férrea de lo establecido, produce dolor y desconcierto, la perpetua sensación de querer huir desde la infancia, luego de ocultar la realidad en las palabras, en los sueños, en los disfraces, en lo que existe más allá de la imaginación.

"Lo que veían mis ojos no era un hombre, sino una especie de monstruo espiritual indefinible, odiando, sufriendo, sangrando". La escritura refleja, en el espejo las contradicciones, los miedos, los anhelos, las frustraciones, la crueldad, la belleza y los deseos. La vida y, siempre presente como una sombra terrible y protectora, la muerte. Y el declive, el exhibicionismo, la fragilidad del creador. Todo está en "Confesiones de una máscara", una novela desconcertante para el tiempo en que fue escrita: 1949. Una obra valiente, bella y contundente, necesaria para acercarse a una sexualidad perseguida y marginada, para comprenderla y respetarla.

Caligrafía

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Cuando más se generaliza el uso de la informática, cuando en lugar de escribir tecleamos, cuando la escritura manuscrita parece un recuerdo remoto, la caligrafía, la tipografía y el estudio y el conocimiento de la letra están viviendo un inusitado renacimiento. El aumento en la venta de plumas estilográficas, la aplicación de viejos y nuevos recursos gráficos por parte de los diseñadores y los artistas, la aparición de manuales consagrados a la historia y la praxis de la escritura manual y la cada vez más frecuente organización de seminarios y congresos centrados en la caligrafía nos hacen prever que la cultura digital no logrará extinguir lo que esta disciplina representa.

Y es que la escritura caligráfica no es únicamente funcional, al igual que no es tributaria de la literatura, porque va mucho más allá, ya que en última instancia es la expresión de una energía psíquica profunda de la personalidad y cultura del autor, por ello no sorprende que los orientales, mucho más que los occidentales, la hayan entendido como un acto espiritual. Avanzando un paso más lejos de lo que la etimología nos describe, la caligrafía es un medio de expresión que, a través de trazos curvos, rectos o serpenteantes, austeros o floridos, consigue transmitir mucho más que el estricto significado de la palabra escrita.

Biblioteca virtual del patrimonio bibliográfico

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Facsímiles digitales de colecciones de manuscritos y libros impresos antiguos que se conservan en las bibliotecas públicas del Estado pueden consultarse ya en Internet a través del web creado por el Misterio de Cultura.

Cerca de 250.000 páginas de casi 1.000 manuscritos e impresos con imágenes, que se podrán descargar y consultar por autor, título, fecha o época de escritura o impresión, en cualquiera de las lenguas oficiales en España y también en inglés.

 

Biblioteca virtual del patrimonio bibliográfico

Sombras

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En septiembre de 1976, uno de los años más sangrientos de la dictadura militar, Jorge Luis Borges visitó a Pinochet en Chile y tras su encuentro manifestó: "Yo declaro preferir la espada, la clara espada, a la furtiva dinamita. Creo que merecemos salir de la ciénaga en que estuvimos. Ya estamos saliendo por obra de las espadas, precisamente". Tras este elogio a los atroces regímenes militares en América Latina, el tirano le condecoró con la Gran Cruz de la Orden al Mérito Bernardo O´Higgins.

El 19 de mayo de 1976 Borges almorzó en el Palacio de Gobierno de Buenos Aires con el dictador Jorge Videla y declaró a los periodistas: "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno." Por entonces, los desaparecidos eran ya legión.

Gutenberg

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No se dispone de muchos datos sobre la vida de Gutenberg ni sobre su actividad, apenas se conservan una treintena de documentos que hablan de él y de su trabajo, pero sabemos que su nombre era Johann Gensfleisch y que el apellido Gutenberg proviene del nombre de la casa familiar. Nació en Maguncia, en el seno de una acomodada familia de orfebres, probablemente en la última década del siglo XIV.

Solicitó un crédito para formar una sociedad con Johann Fust y en el taller que crearon se imprimió la denominada Biblia de Gutenberg, de Mazarino o de 42 líneas, en 1456. Considerada habitualmente como el primer libro impreso, pese a que en la obra no figura ni la fecha, ni el lugar, ni el nombre del impresor.

Gutenberg aplicó sus conocimientos de las estampas y de los libros xilográficos para multiplicar la producción de libros y satisfacer la creciente demanda. La solución que halló fue el empleo de letras sueltas en la composición de páginas, algo que venía haciéndose desde hacía tres mil años, cuando los semitas inventaron el alfabeto. La puesta en marcha del proyecto tardó más de veinte años en materializarse, pues eran muchos los problemas a resolver, como la prensa, la matriz, el tipo de metal a emplear en la fabricación de los tipos, la fundición, la tinta... El proceso fue laborioso, pero el resultado mereció la pena, la técnica de componer e imprimir libros que ideó no fue apenas modificada hasta el siglo XIX.

Sancho Panza

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De "El Quijote" me gusta Sancho Panza. Alonso Quijano no podía caminar solo por esos mundos de Dios y en su segunda salida le acompaña Sancho Panza, "un labrador vecino suyo, hombre de bien -si es que este título se puede dar al que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera".

Sancho Panza no será siempre así, a lo largo de la novela evolucionará, no sólo porque el autor irá perfilando y matizando al personaje, sino porque se va contagiando de la locura de su amo. Sancho decide acompañar a don Quijote en calidad de escudero, aunque no sabe muy bien qué significa, y sobre todo, engatusado por la promesa de unas ganancias y botines que don Quijote obtendría en sus aventuras. A partir del capítulo 7 aparece en la obra la pareja inmortal y con ella sus diálogos constantes, divertidos y suculentos, los cuales nos permitirán conocer a los dos personajes y evidenciar el contraste entre el sueño caballeresco y la realidad tangible, la locura idealizadora y la sensatez elemental, la ingenuidad y la tozudez no exenta de picardía. Incluso las dos figuras se contrastan, una, alta y seca encima de un caballo viejo, la otra, pequeña y regordeta sobre un asno paticorto.

Bibliotecas romanas

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A finales de la República, el hábito de la lectura estaba muy extendido en Roma y en las ciudades del Imperio, pues había numerosos maestros, el aprendizaje no era complicado y las exigencias de la vida cotidiana, así como las tareas administrativas, requerían conocimientos de lectura y escritura.

César, al conocer la famosa Biblioteca de Alejandría, quiso construir una semejante en Roma, aunque no vio cumplido su deseo. Fue Augusto el impulsor de dos grandes bibliotecas públicas, una ubicada en el Campo de Marte y otra en el Palatino. Ambas estaban porticadas y contaban con dos secciones dedicadas a los libros griegos y romanos respectivamente, la decoración incluía bustos de los autores. También cabe destacar la Biblioteca Ulpia, una de las más famosas de la Antigüedad, mandada construir por Trajano en su foro.

En las bibliotecas de la antigua Roma los libros se colocaban en estanterías denominadas plutei; pegmata si los estantes se hallaban fijados a la pared. Los espacios que formaban los elementos verticales y horizontales eran llamados foruli y nidi, nidos. Cuando el códice sustituyó al volumen, se generalizó el uso del armaria, armario.

Los patricios y los romanos ricos solían disponer de su propia biblioteca, tanto en sus casas de la ciudad como en sus residencias campestres. Vitrubio recomendaba destinar como biblioteca una sala orientada hacia el este, que, además de biblioteca, servía para recibir a los amigos.

 

Imagen: Ulpian Library

De qué sirve escribir

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El escritor es alguien que se dedica a poner todo su afán en hacer aquello que no sabe hacer y cuando culmina una obra, que en principio no sabía en qué consistiría, lo que ha aprendido no le sirve para la obra siguiente. Cuando comienza la segunda obra ha de olvidar la primera y volver a meterse de nuevo en un laberinto de dificultades que tiene que esquivar a partir de una página en blanco, ha escrito Ramón Nieto. Piensa que el oficio de escritor es un trabajo inútil.

Gabriel García Márquez también considera que escribir no sirve de nada, por eso precisamente le sorprende que haya tantos autores que no pueden dejar de escribir: ¿Qué clase de misterio es éste? ¿Qué hace que el simple deseo de explicar historias se convierta en una pasión, que un ser humano esté dispuesto a morir por ella, morir de hambre, frío o lo que sea, mientras pueda hacer una cosa que no se puede tocar, que en definitiva, si nos fijamos bien, no sirve para nada?

A mi juicio estas opiniones, y otras semejantes, como la de Sartre, que se quejaba de que la literatura nunca haya podido salvar a un niño, están equivocadas: contemplan la literatura desde una perspectiva estética. Pero la literatura está hecha de palabras y la palabra es demasiado importante para no servir de nada. Para bien o para mal, la palabra tiene el poder de cambiar cosas, de torcer el rumbo de la historia, de alterar el pensamiento, de modificar conceptos...

La Biblia es uno de los libros más influyentes de la humanidad. Las 95 tesis de Martin Lutero dividieron a la cristiandad. Commentariolus, de Copérnico, transformó el concepto del universo conocido. El Manifiesto comunista revolucionó el siglo XX, también las obras de Darwin, Freud, Einstein y tantos otros han dejado su huella.

¿Cómo se puede afirmar que escribir no sirve para nada?

No fue olvido sino recuerdo

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Luis Cernuda es el poeta que espera llegar a ser el poeta que sabe que es. Desde los primeros poemas sabe qué poesía ha de hacer y a que tradición poética debe adscribirse para alcanzar su ideal poético, pero todo parece serle hostil y la tradición poética española es la primera dificultad con que se encuentra. Según Cernuda, la tradición poética española, con la excepción de San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Gustavo Adolfo Domínguez o Miguel de Unamuno, es una tradición que mantiene muchos rasgos de su origen popular; no es una poesía áulica, sino una poesía sostenida por un ideal vernáculo que eterniza un tipo de composición genuina de claro ascendiente rural. El Romancero es, todavía en 1930, un paradigma, un modelo que hay que seguir, con el que Luis Cernuda no se identifica: "¿Qué no dirá el atrevido que insinuara el menor reparo acerca del más insignificante fragmento poético del Romancero tradicional?" Él persigue aquellas construcciones de la imaginación que, soberbias, se enfrentan a la realidad y pretenden transformarla, busca dar forma sensible a la idea, al deseo.

No es propicio el medio para desarrollar tal aspiración, ni la tradición poética, ni las composiciones de sus contemporáneos, ni el realismo, del cual se siente tan ufana la literatura española. Tampoco el gusto de la España de su época le es propicio al poeta, un gusto que se afirma en el ingenio barroco y en la ingenuidad de la canción popular. Para Cernuda, la esencia de la poesía entra en contradicción con lo que el pueblo y la tradición exigen y representan: "La tradición exige como condición previa para acercarse a ella la singularidad; lo cual es incompatible con lo colectivo". Su condición de poeta le impone la perentoria realización de su misión espiritual y no puede atender otros principios que los que hacen posible esta misión. No puede complacer ni halagar las necesidades y exigencias del pueblo, ni sus gustos: "No hay que rebajar el arte a la condición actual de las clases inferiores, sino levantar el nivel cultural de éstas, para que algunos, entre todos aquellos que las forman, puedan acercarse al arte si así lo desean".

A Cernuda no le interesa la literatura española, el populismo de su expresión y el anacronismo de muchas de sus formas poéticas, que despiertan en él las más duras invectivas: "¿Qué me importa a mí toda esta estúpida, inhumana, podrida literatura española?" Luis Cernuda se aleja de la realidad objetiva imperante y se adentra en la subjetividad para crear otra realidad pura e ideal, su poesía no puede ser ni descriptiva ni realista, sino que debe ser forzosamente filosófica y reflexiva, pues su misión no es glosar el mundo como es, sino especular cómo podrirá haber sido en el pasado o cómo sería si nos aplicamos en su reconstrucción.La reflexión crítica, el rigor moral y el gusto por la especulación, hacen de Luis Cernuda el primer poeta moderno de la literatura española. Desde sus primeras obras se aprecian sus ansias por construir una idea hecha de realidades intuidas e independientes de la realidad empírica, imaginada como objetiva, perfecta y armónica. Las imágenes que evoca no se elaboran desde la experiencia de la realidad, están fabricadas desde la experiencia del oscuro deseo. Pero Cernuda sabe que la realidad vencerá finalmente y eso le hace superar todas las dificultades para llegar a ser el poeta que desea ser, esta lucha le volvió más exigente, perfeccionó su poesía e hizo más desolada la quimera.

DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo solo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

 

Los Borbones en pelota

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El libro Los Borbones en pelota, firmado bajo el seudónimo: SEM por Gustavo Adolfo Bécquer, pintor de algunas acuarelas y de todos los textos que las acompañaban, y su hermano Valeriano, autor de la mayor parte de las pinturas, recopila en dos volúmenes 89 imágenes satíricas realizadas durante los años 1.868 y 1869. Dicha obra se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Los autores cargan ingenio, sin pudor ni medias tintas, contra la reina Isabel II de España y su decadente Corte. Los personajes principales de la farsa: "Paquita natillas", alias del rey consorte Francisco de Asís; el confesor de la reina, el padre Claret; el presidente del consejo de ministros, González Bravo; sor Patrocinio; Carlos Marfori, amante de la reina y otros personajes son representados en actitudes explícitamente sexuales que conseguirían que se rasgara las vestiduras más de un monárquico. La reina fornicando en escenas orgiásticas, incluso con un burro en las caballerizas. El rey en pleno acto masturbatorio y luciendo una abundante cornamenta. Luis González Bravo y el emperador Napoleón III ensartados por la retaguardia...

Los Borbones en pelota tiene la peculiaridad de presentarnos una cara ignota de Gustavo Adolfo Bécquer. El mito del romanticismo no solo sabe deleitarnos con sus Rimas o con sus Leyendas, en esta obra casi desconocida, realizada en pleno delirio liberal, se aleja de lo políticamente correcto para hacer una dura crítica del agitado ambiente político del momento.

Más imágenes en: Insurgente

Hamlet

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La tragedia aparece siempre pintada de negro. ¿Qué es el color negro puro? Es el límite, el término del color, la mezcla de todos los colores y la ausencia de color, el franqueamiento del límite, el hundimiento en el más allá. El color negro, que representa la expresión terrenal de la ausencia de color, del tránsito de todos los colores en su fusión al otro lado del límite, un agujero en el más allá en el que la fusión de todos los colores de la vida humana da como resultado la ausencia de color terrenal, su negación es la tragedia. La tragedia que se articula en torno a un enigma, en torno al abismo de la noche. Es, por así decirlo, la tragedia exterior, tras la cual se oculta una tragedia interior; una tragedia sin máscaras, tras la que se presiente una tragedia de almas.

Así veo siempre a Hamlet: negro. En el cotidiano círculo cerrado del tiempo, en la infinita cadena de horas claras y oscuras, hay una hora, la más confusa y la más inquieta, el límite imperceptible entre la noche y el día. Nada es tan misterioso y oscuro, tan enigmático e incomprensible, como ese extraño paso de la noche al día. Ha llegado la mañana, pero es de noche; el día aún se halla sumergido en la negrura, parece flotar en ella. En esta hora, el tiempo se torna movedizo y recuerda un tremedal que amenaza con hundirse. El inseguro manto del tiempo parece deshilacharse. En esta hora en que todo se muestra vacilante, confuso e inestable, no existen sombras en el sentido habitual de la palabra: imágenes oscuras proyectadas sobre la tierra, sin embargo, percibimos las cosas como si fueran sombras; todo posee su lado nocturno. Es la hora de la melancolía y la mística; la hora en que se desgarra el manto del tiempo; la hora en que se descubre el abismo nocturno, sobre el que se eleva el mundo de día.

Así es la hora que vive el alma que lee o contempla la tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca. En esa hora se halla sumido el lector o el espectador, pues la tragedia misma está marcada por ella, se asemeja a ella: ambas poseen la misma alma. Cuando el alma vive momentos de elevado lirismo, la tragedia puede quedar grabada de forma indeleble, puede herir el corazón de una vez para siempre con el dolor, hasta entonces ignorado, de su encanto.

Insólita y distinta de cualquier otra tragedia. Hamlet carece de lo que podría parecer más necesario y fundamental: la acción dramática. Una tragedia sin acción, sin la lucha del héroe. Hamlet ha llegado al fondo del abismo trágico. La tragedia se deriva de los fundamentos mismos de la existencia humana, es inherente a nuestras vidas, crece de las raíces de nuestros días. Hamlet es la esencia misma de la tragedia. Se desarrolla en el límite de dos mundos y bordea el aquí y el más allá. Su realidad es distinta y atemporal. El dolor que descubre es un velo tenue y trémulo, tejido de dolor y pasión, de angustia y sufrimiento, es un enigma. Unos hilos tenebrosos mueven la acción y atan los pensamientos, mientras que una luz mística y desconocida ilumina el escenario con el color negro.

Shaw

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El próximo jueves 26 de julio se cumplen 151 años del nacimiento de George Bernard Shaw en Dublín. Vegetariano, excéntrico, socialista, crítico, burlón, reformista, satírico, feminista, uno de los dramaturgos con más éxito del siglo XX y el mejor escritor de comedias de su época. Es, además, el único Premio Nobel de Literatura que también ha recibido un Oscar, por My fair lady, la película que adaptaba su obra Pygmalion.

A los 20 años, se trasladó a Londres y probó suerte como autor de novelas sin ningún éxito. Tampoco empezó con buen pie en el teatro: su primera obra teatral se representó sólo dos veces y la segunda fue censurada. Empezó a vivir de la escritura gracias a las críticas teatrales y musicales. En 1894 obtuvo su primer triunfo con Arms and the man, desde ese momento su éxito es imparable y su producción frenética: hasta la Primera Guerra Mundial estuvo escribiendo nueve obras cada año.

Recibir premios no era muy de su agrado, así cuando la Academia sueca le galardonó, Shaw comentó que posiblemente se le premiara por no haber publicado nada durante ese año y al concedérsele el Oscar manifestó: "Es como si le diesen un premio al rey de Inglaterra por ser rey. Me parece insultante este honor".

Escribir

Comienza el ritual. Te sientas en la silla y colocas las manos sobre las teclas. Como un pianista ávido por desgranar compases, tú vacías tus pensamientos de palabras. Escribes. Escribes en la soledad de tu guarida, con el bullicio de un bar como fondo, entre teléfonos que suenan y compañeros que entran y salen. Escribes porque no sabes hacer nada mejor en esta vida, porque escribir es lo mejor de vivir. Escribes por escribir. Escribes sin escribir. Escribes para seguir vivo. Escribes por no morir. Escribes, escribes, escribes.

La imaginación es un tirano poderoso, maravilloso. Te somete y te espolea. Te muestra caminos verdes y te abandona en los desolados páramos de arenas movedizas. Escribes, reescribes, repasas y corriges. Arañas minutos de aquí y de allá y mientras tu cuerpo se ocupa de realizar escrupulosamente tus obligaciones diarias, la mente escribe: discurre frases, ordena ideas, juega con las palabras hasta darles el sentido adecuado, se lanza a la captura de ese sinónimo escurridizo... Puedes preparar la cena o asistir a una reunión laboral, pero tú sigues escribiendo, nada desvía a la mente de su cometido.

Llegas a una encrucijada y no sabes por dónde tirar. Vuelves atrás por aquella ruta que hace sólo unos segundos conducía directa al punto de destino. Te desalientas. Has perdido las referencias, te has perdido en el bosque de las palabras y decides prender una hoguera con ese montón de papeles que has acumulado. Te duele desprenderte de esos renglones porque están escritos con la tinta de tu sangre, pero necesitas su luz, y vuelves a comenzar una versión y otra y otra, porque adivinas que de aquella morralla saldrá algo, tal vez el libro que deseas escribir.

Al ritmo frenético del día siguen las noches preñadas de dragones que te devoran. Intentas dormir y, sin embargo, escribes. Escribes capítulos enteros en el vacío. Mientras todos duermen, tú te dedicas a escribir, y ni el susurro del amante que te dice muy suave: descansa, puede detener el ritmo de los pensamientos.

La batalla es dura e indispensable, porque sabes, y quizás sea la única certeza, que estás vivo porque escribes y que la muerte llegará cuando dejes de escribir.

Sedente solitario

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La figura de Edgar Allan Poe es un daguerrotipo, aquel antiguo procedimiento fotográfico que fijaba la imagen con vapores de mercurio y que nunca quedaba nítida del todo. Poe, su vida, su obra y su leyenda, ejercen sobre el público una fascinación cautivadora. Nadie queda indiferente después de leer "El entierro prematuro", La verdad sobre el caso del señor Valdemar" o "El cuervo" porque una inquietud, difícil de explicar, agita la imaginación del lector. Las obras de Poe alteran la sensibilidad, su parte más instintiva e inconsciente, y nos dejan prendidos en los límites de lo desconocido.

Edgar Allan Poe cultivó la poesía, la ficción y la teoría crítica sin llegar a producir ninguna obra maestra. Sus poemas son una cantinela cadenciosa que despierta sentimientos primitivos y en ellos prevalece un sentido musical de la poesía, por eso Poe prefiere la palabra que mejor suena a la que tiene un sentido más adecuado en el poema y, a veces, cae en la incongruencia o en la extravagancia. En sus novelas de terror se mantiene fiel a la tradición que rige el romanticismo anglosajón y en ellas caben todos sus tópicos. En los cuentos no describe lugares, sino la angustia que representa verlos; el lugar no es un espacio, es una sensación. El lector se adentra en la dimensión psicológica de la narración, a caballo entre el mundo sobrenatural y la realidad objetiva, y participa del estado de ánimo de los personajes gracias a la capacidad analítica y a la sutil intuición de Poe.

¿Qué tiene Allan Poe para provocar tanta conmoción? El perfil trágico del autor, el drama de artista romántico, tiene una fuerte ligazón con el hombre que fue. Hijo de actores, su padre alcohólico abandonó a la familia cuando Edgar tenía un par de años y su madre moriría cuando aún no había cumplido los cuatro. Fue separado de sus dos hermanos y adoptado por una estricta familia presbiteriana que le dio su apellido: Allan. El joven Edgar es poco hablador y reservado, se recluye en sí mismo para huir del miedo que le produce el mundo y empieza a beber y a jugar. Cuando sus deudas ascienden a 2.500 dólares, su padre se niega a seguir manteniéndolo y Poe se marcha a Boston con un nombre falso. Se enrola como soldado en la artillería federal, luego entra en la Academia Militar de West Point, de donde es expulsado, publica tres libros de poemas, gana un premio concedido por el periódico local: Baltimore Saturday Visitor, con su narración "Manuscrito hallado en una botella", dirige la revista literaria Southern Literary Messenger, se casa con su prima y enviuda un mes más tarde. Está dispuesto a rehacer su vida, pero cae en una depresión que le lleva de tugurio en tugurio consumiendo opio y bebiendo desmesuradamente, hasta que muere a causa de un delirium tremens.

Gracias a Baudelaire, Mallarmé y Valéry se recuerda hoy su obra. Ellos, como tantos otros, quedaron subyugados por la exaltada imaginación de Poe. Tal vez sea esta imaginación desbordada la que nos cautiva y hace que la obra de Poe no se afirme por lo que es, sino por lo que nosotros proyectamos en ella.

Edgar Allan Poe Museum

Machado y Soria

El 4 de mayo de 1907, hace ya cien años, Antonio Machado llegaba a Soria para encargarse de la cátedra de francés del Instituto de Enseñanza Media. Nacía así el binomio indisoluble entre el poeta andaluz y la ciudad castellana. Cinco años bastaron para hacer de Machado el poeta por excelencia de las tierras sorianas. De ellas marchó poco después de enterrar a su querida Leonor, el gran amor de su vida.

Machado es el primer paisajista lírico de Castilla. Soria se ilumina en la fotografía de sus versos: amplios campos, tierra yerma sin horizonte, aguas de un río que se ensancha, la imperceptible y tardía llegada de la primavera... Con un estilo claro, sencillo y comprometido, Machado abre nuestros sentidos a la belleza de los campos castellanos y nos enseña a admirar la sobriedad y dureza de estos paisajes.

¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas

por donde traza el Duero

su curva de ballesta

en torno a Soria, oscuros encinares,

ariscos pedregales, calvas sierras,

caminos blancos y álamos del río,

tardes de Soria, mística y guerrera,

hoy siento por vosotros, en el fondo

del corazón, tristeza,

tristeza que es amor! ¡Campos de Soria

donde parece que las rocas sueñan,

conmigo vais! ¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas!...

Fragmento: Campos de Soria

Antonio Machado en Soria

Tintín

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El 22 de mayo próximo se cumplirán cien años del nacimiento en Bruselas (Bélgica) de Georges Prosper Remi, el creador de un personaje de cómic que ha trascendido esta condición para convertirse en un icono universal. Fue en 1926 cuando Georges Remi pasó a ser Hergé, al invertir sus iniciales: G y R, lo hizo para firmar Les aventures de Totor C. P. des Hannetons, un cómic que se publicó en la revista Le Boy-Scout.  Remi se había interesado por el dibujo y las historietas y tenía una novia, Marie-Louise, a la que llamaban “Milou”. El año 1925, Georges Remi comienza a trabajar en el diario belga “Le Vingtième Siègle”, en el departamento de suscripciones, y un año después nacen Hergé y su carrera de dibujante de cómics. Tras cumplir el servicio militar, durante el cual continúa publicando las aventuras de Totor, Remi asume nuevas funciones en el diario Le Vingtième Siègle: hace fotos, diseña y se encarga de los suplementos artísticos, literarios y femeninos del periódico. En uno de estos suplementos dedicado a los jóvenes, Herré comenzará a publicar el 10 de enero de 1929 las aventuras de Tintín. Había nacido un mito. Un mito avalado por veintitrés títulos y 140 millones de libros, traducidos a más de 45 idiomas, vendidos en todo el mundo.

Antón Pávlovich Chéjov

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Estoy temblando por dentro, como aquella vez que contemplé una página de Les flueurs du mâle manuscrita y percibí entre las irregulares líneas y las tachaduras, el alma de Baudelaire. Ahora tengo ante mis ojos un informe médico escrito por Chéjov. Veo su pluma y esa escritura menuda, las líneas perfectamente simétricas y la ligereza del trazado me hacen evocar a un Chéjov desconocido. El maestro del relato corto, el autor de El tío Vania y La isla de Sajalín me parece tan distinto.

La curiosidad despierta me incita a indagar y leo parte de su correspondencia para conocer al hombre que estudió Medicina en la Universidad de Moscú, pero que fue, ante todo, escritor. Voy de sorpresa en sorpresa al descubrir lo mucho que tenemos en común. "Leer detalles de mi propia vida y, aún más, escribir para la imprenta sobre ese particular, constituye para mí un auténtico martirio". Para mí también es un suplicio escribir mi currículo cuando no puedo rechazar la petición de un editor.

Tras su viaje a la isla de Sajalín, a donde había ido para documentar su libro, escribió: "Lamento no ser un sentimental, de otro modo diría que deberíamos ir en peregrinación a lugares como Sajalín, como los turcos van a La Meca. [...] De los libros que he leído y estoy leyendo se desprende que hemos hecho que millones de hombres se pudran en prisión; hemos dejado que se pudran sin razón alguna, sin criterio, de un modo bárbaro; les hemos obligado a recorrer miles de verstas en medio del frío, encadenados; les hemos contagiado la sífilis, los hemos corrompido, hemos multiplicado la delincuencia, y toda la culpa se la echamos a los carceleros borrachos de nariz roja. En la actualidad toda Europa culta sabe que la culpa no es de los carceleros, sino de cada uno de nosotros; no obstante, nada de eso nos importa ni nos interesa". ¿No es lo mismo que podemos decir hoy de Guantánamo, Afganistán, Iraq...?

