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Cierzo

Pobres imbéciles

No sé quiénes son más imbéciles si la Warner Bros. defendiendo sus derechos crematísticos sobre la película Harry Potter y la Órden del Fénix o los espectadores que asistieron al preestreno. Alguna mente pensante de la poderosa productora tuvo la genial idea de exigir que el público dejase sus teléfonos móviles fuera de la sala de proyección para evitar la piratería. Los sufridos espectadores fueron tratados como vulgares delincuentes, pero nadie se atrevió a rechistar: eran los elegidos, tenían una invitación para ver antes que nadie a la criatura de J. K. Rowling. Teniendo en cuenta que veinte horas después se podía asistir a la misma sala y con teléfono, la abusiva medida se convirtió en una soberana chorrada.

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