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Cierzo

Baraturas atómicas

En Francia ocho de cada diez kilovatios que se consumen provienen de una central nuclear, en Suecia, la mitad. Francia es un país equipado con armamento nuclear, pero Suecia es un estado pacífico que siempre tiene a mano un Premio Nobel para agradecer su labor a un escritor turco o a un cardiólogo malayo. Europa vuelve a ver con buenos ojos los átomos por la paz, o sea, la energía nuclear.

Nos la vendieron hace unos años como una energía barata, aunque no conozco un solo país en el que el recibo de la luz bajase un céntimo al entrar en funcionamiento una central nuclear. Ahora la propaganda nos la anuncia, además, como ecológica, pues no contribuye al calentamiento global. Pero siguen tomándonos el pelo, porque producir barato no equivale a cobrar menos caro y para explotar las minas cada vez más escasas de uranio, para enriquecerlo y para construir y desmantelar las centrales se consumen combustibles fósiles que sí calientan el ambiente.

La energía nuclear es, básicamente, un buen negocio, por eso se promueve. El ciudadano paga los gastos de producción de la electricidad que utiliza, y, encima, el Estado le cobra por la creación y el mantenimiento de los cementerios nucleares, que tendremos que costear hasta el día del Juicio Final, porque el uranio es muy suyo y tiene una vida que se mide en millones de años. Resumiendo, que barata, lo que se dice barata y ecológica, no es la energía nuclear.

 

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