Que un ateo escriba: "Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y comprendo", da idea de cuánto le importaba qué escribir y cómo hacerlo. "Lo he visto todo; no obstante, ahora no se trata de lo que he visto, sino de cómo lo he visto". "Cuanto más breves sean tus relatos, más a menudo los publicarán. Pero lo esencial es esto: ten los ojos bien abiertos, vigila y suda, reescribe cinco veces el mismo relato, acórtalo, etc". "Lo único que necesito es tener el talento necesario para distinguir las opiniones importantes de las que no lo son, saber presentar a los personajes y hablar con sus propias palabras". "Las personas que escriben, y los artistas en particular, deben reconocer que en este mundo no hay modo de entender nada, como en su momento lo reconocieron Sócrates y Voltaire. La gente cree saberlo y comprenderlo todo; y cuanto más tonta es, más vasto parece su horizonte. Pero si el artista, al que la gente cree, tuviera el valor de afirmar que no comprende nada de lo que ve, demostraría un gran conocimiento y daría un gran paso en el campo del pensamiento". "El artista, por su parte, sólo debe juzgar lo que comprende; su campo es limitado, como el de cualquier otro especialista: es algo que repito y sobre lo que insisto siempre. Sólo quien no ha escrito nunca y no se ha ocupado nunca de las imágenes puede decir que en su esfera no hay problemas, sólo respuestas".

"Tengo en la cabeza un ejército de gente que quiere salir y espera una orden. Todo lo que he escrito hasta ahora me parece torpe en comparación con lo que querría escribir y escribiría con entusiasmo". "Una descripción debe ser ante todo pintoresca, a fin de que el lector, leyendo y cerrando los ojos, pueda representarse de una vez el paisaje descrito". "Lo mejor de todo es no describir el estado anímico de los personajes; hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones". "Puede llorar o gemir con un cuento, puede sufrir con su personajes, pero considero que debe hacerlo de modo que el lector no se dé cuenta. Cuanto mayor sea su objetividad, más fuerte será la impresión". "No pulir, no limar demasiado; hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es la hermana del talento".

Me he limitado a transcribir las frases de Chéjov que yo suscribo, extraídas para mi uso personal, pero pueden resultarle de utilidad a cualquiera que escriba o aspire a hacerlo. Alguien que ha firmado casi 500 cuentos tiene aval suficiente para que sus principios estéticos sean tomados en cuenta. También, una cosa me ha llevado a otra, he leído el relato que de la muerte del autor hace su esposa: la actriz Olga Knipper. La pareja se encontraba en Badenweiller, una localidad de la Selva Negra. Chéjov llevaba años enfermo de tisis y una noche pidió que llamaran a un médico: "Llegó el doctor Schwörer, pronunció un comentario afectuoso y abrazó a Antón Pávlovich, que se incorporó con insólita seguridad, se sentó y dijo con voz fuerte y clara: 'Me muero'. El médico lo calmó, cogió una jeringuilla, le puso una inyección de alcanfor y ordenó que le dieran champán. Antón Pávlovich tomó la copa llena, miró a su alrededor, me dirigió una sonrisa y dijo: 'Hacía mucho tiempo que no bebía champán'. Apuró la copa hasta el fondo y se volvió hacia la izquierda; apenas tuve tiempo de acercarme, de inclinarme sobre el lecho y de llamarle: ya no respiraba, se había quedado dormido como un niño..." Era el 2 de julio de 1904, Chéjov tenía cuarenta y cuatro años. El escritor no se hacía ilusiones respecto a su inmortalidad literaria, pensaba que, siete años después de su muerte, sería olvidado. Pero ya han transcurrido más de cien y todavía le recordamos y le admiramos. Hoy no se concibe el cuento contemporáneo sin compartir su gusto por la precisión.

 

Goethe

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Goethe es demasiado amplio para comprenderlo cabalmente, demasiado seguro de sí mismo, incluso arrogante, para quererlo. Frívolo para unos, adusto para otros. Mil caras. Mil máscaras. Las de cualquier artista. Pero Goethe suscita grandes pasiones y grandes fobias, adhesiones y desdén. No es el tipo de escritor que despierta una simpatía íntima con el lector. No es la emoción y el sentimiento lo que hace retornar a sus páginas; Goethe no proporciona libros de cabecera, quizá sí: Las desventuras del joven Werther, pero esta obra la escribió el joven J. W. Goethe, burgués perteneciente a una familia de juristas, en la que latía el ideario reformista. Su rebeldía cautivó a toda una generación. Y aquel joven Goethe murió con su héroe, del mismo pistoletazo. Luego vendría la política, las plantas, los colores, la teoría de las artes, la escenografía, Italia, Schiller, las tertulias... Su obsesión eterna por la belleza, su siempre vivo deseo de acción.

A través de sus escritos, Goethe se revela como un individuo prodigioso, alguien que en su evolución personal refleja los más profundos cambios experimentados por el espíritu europeo en los noventa y dos años que le tocó vivir (1749-1832). Sentimentalismo, cinismo, fatalismo, confiada entrega al destino, apasionamiento, rigidez, mesura... Todas estas facetas se desarrollan mientras Europa pasa de la Revolución a la guerra y de ésta a la Restauración, y un lugar que quería llamarse Alemania siente todas estas conmociones sin abandonar su papel de espectador. Una sólida formación durante su infancia y unas circunstancias personales favorables dieron como fruto a un individuo que vivió mil vidas sin dejar de vivir la suya, algo que siempre genera la envidia de quienes están obligados a inventarse una existencia diferente de la propia.

Merece la pena leer a Goethe, sólo por la dicha de contagiarse de su plenitud.

 

Anotaciones en el diario de J. W. Goethe sobre una obra de Rembrandt (1831)

 

En el grabado "El buen samaritano", se ve en la parte de delante un caballo casi de perfil; un paje lo mantiene junto a la valla. Detrás del caballo, un criado coge en hombros al herido para llevarlo a la casa a la que conduce una escalera comunicada con un balcón. Detrás del umbral se ve al buen samaritano elegantemente vestido, que ya le ha dado algún dinero al posadero y le ha encomendado encarecidamente el cuidado del pobre herido. En el extremo izquierdo, se ve a un joven, con su sombrero adornado por una pluma, que mira asomado a una ventana. A la derecha, sobre un pavimento regular, se ve una fuente de la que una mujer recoge agua.

Esta lámina es una de las más bellas de la obra de Rembrandt; me parece que ha sido grabada con el más extremo cuidado y, a pesar de todo este cuidado, el punzón ha sido usado con desenvoltura.

El viejo bajo el dintel de la puerta ha traído hacia sí la atención del excelente Longhi cuando dice: "No puedo dejar de mencionar la lámina del samaritano, donde Rembrandt ha pintado al buen viejo bajo el dintel de su puerta en una postura que es propia del que tiembla habitualmente, de tal manera que por asociación de los recuerdos parece temblar. Esto no pudo lograrlo, por medio de su arte, ningún otro pintor ni antes, ni después de él".

Continuemos el comentario sobre esta importante lámina.

Es llamativo que el herido, en lugar de ampararse en el criado que intenta llevárselo de allí, se vuelve penosamente, con las manos arrugadas y la cabeza erguida y parece pedir misericordia al joven del sombrero con la pluma que mira por la ventana más bien con actitud fría y poco interesada que preocupado. Con esta torsión, aquél es doblemente oneroso para el que lo apoya en sus hombros, se ve en la cara de éste que la carga le resulta muy pesada. Por nuestra parte estamos convencidos de que él ha reconocido, asomado a la ventana, al jefe de la partida de bandidos que hace poco le ha robado, y que en ese momento se apodera de él el temor de que está siendo conducido a una guarida de bandidos y que el samaritano está también compinchado para perjudicarle. En fin, se encuentra en un estado desesperado de debilidad e indefensión.

Si contemplamos ahora los rostros de las personas aquí representadas, no se ve la fisonomía del samaritano y sólo un poco del perfil del paje que sostiene el caballo. El criado, agobiado por la carga corporal, muestra una cara de fastidio y esfuerzo y una boca cerrada, el viejo herido muestra la expresión más perfecta de indefensión. Totalmente magnífica, bonancible y digna de confianza es la fisonomía del viejo, en contraste con nuestro jefe de bandidos de la esquina, que expresa unas intenciones ocultas pero decididas.

 

Meterme rayas

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Aprendí a leer a los cuatro años, es de las cosas que le agradezco a mi madre, que me enseñase a descifrar esos signos negros al pie de la imagen de un cuento troquelado.

Fui precoz, supongo. A los siete años leía a Palacio Valdés, a los ocho topé con Shakespeare, a los diez con Maquiavelo. Recuerdo la cara del bibliotecario cuando le pedí "El Príncipe". No es un cuento de hadas, me dijo estupefacto. Ya lo sé, le respondí contrariada. ¿Cómo podía dudar de mí? Sabía lo que quería. Leí y leí. Todo cuanto caía ante mis ojos era devorado con fruición. Por malo que fuera el libro, siempre le encontraba algo bueno, siquiera una raya. Y me metí rayas a mansalva, tres, cuatro libros a la semana, leídos simultáneamente, pues mi cerebro hiperactivo es incapaz de concentrarse en un solo argumento y necesita de constante estímulo. A los catorce años descifraba a Descartes, a Ortega. "El discurso" fue un reto, me costó pillarle el qué, seguirle el hilo, pero lo conseguí. Conseguí entender a un hombre que, a fuerza de dudar de todo, se inventa una mentira en la que creer, una pobre victoria resumida en el cogito.

Con el tiempo me hice crítica, bastaban un par de rayas para saber si habría algo de mi interés en las siguientes. Me gustasen o no, me las metía todas. Hasta el diminuto punto final. No llevo la cuenta exacta, pero son ya más de cuatro mil los libros, con todas sus rayas, que me he metido. Y sigo. Sigo leyendo. Sigo buscando. Nada me sacia. Soy adicta a la tinta, a las palabras. Mi mente simbólica se deleita con el sufrimiento del poeta. Mi mente racional halla el gozo en un razonamiento lógico. Mi mente dispersa habita mundos remotos y diversos. Todo se mezcla en mi cabeza perfectamente organizada.

Hay libros vivos, escritos con sangre y lágrimas, para ellos he construido un altar y me rescatan de la realidad siempre que lo necesito. Sus rayas me las inyecto en vena, se mezclan con mis leucocitos y me estimulan las neuronas del alma. Su aliento me conmueve y su sabiduría me hace comprender que me hallo en la vagina del mundo, a punto de ver la luz que irradia el universo.

Gilda

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La ves y es imposible olvidarla. Ella se mueve como jamás nadie se ha movido sobre un escenario. Su voz sensual y sugerente es lo de menos: derrite al público con su mirada, su roja melena seduce, su sonrisa hechiza y sus caderas enardecen al más pintado. Actúa en un casino de Buenos Aires. Entre su repertorio: "Amado mío", para calentar motores, y "Put the blame on mame" para quedarse por siempre en nuestra retina. Canta sólo para él, Johnny Farell, es el afortunado destinatario del veneno de su amor, pero la disfrutamos todos.

Avanza por el escenario con ese contoneo de caderas sinuoso que abre la falda de su vestido para mostrarnos la pierna de una bailarina consumada. Sus intensos labios rojos ansían un beso y ella sabe cómo lograrlo, le basta con quitarse un guante para quemar en las llamas de su erotismo al público que la contempla arrebatado. Su espléndida belleza hace el resto, ella es la "Diosa del amor", capaz de embelesar con una simple insinuación más que ningún otro mito erótico.

"Hago lo que quiero, cuando quiero y con quien quiero" y "si fuera un rancho, me llamaría Tierra de Nadie". Una provocación que escandalizaba en 1946 y que hoy es una declaración de principios para cualquier mujer. Nunca conseguía cerrar las cremalleras, pero Rita (Gilda) Hayworth ha logrado pasar a la historia del cine vestida de negro satén y lanzándonos una mirada excitante que obliga a creer en los sueños.

La modernidad

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La modernidad supone una quiebra total con lo existente. Constituye la negación de la tradición y el intento de reformar todos los valores. A partir de las últimas décadas del siglo XIX y hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial, la cultura occidental se ve sacudida por profundos cambios tecnológicos y culturales, de manera que se abre un abismo entre lo que pertenece al pasado y lo que es moderno.

En muy poco tiempo es posible hablar por teléfono con otra persona que se encuentra a gran distancia y se pueden telegrafiar noticias muy rápidamente a cientos de kilómetros. La bicicleta y el automóvil permiten recorrer distancias en una pequeña fracción del tiempo que antes se necesitaba para hacerlo a pie o a caballo. Por fin, se ha logrado conquistar el aire y se atraviesa el océano Atlántico en el inmenso aeróstato "Zeppelin" o en aviones tambaleantes. El descubrimiento de los rayos X permite observar el interior de las personas sin tener que causarles ni un leve rasguño. Uno va al cine y ve, en paralelo a su propia vida, otra realidad de imágenes que se suceden. Uno sube al ascensor de un rascacielos estadounidense y asciende cientos de metros en vertical. Las nuevas tecnologías reducen las distancias y hacen que la vida sea más rápida. Mientras en el día a día se constata empíricamente que el espacio y el tiempo ya no significan lo mismo que una vez significaron, la teoría de la relatividad de Einstein ratifica que ambas dimensiones no son constantes fijas, sino que dependen de la posición del observador.

Al mismo tiempo se transforman las relaciones entre las personas: hombres y mujeres, padres e hijos y extraños y conocidos. Las mujeres abandonan la familia y se lanzan a la calle para manifestarse por la reivindicación de sus derechos. Sus hijas ejercen una profesión. En las avenidas de las grandes ciudades europeas ha dejado de ser posible reconocer a qué clase social pertenece un hombre por la mera observación de su indumentaria. La imagen de la calle resulta desconcertante por la enorme cantidad de trajes negros, de confección industrial, que esconden la identidad de sus portadores. En los medios de transporte modernos como el tranvía o el autobús, personas totalmente desconocidas se apretujan en un sitio muy reducido. Los usuarios de los medios de transporte públicos aprenden a compartir un espacio y a mirar a impenetrables extraños sin hablar. Los transeúntes de las metrópolis viven la experiencia de la modernidad por excelencia: la soledad y el aislamiento entre la masa. Experimentan el anonimato.

Pero, por otro lado, es posible, al menos en los círculos de los artistas e intelectuales más abiertos, hablar libremente con extraños acerca de temas íntimos, los mismos que sólo veinte años antes hubiera resultado imposible expresar.

La modernidad es la conciencia de vivir un tiempo de desorientación, fragmentación y caos. Ya no hay puntos fijos en los que apoyarse. El mundo parece haberse atomizado en infinitos momentos fugaces. Dado que en el exterior no hay ningún sostén, el individuo desacoplado de su entorno se repliega en sí mismo. El marginado solitario y desarraigado que vaga por la ciudad sin una meta concreta se convertirá en la figura central de la literatura moderna. La experiencia de la vida moderna enseña al hombre que debe construirse su propia seguridad. En esta situación, no queda lejos el abismo que se abre hacia el vacío de sentido. Uno puede desesperarse o simplemente afirmar que nada tiene sentido. Su expresión más extrema es la sistematización del sinsentido en las acciones de los dadaístas como Kurt Schwitters o Tristan Tzara, que escandalizaban a su confundido público con poesías sonoras ininteligibles. La misma profunda desconfianza hacia la existencia de sentido originó el arte del francés Marcel Duchamp cuando proclamaba que ciertos objetos de uso cotidiano, como un portabotellas, constituían obras de arte.

En la modernidad desaparecen todas las leyes de sujeción universal. Se desvanece la posibilidad de adoptar una posición con validez general. Ya no hay una realidad, sino diversas perspectivas. Sólo existen muchas percepciones de imposible coordinación que proceden de innumerables individuos aislados. La realidad es una cuestión de puntos de vista y, para poder percibirla adecuadamente, es necesario ser capaz de modificar el enfoque y los contextos. Por esa razón, los pintores destrozan la perspectiva central con el cubismo, y los artistas descubren el collage, creando nuevas uniones con objetos muy diferentes: papel de periódico, madera y color. Por el mismo motivo, la narración de las novelas se deshace en un permanente cambio de perspectiva, de acuerdo con los flujos de la conciencia de los personajes.

La modernidad supone el descubrimiento de la complejidad del mundo. En algún momento entre 1900 y 1915, en la conciencia del mundo occidental cala la idea de que el mundo ya no tiene un orden que se pueda comprender en su totalidad. Virginia Woolf fijó una fecha más concreta, anunció que en 1910 había cambiado el carácter humano, con esta fecha aludía a la exposición de los postimpresionistas en Londres, en la que colgaban, entre otros, cuadros de Van Gogh y Cézanne. Estas imágenes, totalmente insólitas para el público que asistió a la exposición, eran la prueba de que con la experiencia de lo moderno cambiaba la percepción.

 

*Cuadro: The lake at Annecy de Cézanne

Mein Kampf

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En su calidad de autobiografía política, Mein Kampf ofrece una visión imprescindible de los orígenes de Hitler y de las influencias que, en el transcurso de su formación, modelaron su concepción del mundo. Adolf Hitler nació en la pequeña localidad de Braunanu del Inn, situada en la frontera de Austria con Babiera, el 20 de abril de 1889. En sus años de adolescente, transcurridos en parte en la ciudad de Linz, recibió la influencia de la ideología pangermanista del político extremista Georg von Schönerer, el nacionalista alemán más destacado de Austria, que era partidario de la unión de los estados en un gran Reich. Schönerer odiaba con toda su alma a los checos y a otras nacionalidades vecinas, a la Iglesia católica romana y, de modo muy especial, a los judíos. Como reconoce con franqueza el propio Hitler en Mein Kampf, recibió una poderosa influencia del antisemitismo racista de Schönerer que le llevó a asumir los postulados radicales del político sobre de un antisemitismo étnico intransigente, basado en la sangre y en la raza, aprendió a identificarse con el culto germánico al führer (líder) y adoptó el saludo alemán de Schönerer: ¡Heil!

Otro importante modelo a imitar para el joven Hitler fue el alcalde de Viena, Kart Lueger, un popular líder del Partido Socialcristiano que había accedido al poder gracias al uso hábil y demagógico que hizo del antisemitismo. En su propaganda, Lueger fusionaba el prejuicio católico contra los "asesinos de Cristo" con los resentimientos anticapitalistas más modernos de una clase media baja en declive y enfrentada a la crisis económica.

La otra gran influencia sobre la visión de Hitler acerca de los judíos la constituyó el compositor nacionalista alemán Richard Wagner, cuyas óperas conocía de memoria. La intensidad de la identificación emocional de Hitler con Wagner, cuyas diatribas contra el papel corruptor de los judíos en la música y el arte conocía sin duda alguna, le confirió una gran importancia especial a ese nexo: los pasajes de Mein Kampf que aseguran que "el judío" jamás ha producido ninguna clase de arte creativo por sus propios medios y describen su actividad cultural "parasitaria" en un lenguaje que bien podría estar plagiado de textos del compositor. Para Wagner, los judíos representaban la "conciencia maligna de nuestra civilización moderna".

Hay otro aspecto que no puede pasarse por alto y es la realidad que Hitler contemplaba en las calles de Viena. Según relata en su obra, aquella "aparición en caftán negro y con bucles de pelo negro" le hizo reflexionar acerca de la condición de extranjero del judío: "Comenzaba a ver judíos, y cuantos más veía, más distintos aparecían a mis ojos del resto de la humanidad".

Mein Kampf es un texto impregnado de obsesiones sobre la "pureza racial" y también del principio, característico del darwinismo social, de la lucha implacable de toda nación por su propia conservación. En una profecía apocalíptica, del estilo de las que invocaría con frecuencia a partir de 1939 siempre que se refería a "la solución final" de la "cuestión judía", Hitler escribió: "Si, con la ayuda del credo marxista, el judío logra la victoria sobre los demás pueblos del mundo, su corona será la corona fúnebre de la humanidad... Por eso hoy creo que estoy actuando de acuerdo con el deseo del Creador todopoderoso: al defenderme del judío, estoy realizando la obra del Señor". Para Hitler, la "guerra contra los judíos" era un asunto existencial de vida o muerte, una cuestión de "todo o nada" en la cual se hallaba en juego el futuro de la civilización. Había también otros temas afines que, de modo retrospectivo, parecen prefigurar el Holocausto, por ejemplo, la afirmación en Mein Kampf de que, durante la Primera Guerra Mundial, debería haberse gaseado entre 12.000 y 15.000 judíos ("hebros corruptores") con lo cual "el sacrificio de millones de hombres en el frente no habría sido en vano".

 

* El libro, Mein Kampf (Mi lucha), fue escrito por Hitler durante su estancia de nueve meses en la cárcel de Landsberg, en 1924. Esta obra se convirtió en la Biblia del movimiento nazi y en un texto fundamental del antisemitismo.

 

La literatura te elige

La literatura te elige.

Las historias te llaman,

te susurran o te gritan que quieren ser contadas,

se cuelan en tu cerebro y se te enganchan al alma.

"Tienes que hablar por mí", te exige el personaje.

Sólo puedes ceder a sus conminaciones,

es la única manera de liberarse de ese secuestro,

y pagas el rescate escribiendo.

Cada historia tiene un latido propio,

requiere un lenguaje distintivo,

un ritmo adecuado.

Lo difícil es sumergirse en esa vida ajena sin que se haga propia,

mirar sin prejuicios y sin dejar de ser uno mismo.

Este equilibro no se llama objetividad, la objetividad es un estupidez, un imposible.

Hay que vivir la otra vida intentando no perder la tuya,

si te conviertes en el personaje, nadie desde fuera logrará comprender,

si no lo haces, será imposible contar su historia.

Sí, es un oficio de locos este de escribir.

Por eso la literatura es un arte, el arte de mantenerse cuerdo, el de sobrevivir a las putadas que conlleva la profesión, el de saber vomitar la tinta que te ha envenenado las entrañas, el de mantener la nariz fuera del miasma para seguir respirando.

Luego toca pedir perdón al lector por los pecados cometidos, por la inexactitud de las palabras, por las limitaciones de nuestra condición humana. Ésta es la prueba de fuego, la que distingue al escritor del que escribe.

 

Tras el bombardeo alemán

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Holland House Library, London 1940

"Allí donde queman libros, acaban quemando hombres", Heinrich Heine.

Voces globalizadas

En el mercado literario global hay de todo y para todos los gustos: literatura reivindicativa, gay, judía o rusa.

En el mercado literario global todo vale y todo tiene su público. Pudiera parecer que la expresión individual que debería suponérsele a cualquier texto literario artístico está en auge y que la literatura se ha enriquecido por las múltiples aportaciones individuales, que las técnicas literarias son más fértiles y variadas y las percepciones ofrecidas son únicas, sin embargo, ha ocurrido lo contrario. Las voces individuales son cada vez más raras. Cada voz, cada texto, se inserta en el nicho del mercado correspondiente al momento, se adapta a la palabra moda, a los códigos del mercado. Para ser escuchado, el escritor modula su voz, consciente o inconscientemente, según las exigencias del mercado o de sus posibles lectores. Aunque jamás se le pase por la cabeza, aunque lo niegue, esta traducción al lenguaje del mercado se produce al margen de su control: en el propio mercado, en la recepción de los textos, en la lectura, etc. Así el derecho a la autenticidad del “otro” rebota en el escritor y en su texto como un bumerán. 

En su intento por escapar de una trampa, el escritor se ha metido en otra. Hoy está más vestido que nunca de etiquetas de identidad, las cuales determinan su lugar en el mercado y la comprensión que pueda haber entre él y sus lectores. Admitamos que las identidades facilitan la comunicación en el mercado, pero también rebajan terriblemente el significado del texto, lo empobrecen, cuando no lo distorsionan. El texto literario se lee cada vez más en clave: masculina o femenina, racial, nacional, cultural, sexual o política. Su valor es disminuido por un mercado que vende libros como cualquier otro producto, únicamente sobre las bases de unas categorías.  

El escritor contemporáneo con aspiraciones de alta literatura queda confundido ante la ausencia de un sistema de valores, y al lector se le hace cada vez más difícil orientarse ante esta misma ausencia. El escritor “serio” vive una especie de vida clandestina, oculta sus elevados intereses y sus gustos literarios por temor a ser acusado de elitismo. Porque ocurre que los promotores de la cultura de masas, numéricamente superiores, los ciberapasionados, los optimistas de la cultura y los antielitistas se abalanzan sobre cualquier “muermo literario” de esos que tienen en su escritorio un retrato de Wilde.

El secreto del éxito

¿Cuál es la clave del éxito literario? ¿Qué hace que millones de personas en el mundo elijan, entre una abundantísima oferta, El nombre de la rosa, Harry Potter o El código da Vinci? Ésta es la pregunta que nos hacemos todos los escritores que nunca hemos figurado en las listas de los más vendidos, también aquellos que sí han estado en ellas y no saben cómo han llegado allí, los editores, los críticos y los libreros. Los libros que se convierten en un éxito de ventas los compra todo el mundo: los que se guían por el criterio de la mayoría y los que no, los curiosos que desean averiguar por qué los compra todo el mundo y los analistas de tendencias que buscan enterarse de qué es lo que compra todo el mundo.

Muchos opinan que escribir un éxito de ventas es como ganar a la lotería, y no les falta razón; pero que nadie se engañe, no es cuestión de suerte, además de suerte hay que tener mucho dinero para invertir, porque cuanto más inviertes, más probabilidades hay de ganar.

Más de treinta millones de ejemplares vendidos del libro de Dan Brown, significa algo. Cuando millones de lectores eligen la misma obra es porque el anhelo colectivo del libro se ha convertido en un ritual que nada tiene que ver con la cultura, es más bien un sucedáneo espiritual que incluye la manipulación.

Neuras de escritor

Cuando a un escritor le preguntan a qué se dedica, cuál es su profesión, la mayoría nos lo pensamos dos veces antes de responder: escritor. Bombero es una profesión, fontanero es una profesión, pero escritor, ¿quién diablos sabe qué es?

Cuando un escritor analiza su ego, se viene abajo, porque un escritor de verdad nunca está seguro de serlo y vive siempre consumido por la duda, pensando si su obra es de calidad, si lo que hace tiene alguna utilidad, si es un privilegiado por consagrarse a su pasión, si es serio dedicarse a la literatura…

Que la autoestima de un escritor anda por los suelos lo demuestra un hecho irrefutable, mientras el obrero de cualquier país se queja de sufrir unas condiciones laborales precarias y de cobrar un sueldo miserable, el escritor se olvida de sus emolumentos e incluso acepta que le publiquen sin cobrar un céntimo. El escritor vive de lo que escribe, pero no de lo que gana, y estas circunstancias provocan que la mayoría de escritores tengamos dos trabajos, como por un milagro de prestidigitación, los escritores podemos ser simultáneamente albañiles, periodistas, ingenieros, vendedores de ruedas o camareros. Trabajos que pagan facturas y permiten la supervivencia.

El escritor es un trabajador infatigable, excepcional; una vez terminada su jornada laboral, emprende otra: escribir. Escribe cansado, con sueño, enfermo. Escribe páginas respetables siempre, porque ¿quién tiene el poder omnímodo para dictaminar qué es bueno y qué es malo? El escritor es un héroe, un ser humano que desnuda su alma y se la muestra al mundo, un loco tozudo que no se cansa de estrellarse contra las puertas del “no” de editores, críticos y estudiosos, un soñador que dice con arrojo lo que otros no saben o no se atreven a decir, un valiente que asume las consecuencias de sus palabras.

Escribir es rozar la magia, pero es también enfrentarse a los fantasmas, emprender una trayectoria nada fácil que tiene un alto precio emotivo y que satisface. Satisface tanto como para convertirte en un adicto esclavo de las palabras y disfrutar con ello.

Sin novedad en el frente

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Documentar una novela supone realizar un exhaustivo trabajo de búsqueda de datos. El autor se nutre de la información recopilada para dar verosimilitud a su obra, pero también se enriquece como persona mientras recorre ese arduo camino en solitario por las quimeras del pensamiento, bordeando la realidad.Para la documentación de mi obra llevo meses indagando en libros de historia y en documentos sobre la Segunda Guerra Mundial, y si hay un relato que me ha marcado con una huella indeleble, éste ha sido: “Sin novedad en el frente”, del escritor Erich Maria Remarque. Sirvió en el ejército alemán durante la I Gran Guerra y plasmó todos los recuerdos de su experiencia en esta descarnada obra, en ella que se describe con implacable claridad y cálida compasión el sufrimiento, el valor y la camaradería de los soldados rasos, y un terrible enigma: ¿por qué? ¿Por qué la guerra?

“Estoy muy a menudo de centinela con los rusos. En la oscuridad pueden verse sus figuras alargadas moviéndose como cigüeñas enfermas, como enormes pájaros. Se acercan al alambre y aprietan el rostro, oprimen con sus dedos la malla. A veces se colocan uno al lado de otro, en largas hileras. Respirando la brisa que les llega de los bosques y del brezal.

No suelen hablar y si lo hacen dicen pocas cosas. Son más humanos y casi diría, más fraternales entre ellos que nosotros. Pero esto quizá provenga tan sólo de que se sienten desgraciados. Aunque no es preciso reconocer que esperar tan sólo a disentería no es una vida agradable.

Los viejos reservistas que los vigilan cuentan que antes estaban mucho más animados. Tenían, como suele ocurrir siempre, relaciones sexuales entre ellos y, a menudo, se enzarzaban en peleas a puñetazos o a cuchilladas. Ahora ya están embotados e indiferentes. La mayoría ni siquiera se masturba de tan débiles como se encuentran; antes la cosa llegaba a alcanzar tales proporciones que lo hacían, a un tiempo todos los hombres de un barracón.

Permanecen de pie, contra la alambrada. De vez en cuando, uno de ellos oscila y desaparece; inmediatamente, otro ocupa su lugar en la hilera. La mayoría no habla. Algunos tan sólo os piden la colilla.

Contemplo sus oscuras siluetas. De sus barbas ondean con la brisa. No sé de ellos nada excepto que son prisioneros y, precisamente, esto es lo que me conmueve. Su vida es anónima e inocente... Si supiera algo más de ellos, cómo se llaman, cómo viven, cuáles son sus anhelos, que es lo que les mueve, mi emoción tendría un objeto y podría convertirse en compasión. Ahora, sin embargo, detrás de ellos no veo sino el dolor de la criatura, la terrible melancolía de la existencia y la falta de misericordia en los hombres.

Una orden ha convertido a estas sombras tranquilas en enemigos nuestros; otra orden podría convertirles en nuestros amigos. En una mesa cualquiera, unos caballeros que nadie de nosotros conoce firman un escrito y he aquí que, desde aquel momento, por largo tiempo, nuestra suprema obligación consiste en hacer aquello que, en tiempo normal, es abominado por todo el mundo y castigado con la última pena. ¡Quién sería capaz de hacer, todavía, distinciones viendo a estos hombres tranquilos, con sus caras de niño y sus barbas de apóstol! Cada cabo es para los reclutas y cada profesor para los alumnos un enemigo peor que estos hombres para nosotros. Y, no obstante, volveríamos a disparar contra ellos y ellos contra nosotros, si estuvieran libres.

Me aterro; no debo adentrarme en estos pensamientos. Esta senda conduce al abismo. Todavía no ha llegado la hora. Pero no quiero perder esta idea, quiero conservarla, quiero esconderla cuidadosamente hasta que la guerra termine. Mi corazón late con fuerza; será este mi propósito, aquella finalidad definitiva, la única en la que pensaba en la trinchera, aquella que yo buscaba como mi razón para vivir después de esta gran catástrofe de toda la humanidad? ¿Será ésta la labor que justifique mi vida futura, la misión digna de estos años de horror?”

Goebbels, ministro de Instrucción Pública y de Propaganda del III Reich, leyó esta novela, publicada en 1929 con el título Im Westem nichts Neues y opinó sobre ella: “Un libro común y subversivo. Los recuerdos de guerra de un tipo solitario. Nada más. A los dos años de su publicación, nadie habla ya de ese libro. Pero ha ejercido un fuerte influjo en millones de corazones. Es un libro lleno de afectación. Por eso es tan peligroso”.

Al año siguiente de su aparición, la novela Sin novedad en el frente fue llevada al cine en Estados Unidos. La UFA (Universum Aktiengesellschaft) se encargó de la versión alemana. Goebbels mandó sabotear la proyección de la película y finalmente consiguió su retirada.

Erich Maria Remarque (su nombre auténtico era Erich Paul Remark, 1898-1970) se retiró en abril de 1932 a Porto Ronco (Suiza), en el lago Maggiore, y en 1938 fue privado de la nacionalidad alemana. Tras la toma de poder de Hitler, sus libros fueron quemados en público por la Asociación Estudiantil Nacionalsocialista.

Galimatazo

!Cuídate del Galimatazo, hijo mío!
!Guárdate de los dientes que trituran
y de las zarpas que desgarran!
!Cuídate del pájaro Jubo-Jubo y
que no te agarre el frumioso Zamarrajo!

Valiente empuñó el gladio vorpal;
a la hueste manzona acometió sin descanso;
luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo
y quedóse sesudo contemplando…
Y así, mientras cavilaba firsuto.
¡Hete al Galimatazo, fuego en los ojos,
que surge hedoroso del bosque turgal
y se acerca raudo y borguejeando!

!Zis, zas y zas! Una y otra vez
zarandeó tijereteando el gladio vorpal!
Bien muerto dejo el monstruo, y con su testa
!volvióse triunfante galompando!

¿Y haslo muerto? ¿Al Galimatazo?
!Ven a mis brazos, mancebo sonrisor!
!Qué fragarante día! !Jujurujúu! !Jay, jay!
Carcajeó, anegado de alegría.
Pero brumeaba ya negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas necrofaba.

¿Quién es al autor de este poema carente de sentido? Es difícil de decir. Había un poema parecido en inglés, cuya primera estrofa:

Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiblaba.

completó Lewis Carroll e hizo que la pequeña Alicia encontrase su imagen invertida en el país situado al otro lado del espejo.

Cualquiera que domine la lengua española, reconocerá de inmediato que la anterior estrofa está escrita en español, aunque sólo logre hacerse una idea confusa de la situación descrita por el poema. Asimismo, reconocerá que se trata de oraciones castellanas completas cuya estructura gramatical las hace irreductibles a un simple amontonamiento de palabras, como nos indica la forma en que están conectadas entre sí. La palabra terminada en –ando (bromeando), exige un tipo determinado de palabra: un sustantivo o un adjetivo como sangriento, espumante, vivo o negro. El adjetivo “agiliscosos” determina la secuencia siguiente, compuesta por un verbo en pretérito en tercera persona del plural: “giroscaban” y un sustantivo: los ligazones. Tengo, pues, suficientes pistas para completar todos los tipos de palabras y su conexión y terminaciones nos indican que el poema está escrito en español.
La traducción al castellano de “Galimatazo” es de Jaime de Ojeda.

Recensiones

Conviene estar informado sobre las nuevas publicaciones que surgen en el panorama literario. Sin embargo, no se ha de tener una fe ciega en los suplementos de periódico, en las revistas o en determinadas críticas.

 

Toda crítica presupone que el crítico conoce mejor que el propio autor el tema del libro del que se ocupa; de no ser así, ¿cómo podría criticarlo? Pero, en realidad, esto no siempre ocurre o, mejor dicho, no ocurre casi nunca. Naturalmente, el autor de la recensión oculta al lector su desconocimiento del tema, pues de los contrario su autoridad resultaría seriamente dañada; y para no despertar ninguna sospecha, a través de su feroz crítica introduce una distancia entre la ineptitud del autor y su propia superioridad, tarea en la que la magnitud de su empeño suele estar en proporción inversa con la de su ignorancia. Por eso, es conveniente saber que muchos críticos son enanos subidos a hombros de gigantes, y cuanto mayor es su pequeñez, tanto más intentan confundir al lector en vez de proporcionarle una información. En este caso, no se ocupan del contenido del libro, sino que dan por supuesto su conocimiento. Establecen comparaciones con obras desconocidas, abundan en complejísimas alusiones destinadas a supuestos iniciados en la materia, en dogmáticas etiquetas y en referencias cuyo propósito es desmoralizar al lector y tacharlo de ignorante. La finalidad de toda esta parafernalia no es procurar al lector una descripción objetiva de la obra reseñada, sino ocultar la ignorancia del autor de la reseña.

Dibújame un cordero

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El único habitante humano del asteroide B-612 ha cumplido 60 años, y en Francia celebran este aniversario del hijo más famoso de Antoine de Saint-Exupéry.

Los viajes de “El Principito” se han traducido a más de 150 lenguas, en todos los sistemas alfabéticos del mundo: cirílico, árabe romano, japonés, tagal, malayo…, y ochenta millones de personas tienen el libro que narra sus peripecias.

Pese a los años transcurridos, el Principito no ha perdido su costumbre de hacer preguntas y de buscar respuestas, aún conserva su bufanda, su contagiosa alegría, su sonrisa, su cabello rizado de color oro y su melancolía ante una puesta de sol. Vino a la Tierra a buscar amigos y encontró a un zorro que le pidió: “¡Por favor, domestícame!”. “Bien quisiera –le respondió él-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas”. “Sólo se conocen las cosas que se domestican –le explicó el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos”.

En el asteroide B-612 no hay gran cosa: tres volcanes pequeños, una silla en la que sentarse a contemplar la puesta de sol, unas cuantas malas hierbas que hay que arrancar para que ninguna se convierta en baobab y una hermosísima y coqueta rosa que perfuma el planeta. Una rosa símbolo de los ideales que el totalitarismo mantiene amordazados. Una rosa efímera con tan solo cuatro espinas para defenderse contra el mundo. Una rosa que el Principito creía única, pero que no es más que una rosa ordinaria.

El Principito continúa valorando la vida, el amor y la amistad, no juzga a los demás, aunque ha conocido a seres bien dispares en sus viajes. Aún pervive en él el afán de servir a los otros. Si un día, mientras vagamos por un paisaje desértico, encontramos una estrella y bajo ella hay un niño que nos pide: “Por favor, dibújame un cordero”, sabremos que es él. Entonces tendremos que cumplir un deber inexcusable: escribir a Saint-Exupéry para decirle que el Principito ha vuelto.

La soledad del escritor

“Para poder escribir tengo necesidad de aislamiento, pero no como un ermitaño, cosa que no sería suficiente, sino como un muerto. El escribir en este sentido es un sueño más profundo, o sea, la muerte, y así como a un muerto no se le podrá sacar de la tumba, a mi tampoco se me podrá arrancar de mi mesa por la noche. Esto no tiene que ver directamente con la relación con los hombres, pero es que sólo soy capaz de escribir de esta forma sistemática, coherente y severa, y por lo tanto, sólo puedo vivir así”. Así describe Kafka en una carta a Felice su necesidad de estar solo para poder escribir. Imaginaba un taller en el sótano de un edificio, donde dos veces al día alguien pusiera algo de comer en la puerta. Decía: “Para escribir nunca se está suficientemente solo”.

“Solamente aislándote por completo se puede trabajar. La ociosidad te proporciona la disposición para escribir y la soledad, las condiciones. La concentración en ti mismo te devuelve al nuevo y maravilloso mundo que surge en el color y la cadencia de las palabras en movimiento”, decía Oscar Wilde.

Paul Auster escribió en La invención de la soledad una de las más lúcidas reflexiones sobre la capacidad y la necesidad que tiene el escritor de estar solo: “Creo que lo asombroso es que cuando uno está más solo, cuando penetra más verdaderamente en un estado de soledad, es cuando deja de estar solo, cuando comienza a sentir su vínculo con los demás”.

Y García Márquez lo corrobora: "Creo, en realidad, que en el trabajo literario uno siempre está solo. Como un naufrago en medio del mar. Si, es el oficio más solitario del mundo. Nadie puede ayudarle a uno a escribir lo que está escribiendo”.

Muchos son los escritores que reivindican un espacio y un tiempo propios en el que la única compañía sean sus fantasmas. Y es que para escribir se necesita estar en otro mundo, lejos de la gente y del ruido, porque es preciso un silencio absoluto en el que sólo se escuche la voz de uno mismo.

Beckett

Se ha hecho lo imposible para que elija. Para que tome partido, para que acepte a priori, para que rechace a priori, para que deje de mirar, para que deje de existir, delante de una cosa que simplemente habría podido amar, o encontrar fea, sin saber por qué.


Cuando se trata de Samuel Beckett, las palabras están de más. Acaba de cumplir cien años, que él mismo consideraría superfluos en su mayoría, y el centenario le pilla en la cresta de la ola. “O en sus alrededores” que diría Krapp. En vida fue el más social de los seres asociales, con la posible excepción de Cioran, otro expatriado en París. Se erigieron en altares humanos de la devoción de millones de romeros desesperados.

“Sólo hay dos momentos que valgan la pena en la escritura, el primero es cuando comienzas y el segundo cuando lo lanzas a la papelera”. El autor de esta frase es probablemente el más comentado del siglo XX, sobre todo comparado con su producción. En sus obras el sol sale porque no tiene alternativa y ni tan siquiera se atreve a contar los escalones de un tramo de escalera porque ignora si el rellano ha de contabilizarse como uno más. Los escritos de Beckett enmarcan a un hombre de pasividad desapasionada, pero su biografía traiciona el cliché. Fue un consumado deportista, se apuntó a la resistencia para combatir la política nazi contra los judíos y se enfrentó al apartheid sudafricano prohibiendo que sus obras se representaran en teatros segregados. De hecho, montó en Johannesburgo un “Godot” con un reparto íntegramente de color.

Un habitante del siglo XXI puede apreciar la obra de Beckett con el adiestramiento adecuado, pero su personalidad le resultará ininteligible. No estamos acostumbrados a un desprendimiento tan absoluto que ni tan solo se encuadra en el virtuoso, algo que comportaría un reconocimiento. Quienes no dispongan de tiempo para abordar los textos escuetos del irlandés, pueden detenerse un instante en las figuras de su compatriota Francis Bacon. El pintor renegaba de esta comparación, un menosprecio que puede apuntar a una confirmación. Wittgenstein supone otra referencia inevitable a la hora de exprimir la equivalencia entre los problemas filosóficos y lingüísticos.

Estremecedor no es un adjetivo que se cuelgue fácilmente al cuello de Beckett, pero resulta fácil verse embargado por esta emoción al leer el texto desnudo de “Esperando a Godot” sin necesidad de una interpretación teatral. En cuanto a la escenografía, sólo hace falta imaginar un árbol esquelético y una piedra al lado. Al constatar que la obra fundamental del siglo XX refleja la admiración de su autor por Buster Keaton, se advierte el extraño flujo que parte de la cultura popular hacia las formas de expresión más deliberadas y depuradas. Si admitimos esta matriz de celuloide, resulta al menos curiosa la negativa del escritor a trasladar su obra maestra a la pantalla. Peter O’Toole suspiraba por uno de los papeles protagonistas. Con el tiempo, las estrellas de Hollywood desfilarían por el escenario en montajes relevantes. Pensemos en Dustin Hoffman, Murray Abraham o Robin Williams. Sí, Robin Williams.

La ironía del circuito que enlaza a Keaton con Williams, a través de Beckett, no le pasaría desapercibida al autor. Este desajuste toca el sarcasmo en el campo de los escritos académicos beckettianos, un género en sí mismos. De qué sirve la astringencia del dramaturgo si cada palabra se multiplicará por un millón en las facultades de literatura de todo el mundo. Vladimir y Estragón replicarán al dueto quijotesco tres siglos más tarde, pero también a los cómicos de “Hamlet” o a Laurel y Hardy.

Beckett hubiera preferido escrutinios más simples. Propagó la monotonía vital en su dieta y en sus dos caballos. Fue el artista más consecuente, se tuerce un tobillo y se felicita por el incidente: “me desvió el pensamiento de otras enfermedades”, y el último de los grandes que dispuso del lujo del tiempo. Un homenaje secular a su austeridad expresiva puede encontrarse en el intento de libreto que escribió para una ópera. La ópera tenía que durar media hora, pero sólo llegó a escribir una frase en francés: “No tengo ganas de cantar esta noche”.

Samuel Beckett (Dublín, 1906-París, 1989). Premio Nobel de Literatura 1969.

Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen nació el 2 de abril de 1805 en la ciudad danesa de Odense, en el seno de una familia muy pobre. En 1816 su padre murió y, dos años después, su madre se volvió a casar. Entonces, el joven Andersen marchó a probar suerte a la capital del País, a Copenhague. Allí las cosas no le fueron demasiado bien, pasó necesidades y estuvo a punto de regresar a casa, pero gracias a las gestiones del director de teatro Jonas Collins obtuvo una beca para continuar los estudios. En 1828 Andersen aprobó los exámenes de ingreso a la universidad de Copenhague. Comenzó a publicar en 1829 y sus libros tuvieron buena aceptación. Recibió una beca real de Federico VI con la que pudo satisfacer uno de sus principales anhelos: viajar, y no paró hasta 1873. Después de uno de sus viajes por Italia, el año 1835, publicó sus cuentos para niños, con los que se hizo mundialmente famoso. Acumuló honores y distinciones y se le otorgó una beca literaria oficial con carácter vitalicio. Durante sus viajes por Europa conoció a otros artistas ilustres con los que trabó cierta amistad, como Heinrich Heine, Victor Hugo, Felix Mendelssohn, Alexandre Dumas padre, Robert Schumann, Franz Liszt, Charles Dickens, Richard Wagner, Edgard Grieg, Johannes Brahms y Henrik Ibsen, entre otros. Murió tras una larga enfermedad el 4 de agosto de 1875. Su funeral en Copenhague fue multitudinario y a él acudió el rey de Dinamarca.

El año 1862, Andersen viajó a España pasando por diferentes ciudades y pueblos catalanes. Entró a la península el 6 de septiembre y, como el tren no llegaba a la frontera, lo hizo en diligencia desde Perpignan, pasando por la Junquera, Figueras, Báscara y, cuando llegó a Girona, vio que “daba la impresión de que hubiera feria o que se celebrase una gran fiesta al pueblo. Indumentarias pintorescas, viejos individuos, mujeres que reían y hablaban, hombres con mantas de colorines, jinetes sobre mulas y fumando cigarros de papel, de esos que aquí todos saben liar…”. En la estación subió al tren para ir a Barcelona y el resultado de este periplo es un relato de viajes “I Spanien” que tiene una versión en castellano titulada “Viaje por España” que ha editado Alianza Editorial.

Hans Christian Andersen, como la mayoría de escritores de su época, quería triunfar escribiendo obras de teatro, pero no tuvo suerte en este campo. El reconocimiento le vino a través de sus cuentos infantiles: El soldadito de plomo, El patito feo, La princesa y el guisante, El traje nuevo del emperador… Hay que mencionar que su obra no sólo comprende cuentos, sino novelas, poemarios, libros de viajes, obras de teatro y alguna autobiografía.

Se considera que Hans Christian Andersen fue el primer autor que escribió historias dirigidas a los niños y por esta razón se ha escogido la fecha de su nacimiento, el 2 de abril, como el día en que se entrega el Premio Andersen (equivalente al Nobel infantil), un galardón bianual que sirve para recordar al mundo la importancia que tiene la literatura para los más pequeños. Es el autor más traducido y también el que más libremente se traduce. En España, las versiones y adaptaciones que hay hechas son a partir del inglés y por eso las obras pierden un poco más de literalidad, pese a todo, los cuentos, explicados y leídos en el idioma que sea, ya forman parte del imaginario infantil de muchas generaciones.

Tajahuerce

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Salí a la puerta, cerré los ojos y dejé de existir. Estaban todas las estrellas juntas en un cielo inmenso y tranquilo. Una brisa sigilosa se ocupaba de arrancar hasta el más minúsculo de los residuos de esas cosas que pasan dentro. Estrellas y aire recién estrenado, un recuerdo que respiro desde entonces. Por eso vuelvo a Tajahuerce cuando necesito abandonar los límites del tiempo y del espacio perdiéndome entre callejuelas en ruinas y muros empapados del rastro ancestral de la infancia.

El infinito es de color negro y se desliza entre olores que han ido impregnando el suelo. Sombras de gatos, grillos y murciélagos pueblan la noche. Cuando el pueblo despierta, el sol hace un millón de destellos. No hay nada como estar en casa en una mañana dulce, en un momento en que nada tiene nombre ni caminos y sólo hay que abandonarse a lo que la vida decida.

Podría quedarme así por siempre, fabricando esperanzas, pero es el momento de irse. Temblaría si ahora mismo tuviera un cuerpo. Otra estrella, otra ilusión. Cientos, miles, millones. Palpitan en la noche sólida de Tajahuerce y navegan ancladas sobre los jardines del cielo.

El padre de la poesía moderna

Siempre hemos oído decir que la poesía moderna se inicia con Baudelaire. Se trata de una de esas afirmaciones que solemos aceptar sin más y que, luego, llegada la ocasión, repetimos sin mayores escrúpulos. No obstante, a medida que releemos a los poetas del siglo XIX y que nos informamos con minuciosidad sobre ellos, llega el momento en que no podemos afirmar, sin sentir cierto malestar, la torpe opinión que hace de Baudelaire el padre de la lírica moderna.

Todo depende, claro está, de lo que se entienda por estas dos palabras: “padre” y “moderna”. Respecto a la primera, muy pocos son los poetas posteriores a Baudelaire que no le reconozcan a éste el título de padre o fundador. Por supuesto, no falta quien evoca el nombre de Poe, así como su influencia en el poeta francés. Tampoco hay quien olvide citar a Lord Byron, recordando el hecho de que con este autor el poema se convierte en algo que es dicho por alguien que, a su vez, cuenta con la existencia del lector, el tercer elemento del fenómeno poético, si se me permite la opinión. Sin duda, la posición de padre o fundador es demasiado prestigiosa como para poder acordarla sin suscitar discusiones. ¿No dijo Lorca, en vísperas del célebre Tricentenario, que Góngora era “el padre de la lírica moderna”? Pero, en definitiva, la mayoría de los poetas coinciden en un respeto, rayano a veces con la veneración, hacia Baudelaire. Así, con ocasión del Centenario de la publicación de Las flores del mal, escribió Cernuda:

“Baudelaire no pertenece ya solamente a la tradición poética y literaria de Francia, sino a la de todo Occidente, y es probable que la poesía europea y americana no fueran hoy lo mismo que son si Les fleurs du mal no hubiese existido. Porque Baudelaire no es sólo un gran poeta, sino un gran poeta que además es el poeta moderno, el primer poeta que tuvo la vida moderna; y todos cuantos después de él hemos tratado de escribir versos, seamos del país que seamos, si tenemos conciencia de nuestra tarea, reconoceremos para con él una deuda considerable”.

Y respecto al calificativo de “moderna”… Aquí es donde uno siente la necesidad de matizar algo. Resulta evidente que Baudelaire fue el primero en introducir la ciudad moderna en el ámbito del poema. El espacio urbano se convierte con él en la fuente y el objeto de la poesía. Su visión de París: “Agitada ciudad llena de sueños, donde el espectro en pleno día se agarra al paseante”. Constituye, indiscutiblemente, el comienzo de una nueva sensibilidad: la del hombre moderno que habita las ciudades. El eco de los versos citados resonará, tres cuartos de siglo más tarde, en The waste land (La tierra baldía), donde Eliot dibuja su propia visión de Londres: “Ciudad irreal, bajo la parda niebla de una mañana de invierno”.

Pero, por otro lado, el lenguaje poético de Baudelaire sigue estando excesivamente enraizado en el pasado. A menudo sorprende el acento de Racine en versos como éstos de Femmes damnées: “Vencidos ya sus brazos, caídos como inútiles armas, todo servía, todo a su frágil belleza adornaba”.

Baudelaire es, en efecto, un gran maestro del verso clásico francés. Algo que aprendió directamente de los grandes autores del siglo XVII, aunque también de poetas menos conocidos. Por eso no sorprende que, entre sus discípulos inmediatos –comenzando por Rimbaud-, oigamos reproches contra el maestro por su lenguaje anticuado. Y tampoco ha de extrañar a quienes conozcan las teorías de Ezra Pound, que éste decidiese no incluir a Baudelaire en la nómina de escritores que han renovado el lenguaje poético. En el ABC of reading (ABC de la lectura), breve ensayo en el que Pound nos presenta su trabajo de más de 30 años, encontramos los nombres de Corbière, Laforgue y Rimbaud junto a los de Stendhal y Flaubert; pero buscaríamos en vano al primer poeta moderno.

No hay duda de que Baudelaire merece tal título. Debemos admitir, sin embargo, que el maestro fue incapaz de crear un lenguaje moderno adecuado a la nueva visión y a la nueva sensibilidad del hombre de la ciudad. Esta tarea fue realizada con éxito por sus discípulos Corbière y Laforgue. Dos poetas igualmente importantes en lo que concierne a la renovación del lenguaje poético inglés e, incluso, del lenguaje poético español. Eliot, introductor del habla cotidiana de la ciudad en la poesía inglesa nunca ocultó su admiración por Corbière y Laforgue, a quienes leyó y estudió a lo largo de su vida, Leopoldo Lugones y Ramón López Velarde, en América, así como Manuel Machado, en España, entre otros poetas menos conocidos, leyeron igualmente a Laforgue.

Estos autores: Corbière, Laforgue, Eliot, Lugones, López Velarde y Manuel Machado, son los creadores de un lenguaje poético moderno, ciudadano, deliberadamente prosaico, próximo a la conversación e irónico. Hecho que nos permite considerarlos como los miembros más señalados de una traición poética que bien podría bautizarse con el nombre de “tradición del lirismo y del humor”, remitiéndonos a la célebre fórmula de Flaubert: “le lyrisme dans la blague” (el lirismo en el humor), que el escritor francés uso alguna vez para referirse a su propio proyecto artístico.

Virginia Woolf

Es injusto que el nombre de Virginia Woolf haya quedado asociado al feminismo más que a la literatura, sin duda por la gran difusión que tuvo su obra “Una habitación propia”. Este ensayo es, no hace falta decirlo, una pequeña obra maestra en la que la ironía, la capacidad de observación y la marginación en que se encontró como mujer ha nutrido la ideología de la mayoría de mujeres intelectuales posteriores.

 

Pero Virginia Woolf es ante todo escritora, una escritora de creación, y es en este campo donde concentró gran parte de sus meritorios esfuerzos. Ella misma se sentía un poco al margen de las mujeres novelistas contemporáneas suyas, en tanto que se decantaban más por el sustantivo “mujeres” que por el adjetivo “escritoras”: “¿Por qué sale a la palestra [Rose Macaulay] tan innecesariamente? Pero me parece que todas nuestras principales novelistas femeninas hacen aquello que les piden en este sentido, y yo no soy del todo una de ellas”.

 

Esto no significa que olvidase el tema feminista, al contrario. Es un asunto al que hace referencia a menudo y siempre con la inteligencia afilada, pero los verdaderos objetivos de la escritora fueron siempre exclusivamente literarios; el estilo de su prosa de creación y el de sus ensayos y análisis literarios está, además, muy diferenciado. Por otra parte, en la ideología de Virginia Woolf había también un componente antifascista y expresó las dos preocupaciones, por ejemplo, en “Tres guineas”, pero sin contaminar nunca de didactismo sus obras. Es más, detestaba la literatura panfletaria y la que tuviera una finalidad moral, al estilo clásico.

 

En su crítica del libro de R. Brimley Johnson, The Women Novelist, deja claro su pensamiento sobre la discriminación literaria por razones de sexo: “La experiencia parece demostrar que criticar la obra de un sexo como tal no es sino exponer, casi siempre con acritud, una serie de prejuicios derivados del hecho de ser hombre o mujer”. Y añade unas palabras con las que no puedo estar más de acuerdo: “…toda enfatización consciente, sea por orgullo o por vergüenza, del sexo de un escritor no solamente es irritante, sino superflua”.

 

Misivas

“No, no y no; por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie la resolución? ¡Mil veces no! Señor mío, eres excelente, eres inimitable. Pero, mi amigo, no es grano de anís que le haya dejado por el general Bolívar; dejar a un marido sin tus méritos no sería nada. ¿Crees por un momento que, después de ser amada por este general durante años, de tener la seguridad de que poseo tu corazón; vaya a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del honor, como tú las llamas, pero, ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y no mi marido? ¡Oh! No vivo para los prejuicios de la sociedad, que sólo fueron inventados para que nos atormentemos el uno al otro. (…) Pero basta de bromas. (…). Nunca más volveré a tu lado. Eres católico, yo soy atea y eso es nuestro gran obstáculo religioso; quiero a otro y esto es una mayor y todavía más fuerte razón. ¿Ves con qué exactitud razono? Siempre tuya. Manuela

Carta de Manuela Sáenz (amante de Simón Bolívar) a su marido James Thorne. Y es que Bolívar era mucho Bolívar.

44 Fontenoy Streel, Dublín. Me gustaría que usaras bragas con tres o cuatro volados, uno sobre otro, desde las rodillas hasta los muslos, (…) con abundante perfume; (…) de modo que, lista para ser amada, pueda ver solamente la ondulación de una masa blanca de telas y así, cuando me recueste encima de ti para abrirlos y darte un beso ardiente de deseo en tu indecente trasero desnudo, pueda oler el perfume de tus bragas tanto como el caliente olor de tu sexo y el pesado aroma de tu trasero. Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo. Quizá pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es, querida, en algunos momentos.

Carta de James Joyce a Nora Barnacle. Y parecía tan formalito.

Duelo de plumas

El debate poético más célebre de América en todos los tiempos lo sostuvieron el Premio Nobel chileno Pablo Neruda y su terrible adversario Pablo de Rokha. Es un poema largo, titulado Tercetos dantescos a Casiano Basualto (nombre que le da a Neruda), su enemigo declarado le retrata así:

"Gallipavo senil y cogotero / de una poesía sucia, de macacos, / tienes la panza hinchada de dinero. / Defeca en el portal de los maracos, / tu egolatría de imbécil famoso / tal como en el chiquero los verracos. / Llegas a ser hediondo de baboso, / y los tontos te llaman: ¡gran podeta! / en las alcobas de lo tenebroso. / Si fueras un andrajo de opereta, / y únicamente un pajarón flautista, / ¡sólo un par de patadas en la jeta! / Pero tu índole sadomasoquista, / un tiburón de las cloacas suma / a la carroña del oportunista. / Y si eres infantil como la espuma, / eres absurdo Cacaseno oscuro, / si el escribir con menstruación te abruma. / Gran burgués, te arrodillas junto al muro / del panteón de la Academia Sueca, / a mendigar… ¡dual amoral impuro! / Astuto, ruin, tarado, voz gangosa, / saqueas a la URSS, envilecido / con la tremenda mano estropajosa. / "La araña negra" y "el patibulario" / te llamó Juan de Luigi, al cual echabas / en cara la ceguera… ¡oh, mal corsario! / De país en país gran arribista, / tu gonorrea literaria has ido / vendiendo como egregio pendolista. / Toda tu obra, mal robada imita: / "Macchu Picchu" es Ramponi, el argentino, / a quien plagiaste su "Piedra infinita". / Tagore, Baudelaire, Vallejo, (vino / y mito), te encubren, y te aterra / haber transado tu alma de cochino. / Siendo mi feto, te das de iconoclasta, / y a mí me has estafado desde el nombre / a esta línea de fuego que te aplasta. / Y si aún deseas premios y más premios, / te ofrezco el premio de la sinvergüenzura / colosal y feroz de los bohemios, / que se cavan la propia sepultura: / no importas tú, ¡importa tu impostura!"

Pablo de Rokha, Premio Nacional de Literatura en Chile, acabó suicidándose, y Neruda lo lamentó. Pero en Confieso que he vivido, su libro de memorias, puntualizó lo siguiente: "La característica suprema de Perico de Palothes, filósofo nietzscheano y grafómano irredimible, era su matonismo intelectual y físico. Ejerció de perdonavidas en la vida literaria de Chile. Tuvo durante muchos años una pequeña corte de pobres diablos que lo celebraron. Pero la vida suele desinflar en forma implacable a estos seres circunstanciales. El trágico final de mi iracundo antagónico -se suicidó ya anciano- me hizo vacilar mucho antes de escribir estos recuerdos. Lo hago finalmente, obedeciendo a un imperativo de época y de localidad. Una gran cordillera de odio atraviesa los países de habla española; corroe las tareas del escritor con afanosa envidia. La única manera de terminar con tan destructiva ferocidad es exhibir públicamente sus accidentes".

Poesía y pintura

La comparación entre poesía y pintura ocupó el tiempo y las reflexiones de teóricos del arte, filósofos y estetas hasta la segunda mitad del siglo XVIII; pero las diferencias entre ambas artes se manifiestan de manera muy explícita en los últimos años del siglo XX, porque el centro de interés se desplaza desde la realidad exterior, que todo artista imita, a la mente y los sentimientos, que todo artista expresa. No es la imitación de la realidad externa lo que pinta el pintor o lo que describe el poeta, es la expresión que esta realidad despierta en la imaginación y en la razón del artista lo que pintará el pintor y describirá el poeta.

Diderot expone esta cuestión mediante una fábula: “Un español, o un italiano, deseoso de poseer el retrato de su amada, que no podía mostrar a ningún pintor, resolvió que la única cosa que podía hacer era dar su descripción más detallada y exacta por escrito. Primero determinó la proporción justa de la cabeza, después describió las dimensiones de la frente, de los ojos, de la nariz, de la boca y del cuello. Una vez descritos, volvió sobre cada una de las partes y procuró que su espíritu grabase en el pintor la verdadera imagen de su amada; no olvidó ni los colores, ni las formas, ni nada referente al carácter, y cuanto más comparaba su escrito con el rostro de su amada, más parecido le encontraba. Pensó que cuanto más llenaba la descripción de pequeños detalles menos libertad daba al pintor y no olvidó ninguno de los detalles que pueden cautivar un pincel. Cuando le pareció que tenía acabada la descripción, realizó cien copias, que envió a cien pintores, y les pidió que ejecutasen sobre el lienzo la descripción exacta que había hecho de su amada. Los pintores comenzaron a trabajar y, pasado un tiempo, el amante recibió cien retratos, todos reproducían rigurosamente su descripción, pero ninguno se parecía a otro ni tampoco a su amada”.

El amante hizo un esbozo de lo que quería que el pintor pintase. De la misma manera que es el lector, y su imaginación, quién materializa visualmente el poema, el pintor visualizó el proyecto de la amante y lo realizó. Respecto al texto literario, lo que hacen el lector y el pintor es lo mismo: visualizar y materializar lo que está escrito, y este proceso es un producto y una consecuencia de la subjetividad, y la lectura del texto o la pintura que se hagan son expresiones de esta subjetividad.

El arte no es imitación de la naturaleza, ni imitación de las acciones de los hombres, es expresión de la subjetividad del artista, es una construcción de su mente a partir de la experiencia de la realidad, pero transformada por el efecto de su imaginación y de su idea. El arte (la poesía y la pintura) es una proyección del pensamiento y de los sentimientos del artista, es un proceso de la imaginación que modifica y sintetiza imágenes, pensamientos, sentimientos, recuerdos y analogía. Es, pues, el artista el elemento primordial, tanto del proceso artístico como de los criterios con que ha de ser juzgado.

En la celda

Es la esperanza del recuerdo, el lugar donde unos hombres, crueles, desnudan su memoria. Es allí donde el invierno no tiene fin, donde la canícula no conoce descanso, allí donde la voz del hombre, temeraria, desafía a la muerte.

La literatura: esa matemática imposible, esa vaga geometría indemostrable, esa extraña música hecha de silencios pronunciados, esa perversión del lenguaje.

Allí el pasado que no existió y que vislumbramos, el futuro que ya no podrá ser, el presente que perdura en un verso. Allí los crucifijos manchados de sangre, las oraciones del pedante, los avernos cotidianos y el generoso infierno de Dante; allí los que prefirieron escribir una página original antes que una página memorable.

A lo largo del tiempo una secta, más o menos irreal, ha ido creando pesadillas, dictando símbolos, anotando realidades. Sus fieles se turnan ante el papel como apóstoles frenéticos y ciegos. Las páginas que se han escrito igualan en número a las arenas del desierto y a las estrellas que intuye el astrónomo. Su memoria no conoce nombre, ni esquina, ni sufrimiento o gloria. Cada soldado de cada batalla podría adjudicarse, con derecho, una página escrita en su memoria.

Aquí, desde esta celda, repito incesante la memoria de mis antepasados, reescribo la historia de su estirpe, que es la nuestra, la de todos: a la vez infinita y minúscula. Aquí desde esta celda, los libros que me rodean no me salvan, me condenan.

Extraña secta la nuestra, que prefirió la sangre real de los libros a la ficticia sangre de la batalla, porque de la sangre derramada en el pasado ya no hay más que la que estos fieles copistas quisieron salvar en sus páginas. Y no hay más dolor, ni más caricia, ni otro poder o esclavitud que el encerrado en los libros. De nada valieron las intrigas, los asesinatos, el perdón o la gloria, de nada sirvió el odio o el amor: todo fue literatura.

La memoria de Leonhard Euler, las paradojas del mejor de los ingleses, la memorable desconfianza de Feyerabend, las historias que reescribieron la historia, los fríos poemas de Gottfried Benn, los delirios de Sade y sus razones, la muerte que regresa en cada libro o los versos desengañados de François Villon. La literatura, nadie lo ignora, es la memoria del tiempo. Ojalá que los que vengan mañana a ocupar esta celda no olviden su destino y su labor. Yo no conozco mayor libertad que esta servidumbre.

Libros de autoayuda

Por ingenuos que parezcan sus planteamientos, los libros de autoayuda viven un boom. Fish, la eficacia de un equipo radica en la capacidad de motivación. Winner, el triunfador no nace, se hace. La paradoja, la verdadera esencia del liderazgo, La ley de Murphy, Más Platón y menos Prozac, Cómo alcanzar la perfección. Cómo generar grandes ideas, Aprenda a organizarse... Estas obras ofrecen remedios para casi todos los problemas.
Se acusa a los autores de libros de autoayuda de ser unos listillos en busca de dinero fácil, de vender como panacea unas ideas que están incluidas en el sentido común más elemental. Quién sabe cuántos lectores han logrado triunfar, ser líderes, ser perfectos, dejar de fumar, curarse una depresión, hacerse millonarios... gracias a estos libros, pero las ventas siguen subiendo.

Los libros de autoayuda son un engañabobos, cualquier persona medianamente inteligente sabe que la solución a sus problemas no está entre unas páginas adobadas de filosofía barata y buenas intenciones que prometen el oro y el moro. Los grandes retos que nos plantea la vida, las dificultades que hemos de superar constantemente, dependen de multitud de circunstancias personales y ambientales, y resulta imposible que puedan recogerse en un libro de planteamientos tan genéricos que no contempla las particularidades de cada individuo.

Triunfar en los negocios no es igual de sencillo para un obrero en paro que para un economista de Wall Street, para una persona que vive en Suecia o para otra que vive en una mísera aldea de Guinea, no todos tenemos las mismas posibilidades y las mismas capacidades para llegar a idéntica meta. Estos libritos hacen que cualquier objetivo parezca fácil de alcanzar y esto es bueno, infundir ilusión y esperanza en alguien que se siente hundido o abrumado por sus desgracias puede ejercer un efecto positivo en el lector, aunque a la vez puede dejarle frustrado cuando ese dorado trofeo que le prometieron se queda en un espejismo.

Walter Benjamin

Finales de septiembre de 1940. El prófugo alemán Walter Benjamin cruza de forma ilegal los Pirineos huyendo del nazismo. Los alemanes han anulado la resistencia francesa y se ha producido lo impensable: Hitler pasea en un coche descapotable por los Campos Elíseos. Parece que la Whermacht sea invencible y vaya a conquistar el mundo entero.

Benjamin es judío, marxista alemán y librepensador. Demasiados títulos credenciales para sentirse seguro en una dictadura fascista que acaba de instalarse por la fuerza de las armas en la República francesa. Por eso huye. El grupo clandestino llega el 26 de septiembre a Portbou (Girona), al otro lado de la frontera. El pueblo que encuentran ofrece un paisaje de casas destruidas por los bombardeos franquistas durante la Guerra Civil española, en parte por el tristemente famoso acorazado Canarias.

La frontera entre el estado español y el francés se ha abierto hace poco, justo cuando el ejército alemán llega a Cervera de la Marenda. Los soldados de la Whermacht pasean por las calles con sus Mercedes y asustan a los niños pequeños con sus botas altas, todavía hoy algún adulto recuerda el estremecimiento que le provocaban aquellas botas. Los alemanes venden a comerciantes barceloneses objetos confiscados, es decir, robados, en el estado vecino, es una forma más de estraperlo. Quedan un millar escaso de habitantes, vigilados por las IV División de Requetés de Navarra, que construyen nidos de ametralladoras en la costa, en lo que pomposamente se denominó Línea Gutiérrez, y los escasos habitantes que todavía viven en el pueblo, tienen más familiares prófugos en el otro lado de la frontera que en este lado.

El que después fue considerado precursor de los movimientos estéticos de los años 60 del siglo XX, ha sido conducido a Portbou por Lisa Fitkko, miembro de la resistencia en Portvendres. Benjamin pide hospedaje, junto con la alemana Henny Gurland y su hijo de 16 años, en el hostal de Francia, próximo a la actual Rambla. Está agotado por la marcha a través de caminos de montaña. Padece del corazón y necesita descansar. Le conviene recuperar fuerzas porque su meta es Lisboa, y de Lisboa, los Estados Unidos. Al día siguiente, lo encuentran muerto en su habitación. ¿Qué sucedió aquella noche? Nadie lo sabe con certeza. Antes de ir al hostal, el prófugo se presenta en la aduana de Portbou. Allí las autoridades franquistas le comunican que dispone de 24 horas para abandonar el territorio español. ¿Cómo es posible si llevaba un visado norteamericano? Desde el encuentro de Serrano Suñer, mano derecha de Franco, con Ribbentropp, ministro nazi de Exteriores, las condiciones de paso se han endurecido. Y Benjamin es un apátrida, Berlín le había retirado la nacionalidad al ser judío y huir del país. La vuelta al estado francés significa la muerte.

Según el libro “Para Walter Benjamin”, editado en 1991 por la Asociación de Instituciones Culturales Independientes de Alemania (ASKI), esta presión es la que hizo que se suicidara de una sobredosis de morfina. Exactamente la misma morfina que se utilizaba para combatir el dolor físico y que ya era en él una adicción. Fitkko asegura en sus memorias que la madrugada del día de la muerte de Benjamín, éste le llamó a su habitación y le dijo que había tomado morfina para matarse, pero que no se lo comentara a nadie.

Hay personas que opinan de otra manera. El que entonces fuera un joven camarero en la cantina de la estación, Simó Granollers, cree que fue asesinado. “Escuché muchas conversaciones de inspectores de la policía y agentes de aduanas, ya que la estación era el centro neurálgico del pueblo, y todo el mundo decía que los alemanes habían matado a un compatriota”, asegura Granollers. Y recalca que no se le hizo la autopsia al cadáver y que fue enterrado rodeado de misterio. Hay que pensar que el misterio era tan grande que la identidad del apátrida se conoció en Portbou diez años después de la muerte. Por si eso no era bastante, los miembros de la GESTAPO instalados en el pueblo desplegaron aquellos días una actividad inusual. Se habla de un saco extraño que metieron en el maletero de un coche.

En el archivo parroquial de la Iglesia de Santa María, figura que el escritor alemán recibió la extremaunción antes de morir y fue enterrado en un cementerio católico. Walter Benjamin era judío, marxista y librepensador, ¿cómo pudo confesarse con un sacerdote católico antes de morir? El posible que el padre Freixes deseara que se le enterrara en sagrado, y no como a los animales, en cualquier lugar, fuera del cementerio. La cartera de piel que Benjamin protegía a cualquier precio, llena de documentos, seguramente con su última obra, aparece vacía. Fitkko fue la encargada de destruir los papeles, ¿o se los quedó para protegerlos? Benjamin muere el día 27, víctima de una hemorragia cerebral, pero en el registro de defunciones figura el 26. Los historiadores favorables al asesinato dicen que los nazis querían evitar un mártir. Los que abogan por el suicidio defienden que fue Fitkko quien borró pruebas comprometedoras.

Reales o imaginarios, los misterios de Benjamin todavía dan mucho que hablar. Entre tanto, el antiguo pueblo fronterizo vive pendiente de que se cree una fundación que no termina de hacerse realidad. Existe un monumento a Benjamín cerca del cementerio, un frío pero evocador espacio de hierro y tragedia. El Ayuntamiento dispone de un fondo fotográfico que recopila informaciones sobre el filósofo y el pueblo. Las autoridades españolas no han sabido potenciar a este personaje de renombre internacional, y algo se podría hacer para mantener vivo el espíritu que personifica a tantas víctimas, a tanto dolor que camina a caballo entre las absurdas fronteras que levantamos los humanos.

Deseo

DESEO Rabindranath Tagore
Deseo decirte las palabras más profundas, pero no me atrevo, pues temo tu burla. Por ello me río de mí mismo y transformo en bromas mi secreto. Me burlo de mi dolor, para que no te burles tú.

Deseo decirte las palabras más sinceras, pero no me atrevo, pues temo que no me creas. Por ello las disfrazo de mentiras y digo lo contrario de lo que pienso. Me esfuerzo en que mi dolor parezca absurdo para que no te lo parezca a ti.

Deseo decirte las palabras más valiosas, pero no me atrevo, pues temo no ser correspondido. Por ello te nombro duramente y me enorgullezco de mi insensibilidad.
Deseo sentarme silenciosamente a tu lado, pero no me atrevo, pues temo que mis labios traicionen mi corazón. Por ello hablo disparatadamente, escondiendo mi corazón tras mis palabras. Trato a mi pena con dureza, para que no lo hagas tú.

Deseo alejarme de ti, pero no me atrevo, pues temo que descubras mi cobardía. Por ello levanto la cabeza y me acerco a ti con aire indiferente. La constante provocación de nuestras miradas remueve mi dolor sin piedad.


SI... Rudyard Kipling
Si conserváis la calma mientras todos
la cabeza perdieron y os censuran;
sin en vosotros creéis, sin ofenderos
de que os pongan los otros bajo duda.
Si al mendaz toleráis sin ser mendaces;
si esperáis sin fatiga ni cansancio;
si no pagáis el odio con el odio,
sin por ello tomar aires magnánimos.
Si pensáis y soñáis sin a los sueños
o el pensamiento hacer vuestro objetivo;
si sabéis afrontar el fracaso y el triunfo
a entrambos presentando un rostro mismo.
Si soportáis que la verdad que hablasteis
la truequen en embuste gentes necias;
si las cosas que hicisteis veis caídas
y las habéis de alzar sin herramientas.
Si cuanto con trabajo conseguisteis
a un solo golpe lo arriesgáis de suerte
y sabéis, perdiendo vuestra vida,
hacer que en el principio recomience.
Si vuestro corazón y vuestras fibras
servir hacéis, aun cuando estén deshechos
y si sabéis luchar, faltando todo
salvo la voluntad, que dice: Quiero.
Si frecuentando al vulgo os guardáis sabios
y si sensatos al tratar a reyes;
si a todos apreciáis y poco a todos
y nadie, amigo o no, dañaros puede.
Si a sesenta segundos de distancia
el minuto alejáis de odio y reproche,
vuestra es la tierra con cuanto contiene
y, lo que es más, oh hijos, seréis hombres.

He leído en una revista feminista que las obras Deseo, de Rabindranath Tagore y Si... (If), de Rudyard Kipling son claramente machistas.

Según el artículo, en Deseo queda de manifiesto la incapacidad de los hombres para hablar de sus emociones y sentimientos, de su cobardía para comprometerse en una relación afectiva. Si... refleja el carácter combativo del macho de la especie, que tiene que mostrarse fuerte y duro en cualquier circunstancia, por adversa que ésta sea, y jamás puede permitirse una reacción que pueda interpretarse como signo de debilidad.

La literatura se presta a interpretaciones, por eso hay tantas versiones de una obra como lectores se aproximan a ella. Para mí Deseo y Si... nacen de lo profundo de dos seres humanos, tanto da que sean hombres y poetas. En Deseo habla un corazón enamorado que no sabe muy bien cómo manejarse con este sentimiento. ¿Acaso el amor no nos desborda y nos vuelve irracionales a todos? En Si... habla un padre, intenta que sus hijos sean personas de bien: hombres, no representantes del sexo masculino o de un modelo caduco de virilidad, simplemente hombres, con todo lo que de miseria y grandeza implica el término.
25/11/2005 08:54 Permalink. Literatura

Shakespeare no escribió las obras que se le atribuyen

Tras cinco años de minuciosas indagaciones en archivos históricos británicos, Brenda James, una especialista en la obra shakespeariana, y el catedrático de la Universidad de Gales William Rubinstein, aportan pruebas fehacientes de que el verdadero autor de las obras que se le atribuyen a Shakespeare fue el aristócrata y diplomático inglés Sir Henry Neville (1562-1615). Este descubrimiento será publicado en un libro que se presentará a finales de este mes en el teatro Shakespeare’s Globe de Londres.

Los asuntos políticos tratados, así como la ubicación geográfica de las obras de Shakespeare, forman parte de los viajes y aventuras conocidas de Neville, un diplomático y político muy cultivado que era originario de Berkshire. Trabajos de amor perdidos contiene parte de las cuestiones debatidas en la Universidad de Oxford en la época en que Neville estudiaba allí, entre 1574 y 1579. Medida por medida está ambientada en Viena, ciudad que Neville visitó en 1580. Uno de los temas de la obra: las leyes contra la inmoralidad, describe ideas con las que se enfrentó el político cuando conoció a un filósofo calvinista del lugar. Romeo y Julieta, La fierecilla domada, Dos caballeros de Verona y El mercader de Venecia suceden en el norte de Italia, región que visitó Neville en 1581 y 1582. Hamlet tiene por escenario Dinamarca y, según la investigación, Neville obtuvo datos sobre los antecedentes del príncipe danés mientras recorría la actual Polonia. Enrique V es fruto de la estancia de Neville en Francia, donde fue embajador de Inglaterra entre 1599 y 1600. De hecho, algunas de sus escenas fueron escritas en francés, idioma hablado por Neville y que Shakespeare ignoraba.

Como político, Neville participó en una revuelta fallida dirigida por el conde de Essex contra el Gobierno en 1601, motivo por el que fue encarcelado en la Torre de Londres acusado de traición. Entonces las obras pasan bruscamente de un tono histórico o cómico a otro sombrío y trágico. Otra prueba es un documento redactado por Neville mientras estaba preso, cuyo contenido acabó siendo utilizado en la obra Enrique VIII. Además, se dan también sorprendentes similitudes de estilo y vocabulario entre las cartas privadas y diplomáticas de Neville y las obras y poemas de Shakespeare. Por último, un documento descubierto en 1867 contiene una prueba directa de que Henry Neville practicó la falsificación de la firma de William Shakespeare, sin contar las relaciones personales a través de amigos y conocidos que hubo entre ambos. Rubinstein asegura que han acumulado tal cantidad de pruebas que la idea de que Neville sea el autor parece abrumadoramente sólida.

No es la primera vez que se cuestiona la autoría de las obras de Shakespeare. A lo largo del tiempo se han propuesto los nombres de diversos escritores que pudieron utilizar el seudónimo de Shakespeare. El escritor y filósofo Francis Bacon es uno de ellos. Lo mismo ocurre con Christopher Marlowe, autor teatral. Otros nombres que se barajan son el del escritor Ben Jonson, sir Walter Raleigh, Edward de Vere, un reputado mecenas literario, e, incluso, la reina Isabel I.

Las dudas sobre la autoría de las obras de Shakespeare nacen de la convicción de que un hombre de escasa cultura e ínfima extracción social como Shakespeare: un actor, no habría sido capaz de elaborar textos de semejante valor artístico y profundidad de pensamiento. Parecería más probable la idea de que Shakespeare era sólo un testaferro, o a lo sumo aquél que ponía en escena y recitaba los dramas que se le atribuyen, pero que las obras se deben a un escritor de gran talento y sensibilidad.

En mi opinión, las obras se presentan solas. Para apreciar cualquier composición artística basta y sobra con ella misma. Una obra gusta o no, visceralmente y con independencia de las distinciones que haya recibido el autor y de sus circunstancias personales. El autor ha de estar detrás de su obra y no delante. El protagonista es el arte y no el artista, y dejando al margen quién las escribiera, las obras de Shakespeare son geniales en contenido y forma.

14/11/2005 09:49 Permalink. Literatura

Recherche

-Bajo el arte del hombre, la naturalidad deja sentir la naturaleza.

-De nuestro cuerpo, al que perpetuamente afluyen tantas molestias y placeres, no tenemos una silueta tan nítida como la de un árbol, una casa o un paseante.

-Los rasgos de nuestro rostro no son sino gestos que la costumbre ha hecho definitivos. La naturaleza, como la catástrofe de Pompeya, como la metamorfosis de una ninfa, nos ha inmovilizado en el movimiento.

-El cuerpo encierra al espíritu en una fortaleza; muy pronto la fortaleza se ve asediada por todas partes y al fin el espíritu tiene que rendirse.

-El hombre es el ser que no puede salir de sí mismo, que no conoce a los demás más que en sí mismo, y al decir lo contrario, miente.

-Todos somos malos actores, o el prójimo un buen fisonomista.

-El plagio humano más difícil de evitar para los individuos, e incluso para los pueblos que perseveran en sus defectos y los agravan, es el plagio de sí mismo.

-Sólo conocemos la vida de los demás a partir del día en que hemos sufrido por su causa.

-El universo es verdadero para todos nosotros y diferente para cada uno.

-Cada uno llama ideas claras a aquellas que tienen el mismo grado de confusión que las suyas propias.

-El testimonio de los sentidos es también una operación de la mente en que la convicción crea la evidencia.

-Se oye retrospectivamente cuando se ha comprendido.

-Es la razón lo que nos abre los ojos; un error disipado nos da un sentido más.

-Allí donde la vida levanta muros, la inteligencia abre una salida.

-No conseguimos cambiar las cosas según nuestro deseo, pero poco a poco nuestro deseo va cambiando.

-El sufrimiento llega muchísimo más lejos en psicología que la psicología.

-El dolor es un modificador de la realidad tan potente como la embriaguez.

-Llega una edad en que uno ya no piensa en sí, sólo piensa en salir de sí.

-Nuestro afecto por los demás se debilita no porque ellos estén muertos, sino porque morimos nosotros.

-Dejemos las mujeres guapas a los hombres sin imaginación.

-Uno se expresa como la gente de su clase mental, no la de su casta originaria.

-Para poseer hay que haber deseado. Sólo poseemos una línea, una superficie, un volumen si lo ocupa nuestro amor.

-Para sufrir de veras por una mujer hay que haber creído completamente en ella.

-Siempre decimos que nos separaremos bien. Pero en realidad es muy raro que nos separemos bien, pues si estuviéramos bien no nos separaríamos.

-Casi se puede decir que las obras, como los pozos artesanos, suben más alto cuanto más profundamente ha cavado el sufrimiento en el corazón.

-Una obra que contiene teorías es como un objeto en el que se ha dejado la etiqueta del precio.

-El estilo para el escritor, lo mismo que el color par el pintor, no es cuestión de técnica, sino de visión.

-Al citar un verso aislado se centuplica su potencia de atracción.

Aforismos y máximas recogidos del libro de Marcel Proust: À la recherche du temps perdu.
16/09/2005 09:55 Permalink. Literatura

Vivir del cuento

La prisa que nos devora a todos, impide que se haga literatura. El que tiene prisa por ganar dinero y ser famoso no llegará a ser un buen escritor, con prisa no se puede escribir nada de calidad.

Tolstoi invirtió diez años de su vida en “Guerra y Paz”, Proust dieciocho para su “Recherche”, aunque que ellos vivían de las rentas y podían permitirse dedicar sus días al empeño de conseguir una obra maestra.

En literatura se da una paradoja, para escribir bien hay que vivir de otra cosa, es como si para ser un buen cirujano, el cirujano debiera ser fontanero por las tardes.

No se puede vivir de la pluma si no es apresurándose y produciendo mal, la calidad perece en el intento de prodigarse. Juan Benet, que ejercía de ingeniero de caminos al tiempo que escribía, lo dejó claro con su laconismo: “No se puede vivir de la literatura sin rebajarse”.
02/09/2005 08:35 Permalink. Literatura

Treinta preceptos para usar un libro

En 1909, Harold Klett publicó en "The Library Journal" de Nueva York un artículo titulado “Don’t”, en el que se recogían 30 preceptos (mejor dicho, prohibiciones) relacionados con los libros.

Son los siguientes:

1.- No leer en la cama.
2.- No poner notas marginales, a menos que sea un Coleridge.
3.- No doblar las puntas de las hojas.
4.- No cortar con negligencia los libros nuevos.
5.- No garabatear vuestro interesante y precioso autógrafo en las páginas del título.
6.- No poner en un volumen de un peso, una encuadernación de cien pesos.
7.- No mojar la punta de los dedos para dar más fácilmente la vuelta a las hojas.
8.- No leer comiendo.
9.- No fiar los libros preciosos a malos encuadernadores.
10.- No dejar caer sobre el libro las cenizas del cigarro, y aún mejor no fumar leyendo. Esto perjudica la vista.
11.- No arrancar de los libros los grabados antiguos.
12.- No colocar vuestros libros sobre el borde exterior o canal, como se hace frecuentemente cuando se lee y se interrumpe momentáneamente la lectura, en vez de tomarse el trabajo de cerrar el libro después de haber puesto una señal.
13.- No hacer secar hojas de plantas dentro de los libros.
14.- No tener los estantes de las bibliotecas encima de los picos del gas.
15.- No sostener los libros sujetándolos por las tapas.
16.- No estornudar sobre las páginas.
17.- No arrancar las hojas de guarda de las tapas.
18.- No comprar libros sin valor.
19.- No limpiar los libros con trapos sucios.
20.- No tener los libros encerrados en arquillas, escritorios, cómodas, ni armarios: tienen necesidad de aire.
21.- No encuadernar juntos dos libros diferentes.
22.- En ningún caso sacar las láminas y los mapas de los libros.
23.- No cortar los libros con horquillas para el cabello.
24.- No hacer encuadernaciones de los libros en cuero de Rusia.
25.- No emplear los libros para asegurar las sillas o mesas cojas.
26.- No arrojar los libros a los gatos, ni contra los niños.
27.- No romper los libros abriéndolos enteramente y por la fuerza.
28.- No leer los libros encuadernados muy cerca del fuego o de la chimenea, ni en la hamaca, ni embarcado.
29.- No dejar que los libros tomen humedad.
30.- No olvidar estos consejos.
31/08/2005 08:42 Permalink. Literatura

Robinson Crusoe

Robinson Crusoe, la célebre novela de Defoe, no es estrictamente una obra de ficción, está basada en la vida de Alexander Selkirk, un marino escocés abandonado por su propio capitán, William Dampier, en el remoto archipiélago de Juan Fernández, actualmente territorio chileno. Selkirk arribó a la isla el año 1705 y fue recogido cuatro años más tarde por el mismo Dampier, habiendo sobreviviendo durante este tiempo en la más absoluta soledad.

En Robinson Crusoe no hay incómodas difuminaciones, no hay genéricas fricciones culturales o sutiles choques entre civilizaciones; es todo más brutal: soy yo ante lo del otro y del otro, punto. No puedo recurrir ni a leyes, ni a normas, ni a órdenes, ni a consignas, ni a réplicas; no tengo banderas, ni himnos; tampoco tengo jueces, ni testigos de cargo, ni dedos acusadores o exculpadores. Tengo sólo consciencia, memoria de una libertad omnímoda. Si el solipsismo cartesiano se resolvía con el cogito, a través del cual quedaba determinado que soy y qué soy, el solipsismo, en este caso físico, robinsoniano también se resuelve, pero en al ámbito de la más pura praxis: ya no se trata de ser, sino de hacer.

Crusoe contempla estupefacto cómo un grupo de indígenas se abocan periódicamente en una orgía de violencia y sangre: encienden una hoguera en la playa y matan y devoran a sus prisioneros. Aquella situación le culpa profundamente, pero no actúa de forma inmediata, liberando a los cautivos con la ayuda de las armas de fuego, que posee en abundancia. Crusoe se para a pensar, movido más por la conciencia que por el miedo o la abulia. Sus argumentos son contundentes; en primer lugar, la Providencia (término recurrente, omnipresente, a lo largo de toda la obra) permite, por algún misterioso designio, la pervivencia de estos actos generación tras generación. En segundo lugar, los indígenas no le han hecho a él ningún mal; y, además, ¿con qué autoridad puede intervenir en sus asuntos? Finalmente, ellos no tienen consciencia de estar participando en un crimen, o cometiendo un delito, de la misma manera que un cristiano no cree pecar cuando mata a otra persona en una acción bélica o cuando lo hace en defensa propia. Crusoe, entonces, se detiene, estas consideraciones “le frenan y le inmovilizan”. Rememora, por otro lado, que los españoles utilizaron argumentos muy convincentes para justificar sus matanzas indiscriminadas. Pero la inferencia más interesante tiene una base teológica (protestante): aquellos caníbales cometen delitos de “carácter nacional”; es decir, sus actos no son fruto de la decisión de un individuo en particular o de un grupo de individuos concretos, sus actos forman parte de un rito ancestral colectivo. Eso significa, según Crusoe, que hay que dejarlos en manos del Señor, rector supremo de las naciones, el cual “sabe infligir correctivos nacionales para castigar delitos nacionales”.

No se trata de una recurrencia forzada y distorsionante, en el Éxodo, por ejemplo, la idea que expone Crusoe queda bien palpable en las plagas dirigidas por Dios contra los egipcios, las cuales no afectan a este o a aquel individuo, sino a una nación entera que expía así sus pecados como nación, es decir, como alguien más que un simple grupo de individuos, por grande que sea éste. Sodoma y Gomorra también son borradas de la faz de la tierra, en tanto que naciones, con un talante corrupto. Pero toda la exégesis bíblica, por muy consistente que sea, acostumbra a correr el peligro de ser anulada, o matizada, por otra. Por qué Crusoe, sin moverse un ápice del ámbito veterotestamentario no menciona aquella sentencia que aparece en los Proverbios, 24: salva a todos aquellos que son arrastrados a la muerte y no dejes de liberar a quienes sean llevados al matadero.

Quizás, quién sabe, porque es una de las sentencias que ya habían usado los escolásticos españoles de la Escuela de Salamanca para justificar, precisamente, el exterminio masivo o la esclavitud de aquellos pueblos que, como los caribeños o como los indios que aparecen en la isla de Robinson, practicaban la antropofagia. En cualquier caso Crusoe/Defoe parece conocer con cierta profundidad las circunstancias que envolvieron la gestación de la Leyenda Negra e intenta no caer en los mismos espejismos teóricos, aunque no prácticos.
09/08/2005 10:25 Permalink. Literatura

Siempre mío

Oscar Wilde ha ejercido en mí, como en muchos otros, una perdurable fascinación. No dejó una abundante producción literaria, pero sus poemas, críticas, ensayos, conferencias, obras de teatro, cuentos infantiles y su única novela, El retrato de Dorian Gray, le valieron para ser reconocido mundialmente por una legión de admiradores.

Al margen de su producción literaria, la figura de Oscar Wilde, siempre atractiva y enigmática, ha despertado un gran interés por la dualidad de su personalidad, por sus contradicciones y por las máscaras con las que ocultaba su verdadero rostro. No llevó un diario ni escribió sus memorias y las biografías que de él se han escrito con posterioridad a su muerte nunca tendrán la misma credibilidad que sus cartas. Consciente de esta realidad, en el año 2000, Martin Holland, nieto de Oscar Wilde y experto estudioso de su obra, publicó The Complete Letters of Oscar Wilde, una recopilación de 1.562 cartas del poeta que tenía como finalidad conmemorar el centenario de su muerte y facilitar la comprensión del hombre y del personaje con un material autobiográfico de primera mano.

La correspondencia de Oscar con sus allegados permite conocerle a través de sus propias palabras y aporta elementos inesperados sobre su vida profesional y sentimental más íntima. Como anécdota, cabe significar que en vez de signos de puntuación, excepto en las cartas más formales, empleaba guiones para indicar las pausas. No solía fechar sus epístolas y aunque su ortografía era bastante correcta, con frecuencia cometía faltas en los nombres propios. Sus despedidas acostumbraban a ser: suyo o tuyo, según el grado de confianza que tuviera con el destinatario de las misivas. Sus viajes, sus opiniones, sus momentos de gloria y sus días en el infierno del infortunio están magníficamente retratados con el estilo propio que le caracteriza, mezcla de ingenio y frivolidad.

De la lectura de las cartas de Oscar de deduce una personalidad compleja y proclive a la controversia. Esteta apasionado; vanidoso en extremo, solía magnificar sus éxitos y respondía airado a las críticas negativas que se le hacían; orgulloso de pertenecer a una clase social alta; amante del lujo y los placeres de la buena vida; provocador nato, disfrutaba convirtiéndose en el tema de conversación de los demás. La relación con Alfred Douglas le hizo vivir días de “dorada infamia, horas neronianas, ricas, disolutas, cínicas, materialistas” y ejerció en él una influencia maligna que lo convirtió en un hombre solo, deshonrado y desgraciado. Su estancia en prisión trazó la frontera entre el antes y el después. El atroz sistema penitenciario le quebró el espíritu y la salud, de él diría: “un sistema tan terrible que endurece los corazones de aquellos a quienes no se los rompe, y brutaliza a quienes tienen que ponerlo en práctica en la misma medida que a quienes tienen que someterse a él”. Jamás culpó a nadie de sus propios desastres y asumió las consecuencias de sus actos con entereza. “El sufrimiento es un fuego terrible, purifica o destruye; quizá ahora que todo ha pasado pueda ser mejor persona”, manifestó una vez libre. Manirroto, sufrió el castigo de verse privado de su alto nivel de vida durante el destierro, lo que le llevó con frecuencia a la angustia y a la desesperación, a mendigar compañía y dinero y a no tener miramientos en sangrar a sus amistades exagerando la gravedad de su precaria situación económica.

Tuvo que ser duro para alguien de su condición, que había disfrutado de las mieles del éxito y la riqueza, verse privado del reconocimiento social, apartado de sus hijos y rechazado por muchos de los que antaño le admiraron. Y es que, como él mismo reconoció: “cuando uno está en la cumbre, no puede sino saltar”. Pudo haber conducido su existencia de un modo más sensato y más acorde con su inteligencia, pero consideraba a la razón como la guía más equívoca y frustrante que hay bajo el sol. Prefirió poner la brillantez de su intelecto al servicio de la pasión y ésta le llevó a la más infausta ruina. Su nombre fue borrado del registro de la Literatura Inglesa, sus hijos no pudieron llevar su apellido, fue declarado insolvente, tuvo un final oscuro en el exilio y el placer y la belleza le fueron arrebatados para siempre. En su desolación siguió abrazando la esperanza de remontar la crisis, no lo consiguió. Sólo tras su muerte, le llegaría la redención. Sus obras empezaron a generar royalties, la tumba en la que descansan sus restos bajo un monumento de Jacob Epstein, en el parisino cementerio de Père Lachaise, fue declarada monumento histórico en 1995, una placa en el 34 de Tite Street conmemora el centenario de su nacimiento, una vidriera memorial en el Rincón de los Poetas de la abadía de Westminster le rinde homenaje y una estatua sufragada por fondos públicos le recuerda en Adelaida Street, Londres. Su obra hace que “el perro paria del siglo XIX” siga provocando hoy la admiración entre los lectores y refleja el talento de un hombre sin par.
26/07/2005 09:14 Permalink. Literatura

Acuarela

Con la serenidad del alerce centenario,
el pincel cabalga por el rayo de luz.

No sé tu realidad concreta;
sólo conozco tu milagrosa esencia,
que perdura en la abstracta nitidez del cuadro.

Así vuelas, mitad héroe de resplandores míticos,
mitad pluma transparente y prodigiosa
que besa las corolas siderales del alma.
18/07/2005 09:43 Permalink. Literatura

Mi madre muerta

MADRE MUERTA.jpgMi madre ha muerto. Ha muerto un cadáver. Se ha ido sin haber estado nunca, por eso no la extraño ni la echo de menos. Es triste ser huérfano durante toda la vida y que la muerte venga a certificar la imposibilidad de tener madre. Es extraño. Es inexplicable. Es tremendamente doloroso, porque duele no sentir nada cuando una intuición te dice que deberías sentir algo. El corazón entumecido a golpes de desprecio y abandono no responde, ni con ira ni con duelo. La vida sigue su curso y yo no noto la diferencia entre el antes y el ahora. Entre hoy y ayer, cuando mi madre era una entidad abstracta y desconocida, buscada con desesperación primero, con rabia después, y antes de que la indiferencia cayera sobre mis ansias poniendo remedio a la herida. Busco una emoción que no existe porque necesito convencerme de que no soy inhumana y me invade un desasosiego culpable. ¿Cómo afrontar esta feroz realidad? Qué gran oportunidad perdida. Si hubiera tenido una madre…
16/07/2005 16:38 Permalink. Literatura

Castrati

farinelli.jpgEs en el siglo XVI cuando, tras la prohibición del papa Pablo IV de que las mujeres cantaran en San Pedro, los castrati hacen su aparición cantando en las iglesias. Dicha prohibición se basaba en una particular interpretación de las palabras de San Pablo: "las mujeres deben mantener silencio en la Iglesia". Fue así como niños y varones castrados reemplazaron a las voces femeninas. Tiempo después, la medida se extendió también a los teatros de los estados pontificios, donde se consideró inadmisible la presencia de mujeres en los escenarios, y de esta manera muchos de estos notables cantantes consiguieron la fama y colosales fortunas personales interpretando tanto papeles masculinos como femeninos. Incluso varias obras de los siglos XVII y XVIII, en los que el rol de un hombre aparece escrito para soprano o contralto, estaban pensados específicamente para ser interpretados por castrados, ya que podían alcanzar estos registros.

Los aspirantes a castrati acostumbraban a ser niños de familias humildes y con aparentes aptitudes para el canto. La posibilidad de alcanzar un estatus privilegiado y unos considerables beneficios económicos actuando en ceremonias religiosas, teatros o cortes constituía un acicate no sólo para el artista sino para sus familiares y su representante, y ante tan tentadora perspectiva los elegidos se sometían a la extirpación de los testículos antes de llegar a la pubertad. El cuerpo del castrato crecía sin el aporte debido de testosterona, por lo que su laringe no se desarrollaba, y siendo privado de los testículos antes del cambio, se preservaba la voz infantil. Al aumentar también la capacidad pulmonar y la fuerza muscular y gracias a años de entrenamientos respiratorios y ejercicios vocales, la voz de los castrati adquiría una peculiaridad única, era aguda, dúctil y flexible como la de un niño, brillante y potente como la de un adulto. Por desgracia, muchos chavales morían a los pocos días de realizarse la intervención, ejecutada por un médico o un simple barbero, con una rudimentaria anestesia -se llevaba al paciente a la semiinconsciencia emborrachándolo con ron o comprimiéndole las carótidas hasta causarle el desmayo- y careciendo de la más mínima asepsia, otros no llegaban a conseguir la voz deseada y terminaban sus vidas como apestados, incluso la Iglesia, que mantenía una doble moral al respecto, los castigaba con la excomunión si llegaba a saberse que se había practicado la castración de forma ilegal, es decir, sin poder justificarla como consecuencia de una enfermedad o accidente, asimismo se les negaba el derecho a ser enterrados en tierra sagrada por no estar “completos”.

El castrado más famoso, y quizá el más grande en toda la historia de la ópera, fue Carlos Broschi, nombre que él relegaría a un segundo plano al adoptar el de Farinelli como una forma de agradecimiento hacia los hermanos Farina, mecenas que pagaron durante muchos años sus estudios y manutención. Farinelli estudió en Nápoles bajo la tutela de Nicola Porpora, notable maestro de canto y compositor de óperas, e hizo su debut a los16 años de edad en Roma, en 1721. Su portentosa voz, su gran habilidad para el desarrollo de las florituras y su enorme capacidad expresiva le convirtieron en una celebridad en su época. Por su asombroso talento fue literalmente idolatrado por cuantos le escucharon, era un hombre culto y dotado de una natural simpatía y distinción con las que se granjeó la amistad y protección de reyes, emperadores y del mismo Papa. Gracias a su formidable currículum, en 1737 viajó a España para remediar con su canto el estado de profunda depresión que padecía Felipe V. Durante más de veinte años como cantante personal del monarca logró tal amistad e influencia sobre éste que llegó a decidir cuestiones de estado. En la historia han quedado descritas las espectaculares proezas vocales de Farinelli. La extensión de su voz superaba las tres octavas, podía sostener un sonido durante más de un minuto ampliando o disminuyendo el volumen a voluntad y en un aria especialmente escrita para él realizaba vocalizaciones durante catorce compases con una sola toma de aire. Testigos de su virtuosismo destacan la emotividad prodigiosa de su canto, se dice que los hombres lloraban y las mujeres se desmayaban al escucharlo.

A finales del siglo XVIII numerosos los intelectuales criticaron la castración por considerarla una práctica aberrante. Voltaire y Rousseau la condenaron calificando a los progenitores que la consentían de "padres bárbaros" y tildando de "verdaderos monstruos" a quienes la habían sufrido. Poco a poco las ideas libertarias de la Revolución Francesa fueron calando en la sociedad y en 1798 el papa Benedicto XIV permitió que las mujeres actuaran en los escenarios teatrales y se declaró ilegal la amputación de cualquier parte del cuerpo, salvo en caso de absoluta necesidad médica; pese a todo, la castración continuó practicándose y, aunque en 1830 desaparecieron de la ópera, los castrati siguieron actuando en el Vaticano y en otras iglesias hasta que un decreto del papa León XIII, en 1902, prohibió definitivamente la utilización de castrados en las ceremonias eclesiásticas.

Alessandro Moreschi está considerado el último de los castrati, se retiró en 1913 y su voz se guarda en una grabación realizada en 1902 y reeditada en Perla “Opal” nº 9823 que lleva por título Moreschi el último castrati, en ella se recogen diecisiete fragmentos musicales del cantante junto al coro de la Capilla Sixtina. Debido a los precarios medios con los que fue registrada y al paso del tiempo, la calidad de la grabación es mala, no obstante, en ella se aprecian las cualidades de esta representativa voz y constituye el único documento sonoro de castrati que se conserva en el mundo.

Durante tres siglos se vulneraron las más elementales normas éticas, morales y legales con objeto de obtener la voz pura y virginal de un ángel. Es difícil saber si el precio que pagaba el castrado a cambio de la gloria y la riqueza le compensaba de la terrible mutilación que padecía, lo que no podemos obviar es que la historia de la música sería otra sin estos mitos del canto.
05/07/2005 09:50 Permalink. Literatura

Jeroglíficos

champollion.jpgJeroglífico: vocablo griego formado por hieros (sagrado) y gluphein (grabar).

Trasladémonos a Rosetta, en Egipto, al mes de agosto de 1799. Bouchard, oficial de ingenieros del cuerpo expedicionario del general Bonaparte, desentierra en esta ciudad una piedra cubierta de inscripciones. Aunque el valeroso soldado fue incapaz de descifrar los textos que contenía un decreto redactado por los sacerdotes en honor del rey Ptolomeo V, datado el año 196 a.C., los eruditos constataron la presencia de tres antiguos sistemas de escritura: el griego, el demótico –utilizado en el Egipto de las postrimerías- y… el jeroglífico.

Inmediatamente surgió una hipótesis tentadora: ¿sería el mismo texto redactado en tres escrituras diferentes? En otras palabras, ¿se estaba ante la traducción griega de un texto escrito en jeroglíficos que, tras catorce siglos de silencio, finalmente permitiría encontrar la clave de su descifrado?

En efecto, desde la conquista árabe del siglo VII d. C., la escritura jeroglífica era una gran muda. Ya nadie sabía leer aquellos signos extraños que se consideraban mágicos; en ellos se encontraban, según los antiguos, los secretos de los sacerdotes.

En el siglo I d.C., Filón el Judío escribió: “Los discursos de los egipcios proporcionan una filosofía que se expresa por medio de símbolos, filosofía que revelan en las letras llamadas sagradas”. Dos siglos después, en el III d.C., el filósofo Plotino resaltaba: “Los sabios de Egipto daban prueba de una ciencia consumada empleando signos simbólicos por medio de los cuales, en cierto sentido, designaban intuitivamente, sin necesidad de recurrir a la palabra… Así pues, cada jeroglífico consistía en una especie de ciencia o de sabiduría”. Opiniones nada despreciables puesto que estos dos pensadores frecuentaban con asiduidad la biblioteca de Alejandría y posiblemente aún eran capaces de leer los jeroglíficos. ¿Acaso no se afirmó que el gran Homero prefería esta lengua a cualquier otra?

Los primeros cristianos y algunos padres de la Iglesia todavía testimonian una admiración por los jeroglíficos; después, en el año 639, con la invasión árabe, una noche espesa cae sobre la tierra de los faraones. El cambio de lengua, de religión, de costumbres, la modificación de las maneras de pensar, son el resultado de la creación de un estado musulmán, de valores radicalmente opuestos a los de la antigua civilización egipcia.

¿Subsistió una tradición oral que permitió a unos pocos la lectura de jeroglíficos? Es probable, pero no existen pruebas de ello. En cualquier caso, el capitán Bouchard, aunque fuese de ingenieros, no fue capaz de leer la “piedra Rosetta”. Tampoco los sabios de la expedición tuvieron éxito en esta empresa.

No obstante, Francia acababa de descubrir el eslabón perdido, y todas las esperanzas estaban permitidas. La alegría duró poco pues la expedición de Bonaparte, como es sabido, acabó en desastre militar después de que el general abandonase a sus hombres. Los británicos aprovecharon la ocasión para apoderarse de Egipto, y de la piedra Rosetta, que fue trasladada a Londres, al Museo Británico, donde reina, acompañada de la siguiente inscripción: “Conquered by the Brithis Armies” (Conquistada por el Ejército Británico). Pero no todo se había perdido, pues se hicieron copias que eran estudiadas por unos cuantos investigadores.

En aquellos inicios del siglo XIX fueron bastante numerosas las tentativas para descifrar los jeroglíficos. Tras el fracaso, a mediados del siglo XVIII, de Kircher, un jesuita alemán que pensaba que todos los jeroglíficos eran símbolos sin lectura fonética, muchos estaban convencidos de que los signos serían un enigma para siempre. Posteriormente renació la curiosidad; gracias a la piedra Rosetta se desbordó la imaginación de algunos eruditos, en particular la del inglés Young, que logró descifrar algunos signos, aunque después topó con obstáculos insuperables. Entre los conquistadores de lo imposible destacó un francés, Jean-François Champollion.

Champollion, nacido el 23 de diciembre de 1790 en Figeac, se retrató a sí mismo en una de sus cartas: Soy todo para Egipto, y él es todo para mí. Hombre predestinado, superdotado, envidiado y detestado por la mayoría de las autoridades “científicas” de su tiempo, trabajador incansable, dedicó toda su vida a una extraordinaria misión: encontrar la clave de la lectura de los jeroglíficos y resucitarlos. Desde su infancia se entregó al estudio de varias lenguas muertas e incluso intentó aprender chino y persa. Pero su salud era mala, iba detrás del dinero y de un cargo oficial, y no tenía a su disposición los documentos originales que poseían algunos de sus rivales, incapaces de hacer uso de ellos. Los momentos de desesperación abundaban; Champollion no lograba descifrar sus jeroglíficos

París, 14 de septiembre de 1822. En el Instituto de Francia, el hermano de Champollion trabaja en su despacho, es otra jornada como las otras, gris y monótona. De improviso se abre la puerta. Jean-François Champollion entra completamente exaltado y grita: ¡Lo tengo! Acto seguido, se desmaya. La emoción ha sido tan intensa que permanece alterado varios días. Lejos de este mundo, se prepara para descifrar varios milenios de historia y civilización. Incluso hoy, uno se queda confundido y admirado ante la magnitud del descubrimiento. En la época de los ordenadores, escrituras mucho más sencillas que la jeroglífica continúan siendo indescifrables. Y es un solo cerebro humano el que logra descubrir el velo en el curso de una fulgurante intuición que sigue siendo un enigma.

Antes de Champollion existían dos teorías. Según la primera, los jeroglíficos no eran ni sonidos ni letras como los de nuestro alfabeto, sino símbolos e imágenes. Por ejemplo, un pato es un pato y, tal vez, simboliza otra cosa, pero ¿qué? Con arreglo a la segunda teoría, cada jeroglífico es un sonido a una letra. Por ejemplo, un pato sería una A, una B o una C, pero ¿cómo hallar el equivalente fonético correcto? Tomadas aisladamente, ninguna de las dos teorías era exacta: había que unirlas y superarlas. Es lo que resume Champollion en su carta al barón Dacier: Es un sistema complejo, una escritura a la vez figurativa, simbólica y fonética en un mismo texto, en una misma frase, casi diría en la misma palabra. Efectivamente, el sistema jeroglífico es figurativo, simbólico y fonético en una misma palabra.

No cuesta imaginar la alegría de Champollion durante su único viaje a Egipto, cuando al leer los auténticos monumentos constató la exactitud de su descubrimiento. Champollion, autor de una gramática, un diccionario y un estudio sobre los dioses de Egipto, murió agotado el 4 de marzo de 1832. Jamás se ensalzará lo suficiente el talento de este genio sin el cual el Egipto faraónico habría desaparecido para siempre, él resucitó la sabiduría de una civilización y pocos hombres han logrado una hazaña semejante.
08/06/2005 10:41 Permalink. Literatura

Mi príncipe

Le conocí en la Red, en el chat estoy-más-solo-que-la-una, y me gustó su nick: eterna erección. Acababa de romper con un eyaculador precoz, era justo lo que necesitaba.

El amor en Internet es fabuloso. Un universo de hombres al alcance de la mano, la única pega es que ese hombre puede vivir al otro lado del planeta, aunque ése no fue mi caso, Dani ¡vivía en mi ciudad!, su perfil era magnífico y su foto una maravilla. Era mi hombre ideal.

Le envié mi retrato en un correo y lo nuestro fue amor al primer byte. Me escribía media docena de mensajes cada día y todos eran apasionados y poéticos. Por la noche al llegar a casa, me encontraba bellísimas cartas que me hacían creer que los cuentos de hadas existen y que yo había encontrado a mi príncipe.

Nos convertimos en ciberamigos y en ciberamantes, hasta que, finalmente, después de mes y medio de virtualidad, nos llamamos por teléfono y quedamos en vernos. Tomamos una copa en un pub y casi de inmediato sentí fluir la "electricidad" entre los dos, aunque me quedé "estática". Mi cerebro enviaba señales de alerta: ¡Peligro, peligro! Desgraciadamente los mensajes no llegaron a la profundidad de mis muslos, donde, por alguna inexplicable razón, todo eran cosquilleos.

¡Qué rayos! Nos fuimos del bar y cuando me acompañó a casa, lo invité a entrar. Él estaba muy excitado, lástima que no fuera por la razón que yo pensaba. Una vez en el dormitorio empezó a jugar, no con mi sujetador, se puso a jugar con mi ordenador. Intenté detenerlo en vano, él iba lanzado. Sabía tocar los botones correctos y mi contraseña cedió enseguida ante su ímpetu.

En un plisplás estaba palpando mi teclado, que yacía expectante. Luego su mano se posó sobre mi ratón. Mis carpetas de documentos se abrieron de par en par y una intensa energía recorrió mi puerto paralelo. Grité: ¡Para, para! Pero Dani siguió adelante, su fluido de datos atravesó mi cortafuegos. Sus ojos miraban intensamente mi monitor. Gemía de placer mientras iba de un chat a otro. Entró en anorgásmicas-frustradas, en acomplejados-alopécicos, en fustígame-fuerte, en angelitos-para-zorritas... Y es que a Dani le encantaba representar otras personalidades, era un as suplantando identidades y haciéndose pasar por cualquiera. Que me lo digan a mí, que me había convencido de que era el príncipe azul, mi príncipe.

Vete, le pedí, estoy a punto de colgarme. Sólo un poco más, suplicó. Termino en un minuto, dijo, introduciendo su disquete en mi disquetera. No te preocupes, no te pasaré ningún virus, llevo protección. Aquello ya era demasié. Agarré su disquete, se lo devolví y lo aparté de mi terminal. Luego lo llevé a empujones hasta la puerta y observé mi pobre terminal violada, le convenía una ducha fría.

A la mañana siguiente recibí un largo correo de Dani disculpándose, no le creí una palabra y lo redirigí a malparidos.com ¿Cómo pude ser tan boba? Los cuentos de hadas son cuentos chinos. Los sapos no se convierten en príncipes cuando los besas, sin embargo, muchos príncipes se transforman en sapos a la primera de cambio. Y yo fui a topar con el peor de la charca.
24/05/2005 09:02 Permalink. Literatura

Max Ernst, mago de los delirios apenas perceptibles

max ernst.gif“¿Qué es el surrealismo? Quienes esperen una definición que dé respuesta a esta pregunta se verán decepcionados tanto tiempo como dure el movimiento surrealista”.

La obra de Marx Ernst es probablemente la respuesta visual más rica y compleja a la pregunta de si existió una pintura surrealista, o un equivalente en imágenes de la escritura automática; su camino es una continua búsqueda de formas de pintura automática con las que superar la idea tradicional de mimesis, pero también, como dice él mismo, la noción romántica del artista-genio: “Uno de los primeros actos revolucionarios del surrealismo ha sido el de atacar este mito (la leyenda del poder creador del artista) valiéndose de medios objetivos, en la forma más corrosiva y, sin la menor duda, haberlo destruido para siempre”.

El pintor surrealista asume un papel pasivo, en tanto que asiste al nacimiento de su obra a partir de una primera inspiración visual, y no acepta ningún tipo de control activo que provenga de idea preconcebida moral o estética alguna; por eso inventó Ernst diversas técnicas que sirvieran justamente para producir ese primer estímulo. Los collages fueron la primera propuesta y en realidad pueden considerarse la raíz de la que arranca toda su pintura. Ernst también inventó o descubrió técnicas como el frottage y el grattage, consistentes en colocar bajo el papel o la tela objetos (maderas, hojas...) y frotar o rascar con un lápiz, de forma que el elemento quede impreso en la superficie.

El lugar que hoy ocupa Max Ernst en la historia del arte del siglo XX posee un valor inmenso, y la insólita mezcla de juego y visión que en él se da no conoce punto de comparación en esta época. Ernst renuncia de antemano a todo cuanto pudiera conducir a una armonía decorativa, a una actitud de comodidad visual. Su obra, contemplada como un conjunto, antes logra irritar y confundir que atraer. Desde el comienzo, esa obra va más allá de lo que comúnmente se define como trabajo artístico, como pintura u obra gráfica. Ernst fascina al observador, lo capta y, en seguida, crea en él una inquietud. El artista buscaba deliberadamente este efecto, que arraigaba en la propia naturaleza de su ser: “La pintura se desarrolla en dos planos diferentes y, sin embargo, complementarios. Proporciona agresividad y elevación”. En una ocasión dijo: “Un pintor puede saber qué es lo que no quiere, pero ¡ay de él si pretende saber lo que quiere! Un pintor cuando se encuentra está perdido”. El haber conseguido no encontrarse, eso lo consideraba Max Ernst su único “mérito”.

Ya en 1921 dio con su célebre expresión programática “más allá de la pintura”, que tenía resonancias de Nietzsche. Encontraba así la fórmula mágica de lo que, con fuerza cada vez mayor, tira de nosotros hacia esa obra de inagotable riqueza y alejada de toda doctrina. Porque dicha expresión se refiere simultáneamente a dos terrenos distintos: a los contenidos de la representación y a la técnica. Ambos requieren una eliminación de las fronteras y este rechazo de la frontera, de la limitación, es un mentís a todo ejercicio convencional de la pintura y el dibujo.

“Mis reflexiones, mis impaciencias, mis dudas, mis creencias, mis alucinaciones, mis amores, mis iras, mis rebeliones, mis contradicciones, mis negaciones a someterme a disciplina alguna, ni siquiera a la mía, las esporádicas visitas de mi hermana Perturbación, la mujer de las cien cabezas, nada de todo esto ha resultado favorable a una labor tranquila y serena. Al igual que mi comportamiento, mi obra no es armónica en el sentido de los compositores clásicos. Sediciosa, desigual, contradictoria, es inaceptable para los especialistas en arte, cultura, comportamiento, lógica y moral. Tiene, sin embargo, el don de fascinar a mis cómplices, los poetas, los patafísicos y algunos analfabetos”. Así describía Ernst su obra.

Los aguafuertes de Maximiliana o El ejercicio ilegal de la Astronomía son uno de los grandes trabajos de Ersnt en homenaje al astrónomo alemán E.W. Temel, que puso nombre a un pequeño planeta que descubrió, el más alejado del grupo situado entre Marte y Júpiter. A través de una escritura ilegible, Ernst experimenta con la que puede considerarse una de sus invenciones enigmáticas. Además de su particular uso de las imágenes, incorpora una escritura cifrada para la que no existe código de interpretación. Como si las palabras fueran tan herméticas y con significados tan abiertos como las propias imágenes. En la serie Historia natural, Ernst presenta una de sus innovaciones más revolucionarias: el frotagge, la técnica de transferencia al papel de superficies rugosas mediante la fricción. Con esto, más allá de lo que vemos, Ernst hace visible lo que podría hallarse en el sustrato de la visión, las imágenes posibles, pero veladas, de la realidad. En sus esculturas se refleja su preocupación estética. Lector voraz y sensible tuvo intensas relaciones con algunos de los escritores más notables de su tiempo: Paul Éluard, Benjamín Péret, André Bretón, Rene Crevel, Franz Kafka, Tristan Tzara, Antonin Artaud, Jacques Prévert, Lewis Caroll, Samuel Beckett... y colaboró con ellos poniendo imágenes allí donde sólo había palabras. Sin duda, gracias a ello, muchos de sus trabajos en el campo de la edición de libros, que casi configuran un libro dentro de otro libro, se han convertido en referencias absolutas del arte actual.

Max Ernst nació el 2 de abril de 1891 en Brühl, cerca de Colonia. Su padre era profesor en una escuela para sordomudos y le dio sus primeras clases de pintura, que él cultiva de forma autodidacta. Se matriculó en la Universidad de Bonn donde cursó estudios de filología clásica, filosofía, psicología e historia del arte, evitando cuidadosamente "toda clase de estudios que puedan degenerar en un modo de ganarse el pan de cada día". En 1912 acude a la famosa exposición del Sonderbund, que se celebra en Colonia, y donde Ernst tiene la ocasión de conocer directamente obras de Cézane, Van Gohg, Munich y Picasso, esta visita será el catalizador de su decisión de dedicarse a la pintura. Combatió en la Primera Guerra Mundial y la dolorosa experiencia que le produjo "la gran marranada" resultó decisiva para llegar al dadaísmo: el movimiento nacido del trastorno existencial y dedicado a él. Su visión de la sociedad que ha desencadenado la absurda matanza, en la que el pintor participa como soldado de artillería, sintoniza con la de un grupo de intelectuales y artistas que, en 1916, funda en el cabaret Voltaire de Zurich el movimiento Dadá. La obra plástica y literaria de Ernst está íntimamente ligada a este movimiento, del que constituye una de las aportaciones más significativas y fascinantes.

Max Ernst profundizó en las posibilidades del movimiento surrealista. No descartó ninguna forma de manifestar sus fantasmas interiores, su razonamiento consciente, su sensibilidad y su conducta espontánea, dejándose llevar por técnicas artísticas que, en principio, le eran ajenas. En sus cuadros y trabajos gráficos, el artista alemán expresó visualmente mejor que nadie el enigmático mundo que ya habían explorado los surrealistas. Fue un trabajador infatigable, no en vano su obra gráfica suma más de 2.000 creaciones. "Max Ernst es la mente más magníficamente atormentada que pueda existir", resumió André Breton con acierto.

Max Ernst murió en 1976, la víspera de su 85 cumpleaños. El artista cerró sus notas biográficas con estas sugerentes palabras a propósito de su método de trabajo: "Última cuestión: Max Ernst invita a sus críticos lectores y benévolas lectoras a que se planteen si verdaderamente se merece el halagüeño título de 'mago de los delirios apenas perceptibles' que le concedió uno de los poetas más grandes e incomprendidos de nuestro tiempo, René Crevel."
02/05/2005 09:29 Permalink. Literatura

Aprendí

Aprendí a olvidar el roce de tus labios,
a no escribir poemas que llevaran tu huella,
a apagar la luz que tú encendiste,
a borrar el eco de tu nombre
de las cosas vividas, de las cosas queridas.

Con el tiempo llegó el olvido,
se fue el dolor de la pérdida,
el son de la música que no bailamos,
el aroma de esa flor ahora marchita
y las noches eternas de vacío.

Quise desandar el camino andado,
pero el reloj nunca se detuvo
y seguí adelante, siempre adelante.
Escapé de la nostalgia por los días que se fueron,
enjugué las lágrimas que nunca viste,
y escapé, escapé de ti y de tu recuerdo.

Ahora existe un paraíso lejos del tuyo,
otra vida cuyo eje no es tu vida,
una ilusión sin tu mirada,
otros ojos, otras manos y otra boca.
Y es que aprendí a borrar tu rastro
de los rincones llenos de ausencia.
13/04/2005 10:02 Permalink. Literatura

Manos

manos.jpgUnidas en actitud de plegaria se entrelazan. Hay una delicadeza magnética en esas manos retratadas con preciso trazo, una armonía impecable, una sencillez fruto de horas de estudio y depurada técnica. Proporción, exactitud y meticulosidad que transmiten sensaciones. No hacen falta pigmentos que engañen al ojo y distraigan la imaginación de la fuerza y la energía. Destaca la búsqueda de una perfección inalcanzable, porque el artesano, el artista, paciente observador, calca la realidad hasta en el más nimio detalle y presenta la perspectiva correcta, la proporción justa, la descripción geométrica. Durero mira la naturaleza con ojos de matemático, escudriña el rincón más insignificante y, llevado por el rigor intelectual, dibuja pasión sincera y estremecedora.
07/03/2005 09:39 Permalink. Literatura

El blues de la oficina

Estoy aquí sentada otro día más,
contemplando el castillo de Perelada
que hay clavado en la pared,
la ventana que da al oscuro taller
y el corcho raído del suelo.

El teléfono suena,
los clientes gritan y exigen
y yo escondida tras el escritorio
sueño con esos detalles
que me estoy perdiendo:
el calor de esta tarde de primavera,
la brisa con olor a flores,
el café en la terraza del parque.

El espejo del baño me retrata,
la cara cansada,
los ojos irritados,
unos hombros caídos
bajo el peso del trabajo,
un muñeco, en fin, como de paja
que cuelga de un palo
y sueña con la libertad
que ha de darme el reloj.
04/03/2005 09:38 Permalink. Literatura

A merced de las críticas

Leo la selección de crítica de una revista literaria y pienso en ese pobre autor que ha sido despellejado vivo ante el ojo público. El crítico inhumano canta sus miserias y mete el dedo en la llaga de su desgracia. “La novela es un modelo de incongruencia y desatino. Un alarde de inverosimilitud. Un aparatoso engranaje que chirría hasta el punto que se agradece el blanco de la última página. Un estilo impregnado de coloquialismos y modismos, que pretende pasar por lenguaje natural. Un planteamiento que no se ve refrendado por el talento adecuado”. ¿Era necesaria tanta crueldad?

Cuando un escritor escribe, lo hace para sí mismo, pero cuando publica, lo hace contra todos, ya que espera con pánico las primeras críticas para ver por cuál de las esquinas de su alma empezarán a destrozarlo. O, todavía peor, acaba constatando, desolado, que ni tan siquiera se toman la molestia de hablar de su trabajo. Esta situación poco grata es casi siempre inevitable: el autor quiere publicar su obra, hacerla pública. Pero desea que no se la carguen, desea que agrade. La herida en el ego que el escritor puede recibir por una crítica negativa desproporcionadamente feroz o mal informada, o impertinente, es dolorosa y este dolor dependerá directamente del grado de compromiso que haya querido asumir con su obra, aunque también dependerá en gran parte de la medida de su ego. La única solución para evitar este trago es dejar de escribir. Hay autores con la madurez emocional suficiente para marcar distancias, romper los lazos sentimentales que le unen a su obra recién publicada y seguir escribiendo digan lo que digan. Claro que una cosa es la disquisición teórica y otra la práctica.
03/03/2005 10:03 Permalink. Literatura

Logros del tiempo

El tiempo enturbia la mirada,
la pasión mengua,
la tristeza y el desánimo
ocupan el territorio
donde vivió la esperanza.

El conocimiento sabe de sus límites,
la piedad vence al odio
y la palabra es el único legado
que deja el cuerpo para flotar
en el vacío de la muerte.
17/02/2005 09:59 Permalink. Literatura

A ti...

A ti, que figuras en mi memoria
como un estigma del mal, te deseo...

Que alguien te pague
con la misma moneda

Que tengas una vida larga
solo y envenenado de odio

Que tu corazón podrido
jamás conozca el amor

Que la condena eterna no baste
para expiar tus culpas

Sé que estos versos
no son rimados ni poéticos
y es que hablando de un hijoputa
no se puede decir nada bello.
15/02/2005 09:55 Permalink. Literatura

Árbol

arbol hojas.gifIntento esquivarla una y otra vez, pero me persigue allí donde voy. Tu sombra me sigue a todas partes. Me giro y te veo, eres un árbol, un árbol con el tronco casi seco, que está perdiendo las hojas poco a poco.
09/02/2005 09:48 Permalink. Literatura

Culpa

Tu mejilla contra mi pecho se humedece
y yo cierro los ojos y me evado
y beso tus párpados cansados.

En mortal ternura abrazados
nos tenemos el uno al otro
mientras la pasión descansa
y el amor se mezcla con la culpa.

Un juez silencioso nos acusa
y tú me miras y me aprietas
y me proteges de mis pensamientos.

La tristeza hecha lágrima,
caricia y beso.

El amor, hoguera incendiaria
de nuestros cuerpos
y de nuestras almas.
18/01/2005 09:23 Permalink. Literatura

El Quijote de Avellaneda, la historia de una venganza

quijote.jpgDurante siglos, el empeño por descubrir la verdadera identidad del autor del Quijote apócrifo fue infructuoso; hasta que, en 1988, Martín de Riquer propuso en su libro “Cervantes, Pasamonte y Avellaneda” la hipótesis de que Alonso Fernández de Avellaneda era en realidad un soldado aragonés llamado Jerónimo de Pasamonte, compañero de milicias de Cervantes.

Jerónimo de Pasamonte nace en el seno de una ilustre familia aragonesa, siendo todavía un niño mueren sus padres y queda en una situación precaria, por lo que entra al servicio del obispo de Soria. A los 12 años regresa a Aragón e inicia estudios de gramática y latín en casa del hermano de su madre que es cura, un año más tarde ingresa en la cofradía de la Madre de Dios del Rosario Bendito y durante toda su vida será un gran devoto de la Virgen y del rosario. Permanece estudiando con su tío clérigo hasta los 17 años y después intenta ser fraile bernardo en el monasterio de Veruela, pero su hermano mayor no apoya esta decisión por considerarla una deshonra para su linaje y entonces Jerónimo opta por ir a Barcelona para, desde allí, partir hacia Roma, donde piensa hacerse religioso. Su miopía y la falta de una renta que le permita estudiar se lo impiden y al final elige enrolarse como soldado con las tropas de don Juan de Austria y zarpa rumbo a Italia en 1571.

Jerónimo de Pasamonte coincide en tierras italianas con Miguel de Cervantes Saavedra y comparten juntos más de dos años de vida militar. Durante ocho meses forman parte del tercio de Miguel de Moncada y como miembros del mismo tercio intervienen en la batalla de Lepanto, en octubre de 1571. Más tarde, integrando tercios diferentes, coinciden en la jornada de Ambarino (octubre de 1572) y en la toma de Túnez (octubre de 1573). Tras estas campañas, la compañía de Pasamonte permanece en la Goleta y el tercio en el que participaba Cervantes va a Cerdeña a pasar el invierno, en este momento los dos soldados se distancian. El verano de 1574 se produce la toma de Goleta por los turcos y Pasamonte cae preso sufriendo un prolongado cautiverio que discurre entre Constantinopla, Túnez, Bizerta, Alejandría, Misistro y Rodas. También Cervantes resulta hecho prisionero, de regreso a España, en septiembre de 1575, es apresado por corsarios berberiscos y cumple condena en Argel hasta septiembre de 1580.

Tras veintidós años de cautiverio y sufrimiento, remando como galeote y trabajando en la construcción de fortalezas, Pasamonte reúne dinero suficiente para pagar su rescate, visita en Roma los santos lugares para dar gracias por su liberación y retorna a España en 1593, donde, a los 40 años, escribe su autobiografía con la pretensión de recibir algún tipo de compensación económica de las autoridades por los servicios prestados al rey. La obra se distribuye por Madrid en manuscrito, procedimiento de transmisión literaria habitual en la época, y no se edita hasta 1922, cuando Raymond Foulché-Delbosc se interesa por dicho escrito, conservado en la Biblioteca Nacional de Nápoles, y lo entrega a imprenta con el título de “Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte”. El año en que empieza a circular el manuscrito, Cervantes, que se encuentra en la corte, tiene acceso a la autobiografía de su compañero de armas.

Jerónimo de Pasamonte no logra su objetivos pecuniarios y se ve forzado a regresar a Italia en 1595 para servir como soldado en las guarniciones españolas y de este modo ganarse la vida. Allí continúa escribiendo su biografía y da muestras de sufrir manía persecutoria al creerse constantemente amenazado por seres infernales que tratan de envenenarlo. En sus momentos de crisis, experimenta una serie de visiones delirantes en las que es atacado por criaturas demoníacas con figura de gato o por fantasmas. Debido a su deficiencia visual, Pasamonte obtiene una plaza de residente en Nápoles, lo que le supone una retribución económica y le dispensa de la milicia activa. Disfrutando de los beneficios de una situación más estable, contrae matrimonio con una mujer española que saca de un convento. Pronto surgen las desavenencias con sus suegros y su cuñada, a los que considera endemoniados, y los acusa de querer prostituir a su mujer y de intoxicarlo. Expuesto a estos peligros ficticios, busca en la religión el medio para vencer a las fuerzas malignas que le acosan e incluye en el epílogo de su autobiografía un largo listado de oraciones que acostumbra rezar y una serie de consideraciones teológicas sobre las tentaciones del demonio, definiéndolas y distinguiendo sus clases. Si la versión inicial de su biografía tuvo el propósito de obtener unos ingresos, la versión ampliada de la misma tiene como objetivo advertir de los daños que ocasionan los agentes del diablo, y que él afronta con la oración, la observancia de los sacramentos y la devoción a la Virgen y a los santos.

El 26 de enero de 1605, Pasamonte da por finalizada su biografía y fecha una de las dedicatorias, haciéndola copiar de mejor letra. Es por entonces cuando se publica en España la primera parte del Quijote de Cervantes, en la que aparece el personaje del galeote Ginés de Pasamonte, un delincuente embustero y ladrón. Cervantes incluye esta figura de manera deliberada, es su forma de materializar una venganza.

Ginés de Pasamonte es la figura encubierta bajo la que se oculta Jerónimo de Pasamonte y la ignorancia generalizada de su “Vida” ha impedido hasta ahora reparar en una prueba insólita. Pasamonte describe escuetamente en su obra las batallas en las que participó siendo joven, se refiere de pasada a la de Lepanto, limitándose a narrar que salió ileso de ella, y recrea ampliamente la toma de Túnez, donde no hubo auténtica contienda, ya que los turcos, asustados tras la derrota de Lepanto, huyeron ante la presencia de la armada cristiana. Pues bien, Jerónimo de Pasamonte dice de sí mismo que se hallaba enfermo de calentura y que contraviniendo las órdenes de su capitán, que le pidió que permaneciera bajo cubierta con los enfermos, él quiso pelear, apelando a su honra, en el lugar del esquife, y menciona además a un alférez como testigo de su hazaña. Cabe recordar que Cervantes tuvo un comportamiento heroico en la batalla de Lepanto, según atestigua en un documento de 1578 el alférez Mateo Santisteban, quien da fe de que pese a encontrarse enfermo de calentura durante dicho combate y aunque había recibido la recomendación de su capitán de quedarse bajo cubierta con los enfermos, apeló a su honra y quiso luchar contra los turcos en el lugar del esquife, el cual resultaba especialmente peligroso, donde recibió varias heridas. Al leer el manuscrito de la primera versión de la “Vida” de Pasamonte, Cervantes se siente indignado por la falta de ética de su antiguo compañero y, enfurecido, resuelve escarnecerlo en la primera parte del Quijote. Aquí comienza la feroz disputa literaria entre Pasamonte y Cervantes.

Cervantes lleva a cabo una imitación satírica y enmendadora de la escueta descripción de los acontecimientos militares que había realizado Pasamonte en su “Vida” para demostrarle a éste su superioridad artística. Incluye la novela del “Capitán cautivo” en la primera parte de su Quijote, en la que calca paso a paso los episodios militares narrados en la autobiografía de Pasamonte, amplificándolos para dejar una constancia más rigurosa de los hechos y hacerlos más amenos, y le lanza una indirecta a su enemigo al exponer que su capitán permaneció veintidós años fuera de España a causa de su cautiverio entre los turcos, los mismos años y la misma razón que aduce Jerónimo de Pasamonte en su “Vida”. Miguel de Cervantes convierte al galeote de los turcos en un condenado a las galeras reales en España, le carga con las mismas prisiones con que el aragonés se retrata en el episodio mencionado de su “Vida” y lo presenta como autor de una biografía titulada “Vida de Ginés de Pasamonte”, tildándolo de bellaco, embustero y ladrón. Jerónimo de Pasamonte debió sentirse tremendamente humillado por la imagen que se daba de él en esa obra y que era contraria a la de hombre devoto y recto que ofrecía de sí mismo en su autobiografía. Según Martín de Riquer, el aragonés desistió de publicar la versión ampliada de su “Vida”para que no se le relacionara con el denigrado galeote Ginés de Pasamonte. Por otra parte, Cervantes termina la primera parte de don Quijote en unas justas en Zaragoza, invitando a otros autores a proseguir la historia mediante la cita de un verso de Ariosto: “Forsi altro canterà con miglior plectio”, Quizá otro cantará con mejor plectro. Pasamonte, admirador de Ariosto y aragonés, conoce bien el terreno donde se desarrollará esa nueva salida de don Quijote, por lo que acepta el reto y replica a Cervantes ocultándose bajo un seudónimo para escribir el Quijote apócrifo. Siempre se ha creído que Avellaneda (Jerónimo de Pasamonte) fue el primer y único imitador de Cervantes, pero en realidad fue Cervantes quien imitó a Pasamonte.

La hipótesis de que Alonso Fernández de Avellaneda y Jerónimo de Pasamonte son la misma persona no ha sido hasta el momento unánimemente refrendada, sin embargo, la minuciosa comparación de la “Vida” de Jerónimo de Pasamonte, las dos partes del Quijote cervantino y el Quijote apócrifo ofrecen datos suficientes para confirmar la relación de identidad entre el soldado aragonés y Avellaneda. En el Quijote apócrifo aparecen con frecuencia las mismas expresiones y giros lingüísticos usados por Pasamonte en su “Vida” y se incluyen episodios que sin duda constituyen una traslación literaria de algunas experiencias descritas en la autobiografía del aragonés. El autor del Quijote apócrifo conoce Constantinopla, lugar en el que Pasamonte estuvo cautivo. El don Quijote avellanesco es socorrido por un caritativo canónigo aragonés que lo acoge en su casa, igual que el canónigo aragonés Cabañas acogió en su casa de Roma al ex cautivo Pasamonte. En el Quijote apócrifo, la prostituta Bárbara, asidua acompañante de don Quijote, ingresa en un monasterio de Arrepentidas, tal como Pasamonte intentó hacer con su cuñada. Pero es sobre todo en los dos relatos intercalados del Quijote apócrifo, titulados “El rico desesperado” y “Los felices amantes”, donde son más evidentes las similitudes con los sucesos biográficos descritos en la “Vida” de Pasamonte. Éste experimentó una fuerte impresión al escuchar un sermón del dominico padre Javierre durante la cuaresma, también los protagonistas de estos relatos sufren la misma conmoción al escuchar, también en cuaresma, discursos dominicos. Otras de sus experiencias vitales, como sus discusiones familiares a propósito de la conveniencia de hacerse fraile, su matrimonio con una mujer sacada de un convento o sus peregrinajes a Roma, son reflejadas en estos cuentos. Por lo demás, Pasamonte y Avellaneda muestran idéntica devoción por los santos, la Virgen y el rosario, y coinciden absolutamente en sus ideas acerca de los agentes demoníacos y sobre la forma de combatirlos mediante los sacramentos y la oración. Hay que añadir que el autor del Quijote apócrifo deja en su obra indicios de su verdadera identidad y se sirve del juego cervantino de los “sinónimos voluntarios” para incluir en ella a personajes que representan inequívocamente a Jerónimo de Pasamonte, encarnado por el soldado Antonio de Bracamonte, de apellido muy parecido al del aragonés y con unas características que lo identifican fácilmente. La confirmación definitiva nos la brinda el propio Cervantes dejando en la segunda parte de su Quijote, publicado en 1615, pruebas de su convencimiento de que Jerónimo de Pasamonte era el autor del Quijote apócrifo.

Leyendo la primera parte del Quijote, Jerónimo de Pasamonte se ve descrito con crueldad en una obra de gran difusión y, además, comprueba que Cervantes ha repetido los episodios militares de su “Vida”, entonces decide dar réplica a su adversario escribiendo el Quijote apócrifo, que firma con un nombre falso para que no se le relacione con el galeote cervantino. En el prólogo de su obra, Avellaneda-Pasamonte se queja de la ofensa que Cervantes le ha inflingido con el uso de “sinónimos voluntarios”, en clara referencia a Ginés de Pasamonte, y le denuncia públicamente por haber copiado las “fieles relaciones que a su mano llegaron”, es decir, los episodios militares de su “Vida”. Jerónimo de Pasamonte se siente legitimado para continuar la historia de don Quijote plagiando al plagiario y, tal y como había hecho antes con su “Vida”, la hace circular en manuscritos al menos desde marzo de 1613, fecha en que los participantes en un certamen poético que se celebra en Zaragoza admiten conocerla, y se edita en 1614.

El litigio imitativo entre Cervantes y Pasamonte no se zanja aquí, pues Cervantes, contrariamente a lo que se ha creído, lee el manuscrito de Avellaneda antes de iniciar la segunda parte de su Quijote y decide dar una respuesta contundente a su antagonista. Desarrolla la segunda parte de su obra para pagar al impostor con su misma moneda, realizando, igual que hizo en la primera parte del Quijote con los episodios militares de la “Vida” de Jerónimo de Pasamonte, una versión mejorada y correctora del manuscrito del Quijote apócrifo y amenaza al autor con revelar su identidad si llevaba a cabo su intención de proseguir, como había anunciado al final de su Quijote apócrifo, las aventuras de don Quijote en Castilla la Vieja. Para demostrarle a Pasamonte que lo ha identificado, Cervantes recurre de nuevo a su “sinónimo voluntario”: Ginés de Pasamonte, dándole la identidad del titiritero maese Pedro y hace que dicho personaje protagonice un episodio que es un claro trasunto de otro de la obra apócrifa. Asimismo, Cervantes se burla de algunas experiencias narradas en la “Vida” de Pasamonte: el ataque de un gato que recibe el don Quijote cervantino en la casa de los duques y la visita nocturna de la dueña doña Rodríguez ataviada como un fantasma, son una alusión clara a las alucinaciones de su contrincante y una prueba fehaciente de que le consideraba el autor del Quijote apócrifo.

La comparación entre la segunda parte del Quijote cervantino y el Quijote apócrifo revela una vez más que Cervantes reprodujo los episodios de Avellaneda identificándolo siempre con Pasamonte. El Quijote avellanesco se encuentra con una compañía de representantes que escenifica una obra de Lope de Vega, el cervantino se cruza con unos comediantes que representan una obra de Lope de Vega. El Quijote de Avellaneda deja de ser el de la Triste Figura para llamarse el Caballero Desamorado, el don Quijote cervantino cambia su apodo y pasa a ser el Caballero de los Leones. El Quijote apócrifo se refiere en uno de sus discursos a Montesinos, y el cervantino baja a una cueva en la que se encuentra con el mismo personaje. El Quijote de Avellaneda toma a los comediantes de la venta por vestiglos, y el de Cervantes toma por vestiglos a los harineros de la aceña. El Quijote avellanesco es burlado una y otra vez en las casas de los nobles, y el cervantino es sometido a burlas muy similares en casa de los duques. El Sancho de Avellaneda escribe una carta a su mujer y el cervantino le escribe a la suya otra carta casi idéntica. El Sancho de Avellaneda dice entender el lenguaje de su rucio, y el de Cervantes va más lejos, puesto que rebuzna con toda propiedad...

En el verano de 1614, cuando Cervantes llevaba avanzada la redacción de la segunda parte de su Quijote, se entera de que la obra de Avellaneda ha sido publicada y decide cambiar de estrategia para dar contestación explícita a la existencia del falso don Quijote. En el capítulo 59 de la segunda parte de su obra, Cervantes menciona el libro publicado por Avellaneda y hace que un caballero entregue en una venta dicho libro a su don Quijote, abrazándolo y reconociéndole como el verdadero. Pues bien, el personaje en cuestión es otro “sinónimo voluntario” de Jerónimo Pasamonte, formado esta vez con su nombre de pila. El caballero que entrega sumiso el libro apócrifo recién publicado al verdadero don Quijote se llama, es significativo, don Jerónimo, con lo que Cervantes hace en la representación literaria que Jerónimo de Pasamonte reconozca a su don Quijote como el auténtico. De esta forma, mediante los “sinónimos voluntarios” de don Jerónimo y de Ginés de Pasamonte, Cervantes deja indicados el nombre y apellidos de su rival. En el “Prólogo” de la segunda parte del Quijote, escrito tras terminar su obra, Cervantes apunta directamente a Avellaneda y dice saber bien en qué consisten las tentaciones del demonio, dando a entender que es el autor fingido quien ha caído en ellas al pretender ganar fama y dinero con la historia del falso Quijote. No obstante, y aunque Cervantes se dirige ex profeso a Avellaneda, en el Quijote apócrifo no hay ninguna referencia a las tentaciones del demonio, por lo que Cervantes no alude a la obra espuria, sino a las disquisiciones teológicas que realiza Pasamonte sobre las mencionadas tentaciones del demonio al final de su autobiografía, mostrando nuevamente su convencimiento de que el autor del Quijote apócrifo y el de la “Vida” de Pasamonte son la misma persona.

Las evidencias indican que Cervantes tomó como referencia el Quijote de Pasamonte y su “Vida” para narrar la historia de su Quijote, un texto que no puede considerarse original ya que representa, de principio a fin, la respuesta airada a una pugna literaria de la que Cervantes consiguió salir triunfante. Tan bien le salió la jugada que han transcurrido cuatro siglos sin que hayamos reparado en la existencia de Jerónimo de Pasamonte, sin advertir que Cervantes se basó en sus obras para escribir la novela más elogiada y leída de nuestras letras.
11/12/2004 10:45 Permalink. Literatura

Poema IV

Pinceladas rápidas
que poco dicen
pero que en perspectiva
muestran un cuadro:
soledad a penas perceptible,
esfuerzo sobrenatural,
sima que engulle.
Silencios explícitos,
más que las exhaustivas explicaciones.

Decir más callando,
sin reflexiones morales
ni divagaciones innecesarias,
solo trazos precisos
como latigazos,
un par de detalles
para retratar la oscuridad.

De la antología: El futuro de mi pasado
04/12/2004 10:54 Permalink. Literatura

Pasión

La vida sin pasión no es vida, es un estado de catalepsia cercano a la muerte, es la muerte misma.

El mundo está lleno de cadáveres, muertos putrefactos que hieden y contaminan el aire que respiramos los vivos.

Soy escritora y mi universo son cuatro paredes con libros, papeles, plumas... Me gusta pensar que conmuevo almas, que bajo esa capa de palabras, mi obra trasciende, transmite, toca la fibra sensible de los otros.

Mi obra es malparida, deforme, imperfecta, porque la belleza nunca es perfección, ni rima, ni técnica, ni academicismo.

Estudié poesía creativa un día, el tiempo que me costó descubrir que no te enseñan a escribir, ni a sentir, ni a hacer arte.

El arte debe reflejar el alma del artista. Al leer un libro, se tiene que notar si el escritor estaba exultante, furioso, nostálgico, enamorado: ¡la pasión!

Soy individualista, no sigo normas, ni estilos, ni modas... Escribo, y mi obra es diferente según quién la mira. Cada lector destila conceptos, sensaciones e ideas en su propio alambique y mi escrito se transmuta y vibra en cada alma con un sonido distinto.

Me expreso escribiendo. Escribir no es mi oficio: es mi manera de vivir, y escribiendo, además, me divierto.
18/11/2004 20:54 Permalink. Literatura

¿Qué es poesía?

¿Qué es Poesía? Ninguna definición mejor que la de Bécquer: poesía eres tú, todo lo que me emociona y altera, todo lo que me conmueve y me hace vibrar. Podrá no haber poetas que con su torpe rima intenten explicar lo inexplicable, pero siempre, siempre habrá Poesía.
13/11/2004 05:13 Permalink. Literatura

Más allá del bien y del mal

Hay libros cuyo valor, imposible de cuantificar, radica en sus efectos. Son libros corrosivos, que deconstruyen el pensamiento y disuelven las telarañas del espíritu. Te dejan cruelmente burlado y profanado, en medio de un laberinto donde el extravío te coloca a merced de un Minotauro cualquiera que te despedaza la conciencia. No puedes volver atrás, porque “atrás” son las ciénagas de la ignorancia, “el mundo antiguo”, y tú eres ya un ser redimido de la multitud, que afronta la vida con desconfianza y sarcasmo, sometido al tormento de la duda y más allá del bien y del mal.
01/11/2004 10:48 Permalink. Literatura

Apreciar la literatura

En realidad, la Literatura no se escribe para ser explicada, sino para su comprensión directa y goce estético. Pero podemos profundizar en esta comprensión y goce estético a través de la reflexión sobre las causas que convierten un texto en obra de arte.

Lo primero que necesitamos es comprender el sentido literal de las palabras, con la ayuda, si es preciso, del diccionario. En segundo lugar, intentaremos traducir al lenguaje común el literario del texto. La mayor dificultad la pueden presentar las imágenes (metáforas, símbolos, etc.), en las que las palabras son tomadas, no en su sentido primero y denotativo de la comunicación ordinaria, sino en una acepción secundaria o connotativa. La significación correcta, en este caso, no la dan las palabras aisladas, sino el significado general del texto en que figuran esas imágenes. En este momento, el papel más importante lo juega la intuición de cada uno, y no el razonamiento. Y es que el mensaje poético se dirige más al sentimiento que a la razón. Hay lectores que captan de forma inmediata y profunda el contenido de un pasaje, y otros que carecen de la suficiente sensibilidad.

Es posible, a pesar de todo, que se nos escape alguna parte del texto. En unos casos, los pasajes oscuros se interpretan intuitivamente por el contexto. En otros, quizá la oscuridad sea provocada por el propio escritor, porque no se dirige a la razón para una comprensión lógica, sino para causarnos extrañeza, para despertar en nosotros sensaciones y emociones. En algunos poetas las imágenes o grupos de imágenes tienen un valor independiente del conjunto e importan por sí mismas. Así, de algunos poemas de García Lorca se han dado muchas interpretaciones. El mismo poeta dijo de uno de ellos que no lo había "entendido" cuando lo escribió.

Para apreciar una obra de arte, cualquiera, es preciso tener una "preparación", una sensibilidad especial, una intuición. Intuición significa, precisamente, adivinación, comprensión penetrante y rápida de una idea, sin necesidad de que intermedie el razonamiento o discurso. Sólo una persona sensible, un lector intuitivo, puede, en efecto, reproducir en su alma, como un todo orgánico, el mismo estado poético del autor en el momento de realizar su obra.
26/10/2004 15:08 Permalink. Literatura

Poema III

Cómo es posible.
Cómo puedo lograr
la redención de un pasado,
borrar las marcas del dolor,
el odio y el silencio,
dulce querencia.
Barreras con fisuras.
Exilio deliberado y definitivo.
Justicia voluntaria hecha a destiempo.
Cómo permitir
el descanso de la conciencia,
el justo olvido,
la esperanza liberadora.

De la antología: El futuro de mi pasado
16/10/2004 16:00 Permalink. Literatura

Es la vida

Es el atardecer de una calurosa tarde de verano. Un grupo de cebras pasta tranquilo en la sabana antes de que caiga la noche. El río fluye azul y un trecho más allá y algunos animales se acercan a beber después de haber olisqueado el aire y dirigido una mirada a la basta llanura, hasta donde se pierde la línea parda del horizonte.

Seis leonas se mueven sinuosas por la planicie. Es el ciclo del hambre y de la comida que nunca termina. La naturaleza dicta sus leyes y el código de cada ser afirma en el silencio de su instinto que las cosas son como son y el inútil intentar cambiarlas. Cada uno vive su tiempo y cumple las reglas. Lo importante es que la vida continúe, siempre distinta y siempre la misma.

Algunos pájaros picotean el suelo junto a las cebras. Todo parece tranquilo, cada cual está atento a lo suyo. De improviso la calma se rompe cortada por un latigazo intempestivo. Los pájaros alzan el vuelo presurosos, aunque lo que sucede nada tiene que ver con ellos. El grupo corre. Las leonas corren. Los demás callan y observan.

Un trecho de carrera. Las rayas negras se mueven vigorosas, estampadas sobre lomos y grupas que brillan empapados por el sudor del esfuerzo. Se huele el peligro. El aire huele a muerte.

Del grupo al galope se descuelga el más joven o el más débil, el que está más enfermo o cansado. Salió huyendo al mismo tiempo que los demás, pero la distancia que los aleja es cada vez mayor. Nadie mira atrás, están absortos en su propia lucha, saben que no se puede hacer nada, corren para sí, aunque formen un grupo. Son las normas.

El rezagado respira con dificultad, las fuerzas le abandonan, mientras corre lucha contra la tentación de dejarse atrapar. La frontera de la vida le parece lejana e inaccesible. Sigue corriendo, cada célula le obliga, pero casi no se sostiene. Una pata se le quiebra en un mal paso. Ahora sabe que no hay esfuerzos que valgan. El grupo está ya lejos, muy lejos y a salvo. Sabe que jamás se reunirá con ellos. Trota con su pata renqueante. Esta solo.

La leona se lanza a su cuello. Una dentellada certera fulmina a la cebra, es una hembra joven, una madre reciente. Sus ojos fijos e inmóviles ven todavía el espanto. Otras leonas llegan con sus garras fuertes y los colmillos como navajas. Aquí se acaba el verano recién iniciado. Aquí terminan todos los veranos. Es la ley de la vida, se dice mientras cae resignada y exhausta.

Una cría aguardará ansiosa el regreso de la madre que no vuelve. Los cachorros felinos se relamen ante el festín que se anuncia. La muerte. La vida y su fragilidad.
15/10/2004 15:08 Permalink. Literatura

La magia de la palabra

Mi curiosidad insaciable me plantea a veces dudas, problemas de difícil resolución. ¿Qué habría en el cerebro antes de existir la palabra? Porque la palabra no es sólo el instrumento que utilizamos para comunicarnos, concebimos nuestras ideas en palabras y en literatura esas palabras constituyen el estilo, que está absolutamente configurado por la idea.

Arnold Bennet dijo que "la idea sólo puede existir en palabras y sólo en una forma de palabras. No se puede decir exactamente la misma cosa de dos modos distintos. Si se altera ligeramente la expresión, se altera levemente la idea. Cuando un autor corrige y pule su estilo, está corrigiendo la idea también. Una idea sólo existe cuando se expresa y no antes. Se expresa por sí misma: una idea clara se expresa claramente, una idea vaga, vagamente".

Coincido en lo esencial con este planteamiento, sobre todo si se aplica a la ciencia, a la filosofía o al ensayo, aunque en poesía y prosa narrativa, en ocasiones se desea expresar de forma intencionada una idea confusa o imprecisa. Puede que en ciencia una idea sea una palabra y en filosofía un concepto su vocablo, pero en literatura primero existe una emoción, luego se apacigua y se transforma en sentimiento y este estado anímico es el que el autor intenta expresar.

Una emoción no es un concepto, ni un sentimiento es una argumentación, por lo cual habrá maneras paralelas de expresarlos. ¿Cuál será la mejor? No creo que exista una más deseable que otra, pienso que depende del autor, de eso que llamamos estilo y que Proust definió "no como el adorno que creen algunos, tampoco es una cuestión de técnica, es una cualidad de la visión, la revelación particular del universo que cada uno ve, y que no ven los demás".

El estilo no es ni un adorno, ni técnica, sino una visión personal, pero diga lo que diga Proust, la forma, la manera de revelar un universo a los demás, es cuestión de técnica. La poesía no suena bien por que sí, en un poema cada palabra está escogida con esmero para crear una cadencia armoniosa, hay una música interior en cada poema, hecha de escritura con número y ritmo, con simetría y asimetría, con alternancia y sorpresa, con sonoridad. En poesía, a menudo, la idea es música. En prosa, la rima queda abolida y el poema se convierte en una sucesión de frases que describen imágenes evocadoras, con frecuencia, hay poesía en la prosa.

¿Cómo se pasa de lo abstracto a lo concreto, cómo escribir con claridad y belleza una impresión confusa, una idea complicada, una intuición? ¿Cómo nacen las palabras, cada idea tiene una palabra y viceversa?

Recuerdo la paradoja que Platón expone en su obra Menón: "Buscar la solución de un problema es absurdo; porque, o bien sabes ya lo que estás buscando, y en este caso no hay tal problema, o bien no lo sabes, y entonces no cabe esperar encontrarlo". Tal vez nunca averigüemos cómo el cerebro traduce sus creaciones mentales en palabras, de dónde surge una idea creativa, si llega del exterior o si es un proceso de recombinación de impensadas asociaciones. Los seres humanos somos muy limitados y nuestros medios de percepción influyen en la manera de interpretar las cosas. El ojo ve porque existe la luz, trabaja con las cortapisas que le impone un sistema celular que trabaja con bastones y conos que impresionan la retina y depende de unas neuronas que lleven estos burdos estímulos al cerebro, sin embargo, lo que vemos nos parece cierto y le otorgamos el rango de verdad.

La escritura pone palabras a nuestro sistema emocional, pero sentimos más de lo que podemos decir, aun así, la palabra es la mejor creación del hombre, con ella influimos en los demás, nos comunicamos, informamos, con la palabra representamos imágenes, producimos música, emocionamos. La vida antes de la palabra debió ser... ¿Qué palabra expresaría mi idea de limitada, aislada, inhóspita, triste...?
03/10/2004 10:53 Permalink. Literatura

Poema II

La vida vista a través de la luz del recuerdo,
imágenes del paraíso perdido,
oscuras trincheras necesarias,
dolores y terrores.

No puedo protegerme de estos envites,
de la realidad con sus dos caras,
de los rescoldos de esa otra existencia.

Abiertas las viejas heridas
viene el ajuste de cuentas,
un pasado que ha de ser
punto de partida,
el eje de un nuevo mañana.

De la antología: El futuro de mi pasado
21/09/2004 22:40 Permalink. Literatura

Él y Ella

Él conducía un Porsche negro nuevo. Ella un Opel Corsa destartalado.

Él acababa de salir del garaje de un edificio de oficinas de alto standing. Ella volvía de hacer su compra semanal en Hipercor.

Él bajó el vidrio tintado de la ventanilla de su coche y la saludó efusivamente. Ella se sorprendió, no creía conocerle de nada, pero, como es tan despistada y educada, le devolvió el saludo.

Él, con un gesto, le concedió su aprobación a la música que escuchaba Ella. (Queen, a toda pastilla.)

Ambos se detuvieron ante un semáforo en rojo y Él le dijo algo a Ella. Ella, por no oírle, hizo que Freddy Mercuri se desgañitara.

Él sonrió y, ante la imposibilidad de hablar con Ella, le lanzó un beso apasionado. Ella pretendía ignorarle, aunque Él insistía en hablar con Ella.

Al final, Él y Ella se sonrieron y Freddy recuperó un tono menos forzado.

Él estuvo apunto de colisionar con otro vehículo por colocarse a la par en el semáforo donde aguardaba Ella, esta vez el beso que le dedicó fue con lengua.

Él y Ella continuaron su idilio a lo largo de avenidas, calles y semáforos oportunamente rojos.

Al llegar a una bifurcación, Ella indicó con el intermitente la dirección que seguiría y a Él se le escapó un mohín de pena al señalar el sentido contrario.

Antes de que sus vidas se separaran para siempre, Él asomó la cabeza por la ventanilla de su flamante Porsche negro y le gritó a Ella: “¡Ets meravellosa!”

Ella sonrió y no le creyó, pero le llenó de satisfacción que alguien, además de su marido, la considerara maravillosa.
09/09/2004 21:19 Permalink. Literatura

Tierra soriana

castilla.jpgLa línea del horizonte corta el cielo inmenso.
Una chicharra tozuda ofrece su concierto.
Ni un pájaro osa alzar el vuelo
porque el sol cae a plomo sobre el polvo.
Tierra soriana de secano
salpicada de casas heridas de abandono,
con las vigas rotas y las tejas idas.
Campo, campo, campo.
Bueyes metálicos aran el firmamento
con supersónicos surcos blancos
y allí, a lo lejos, los tres álamos
son un oasis en el desierto.

A la hora de la siesta el sol deslumbra.
Muda y sola la tierra se cuartea.
El atardecer trae el sosiego,
es el momento del paseo,
de la charla con los vecinos.
En un intenso manto de negrura,
las estrellas se multiplican sobre la tierra ruda
mientras la vida transcurre a trompicones,
entre sueños sencillos y duras realidades.
03/09/2004 21:15 Permalink. Literatura

Me dueles

Me dueles con un dolor furioso
que desgarra mi soledad mortal.

En silencio te llamo para que no vengas,
por si no vienes... por si vinieras...
Los recuerdos son golpes de agonía
pero sigo recordándote, amándote.

Contigo vivo esta condena,
porque me quieres...
porque no tendría que quererte.
28/08/2004 16:10 Permalink. Literatura

Pena

Aquel hombre me daba pena. Dominado por la furia, me pateaba todo el cuerpo y me perseguía por la casa al tiempo que me insultaba. No podía soportar la idea de ser un cornudo.

Yo le dejaba apalearme sin hacer nada por escapar de sus golpes. Podía destrozarle la yugular en un instante, pero sentía lástima por él. Al final, yo me quedaría con Luisa. Y es que ningún hombre soporta vivir con una esposa que se tira a su perro cada día.
19/08/2004 19:37 Permalink. Literatura

Poema I

La depresión es un territorio
solo para convictos
condenados a cadena perpetua,
a pudrirse en las húmedas
celdas de la desolación,
a suicidarse y a resucitar.

De la antología poética: El futuro de mi pasado
10/08/2004 21:04 Permalink. Literatura

Él es. Yo soy (Confesiones de un psicópata)

mascaras.gifÉl es un hombre inteligente, educado, apuesto y elegante; posee un fuerte carisma y una personalidad irresistible; es brillante en todo cuanto hace, un empresario hábil, el amigo ideal, el amante soñado... Yo le presto mi cuerpo, vivo oculto en el interior de su alma, una roca inaccesible y fría, mi refugio.

Él es un experto en el difícil arte de seducir, el que se gana las simpatías, el que infunde confianza, transmite seguridad y suscita apasionados amores. Yo le dejo hacer, saboreo sus éxitos, me siento orgulloso de sus logros. Nuestra relación simbiótica es inmejorable hasta que alguien se enamora de él o le toma un afecto especial, entonces yo abandono mi guarida y me hago con el control. Permanezco alerta día y noche, estudio meticulosamente a mi oponente, me introduzco bajo su piel y escruto su cerebro y su corazón hasta que aprendo a pensar como mi adversario e incluso logro anticiparme a sus ideas. Aguardo paciente y siempre atento a que se me ofrezca la oportunidad de lanzar mi ofensiva y cuando se presenta la ocasión, aniquilo a mi enemigo, no puedo soportar que nadie me ame.

No disfruto de mi triunfo ni me regocija la derrota del rival, siento un desprecio profundo por los que me aman, los considero estúpidos por ser tan confiados, por no advertir las señales de peligro, por no descubrir al monstruo que se esconde tras la fachada deslumbrante que es él. Luego prosigo mi camino impasible, sin culpas en la conciencia, he hecho lo correcto, eliminar a alguien peligroso. Al cabo de un tiempo, sin siquiera buscarlo, aparece otra incauta mariposa que revolotea deslumbrada alrededor del hechizo su luz y la historia vuelve a repetirse una vez y otra, hasta el hastío. He perdido la cuenta, desconozco el número exacto de mujeres y hombres que han sucumbido al encanto de él, que han sido destruidos por mí, y es que necesito obsesivamente que me quieran y no puedo resistir el cariño de nadie. Me hallo inmerso en un círculo vicioso del que no logro escapar, soy prisionero de mi delirio.

Antes gozaba con este absurdo juego de seducción y ataque, pero ahora va perdiendo interés, se ha convertido en algo rutinario y demasiado fácil, y es que he depurado mi técnica hasta alcanzar un macabro virtuosismo. Mi última víctima acabó suicidándose, era una buena mujer que cometió el grave error de enamorarse de él, estaba dispuesta a cambiar su vida y a abandonar a sus hijos por permanecer a su lado, llegó a perder la dignidad, lo habría dado todo por él, y a mí me producía asco su dulzura, sus atenciones y su cariño. No tuve más remedio que pasar a la acción, tenía que librarme de su afecto. Hice que rompiera su matrimonio, que renunciase a sus hijos y a su trabajo por él, le prometí el paraíso y la llevé al infierno de la locura. La dejé abandonada en un aeropuerto, esperando a que él se presentara, y desaparecimos. La depresión me allanó el camino, se encontraba sola, sin dinero, vivía en una fétida habitación pintada de amarillo. Habían transcurrido siete meses cuando él la telefoneó para interesarse por su estado y ella estaba loca, pero seguía amándole, pese a todo. Acudió a visitarla con un ramo de flores y una poesía en los labios, ella recobró la ilusión y la esperanza y entonces yo le dije que iba a casarme con otra. Dos días después leí la noticia en el diario, una sobredosis de somníferos le dio a ella la paz y a mí la victoria definitiva.

Desde entonces, mi meta me lleva un poco más lejos, a la muerte. Quien me ama, merece morir. ¿Qué ocurrirá cuando deje de ser atractiva esta variante de mi juego? ¿Qué nuevos alicientes podré encontrar? Tal vez matar, tal vez el placer de ser yo el instrumento ejecutor de mi sentencia...

Sí, no es mala idea. Podría torturar a mis víctimas y llevarlas a la muerte tras una lenta agonía. Quizás su sufrimiento pudiera redimir mi dolor, este dolor lacerante que me tortura sin compasión. Alguien tiene que pagar por ella, por esa mujer que me odiaba y me maltrataba, por esa mujer que me abandonó cuando yo tenía siete años. Puedes ser tú.
06/08/2004 20:59 Permalink. Literatura

Mi etiqueta

etiqueta.jpgSus ojos me examinan y luego baja la vista sin que encuentre la prueba que está buscando. Ni un gesto raro, ni una sola evidencia, nada le demuestra mi tara. Noto que se atrinchera tras el prejuicio, que le molesta, que no sabe reaccionar. No puedo modificar su respuesta instintiva, esta primera impresión. El diálogo se le hace imposible porque ya no me ve como amigo y esta decisión es inapelable, así el círculo se cierra y el contacto resulta imposible.

Una palabra es suficiente para calificar mi estigma y este nombre me perseguirá siempre: homosexual. Una definición que a mí me deja indiferente por ser demasiado vasta y poco comprensible. Una palabra que supone una cadena a la que se liga toda una existencia, una prisión donde se encierra al individuo. Yo desaparezco bajo la etiqueta de homosexual, como otros desaparecen bajo el epígrafe de calvo, oligofrénico, viejo o negro, estas reducciones provocan miradas que hieren la personalidad y abren llagas secretas.

El ser humano es de una complejidad asombrosa, ¿podemos reducirlo a rubio, simpático, gordo...? Estas calificaciones ¿nos ayudan a descubrir el misterio que se oculta tras cada individuo? Yo pienso que es un peligro. No se pueden impedir los juicios, pero hay que evitar el daño engendrado por unas consideraciones precipitadas y obligarnos a mirar al otro con generosidad.

Detrás de las palabras se oculta un ser, una personalidad única, rica, que el peso de los prejuicios acaba recubriendo de una capa endemoniadamente categórica. La silla de ruedas, el perro lazarillo, es lo que salta a la vista, pero ¿vemos tras el bastón blanco a la persona? ¿Queremos verla?

Las reflexiones sobre la normalidad me apasionan hasta la obsesión, me atormentan, me lastiman. Al principio lo hubiera hecho todo por se normal y observaba a los “individuos normales” para conocerlos mejor. ¿Qué es un hombre? Descartes lo define como un ser estrambótico, Rabelais celebra su risa, Brillant-Savarin destaca su capacidad para destilar frutos y extraer licores como característica para demostrar que se es un hombre. Beaumarchais sugiere que beber sin sed y hacer el amor en cualquier momento nos diferencia del resto de los animales. Valéry escribe que aquél que sabe hacer un nudo pertenece a la raza humana. Estas tentativas de definición tienen simplemente el mérito de poner en evidencia, no sin humor, la dificultad de definir al ser humano.

Una definición, por demasiado simplista, resulta peligrosa. Determina abusivamente lo que es normal o no y engendra una marginación, una exclusión incluso. Toda reducción que circunscribe al hombre negando la unicidad del individuo confunde el accidente con la sustancia. Este tipo de engaño encubre unas formas a menudo insidiosas. Un día un hombre me dijo que se sentía orgulloso de ser homosexual, yo no me siento orgulloso de mi condición, pero sí hay algo que me llena de orgullo: soy un hombre con unos derechos y unos deberes iguales a los de los demás, comparto sus mismos sufrimientos, las mismas alegrías... Este orgullo nos une a todos, al cojo, al judío, al zurdo, al inmigrante sin papeles. Tanto ellos como yo, somos hombres.

Mis ojos húmedos miran al suelo, esquivo su rostro para no hacer más grande su vergüenza y para no ver la incomprensión y la repugnancia que lleva asociadas. Han caído las máscaras. Creía que no era necesario protegerse delante de un amigo, refugiarse dentro de una armadura. Un amigo no condena, pero él acaba de demostrarme que no era mi amigo.
30/07/2004 16:59 Permalink. Literatura

Enferma de tus ojos

estrellitaEstoy enferma de tus ojos,
esos ojos del adiós
que imploran, lloran
y señalan una soledad
que no se puede calmar.
23/07/2004 11:19 Permalink. Literatura

Dear Oscar -Prólogo-

tumba wilde.jpg¡Corazón! Aquí estamos los tristes y solos; escúchame: ¿por qué reí? ¡Oh dolor mortal!

Dear Oscar:

He venido hasta tu tumba en el Père-Lachaise para contemplar tu alma convertida en esta esfinge de piedra que te sirve de guardián. No puedo imaginarte polvo blanco, dormido en la oscura caverna de la muerte, porque tú eres Wilde: el mismo, sólo por sí mismo, eternamente, uno y único.

En este siglo de sueño te has perdido tantas cosas. Pocas buenas. Dos guerras mundiales, varias revoluciones, la degradación absoluta de los valores estéticos y artísticos, la llegada a Marte, la clonación de seres vivos, el gay power. Sí, has oído bien. La historia ha hecho de ti un precursor de la causa homosexual. ¿Te ríes? Pura ironía, cierto. Si tus enemigos levantaran la cabeza... No te quejes, tuviste los mayores éxitos que un artista puede desear... Y las peores calamidades que un hombre puede resistir. Lo sé, conozco tu vida, y también sé que no te limitaste a existir.

Si hubiera encontrado en el estanco tus Abdullah Imperial Preference, te habría traído una cajetilla, aunque tal vez prefieras el perfume de la rosa, una golondrina, como la del cuento. ¿El cigarrillo? No me sorprende, hace tanto que no aspiras su aroma. ¿Sobre ti? Entiendo tu curiosidad. Te diré que tus hijos vivieron una larga existencia en Europa, sin tener que sufrir por los pecados de su padre, que uno de tus nietos prepara una biografía que te hará justicia, que eres el autor más traducido después de Shakespeare, que tus obras perviven gracias a la magia de tus palabras. Tu luz no se apaga. ¿Eterno? Sí, eres eterno, dear. Tus hijos, tus amigos y todo aquel que haya comprendido que ha de hacerse perfecto a sí mismo, te ha hecho eterno. Conseguiste lo que pretendías, causar una gran sensación.

¿Yo? Intento escribir siguiendo tus consejos, me olvido del público, procuro decir bien lo que digo, y tengo en cuenta que la literatura no se lee. Claro que te admiro, por eso estoy aquí. De niña leí tus cuentos y me cautivaron porque eran distintos a los demás, a esos tan cursis que escribieron los Grimm, Andersen o Perrault. No me preguntes qué, pero había en ellos algo especial trascendiendo más allá de las palabras: tu innegable talento para seducir. Te has ido ganando mi aprecio obra tras obra hasta llegar a De profundis, donde te superas a ti mismo para ser sublime.

Empieza a llover y la humedad me empapa y penetra la piedra de tu mausoleo. Huele a flores, a tierra, a incienso que se enreda en los recuerdos. Sí, me marcho ya. A mí también me ha agradado conversar contigo. Aunque confieso que los cementerios me dan grima, hay algo inquietante en ellos: la muerte y sus triunfos ganados a la vida. ¿Escribirte? Desde luego. Te escribiré y seguiremos caminando bajo las estrellas.

Hasta siempre, dear.
20/07/2004 21:38 Permalink. Literatura

Leyendo a Sade

sade.jpgLa dificultad para apreciar las cualidades estéticas en la obra de Sade proviene no tanto de su "escandaloso" contenido, sino de la imposibilidad de juzgar objetivamente los escritos, desvinculándolos del autor, o mejor dicho, apartándonos de todo lo que implica en nombre de Sade. Como ocurre con otros artistas, la fama de la persona influye en la valoración de su obra, y así el carácter extravagante de Dalí, la persecución y la sentencia de muerte que pesa sobre Salman Rushdie, el comportamiento libertino de Casanova o la sordera de Beethoven pesan en el ánimo del público. En el caso de Sade, se tiende a confundir la biografía del autor con su literatura. Treinta años de prisión, sus cartas, las arengas desde la Bastilla y los escándalos que protagonizó se entremezclan con las orgías de las Jornadas, las desgracias de Justine o las depravaciones de Juliette.

Supongamos que de la vida de Sade supiéramos lo mismo que de la vida del autor del Lazarillo de Tormes, en tal caso, es improbable que su obra se interpretase como biográfica y tal vez fuera considerada imaginaria. Sólo ubicada en el tiempo, el siglo XVIII, gracias al vocabulario y el estilo empleados, la obra de Sade recibiría otras críticas. Leída por un lector sobre el que no influyan condicionantes religiosos, morales u otro tipo de prejuicios, produciría una interpretación distinta, menos teológica y más literaria. "Mi manera de pensar es el fruto de mis reflexiones; está en relación con mi existencia, con mi organización. No tengo el poder de cambiarla; y aunque lo tuviera no lo haría. Esta manera de pensar que censuráis es el único consuelo de mi vida; me alivia de todas las penas en la cárcel, constituye todos mis placeres en el mundo, y me importa más que la vida. La causa de mi desgracia no es mi manera de pensar sino la manera de pensar de los otros". "Sí, reconozco que soy libertino: he concebido todo lo concebible en ese género, pero que duda cabe de que no he hecho todo cuanto he imaginado ni nunca lo haré. Soy un libertino, pero no un criminal o un asesino", dice de sí mismo Donatien-Alphonse-Francois, marqués de Sade.

No todos los que le conocen comparten esta opinión, en 1810 el Ministro Montalviet firma un decreto en el que se considera a Sade poseído por la más peligrosa de todas las locuras; que sus escritos no son menos insensatos que sus palabras y su conducta personal; que dichos peligros son sobre todo inminentes en medio de seres cuya imaginación ya es de por sí débil o extraviada y se ordena que sea alojado en un local completamente aislado de modo que toda comunicación, ya sea con el interior o con el exterior, le sea prohibida, aun contra cualquier pretexto que invocase. "Se tendrá especial cuidado de prohibirle todo uso de lápices, tinta, pluma y papel...".

La virtud y el vicio son caras de la misma moneda, se complementan, la una no existiría sin la otra, Sade lo sabe y crea a Justine, que sigue el camino de la recta virtud y a su hermana Juliette, que camina por la senda del vicio y a quien favorece la prosperidad. En la Francia de Sade las leyes protegían la virtud y castigaban el vicio, pero lo cierto es que el vicio triunfaba en la práctica y la virtud conducía al abismo a quienes la practicaban. Sade bien pudo escribir una crítica social, un tratado político, una denuncia contra la sociedad hipócrita en la que vivía. Tal vez intentó trastrocar el orden establecido con su deseo de invertir los términos y favorecer el vicio considerándolo una acción legal y no punible. Quizás no haya más intención que la de crear un contrapunto poético haciendo que la virtuosa Justine muera fulminada por un rayo y la pérfida Juliette acabe condenada a vivir en un convento. ¿No será la muerte una liberación, un premio a la virtud, y el convento un castigo más atroz que la misma muerte? Es difícil aventurar una hipótesis plausible por que los razonamientos de Sade no siguen un procedimiento lógico, aunque dé la impresión que sus personajes usan las armas de la filosofía.
15/06/2004 21:07 Permalink. Literatura

Venganza

Sin una razón legítima para odiarte
mi mente exige venganza.

Una venganza irracional,
desnuda de argumentos,
sencilla en su ejecución,
tan cruel que aborrecería a los tiranos.

Vendrá el momento adecuado,
esperaré en la sombra
y justo cuando te confíes,
seré veneno líquido para tu sed.

La ponzoña resbalará de mis labios,
antes ternura, amor y deseo,
para hacer de tu alma un guiñapo.

Nada podrás alegar,
mientras mis palabras caigan
tú te irás desfigurando
hasta convertirte en quien siempre fuiste,
en el que yo nunca quise ver.
14/06/2004 19:37 Permalink. Literatura

Noche de dolor

La noche de dolor
no tiene luna,
es la sonata triste
de un músico anónimo.
03/06/2004 21:27 Permalink. Literatura

Vuelve pronto

Vuelve pronto
y róbame la calma,
haz que mi memoria despierte
y tus labios me recuerden
cuando somos uno,
cuando todo es deseo:
las bocas anhelantes,
los rostros encendidos,
los cabellos desordenados,
los sexos húmedos,
los fluidos mezclados,
los placeres confundidos,
los cuerpos extenuados.

Vuelve y recuérdame
que entre tú y yo
es todo deseo,
solamente deseo.
30/05/2004 10:42 Permalink. Literatura

Escher: la geometría hecha arte

escher.jpg“Si supieseis lo que he visto en la oscuridad de la noche... En ocasiones casi me he vuelto loco por culpa de la aflicción que me causa el no poder reproducir lo que veo. En este sentido, cualquier dibujo es un fracaso, ya que no me permite entrever ni tan solo una fracción de lo que pretendía haber descrito”.

Mauritis Cornelius Escher nació Leeuwarden, Holanda, en el año 1898. Estudio en la Escuela de Arquitectura y Diseño Ornamental de Haarlem y viajó por diversos países de Europa, entre ellos Italia, Suiza, Bélgica, Francia, España... Aquí, en una visita a la Alambra, encontró una de sus mayores fuentes de inspiración, analizó con detenimiento las formas de los mosaicos e hizo un descubrimiento fundamental: la partición periódica de la superficie. De esta manera, formas estrictamente matemáticas se convierten en formas reconocibles del mundo vegetal, animal y humano. Comenzó a construir un universo propio, caracterizado por la geometrización de las formas y de los espacios y su obra se mantuvo al margen de los movimientos y tendencias del siglo XX. Condensó su experiencia en el libro La división regular del plano, en el que explica sus diferentes procedimientos técnicos de partición teórica del espacio. Murió en Baarn, en su país natal, el 27 de marzo de 1972.

La obra gráfica de Escher causa una extraordinaria fascinación en quien la contempla. Con voluntad hiperrealista, sus dibujos se tornan surrealistas como si solo una minuciosidad exhaustiva, la máxima fidelidad, permitiese la emergencia de aspectos escondidos, casi invisibles, pero no por ello menos reales. El país de las maravillas acaba transformándose en realidad. Todo surge de la superficie fragmentada regularmente en formas geométricas y aparecen primero las metamorfosis y la aproximación al infinito, que cautivan al público. Las litografías de Escher atrapan por sus perspectivas llenas de armonía, al crearlas buscó no solo la exclusividad, quería que sus obras se difundieran, que el mayor número de personas compartieran su entusiasmo y su asombro, algo que, evidentemente, logró.

Escher no tuvo discípulos, nunca se le ocurrió, ¿qué podría haberles enseñado? Como mucho, la técnica de cortar la madera y de dibujar sobre el lito. Transmitir sus ideas no tenía sentido y habría puesto freno a su búsqueda permanente. Además, su objetivo era precisamente transmitir sus ideas a través de sus dibujos. No creó una escuela de eschers, pero en todo el mundo hay muchos artistas inspirados en su obra.

Escher es famoso por sus particiones regulares del espacio y sobre todo por las figuras imposibles ¡solo hizo tres! La obra de Escher es muy variada: paisajes, naturalezas, ciudades, pueblos, autorretratos. No se conformó con representar figuras tridimensionales en un trozo de papel bidimensional ni crear una figura imposible de desembrollar. Cuando había pensado una idea –a veces suponía el trabajo de muchos meses- se la mostraba al público en un solo dibujo, y un aspecto característico de su obra es que nunca se repetía. Escher no se contentaba con hacer dibujos bellos o interesantes, también en sus pretensiones era único, su máxima aspiración era “el” dibujo que representaba su idea del modo más perfecto. Perfeccionista obsesivo, en ocasiones vemos varios dibujos del mismo tema, no hay que equivocarse, siempre se trata de mejoras o variantes del mismo dibujo, pues creía que expresaban mejor su idea.

Los críticos no supieron evaluar su obra, no lograron clasificarla, así que la ignoraron. En un principio fueron los matemáticos, cristalógrafos y físicos quienes se interesaron por ella. Sin embargo, cualquier espectador sin prejuicios hallará arte en los dibujos de Escher, cosa que ningún ojo que los interprete a la luz de los conceptos de la Historia del Arte conseguirá. Se considera que el arte es una expresión de sentimientos, toda la obra de Escher está determinada por el entendimiento, tanto en lo que toca a su finalidad, como en lo que respecta a su ejecución, pero Escher sabe contagiar su entusiasmo por sus descubrimientos y comunicarlo con una energía arrebatadora y contagiosa que admira y sorprende.

La predilección de Escher por el contraste blanco y negro tiene su paralelo en el principio dualista que caracteriza su modo de pensar: “Lo bueno no existe sin lo malo, y quien acepta la existencia de Dios, tendrá que concederle al diablo, recíprocamente, un puesto del mismo rango. En esto consiste el equilibrio. Yo vivo de esa dualidad. Sin embargo, no me parece que sea lícito. Los hombres suelen decir cosas tan profundas sobre estas cuestiones; yo no entiendo una sola palabra de lo que dicen. La cosa es en realidad muy simple: negro y blanco, día y noche, el artista gráfico vive de este contraste”.

Era una persona tímida y le resultaba difícil el trato con los desconocidos. Escher no encontraba placer en salidas y diversiones, necesitaba estar solo con su trabajo. Nunca colgó sus dibujos en las paredes de su casa ni en las de su estudio. No soportaba tenerlos a su alrededor. “Lo que hago no es nada especial. No comprendo por qué no lo hace un mayor número de personas. El público no debería sucumbir fascinado ante mis trabajos. A mi juicio, sería mucho más divertido para él si él mismo hiciese algo por su cuenta. Mientras estoy ocupado en una obra en particular, me parece que estoy haciendo la obra más bella del mundo. Si me sale bien, me paso la tarde sentado frente a mi obra, enamorado de ella. Este enamoramiento es mucho mayor que el que me puede inspirar un ser humano. Al día siguiente, sin embargo, vuelvo a ver las cosas con más claridad”.

La obra de Escher debe “leerse” como una bitácora escrita en el transcurso de su viaje de exploración y puede clasificarse en tres temas: 1. La estructura del espacio: paisajes, mundos extraños que se compenetran mutuamente, cuerpos matemáticos. 2. Estructura de la superficie: dibujos de metamorfosis, dibujos de ciclos, aproximaciones al infinito. 3. Proyección del espacio tridimiensional en la superficie plana: los cuadros que tratan el problema de la representación (conflicto entre el espacio y la superficie), los que se ocupan de la perspectiva, los que representan figuras imposibles.

Los dibujos de Escher son un engaño, quien los ve se autoengaña. Todo dibujo es plano, tiene dos dimensiones. Estamos acostumbrados a ver un mundo tridimensional, pero lo que vemos en un cuadro es una superficie plana, creemos ver una forma, nos aventuramos a determinar un volumen, a calcular un peso, cualquier jerarquía de 9 líneas la interpretamos sin más como un cubo, se trata de un autoengaño. ¿Cómo es posible que un campo plano evoque profundidad o altura, además de superficie? ¿Cómo puede algo estar tanto dentro como fuera, ser cóncavo y convexo? Si se mira con sumo cuidado y se penetra en la lógica de la imagen, todo espectador será capaz de hallar la solución. Lo sorprendente es que la solución será siempre puramente virtual: tanto la pregunta como la solución nos mantienen cautivos de la imagen.

En Escher, la sensibilidad por los principios convencionales de la realidad virtual está relacionada de manera estrecha con una profunda conciencia de la dimensión subjetiva de cada percepción, un sentido absurdo del humor y una mirada ambiciosa a la naturaleza y la arquitectura. Sus pensamientos o rompecabezas gráficos juegan a menudo con estos elementos. Los pensamientos gráficos de Escher muestran principios sistemáticos de construcción que poco tienen que ver con las leyes estéticas. Sin embargo, fueron realizados siempre con una pasión casi artesanal. Y están plenos de una emoción especial que pinta las ideas visuales que expresan. Sus mejores imágenes expresan una resolución única, un anhelo por descubrir algo de la verdadera realidad de tiempo y espacio, pero que, al final, nos enfrentan con las limitaciones de nuestros sentidos y, en particular, con los límites de nuestros ojos. Esta interacción única entre una nueva percepción y la limitación, entre un mundo posible y otro imposible, han dado al conjunto de la obra de Escher una presencia personal y única en el panorama de las artes visuales.

El secreto de lo imposible en sus dibujos, lo reveló Escher en una conferencia. “Quien desee describir algo inexistente tiene que seguir ciertas reglas. Estas reglas son, más o menos, las mismas que para los cuentos de hadas. El elemento de lo inescrutable, en el que se desea centrar la atención, tiene que ser rodeado, ser encubierto por una evidencia perfectamente cotidiana, perfectamente reconocible para todos. Este entorno conforme a la naturaleza, aceptable para cualquier espectador superficial, es indispensable para crear la conmoción deseada”.

Escher explora en todos los cuerpos la mutación imposible de sus formas en infinita transformación. Dibuja naturalezas geométricas, geometría en las formas naturales, todo contiene la semilla del misterio porque cualquier cosa está a punto de ser lo que es, porque participa del enigma de las metamorfosis. Con la hábil mano de Escher se viaja a través de la estructuración del espacio, de la proyección de las tres dimensiones sobre una superficie plana y de la representación del infinito. No importa el tema, sino la estructura, la magia conminatoria de las formas.
20/03/2004 21:47 Permalink. Literatura

La novela epistolar

carta,La novela epistolar, vigente a lo largo de todo el siglo XVIII, es una variante de la novela escrita en primera persona que tan buena acogida tuvo entre el público un siglo antes, quizás porque la primera persona parece, en cuanto a la forma, próxima a la narración oral y puede crear la ilusión de una comunicación inmediata.

Lo que tiene de innovador la novela epistolar es que el escritor se presenta, en la práctica de la escritura, como el fundamento de la verdad que él mismo anuncia y lo que anuncia es herencia exclusiva de su privacidad y de su vida íntima. Es una verdad que no precisa probarse ni demostrarse, y que tampoco tiene relación con los actos públicos del protagonista, pertenece exclusivamente a su visión individual, y casi secreta, de las cosas y del mundo.

La correspondencia, así como los diarios, son nuevos sistemas de credibilidad de la escritura novelesca. Durante el siglo XVIII aparecieron en la novela nuevos procedimientos que conseguían fundamentar el efecto de verdad del texto literario. Pensemos en el manuscrito encontrado en una buhardilla, como el de Robinson Crusoe, en las cartas que se intercambian, como en La nueva Eloísa, o que se descubren, como en Las amistades peligrosas... En estas novelas el autor aparece como transcriptor, recopilador o editor, lo cual pretende negar el carácter novelesco del libro. La novela trata de pasar por realidad auténtica, ya que se presenta como un discurso espontáneo producido por una persona que no es escritor de oficio y que no estaba destinada a su publicación. Los prólogos y avisos al lector ayudan a crear este carácter privado e íntimo de la novela epistolar o autobiográfica.

Este recurso hace propicia la multiplicación de novelas en primera persona, ya que el efecto de verdad obedece al hecho de que el sujeto que lee reconoce inmediatamente al sujeto que escribe. La novela epistolar ha de relacionarse con esta evolución de la novela que fundamenta sus efectos de verdad en el mundo íntimo y privado. Así como la novela en primera persona parece verídica porque un sujeto asume el relato novelesco y porque el yo se plantea como una garantía de verdad, también la novela epistolar se identifica por su carácter íntimo. Su verdad no sólo obedece al hecho de que, este tipo de novela, se presenta como real (los autores de las cartas no pretendieron nunca escribir una novela), sino por el carácter estrictamente privado e íntimo de la correspondencia. La nueva Eloísa de Rousseau y Las amistades peligrosas de Laclos insisten en la autenticidad de las cartas. Nadie afirma su autoría, los autores son solamente los depositarios y editores de la correspondencia.

La estructura de la novela epistolar delega en el lector los poderes de omnipresencia y omniscencia del novelista y permite jugar con el tiempo novelesco y hacer una construcción simétrica, pero también hace posible que se dé una credibilidad nueva a la escritura novelesca.

La correspondencia dice la verdad, es el lugar donde uno se abandona y se confía. Es el lugar donde se puede desarrollar el intimismo, que es la trasposición poética y la unificación imaginaria de lo que se ha vivido. La correspondencia, como el diario, no tiene una estructura establecida, es informal y entregada al vértigo de la consciencia, que huye, en estos medios expresivos, de la convencionalidad de las reglas formales de la retórica que hacen difícil la manifestación de la intimidad. Su lectura coloca al lector en la situación de voyeur que sorprende las intimidades y los secretos del otro y siempre sabe más de lo que cada uno de los protagonistas se confían en sus cartas. El efecto de la verdad en la novela epistolar se basa en la representación de una práctica privada, pero, como afirma Jean Marie Goulemont, “lo que es íntimo crea la ilusión de realidad, pero para crearla se tiene que hacer pública; la literatura se presenta pues como una violación de aquello que es privado: lo privado puede servir de garantía porque se hace público, lo cual coloca la práctica narrativa en una situación paradójica”.
15/02/2004 19:38 Permalink. Literatura

Un poema

calidoscopio3.gifUn poema para reflejar
las cosas que me rodean,
para explicarte qué siento
con un silencio de palabras.

Un verso que contiene un instante,
un instante en el que cabe el infinito,
imágenes construidas con letras,
sentimientos que respiran tinta.

El viento de la memoria
que trae y lleva
cierra el lazo entre ideas y palabras.
Un poema es tejido de luz y sombras.
26/01/2004 21:26 Permalink. Literatura

Microrrelato

calas.gifAplasta la rodaja de limón contra el borde de la taza de té con la misma furia y con la misma rabia con que le ha aplastado la cabeza al verdugo que yace en el suelo de la cocina, las manos aún le tiemblan y los latidos del corazón retumban en sus oídos como cañonazos rítmicos. Toma un sorbo del amargo brebaje y respira hondo, se siente aliviada y satisfecha, otro trago y saborea su libertad recién recobrada, solo tiene que fregar el suelo y sacar la basura para eliminar de su vida todo rastro del hijoputa que la ha torturado durante catorce años.
09/01/2004 21:28 Permalink. Literatura

El poeta sabe

4.jpegUn poeta tiene la obligación de conocer las palabras, por eso sabe que los adjetivos no sirven para nada. Cuando una persona ama a otra, sería preferible enunciarlo así y confiar en que el hecho de amar fuese en sí tan impactante que liberase al poeta de decir nada más. Esto significa que tenemos palabras de más, son palabras que sobran porque no alcanzan a abarcar el contenido real de las emociones que pretendemos expresar. Un poeta sabe que siempre le sobrarán palabras y le faltarán sentimientos.
26/12/2003 16:19 Permalink. Literatura

Asturias

ribadesella.jpegLluvia, lluvia pertinaz y menuda.
Recuerdos siderúrgicos.
Bosques de helechos y ortigas.
Arena cubierta de hollín.
Viento azotador que rasga el paisaje.
Siluetas de vacas recortadas entre el heno.
Verde, azul; tierra y mar.
Calma serena, apacible, antigua.
La luna blanca asomada a la claraboya.
Asturias. No faltan excusas para la melancolía.
21/12/2003 11:04 Permalink. Literatura

Hilos

Contemplo las palomas como si fueran pájaros encerrados en una jaula de cristal con barrotes invisibles. Aceleran su aleteo o aterrizan sobre las migas de pan que esparce un niño. Entre el tumulto de alas, entre al manojo de plumas, me prendo inconsciente.

El cielo se vuelve lila y el recuerdo de sus palabras se hace triste porque son promesas hechas sin fe. El frío de la soledad borra los besos que han de llegar, el adiós. La palabra como filo hiriente: amarga, inútil, cortados los hilos del amor y de la alegría. La tristeza contenida en una lágrima grande, tan grande como oculta.

Bajo un cielo diáfano, oscuridad obstinada en este rincón del parque, donde las palomas vuelan inventando la noche detrás del cristal y un hilo de seda recoge mis lágrimas y ensarta mi pena con afán alquímico. Mas el dolor no se muda en sonrisa y la noche se hace real.
13/12/2003 12:01 Permalink. Literatura

Dear Oscar-6

oscar.jpegDear Oscar:

En tu Irlanda natal y en los países de habla anglosajona es muy común el uso de la letra w, pero yo soy española y esta letra siempre ha sido ajena a mi lengua, la reservamos para algunos de nuestros reyes godos y para denominar a una pieza da la casa muy utilizada: el water. Los castellanos no hemos sido un pueblo que se distinguiera por su higiene y su asepsia, por lo que una habitación para defecar y lavarse ha sido primero un lujo al alcance de los ricos y luego un capricho extranjero en nuestras viviendas.

Lo que no existe no necesita ser definido, por eso no tenemos palabra propia y al igual que importamos el objeto, importamos la palabra: water closet, o más familiarmente, water. Los puristas de la lengua prefieren retrete, una adquisición más mediterránea, no deja de ser otro eufemismo para ocultar la función evacuadora como: lavabo, aseo, baño, excusado... En Estados Unidos se ha impuesto el rest room, sala para reposar, para reposar las nalgas, se entiende.

El caso es que el lugar público donde se excrementa ha terminado por no tener nombre y se indica con un pictograma: la silueta de un hombre o de una mujer, una pipa o una barra de carmín, unas faldas o unos pantalones. Imágenes igualmente eufemísticas, pues hoy en día la paridad entre los sexos es tal que las mujeres fuman en pipa y los hombres se pintan los labios. El único distintivo inconfundible serían unos órganos genitales, aunque eso, claro está, ofendería más de una sensibilidad.

La de imprecisiones léxicas que provocan los eufemismos, dear. Para cada palabra tabú hemos buscado un eufemismo que disimule esos vocablos referentes a situaciones ilegítimas o desagradables. Papel higiénico designa al papel con que nos limpiamos el ano, compañera sentimental es amancebada, morir es pasar a mejor vida y una persona homosexual es gay, que significa alegre. ¿Te ríes, dear? No me sorprende, tu definición es infinitamente más ingeniosa: un tipo de cabellos largos y maneras afeminadas.

Igual que te deshiciste de tus otros nombres: Fingal O’Flaherti Wills, para ser nada más y nada menos que Oscar Wilde, renunciarías a la etiqueta de gay para recuperar el nombre de “Oscar”, ése que acabó utilizándose como insulto en las calles y escuelas de Inglaterra. Lo que importa es que haya talento para manejar las palabras. ¿Me sigues? Claro.

María
08/12/2003 19:08 Permalink. Literatura

A ti, mano

Delicada es tu textura, blanca de color, suave al tacto, refinada y etérea en la caricia, precisa y diestra sobre mi cuerpo, así eres, mano.

Y ocurre en esta noche de magia que esa mano leve se posa en mí y me roza con mimo hasta hacerme vulnerable y ponerme en vilo. Tu temperatura cálida me envuelve y tu calor me convierte en fuego. Tus dedos finos me rodean sin oprimir, captando mi dimensión distinta, agigantada, y es que mi piel receptiva se imprime de tu exquisita huella y me hace tuyo.

Tú, mano, y yo somos uno, trabados así, mediante el placentero anillo del goce que nos liga. Tú, mano, me haces, y yo seré para ti. Creceré y rebosaré de tu palma y por mis canales secos y vacíos acudirá la vida a tu llamada.

Tras la noche la mañana, y la misma mano que me despertó y me durmió, que me guió hasta la entrada de la cueva para que la penetrase, se ciñe a mi renacido volumen con dos dedos anillados, en esta ocasión delimita la profundidad a la que se me permite llegar en esta nueva gruta. Diriges la operación y la interrumpes, me estrangulas y yo encantado, lleno de satisfacción.

Reposo rendido, porque tú, mano, me has ahogado la respiración. Vigilas mi descanso y me contemplas: soy tan distinto de cuando estaba vivo. Con tu liviano peso y enguantada en ternura, percibes el temblor difuso con el que me bato en retirada, pero me tocas y pareces decirme: inténtalo. Tu tersura me contiene y yo tomo forma lentamente, regreso a mi codiciada condición de dios: potente y majestuoso, y te impregno de mi esencia.

No me importa que me veas morir, frágil y desvalido, porque tú me harás renacer mil veces, porque mil veces me rozarás con el mismo cuidado y tu calidez elevará mi ardor, porque tus dedos estilizados jugarán conmigo transformándome en el soberano del placer.

No sé aún cómo llamar a nuestra íntima relación, tú eres la maga que realiza prodigios y yo el rendido esclavo de tu hechizo. Te sueño, te anhelo, sólo deseo despertarme dentro de ti, gracias a ti. Por favor, no me consideres ingrato si comparto con tu compañera los mismos juegos.
10/11/2003 17:56 Permalink. Literatura




Mis pies en el lodo, mi cabeza en las estrellas

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